Cuestiones filosóficas de la Psicología Crítica. Thomas Teo



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Cuestiones filosóficas de la Psicología Crítica.
Thomas Teo
[Fuente: Teo, T. (2012). Philosophical Concerns in Critical Psychology. En D. Fox, I. Prilleltensky & S Austin (Eds.), Critical Psychology. An Introduction (2nd ed.) (pp. 36-53). London: Sage. Traducción al castellano de Ana María Talak (2015). Cátedra de Psicología II, Facultad de Psicología, Universidad Nacional de La Plata.]

Temas del capítulo
. La psicología como ciencia problemática

. Cuestiones ontológicas y el objeto de estudio de la psicología

. Cuestiones epistemológicas y la metodología de la psicología

. Cuestiones ético-políticas y la praxis de la psicologia

. Cuestiones actuales para la psicología crítica


La psicología como ciencia problemática
Un campo académico de estudio es problemático cuando no trata, y mucho menos aún resuelve, cuestiones básicas. Este ha sido el caso de la psicología, la cual ha excluido o ha descuidado problemas clave, o bien, hace como que no existen. En este capítulo se mostrará que hay tres cuestiones interrelacionadas que hacen problemática la psicología: a) una comprensión limitada de las complejidades del objeto de estudio de la psicología y de su ontología; b) una preferencia por una epistemología y metodología selectivamente estrechas; y c) una ausencia de reflexión (de pensamiento crítico) sobre las cuestiones ético-políticas y la praxis de la psicología.
Sería inexacto decir que estos problemas reflejan solo preocupaciones contemporáneas. En realidad, desde sus orígenes institucionales como campo de estudio independiente, la psicología ha tenido que enfrentar críticas (véase, Teo, 2005; Woodward & Ash, 1982). Una de las críticas más influyentes en el siglo XVIII fue realizada por Inmanuel Kant, quien sostuvo que el estudio del alma –esto era lo que significaba originalmente el término psicología– no podía ser científico-natural porque la psicología no se podía convertir en una auténtica disciplina experimental como la física. En su lugar, proponía que el campo se limitara a ser una descripción del alma y se focalizara en la noción de agencia moral, la capacidad de la persona de actuar intencionalmente de acuerdo con principios morales.
En el siglo XIX, la psicología se transformó de una disciplina filosófica en una disciplina científico-natural. La adopción de los principios y métodos de las ciencias naturales significó que la psicología académica principal dejó de lado temas psicológicos genuinos como subjetividad –experiencias personales, subjetivas y los significados que los seres humanos atribuyen a esas experiencias. Esta transformación tuvo orígenes intelectuales, y, más importante, socio-históricos: cuando la psicología emergió como una disciplina y fue luchando por dinero, poder y reconocimiento, parecía más promisorio que se alineara con las ciencias naturales altamente exitosas que con las ciencias humanas aparentemente ambiguas, como la historia (Ward, 2002). Después se esperaba que las ciencias naturales valoraran la psicología si esta se comprometía con temas ostensiblemente objetivos como conducta más que con las nociones de alma o experiencia humana. Este sentimiento de establecer la psicología como una disciplina rigurosa fue tan fuerte que incluso Sigmund Freud trató el psicoanálisis como una ciencia natural (véase Habermas, 1968/1972).
Este intento de establecer la psicología como una ciencia natural como la física condujo a muchas críticas e incluso a lo que se conoce como las discusiones sobre la crisis dentro de la psicología. De hecho, el primer libro sistemático sobre la crisis de la psicología fue publicado por Willy (1899), quien desafió los programas de investigación dominantes de orientación científico-natural de su época. Identificó como fuentes de la crisis de la psicología un edificio teórico especulativo y una metodología inadecuada. La literatura sobre la crisis siguió creciendo desde los años 1920-1930 y nuevamente desde los años 1960 y 1970 (para una perspectiva general, véase Goertzen, 2005). Una crítica de la falta de relevancia ético-política de la psicología también puede encontrarse en el siglo XIX cuando Beneke (1845) sugirió que la psicología podía ayudar a superar los tumultos políticos, sociales y religiosos. Desafió el foco de la psicología principal en la teoría más que en la práctica, y se quejó de que la psicología alemana rechazara ocuparse de la realidad social.
