Curación Esotérica



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LEY IX



La perfección hace surgir la imperfección a la superficie. El bien expulsa el mal de la forma del hombre, en tiempo y espacio. La inofensividad es el método usado por el Ser Perfecto y empleado para el Bien. Esto no es negatividad, sino perfecto equilibrio, cabal punto de vista y comprensión divina.

Esta ley es profundamente simple y significa exactamente lo que dice. Puede ser interpretada de dos formas:




  1. Concierne al desarrollo espiritual del hombre por medio de la forma, y al método o ley por la cual el existente aferra­miento de la materia -impregnada por el egoísmo y todo lo que es reconocido como mal- es eliminado, y el hombre per­manece libre.




  1. También puede ser interpretada en términos de curador y paciente. Frecuentemente el efecto de la actividad y el cono­cimiento del verdadero curador consiste en traer a la superficie (en forma aguda) el mal (la enfermedad) dentro de la forma. El resultado de esto puede ser la eliminación de la enfermedad y la obtención de la salud, o la forma sucumbirá al acrecentamiento de la dificultad y probablemente el pacien­te muera. Por lo tanto, afortunadamente el curador común es tan inútil que esta tremenda posibilidad no existe.

El método empleado, de acuerdo a la Ley de Perfección, se de­nomina “perfecta inofensividad” y fue siempre el método utili­zado por Cristo, el Ser perfecto. No es la inofensividad tan a menudo estipulada por mi cuando me dirijo a los aspirantes, sino la inofensividad impuesta por el hombre espiritual y su natural destino. Consiste en ignorar el efecto o el resultado producido sobre la naturaleza forma. Reiteradamente he dicho que la Jerarquía actúa sólo con la naturaleza espiritual o con el alma de la humanidad, y que -para el Maestro- la forma tiene relativa importancia. El hombre espiritual considera, como el máximo bien, la liberación de la triple forma, siempre que de acuerdo a la ley, le llegue como resultado de su destino espiritual y decisión kármica; no debe venir como un acto arbitrario, o una escapato­ria de la vida y sus consecuencias en el plano físico, o como autoimpuesto. De esta extraña actuación de la Ley de Perfección (extraña desde el punto de vista limitado del hombre) la guerra (1914-1945) fue un ejemplo destacado. Murieron millones; más millones sufrieron cruelmente en su naturaleza forma, y muchos más millones sufrieron (y aún están sufriendo) la agonía mental de la inseguridad, la expectativa y la pobreza. No obstante se obtuvieron dos principales resultados de naturaleza espiritual, actuando bajo la Ley de Perfección:




  1. Las almas fueron liberadas de una civilización atrasada y de­cadente -pues así es considerada desde el ángulo de la Je­rarquía la mentada civilización que poseen- y volverán, en mejores cuerpos, a una civilización y cultura que estará más de acuerdo con las necesidades del hombre espiritual. La razón principal de la total destrucción de las antiguas formas (física, emocional y mental) es que constituyeron una sólida prisión para el alma y negaron todo verdadero progreso a la masa humana




