Curación Esotérica



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CAPITULO NOVENO


Los Siete Métodos de Curación



SERÁ EVIDENTE que si las técnicas, o los siete métodos de cura­ción -relacionados como lo están con las energías de los siete rayos-, fueran impartidas con toda exactitud, resultaría raro ver­daderamente encontrar un curador competente que pudiera em­plearlas en este período intermedio de los asuntos mundiales. Estamos saliendo de una era y entramos en otra y lógicamente trae dificultades hasta ahora no reconocidas. Por primera vez en la historia humana, la humanidad es suficientemente inteligente como para comprender las implicaciones de tales acontecimientos y posee bastante previsión como para visualizar, imaginar y planear para el nuevo futuro. Por otra parte, el rayo del alma del aspirante común rara vez ejerce un control tal, que proporcione la adecuada iluminación y potencia de rayo, y hasta que éste no controle, tales métodos y técnicas de rayo, que determinan el em­pleo y dirección de las energías de rayo, serán inútiles. Esto no debe producir desaliento, sino una actitud expectante, particular­mente en lo que concierne a los estudiantes y lectores jóvenes. Después de todo, este lapso entre la expectativa y la posibilidad es excesivamente bueno.
Tanto se ha impartido en el último siglo acerca del trabajo mágico, que ya no seria conveniente ampliarlo. Se dieron a co­nocer tantos mántram de Palabras de Poder y se difundió tanto el empleo del OM, que puede traer como resultado grandes per­juicios, que aún no se han producido. El grado relativamente in­ferior de evolución del estudiante común y del investigador, ha servido de protección, y muy poco -bueno o malo- de lo que han intentado hacer se ha puesto en movimiento. Con frecuencia se han efectuado curaciones (por lo menos temporarias), debido en gran parte a que el paciente es susceptible a sugestionarse y a confiar en el curador. Ninguna de estas curaciones pueden atri­buirse esotéricamente a los métodos científicos del ocultismo. A pesar de tal protección, o más bien debido a ella, no comunicaré en la actualidad Palabras de Rayo como las que emplea el iniciado entrenado cuando se dedica al trabajo de curación. Estas Palabras deben ir acompañadas por el empleo entrenado de la voluntad espiritual, pero (en lo que concierne al hombre común y al curador) hasta el aspecto más inferior de la voluntad permanece aún sin desarrollar, y sólo se expresa la propia voluntad (determinada por el deseo egoísta). Por consiguiente, perdería tiempo si diera instrucciones sobre estas líneas.
He creído necesario explicar esto, para no despertar la inde­bida expectativa de que impartiré lo misterioso y hasta ahora desconocido. Sólo trato de sentar las bases para una futura es­tructura del conocimiento, cuando sea inteligente y correcto y no haya peligro en impartir los “Puntos de enfoque”, las “Palabras organizadoras” y las “Intenciones expresadas” del curador ocul­tista correctamente entrenado. También trato de generar una sabia e investigadora expectación que los inducirá a emplear lo poco que puedo impartir y las palabras simbólicas que pueda dictar, y así prepararse para una mayor comprensión posterior.
Mientras tanto, puedo enseñar ciertas cosas que serán de pro­vecho y quizás acrecienten las dificultades percibidas y compren­didas, pero no obstante probarán ser útiles para señalar el terre­no que se deberá abarcar antes de que el curador llegue a curar en forma correcta y permanente.
Este capítulo en realidad será muy breve, comparado con los otros de este tomo. Consistirá simplemente en una serie de’ afir­maciones resumidas y condensadas, que constituirá el libro de texto para el curador, un libro de asesoramiento, que puede con­sultar, las cuales se dividen en tres acápites:


  1. Las Energías de los Siete Rayos.

  2. Los Rayos a que pertenece el Curador y el Paciente.

  3. Las Siete Técnicas de la Curación.

Estas afirmaciones completan el Tomo IV del Tratado sobre los Siete Rayos y contienen mucha información para el discípulo-ini­ciado, y también especialmente para el aspirante inteligente; ha­rán que su trabajo de curación sea más eficaz, aunque únicamente expliquen el trabajo preliminar y las reglas elementales. Es innecesario agregar que el curador debe perfeccionarse en esta actividad inicial y -a medida que trabaja- puede penetrar (sólo y sin ayuda) en los más profundos significados de esta fase de la Sabiduría Eterna.