Una pregunta relevante en un libro sobre psicología crítica es la siguiente: ¿Deberían llamarse psicologías críticas todos los enfoques que brinden una evaluación crítica de la psicología principal? Un concepto general de psicología crítica incluiría todos los enfoques que critiquen el objeto de estudio, la metodología o la praxis de la psicología, o una combinación de ellos. Un concepto específico de psicología crítica, por otro lado, incluiría abordajes escépticos con respecto a la corriente principal que den prioridad a las dimensiones ético-políticas de la praxis. Uso el término praxis en contraste con el término práctica, para enfatizar la naturaleza política de la actividad humana en todas las áreas aplicadas. Además, debe mencionarse que mientras algunos psicólogos usan el nombre de psicología crítica para referirse a su propia posición en psicología (véase Fox y Prilleltensky, 1997; Hook, 2004; Sloan, 2000; Walkerdine, 2002), otros críticos de la corriente principal no usan ese término (por ejemplo, algunos psicólogos construccionistas sociales o feministas).
Los enfoques prominentes en la psicología crítica son: la psicología histórico-cultural, la psicología feminista, el construccionismo social, y más recientemente, las críticas postcoloniales. Todos estos abordajes han nutrido la literatura crítica sobre las limitaciones de la corriente principal. Por ejemplo, los abordajes marxistas podrían interesarse en el rol de las compañías de seguro en el desarrollo de los manuales de diagnóstico; los abordajes feministas podrían cuestionar las generalizaciones de los modelos de desarrollo basados exclusivamente en participantes masculinos; los construccionistas sociales podrían detenerse en el rol de la persuasión en la producción de teorías psicológicas dominantes en una cultura; y los expertos poscoloniales podrían preguntar por la significación de las teorías y las prácticas europeas y americanas para contextos africanos. Incluso, estas diferentes críticas proporcionan abordajes alternativos, algunos de los cuales a veces son contradictorios entre sí.

Cuestiones ontológicas y el objeto de estudio de la psicología
En filosofía, el término ontología se refiere al estudio del ser (el estudio de las características fundamentales de la realidad). En psicología, los estudios ontológicos se ocupan de la naturaleza del ‘objeto’ psicológico. ¿Qué deberían estudiar los psicólogos? ¿Cuáles son las características específicas y definitorias del objeto de estudio de la psicología? Las discusiones ontológicas abarcan la definición adecuada de la psicología, su objeto de estudio apropiado, los modelos para representar la vida mental humana, las metáforas para entender la subjetividad humana, las teorías sobre la mente humana, las teorías sobre la naturaleza humana, las relaciones mente-cuerpo, etc.
Es importante recordar la siguiente distinción: la palabra psicología se refiere a un objeto de estudio, un campo de temas, una disciplina y una profesión. En la historia occidental la palabra psicología ha sido usada para referirse al estudio del alma, de la conciencia, de la vida mental, de la conducta, de la experiencia humana, de la mente o del cerebro, dependiendo de la época y del contexto cultural. Los temas psicológicos han sido estudiados en la tradición occidental desde la Grecia clásica, por ejemplo, cuando Aristóteles en su trabajo pionero Sobre el alma discutió el tema de la memoria. Sin embargo, la psicología como una disciplina académica independiente no existió antes del siglo XIX, y la psicología como una profesión se hizo realidad recién en el siglo XX. El término ‘mainstream psychology’ [que traducimos como “corriente principal de la psicología”] se refiere a un campo de estudio académico, tal como se enseña y se investiga en instituciones americanas y europeas, por ejemplo, en las universidades.
Se discuten aquí algunas cuestiones clave a partir de la consideración de las suposiciones implícitas en la corriente principal de la psicología sobre su objeto de estudio. Algunos psicólogos consideran que los modelos más importantes en la psicología son tecnológicos y que la historia de la psicología es paralela al desarrollo de la tecnología. Por ejemplo, el modelo de la psicología cognitiva y las metáforas de la vida mental humana se basan en la computadora, mientras que en épocas más tempranas de la psicología usaban dispositivos mecánicos más básicos (por ejemplo, relojes, máquinas de vapor y radios). Los modelos de máquinas están insertos en una red de suposiciones ontológicas. Una de esas suposiciones es que una persona reacciona ante un estímulo externo como un mecanismo; el modelo de la máquina excluye la noción de agencia, la capacidad de reflexionar, elegir y actuar. Oros modelos en psicología incluyen metáforas animales que, desde una perspectiva crítica, a menudo descuidan la comprensión de cómo la vida mental humana difiere de otras formas de vida mental animal.
De este modo, la corriente principal de la psicología opera con un modelo de la vida mental humana mecanicista, y de ahí, atomístico y reduccionista. Un concepto mecanicista de la acción humana también parece estar en tradiciones biológicas como el conductismo. A pesar del compromiso con la perspectiva evolucionista que asumen varios conductistas, el modelo de la máquina es dominante en el conductismo porque se asume que el individuo responde a estímulos. Dividir la vida psicológica en estímulos y respuestas (conductismo) o en variables independientes y dependientes (la corriente principal de la psicología) es problemático porque descuida la subjetividad, la agencia, la reflexión y la acción con sentido en contextos concretos (Holzkamp, 1992; Tolman y Maiers, 1991).