  1. El rico y el pobre, el inteligente y el ignorante, captan ahora claramente una cosa que acrecentadamente colorará el pensa­miento humano: que la felicidad y el éxito no dependen de la posesión de cosas ni de bienes materiales. Dicho concepto es el error cometido por las organizaciones laboristas cuando luchan y se declaran en huelga para exigir más dinero, a fin de vivir más holgadamente; es el error cometido también por el público en general cuando reacciona contra la actitud del trabajo, pues se revela contra la restricción del constante afluir de bienes materiales. La humanidad ha cometido este error durante incontables épocas y ha errado gravemente al poner el énfasis sobre aquello que beneficia a la forma. Ésta es la parte buena de la posición adoptada por Rusia cuando lucha contra el capitalismo y pone el énfasis sobre la educación, sin embargo, su crueldad e impiedad y (sobre todo) la supresión de los derechos del ciudadano individual de disfru­tar de ciertas libertades esenciales, pueden eventualmente ne­gar la belleza y la esperanza del idealismo inicial. Rusia tiene un idealismo correcto, pero está terrible y básicamente equi­vocada en sus técnicas. Los Estados Unidos y Gran Bretaña se hallan en el punto medio. Tienen visión, pero no saben cómo materializarla y concretarla, por eso no aceptan (en forma correcta) un régimen totalitario. El espíritu capitalista y el latente fascismo en los Estados Unidos son actualmente una definida amenaza para la Paz del mundo, y los capitalistas están obstruyendo los esfuerzos de los hombres de buena voluntad. Gran Bretaña en la actualidad es impotente, está financieramente arruinada, su antigua política imperialista está totalmente descartada y su pueblo desalentado; se halla tan preocupada en luchar por la vida (y vivirá) que le queda poco tiempo, interés o energía, para concretar la verdadera visión.

Existe siempre, como bien saben, una analogía entre el hombre individual y el mundo de los hombres como totalidad. Así como en la actualidad prácticamente cada ser humano tiene algo que anda mal físicamente -ojos, oídos, dientes o algún mal corpo­ral-, la humanidad también está enferma y espera su curación. La curación será efectuada por intermedio del Nuevo Grupo de Servidores del Mundo y de los hombres de buena voluntad, ayu­dados por la Jerarquía, de cuyo centro planetario se extraerán las energías curadoras. Las imperfecciones han sido traídas a la superficie; los males a eliminar son conocidos por todos, y esto ha ocurrido por la influencia que ejerce la Ley de Perfección. Me refiero aquí a la situación general más que a la relación individual entre el curador y el paciente. Lo hago por la simple razón de que únicamente un iniciado experimentado y compren­sivo puede acatar esta ley u obedecer esta regla, y actualmente existen muy pocos sobre la tierra. La enfermedad de la humani­dad como raza, y como resultado de eones de vida errónea, de propósitos egoístas y de codicia, ha producido un sinnúmero de males físicos; millones de niños nacen hoy enfermos o contenien­do la simiente de la enfermedad. Cuando el mal que ha hecho sentir su presencia, y las imperfecciones han sido traídas a la superficie, curadas o devueltas a su correspondiente lugar, sólo entonces se dará fin a la enfermedad física o cederá fácilmente al tratamiento.


En la consideración del tema general de la imperfección y del mal, nos ocupamos de las causas (y esto debe hacer siempre el iniciado), y cuando estas causas sor eliminadas también desapa­recen los efectos. La teoría general y las premisas de la “Christian Science” y la “Unity” son correctas, pero totalmente erróneas en su énfasis y métodos. A la larga, todo el trabajo que hoy realizan es relativamente inútil, excepto en lo que pueden mantener y enunciar la Ley de Perfección, aunque lo hacen en forma con­fusa y su enseñanza está contaminada por el egoísmo universal.
Frecuentemente se ha repetido que existen dos métodos de realización; el arduo y largo camino de la evolución, donde se tarda eones para llegar a obtener resultados relativamente esca­sos, y el breve, aunque muy arduo, pero más rápido, camino de la iniciación. Durante épocas ha permanecido sin respuesta el in­terrogante (¿no es así como dicen?) de si el mundo de los hombres escogerá (y mejor que así lo haga) el método lento pero seguro; método en el cual la imperfección se va eliminando gradual­mente, sin mucha atención y con poco esfuerzo, por parte del hom­bre. Por este método el bien se va realizando paulatinamente y el mal lenta muy lentamente es expulsado. La voluntad al bien de Shamballa, de acuerdo al sistema evolutivo usual, apenas estaría presente, y muchos, muchísimos eones le quedaría por de­lante a la humanidad para lograr la actual etapa de desarrollo humano.
Pero algo sucedió que ni siquiera previó la Jerarquía. Duran­te los últimos doscientos años el panorama ha sido alterado. Los individuos, en gran número, lograron la iniciación e ingresaron a los Ashramas de los Maestros, y por la decisión de estos exitosos aspirantes, sujetos a su continua actividad, determinaron que la humanidad debería probar el rápido y arduo camino. Desde en­tonces, tres factores han estado presentes:


  1. El enorme progreso de elevar masivamente la conciencia de la humanidad a niveles intelectuales mucho más elevados. Esto lo testimonia el progreso de la educación, los descubrimientos de la ciencia y el dominio del plano material y del aire.