1. LAS ENERGÍAS DE LOS SIETE RAYOS
Quince afirmaciones.


  1. Los siete rayos contienen y expresan todas las energías que circulan a través de nuestra forma planetaria




  1. Las siete energías de rayo son las siete fuerzas que compo­nen en conjunto el rayo primario de Amor-Sabiduría. Es el segundo rayo de nuestro sistema solar y el que predomina en cada expresión planetaria, en el sistema solar. Los siete rayos son, todos, rayos subsidiarios de este gran rayo cósmico.




  1. No importa a qué rayo pertenezca el curador, siempre deberá trabajar por medio del segundo subrayo de ese rayo -el rayo de Amor-Sabiduría de cada rayo. Por su intermedio se vincula o relaciona con los rayos regentes del alma y la perso­nalidad. El segundo rayo tiene la facultad de la omninclu­sividad.




  1. El segundo rayo y el segundo subrayo de todos los rayos son de expresión dual. El curador debe aprender a trabajar por medio del aspecto amor y no del aspecto sabiduría. Esto exige mucho entrenamiento en la práctica de la diferencia­ción espiritual.




  1. Los vehículos de la naturaleza forma, pertenecientes a los rayos 2-4-6, son los que debe emplear el curador cuando practica el arte de la curación. Si no cuenta con vehículos o cuerpos que pertenecen a esas líneas de energía básica, no será capaz de curar. Esto pocas veces es comprendido. Sin embargo, es muy raro hallar un equipo que carezca totalmen­te de salidas para la energía de segundo rayo.




  1. Los curadores que pertenecen al segundo rayo, o están equi­pados con un poderoso vehículo de segundo rayo, son gene­ralmente grandes curadores. Cristo, siendo el verdadero ex­ponente de segundo rayo, como nunca se ha conocido en la tierra, fue el más grande curador entre los hijos de Dios.




  1. El rayo del alma condiciona y determina la técnica que debe ser empleada. El rayo al cual pertenecen los vehículos de la personalidad relacionado más estrechamente con el segundo rayo (para el cual todos los subrayos actúan como canales) es aquél a través del cual debe afluir la energía curadora.




  1. El segundo subrayo del rayo del alma determina el acerca­miento al problema de la curación, que enfrenta inmediata­mente al curador; esta energía es trasmutada en fuerza cura­dora cuando pasa a través del adecuado vehículo de la personalidad. Para ser adecuado debe pertenecer a los ra­yos 2-4-6.




  1. Este vehículo puede ser el cuerpo mental o el emocional. De­bido a que las masas están centradas en la naturaleza astral, la curación generalmente será exitosa si el canal de transmisión del curador es también el cuerpo astral.




  1. En consecuencia, se forma un triángulo de energías com­puesto de:

  1. La energía del alma.

  2. El vehículo adecuado.

  3. El cuerpo etérico, por medio del centro cardíaco o el cen­tro plexo solar.




  1. En el cuerpo etérico se forma un triángulo secundario para la circulación de energía entre:

  1. El centro coronario, el centro de recepción.

  2. El centro ajna, el centro para dirigir la distribución.

  3. El centro que registra -como línea de menor resisten­cia- la energía del rayo del alma, cualquiera sea de los siete rayos.




  1. Este triángulo secundario está relacionado con el triángulo primario por un “acto de deliberación”. Esta parte de la téc­nica no la explicaré.




  1. El curador sincero y experimentado puede (si no posee la fórmula esotérica que produce conexión entre los dos trián­gulos) hacer mucho para lograr una relación definida, me­diante un deliberado acto de fe, y por la firme declaración de su inflexible intención.




  1. El triángulo mayor afecta al curador y lo convierte en un agente transmisor; el triángulo menor produce efecto sobre el paciente y a través del mismo el curador actúa -en el plano físico.




  1. El procedimiento del curador, por lo tanto, comprenderá tres etapas, previamente al acto consciente de curación:


Primer Procedimiento.


  1. El curador, definida y conscientemente, se vinculará con su propia alma.




  1. Determinará qué vehículo de su personalidad debe ser empleado, basándose en su reacción a las energías, cana­lizadas en la línea de los rayos 2-4-6.




  1. Por un acto de voluntad relacionará luego la energía del alma, por intermedio del vehículo elegido, con el adecua­do centro en el cuerpo etérico; el cardiaco o el plexo solar, preferentemente el primero.


Segundo Procedimiento.


  1. Creará a continuación el triángulo secundario, enfocando su atención en el centro de recepción, el coronario.




  1. Luego vinculará el centro coronario, mediante el poder de la imaginación creadora, con el centro entre las cejas, manteniendo allí la energía por ser el agente rector.




