Cristo sigue llamando


La realidad de la inmigración en España y la respuesta salesiana



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5. La realidad de la inmigración en España y la respuesta salesiana

Sor María F. Núñez Muñoz, fma. Catedrática emérita de Historia, Universidad de Tenerife.
Teniendo presente las orientaciones pontificias sobre el problema de la inmigración y la realidad de que casi el 15% de la población española se compone de inmigrantes, sor María F. hace una exposición exhaustiva de las acciones que los SDB y las FMA realizan en España en torno a esta realidad, en la que la Comisión Nacional de Marginación, con las correspondientes inspectoriales, asumen la tarea coordinadora y programática.
La primera respuesta a esta realidad es el desafío de la formación. A tal efecto, la Comisión Nacional de Marginación tiene entre sus objetivos cuidar la formación de los agentes de pastoral de inmigración, interculturalidad, interreligiosidad y necesidades educativas especiales; ello supone un cambio de mentalidad que lleva a la convicción de que no se puede trabajar solos, sino que es necesario, hoy más que nunca, la colaboración de los laicos y de trabajar en red con otras instituciones civiles y eclesiásticas comprometidos en la misma misión, incluso en contacto con los programas nacionales o autonómicos.
Los campos de acción abarcan las Plataformas, los Proyectos y los Programas y son los que establece la Propuesta Educativo-Pastoral Salesiana de Marginación, a través de obras para chicos de la calle, servicios específicos de promoción de la mujer y atención especial a los inmigrantes. Todo esto está coordinado por la Coordinadora Estatal de Plataformas Sociales Salesianas (junio 2000). Su cometido es ser órgano de promoción, debate y análisis; instrumento de unión, conocimiento y apoyo; canal de formación; plataforma de difusión y denuncia; interlocutor ante las Instituciones públicas y privadas. Dicha Coordinadora la constituyen 10 Entidades Salesianas, presentes en 11 Autonomías, con un total e 47 presencias, 30 de SDB y 17 de FMA. Sor María F. detalla a continuación los 47 Presencias y los lugares donde desarrollan su trabajo.
Plataformas y Fundaciones inspectoriales S.D.B. en España. La Inspectoría de Madrid apoya la Federación de Plataformas Sociales Pinardi. La de León desarrolla su importante tarea social a través de la Fundación Juansoñador. La de Córdoba lo hace por medio de la Fundación Proyecto Don Bosco. La de Bilbao lo hace a través de los Proyectos Bosco Etxea y Zabaltzen. La de Barcelona engloba su acción social en la Federación de Plataformas de Educación Social Salesianas. La de Valencia lo hace por medio de Don Bosco Cooperación y el Proyecto de Prevención de Menores en situación de riesgo. Sevilla concentra su compromiso por medio de la Fundación Solidaridad Don Bosco a través del Proyecto Garelli que realiza varios programas. Dicha Fundación tiene también el Proyecto Assabil para jóvenes de Tánger, tratando de prevenir la inmigración y procurando resolver los problemas en el mismo lugar de origen.
Las F.M.A. y la inmigración. La respuesta en España. Este trabajo se enlaza con sus orígenes, y recuerda el trabajo que asumieron en América Latina en donde se dedicaron al cuidado de los emigrantes italianos. Como forma actual concreta de la nueva sensibilidad histórica, nació el Proyecto Emigrantes, que trata de resolver los problemas de los jóvenes sin papeles, clandestinos, ilegales y que están más expuestos a peligros y explotación. La Inspectoría de Madrid trabaja desde la Fundación Mornese a través de programas, proyectos y subproyectos en número de siete. Sevilla lo hace por medio de la Proyecto Social Madreselva. Madrid ha constituído recientemente la Fundación Valsé que se ha establecido en varias localidades, siendo la más significativa la Residencia María Auxiliadora para los jóvenes de la región de Madrid. También tiene el Proyecto del Barrio del Pilar que atiende a familias con problemas y a emigrantes africanos y de hispanoamérica. La Inspectoría de Sevilla trabaja a través de la Fundación María Auxiliadora, en siete presencias, y con dedicación especial a los emigrantes a través del Grupo de apoyo a Mujeres inmigrantes y el de Alfabetización de inmigrantes. La Inspectoría de León desarrolla su tarea social a través de la Fundación Valponasca que coordina las actividades con inmigrantes de Salamanca en el Centro Juvenil Yupi y con la Casa de Acogida de Villamuriel (Palencia).
A modo de conclusión enumera problemas y dificultades de este ingente trabajo desarrollado por SDB y FMS. En primer lugar se tiene una clara conciencia de que los inmigrantes son personas y grupos humanos sometidos a un proceso de desarraigo y de reconstrucción vital. Se debe, con todo, tener presente que emigrante no quiere decir pobre y que no sólo deben ser objeto de caridad y acción social, sino como sujetos de evangelización; ellos mismos se dan cuenta que a veces sólo son considerados como ‘objeto’ de algunos servicios sociales de la Iglesia y de otras instituciones.
En segundo lugar se tiene claro que la integración del inmigrante supone un largo camino que va desde la llegada, momento en el que vive la angustia de la supervivencia y la desorientación, hasta cuestionarse sobre su nueva situación con la necesidad de legalizarla y construir o reconstruir el grupo familiar, para concretar su status social. Todo esto constituye un desafío constante para los educadores y las comunidades educadoras. La meta está en ayudar a los inmigrantes a ser personas autónomas en todos los niveles, personas que alcancen una positiva adaptación e inserción social como ciudadanos libres y responsables en la sociedad española. En especial la preocupación más importante debe ser la de atender a los pequeños, porque reconstruir el núcleo familiar es ofrecerles la base principal de la propia formación e integración. Todo esto se está haciendo con interés y alegría, sostenidos por el lema salesiano del ‘Da mihi animas, coetera tolle’,
6. Los salesianos y los desheredados de este mundo.

