Criterios y normas



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CRITERIOS Y NORMAS DE

DISCERNIMIENTO VOCACIONAL SALESIANO.

LAS ADMISIONES

Suplemento a «LA FORMACIÓN DE LOS SALESIANOS DE DON BOSCO»



(Ratio Fundamentalis Institutionis et Studiorum)
Tercera Edición

ROMA 2000

Sumario


CRITERIOS Y NORMAS DE 1

DISCERNIMIENTO VOCACIONAL SALESIANO. 1

LAS ADMISIONES 1

Sumario 1

Abreviaturas y siglas 3

Presentación 4

ANEXO: 67

DOCUMENTOS DE REFERENCIA ECLESIALES Y SALESIANOS 67


Abreviaturas y siglas

ACG Actas del Consejo General

ACS Actas del Consejo Superior

C Constituciones

can canon del Código de Derecho Canónico, 1983

CDF Congregación para la doctrina de la fe

CEC Congregación para la Educación Católica

Cfr Confronta

CG Capítulo General

CGE Capítulo General Especial XX

DSM El Director Salesiano. Un ministerio para la animación

y el gobierno de la comunidad local, Roma 1986

Form. Cel. CEC, Orientaciones educativas para la formación

al celibato sacerdotal, 1974

FSDB La formación de los Salesianos de Don Bosco, Roma 2000

ISM L’Ispettore Salesiano. Un ministero per l’animazione e il governo

della comunità ispettoriale, Roma 1987

PDV Pastores dabo vobis. Exhortación Apostólica postsinodal,



Juan Pablo II, 1992

PI Potissimum institutioni. Directrices sobre la formación en los

Institutos Religiosos, Congregación para los institutos de

vida consagrada y las sociedades de vida apostólica, 1990

R Reglamentos Generales

RFIS Ratio Fundamentalis Institutionis et Studiorum, CEC, 1985

RI Religiosorum institutio, Sagrada Congregación para

los Religiosos, 1961

Sac.Coel. Sacerdotalis coelibatus. Carta encíclica, Pablo VI, 1967

Trad. Fragmento traducido directamente del original

VC Vita Consacrata. Exhortación apostólica postsinodal,

Juan Pablo II, 1996


Presentación

Queridos hermanos:

Junto con la tercera edición de la «Ratio», La formación de los Salesianos de Don Bosco, os presento el texto renovado del fascículo Criterios y normas de discernimiento vocacional salesiano. Las admisiones, que quiere ser un complemento y comentario de lo que la Ratio dice respecto al discernimiento vocacional.

El escrito da testimonio en forma concreta del amor a la vocación salesiana y a aquellos que se sienten llamados a vivirla en la Iglesia. Manifiesta la responsabilidad de la Congregación, comprometida en descubrir y acoger el don de Dios y asegurar su gozoso y fiel cumplimiento. A veces, lo que se pide puede aparecer exigente. Nuestra sensibilidad educativa nos ayuda a ser positivos y a tener confianza en las personas, a captar en ellas lo que es indispensable para “quedarse con Don Bosco” y lo que puede crecer y madurar. Sin embargo, no podemos ni engañar ni engañarnos: el camino salesiano de santidad se debe construir sobre fundamentos sólidos, requiere una formación de calidad. Las mismas exigencias, que hay que asumir con comprensión educativa, antes que excesiva, deben más bien, ser sentidas como una voluntad de estima y de respeto por la vocación salesiana y por la persona llamada, y como una expresión de fidelidad a Don Bosco fundador y formador.


El volumen, que tiene en la Ratio su fundamento y su marco de referencia, pretende ofrecer directivas claras, concretas y motivadas. Sin embargo, teniendo que servir para toda la Congregación y, por tanto, debiendo tener presente un gran variedad de situaciones, se mantiene en el orden de las líneas válidas para todos. A quienes deban aplicarlas en el contexto inspectorial se les confía la obligación no sólo de personalizarlas, insertándolas en el marco de la historia pasada y presente de cada candidato, sino también de hacerlo prestando atención a las características de las situaciones y culturas locales.

Destinatarios del documento son todos aquellos que, de diferentes modos, intervienen en el ámbito vocacional y formativo, ante todo los Inspectores y los Directores con sus respectivos Consejos, los confesores, los formadores y los animadores vocacionales, llamados a dar un consejo o a prestar una ayuda, a expresar un parecer o a tomar decisiones en nombre de la Congregación. Como mediadores de la acción del Señor y servidores de los hermanos, es deber suyo conocer y aplicar los “Criterios y normas” con responsabilidad y equilibrio. Es importante que los hermanos en formación inicial, primeros responsables del discernimiento vocacional, conozcan los criterios de la Congregación y se confronten con ellos.

Los criterios y las normas, que os presento, están en función de una mayor seguridad y convergencia en la evaluación y en las decisiones. Los Inspectores y las Comisiones de formación harán de modo que sean conocidos y aplicados y que haya unidad y colaboración entre todos los que intervienen en el proceso de discernimiento.

