Curación Esotérica


Efectos de la Subestimulación y Superestimulación de los Centros



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Efectos de la Subestimulación y Superestimulación de los Centros

Hemos estudiado, algo extensamente, los centros y su relación con el cuerpo físico denso. Hemos observado las zonas condiciona­das por estos centros y el trabajo mediador de las glándulas de secreción interna. Vimos que las causas principales que predispo­nen a las dificultades físicas originadas en el organismo físico, son la subestimulación o la superestimulación de los centros. Tenemos también, tal como recordarán, tres enfermedades inherentes a la sustancia misma, y en consecuencia crean predisposiciones básicas en el cuerpo humano: cáncer, sífilis y tuberculosis. Estas tres no las consideraremos ahora. Pero la condición de los centros produce básicamente todas las dificultades, permitiendo la entrada a las in­fecciones y gérmenes que de otra manera no producirían dificulta­des, estableciendo esas situaciones donde la enfermedad inherente a la naturaleza-forma puede ser fomentada y hacer que las tenden­cias indeseables sean muy poderosas. En consecuencia podríamos establecer la premisa (que posteriormente aceptará la profesión médica) de que las enfermedades son autoengendradas (si puedo usar esta curiosa e inadecuada palabra) y no el resultado del con­tagio, de la infección o de accidentes; son causadas por el fracaso, la limitación, la deficiencia o excesiva eficiencia, y por el super o subdesarrollo del sistema endocrino. El sistema glandular de se­creción interna, por intermedio de las hormonas, afecta todas las partes del organismo físico a través de la corriente sanguínea, y podría decirse con toda propiedad, que cuando las glándulas de secreción interna están perfectamente equilibradas y funcionan correctamente, no habrá zonas enfermas en el cuerpo. Entonces la corriente sanguínea se mantendrá en perfectas condiciones. La cla­ve de la perfecta salud física, que posee un Maestro de Sabiduría, se debe a Su pleno control de los centros y equilibrada recepción y distribución de energía, y al efecto que produce sobre todo el sistema glandular de secreción interna. De esta forma, a cada zona del cuerpo se le suministra debidamente las fuerzas necesarias, manteniéndose así en perfectas condiciones.


Entre los centros y las correspondientes glándulas endocrinas, se halla el sistema nervioso actuando como agente distribuidor de energía. Sin embargo aquí reside la dificultad, porque no hay una adecuada afluencia de energías; la energía distribuida al cuerpo por su intermedio, vía los centros, es despareja; algunos centros reciben un indebido abastecimiento; otros una cantidad inade­cuada; algunos aún no están despiertos y por lo tanto no son re­ceptivos; otros están prematuramente desarrollados y trasmiten demasiada fuerza a las zonas que rigen. En la medicina esotérica y su interpretación filosófica (que en último análisis es la efecti­va y práctica aplicación de los datos conocidos) el aspecto cerebro­espinal condiciona y rige todo el sistema nervioso, pues mediante este aspecto y por su intermedio, los centros actúan y afectan al organismo corpóreo, suministrando al cuerpo la energía vital ne­cesaria; así el sistema nervioso eventualmente llega a responder, por medio de los siete centros, a las siete energías principales o a las fuerzas de los siete rayos.
Ningún ser humano, excepto un Maestro, posee los centros ade­cuadamente despiertos y funcionando en forma equilibrada, ni están apropiadamente relacionados por medio de una radiación intensa; tampoco ningún ser humano posee un sistema nervioso que responda correctamente a los centros. Existen dos razones para ello, y ambas están relacionadas con el sistema cerebro-espinal:


  1. El centro coronario aún no está despierto, o sólo se está des­arrollando lentamente, a medida que el discípulo se somete al entrenamiento.




  1. La afluencia de energía, a través de la cabeza, a los centros a lo largo de la columna vertebral, es despareja, debido a que la afluencia entrante es desigual y la red etérica -en­tre los centros- sólo permite que afluya poca energía a los centros.