La selección de variables en el contexto de focalizar en aspectos aislados de la vida mental humana (atomismo) no hace justicia a la integración de la vida mental humana en los individuos concretos. En vez de mirar la complejidad de la vida mental, la cual es la fuente de la subjetividad humana, la corriente principal de la psicología asume que es suficiente estudiar partes pequeñas. Por ejemplo, la cognición es dividida en la atención, el pensamiento y la memoria. La memoria es dividida en de largo plazo, de corto plazo, etc. Es reduccionista asumir que las partes explican en forma suficiente la complejidad de la subjetividad humana; más aún, esta es una consecuencia del modelo de la máquina. En realidad la subjetividad humana es experimentada [experienced] en su totalidad. Desde la perspectiva del sujeto, la cognición, la emoción, la voluntad (para usar una división occidental de la vida mental) son en general experimentadas en su conexión en situaciones concretas de vida y no como partes aisladas. La idea de que estudiando las partes de un todo es suficiente y de que las partes se encastrarán juntas en un todo con sentido a través de procesos aditivos está basada en una visión del mundo limitada. Los críticos sostienen que una psicología que haga justicia a la subjetividad humana debería comenzar con el nexo entre las experiencias humanas a fin de entender las partes, y no viceversa (Martin, Sugarman & Thompson, 2003).
El modelo de la máquina sobre la vida mental humana tiene otra consecuencia: debido a que conceptualiza la persona en forma individualista y la sociedad como una variable externa, el modelo ve el individuo y la sociedad como separados (véase también Parker & Spears, 1996). Raramente los psicólogos se dan cuenta de que basan sus teorías y prácticas de investigación en un concepto individualista de la mente. Considérese lo siguiente: el hecho de que se hable una lengua en particular, digamos el inglés, se ha convertido en parte del self. Pero por supuesto, si hubiera nacido en Dinamarca con padres daneses, la lengua sería el danés. También cuenta el paso del tiempo: se pueden producir afirmaciones únicas en inglés, afirmaciones que no se hayan expresado nunca anteriormente, sin embargo esas afirmaciones solo tienen sentido porque están incrustadas dentro de una trayectoria socio histórica. Debido a que la lengua cambia, una afirmación como “estoy leyendo un capítulo sobre psicología crítica que desafía la naturaleza problemática de las ideas psicológicas” hubiera sido incomprensible para las personas que hablaban inglés hace quinientos años. Aunque el lenguaje puede ser único para un individuo, solamente tiene sentido dentro de una comunidad más amplia en la cual uno ha sido socializado, una comunidad que comparte las propiedades lingüísticas de la comunicación. De este modo, es insuficiente conceptualizar la realidad socio histórica como un estímulo del ambiente al cual se reacciona; el individuo no es independiente del medio y viceversa. Para que la psicología contemporánea sea considerada una disciplina científica, es fundamental representar la subjetividad humana inserta en contextos sociales e históricos.
En términos de alternativas, varias formas de psicología crítica se han alejado del concepto individualista y mecanicista de la vida mental humana. Todas las psicologías críticas promueven una comprensión de la naturaleza de los seres humanos como activa y social. Los enfoques histórico-culturales han sostenido que el medio ambiente, la cultura y la historia no son solo otras variables. El contexto está entretejido con la tela de la identidad personal. Por ejemplo, Vygotsky (1978) y sus seguidores han desafiado la naturaleza individualista de la psicología. Uno de sus conceptos alternativos más conocido es el de zona de desarrollo próximo. Se basa en la idea de que evaluar un individuo en forma aislada es limitado y de que es más importante encontrar lo que un niño individual puede aprender bajo la guía de, y en colaboración con, pares y adultos. Por ejemplo, Vygotsky estaría menos interesado en el rendimiento en un test de opciones múltiples sobre métodos de investigación que en cómo se resuelve un problema concreto de investigación bajo la guía de un mentor o en colaboración con otros estudiantes.
Holzkamp trató de desarrollar categorías básicas para la psicología a fin de entender las especificidades de la subjetividad humana. Según este autor, subjetividad significa reconocer la naturaleza social de los seres humanos. Más aún, la conceptualización de las personas como parte de un contexto económico y socio histórico más amplio no significa que no se tome en serio al sujeto. Holzkamp (1984) sugirió que la subjetividad y una psicología desde el punto de vista del sujeto, que concibe como la única psicología viable, debería ser entendida literariamente. Por ejemplo, es concebible que para un individuo, beber alcohol sea la mejor manera de lidiar con sus problemas. Si los psicólogos ya conocen los resultados de cierta intervención, independientemente del contexto y del individuo, entonces descuidan la subjetividad del Otro. Por supuesto, esto no implica acordar con todo lo que el Otro sugiera y haga.