La Virgen Santísima, Auxiliadora de la vocación salesiana, nos obtenga a todos el don del discernimiento, que brillaba de modo singular en nuestro padre Don Bosco, para que sepamos reconocer los signos del Espíritu en la vida de los hermanos y seamos colaboradores de su acción en ellos mismos.


Roma, 8 de diciembre del 2000.
Padre Juan Edmundo Vecchi

Rector Mayor



    1. FORMACIÓN SALESIANA Y DISCERNIMIENTO VOCACIONAL


1 Objeto de este texto, suplemento de la Ratio (FSDB)1, es el discernimiento vocacional durante la formación inicial y más específicamente el discernimiento con miras a las admisiones: un discernimiento visto como servicio a cada candidato y a la autenticidad del carisma. Es útil, casi a modo de introducción, presentar sus principales componentes.

      1. VOCACIÓN SALESIANA Y DISCERNIMIENTO


2 Las Constituciones y la Ratio son dos puntos de referencia fundamentales, aunque de diferente valor, para la formación. Ambas presentan la vida salesiana en una perspectiva dialogal de llamada y respuesta.

La vocación salesiana «es una gracia del Padre»2 «que nos ha amado primero»3, per al mismo tiempo “opción”4 y “elección”. Vocación y opción deben ser verificadas, motivadas y maduradas.5



En el diálogo vocacional, que constituye el corazón de la experiencia formativa6, se encuentran, por una parte, Dios que llama (como quiere, cuando quiere, a quien quiere), y, por la otra, un hombre concreto (nacido en una cultura, crecido en una familia, que ha desarrollado una determinada visión de la vida), que responde a la llamada interior de modo “existencial”, con todo su ser. Los modos en los que una vocación se siente, se orienta y se desarrolla, pueden ser diferentes.
3 ¿Cómo puede una persona y los corresponsables de su decisión vocacional, comprender si está llamada a «formar parte de la Sociedad Salesiana»7, a vivir en la Iglesia el proyecto de Don Bosco al servicio de los jóvenes8, a vivirlo «en una específica forma de vida religiosa»?9 ¿Cómo discernir la voluntad de Dios10, «reflexionar seriamente sobre la opción vocacional»11 y las «motivaciones de su opción»12? El proceso formativo tiende a favorecer la respuesta a estos interrogantes fundamentales a través del discernimiento, que es condición indispensable, actitud permanente y tarea específica de la formación.
4 Las Constituciones no presentan en forma sistemática y completa los criterios de discernimiento, pero son el punto de referencia fundamental para quien se confronta con la vocación salesiana. En la Regla se encuentran indicadas disposiciones, actitudes, motivaciones, condiciones, elementos de idoneidad, competencias y responsabilidades, que forman parte e intervienen en el discernimiento.
La Ratio explicita los aspectos fundamentales que configuran el discernimiento salesiano. En el capítulo 2º se concentra sobre la identidad salesiana, punto determinante del discernimiento, y sus aspectos integrantes. En el capítulo 3º describe, según las cuatro dimensiones de la formación – humana, espiritual, intelectual, educativo-pastoral – los elementos esenciales (valores y actitudes) que se deben considerar y cultivar en forma permanente para poder vivir con alegría y madurez el proyecto salesiano.

      1. NATURALEZA Y CARACTERÍSTICAS DEL DISCERNIMIENTO VOCACIONAL

        1. Naturaleza del discernimiento vocacional


5 Por discernimiento vocacional salesiano entendemos el proceso de conocimiento (análisis y comprensión) y de evaluación de aquellos aspectos, signos y hechos de la realidad personal, a través de los cuales el Espíritu Santo indica que un determinado candidato está llamado a la vida salesiana. Este discernimiento permite comprender si posee las aptitudes y las virtudes requeridas, en modo particular, las motivaciones y la recta intención, que es el signo más característico de la vocación.

La finalidad es verificar la posibilidad de la opción de una vocación específica. No se trata de formular un juicio moral sobre la persona o de conducir una diagnosis psicológica, ni de limitarse a considerar la presencia o la ausencia de contraindicaciones. Se trata de descubrir en el contexto global de la persona y de su vida los signos de la voluntad de Dios, mediante una prudente e iluminada interpretación de los elementos de la situación concreta.

        1. Discernimiento vocacional “salesiano”

          1. Discernimiento “salesiano”

6 No nos referimos aquí a un discernimiento vocacional “genérico”, sino al discernimiento vocacional salesiano. Se trata del discernimiento sobre la vocación salesiana y de aquél que se hace con miras a ella. Atañe a quien «se orienta hacia la vida salesiana»13 y se siente llamado a vivir la «forma específica de vida religiosa»14 encarnada en el proyecto salesiano de vida consagrada. Tiene como criterio fundamental la identidad salesiana, sus elementos constitutivos, los requisitos y las condiciones para vivirla. Tiene como punto de referencia normativo las orientaciones de la Congregación, responsable de la vocación salesiana en la Iglesia.
El discernimiento vocacional “salesiano”, realizado en el contexto formativo, implica el cotejo entre la vocación personal y el carisma de la Congregación.

