Cuando el amor es odio



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No es nada excepcional que un hombre como Jeff no se tome a su mujer en serio mientras ella no amenaza con dejarlo. A veces, este puede ser realmente el momento de la verdad para una relación. En todo caso, Nancy decidió conceder a su marido el beneficio de la duda.
Lo que a mí me preocupaba era que Jeff, que no había reaccionado en forma positiva a ninguna de las muestras de creciente confianza en sí misma y de capacidad de autoafirmación de Nancy, no conociera más que una sola ma­nera de comportarse en el matrimonio. Antes de que fue­ra capaz de tratar a su mujer de otro modo, tendría que aprender reacciones y comportamientos nuevos. Así y todo, Nancy abrigaba la esperanza de que sus promesas de últi­ma hora fueran seguidas por cambios sustanciales en la forma en que Jeff se conducía con ella.
Durante unas pocas semanas después del regreso, hubo más calma y más amor en el matrimonio, pero Jeff no res­petó su promesa de iniciar una terapia de asesoramiento. En cambio, convenció a Nancy de que no necesitaba esa ayuda, porque «ya ves lo maravillosas que pueden ser las cosas entre nosotros sin necesidad de eso». Una vez que Jeff empezó nuevamente a sentirse seguro, y cuando ya no pesaba sobre él la amenaza de perder a Nancy, volvió a su comportamiento anterior. Para Nancy, la desilusión fue amarga, y fue en ese momento cuando concretó men­talmente la decisión de separarse.
Hasta el más agresivo de los misóginos es capaz de po­nerse patético cuando se siente amenazado por el aban­dono. Es probable que llore, que suplique, incluso que sufra un colapso. Puede ser que se disculpe y prometa que se portará mejor. Quizá te recuerde todas las ocasiones ma­ravillosas que habéis compartido, y te reitere lo mucho que te sigue amando y necesitando. Todas esas reacciones pue­den inundarte de renovada compasión y ternura hacia él.
La pregunta vital que debes hacerte antes de cambiar de idea en cuanto a terminar la relación es si alguna vez sus disculpas y sus promesas han ido seguidas por un cam­bio permanente en su comportamiento.
Puede volverse autodestructivo
Algunos misóginos se vuelven autodestructivos cuando se sienten amenazados de abandono. Esto es particular­mente válido para los que arrastran historias de alcoholis­mo, abuso de drogas o episodios depresivos. Una mujer puede llegar a sentir auténtico miedo de que, si ella lo deja, su compañero no sea capaz de sobrevivir, y es pro­bable que él dé pábulo a esta idea procurando conven­cerla de que debe quedarse para protegerlo a él de sí mismo.
Una clienta mía, casada con un hombre que tenía an­tecedentes de abuso de drogas, decidió poner término a su matrimonio después de ocho años de malos tratos. La noche que dijo a su marido que quería divorciarse, él se emborrachó muchísimo y tuvo un accidente grave con el coche. Ella advirtió que estaba intentando paralizar su de­cisión mostrándose tan patético y desvalido para que su mujer se quedara a cuidarlo. Cuando se dio cuenta de que su maniobra no le daría resultado, empezó a amenazarla con el suicidio. Llegadas las cosas a este punto, le aconsejé que abordara el problema con tantos familiares y amigos de él como le fuera posible, para que le sirvieran como siste­ma de apoyo durante el proceso del divorcio. Al contar con el respaldo de su familia, él se sintió menos aislado y desesperado, y terminó por superar la crisis.
No hay manera de predecir si tu compañero llevará hasta el final sus amenazas de dañarse o de matarse. Es eviden­te que a veces la gente comete actos así. Pero quedarte con él no es garantía de que así vayas a salvarlo de sí mis­mo. Y si te quedas por esas razones, el hecho de hacerlo te garantiza virtualmente que tu compañero recurrirá a esa forma de chantaje emocional cada vez que se sienta amenazado de abandono.
Hay muchos recursos terapéuticos y de salud mental que pueden ayudar a un hombre autodestructivo o en cuyo comportamiento aparecen pautas de inestabilidad. Si él decide no acudir a ninguno de ellos, y deposita sobre ti el peso total de su seguridad emocional, es necesario que tú misma te aclares cuáles son los límites realistas de tu responsabilidad hacia él. Si él intensifica su comportamien­to autodestructivo, y tú ya has hecho todo lo posible por ayudarle a encontrar otras formas de colaboración y apo­yo, es hora de que reconozcas que, en última instancia, el que opta por ser autodestructivo es él.
Puede mostrarse amenazante
Si tu pareja considera que tu decisión de separarte es una traición, como sucede con muchos misóginos, es po­sible que se vuelva vengativo y trate de desquitarse en al­gún momento.
Sea cual fuere el dominio en que él tenga un control más firme de la relación, lo más probable es que sea pre­cisamente en ese donde se muestre más vengativo.
Si él siempre ha sido quien controló rígidamente el di­nero, es posible que ahora te retire todo apoyo financie­ro. Y cuanto más dependiente de él seas en este aspecto, tanto más peso puede parecerte que tienen sus amenazas. Probablemente te diga que te quitará todas las tarjetas de crédito y que cerrará las cuentas bancadas, y te convenza así de que puede arruinarte.
Si sabe que tu punto vulnerable son los hijos, puede usar el asunto de la custodia legal como una amenaza en contra de ti. Tal vez te diga que si la que quieres irte eres tú, pues que te vayas. Él y los niños no se irán a ninguna parte.
Si temes que tu compañero pueda llevar a la práctica sus amenazas contra ti, es esencial que busques un asesor jurídico competente. Tu mayor defensa contra tales ame­nazas reside en saber exactamente cuáles son tus derechos jurídicos en lo tocante al dinero, la propiedad y la custo­dia de los niños.
No asumas el papel de víctima, dejando en manos de tu pareja decisiones importantes, porque te sientes culpable de abandonarlo. Lo más probable es que muchas de sus amenazas sean vacías. Recuerda que él es un fanfarrón, y con frecuencia, cuando se le hace frente, el fanfarrón retrocede. Y si sabes cuáles son tus derechos, él te inspira­rá mucho menos miedo.
Una palabra de advertencia
Si tu compañero te amenaza con ejercer violencia física contra ti o contra tus hijos, te encarezco que peques de cautelosa y busques un lugar donde puedas permanecer segura mientras se resuelven los aspectos jurídicos de vuestra separación. La separación es la última prueba de estrés para un misógino, y nunca insistiré bastante en esto: un hom­bre que antes nunca haya sido violento puede ponerse vio­lento al llegar a este punto.