  1. La angustia mundial, el desastre económico, la guerra mun­dial, los cataclismos naturales y los innumerables aconteci­mientos y dificultades que hacen tan dura la vida individual, nacional y planetaria. Nadie está exento de ello ni existe pri­vilegio alguno.




  1. El progreso del conocimiento acerca de la Jerarquía, y sobre todo del Plan espiritual. Para ello fue necesario que los aspi­rantes y discípulos activos presentaran una meta al hombre, además del delineamiento de las técnicas del sendero, por el cual esa meta puede ser alcanzada. Esto no ha sido logrado por los grupos eclesiásticos del mundo sino por los miembros de los Ashramas. Lo único que hacen las iglesias, es mantener en la mente del público el hecho de Dios Trascendente, mien­tras ignoran el hecho de Dios Inmanente, testimoniar la exis­tencia de Cristo, mientras tergiversan su enseñanza, y enseñar el hecho de la inmortalidad, mientras ignoran la Ley de Renacimiento.

La humanidad, no obstante, progresa rápidamente en el Camino Ascendente y, en consecuencia, pueden esperarse dos cosas: Pri­mero, que la imperfección y el mal (uno latente y el otro activo, aunque va retirándose) se hará cada vez más evidente al hom­bre inteligente, y segundo, que se conocerá el modo de elimi­narlos.


No me ocupo aquí de la naturaleza de la imperfección ni del propósito del mal. Tampoco creo que sea necesario señalar a los lectores cuán ineludiblemente están presentes ambos. Podría se­ñalar que la imperfección es inherente a la naturaleza de la ma­teria misma y constituye la herencia de un sistema solar anterior. Podría indicar que el mal emana de esa jerarquía de Fuerzas del Mal, analogía material de la Jerarquía espiritual; esto tiene relación con el hecho de que todos nuestros planos están com­puestos de sustancia del plano físico cósmico. También podría decirse que cuando sea comprendida y corregida la imperfección de la materia y el interés y el énfasis de la humanidad se desvíe de las condiciones materiales, entonces las Fuerzas del Mal no tendrán con qué trabajar en los tres mundos (los tres niveles in­feriores del plano denso físico cósmico); no podrán ejercer in­fluencia sobre nada, ni habrá manera de influir sobre el hombre en lo que al mal concierne. No espero que hoy se comprenda el significado de mis palabras. Sin embargo, tienen relación con las palabras de la Gran Invocación que dicen: “y selle la puerta donde se halla el mal”. Existe una puerta que conduce al reino del mal y a la oscuridad, así como existe una puerta que con­duce al mundo del bien y de la luz. El demonio es para el hom­bre, dedicado y consagrado al mal, lo que el Morador en el Umbral es para el aspirante espiritual.
La tarea principal de la Jerarquía espiritual siempre ha con­sistido en permanecer entre las Fuerzas del Mal y la humanidad, traer a la luz la imperfección, para que el mal “no pueda encon­trar un lugar” donde actuar, y mantener abierta la puerta que conduce al reino espiritual. La Jerarquía ha hecho esto casi sin ayuda de la humanidad; esta situación ahora ha cambiado, y la guerra mundial fue el símbolo y la garantía de ese cambio; las Fuerzas de la Luz, el conjunto de las naciones unidas, luchó con­tra las Fuerzas del Mal en el plano físico y las derrotó. La guerra ha tenido un significado espiritual más grande de lo que se cree. Marcó una encrucijada mundial; reorientó a la humanidad hacia el bien; hizo retroceder a las Fuerzas del Mal, y esclareció definidamente (siendo nuevo y necesario) la verdadera diferencia entre el bien y el mal, no en sentido teológico -tal como lo han establecido los comentaristas eclesiásticos...... sino en forma prác­tica y obvia, evidenciado en la desastrosa situación económica y la ambición de hombres prominentes en todos los países. El mun­do (mediante la evidente diferencia que existe entre el bien y el mal) se ha dado cuenta de la realidad de la explotación mate­rialista, de la carencia de la verdadera libertad y de los dere­chos, aún no reclamados, del individuo. La capacidad del hombre de resistirse a la esclavitud se ha hecho evidente en todas par­tes. Si es muy cierto que los que luchan por la libertad emplean métodos erróneos y frecuentemente tratan de combatir el mal con el mal, ello sólo indica técnicas transitorias y una fase momen­tánea, momentánea desde el punto de vista de la Jerarquía (aun­que posiblemente prolongada, desde el punto de vista del hombre en los tres mundos), pero no es necesario que se prolongue ac­tualmente.
Tan grande ha sido el progreso del hombre durante los últi­mos doscientos años, que la Cámara del Concilio de Shamballa se ha visto obligada a considerarlo. Como resultado de la aten­ción puesta por las Grandes Vidas, alrededor de Sanat Kumara, y de Su interés en los asuntos humanos, sucedieron dos cosas:


  1. El aspecto voluntad de la divinidad estableció su primero, definido y directo contacto con la mente humana. El impacto fue directo y sin desviarse -como ha sucedido hasta enton­ces- hacia la Jerarquía y de allí a la humanidad. De acuerdo al tipo de hombre o grupo que respondió o reaccionó a este contacto, así fueron los resultados: muy buenos o excesiva­mente malos. Grandes hombres de bien aparecieron y enunciaron las verdades necesarias para la nueva era, y fueron, Lincoln, Roosevelt, Browning, Brand y podría ser citada una legión de hombres menos conocidos. También surgieron hom­bres malos y perniciosos tales como Hitler y el grupo que re­unió a su alrededor, que trajo tanto mal a la Tierra.




  1. Al mismo tiempo, la voluntad al bien de Shamballa evocó la latente buena voluntad en el hombre, de manera que hoy, y acrecentadamente durante los últimos cien años, el buen co­razón, la acción bondadosa, la consideración por los demás y la acción de las masas para promover el bienestar humano, se han difundido sobre la Tierra.

El surgimiento de la imperfección y el esfuerzo planificado del mal se han equilibrado mediante la aparición del nuevo grupo de servidores del mundo y la preparación que hace la Jerarquía para exteriorizarse en el plano físico. La Jerarquía es ahora exce­sivamente poderosa; sus Ashramas están colmados de iniciados y discípulos, y su periferia o campo magnético está atrayendo incon­tables millares de aspirantes hacia ella. La guerra asestó un golpe mortal al mal material, y su aferramiento sobre la humanidad está grandemente debilitado.