El candidato debe llegar a la convicción motivada de poder vivir de modo substancialmente coherente y con alegría el espíritu y la misión de la Congregación, y la Congregación debe tener la certeza moral, fundada sobre razones positivas, que él posee las cualidades necesarias para recorrer el camino emprendido. Esta certeza moral, además de fundarse en la gracia de Dios, se apoya en los recursos de la persona, en el camino que ella ha recorrido y en su capacidad de asumir con responsabilidad y confianza un proyecto de vida.

Se trata de identificar los elementos de idoneidad según un criterio que privilegia la calidad de la experiencia salesiana. Primera responsabilidad de la Congregación es, en efecto, velar por la fidelidad al carisma y por la autenticidad vocacional.



          1. Discernimiento sensible a las diversas formas de la única vocación

7 Dentro de una única vocación salesiana el discernimiento vocacional tiene presente la distinción determinada por la forma laical o presbiteral de vivirla. La vocación salesiana no es una vocación abstracta y genérica, sino concreta y específica. Dios no llama a ser genéricamente salesiano, sino que hace comprender, a veces gradualmente, que la llamada está específicamente orientada a realizar el proyecto de Don Bosco como religioso laico o como religioso presbítero15.

Por lo que se refiere al discernimiento vocacional ello significa que:



  • los criterios de discernimiento son fundamentalmente válidos para todos los candidatos;

  • la perspectiva de la “forma específica” y, por tanto, las acentuaciones características que derivan de ella, deben estar presentes a lo largo de todo el proceso de discernimiento y no sólo en su inicio o en el período de la formación específica;

  • es bueno que la opción vocacional sea clara, ya al momento de la primera profesión y, en cualquier caso, antes del inicio de la formación específica y de la profesión perpetua16.



        1. Discernimiento durante la formación inicial

          1. El discernimiento: actitud constante del itinerario formativo

8 Todo el proceso formativo es un camino de discernimiento y tiene que ser vivido en actitud permanente de discernimiento. «Al que se orienta hacia la vida salesiana, se le ofrecen el ambiente y las condiciones adecuadas para que conozca su vocación y madure como hombre y como cristiano. De este modo, con la ayuda de un guía espiritual, puede decidir con mayor conocimiento y libre de presiones externas e internas»17. Haciendo «experiencia de los valores de la vocación salesiana»18, el candidato llega a un más profundo conocimiento de sí mismo y se hace capaz de dar una respuesta personal madura.

Toda la formación inicial está pedagógicamente estructurada con esta finalidad. Por esto, antes de ser incorporado definitivamente a la Sociedad, el candidato recorre diversos períodos formativos. «Ellos – dicen las Constituciones – son necesarios para el candidato y para la comunidad, a fin de poder discernir en mutua colaboración la voluntad de Dios y corresponder a ella. El candidato va conociendo progresivamente la Congregación y ésta,

a su vez, puede valorar sus aptitudes para la vida salesiana»19, en particular, las motivaciones y la recta intención.


9 El discernimiento se realiza en cada fase; acompaña el camino de crecimiento y evaluación, el logro de los objetivos específicos; se manifiesta en una sucesión pedagógica y gradual de evaluaciones y de compromisos (petición, juicio de idoneidad, admisión). Quien discierne debe estar atento a la unidad y a la personalización del proceso formativo y debe asumir las características.
            1. Discernimiento gradual y progresivo

10 Durante el itinerario formativo existen, en cierto modo, criterios para una evaluación de base y criterios para evaluar el progreso y el crecimiento. Comprobada la idoneidad de base y la ausencia de contraindicaciones absolutas, hay que constatar entre el primer inicio y la profesión perpetua, el creciente conocimiento, la maduración de la idoneidad, la profundización de las motivaciones. Partiendo de la existencia de disposiciones fundamentales, que no son todavía actitudes desarrolladas, se trata de evaluar – en las distintas admisiones y en otros momentos de discernimiento – si el crecimiento ha logrado la madurez necesaria para asumir los compromisos correspondientes.
            1. Discernimiento sensible a la especificidad de las fases y de los momentos

11 Cada fase formativa tiene objetivos propios, tiende a poner de relieve aspectos diferentes y ofrece posibilidades particulares de conocimiento de la persona, de contacto con la experiencia salesiana y de visión de la Congregación. No son los mismo, por ejemplo, los indicadores propios del noviciado, de aquellos que caracterizan el tirocinio. Se trata de evaluar el tipo de crecimiento que cada fase pretende favorecer y los desafíos que tiene que afrontar, prestando «particular atención a los momentos de paso de una fase a otra»20, y de asegurar, que al final de cada fase formativa, se hayan logrado los objetivos requeridos para la fase siguiente. Por tanto, aún sabiendo que los valores vocacionales se asumen gradualmente, el discernimiento ayudará a no «prolongar situaciones problemáticas o de indecisión que no ofrecen perspectivas serias de mejoría»21.
            1. Discernimiento considerado en la unidad y en la continuidad de la formación

12 El discernimiento se debe actuar en la perspectiva de la unidad de la persona y de su experiencia y de la continuidad del itinerario formativo. Aún cuando se tenga que realizar en fases diversas y en diferentes comunidades, con diferentes grupos de formadores y a través de momentos sucesivos de evaluación y de admisión, no puede limitarse a una única dimensión de la formación o sólo al momento presente. El discernimiento implica una visión unitaria de la formación, continuidad de la metodología formativa y del conocimiento de la persona, una consideración personalizada y en contexto. Esta perspectiva es indispensable para la justa evaluación de manifestaciones y hechos.