  1. Se esforzará para reunir en el centro ajna, la energía de ese centro que se halla en su cuerpo etérico, relacionado con el rayo de su alma.


Tercer Procedimiento.
Luego, deliberadamente, ejecuta el acto de vincular los dos triángulos; una vez realizado esto, está preparado para la acción curativa.

II. LOS RAYOS DEL CURADOR Y DEL PACIENTE


Será evidente, hasta para el lector más superficial, que la variación o la similitud entre los rayos del curador y su paciente constituyen un factor importante; pueden presentarse muchos factores condicionantes y también haber un contraste entre los rayos del alma y de la personalidad de ambos. Por lo tanto, las condiciones pueden ser las siguientes:


  1. Que los rayos del alma son idénticos y los rayos de la personalidad distintos.




  1. Que los rayos de la personalidad son los mismos, pero no los rayos del alma.




  1. Que los rayos son iguales en ambos casos.




  1. Que ni los rayos del alma ni de la personalidad son los mismos.




  1. Que no se conozca el rayo del alma, pero se evidencie el de la personalidad. El rayo de la personalidad es fácilmente determinado, pero a menudo nada indica cuál es el rayo del alma. Esto es aplicable al curador y al paciente.




  1. Que nada se sabe acerca de los rayos de cualquiera de las partes interesadas.

En esta descripción no hago ninguna referencia sobre los rayos de los vehículos mental, astral o físico, aunque tienen un definido y algunas veces decisivo efecto y su conocimiento resulta de uti­lidad. Cuando el curador entrenado posee este conocimiento, pue­de utilizar una técnica secundaria, como una ayuda para el mé­todo básico, y emplear el vehículo inferior apropiado (ya sea el propio o el del paciente) a través del cual verter una corriente secundaria de energía curadora, aumentando así el trabajo de la corriente primaria. El agregado de esta corriente secundaria im­plica que el curador posee un conocimiento bastante avanzado, o una exacta información facilitada por el paciente. Esto, como puede suponerse, es muy raro de hallar. La gente puede, median­te un cuidadoso estudio, y la recopilación de ejemplos análogos conocidos, averiguar con muchas probabilidades de éxito, la natu­raleza de los dos rayos mayores; sin embargo, sólo un iniciado de determinado grado puede reconocer y trabajar por medio de los rayos de uno de los cuernos inferiores, y por lo tanto estar en condiciones de distribuir simultáneamente la fuerza de cura­ción a través de dos centros. No consideraremos en consecuencia nada más que la relación de los rayos que controlan al curador y al paciente, desde el ángulo del alma y de la personalidad.


No me es posible tomar cada uno de los rayos de ambos, cu­rador y paciente, ni trazar la técnica apropiada, que se aclarará si se considera el sinnúmero de dificultades que se presentan cuando los dos rayos, el del curador y el del paciente, establecen relación. En el libro Discipulado en la Nueva Era se dan los rayos a que pertenece un gran número de discípulos. Podrían, como ejercicio experimental, tomar los diversos rayos, como han sido asignados, y colocar a cada uno de esos discípulos en el lugar del curador o del paciente, y ver qué centros podrían ser em­pleados en el caso de alguna enfermedad (cada una localizada en un lugar distinto del cuerno humano), y luego decidir qué método, modo o procedimiento sería conveniente que el curador aplicara. Al mismo tiempo deben recordarse dos cosas: primero, que estas personas son miembros de un Ashrama de segundo rayo; segundo, son discípulos, por lo tanto sus rayos son evidentes y obvios para el curador, lo cual ayuda mucho. Además podrían determinar qué energía de rayo debería emplearse en el pro­ceso de curación, a través de qué centro suyo, si usted fuera el curador, y el discípulo el paciente, debería trabajar, o si está en condición de utilizar una técnica secundaria. Después de ha­ber trabajado y curado imaginativamente, buscar entre sus ami­gos y conocidos, a quienes usted cree que poseen iguales condi­ciones de rayo y -si están enfermos o indispuestos- procurar ayudarlos en la misma forma como lo hizo con un paciente ima­ginario; luego observe lo que acontece. Evitar el empleo de una técnica secundaria, porque se está más propenso a error cuando se emplean los tres vehículos inferiores respecto a las dos expre­siones mayores de vida.
Lo que resta de este tema quizás pueda ser esclarecido por ciertas afirmaciones que serán más claras a medida que la sico­logía esotérica emerja en las futuras décadas como un definido tema educativo.