UNA PLANIFICACIÓN ANTICIPADA


Cuando decides abandonar una relación, te ves enfren­tada con una cantidad de incertidumbres relativas al fu­turo. Cuanto más claro tengas hacia dónde vas y cómo has de llegar allí, tanto menos temor te inspirará esta época conflictiva.
Cualquier decisión vital se facilita si la planificas primero. Tener un plan aporta una dimensión de orden y estructura a lo que de otra manera podría parecer un caos, y te proporciona un mapa de carreteras para el futuro.
Según cuáles sean su situación, su edad y su experien­cia, cada mujer tendrá que hacerse su propio plan. Cuan­do Nancy se decidió a dejar a Jeff, hacía ya más de cuatro años que no trabajaba fuera de casa. En esos años había llegado a tener miedo del mercado laboral, y a dudar de su capacidad para desempeñarse en él, y su aspecto había cambiado en forma tan drástica que le parecía poco rea­lista volver a la industria de la moda. Sabía, además, que Jeff la combatiría con la mayor dureza en cuestiones de dinero y de propiedades, y como él era abogado, podía ser un antagonista especialmente formidable.
Lo primero que necesitaba hacer Nancy era consultar con un abogado para saber qué era lo que podía esperar cuando entablara efectivamente un juicio de divorcio. Pero hasta eso le daba miedo hacer, porque Jeff verificaba to­dos los gastos de ella y podría descubrir que había visto a un abogado. Por sugerencia mía, Nancy halló un abo­gado especialista en divorcios que no le cobró la consulta inicial.
Como Jeff había sido muy reservado con el dinero, Nancy no tenía la menor idea de cuáles eran realmente los bienes de que disponían. Por eso, su próxima jugada fue formular, con la colaboración de su abogado, un plan que le permitiera proteger todos los intereses financieros que le fuera posible, al tiempo que la capacitara para ga­narse la vida sin que tuviera que depender totalmente del eventual acuerdo de divorcio.
Respecto de una carrera, la actitud de Nancy era ambi­valente. Sus habilidades y su experiencia anterior la capa­citaban para hacer muchas cosas, pero como meta de su esfuerzo necesitaba tener un objetivo específico. Le suge­rí que se hiciera una lista de objetivos, integrada por tra­bajos que le interesaran, incluyendo el entrenamiento o formación necesaria, y las ventajas y desventajas de cada uno de ellos. He aquí la lista que me trajo una semana después:

trabajoventajasdesventajasformación técnicaCoordinadora de modasSe gana bastante.

Ropa elegante

Viajes


Tengo experiencia

ReconocimientoDemasiado competitiva

Estoy algo gruesa

Lo que se gana no compensa las angustias de tener que competirNingunaVeterinariaMe gustan los animales

Tengo cierta formación en ciencia

Profesión respetada

Se gana bienLos estudios son caros

El ingreso en las escuelas es difícil

Los cursos son demasiados largosCuatro añosSecretariaTengo habilidad y experiencia en trabajos de oficina

Buenos beneficiosMe enferma trabajar en un despacho

Es aburrido

No se gana muchoNingunaAgente de viajesViajar

Conocer gente

Lugares nuevos

Hablo tres idiomas

Sé lo que la gente necesita de un

agenteLos estudios son muy carosCurso de diez semanas

Si estás pensando en cambiar de carrera o en empezar una, esta lista de objetivos puede ayudarte a ver con más claridad dónde están tus puntos fuertes y débiles, qué es lo que te gusta y te disgusta, y qué formación podrías ne­cesitar. Nancy descubrió que el trabajo de agente de via­jes era el que mayores ventajas le ofrecía. Sus únicos pro­blemas eran que la formación le llevaría tiempo y que tendría que hacer un desembolso inicial, pero como tenía una pequeña cuenta de ahorros donde guardaba algún di­nero de antes, cuando había trabajado, decidió que lo usa­ría con ese fin.


Tan pronto como hubo tomado su decisión, Nancy se asustó al pensar que Jeff no le «dejaría» seguir el curso de agente de viajes. Yo le señalé que aunque él pudiera ofrecer cierta resistencia, lo más probable era que lo aceptara una vez que viese hasta qué punto ella estaba decidida, y es­pecialmente dado que era la propia Nancy quien se paga­ría el curso. Para sorpresa de ella, sin embargo, Jeff apenas se dio cuenta de que su mujer había iniciado una nueva actividad.
La otra preocupación importante para ella era el hecho de no ser sincera con Jeff respecto de sus planes a largo plazo. En este aspecto, empezó a vernos, a ella y a mí, como si estuviéramos conspirando a espaldas de él.
nancy: Pero, realmente, ¿no estoy mintiéndole al ocultar­le para qué estoy estudiando?

susan: ¿Qué sucedería si no te reservaras tú esa infor­mación?

nancy: Que pondría en marcha todo su mecanismo legal para atacarme. Probablemente me cortaría todo sumi­nistro de dinero, y hasta sería posible que me echara de casa.

susan: ¿Y eso no es pagar un precio demasiado alto por ser sincera?