          1. Discernimiento: momentos particulares y admisiones

13 El acompañamiento y el discernimiento son una constante de toda la formación inicial con acentuaciones específicas en las diferentes fases que preparan a la plena incorporación en la Congregación: en la evaluación de la idoneidad de base, en el momento de la primera respuesta vocacional, en las admisiones que constituyen puntos de síntesis22.

Los períodos que preceden a la primera profesión, es decir, la preparación al noviciado y el noviciado, tienen un relieve particular. «Inmediatamente antes del noviciado – afirman las Constituciones –, se requiere una preparación especial, para reflexionar seriamente sobre la opción vocacional y comprobar la idoneidad necesaria para comenzar el noviciado»23. Durante el noviciado «con la ayuda del maestro, el novicio estudia a fondo las motivaciones de su opción, comprueba su idoneidad para la vocación salesiana, y se orienta hacia la donación completa de sí mismo a Dios para el servicio de los jóvenes según el espíritu de Don Bosco»24.

Singular atención se atribuye también al discernimiento de la madurez espiritual requerida para la profesión perpetua, dada la importancia de tal opción25.

También después de la formación inicial se pueden vivir circunstancias que requieren un discernimiento más profundo y una evaluación más ponderada: ante nuevas situaciones y nuevos desafíos, en momentos de duda, de desmotivación o de reafirmación vocacional, en tiempos de dificultad y también en situaciones gravemente comprometidas26.


14 Hay una estrecha relación entre discernimiento y admisiones. Las admisiones a los diversos compromisos del camino vocacional constituyen momentos particularmente importantes de discernimiento; en ellas se sintetiza y se expresa la lectura y la evaluación de los signos que motivan tanto la petición del candidato como el juicio de los responsables acerca de la idoneidad correspondiente al compromiso que se asume27.

La petición presentada libremente por el candidato se fundamenta sobre el discernimiento realizado por él, con la colaboración de aquellos que lo acompañan y de la comunidad, y queda abierta a un signo decisivo de la voluntad de Dios, expresado en el juicio de aquellos que son los «mediadores de la acción del Señor»28.

Por otro lado, este juicio de los superiores29 es fruto del esfuerzo de comprensión, iluminado por los criterios de la Iglesia y de la Congregación, que atraviesa toda la experiencia formativa y pretende servir a la vocación personal y a la identidad salesiana.

Todo lo que se dice del discernimiento con miras a las admisiones se debe tener presente en los casos de readmisión de quien hubiese salido legítimamente de la Congregación al término del noviciado o después de la profesión30.



      1. LOS RESPONSABLES DEL DISCERNIMENTO VOCACIONAL


15 En el discernimiento en función de las decisiones finales, de opciones significativas y de las admisiones, se expresan todos aquellos que, con roles y responsabilidades diferentes, participan en el proceso formativo.

El discernimiento se realiza en íntima colaboración entre el candidato y la comunidad, a través de un diálogo de recíproca confianza para comprender la voluntad de Dios y reconocer sus signos31.

El aspecto personal y aspecto comunitario del discernimiento están en juego cuando, en los años de la formación inicial, se trata de determinar la idoneidad de base ante el proyecto vocacional salesiano, o bien los requisitos de idoneidad necesarios para dar un paso ulterior en el camino hacia los compromisos definitivos.
16 La experiencia formativa parte de un presupuesto fundamental: la voluntad común de realizar juntos un proceso de discernimiento, de opción y de fidelidad vocacional con una actitud de comunicación abierta y de sincera corresponsabilidad, atentos a la voz del Espíritu y a las mediaciones concretas32.

Al candidato le corresponde en primera persona comprender la intención de Dios sobre su vida y por tanto, también en este caso, él «asume la responsabilidad de su propia formación»33. Por otra parte, toda la comunidad se siente comprometida y es invitada a dar su propia contribución.

El Inspector y el Director, con sus respectivos Consejos, tienen una específica responsabilidad jurídica en las admisiones y en el discernimiento que las precede. A ellos se les confía la tarea de evaluar y de emitir un juicio, en forma personal y colegial, en un determinado momento del proceso formativo. En cierta medida, es el aspecto oficial del discernimiento. Con esto no se quiere poner en segundo plano el rol determinante de otros responsables, como el director espiritual y el confesor.

