Cuentos completos 4 los días de perky pat



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CUENTOS COMPLETOS 4 - LOS DÍAS DE PERKY PAT

Philip K. Dick



ÍNDICE




Introducción, por James Tiptree Jr.
Automación, Autofac © 1965

Servicio de reparaciones, Service Call © 1965

El cliente perfecto, Captive Market © 1974

El modelo de Yancy, The Mold of Yancy © 1955

El informe de la minoría, The Minority Report © 1956

Mecanismo de recuperación, Recall Mechanism © 1964

La M no reconstruida, The Unreconstructed M © 1987

Nosotros los exploradores, Explorers We © 1959

Juego de guerra, War Game © 1959

Si no existiera Benny Cemoli..., If There Were no Benny Cemoli © 1963

Acto de novedades, Novelty Act © 1964

La araña acuática, Waterspider © 1964

Lo que dicen los muertos, What the Dead Men Say © 1964

Orfeo con pies de arcilla, Orpheus with Clay Feet © 1964

Los días de preciosa Pat, The Days of Perky Pat © 1953

Cargo de suplente máximo, Top Stand-By Job © 1963

Que haremos con Ragland Park, What'll We Do with Ragland Park? © 1964

¡Oh, ser un Blobel!, Oh, To Be a Blobel! © 1964

Notas




Agradecimientos y créditos


NOTA DEL EDITOR DIGITAL

Los cinco tomos que constituyen los «Cuentos completos» de Philip K. Dick fueron publicados por primera vez en Estados Unidos en 1987, cinco años después de la muerte de su autor. Aunque agruparon la totalidad de relatos cortos, se omitieron algunos cuentos largos —o novelas cortas que posteriormente fueron empleados como «soporte» para la producción de sendas novelas, técnica a la que el escritor recurrió en varias ocasiones. El lanzamiento de los «Cuentos completos» fue un rotundo éxito, habiéndose conocido hasta la fecha al menos tres reediciones en idioma inglés.

Al año siguiente, la editorial Martínez Roca compró los derechos para editar estos escritos en lengua española, y así ven la luz los primeros tres volúmenes: «Aquí yace el wub» (1989), «La segunda variedad» (1991) y «El padre-cosa» (1992). Pero los anhelados volúmenes cuarto y quinto, previstos para 1993 y 1994 respectivamente, jamás fueron publicados. Pero fue entonces cuando la casa editora atravesó dificultades económicas que derivaron en su desaparición. Así, los numerosos lectores de Dick se vieron impedidos de «deleitarse» con el resto de sus relatos. Inexplicablemente, ninguna otra editorial tomó la posta dejada por Martínez Roca. Y puntualizo «inexplicablemente» porque, a juicio personal, considero que sería un verdadero éxito de ventas, al igual que la traducción y publicación de las trece novelas que siguen inéditas en nuestro idioma, más aún en un momento en que la obra de Dick cada vez es más leída y valorizada, al tiempo que es motivo de estudios, tesis y monografías.

Esta situación no se modificó; así transcurrieron diez años, hasta que un impaciente grupo de amantes de la obra de Dick decidió intentar llevar a cabo la edición (en formato digital) de los dos volúmenes faltantes.

La palabra que sintetiza esta obra es «cooperación». Apenas la idea fue propuesta en Internet, innumerables seguidores de Dick se ofrecieron para colaborar en el proyecto. El primer paso fue digitalizar los cuentos publicados en español en diferentes antologías; luego se dispuso de los tomos faltantes digitalizados en inglés: varios traductores comenzaron a volcarlos a nuestro idioma —esta edición digital tiene el privilegio de ofrecer ocho relatos del maestro, inéditos en habla hispana—; después fue el turno de los correctores de estilo, y hasta de los diseñadores que crearon las portadas, quienes se valieron de imágenes de publicaciones americanas, con las que lograron un montaje similar a las ediciones nonatas de Martínez Roca.

Este trabajo sólo fue posible por estos esfuerzos desinteresados. Aunque más bien debería decir «interesados»: interesados en dar a conocer la obra de Dick, en que ésta pueda ser disfrutada por todos, esperando a cambio a lo sumo un «gracias». Ese agradecimiento debemos dárselo a los traductores, digitalizadores y revisores que intervinieron en el proyecto, cuyos nombres figuran al pie de esta obra. A ellos, nuestra eterna gratitud.


Sadrac, Buenos Aires, Abril de 2003.


INTRODUCCIÓN: ¿CÓMO SABER QUE SE ESTÁ LEYENDO A PHILIP K. DICK?