Evidentemente, es deseable una total sinceridad cuan­do se trata con alguien que actúa a partir de una posición de buena voluntad y respeto, pero Nancy estaba tratando con un hombre que podía volverse vengativo y mezqui­no. A Jeff, indudablemente, le preocupaba mucho más la probabilidad de perder el control sobre ella que los sen­timientos de Nancy o lo que ella quería.
No suministrar información a alguien que es cambian­te, impredecible y vengativo es una estrategia de supervi­vencia. Los misóginos no actúan en forma razonable ni justa con su pareja. Por eso es sumamente importante que la mujer haga cualquier cosa que sea necesario hacer con tal de protegerse. Acaso tengas que escamotearle informa­ción. No hay nobleza alguna en la sinceridad cuando se sabe de antemano que el precio que has de pagar por ella son malos tratos.
Parte de tus planes pueden ser los problemas de vivien­da, el trato con los niños o aprender formas posibles de combatir la soledad y el aislamiento. Si te haces una lista de tus objetivos, y de los planes que te permitirán alcan­zarlos, eso puede ayudarte a disminuir tu miedo a lo des­conocido.
El margen de tiempo que requiere llevar a la práctica los planes puede variar mucho según cuáles sean las cir­cunstancias con que se enfrenta una mujer. Una de mis clientas decidió que se divorciaría de su marido después de que su hija menor hubiera terminado la escuela secun­daria. Se decidió a esperar esos dos años porque sabía lo perturbador que sería el divorcio para toda la familia, y especialmente para la pequeña. Otras mujeres, como Jackie y Rosalind, pueden abandonar la relación cuando ellas quieran, y en esos casos, los planes para el futuro se cen­tran principalmente en las formas de combatir la soledad.
Muchas mujeres se encuentran con que los planes para el futuro representan para ellas un brote de esperanza, aun cuando pueda llevarles tiempo poner en práctica esos pla­nes, y aunque lleguen a producirse algunas falsas arranca­das antes de iniciar efectivamente el avance. Siempre recuerdo a mis clientas que arrancar en falso no es un sig­no de fracaso ni un indicio de que algo ande mal con el plan. Es, más bien, una manifestación de la angustia y el miedo que son parte inevitable de cualquier cambio vi­tal importante. Adherirte a tus objetivos, a pesar de lo in­cómodos que puedan ser los comienzos, te ayudará a seguir fortaleciéndote.
LO QUE HAS DE ESPERAR DESPUÉS DE IRTE
Poner término a una relación íntima no es cosa simple. La terminación jurídica, que con frecuencia parece la más difícil, puede ser de hecho más fácil que la terminación emocional, porque la jurídica es definitiva, por lo menos a los ojos del derecho. La terminación emocional, en cam­bio, puede ser mucho más dolorosa, y prolongarse de he­cho durante mucho más tiempo. Es probable que el corazón te mantenga enganchada mucho tiempo después de que la mente y los tribunales hayan dado por termina­do el asunto.
La ruptura emocional
Pese al hecho de saber hasta qué punto él la ha maltra­tado, puede darse el caso de que los vínculos emocionales de una mujer con su compañero misógino sigan atrayén­dola hacia él después de haber dado por terminada la re­lación. Como ya lo dije antes, las relaciones con misóginos pueden ser adictivas, y cuanto más tóxica haya sido la re­lación, tanto más difícil puede ser ponerle término emocionalmente. Lo mismo que con una drogodependencia, cuanto más fuerte sea la droga que causa la adicción, y más intensos los altibajos que provoca, más difícil es rom­per la dependencia.
Querer que él vuelva
Laura dejó a Bob e inició la demanda de divorcio des­pués de una humillación que él le hizo sufrir durante una fiesta de Año Nuevo, pero sus sentimientos siguieron sien­do una dolorosa confusión durante mucho tiempo después de la ruptura.