Todos los hermanos, en particular los que constituyen la comunidad formadora, tienen una responsabilidad moral. Ciertamente, ésta recae, sobre todo, en aquellos que tienen la responsabilidad jurídica; ellos tienen que asegurar las condiciones para obrar según los criterios indicados por la Iglesia y por la Congregación, sobre la base de una información adecuada y con la perspectiva de un proceso de discernimiento que requiere gradualidad y continuidad.

        1. Responsabilidad del candidato


17 La tarea del discernimiento vocacional, como se ha dicho, corresponde, en primer lugar, al candidato a la vida salesiana o al hermano en formación. Él es el primer interesado en comprender la voluntad de Dios sobre él mismo y es responsable de dar una respuesta auténtica. Por esto, asume una actitud permanente de discernimiento, cultiva una apertura constante a la voz de Dios y a la acción de los formadores, orienta su vida según una perspectiva de fe, se observa a la luz de los criterios vocaciones salesianos. Busca conocerse de verdad, hacerse conocer y aceptarse. Se vale de todas las mediaciones y de los medios que la experiencia formativa le ofrece, en particular, del acompañamiento formativo, del coloquio con el Director, de la dirección espiritual, del sacramento de la Penitencia, del diálogo y del discernimiento comunitario34. Mantiene una relación de apertura y de confianza con el Director de la comunidad, a quien se ha confiado la tarea del acompañamiento formativo, para que le pueda ofrecer el conocimiento necesario para orientar, discernir y decidir35.

El acompañamiento formativo y la dirección espiritual son medios privilegiados para un camino de profundo conocimiento de sí y para orientar la propia existencia con un criterio espiritual, especialmente cuando se afrontan opciones delicadas y difíciles36.


También después de la formación inicial el salesiano se mantiene en actitud de discernimiento, asumiendo las mutables circunstancias de la vida como un desafío y como un estímulo en el camino vocacional y como invitación a un renovado compromiso en la propia formación.

        1. Responsabilidad comunitaria: sus diferentes expresiones


18 La comunidad salesiana, en primer lugar la comunidad inspectorial, es responsable del discernimiento vocacional y, a través de éste, presta un servicio a la persona y al carisma.

  • Servicio a la persona, ayudando al candidato a comprender su vocación, los impulsos que lo mueven y los signos del Espíritu en relación con la opción vocacional.

  • Servicio al carisma salesiano, a través del compromiso asumido en nombre de la Congregación y de la Iglesia de evaluar y determinar, en base a los criterios por ellas establecidos, si una persona es verdaderamente idónea y llamada a vivir el proyecto de vida consagrada salesiana.


A nivel mundial, compete al Rector Mayor con su Consejo establecer los criterios de discernimiento vocacional y hacer que sean conocidos, asumidos y aplicados en las Inspectorías, sobre todo en los momentos de admisión.
          1. A nivel inspectorial

19 La comunidad inspectorial desempeña su tarea en las admisiones a través de distintos responsables.

La tarea de admitir a los candidatos – tanto al noviciado como a la profesión y a las ordenaciones – compete al Inspector, a norma del derecho37. En el momento de las admisiones, a él le toca pronunciarse de modo definitivo; se trata de una responsabilidad de la que no puede abdicar, remitiéndose al parecer de otros.

Asistido por su Consejo, él es el garante del discernimiento vocacional; su responsabilidad no se limita a la decisión final.

Él «trata de que se ofrezcan a quien se orienta a la vida salesiana el ambiente y las condiciones aptas para el primer discernimiento vocacional; acompaña en los delicados períodos de la formación inicial y asume la propia responsabilidad en el discernimiento y en las admisiones»38.

Personalmente o a través de la Comisión inspectorial para la formación, el Inspector preserva la unidad de los criterios de discernimiento y de admisión39. Promueve un adecuado conocimiento de los candidatos, tanto por parte de los miembros del Consejo inspectorial como por parte de los responsables de las distintas fases, favoreciendo a lo largo del proceso formativo la actitud de discernimiento y la comunicación de adecuadas informaciones con las modalidades más oportunas40.
20 Los miembros del Consejo inspectorial y, en análoga medida, los del Consejo local están llamados a formular un parecer o a expresar un consentimiento. Tienen, por tanto, el deber de construirse un juicio, lo más personal y completo posible del candidato. Conscientes de la continuidad del discernimiento, los Consejeros inspectoriales cotejan las evaluaciones precedentes con la que surge al momento de una nueva admisión. Profundizado el conocimiento de los sujetos, el Consejo cumple a tiempo su tarea, sin postergar las decisiones oportunas.

          1. A nivel local

21 A nivel local, el rol del Director es determinante. Él acompaña a los hermanos en formación inicial, anima y coordina el trabajo del Consejo de la comunidad, se mantiene en diálogo con el Inspector y su Consejo.

Ante la Inspectoría es el responsable del proceso formativo personal, lo cual supone atención por su parte al camino formativo de cada uno, capacidad de ser cercano, de acoger y de orientar. Lo hace de modo particular mediante el coloquio.