Pienso, primero y principalmente, que por su singularidad. Singular, Dick lo fue y lo sigue siendo. Creo que fue esa circunstancia la que me mantuvo rastrillando los catálogos de CF para conseguir más obras suyas, esperando por cada nuevo libro que saliera. Uno escucha que se dice, acerca de Dick, que «simplemente no piensa como el resto de la gente». Y es cierto. En las historias, no puedes decir qué va a suceder después.

Y, sin embargo, sus personajes son aparentemente diseñados para ser gente común, excepto por su ocasional mujer psicótica vociferante, que es una de las especialidades de Dick, y que es siempre tratada con amor. Ellos son gente común atrapada en situaciones salvajemente bizarras: estar a cargo de la fuerza de la policía con la ayuda de los murmullos de idiotas precognitivos; enfrentando a una fabrica autoduplicadora que domina al mundo, etc. Ciertamente, uno de los factores de su singularidad es el cuidado que toma Dick para situar a sus personajes en el mundo de la realidad, un aspecto ignorado por otros escritores.

¿En cuántas otras historias de ciencia ficción conoces el medio de vida del héroe cuando no está atrapado en el argumento en particular? Oh, él puede ser un miembro de una tripulación espacial, o, vagamente, un científico. O un joven Werther. Con Dick, te introduces en los negocios del héroe desde la página uno. Esto no es literalmente cierto en los cuentos cortos que contiene este volumen (he ido hacia atrás y lo he chequeado), pero la impresión de la omnipresencia de la suciedad de los negocios se encuentra en todas partes, especialmente en sus novelas. El héroe en su antiguo negocio, por así decir; cuando una nueva maravilla asoma, él reflexiona si es acaso redituable. Cuando los muertos hablan, ofrecen consejos sobre los negocios. Dick nunca pierde la noción de que sabemos cómo sus personajes ganan su pan y manteca. Es parte del peculiar estilo descarnado de Dick.

Otra parte de ese estilo descarnado es la indeterminación en el dialogo. Nunca puedo decidir si el dialogo de Dick es puramente irreal, o mas real que la mayoría. Sus personajes interactúan tanto que ofrecen monólogos para llevar adelante el argumento, o incrementar la conciencia del lector sobre la situación.

Y las situaciones son puramente Dick. Sus argumentos son como ningún otro en CF. Si Dick escribe una historia sobre viajes por el tiempo, por así decir, tendrá un giro que lo convertirá en un «sui generis». Bastante acostumbradamente, la maravilla central no estará centrada, pero irá hacia ti oblicuamente, en el curso, por ejemplo, de una elección política.

Y cualquier relación entre Dick y cualquier escritor de ciencia ficción es una total coincidencia. En mis más sanguíneos momentos, reconozco que él probablemente sabe qué sucederá cuando enchufes una lámpara y la enciendas, pero más allá de eso hay una pequeña evidencia de tecnología o ciencia. Su ciencia, tal como es, está toda enlazada con la tecnología del alma, con los conocimientos de psicología anormal.

Hasta aquí tal vez he enfatizado sus rarezas a costa de sus méritos. ¿Qué te mantiene leyendo a Dick? Bueno, en principio, su rareza, como he dicho, pero dentro de ella siempre hay una atmósfera de esfuerzo por alcanzar algo, de hombres desesperados por lograr alguna necesaria tarea; o esfuerzo, al menos, por entender qué es lo que los golpea. Un alto porcentaje de los héroes de Dick son hombres torturados; Dick es un experto en la maquinaria de desesperanza.

Y otra belleza es la desolación. Cuando Dick te da una desolación, por así decir, después de una bomba, es una desolación única en su clase. Hay una de esas en el libro. Pero a un lado de la desolación, puedes encontrar otro de los toques característicos de Dick, los animales pequeños.

Los animales pequeños son, con frecuencia, mutantes o robots pequeños que han conseguido la vida. No están definidos, simplemente son notados por otro personaje a la pasada. ¿Y qué están haciendo? Ellos se esfuerzan por alcanzar algo también. Un gorrión congelándose abraza una pieza de trapo alrededor de sí, una rata mutante planea una construcción, «Juzgar y planear». Esta sensación de sobrellevar una vida libre de ocupación, aunque condenada; de un paisaje en el que cada elemento tiene su propia vida; que esta tratando de vivir, es típica y profundamente Dick. Lleva el mérito de la compasión más los afilados bordes y las agallas; la compasión que uno sospecha en Dick, pero que nunca aparece frontalmente. Es esta cualidad de amor, siempre rápidamente suprimida, que brilla a través de las planicies borrascosas de Dick, la que las hacen únicas y memorables.


James Tiptree, Jr.

Diciembre de 1986.




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