Durante toda la velada, él me había tratado de una mane­ra infame, y yo había estado intentando suavizar las cosas, tomándolo del brazo para demostrarle afecto y prestándo­le atención exclusivamente a él pero nada de lo que hacía le venía bien. Si lo cogía del brazo, lo hacía de una mane­ra que a él no le gustaba. Si me incorporaba a la fiesta, también eso estaba mal. Simplemente, no hacía más que encontrarle pegas a todo. Entonces, mientras yo estaba ha­blando con otra pareja sobre el movimiento de liberación femenino, él se acercó a escuchar la conversación y de pron­to, sin decir palabra, me arrojó su bebida en la cara. Yo me quedé completamente aturdida. Ya antes me había he­cho algunas cosas horribles, pero ¡eso era el colmo! Me levanté para ir a buscar mis cosas y me fui sin más ni más. Él me siguió afuera, vociferando como un energúmeno has­ta que llegamos al aparcamiento. Cuando vio que yo no lo escuchaba me cogió de la manga y de un tirón me la arrancó del vestido, mientras gritaba: «¡Tú eres mi mujer, y cuando yo te hablo, me escuchas en vez de irte!». «Ni lo pienses —le contesté—. Esta es la última vez que me humillas, porque no pienso seguir aguantándote este tipo de cosas.» Entonces se quitó el anillo de bodas y lo arrojó al suelo, hecho una furia. Yo no podía creer que hubiera hecho eso, pero para mí aquello fue el fin; entendí que no podía seguir viviendo con ese hombre. Aquella noche no regresé a casa, e inicié inmediatamente la demanda de divorcio, pero lo que ha venido sucediendo desde enton­ces es que parecería que no podemos estar separados. Yo no sé por qué, pero es como si realmente no pudiera apar­tarlo de mi vida.
Incluso después del divorcio, Laura siguió viendo a Bob y acostándose con él; estaba obsesionada por él. Empeza­ba ya a tener la sensación de estar condenada a seguir en­ganchada a él por todo el resto de su vida.
Yo le dije que eso era como cualquier otra adicción; Lau­ra no podía tener una dosis pequeña de la sustancia que estaba creándole la dependencia. Tendría que pasar por el «mono», la deshabituación, y dejar completamente de ver a Bob durante un tiempo.
Le dije lo que digo a todas las clientas que están inten­tando romper relaciones adictivas: que hagan un contrato consigo mismas, estipulando que por lo menos durante noventa días no tendrán absolutamente ningún contacto social ni sexual con su ex compañero. Si hay niños en jue­go, o problemas jurídicos en discusión, tendrás evidente­mente que discutir algunas cosas con tu ex pareja, pero disponer visitas para los niños o entrevistas con los aboga­dos no significa que tengas que salir a cenar, ni menos que irte a la cama con él.
Laura aceptó los términos del contrato, y una semana después de haber cortado todo contado con Bob me confió:
No te imaginas lo mal que me siento todo el tiempo. Me he cogido un resfriado, y mientras voy a trabajar me sor­prendo llorando en el coche, y cuando regreso a casa tam­bién. Tengo la sensación de que nunca voy a sentirme bien, y de que jamás podré dejar de llorar.
Lo mismo que sucede con cualquier adicción, había un síndrome de abstinencia, pero como habitualmente suce­de, una vez pasadas las primeras semanas Laura advirtió que cada vez pensaba menos en Bob, se sentía más ligera y más libre y, aunque de cuando en cuando todavía año­raba estar con él, el dolor iba disminuyendo lenta pero seguramente.
Aconsejo a cualquier mujer que haya roto con un mi­sógino que firme un contrato así consigo misma. Cuando lo hagas, piensa que es tu sentencia de divorcio emocio­nal. Mientras no la dictes, seguirás casadísima, no impor­ta lo que pueda decir la sentencia de divorcio del tribunal.
Después de haber roto con Mark, Jackie se sintió sor­prendida al descubrir que gran parte de su cólera y del rencor que sentía contra él empezaban a desaparecer, y ella a desear que estuvieran juntos de nuevo, porque pen­saba en los maravillosos momentos románticos que solían pasar juntos y en lo estupendo que podía ser él en ese as­pecto. Quizá, llegada a este punto, también tú te encuentres pensando algo en este estilo.
—No puede ser que las cosas fueran tan malas como las recuerdo.