En relación con el «secreto profesional»41, recuérdese que el Director no puede servirse, ni siquiera en las votaciones secretas del Consejo de la casa, de lo que conoce sólo a través del “coloquio”42. Puede servirse de estos elementos sólo si el hermano le da su consentimiento libre y explícitamente.
22 Los miembros del Consejo de la comunidad realizan un discernimiento periódico mediante las evaluaciones trimestrales, hechas según las modalidades determinadas a nivel inspectorial. Evalúan el progreso vocacional del candidato y le ofrecen adecuadas sugerencias e indicaciones43. En ocasión de las admisiones formulan el parecer que se envía al Inspector, fundándose sobre un conocimiento personal adecuado.

Es importante asegurar la convergencia de los criterios de evaluación entre el Consejo local y el Consejo inspectorial.


23 Toda la comunidad colabora en el discernimiento vocacional, asegurando un ambiente formativo y mediante los diversos roles y servicios. El ambiente comunitario estimula el crecimiento espiritual y la confrontación de cada uno con los criterios de identidad salesiana a través del testimonio recíproco, la práctica de la corrección fraterna, las evaluaciones y la expresión de una parecer al momento de la admisión a la profesión, a los ministerios y a las órdenes sagradas44.
24 A algunos miembros de la comunidad se confían específicas responsabilidades de discernimiento, que los comprometen en lo cotidiano o a través de intervenciones específicas.

Los formadores, en particular, «siguen el camino de cada uno, evalúan en nombre de la Iglesia y de la Congregación la idoneidad vocacional y ofrecen elementos de información y de discernimiento también con miras a las diversas admisiones»45. Ellos guían a los hermanos «en los caminos del Señor, tanto con las palabras como con el testimonio coherente de sus vidas consagradas»46.


25 El director espiritual personal ofrece una ayuda a quien está en búsqueda de la plenitud de su vocación cristiana y religiosa. Presta un servicio «de iluminación, de apoyo y de guía en el discernir la voluntad de Dios para alcanzar la santidad; motiva y suscita el compromiso de la persona, la estimula a opciones serias en sintonía con el Evangelio y confronta con el proyecto vocacional salesiano»47.
26 Gran incidencia puede tener sobre el discernimiento vocacional, sobre la orientación y sobre toda la experiencia formativa el rol del confesor. Cabalmente por esto, la Ratio aconseja que durante la formación inicial se tenga un confesor estable y que sea «ordinariamente salesiano»48.

Al confesor y a quien cumple el servicio de la dirección espiritual sin ser Director de la comunidad se atribuye una responsabilidad moral de relieve en relación con el discernimiento vocacional. Si bien no están llamados a formular un juicio sobre la idoneidad vocacional y no intervienen en las admisiones, ellos tienen una función a menudo decisiva para la clarificación de las motivaciones y la adquisición de los valores morales. Por esto el sujeto los debe consultar y debe tener en cuenta su parecer, que en algunos casos puede ser también vinculante en fuero interno.

Los confesores están siempre obligados al secreto del sacramento y los directores espirituales, en sentido estricto, están también obligados al secreto en virtud de su oficio. Deben obrar sólo en fuero interno para orientar y para convencer, eventualmente, a los no idóneos a abandonar el camino emprendido.

Es deber suyo conocer y asumir, como punto de referencia vinculante en su servicio, los criterios de discernimiento indicados por la Iglesia y la Congregación.


27 Una contribución específica pueden ser llamadas a dar personas que tienen una específica competencia en algunos ámbitos (expertos). «Cuando estos expertos no son salesianos, es importante hacer de modo tal que su servicio tenga en cuenta las características propias de la vocación y sea visto en la perspectiva global de la formación salesiana»49.
28 También algunos miembros no salesianos de la Comunidad educativo-pastoral, que están en relación significativa con los candidatos o con los hermanos en formación inicial, pueden ser llamados a compartir la responsabilidad del discernimiento vocacional, a través de prudentes y oportunas informaciones a petición del Director de la comunidad.

      1. CONDICIONES INDISPENSABLES


29 Para plantear debidamente el discernimiento y para situarse convenientemente ante esta tarea importante y delicada son indispensables algunas convicciones, actitudes y condiciones. Hay que cultivar una perspectiva vocacional, una actitud de fe, una sensibilidad pedagógica formativa, algunas competencias específicas.
        1. Una perspectiva vocacional


30 La vida de cada persona es vocación y como tal debe ser comprendida, acogida y realizada. A cada uno se le da un conjunto de aptitudes y de cualidades para hacer fructificar, un proyecto para realizar.

Los signos vocacionales se revelan en la persona: para comprender la llamada, la intención de Dios, el proyecto al cual Él invita, por tanto, hay que conocer en profundidad la persona, su realidad humana, su historia y su actual estructura, para captar en ella los signos de la “vocación divina”.

La vocación se reconoce en signos cotidianos. El Espíritu no utiliza, habitualmente, modalidades extraordinarias, sino más bien habla a través de las actitudes y las aspiraciones, las intenciones y las motivaciones que se perciben en lo cotidiano, en la interacción con las personas, en el encuentro con la realidad y en el curso de los acontecimientos.

