Curación Esotérica



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LEY I



Toda enfermedad es el resultado de la inhibición de la vida del alma. Esto es verdad para todas las formas de todos los reinos. El arte del curador consiste en liberar al alma, a fin de que su vida pueda fluir a través del conglomerado de organismos que constituyen una forma determinada.
Es interesante observar que el intento de los científicos de libe­rar la energía del átomo es en general de la misma naturaleza que el trabajo del esotérico cuando se esfuerza por liberar la energía del alma. En tal liberación se halla oculta la naturaleza del verda­dero arte de curar. Aquí hay una insinuación esotérica.
Cuarto, consideraremos el cuerpo físico, sus enfermedades y sus males, pero sólo después de haber estudiado esa parte del hombre que se halla detrás del cuerpo físico denso y lo rodea. De esta ma­nera trabajaremos desde el mundo de las causas internas al mundo de los acontecimientos externos. Veremos que todo lo que concier­ne a la salud del hombre tiene su origen en:


  1. La suma total de fuerzas, sentimientos, deseos y procesos men­tales ocasionales que caracterizan los tres cuerpos sutiles y de­terminan la vida y experiencia del cuerpo físico.




  1. El efecto que produce sobre el cuerpo físico la condición en que se halla la humanidad corno un todo. Un ser humano es una parte integral de la humanidad; un organismo dentro de un organismo mayor. Las condiciones existentes en el todo serán reflejadas en la unidad-yo; y muchos de los males que el hombre sufre hoy, son efectos de las condiciones existentes en el cuarto reino de la naturaleza, no siendo el hombre responsable de ellas.




  1. El efecto sobre su cuerpo físico, producido por la vida planeta­ria, expresión de la vida del Logos planetario, una Entidad en evolución. Las implicaciones de esto están más allá de nuestra comprensión, pero los efectos son discernibles.

No tengo mayor interés en entrenar individuos para que lleguen a ser curadores más eficientes. Mi objetivo es que realicen las cu­raciones en forma grupal, pues me interesa el trabajo realizado en esa forma. Ningún grupo puede trabajar como una unidad, a no ser que se amen y sirvan mutuamente. La energía curadora de la Jerarquía espiritual no puede fluir a través del grupo si hay desarmonía y crítica. El primer trabajo, en consecuencia, de cualquier grupo de curadores, es establecer entre ellos una corriente de amor y trabajar mediante la unidad y comprensión grupales.


Quisiera puntualizar aquí la necesidad de tener paciencia a me­dida que se va integrando el grupo curador y las auras de sus miembros se fusionan. Llevará tiempo para que las personas apren­dan a trabajar juntas con perfecta comprensión e impersonalidad, y a la vez lograr, durante su trabajo, una centralización que produzca el necesario ritmo grupal, un ritmo de tal unidad e intensidad que el trabajo pueda sincronizarse internamente. A medida que los aspirantes y estudiantes trabajen en estas líneas, deben entrenarse a pensar como grupo y dar al grupo, sin mezquindad ni reticen­cias, lo mejor que hay en ellos y también el fruto de sus medita­ciones sobre tales cuestiones.
Podría agregar también que estas instrucciones deben ser en lo posible muy concisas. Me esforzaré para poner en breves palabras muchas verdades e informaciones, a fin de que cada frase trasmita alguna idea real y arroje verdadera luz sobre los problemas que enfrenta el grupo de curación. Lo que diré se dividirá en dos par­tes: Primero, me ocuparé del trabajo general de curación y ense­ñanza, y esto implica que he de impartir leyes, técnicas y métodos. Segundo, me ocuparé del curador, y cómo puede perfeccionarse en el arte de curar.
¿No es verdad que el primer requisito para todo curador es establecer una simpática armonía con el paciente, a fin de que el curador tenga una visión interna de la dificultad y gane su con­fianza?
Magnetismo e Irradiación son dos palabras que encierran los requisitos para todos los verdaderos curadores y deben esforzarse para adquirirlos. Un curador debe ser magnético sobre todas las cosas y atraer hacia sí:


  1. El poder de su propia alma; esto involucra alineamiento por medio de la meditación individual.




  1. A aquellos que él puede ayudar; esto involucra actitud des­centralizada.




  1. Esas energías que, cuando surge la necesidad, estimularán al paciente para que inicie la actividad deseada. Esto invo­lucra conocimiento ocultista y una mente entrenada.