No debe confundirse el mal con las actividades que despliegan los maleantes y delincuentes, éstos son el resultado de masivas imperfecciones emergentes, siendo víctimas de la ignorancia, la mala educación en la infancia y la incomprensión de correctas relaciones humanas durante edades. La Ley de Renacimiento oportunamente los conducirá al camino del bien. Verdaderamente malos son quienes tratan de forzar el retorno a los antiguos y malos métodos; quienes se esfuerzan por mantener en la esclavi­tud a sus semejantes, obstaculizan la expresión de una o las Cuatro Libertades; quienes adquieren riquezas materiales a ex­pensas de los explotados, o procuran retener para sí y acaparar y lucrar con el producto de la tierra y hacen prohibitivo el costo de las necesidades de la vida, para quienes no poseen riquezas. En todas las naciones, quienes así actúan, piensan y planean, son generalmente personas prominentes, debido a sus riquezas e influencia; sin embargo, no por ignorancia, pecan contra el bien, pues sus metas son materiales y no espirituales. Relativamente pocos, comparados con los incontables millones de hombres, son excesivamente poderosos, muy inteligentes pero inescrupulosos, y por medio de ellos trabajan las Fuerzas del Mal, retardando el progreso, promoviendo la pobreza, engendrando el odio y las di­ferencias de clase, fomentando diferencias raciales para sus pro­pios fines, y manteniendo la ignorancia en el poder. Su pecado es grave y será difícil que cambien, porque el poder y la volun­tad al poder (que milita contra la voluntad al bien) es un factor predominante que controla completamente sus vidas; ellos tra­bajan hoy contra la unidad de las naciones unidas, mediante su codicia, su determinación de adueñarse de los recursos de la tie­rra (tales como el petróleo, la riqueza mineral y alimentaria), manteniendo al pueblo anémico debido a la alimentación inade­cuada. Estos hombres que se hallan en cada nación, se entienden recíprocamente y trabajan juntos en grandes asociaciones para la explotación de las riquezas de la tierra a expensas de la hu­manidad.
Rusia está excepcionalmente libre de tales hombres, pero por lo antedicho no me refiero a ese vasto país, como muchos de sus enemigos podrán suponer. Rusia está cometiendo grandes errores, pero son los de un ideólogo fanático o de un maleante que peca por ignorancia, por inmadurez o por indignación, debido a las cosas malas que lo rodean. Esto es totalmente diferente del mal a que me he referido, y no durará, porque Rusia aprenderá, pero los otros no.
He dado este ejemplo para esclarecer algo más mi tema. Sin embargo, el problema del mal es demasiado vasto para contem­plarlo aquí; tampoco es aconsejable ni inteligente discutir la fuente del mal (no de la imperfección), la Logia Negra. La ener­gía sigue al pensamiento y la palabra hablada puede ser potente­mente evocadora; por consiguiente, hasta no ser un miembro de la Gran Logia Blanca, es inteligente evitar la consideración de las fuerzas, suficientemente potentes, para emplear inteligente­mente la latente imperfección de la humanidad e imponer el te­rrible mal de la guerra, con todos sus resultados y efectos de largo alcance, sobre la humanidad. La Logia Negra es el proble­ma de la Logia Blanca y no el problema de la humanidad; du­rante eones la Jerarquía ha manejado este problema y ahora está en proceso de resolverlo. De todas maneras es esencialmente la principal consideración y problema de Shamballa, porque está vinculado con el aspecto voluntad, y sólo la voluntad al bien será suficiente para eliminar y aniquilar la voluntad al mal. No es suficiente sólo buena voluntad, aunque el llamado unido e invo­cador de los hombres de buena voluntad de todo el mundo -acrecentadamente expresado mediante la Gran Invocación- servirá para “sellar la puerta donde se halla el mal”.
La Jerarquía es efectiva para manejar lo que está detrás de esa puerta y las - fuerzas allí ocultas (y movilizadas); los métodos y modos que Ella emplea para proteger a la humanidad de este mal movilizado, gradualmente están haciendo retroceder al mal, y quizás no sean comprendidos por quienes no han atravesado la puerta que conduce al Camino de la Evolución superior.