Debe recordarse que la vida de los centros se funda, en la etapa inicial, en la inherente vida del organismo mismo, con la vida ema­nante enfocada en el centro de la base de la columna. Éste es un punto que frecuentemente olvidan los esoteristas. A través de este centro básico actúa la vida de la materia, vida o energía del Espí­ritu Santo, el tercer aspecto. Por medio de su vida se alimenta cada átomo del cuerpo. Este proceso de animación de la sustancia de la forma física se inicia en la etapa prenatal; después del nacimiento este tipo de fuerza es ayudado y parangonado por la afluencia del prana planetario o energía vital, proveniente de la vida planetaria misma, por intermedio del bazo, órgano esencial vinculador entre la vida inherente a la materia misma, tal como se halla presente en el microcosmos, y la vida inherente al planeta.


A medida que prosigue la evolución, se le agrega gradualmente a esta inherente fuerza, una afluencia de energía “cualificada” que expresa el aspecto conciencia de la divinidad e indica a los esote­ristas el estado de percepción del hombre y también el tipo de rayo a que pertenece su alma. Esta afluencia proviene del segundo as­pecto divino, alma o Cristo interno. Aquí podría afirmarse, respec­to a los dos centros de la cabeza, que:


  1. El centro ajna o el centro de la personalidad, enfocado entre las cejas y condicionando al cuerpo pituitario, está relacionado con la vida del triple organismo integrado. Por medio de ese organismo la conciencia debe forzosamente expresarse y los vehículos físico, emocional y mental demostrar su eta­pa de evolución.




  1. El centro coronario (llamado en la filosofía hindú, el loto de mil pétalos) condiciona la glándula pineal y está relacio­nado con la vida del alma y -después de la tercera inicia­ción- con la vida de la mónada; imparte a los centros los tres tipos principales de energía del ser espiritual, de los cuales las tres fuerzas de la personalidad son los reflejos o contrapartes físicas.

Más adelante, estará disponible la energía del aspecto espíritu, el primero o aspecto Padre, y descenderá a través del centro corona­rio al centro ama, combinando las energías de la personalidad y del alma. Luego por un acto de la voluntad es proyectada hacia abajo de la columna vertebral, por conducto del centro alta mayor, que condiciona la glándula carótida. Al descender por la columna vertebral se vitalizan dos aspectos de los centros; cuando llega al centro básico, se combina con la energía latente de la sustancia misma, y tenemos así la unión de las tres energías divinas y la manifestación, en el hombre, de los tres aspectos divinos. Estas energías combinadas se precipitan entonces hacia arriba por el ca­nal central de la columna vertebral, y el tercero o aspecto recepti­vo superior de los centros, queda energetizado. Todos los centros son llevados a su plena expresión; es destruida toda limitación y vitalizada cada parte del cuerpo, produciéndose la perfección ma­terial, además de la plena actuación de la conciencia iluminada, así como también del aspecto vida.