El curador ha de saber también en qué forma debe irradiar, porque la irradiación del alma estimulará la actividad del alma del que debe ser curado, iniciándose el proceso de curación; la irradiación de su mente iluminará la otra mente y polarizará la volun­tad del paciente; la irradiación de su cuerpo astral o emocional controlada y desinteresada, impondrá un ritmo a la agitación del cuerpo astral del paciente, que le permitirá a éste actuar correc­tamente; mientras que la irradiación del cuerpo vital, actuando a través del centro esplénico, ayudará a organizar el cuerpo-fuerza del paciente, facilitando así la tarea de curación. Por lo tanto el curador tiene el deber de ser eficaz y, de acuerdo con lo que él es, así será el efecto que producirá sobre el paciente. Cuando un cura­dor trabaja magnéticamente e irradia la fuerza de su alma sobre el paciente, éste podrá lograr más fácilmente el fin deseado lo cual puede ser la total curación o bien el establecimiento de un estado mental que le permitirá seguir viviendo con su dolencia, sin verse obstaculizado por las limitaciones kármicas del cuerpo, o quizás pueda liberarse debidamente (con alegría y facilidad) del cuerpo y obtener la completa salud a través del portal de la muerte.

Notas: * Tratado sobre los Siete Rayos, Tomos I y II
PRIMERA PARTE

LAS CAUSAS FUNDAMENTALES DE LAS ENFERMEDADES



Este es el problema por el cual toda la ciencia médica ha lucha­do para encontrar una solución en el transcurso de las épocas, y consiste en hallar las causas fundamentales de las enfermedades. En nuestra actual era mecanicista hemos deambulado demasiado sobre la superficie de las cosas, alejándonos del punto de vista parcialmente veraz, mantenido en siglos pretéritos, de que las enfermedades se hallan detrás de los “malos humores” gestados, y proliferan en la vida subjetiva interna del paciente. Por la evo­lución del conocimiento obtenido, hemos llegado ahora a la superfi­cie de las cosas (obsérvese que no empleo la palabra “superficial”) y ha llegado el momento en que el conocimiento puede volver a entrar en el reino de lo subjetivo y transmutarse en sabiduría. En la actualidad alborea el reconocimiento, en las mejores mentalidades de las profesiones médica y afines, de que en las actitudes subjetivas e ignotas de la mente y de la naturaleza emocional, y en la vida de inhibidas o excesivas expresiones sexuales, deben buscarse las causas de todas las enfermedades.
Al comenzar este estudio quisiera decirles que aunque yo cono­ciera la ultérrima causa de las enfermedades, para ustedes resul­taría incomprensible. La causa se halla muy atrás, en la historia del legendario pasado de nuestro planeta, en el curso (ocultamen­te interpretado) de la Vida planetaria, y tiene sus raíces en lo que se denomina generalmente “mal cósmico”. Esta frase no tiene nin­gún sentido, pero describe simbólicamente un estado de concien­cia, de ciertos “Dioses imperfectos”. Dada la premisa inicial de que la Deidad misma está trabajando para lograr una perfección, más allá de nuestra comprensión, se puede inferir de que existe para los Dioses mismos y para DIOS (como la VIDA del sistema solar) ciertas limitaciones y zonas o estados de conciencia que todavía esperan ser dominados. Estas limitaciones y relativas imperfecciones pueden causar efectos definidos sobre Sus cuerpos de manifes­tación -los distintos planetas considerados como expresión de Vi­das y el sistema solar considerado como expresión de una VIDA.
Dada también la hipótesis de que tales cuerpos externos de la divinidad, los planetas, son las formas a través de las cuales ciertas deidades se expresan a Sí Mismas, puede deducirse verdadera y lógicamente que todas las vidas y formas dentro de esos cuerpos, están necesariamente sujetas a estas limitaciones y a las imperfec­ciones surgidas de esas zonas inexploradas de la conciencia y esos estados de percepción, hasta ahora no alcanzados por las Deidades encarnadas en la forma planetaria y solar. Dado el postulado de que cada forma es parte de una forma mayor, y que en realidad “vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser” dentro del cuerpo de Dios (como lo expresa San Pablo), nosotros, como parte integrante del cuarto reino de la naturaleza, compartimos esta limitación e imperfección generales.
