Curación Esotérica



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REGLA CUATRO

El cuidadoso diagnóstico de la enfermedad, basado en los sín­tomas externos verificados, será simplificado en tal medida que, cuando sea conocido y aislado el órgano implicado, el centro en el cuerpo etérico en más estrecha relación con él, será sometido a los métodos de curación esotérica, aunque no serán rechazados los métodos comunes, paliativos, médicos o quirúrgicos.


Esta regla no requiere mucha dilucidación, porque contiene ins­trucciones claras y concisas. Enumeraré las instrucciones:


  1. Debe hacerse un cuidadoso diagnóstico, basado en los sín­tomas externos verificados.




  1. Debe ser localizado el órgano causante de la dolencia. Ambas actividades conciernen al cuerpo físico denso.




  1. Después será atendido el centro en el cuerpo etérico, más cercano a la zona de la dificultad.




  1. Deben emplearse métodos esotéricos de curación, aplica­dos para la estimulación, o bien para la desvitalización del centro involucrado.




  1. Simultáneamente, serán empleados los demás métodos ex­ternos ortodoxos.

Los denominados curadores modernos se equivocan en la con­fección del cuidadoso diagnóstico. No conocen bastante acerca del cuerpo físico, de la patología de la enfermedad, de los síntomas primarios o secundarios, para determinar la naturaleza de la di­ficultad; esto se debe a que el curador común no ha tenido entrenamiento médico ni tampoco está equipado síquicamente para arribar a un correcto diagnóstico en forma esotérica. Por lo tanto cae en la general presunción de que el paciente se halla enfermo, que el lugar de la dificultad parece estar en tal o cual zona del cuerpo físico, que el paciente se queja de ciertas dolencias y do­lores, y si se puede lograr que éste sea suficientemente pasivo y capte (conjuntamente con el curador) el hecho de su divinidad -¿y quién puede hacerlo hermano mío?- entonces, si tiene fe en el curador, con toda seguridad será curado.


Usualmente es digno de observarse la ignorancia, tanto del curador como del paciente; es deplorable la presunción del cu­rador de que, si se logra la curación, se debe exclusivamente a los métodos de curación aplicados, mientras el paciente, con toda probabilidad, se hubiera recuperado en cualquier caso. La cura­ción podría haberse acelerado por el factor fe, y la fe es sim­plemente el enfoque de la energía del paciente en línea con el mandato del curador y el consiguiente “despliegue” de esa ener­gía en la zona enferma, de acuerdo a la ley que “la energía sigue al pensamiento”. La “explosión” (si se puede emplear una pala­bra fuerte) de la energía de la fe por parte de las dos personas implicadas -el curador y el paciente- oculta y ocasionalmente produce suficiente energía estimuladora para lograr una cura que en cualquier caso era inevitable. Ello ha sido simplemente un proceso de aceleración. Pero esto no es una verdadera curación esotérica ni su empleo involucra un verdadero método esotérico de curación. Sicológicamente, esto mismo puede verse en el caso de una “conversión”, tal como lo denomina la Escuela Fundamen­talista de la Cristiandad. La fe del sujeto y la del evangelista, más la fe del auditorio (cuando está presente), produce una curación sicológica, en lo que respecta a la eliminación de las separaciones, o una unificación, aunque sólo sea de naturaleza temporaria.
Siempre debemos tener en cuenta que en el mundo creado sólo existe energía en movimiento, y que cada pensamiento dirige algunos aspectos de esa energía, pero siempre dentro de la esfera de influencia de alguna energía más grande, pensante y dirigente. La fe del curador y la del paciente son ejemplos de energía en movimiento, y en la actualidad, generalmente las únicas energías empleadas en cada caso de curación. La medicina ortodoxa también trabaja con las mismas energías, complementando sus métodos ortodoxos con la fe del paciente puesta en el médico y su ­conocimiento científico.
No volveré a recomendar que se empleen los métodos mé­dicos y quirúrgicos cuando ello es posible. Me he referido a esto varias veces en el curso de esta enseñanza sobre la curación. Es esencial que la gente comprenda que los conocimientos verifica­dos por la medicina y la cirugía, son tanto una expresión de la experiencia y comprensión divinas y quizás lo sea más hoy, como los esperanzados, positivos, aunque vacilantes métodos de la así llamada curación divina. Aunque gran parte de los métodos ortodoxos son experimentales, lo son mucho menos que los méto­dos de los modernos curadores, y gran parte de su conocimiento científico es comprobado y real. Deberían emplearlos y confiar en ellos. La perfecta alianza curativa, se establece entre el médico y el curador espiritual, cada uno trabajando en su propio campo, pero ambos teniéndose fe mutua; algo que aún no sucede. No hay necesidad de pedir ayuda divina para soldar huesos, pues el ci­rujano está bien equipado para hacerlo, o detener la infección que el médico sabe muy bien como tratarla. El curador puede ayudar y apresurar el proceso curativo, pero los médicos ortodo­xos pueden también acelerar el trabajo del curador. Uno necesita del otro.
Comprendo que lo dicho aquí no será del agrado del curador espiritual ni del médico ortodoxo. Sin embargo, ya es tiempo de que se valoren mutuamente y trabajen en colaboración. En últi­mo análisis, el curador espiritual y los nuevos métodos de curación mental han contribuido muy poco relativamente, en comparación con el trabajo y el conocimiento de los miembros de la profesión ortodoxa. La deuda del mundo con los médicos y ciru­janos es muy grande. La deuda con los curadores, decididamente no es tan grande; ellos envenenan con frecuencia el canal, me­diante la amargura y constante crítica a los médicos y a la medicina ortodoxa. La seguridad que proporcionan el conocimiento y la experiencia, evita que el grupo ortodoxo adopte una actitud similar, teniendo en cuenta además que el curador espiritual lla­mará al médico en caso de emergencia.
La ley y regla que ahora consideraremos nos conducirá a los reinos de la verdadera abstracción; y les resultará difícil com­prender gran parte de lo que pueda decir. La octava ley nos re­trotrae a la fuente misma de todo fenómeno en lo que al ser humano concierne -la voluntad del alma inmortal de encarnar en la tierra o retirarse de la encarnación. Significa también tener en cuenta el factor Voluntad, al producir la enfermedad como medio directo de lograr ese retiro. Muy poco se sabe acerca de la Voluntad, que particularmente es difícil de explicar.




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