El sistema nervioso entonces queda controlado totalmente por el hombre espiritual, y la corriente sanguínea se purifica y con­vierte en un canal apropiado, libre de impedimentos para la circu­lación de lo que descargan las glándulas energetizadas. Éste es el significado esotérico de las palabras bíblicas: “la sangre es la vi­da”, y también de las palabras “salvado por la sangre de Cristo”. No es que el hombre se salva por la sangre de un Cristo que murió en la cruz hace más de dos mil años en Palestina, sino por la vi­vencia de la sangre de aquellos en quienes la vida y conciencia erísticas y la cualidad crística, se manifiestan y expresan perfectamente. En consecuencia, cuando la naturaleza del Cristo interno expresa plena, espontánea y auténticamente, en la personalidad y a través de ella, los tres fuegos del proceso creador -el fuego de la materia, el fuego del alma y el fuego eléctrico del espíritu-, entonces se produce una perfecta manifestación en la Tierra, de las vidas física, emocional y mental, y también de la vida espiri­tual de un Hijo de Dios encarnado, un Cristo.
En este punto de comprensión muchas personas inteligentes se extravían, especialmente en los movimientos de la ciencia mental, la Unity y la Christian Science. En vez de enfocar su esfuerzo para lograr la vida pura de Cristo en la vida diaria, y actuar como ser­vidores consagrados a sus semejantes y canales de amor, y llegar a ser conscientes únicamente de la conciencia del todo, se han en­focado en afirmar una perfección futura -mental y verbalmen­te- a fin de obtener buena salud y bienestar físico. Lo consideran como un derecho que debe ser adquirido por la afirmación, y olvi­dan el arduo trabajo necesario para establecer en ellos mismos esas condiciones que harán posible la divina manifestación de Cristo. Deben tener presente que la buena salud será normal y manifiesta internamente, si la conciencia es inofensiva (y la mayoría de estas personas son culpables de un elevado espíritu de crítica), si se descentralizan del yo inferior en los tres mundos y si se “enfocan en el cielo, permitiendo al celestial Hijo del Hombre, el Hijo de Dios, conducir la vida celestial cuando está alejado del reino de los cielos” -palabras pronunciadas por un místico cristiano ya olvidado, las cuales han sido recordadas por el Maestro M., llamándo­me la atención sobre ellas.
Otras escuelas de pensamiento, que se denominan engañosa­mente ocultistas, están igualmente equivocadas. Trabajan o, más bien, alegan trabajar con los centros, y, afortunadamente para ellos, la naturaleza los protege de sí mismos. Se esfuerzan cons­cientemente por vitalizar los centros, quemar la red protectora y elevar los fuegos de la materia antes que el fuego del espíritu se haya combinado con el fuego del alma. En consecuencia, son víctimas de una estimulación prematura de los fuegos de la sustancia, antes de que se produzca el equilibrio de las fuerzas. Entonces tie­nen lugar la enfermedad, la demencia y muchas condiciones neuró­ticas, además de serias condiciones patológicas. Algunas de las glándulas entran en excesiva actividad, a otras se las pasa por alto, y todo el sistema glandular y el sistema nervioso que de él depende, están en un estado de total desequilibrio.
Los discípulos deben aprender a enfocar su atención sobre la realidad y los factores de primordial importancia espiritual. Cuan­do lo realicen, las energías de la cabeza, el correcto empleo de la zona espinal con sus “centros engarzados”, y el despertar del cen­tro básico y su consiguiente fusión con las energías superiores, se hará en forma automática y sin ningún peligro.
Entonces será posible establecer el ritmo ordenado del sistema glandular y se empleará libremente y sin peligro el sistema ner­vioso controlado; las energías proyectadas desde el centro, vía los nadis, establecerán relación y serán puestas en actividad sintética dentro del cuerpo, y el discípulo no sólo poseerá una conciencia plenamente despierta y un cerebro cada vez más inteligentemente receptivo, sino que tendrá también una constante afluencia de vida espiritual. Entonces tendremos ese perfecto equilibrio y salud que caracteriza a los Maestros de Sabiduría.