Captar algo más de esta premisa general está más allá de nues­tro poder de comprender y expresar, pues el equipo mental general de los aspirantes y discípulos comunes es inadecuado para la tarea. Los términos “mal cósmico, imperfección divina, zonas limitadas de la conciencia, la libertad del espíritu puramente divina”, em­pleados tan superficialmente por los místicos y pensadores esoté­ricos de la época: ¿Qué significan en realidad? Las afirmaciones de muchas escuelas de curación, respecto a la máxima perfección divina, y la formulación de sus creencias de que la humanidad se liberará realmente de las comunes dolencias de la carne, ¿no son frecuentemente altisonantes, personificando un ideal basado a menudo en deseos egoístas? ¿No constituyen frases sin significado alguno en sus implicaciones místicas? ¿Cómo podría ser de otra manera, cuando únicamente el hombre perfecto puede tener una idea real de lo que constituye la divinidad?
Es mucho mejor admitir la imposibilidad de que el hombre comprenda las causas profundamente arraigadas de lo que puede verse surgir en la evolución de la vida de la forma. ¿No es más inteligente enfrentar las realidades y los hechos, tal como existen para nuestra actual comprensión, y entender que así como el hom­bre puede penetrar más inteligentemente en la mente de Dios que en la mente inferior del animal, también pueden existir otras mentes superiores, actuando en reinos más elevados de la natura­leza, que ciertamente han de ver la vida con más realidad y exacti­tud que el género humano? Es muy posible que el objetivo de la evolución (corno ha sido delineado y acentuado por el hombre), en último análisis, sea solo un fragmento de un objetivo mayor que el hombre, con su finita comprensión, puede captar. Todo el pro­pósito, tal como se halla oculto en la mente de Dios, quizás sea muy diferente de lo que el hombre podría concebir hoy; y el mal y el bien cósmicos, reducidos a terminologías, pueden perder todo su significado y sólo ser vistos a través del espejismo y la ilusión con que el hombre rodea todas las cosas. Las mejores mentalidades de esta era están comenzando ya a ver el primer tenue rayo de luz que horada este espejismo y sirve para revelar la realidad de la ilusión. Por medio de esta Luz se les revelará la siguiente verdad a quienes estén a la expectativa y posean mente abierta: La Deidad misma se halla en el camino de la Perfección. Muchas son las im­plicaciones que encierra este enunciado.
Al tratar las causas de las enfermedades, adoptaremos la posi­ción de que la fundamental y ultérrima causa cósmica escapa a nuestra captación, y que sólo a medida que el Reino de Dios se vaya revelando en la tierra, obtendremos un real entendimiento de la amplia y general difusión de las enfermedades en nuestro planeta y en los cuatro reinos de la naturaleza. Sin embargo pue­den exponerse unas pocas enunciaciones básicas que, en sentido macrocósmico, oportunamente serán establecidas como verdades y ya pueden ser demostradas como tales en lo que concierne inte­ligentemente al microcosmo.


  1. Toda enfermedad (y esto es algo conocido) es producida por la falta de armonía o desarmonía entre el aspecto forma y la vida. Aquello que une la forma y la vida, o más bien el resultado de esta unión, denominada alma, el yo en lo que respecta a la humanidad, y el principio integrador, en lo que concierne a los reinos subhumanos. Las enfermedades aparecen donde no hay alineamiento entre estos diversos factores, el alma y la forma, la vida y su expresión, las realidades subjetiva y objetiva. En consecuencia, espíritu y materia no están libremente relacio­nados entre sí. Esto es un modo de interpretar la Primera Ley y toda esta tesis está destinada a exponer esa Ley.




  1. La desarmonía que produce lo que se denomina enfermedad, corre a través de los cuatro reinos de la naturaleza y trae esas condiciones que producen dolor (donde la sensibilidad es exquisita y está desarrollada) y en todas partes congestión, corrupción y muerte. Reflexionen sobre las palabras siguien­tes: Desarmonía, Enfermedad, Dolor, Congestión, Corrupción, Muerte, porque describen la condición general que rige la vida consciente de todas las formas, macro y microcósmicas. Ellas no constituyen las causas.




  1. No obstante, estas condiciones pueden ser consideradas como purificadoras en sus efectos, y así debe considerarlas la huma­nidad si se quiere asumir la correcta actitud hacia las enfer­medades. Esto a menudo lo olvida el curador fanático y el ex­ponente extremista de una idea, finitamente captada y en la mayoría de los casos sólo forma parte de una idea mayor.