¿Qué podré decir sobre la inofensividad? No me resulta fácil demostrar o comprobar la efectividad del aspecto superior, la es­piral o fase de la inofensividad, tal como la emplea la Jerarquía, bajo la dirección del Perfecto Ser, el Cristo. La inofensividad que he tratado previamente tiene relación con las imperfecciones contra las cuales lucha la humanidad y, como bien saben, es difícil aplicarla en cualquier circunstancia. La inofensividad a que me refiero, concerniente a ustedes, no es la actividad negativa, dulce o bondadosa, como muchos creen; es un estado mental que de ninguna manera niega la acción firme y hasta drástica; concierne al móvil e involucra la determinación de que el móvil detrás de toda actividad sea buena voluntad. Este móvil puede conducir a hechos y palabras positivos, a veces desagradables, pero como la inofensividad y la buena voluntad condicionan el acercamiento mental, no puede surgir otra cosa que el bien.
En una vuelta más elevada de la espiral, la Jerarquía también emplea la inofensividad, pero está relacionada con la voluntad para el bien e implica el uso de la energía dinámica, energía eléctrica dirigida intuitivamente; este tipo de energía nunca es puesto en actividad por el hombre, pues aún no puede mane­jarla. Este tipo de inofensividad se basa en un completo autosa­crificio, donde la voluntad para el sacrificio, la voluntad para el bien y la voluntad para el poder (tres fases del aspecto voluntad, expresados a través de la Tríada espiritual) están fusionadas en la energía dinámica de naturaleza profundamente espiritual. Esta energía es el epítome de la total o perfecta inofensividad, en lo que concierne a la humanidad y a los reinos subsidiarios de la naturaleza, pero es expulsora en su efecto y dinámica en su impacto aniquilador, en lo que respecta a las Fuerzas del Mal.
Un profundo y esotérico estudio de las tres tentaciones de Cristo revelarán tres ocasiones principales, cuando el Ser Perfecto, ex­presando esta inofensividad superior, obligó retroceder al expo­nente del mal. Estos tres episodios están relatados simbólicamente, pero son verídicos. Poco se ha pensado acerca de cuál sería el efecto mundial, en el transcurso de los siglos, si Cristo no hubiera reaccionado como lo hizo; las conjeturas no son de valor, pero podría decirse que hubiera alterado todo el curso de la historia y del progreso evolutivo de la humanidad en forma terrible y horrenda. Pero la inofensividad dinámica, la expresión de la vo­luntad al bien y la demostración de la voluntad al poder (obli­gando al mal que Lo abandonara) marcó la crisis más importante en la vida de Cristo.
La historia del Evangelio (con su resumen de las cinco ini­ciaciones) se refiere al progreso y triunfo del Maestro Jesús; el relato de las tres tentaciones indicó la recepción, por el Cristo, de una iniciación aún superior, la sexta, confiriéndole el total dominio del mal, pero no de la imperfección; Él pudo recibir esta iniciación porque era el Ser Perfecto.
He dado mucho para que le dediquen una madura consideración y he arrojado alguna luz sobre una iniciación de la cual lógicamente poco puede saberse. Quisiera llamar también la aten­ción acerca de los tres requisitos fundamentales para un exitoso acercamiento a esta iniciación: perfecto equilibrio, cabal punto de vista y comprensión divina. Resultará interesante observar cómo actúan estas tres cualidades, en relación con las tres ten­taciones; al hacerlo, mucha luz podría ser arrojada sobre la vida, naturaleza y carácter del Cristo.
La Ley de Perfección proporciona la clave de la civilización y el ciclo de evolución que Él inauguró -cuyo ideal no se ha perdido, aunque la aplicación de la enseñanza que dio ha sido descuidada por las iglesias y por el género humano. También ve­rán que una de las tentaciones tuvo lugar en la cima de una elevada montaña; desde esa elevación quedan eliminados total­mente tiempo y espacio, porque la visión de Cristo abarcó el pasado, el presente y el futuro. Esta facultad perceptiva (no puedo denominarla conciencia, y aún la palabra perceptiva es inexacta) sólo es posible después de la quinta iniciación, alcanzando un ele­vado punto de expresión en la sexta iniciación.
Quisiera considerar la naturaleza de los tres requisitos presen­tados como esenciales para pasar determinada iniciación, porque proporcionan el vínculo entre la novena ley y la sexta regla. Esta regla es tan clara y concisa que no necesita mucha expli­cación, pues pone el énfasis sobre la energía que debe ser empleada y la que no debe emplearse, y dice:




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