La mayoría de los enfoques feministas reconocen el nexo entre la persona y la sociedad, y destacan el concepto de subjetividad en contexto. Además, han señalado que poner el foco en la vida mental significa descuidar el cuerpo (véase también fenomenólogos como Merleau Ponty, 1945/1962). Esto significa que es necesario desarrollar teorías corporizadas de la subjetividad, teorías que no excluyan el cuerpo de la teorización psicológica sobre el objeto de estudio de la psicología (Bayer & Malone, 1998). Los pensadores construccionistas sociales también han proporcionado conceptualizaciones de un individuo que no es independiente de su contexto, sino que está inserto en la sociedad y la comunidad (Gergen, 1985). Algunos psicólogos con orientación hermenéutica han destacado el lado activo, dialógico e intencional de una persona (Richardson, Rogers & McCarroll, 1998).
Una crítica postcolonial comienza con el argumento de que el objeto de estudio de la psicología es parte de un contexto histórico y cultural más amplio, y que las teorías que tratan de captar este objeto de estudio son parte de la teorización occidental. De este modo, deben ser entendidas como modelos occidentales de la vida mental humana más que como modelos universales (Teo & Febbraro, 2003). La pregunta es cómo conceptos desarrollados en Europa y Norteamérica pueden ser aplicados con sentido a diferentes contextos culturales. La tarea de los psicólogos de otros países es encontrar teorías, conceptos y prácticas psicológicas que funcionen en sus mundos de vida más que importar o exportar las ideas americanas. Por ejemplo, Freire (1970), quien hizo hincapié en que los aprendices deberían ser tratados como sujetos y no como objetos, y Martín Baró (1994), quien aplicó las ideas de Freire a la psicología, han desarrollado categorías que se ocupan específicamente de cuestiones psicológicas en América Latina.
Wilhelm Dilthey (1976) dividió las ciencias en ciencias naturales y humanas. Siguiendo su ejemplo, ha habido una discusión creciente sobre la naturaleza de los conceptos para describir a los seres humanos y la vida mental humana. Danziger (1997), quien ha enfatizado la construcción social de las ideas y las prácticas psicológicas, analizó si los conceptos psicológicos tienen un estatus diferente al de los conceptos científicos naturales. La llamó la diferencia entre clases naturales y clases humanas. Las clases naturales son objetos y eventos físicos, químicos y bilógicos, y puede decirse que son diferentes con respecto a las categorías psicológicas: el estudio del agua o de la formación de una roca es diferente del estudio del C. I., la congoja o la ‘raza’.
Los psicólogos necesitan entender que los conceptos de la psicología se construyen en un contexto cultural específico para propósitos específicos. Los psicólogos de la corriente principal pretenden que los conceptos construidos son conceptos naturales porque tienen una base empírica. Pero la base empírica no dice nada sobre el estatus ontológico de un concepto. Por ejemplo, el hecho de que un cierto número de individuos se identifiquen a sí mismos como británicos no significa que ser británico sea una variable de clase natural. Las investigaciones críticas surgieron del hecho histórico de que ciertos conceptos psicológicos han llegado a ser una realidad en la práctica social aunque su estatus ontológico resulta completamente problemático (por ejemplo, “raza” o C. I.). Sin embargo, estos conceptos construidos socialmente se convirtieron en una parte central de nuestra identidad: una vez que el concepto de C. I. ha sido establecido y se contesta bien los tests de C. I., llega a ser una parte de la auto comprensión psicológica. Más aún, al mismo tiempo los conceptos psicológicos como C. I. pueden también ser entendidos como fuentes de poder y opresión (véase Foucault, 1966/1970; Rose, 1996).
Una vez que un concepto ha llegado a ser un fenómeno cultural, es importante desafiar la familiaridad cultural de un concepto específico y la socialización en ese concepto, que hace que muchas ideas psicológicas parezcan auto evidentes cuando, de hecho, ellas se encuentran incrustadas culturalmente. El proceso de construcción social es fácil de entender cuando conceptos relativamente nuevos como inteligencia emocional llegan a ser parte de nuestra auto-comprensión cultural. Los psicólogos críticos también tratan de analizar si estos conceptos culturalmente incrustados usados en las teorías psicológicas expresan cierta visión del mundo y son ideológicos (esto es, pueden servir al interés del poder y el dinero). Por ejemplo, si decimos que una conducta es no adaptativa en lugar de esta persona está alienada, hemos hecho una elección teórica con consecuencias para personas específicas (cambio en la persona o el medio). Los psicólogos perciben la realidad socio-psicológica a través de sus conceptos.