  1. Métodos de curación y técnicas paliativas que son peculiares de la humanidad, resultantes de la actividad mental del hom­bre. Indican el latente poder que posee como creador, y que progresa hacia la liberación. Señalan su habilidad discriminativa para presentir la perfección, visualizar el objetivo y por ende trabajar hacia esa ultérrima liberación. En la actualidad su error consiste en:




  1. Su incapacidad de ver el verdadero valor del dolor.

  2. Su resentimiento por el sufrimiento.

  3. Su incomprensión de la ley de no-resistencia.

  4. Su excesivo énfasis puesto sobre la naturaleza forma.

  5. Su actitud hacia la muerte y su sensación de que la desapa­rición de la vida, fuera de la percepción visual, por inter­medio de la forma, y la consiguiente desintegración de esa forma, indican desastre.




  1. Cuando el pensamiento humano invierta las ideas comunes, respecto a las enfermedades, y las acepte como un hecho natural, el hombre comenzará a aplicar la ley de liberación, correctos pensamientos, que conducirá a la no-resistencia. Actualmente, por el poder de su pensamiento dirigido y su intenso antago­nismo hacia la enfermedad, sólo tiende a vigorizar la dificultad. Cuando reoriente su pensamiento hacia la verdad y el alma, las enfermedades del plano físico comenzarán a desaparecer. Esto será evidente al estudiar más adelante el método de extirparlas. La enfermedad existe. Las formas en los reinos de la naturaleza carecen de armonía y no están alineadas con la vida inmanente. En todas partes existen enfermedad y corrupción y la tendencia a la disolución. Elijo mis palabras con cuidado.




  1. Por lo tanto, la enfermedad no es el resultado del erróneo pen­sar humano. Existió entre las innumerables formas de vida mu­cho antes que la familia humana apareciera en la tierra. Si ustedes buscan una expresión verbal y si se desea hablar dentro de los limites de la mente humana, podrían decir con cierta exactitud que: Dios, la Deidad planetaria, es culpable de pen­sar erróneamente. Pero no expresarán toda la verdad, sino sólo una ínfima fracción de la causa, como aparece a vuestra débil y finita mentalidad, a través del espejismo y la ilusión mundial general.




  1. Desde cierto ángulo, la enfermedad es un proceso de liberación y el enemigo de lo estático y cristalizado. No crean por lo que expongo que debería aceptarse la enfermedad y anhelar el pro­ceso de la muerte. Si así fuera cultivaríamos la enfermedad y premiaríamos el suicidio. Afortunadamente para la humanidad, toda la tendencia de la vida es contraria a la enfermedad, y la reacción que produce la vida de la forma en el pensamiento del hombre, fomenta el temor a la muerte. Esto ha sido co­rrecto, porque el instinto de autoconservación y la preservación de la integridad de la forma, es un principio vital de la materia, y la tendencia hacia la autoperpetuación de la vida dentro de la forma, es uno de los más grandes dones de Dios y persistirá. Pero en la familia humana esto debe oportunamente ceder su lugar a la muerte como un proceso organizado y liberado, a fin de conservar fuerza y proporcionar al alma un mejor instrumento de manifestación. Para esta libertad de acción la totalidad del género humano no está aún preparada. Los discípulos y aspirantes del mundo deberán comenzar a captar estos nuevos principios de la existencia. El instinto de autopreservación rige la relación del espíritu y la materia, de la vida y la forma, hasta que la Deidad misma decida encarnar dentro de Su cuer­po de manifestación, un planeta o un sistema solar. En lo expuesto he dado un indicio en lo que respecta a una de las causas básicas de la enfermedad y a la interminable lucha en­tre el espíritu aprisionado y la forma aprisionante. Esta lucha emplea como método la cualidad innata que se expresa a sí mis­ma como el anhelo de preservarse y el ansia de perpetuarse (en la forma y especies actuales).