—Realmente, a veces lo pasábamos muy bien juntos.

—Parece tan desdichado cuando hablo con él. No puedo hacerle esto.

—Tal vez la separación le haya hecho ver las cosas bajo otra luz, y si ahora volvemos a vivir juntos acaso todo sea di­ferente.

—Después de haber invertido tantos años en esta relación, no puedo dejarla perder completamente

—Si lo echo tanto de menos, tal vez haya sido un error dejarlo.


Es típico de esta etapa empezar a restar importancia a las ofensas para así poder justificar tu deseo de renovar el vínculo con tu compañero. Jackie necesitó de todas sus fuer­zas para combatir esta tendencia, e ideó una técnica muy eficaz para defenderse en los momentos en que flaqueaba:
Solía encontrarme obsesionada por el recuerdo de lo bien que me sentía cuando él me abrazaba, del olor de su piel, de la fuerza de sus brazos, y pensaba: «Oh, Dios, necesito volver a sentir todo aquello». En esas ocasiones, me obli­gaba a entrar en el despacho a buscar una caja donde esta­ban los cheques sin fondos que yo había tenido que pagar. Eran cheques que él había librado durante nuestro matri­monio, todos para sus delirantes proyectos de negocios, nin­guno de los cuales llegó nunca a concretarse. Y me ponía a mirarlos, cheques por cinco mil dólares, por diez mil, por veinte mil... todo el dinero que él se había hecho prestar por mi familia, todo lo que yo había ganado trabajando en doble empleo para que pudiéramos sobrevivir, mien­tras a él no le alcanzaba el tiempo para gastárselo. La avi­dez que sentía de estar con él se me evaporaba con sólo estar mirando aquellos cheques. Fue un recurso que no me falló ni una sola vez.
Puedes valerte de un método similar para combatir el deseo de volver a estar con tu pareja, característico de esta época. Busca la lista que hiciste en Cómo ha estado conduciéndose él. Evoca alguna de las escenas que hayas tenido con tu compañero y que tú re­cuerdes como especialmente terrible. Recuérdala con toda la precisión que puedas, procurando ver la cara de él, oír su voz y cómo pronuncia todas las palabras que te sea po­sible recordar. Y, lo que es más importante, recuerda cómo te sentías tú en aquel momento. Entonces, pregúntate si quieres volver a sentirte así.
La ambivalencia después de la separación es muy co­mún, pero es muy particularmente traicionera con el misógino, porque cuando él trata de volver a atraerte hacia sí, su comportamiento de Jekyll y Hyde, del hombre y la bestia, le permite ser exactamente el hombre que tú quieres que sea. Es un maestro en el arte de la seducción. Conoce tus puntos vulnerables y sabe cómo explotarlos para con­seguir sus propios fines. Pero en el caso de que tú sucum­bas a sus tentaciones y decidas volver atrás, él reiniciará su antiguo comportamiento. Recuerda que cuando esta­bais juntos él no hizo el menor esfuerzo por cambiar. Quizá tengáis un breve período de calma, y hasta de pasarlo bien, pero su comportamiento controlador y humillante no tar­dará en reaparecer. Y es probable que esta vez haya em­peorado incluso, porque tiene la justificación adicional de desquitarse porque tú lo has abandonado.
El divorcio emocional es la época más difícil que tiene que pasar una mujer después de haber roto su relación con un misógino. Terminar una relación se parece bastante a tener una muerte en la familia; es la muerte de tus espe­ranzas, de tu manera de vida y de tu sensación de que eres parte de una pareja. Y lo mismo que a cualquier otra muer­te, hay que llorarla. Si no cumples con el duelo, el fantas­ma volverá más adelante a perseguirte. Tienes que reco­nocer que el duelo es esencial para la curación. Grita, llora, muerde y golpea la almohada y, lo que es más importan­te: asegúrate todo el apoyo, el consuelo y la amistad que puedas. Recuerda que buscar la ayuda de otros cuando se la necesita es ser fuerte; la debilidad está en ceder al in­flujo de aquellas viejas voces íntimas que te censuran por­que estás atravesando un mal momento
Cuando empiezas a sentirte mejor
Pero en esta época sucede también algo nuevo y mara­villoso. De pronto te encuentras con que no necesitas jus­tificarte, disculparte ni explicarle nada a nadie. Ahora pue­des tomar tus propias decisiones sin el miedo, o incluso el pánico, de lo que podría hacer tu pareja. Para Rosalind era un placer el hecho de no tener ya que andar como «pisando huevos», y aunque algunas veces se sentía vacilar, tenía también la regocijante sensación de que no había nadie que estuviera diciéndole cómo debía vivir. He aquí lo que me contó:
Cuando Jim estaba en casa la tensión era tan espesa que se la habría podido cortar con un cuchillo. Ahora vuelvo a casa por la noche y la siento como un lugar cómodo y seguro. Ha vuelto a ser mi hogar, no el de él. Y aunque hay veces que me deprimo, aun así es mucho mejor que como solían ser las cosas cuando me sentía inadecuada y mal conmigo misma por estar con él.



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