Cuestiones epistemológicas y la metodología de la psicología
En la filosofía, el término epistemología refiere al estudio del conocimiento. En la psicología estamos interesados en la naturaleza del conocimiento, las formas de alcanzar el conocimiento y los significados del conocimiento y la verdad. La ontología y la epistemología, aunque divididas en este capítulo debido a fines descriptivos, en la práctica están entrelazadas. Ciertas suposiciones ontológicas y decisiones sobre lo que los psicólogos deberían estudiar tienen consecuencias epistemológicas y también metodológicas. Un compromiso con una conceptualización específica del objeto de estudio implica compromisos metodológicos específicos y viceversa. Por ejemplo, un modelo de máquina de la vida mental humana implica una metodología mecanicista, y los resultados basados en esa metodología aparentemente apoyan el modelo de la máquina, pero en realidad están implicados en él (un ejemplo de la vida cotidiana: si se tiene un martillo, entonces se piensa que todo lo que se ve necesita ser martillado). Esta relación entre ontología y epistemología no se reconoce en la corriente principal de la psicología y, así, resulta una cuestión problemática para la disciplina.
Desde una perspectiva crítica, se podría exigir que las especificidades de un objeto o un evento (en la psicología, sería la vida mental o la subjetividad en contexto) demandan y necesitan metodologías apropiadas. Parece trivial sugerir que si los investigadores están interesados en las bases biológicas de la memoria, entonces necesitan usar una metodología biológica, científico-natural; sin embargo, si están interesados en estudiar el contenido significativo subjetivo de la memoria, entonces necesitan una metodología que pueda hacer justicia a este objeto de estudio (por ejemplo, enfoques hermenéuticos que enfaticen la comprensión del significado). No obstante, la corriente principal promueve la idea de que una metodología científico-natural puede y debe ser aplicada incuestionablemente a todas las áreas de investigación. Esta suposición tiene sus raíces intelectuales en el fisicalismo del positivismo, desarrollado en la primera mitad del siglo XX, el cual sugería que todo en el mundo empírico podía ser estudiado con los conceptos y los métodos de la física.
Tal como se enseña en la mayoría de las universidades del mundo y como se expresa en la mayoría de los libros de texto, la psicología está comprometida con una metodología científico-natural, experimental-estadística o empírica-estadística. Operacionaliza la mayoría de los conceptos como variables (independientes, dependientes, mediadoras). En realidad, la psicología tradicional es una psicología de variables (Holzkamp, 1991). Desde un punto de vista histórico, se puede reconstruir el cambio de una ciencia que, interesada en el porqué de los fenómenos psicológicos, pasó luego a la exploración de la relación funcional entre variables. Por ejemplo, los psicólogos no estudian el porqué del desempleo en la vida de una persona, lo cual incluiría un análisis del problema como una cuestión socio-histórica. En cambio, la corriente principal de la psicología mira la relación entre la variable del desempleo y otras variables tales como bienestar, depresión, autoestima, personalidad, etc. Esta relación funcional es entendida en la psicología como causal o correlacional, dependiendo de la naturaleza del diseño de investigación.
Dentro de la lógica de la investigación psicológica de la corriente principal, típicamente, se ha sugerido que los psicólogos deben formular hipótesis derivadas de teorías (las hipótesis tienen como marco, y son entendidas dentro de, argumentos teóricos); las hipótesis deben expresarse como enunciados de leyes (si – entonces); teorías y métodos deben formalizarse; las hipótesis deben ser puestas a prueba usando observaciones y mediciones confiables, válidas y objetivas; y, en base a los resultados de la hipótesis puesta a prueba, los psicólogos pueden proporcionar modelos de explicación y predicción nomológico-deductivos (cobertura legal) o estadísticos. Muchos psicólogos de la corriente principal consideran que el mejor experimento o el más efectivo es el que aporta conocimiento a la disciplina. Dentro de una metodología cuantitativa, la psicología ha desarrollado una variedad de métodos (por ejemplo, análisis de la varianza, análisis factorial, etc.).