  1. El curador debería averiguar cuáles son sus rayos, y luego proseguir con su trabajo, basado en esa información. Cuando no posee este conocimiento deberá abstenerse de curar.




  1. Cuando no puede llevar a cabo el trabajo de curación -por­que carece de este conocimiento- debe limitarse a la tarea de actuar como canal para que afluya al paciente la energía de amor.




  1. El curador hallará más fácil, en la mayoría de los casos, descubrir sus rayos, o por lo menos uno de ellos, que cono­cer los rayos del paciente. Existen dos razones para esto:




  1. El hecho de que desea curar y ayudar, indica que ha avanzado cierta medida en el camino espiritual. Dicho pro­greso es necesario para descubrir correctamente la cuali­dad de rayo. Un pequeño estudio de sí mismo y de los posibles rayos presentes, podrán mostrarle con el tiempo, la naturaleza de las energías que lo controlan.




  1. El paciente, si es una persona evolucionada, quizás no busque su ayuda, pero solucionará su propio problema a través del alma y del Ashrama, si está afiliado a alguno. Si no es evolucionado, será más fácil descubrir el rayo de la personalidad que el del alma, y por lo tanto propor­cionará el punto de contacto.




  1. El curador, habiendo determinado satisfactoriamente el rayo o rayos que lo condicionan, deberá prepararse para la tarea de curación durante, por lo menos, cinco horas de cuidadosa preparación, relacionada con su mente, el mecanismo pensan­te. No quiero significar cinco horas de consecutivo control mental y reflexión, sino un período de pensamiento tranquilo, en el cual -cuando es posible- el curador estudia al pacien­te, y se familiariza con:




  1. El problema de la enfermedad y su particular naturaleza.




  1. Su localización en el cuerpo físico.




  1. El centro involucrado y (cuando es un discípulo ilumina­do) su condición.




  1. La gravedad de la enfermedad y la probabilidad de lograr la curación.




  1. El peligro o no de muerte.




  1. La condición sicológica del paciente.




  1. Los rayos del paciente, si ello es factible; éstos, si se co­nocen, condicionarán su acercamiento.




  1. Así preparado, el curador enfoca su atención en su propio rayo. Cuando posee un conocimiento general y no específico de su propio rayo o rayos y los del paciente, el curador puede continuar suponiendo que uno o ambos pertenecen a los rayos 1-3-5-7 ó 2-4-6, y actuar sobre esta suposición general. Es útil poseer un conocimiento especifico y particularizado, pero donde éste no existe y determinados rayos no pueden ser asignados, a menudo puede determinarse si la tendencia general del carácter va hacia la línea del amor o de la vo­luntad, y luego actuar de acuerdo. El problema entonces re­side en la relación entre el curador y el paciente, ya sea de personalidad a personalidad, de alma a alma, o de perso­nalidad a alma y viceversa.




  1. Cuando la relación se establece entre personalidad y perso­nalidad (y ello será más común), la energía con la cual el curador trabajará es simplemente la del prana planetario; su efecto será estimular los procesos naturales del cuerpo físico y (en colaboración con la naturaleza y de acuerdo al karma del paciente) fortificar de tal manera su vehículo físico que pueda expulsar la enfermedad o ser ayudado para enfrentar con confianza el proceso de la muerte, y con calma e inteli­gente comprensión entrar en los reinos más sutiles del ser.




  1. Cuando la relación se establece entre el alma del curador y la personalidad del paciente, el curador trabajará con la ener­gía de rayo, derramando su propia energía de rayo a través del centro que está controlando la zona enferma. Cuando las almas del curador y del paciente actúan en colaboración, pue­de producirse la mezcla de dos energías o (cuando están pre­sentes rayos similares> el fortalecimiento de una energía y un gran aceleramiento del trabajo de curación o disolución.




  1. El curador siempre debe recordar que su tarea es curar -de acuerdo a la ley kármica- o ayudar en el proceso de diso­lución, logrando, por lo tanto, una forma superior de curación.




  1. A no ser que el curador sea un iniciado elevado y pueda trabajar con pleno conocimiento de las circunstancias y con­diciones prevalecientes, no podrán ocurrir curaciones súbitas ni dramáticamente ser detenida la enfermedad. Si esto sucede se deberá a tres cosas:




  1. Al destino del paciente, que no le ha llegado la hora.




  1. A la interposición del alma del paciente, que, en último análisis, es el agente del karma.




  1. A la ayuda del curador, que resultó suficientemente ade­cuada como para proporcionar al paciente la necesaria con­fianza y mayor fortaleza para efectuar su propia curación.