  1. La Ley de Causa y Efecto, denominada de Karma en Oriente, rige todo esto. El karma, en realidad, debe ser considerado como el efecto (en la vida de la forma de nuestro planeta) de las cau­sas profundamente arraigadas y ocultas en la mente de Dios. Las causas que debernos buscar respecto a las enfermedades y la muerte son en realidad sólo la actuación de ciertos principios básicos que rigen -¿quién podrá decir si correcta o erróneamente?- la vida de Dios en la forma y serán siempre incomprensibles para el hombre hasta el momento de recibir la gran iniciación, simbolizada para nosotros en la Transfiguración. Du­rante todo nuestro estudio nos ocuparemos de las causas secundarias y sus efectos, con los resultados fenoménicos que esos efectos subjetivos que emanan de causas demasiado remotas para poder captarlas. Esto debería aceptarse y comprenderse, siendo lo máximo que puede hacer el hombre con su actual me­canismo mental. ¿Cómo puede el hombre, pretender arrogante­mente, comprenderlo todo, cuando la intuición raras veces actúa y la mente pocas veces se halla iluminada? Antes debe dedicarse a desarrollar la intuición y lograr la iluminación. En­tonces podrá llegarle la comprensión, pues habrá merecido el derecho de adquirir el conocimiento divino. Pero el reconoci­miento mencionado será suficiente para nuestro trabajo y nos permitirá establecer esas leyes y principios que indicarán cómo la humanidad puede dejar de ser consciente de la forma, y su consecuente inmunidad a la muerte y a esas condiciones enfer­mizas que rigen hoy nuestra manifestación planetaria.

Dividiremos nuestro estudio, respecto a las causas de la enfer­medad, en tres partes, eliminando, en la búsqueda de la verdad, el comprensible pero igualmente inútil deseo de captar los pensa­mientos de la Deidad.




  1. Causas psicológicas.

  2. Causas emanantes de la vida grupal.

  3. Las deudas kármicas, causas kármicas.

Todo esto sólo proporciona una idea general (lo único posible ahora) sobre las enfermedades que existen en la familia humana y, en cierto porcentaje, en el reino animal. Cuando esta idea gene­ral sea captada se tendrá un entendimiento más claro del problema y entonces se podrá continuar con la consideración de los métodos que permitirán manejar, con mayor facilidad, los efectos indesea­bles. Los estudiantes del Arte de Curar deberán análogamente recordar que hay tres métodos para obtener la curación, y los tres tienen su lugar y valor, dependiendo del punto de evolución del sujeto sometido a curación.


Primero, tenemos la aplicación de esos métodos paliativos y me­joradores que gradualmente curan las enfermedades y eliminan condiciones indeseables; reconstruyen la vida de la forma, y fo­mentan la vitalidad, a fin de que la enfermedad pueda ser desarrollada. De estos métodos las escuelas alópatas y homeópatas y las diversas osteópatas y quiroprácticas y otras escuelas terapéuticas, son buenos ejemplos. Han realizado un trabajo bueno y constructi­vo y la deuda que tiene la humanidad para con la sabiduría, la capacidad y las atenciones altruistas de los médicos es muy grande. Enfrentan siempre condiciones apremiantes y efectos peligrosos de causas que no manifiestan síntomas evidentes en la superficie. De acuerdo a estos métodos el paciente se halla en manos de un desconocido y deberá ser pasivo, obediente y negativo.
Segundo, tenemos el trabajo y los métodos del psicólogo mo­derno, que trata de encarar las condiciones subjetivas y enderezar las actitudes erróneas de la mente, las inhibiciones, la psicosis y los complejos que producen los estados externos de la enfermedad, condiciones mórbidas y neuróticas y trastornos mentales. De acuer­do a este método se le enseña al paciente a colaborar en lo posible con el psicólogo, para poder obtener la debida comprensión de sí mismo, aprender a eliminar esas situaciones internas y compulsoras, responsables de los resultados externos. Se le enseña a ser positivo y activo, y esto es un gran paso hacia la correcta direc­ción. La tendencia de combinar la psicología con el tratamiento fí­sico externo es sensata y correcta.
Tercero, un método superior y nuevo que consiste en llamar a la propia alma del hombre para que inicie una actividad positiva. La verdadera y futura curación se efectuará cuando la vida del alma pueda fluir sin impedimento ni obstáculo a través de cada aspecto de la naturaleza forma, pudiendo entonces vitalizarla con su potencia y también eliminar esas congestiones y obstrucciones que son fuente fructífera de enfermedades.
He aquí mucho para reflexionar. Si explico cautelosamente la aplicación práctica de las técnicas y métodos, se debe a que trato de sentar una sólida base para lo que impartiré posteriormente.





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