Sin embargo, como ya se señaló, los temas psicológicos como la memoria pueden ser estudiados tanto desde una perspectiva científico-natural como desde una perspectiva científico-humana. Si se miran las bases fisiológicas de la memoria, sus funciones, principios y divisiones, no se está interesado necesariamente en una memoria individualmente desarrollada en contexto, en el contenido de la memoria. Tal como lo saben los psicólogos clínicos, la memoria singular de una persona, de sus experiencias pasadas que dan sentido a la identidad y la acción forma parte de una trayectoria histórico-cultural, y, como tal, es el tema para una perspectiva científico-humana. Desde una perspectiva disciplinaria, se podría argumentar que el estudio del significado de la memoria es tan importante como la investigación de las bases fisiológicas de la memoria. No obstante, la dimensión subjetiva de la vida mental humana y la subjetividad en general han sido descuidadas en la psicología y excluidas en la ontología de la corriente principal, y de este modo no encuentran la forma de volver a ser tenidas en cuenta en la metodología. La investigación cualitativa que tiende a centrarse en el contenido de la subjetividad humana aún está muy marginalizada en la metodología de la corriente principal.
Desde Kuhn (1962), los historiadores de la ciencia han hecho hincapié en la diferencia entre lo que se supone que hacen los investigadores y lo que realmente hacen. Pensadores críticos como Koch (1985) atacaron la idea de que la psicología proporciona leyes psicológicas, argumentando que, a pesar de la orientación científico natural de la disciplina por más de cien años, a pesar de los cientos de miles de experimentos, y a pesar de la gran acumulación de escritos muy técnicos, sería difícil encontrar afirmaciones en la psicología que puedan contar como ley natural, como las leyes en las ciencias naturales, o en el sentido de ser válidas universalmente. El hecho de que la psicología falle en ser una ciencia que proporcione leyes, podría darnos una pausa para reflexionar sobre si la metodología predominante hace justicia a su objeto de estudio.
No obstante, como se señaló anteriormente, ciertos compromisos ontológicos y metodológicos no se pueden resolver mirando solo las deficiencias internas de la disciplina. La ciencia es también una empresa social y debe ser entendida en el contexto del poder, el dinero y el prestigio. La disciplina, que luchó para obtener la aceptación en la academia y en el público, se asociará más al uso de instrumentos de bronce y acero que tenían una sofisticación mecánica y se asociaban con la ciencia; así, adopta los guardapolvos blancos de los científicos en el laboratorio, y se apoya en máquinas complejas como las computadoras y las máquinas fMRI. Por supuesto, también fue importante sugerir que las mediciones psicológicas tienen el mismo estatus que las mediciones físicas. Los críticos de este enfoque sostienen que el uso de esa parafernalia científico-natural no convierte realmente la psicología en una ciencia a pesar de que se pretenda hacerlo (véase también Politzer, 1994).
El foco puesto en la metodología más que en el objeto de estudio ha conducido a una actitud epistemológica que llamo metodologismo (Teo, 2005). Este término refiere a una práctica de investigación en la cual el objeto de estudio es secundario y tiene primacía el método. Otros autores han usado términos similares: metodolatría (Bakan, 1967), el culto al empirismo (Toulmin & Leary, 1985), y el imperativo metodológico (Danziger, 1985). Metodologismo significa que la metodología experimental-estadística o empírica-estadística se aplica a todas los problemas de investigación. Así, si una metodología prescribe qué pueden estudiar los psicólogos, la investigación queda limitada innecesariamente. Psicólogos críticos como Holzkamp (1991) argumentan que la adecuación de la metodología al objeto de estudio tendría que ser un criterio central: en la medida en que no se conoce la adecuación de la metodología, el valor científico y todos los demás criterios de objetificación no tienen ningún valor. Para ilustrar esto, considérese lo siguiente: el mejor termómetro del mundo no tiene ningún valor para medir la velocidad.
El metodologismo de la psicología conduce a una teoría metodológica del conocimiento: en lugar de preguntar sobre la naturaleza del conocimiento en psicología –como por ejemplo, si los estudios serán válidos en cien años y válidos en todas las culturas (deberían si encontramos relaciones causales que puedan ser generalizadas en una ley natural)–, se supone que aceptando y siguiendo las reglas metodológicas y metódicas establecidas por la disciplina, transmitidas y mejoradas por generaciones exitosas de psicólogos, conducirá automáticamente al conocimiento psicológico. Esta teoría metodológica del conocimiento también evita preguntas críticas sobre el propósito de la investigación: ¿qué intereses personales, sociales, económico-políticos, están involucrados en la ejecución de cierto estudio? ¿Quién se beneficia de los resultados? Los psicólogos críticos no piensan que la metodología sea independiente del objeto de estudio e independiente del contexto socio histórico en el cual emerge.
El metodologismo de la psicología científico-natural conduce a varios sub-problemas. Para una perspectiva crítica, así como también para una perspectiva científico-humana, el experimento en psicología tiene un valor limitado dada la naturaleza del objeto de estudio, el cual incluye la agencia de persona insertadas en contextos socio-históricos. Incluso Wilhelm Wundt, aún considerado como el padre de la psicología experimental moderna, era consciente del valor limitado del experimento. Por eso, bregó por una psicología que incluyera el contexto socio histórico y usara lo que podríamos llamar métodos cualitativos (véase Danziger, 1990).