La vocación salesiana, como específica forma de vida religiosa, se reconoce a través de aquellos signos característicos que manifiestan la convergencia existente, entre la vocación personal, y el proyecto de vida de los Salesianos de Don Bosco.
        1. Una actitud de fe


31 El discernimiento vocacional es discernimiento espiritual. Por ello:

  1. Hay que cultivar intensamente una perspectiva de fe, con la convicción de que es Dios quien llama y que la vocación es una gracia del Padre, que «ama a la Congregación, la quiere viva para el bien de su Iglesia y no cesa de enriquecerla con nuevas energías apostólicas»50.

  2. Se debe reconocer que éste es un plan en el que «sólo Dios es el dueño (del corazón) y nosotros no podremos lograr nada, si Dios no nos enseña el arte y no nos pone la llave en la mano»51.

Los responsables del discernimiento son mediadores atentos y respetuosos de la acción divina, colaboradores y no dueños del proyecto del Señor, garantes de las condiciones de calidad de la vocación para que esta sea vivida en fidelidad al Espíritu.

  1. Para comprender las intenciones de Dios, para descubrir e interpretar su lenguaje, es necesario vivir en sintonía con Él y ser dóciles al Espíritu.
        1. Una sensibilidad pedagógica


32 La sensibilidad pedagógica:

  1. Requiere y favorece un clima de libertad, exento de imposiciones y presiones de cualquier tipo; un clima de familia, de recíproca aceptación y de acogida, que es el estilo de relaciones del Sistema Preventivo; implica también el apoyo comunitario en los momentos más delicados.

  2. Estimula un conocimiento concreto y profundo de la persona y exige el compromiso para alcanzarlo, a través del contacto personal, el acompañamiento formativo, la dirección espiritual y las otras claves de lectura de la experiencia, tales como: el conocimiento del contexto cultural y juvenil y de la condición familiar, la contribución de las ciencias humanas.

  3. Crea sensibilidad al sentido del proceso formativo, que lleva a tener en cuenta los ritmos de maduración de la persona, hoy más largos y complejos, y la dificultad de pronunciarse por decisiones definitivas. Ello reclama:

  • la capacidad de plantear las fases formativas con una pedagogía gradual que conduzca a compromisos progresivos, aceptando los momentos en los que la persona se detiene y estimulando aquellos en los que reemprende su camino;

  • el compromiso por asegurar el logro de ciertos objetivos formativos sin dilatar situaciones que no ofrecen las condiciones requeridas;

  • la habilidad de unir en el discernimiento la confianza educativa y la prudencia, que no alimenta ilusiones, y construye sobre elementos positivos detectados;

  • la convicción de que la vocación se desarrolla durante todo el curso de la existencia y requiere un ambiente educativo y un esfuerzo personal de crecimiento espiritual.
        1. Algunas competencias específicas


33 Identificar la eventual presencia o ausencia de los signos de la llamada de Dios es una empresa delicada; requiere clara conciencia de la tarea y algunas competencias específicas. El discernimiento vocacional es una gracia que, ordinariamente, se actualiza con la mediación de facultades humanas de juicio, que actúan en sinergia con la gracia. La interpretación de los hechos vocacionales no se cumple en modo unívoco; antes bien, está estrechamente ligada a la experiencia y a la formación de las personas que intervienen en ella.
Para el discernimiento salesiano es necesario el conocimiento de las orientaciones de la Iglesia y de la Congregación (ver capítulo segundo), de los principios de la teología de la vocación, de la contribución que pueden hacer las ciencias psicológicas y formativas. Es indispensable una iluminada prudencia, que hace capaces de descifrar los signos de la vocación en el flujo concreto de las vicisitudes de cada persona.

Las facultades humanas de juicio se adquieren con la experiencia; pero no se puede prescindir de una preparación específica que habilite a comprender los procesos psíquicos, concientes e inconscientes, normales y patológicos, relativos a la vida intelectiva, afectiva, personal e interpersonal. Hay que notar que en el proceso de discernimiento se suponen dos disposiciones: por una parte, que el formador esté en condiciones de comprender y ayudar al candidato en las dimensiones psíquicas y espirituales, y, por otra parte, que el ambiente, caracterizado por el estilo del Sistema Preventivo, favorezca la confianza recíproca, de tal modo que el candidato pueda conocerse y abrirse y haga posible que los formadores lo comprendan y ayuden.


En el discernimiento interviene el juicio dado por personas que tienen una determinada mentalidad. Los modelos mentales condicionan a menudo la interpretación de los hechos. El discernimiento de los formadores, por tanto, debe apoyarse, no sólo en la capacidad de re-elaborar “conocimientos” y “datos”, sino también en una mentalidad abierta, habituada a captar la conexión entre elementos de diferente naturaleza. Por tanto, para asegurar un adecuado discernimiento hay que cultivar, en aquellos que intervienen en él, una mentalidad que posea una visión de conjunto de la vida salesiana y la capacidad de interpretar los “signos” vocacionales de modo armónico e interrelacionado, tanto respecto al crecimiento humano individual como en relación con el estilo de vida propio de la consagración salesiana.