El conocimiento concerniente a las glándulas endocrinas o de secreción interna, está aún en estado embrionario. Mucho se sabe acerca de las glándulas que están vinculadas al centro sacro y tam­bién sobre la glándula tiroides, pero hasta ahora lógicamente la profesión médica no admite que sean efectos de la actividad o inac­tividad de los centros, o la línea de menor resistencia, existente entre los centros sacro y laríngeo. Algo se conoce (no mucho) acer­ca del cuerpo pituitario, pero su primordial importancia, al afectar la respuesta sicológica del individuo, aún no ha sido captado ade­cuadamente. Nada se conoce, hablando con propiedad, sobre las glándulas pineal y timo, y ello se debe a que los centros coronario y cardíaco no están despiertos en el hombre subdesarrollado ni tampoco en el ciudadano común. La existencia de una considerable riqueza de conocimiento sobre el centro sacro (como fuente de creación física) y los efectos condicionantes de la glándula tiroides, se debe a que ambos centros están ya despiertos en el hombre co­mún, y cuando funcionan adecuadamente y se ha establecido la in­teracción necesaria, entonces tendremos un individuo muy sexual que es también un artista creador en alguna línea del arte. Como bien saben, esto es muy frecuente. Cuando el centro ajna y su exteriorización, el cuerpo pituitario, se hallan también activos y los tres centros -sacro, laríngeo y ajna- comienzan a relacionarse, a funcionar y a establecer una relación consciente y definida entre aquel y los demás centros (lo cual depende del rayo, de la conciencia objetiva y del entrenamiento), entonces tendremos al místico práctico, al humanista y al ocultista.
Los estudiantes deben recordar que la energía tiende a ir tanto hacia arriba como hacia abajo, dentro de la estructura de los cen­tros. En lo que concierne al aspirante y al discípulo:
1. La tendencia hacia arriba... produce Transmutación.
Del centro sacro al centro laríngeo. La creación física es tras­mutada en creación artística.
Del centro plexo solar al centro cardíaco. La conciencia indi­vidual y emocional es trasmutada en conciencia grupal.
De la base de la columna vertebral al centro coronario. La fuer­za material es trasmutada en energía espiritual.
De cualquiera de los cinco centros que se hallan en la columna vertebral, al centro ajna. La vida sin coordinación es tras­mutada en integración de la personalidad.
De los seis centros, relacionados entre sí, al centro más elevado de la cabeza. La actividad de la personalidad es trasmutada en vida espiritual.
Ésta es una amplia generalización, y el proceso no se lleva a cabo mediante un método consecutivo y ordenado, como podría sugerir la clasificación dada. El proceso implicado abarca muchas vidas de transmutación inconsciente en las primeras etapas, y como re­sultado de amargas experiencias y esfuerzo consciente en las eta­pas posteriores, llega a ser acrecentadamente dinámico y efectivo a medida que el aspirante huella las diversas etapas del sendero. Los cinco rayos, con los cuales el discípulo debe actuar (dos rayos mayores condicionantes y tres rayos subsidiarios), tienen un defi­nido efecto activo; en los reajustes kármicas proveen la oportuni­dad o el impedimento, y la complejidad de todo el proceso (dentro de la experiencia relativamente limitada del discípulo) lleva a tal confusión mientras se está desarrollando, que lo único que puede hacer es captar los amplios delineamientos dados aquí y no prestar demasiada importancia a los detalles inmediatos.
2. La tendencia hacia abajo... produce Transformación.
Una vez que el centro coronario comienza a despertar y el discípulo, activamente consciente, se dedica a la tarea de diri­gir las energías hacia los centros, a fin de regir la vida de su personalidad, se ha logrado el procedimiento científico de ener­getizar los centros con cierto ritmo ordenado, que a su vez es determinado por los rayos, las circunstancias y el karma; enton­ces todas las energías corpóreas son impelidas a una correcta actividad espiritual. El proceso involucrado no se puede tratar aquí, excepto señalar que esta tendencia descendente puede ser considerada burdamente en tres etapas:


  1. La etapa de energetización de la vida creadora, vía el centro laríngeo, poniendo así:




  1. a los centros coronario y laríngeo,

  2. a ambos y al centro sacro, y

  3. a los tres, simultánea y conscientemente, en relación consciente.

Cuando se establezca correctamente esta relación, se solu­cionará el problema sexual del individuo sin recurrir a la inhibición o supresión, sino que por el correcto control se logrará que el discípulo sea creador en sentido mundano, y por lo tanto de utilidad para sus semejantes.




  1. La etapa de energetización de la vida consciente de relación, vía el centro cardíaco, poniendo




  1. a los centros coronario y cardíaco,

  2. a ambos y al centro plexo solar, y

  3. a los tres, simultánea y conscientemente, en estrecha co­laboración.

Esto sirve para establecer rectas relaciones humanas, gru­pales y espirituales, durante toda la vida del hombre. De la misma manera que la etapa de regulación de la vida creado­ra produce un destacado efecto sobre el cuerpo físico, así esta etapa afecta poderosamente al vehículo astral; las reac­ciones emocionales son trasformadas en aspiración y servi­cio, el amor egoísta individual en amor grupal, entonces la divinidad rige la vida.




  1. La etapa de energetización de todo el hombre, vía el centro básico, poniendo




  1. a los centros coronario y básico,

  2. a ambos y al centro ama, y

  3. a los tres, simultánea y conscientemente, en expresión rítmica y coordinada. Esta etapa final es de gran impor­tancia y sólo tiene lugar cuando se completa en la tercera iniciación, la de la Transfiguración.

Por lo tanto pueden ver que tres importantes palabras describen el propósito del desarrollo científico y la correcta dirección de los centros:



Transmutación Transformación Transfiguración

Este proceso se lleva a cabo inteligentemente y sin peligro du­rante un largo periodo de tiempo y -volviendo a nuestro tema de la salud y de la enfermedad- cuando se ha consumado, su resultado será perfecta salud física; en el proceso intermedio de reajuste y de cambio sucede frecuentemente lo contrario. El peligro involu­crado en un gran numero de enfermedades físicas puede atribuirse a la condición de los centros, a su interacción o falta de ella, a un estado de subdesarrollo, aletargado y perezoso, y a una sobrestimulación o actividad desequilibrada. Cuando un centro se des­pierta prematuramente, lo hace con frecuencia a expensas de otros centros. La robusta salud de los salvajes o del inexperto e igno­rante obrero o labriego (un estado de ser que está desapareciendo rápidamente a medida que la mente se desarrolla y el proceso de evolución produce su efecto) se debe en gran parte al estado pasi­vo de casi todos los centros, excepto el centro sacro. El hecho de que ellos sean fácil presa de las enfermedades infecciosas puede también atribuirse a la misma pasividad. A medida que la naturaleza emocional se va desarrollando y la mente comienza a funcio­nar, los centros se hacen más activos. Sobrevienen entonces per­turbaciones definidas, debido en gran parte a que comienzan a aparecer condiciones sicológicas. El hombre ya no es un simple animal. El uso y abuso de la vida emocional principal factor que predispone a la mala salud) inunda la naturaleza inferior con la energía mal dirigida (o deberla decir desviada). El centro plexo solar llega a ser excesivamente activo y tal actividad abar­ca cuatro etapas:




  1. La etapa de su despertar, a medida que el cuerpo astral se hace cada vez más poderoso.




  1. La etapa de su potencia, cuando constituye durante vidas el centro condicionador del cuerpo etérico o vital, y el hombre está por consiguiente condicionado por su vida emocional-astral.




  1. La etapa en que el centro plexo solar llega a ser el distribui­dor para todos los centros (mayores y menores) ubicados abajo del diafragma.




  1. La etapa en que las energías del plexo solar son elevadas al corazón.

Estas etapas acarrean, temporariamente, sus propios males físicos.


Observarán que, aparte de ciertas generalizaciones, no relaciono enfermedades específicas con centros específicos. He indicado las zonas condicionadas por los centros, pero mucho más poderosa­mente condicionadas de lo que pueden comprobar; he dicho que fundamentalmente las glándulas de secreción interna -como exte­riorización do los centros- son los factores determinantes de la salud del cuerpo, y que donde existe desequilibrio, super o sub­desarrollo, habrá dificultades; he sugerido que la profesión médica de la nueva era se ocupará acrecentadamente de la teoría de la dirección de la energía y su relación con las glándulas de secreción interna, y que admitirá por lo menos hipotéticamente y para el propósito de experimentación, que la teoría de los centros de energía puede ser correcta y que ellos constituyen los factores condicionantes principales que actúan a través de las glándulas de secreción interna, las cuales a su vez salvaguardan al cuerpo, producen la necesaria resistencia, suministran a la corriente san­guínea los elementos necesarios para la salud y -cuando están correctamente interrelacionados- producen una expresión equi­librada del hombre espiritual, en todo el cuerpo físico -equilibrio fisiológico y sicológico. Cuando no se halla presente esta condición deseable, entonces las glándulas de secreción interna, por la erró­nea relación y el incorrecto y desequilibrado desarrollo, no son adecuadas para la tarea, no pueden proteger al cuerpo de la en­fermedad ni derramar en la corriente sanguínea lo que necesita el vehículo físico. Debido a su insuficiencia, el cuerpo es incapaz de resistir las infecciones y está en un constante estado de mala salud, no puede luchar contra la enfermedad proveniente de lo externo o latente dentro del organismo corpóreo; esta debilidad produce frecuentemente enfermedades mortales.
La medicina en el próximo siglo estará construida sobre ciertas principales premisas:


  1. La medicina preventiva constituirá la meta, intentando man­tener el cuerpo en un orden adecuado y equilibrado.




  1. Estricta salubridad y el establecimiento de condiciones sa­ludables, serán considerados como esenciales.




  1. Será estudiado el suministro de las correctas propiedades químicas para el cuerpo físico; una ciencia de la química que aún está en su infancia, aunque va trasformándose en un infante precoz.




  1. La comprensión de las leyes de la vitalidad será considerada de primordial importancia, debido a ello el énfasis puesto sobre las vitaminas y la influencia del sol, son saludables indicaciones.




  1. El empleo de la mente será considerado sobre todas las cosas, como un factor muy importante, y de gran influencia en lo que respecta a los centros, pues a la gente se le enseñará a desarrollar sus centros a través del poder mental, trayendo así la correcta reacción del sistema endocrino. Esto necesa­riamente implicará la correcta dirección del pensamiento a un centro o el retiro de la atención de un centro, con el con­siguiente efecto sobre el sistema glandular. Todo ello ten­drá como base la ley oculta que dice: “la energía sigue al pensamiento”.

Debido al hecho de que los discípulos poseen un mayor desarrollo del poder mental que el hombre común y también a que su tipo de rayo es más fácilmente comprobado, involucrando, en consecuen­cia, que se determinará más correctamente la condición del sistema glandular, serán los primeros en colaborar con la profesión médica y en demostrar las relaciones de los centros con las glándulas y, por lo tanto, con la totalidad del cuerpo. A través de la concen­tración y la correcta meditación, llevada a cabo en el centro de la cabeza y dirigida hacia alguno de los otros centros, se producirán en los discípulos cambios tan definidos en las glándulas de secreción interna, que la profesión médica se convencerá de la impor­tancia y la existencia real de los centros y su poder, y también de la posibilidad de controlar el mecanismo físico mediante el po­der del pensamiento. Todo esto se producirá en el futuro. Sólo se­ñalo el camino e indico las técnicas futuras por las cuales será Vencida la enfermedad. Las variadas escuelas mentales de pensamiento, la Unity y Christian Science, han sido caprichosas y fantasiosas en sus pretensiones y no científicas en su acercamiento. Pero han tenido en sus manos por lo menos un hilo de ese gran proceso de la correcta adaptación a la vida y a las correctas relaciones. Tuvieron el sueño y la visión, les falto percepción y sentido común e ignoraron el proceso evolutivo.


La ciencia fisiológica y el poder sicológico, más la colaboración del discípulo y del médico entrenados (en particular el endocrinólogo de mente abierta), oportunamente lograrán extirpar muchos males humanos y curarán la mayor parte de las enfermedades que perturban hoy a la humanidad.
Hemos estudiado con cierta finalidad el primer capítulo: Causas Psicológicas de las Enfermedades. Hemos hecho descender la idea desde las causas internas y más sutiles de las enfermedades a los principales factores físicos condicionantes, las glándulas de secreción interna. Podemos ahora considerar brevemente ciertas causas mucho más esotéricas y tratar aquellas que emanan de la vida grupal de la humanidad y de las deudas kármicas del género humano. Aquí penetraremos en el reino del conocimiento ocultista y de la información esotérica, y esto será más difícil que lo acepte el pensador ortodoxo.





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