Un experimento solo puede capturar lo que entra dentro de su marco teórico y metodológico. Por ejemplo, si me pongo de pie como un participante (o “sujeto”) en un experimento y digo que la tarea que me piden no tiene sentido para mí, soy excluido de los datos como un error. Así, mi reacción –basada en una inquietud legítima– es excluida. El experimento necesita un participante voluntarioso y de buen comportamiento, pero en la realidad social, los seres humanos pueden ponerse de pie y cambiar el mundo, o, al menos, sus mundos de vidas. Esto no puede ser capturado en un experimento. El experimento usa variables y mira la relación funcional (causal) de variables aisladas, pero en el mundo real, todos los factores que habían sido excluidos en el experimento emergen y juegan un rol en la acción humana (Holzkamp, 1972). Por eso, los estudios de psicología a menudo no tienen relevancia práctica, dejan de lado la relevancia emancipadora, que es una cuestión crucial para muchas psicologías críticas. La relevancia emancipadora significa que la investigación debe contribuir a cambiar situaciones sociales opresivas.
Hay una extensa literatura que aborda las críticas a la identidad de la corriente principal de la psicología como una ciencia que supuestamente proporciona leyes universales, explicaciones y predicciones. Además, algunos críticos han argumentado que la psicología confunde razones con causas, y que la puesta a prueba empírica de las hipótesis no es una prueba, sino la aplicación de buenas razones (¿tu decisión de estudiar psicología crítica es causada o tienes razones para hacerlo?) y que los enunciados–si–entonces tienen el carácter de una implicación (para algunas de estas complejas cuestiones, véase Smedslund, 1988). El argumento de confundir las razones de los seres humanos por causas físicas señala otra cuestión importante: el déficit hermenéutico de la psicología (véase Teo, 2008). Debido a que la corriente principal excluye los métodos hermenéuticos (métodos que enfatizan una comprensión de la subjetividad humana), los psicólogos a menudo no son conscientes de los problemas que se relacionan con las suposiciones que están presentes en el establecimiento y la interpretación de los datos. Las interpretaciones imparten sentido a los datos y vuelven comprensibles los resultados, para los autores mismos, para los pares y para una audiencia general y los medios masivos. Las interpretaciones permiten entender mejor los datos, que lo que ellos presentan por sí mismos. La retórica de la corriente principal sobre los “hechos” psicológicos dice que los hechos hablan por sí mismos, aun cuando esos “hechos” o “conocimiento empírico” contienen datos e interpretaciones.
Este déficit hermenéutico se hace más claro en el contexto de la interpretación de las diferencias de grupo (por ejemplo, diferencias de género o de “raza”). Sostengo que se comete una violencia epistemológica cuando la interpretación de los datos (no los datos en sí mismos) conduce a enunciados que construyen grupos marginados como inferiores, restringen las oportunidades de los grupos marginados y conducen a recomendaciones aversivas para los grupos marginales. Por ejemplo, si un investigador sostiene que una diferencia de género en las posiciones académicas en universidades de elites se debe a capacidades inferiores de las mujeres, entonces este investigador ha cometido violencia epistemológica (porque los datos no determinan esta interpretación, porque son posibles interpretaciones alternativas, y porque esta interpretación tiene consecuencias negativas para las mujeres). Desgraciadamente, como se describe en detalle en otros capítulos, la psicología tiene una larga historia de interpretaciones inválidas sobre las diferencias de grupo, al considerar a las mujeres, minorías étnicas, gays y lesbianas, personas con discapacidades, y personas con bajos ingresos, entre otros.
En términos de alternativas, los psicólogos críticos continúan usando metodologías que intentan hacer justicia al objeto de estudio, metodologías que capturan la naturaleza intencional, orientada por el sentido y activa de la vida mental humana inserta en contextos socio-históricos. Algunos psicólogos críticos han incorporado el psicoanálisis, el enfoque mejor conocido que no excluye la subjetividad de la investigación (véase Parker, 2003). Investigadores críticos también enfatizan el potencial transformador de la investigación: esto significa que la investigación no solo se refiere al estatus quo, sino también proporciona conocimiento sobre cómo cambiarlo.