  1. Nadie cuyo karma indica que ha llegado su hora, ha regre­sado de las “puertas de la muerte”; entonces termina el ciclo de vida en el plano físico, a no ser que sea un trabajador del Ashrama, un discípulo de cierta categoría, cuyo trabajo y presencia son aún necesarios en la tierra, para terminar su tarea asignada. Entonces el Maestro del Ashrama puede agregar Su conocimiento y energía a la del curador o a la del paciente, postergando temporariamente su partida. Ni el cu­rador ni el paciente pueden depender de esto, pues no cono­cen las circunstancias que lo justifique plenamente.




  1. Existen ciertos requisitos elementales o condiciones necesa­rias en que el curador debería trabajar:




  1. En lo posible, completo silencio en la habitación del enfermo.




  1. Un mínimo de personas en la habitación del paciente, se­gún nos dicta la lógica. Los pensamientos y las formas mentales de los presentes pueden causar distracción o ser distraídos y así desviar las corrientes de curación; por otra parte algunas veces pueden ser de gran ayuda en el tra­bajo del curador.




  1. Repito, el paciente -cuando es posible- debería estar decúbito dorsal, o de costado, para que los centros a lo largo de la columna vertebral enfrenten al curador. En algunos casos (y el mismo curador debe determinarlo) debería permanecer en tal posición que el curador pueda mantener sus manos encima de la zona enferma, pero en ningún caso debe tocar el cuerpo del paciente.




  1. Cuando se ha logrado quietud, paz y silencio, el curador co­menzará a aplicar la técnica apropiada. La quietud, la paz y el silencio mencionados no sólo se refieren a las condiciones físicas, sino a los estados emocional y mental del curador y del paciente, así como a los de los presentes, lo cual no siempre es fácil de obtener.

Cuando el curador no conoce las técnicas apropiadas o no com­prende las fórmulas dadas posteriormente en esta instrucción, puede recopilar sus propias técnica y reglas, después de un minu­cioso estudio de estas instrucciones de curación, las que contienen material y sugerencias suficientes para tal acción.

III. LAS SIETE TÉCNICAS DE CURACIÓN
Tendré que dar las técnicas en forma de siete antiguas afir­maciones simbólicas o fórmulas; extraídas del Libro de las Reglas para Discípulos Iniciados. No me atrevo aún a dar la simple aplicación física de estas técnicas de rayo, porque sería demasiado peligroso. Cuando se las emplea y comprende correctamente tie­nen una terrible fuerza y -en malas manos- podrían causar un real daño. Recordaré aquí que los iniciados de la Logia Negra curan o producen la muerte y la enfermedad, y emplean técnicas muy similares; la diferencia estriba en que sólo pueden trabajar con los rayos de la personalidad del curador y paciente, y debido a que son más poderosos, en el plano físico, que los Miembros de la Gran Logia Blanca, su trabajo frecuentemente es muy eficaz. Cuando el curador espiritual puede trabajar con las energías de la luz, raras veces es tan eficaz físicamente.
Los Miembros de la Logia Negra, o los curadores que trabajan bajo su influencia, son, sin embargo, totalmente incapaces de tra­bajar sobre un paciente que está, en lo más mínimo, orientado espiritualmente y por lo tanto es controlado por su alma; tampoco pueden trabajar a través de un curador espiritualmente orientado. Cuando ellos intentan hacerlo, son combatidos por la energía proveniente del Ashrama, hacia el cual el curador o el paciente se dirige o con el cual está afiliado, aunque su lugar se halle únicamente en la periferia. Cuando concierne al hombre común ignorante, el peligro de la interferencia “negra” es nula; las fuerzas oscuras no se interesan por ninguna persona que no sea im­portante, salvo aquellas cuya potencia e influencia pueden servir sus fines. Su trabajo maligno sólo es posible realizarlo en el momento (o ciclo) en que el hombre decide si emprenderá una vida espiritual, si permanecerá estático donde se encuentra, o si penetrará deliberadamente (lo cual es excesivamente muy raro) en el sendero del egoísmo puro que conduce a la Logia Negra.
Algunos discípulos a principios del próximo siglo tomarán es­tas técnicas o afirmaciones mágicas, relativas al trabajo curador, y las interpretarán y dilucidarán, siendo susceptibles de tres sig­nificados. Los modernos estudiantes pueden interpretar la más inferior de ellas, si reflexionan adecuadamente y viven espiritualmente. He aquí las siete afirmaciones.





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