      1. MEDIOS Y PROCEDIMIENTOS


34 Aseguradas las condiciones indicadas y asumidos los criterios establecidos, es indispensable recoger todos aquellos elementos de conocimiento que se juzgan útiles para formular un juicio personal y objetivo, como es aquél requerido a los responsables del discernimiento y de las admisiones. Sirven a este fin distintos medios y procedimientos.
        1. El conocimiento en la vida cotidiana


35 La convivencia salesiana atenta y cordial permite ordinariamente a formadores preparados identificar en modo atendible la salud física, las aptitudes de intelecto, voluntad y afectividad del candidato. Contribuyen a lograr tal conocimiento:

  1. la atención formativa constante al candidato que se actúa en el compartir las diferentes expresiones de la vida cotidiana, vivida según el estilo de relaciones y de atención a la persona propio del Sistema Preventivo;

  2. la recogida sistemática y la evaluación de las informaciones sobre las condiciones externas y pasadas, relevantes e indicativas;

  3. la guía del candidato a la auto-observación, al conocimiento de sí, a la evaluación de sus actitudes y de su camino, a la comunicación;

  4. las diferentes formas de relación personal de conocimiento y formativa.
        1. Otras formas de información


36 Como complemento del conocimiento adquirido, o también, para superar incertidumbres de evaluación con las cuales pueden encontrarse, aún los formadores preparados, se recomiendan otras formas de información, si fuera necesario incluso de carácter especializado. Claramente, la técnicas médico-psicológicas no pueden ofrecer un resultado seguro y garantizado, sin embargo, su contribución, sumada a la observación por parte de los formadores, en algunos casos aparece oportuna o necesaria. Conviene, por tanto, tenerlas en cuenta en la decisión final, dándoles el justo peso.

Entre las formas de información se deben considerar las siguientes:



  1. La evaluación de la salud física, efectuada por medio de la consulta específica a un médico experto y de confianza, que conozca las exigencias de la vida salesiana; una evaluación debidamente certificada.52

  2. La evaluación de las aptitudes psíquicas, hecha por personas competentes, como parte del proceso de discernimiento vocacional. Puede haber formas diferentes y diferentes ámbitos y niveles de profundidad en el estudio psicológico; en todo caso, éste se debe llevar a cabo respetando la libertad y la dignidad de la persona y manteniendo el secreto profesional y la necesaria privacidad.

Esta evaluación no se dirige únicamente a la finalidad de investigación o exploración, sino que debe servir positivamente a los fines de la formación. Se coloca en esta perspectiva la exploración psicológica hecha antes del ingreso al noviciado, cuando la personalidad del candidato se perfila y se orienta hacia la llamada.

  1. la evaluación del especialista ante interrogantes o deficiencias, que aparecen al inicio del proceso formativo o surgen durante su desarrollo y requieren un análisis más cuidadoso. El experto ayudará a evaluar correctamente si tales dificultades son superables y en qué medida lo son, o se manifiestan como una forma ya consolidada y estructurada como rasgo no modificable de personalidad. «Los errores de discernimiento de las vocaciones no son raros y demasiadas ineptitudes psíquicas, más o menos patológicas, se manifiestan y se perciben solamente después de la ordenación sacerdotal»53

Al especialista se le pide expresar un parecer competente sobre la idoneidad o no idoneidad del candidato para un cierto tipo de vida, valorándolo según los cánones de la salud física o mental, valiéndose de su profesión. El especialista iría más allá del ámbito de su competencia si tomase posición sobre la “vocación” que el candidato manifiesta; su intervención permanece en el ámbito de la consulta.

El superior presentará con tacto la necesidad y la finalidad de tal intervención, para que el candidato la acepte y asuma en la perspectiva del discernimiento y en el espíritu de la necesaria colaboración con los responsables del proceso formativo. A tal efecto, es importante la real disponibilidad del candidato a dar su consentimiento para que el especialista comunique al superior, en las formas más oportunas, con prudencia y lealtad, las conclusiones a las que llega. En todo caso, la aceptación del interesado es indispensable.

El especialista está vinculado al secreto profesional, por lo cual él no puede, si no con el consentimiento expreso y libre de quien lo consulta, comunicar a otros lo que llega a conocer directa o indirectamente durante la consulta especializada.
37 Cuando la evaluación de las aptitudes psíquicas, el trabajo formativo sucesivo o las consultas especializadas arriba nombradas sugieran la conveniencia o la necesidad de la intervención terapéutica profesional, orientada a mejorar las condiciones de idoneidad del candidato, el superior, de acuerdo con el interesado, precise con el especialista el ámbito del servicio y la finalidad por la cual se realiza. Se recurra a psicoterapeutas conocidos por su respeto a los valores humanos y religiosos.




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