Aunque no existe consistencia metodológica en las distintas psicologías críticas, a menudo se puede encontrar la idea de que los métodos cualitativos son más apropiados para entender la subjetividad humana que los métodos cuantitativos. Sin embargo, es evidente que ciertas cuestiones deben ser encaradas desde un punto de vista cuantitativo, y más aún, que los métodos cuantitativos pueden ser críticos y pueden desafiar el estatus quo (véase Martín-Baró, 1994). Por ejemplo, si alguien argumenta que los hombres interrumpen a las mujeres más a menudo que viceversa, se puede comenzar con un método cuantitativo a fin de medir la frecuencia de interrupciones realizadas por hombres y por mujeres. De este modo, los métodos cuantitativos no son inherentemente problemáticos porque el uso de los métodos depende del objeto de estudio, de la pregunta específica o de la cuestión particular. El problema no es la utilización de métodos cuantitativos; el problema es dar primacía a una metodología científico-natural sin considerar el “objeto”. Las limitaciones de un enfoque cuantitativo para muchas cuestiones psicológicas se han convertido en la fuente de muchas alternativas.
Las investigadoras feministas han identificado la ideología de la metodología científica de la corriente principal como sesgada masculinamente. En su clásico estudio, Keller (1985) exploró la asociación entre objetividad y masculinidad, y defendió la tesis de que la investigación científica estaba basada en discursos, ideas, metáforas y prácticas masculinas. Ella argumentó que el énfasis en el poder y el control, esparcido en la retórica de la historia de la ciencia occidental, representó la proyección de una conciencia masculina. El lenguaje de la ciencia expresó una preocupación por el dominio, y una relación adversa con la naturaleza. Esta autora señaló que la ciencia dividió la realidad en dos partes, el conocedor y lo conocido, con un conocedor autónomo en el control, distanciado y separado de lo conocido. Según Keller, la separación masculina de científico y objeto de estudio se oponía a la idea femenina de conexión y al mismo tiempo reforzó creencias sobre el carácter naturalmente masculino de la ciencia. En su lugar, ella propuso una investigación que enfatice una conexión con el participante y que no excluya las experiencias auténticas de los participantes. Obviamente, dentro de tal marco se prefieren los métodos cualitativos.
En los enfoques histórico-culturales en el área de la psicología educacional, la investigación en evaluación, enseñanza y aprendizaje ha sido entendida como holística. Por ejemplo, en los modelos de co-enseñanza todos los interesados participan en el diseño de un curriculum como así también en las prácticas reales de enseñanza (véase Roth & Lee, 2007). Tal proceso proporciona una base de teorías en la praxis –un método que ha sido aplicado a los trabajadores sociales y otras profesiones. Según la psicología crítica alemana, la investigación debe ser capaz de capturar el punto de vista del sujeto [standpoint of the subject]. Esto significa, por ejemplo, que en la psicoterapia es menos interesante investigar cómo una psicoterapia da forma a una persona que cómo una persona contribuye a su propio cambio (Dreier, 2007).
Los pensadores construccionistas sociales o postmodernos (la etiqueta puede ser problemática), como Michel Foucault, han inaugurado varios métodos de análisis del discurso. El análisis crítico del discurso, un método que se centra en el análisis del lenguaje escrito o hablado, entiende el lenguaje como una práctica social que está impregnada de sesgos. Este método opera basado en la idea de que el lenguaje a menudo se incrusta en prácticas ideológicas, opresivas o de explotación. El análisis del discurso hace posible, por ejemplo, reconstrucciones históricas de cómo la personalidad múltiple se convirtió en un objeto de discusión académica (Hacking, 1995), así como también el análisis de discursos específicos, como por ejemplo los discursos racistas (Van Dijk, 1993). Foucault (1977) también proporcionó sugerencias sobre un análisis de las prácticas no discursivas: por ejemplo, un análisis de la arquitectura de la prisión permite una comprensión del trabajo del poder en el contexto de subjetividad humana y de las relaciones interpersonales.
En el enfoque de Martín-Baró (1994), la epistemología está entrelazada con la praxis crítica. Sugiere que la psicología debe basar la producción de conocimiento en las necesidades de liberación de la gente oprimida de América Latina. Esto quiere decir que el conocimiento debe generarse aprendiendo del oprimido: la investigación debería mirar los procesos psicosociales desde la perspectiva del dominado; la psicología educacional debería aprender desde la perspectiva de los analfabetos; la psicología industrial debería comenzar con la perspectiva del desempleado; la psicología clínica debería guiarse por la perspectiva del marginado. ¿Qué significa la salud mental desde la perspectiva de alguien que vive en un vertedero de la ciudad? Martín-Baró propone un cambio epistemológico desde el poderoso hacia el oprimido, y recomienda la investigación acción participativa (véase más adelante). Se debe mencionar que las ideas feministas, socio-históricas, postmodernas y postcoloniales pueden integrarse en una significativa metodología del oprimido (Sandoval, 2000).



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