Karl Oerder, sdb, exprocurador de la Procura salesiana de Bonn (Alemania)
Los muchos años al frente de la Procura de Bonn, hacen al P. Oerder más que un experimentado experto en la materia de conseguir que la sociedad se dote de honrados ciudadanos; ha recorrido el mundo entero y hasta todos los rincones del planeta ha llegado la acción social y evangelizadora de esta Procura dirigida durante tantos años por él. Nuestra Inspectoría reconoce su mano en nuestras presencias del Senegal.
Su Comunicación le daba oportunidad para hacer una larga y detallada exposición de lo que los salesianos han hecho y siguen haciendo con los desheredados del mundo. Sin embargo no se centró sólo en los problemas del Tercer Mundo sino que tuvo en cuenta el problema de las nuevas pobrezas, incluso en Europa, donde la nuevas pobrezas encuentran en el paro un nuevo aspecto de esta situación. La pobreza creciente no depende sólo del paro sino de la amenaza de un aumento vertiginoso de la población. Los datos de los millones de habitantes de los diversos continentes que están desnutridos, que viven en la miseria extrema o el nivel mínimo de la existencia, son sobrecogedores.
La responsabilidad y el compromiso de la Familia Salesiana son enormes; las Procuras salesianas son una respuesta a estos problemas; su acción llega ya a 88 países, la mayor parte en el sur de nuestro planeta pero también, y cada vez más, en los países de Europa-Este. Citando a don Chávez enumera la cantidad de niños de la calle, los que hacen de soldados, los sometidos al comercio sexual, los que trabajan en trabajos pesados y peligrosos, los que no van a ninguna escuela, los raptados para transplantes de órganos, los que contraen el SIDA y un sin fin de enfermedades.
Ante esta realidad él se muestra orgulloso de pertenecer a la Familia Salesiana que lucha en todos los campos que cada vez se multiplican. Basta pensar en las próxima 30 mega-ciudades con unos diez millones de habitantes cada una, que se irán creando en un próximo futuro, en el marco de la globalización; no hay que olvidar el número creciente de emigrantes internacionales, hoy cerca de diez millones en América Central, dieciséis en África y cincuenta en Asia, y todas ellas buscando casa y un medio de vida.
Aumenta la crisis global del agua y la masa de los enfermos del SIDA, con más de 42 millones de fallecidos en el 2002 y el ulterior aumento de cinco millones de infectados; y desgraciadamente las diversas religiones no están unidas antes estos problemas, a los que hay que añadir los de más de cuarenta guerras y otros conflictos bélicos. Son muchas las organizaciones religiosas que tratan de dar respuesta a estos problemas. La Familia Salesiana, aún haciendo mucho, representa poco en la acción global de todas las instituciones juntas. Pero lo que sí es consolador es ver todo lo que hace la Iglesia católica por llegar a todos los rincones y miserias. Las Procuras salesianas de Bonn, New Rochelle, Turín, Bruselas, Madrid y Roma aportan entre 80 y 90 millones de euros para hacer frente a tantas necesidades, sin tener en cuenta la aportación de las FMA y Procuras provinciales.
La acción social y caritativa salesiana suele afrontar enseguida las graves situaciones en las diversas zonas calientes de la tierra; hoy lo hace en los países del Este en donde han creado escuelas profesionales, lugares de encuentro para la juventud y aportaciones económicas para salir al paso del hambre y la miseria, sobre todo después de la caída del muro de Berlín. Esta acción llega ya hasta Siberia. Y no se puede olvidar la atención que la Familia Salesiana ha prestado a África, después del Proyecto presentado por Don Viganò para a este Continente, en donde los salesianos se han hecho presentes en 42 países.
A pesar de estas acciones, K. Oerder se pregunta en qué nivel se encuentra el trabajo pedagógico y psicológico, y si el trabajo con los jóvenes es verdaderamente un trabajo misionero o sólo un trabajo de tipo social. Respeto a la primera pregunta, reconoce que se está trabajando con los niños traumatizados por tantos problemas y en especial con los niños-soldados. Y en cuanto a la segunda dice que se debe insistir en una trabajo de pedagogía integral, es decir, no olvidar que junto al trabajo social no debe faltar el educativo, formativo y religioso. Se pregunta si en estos ambientes existen cursos de educación cívica y sociopolítica acordes con las necesidades de la vida cotidiana.
Termina su intervención reconociendo que la estima hacia los salesianos se debe en gran parte al éxito obtenido gracias al método educativo de Don Bosco y esto debe continuar, siguiendo su ejemplo y deseos: educar en los valores de la religión cristiana y en la fe, porque sólo así puede crecer la responsabilidad cívica.

7. Educación socio-política en las instituciones salesianas de Alemania

Norbert Wolff, sdb, profesor de Historia Eclesiástica en Benediktbeuern
1. Una llamada 50 años después de la segunda guerra mundial. En una declaración del Capítulo Inspectorial de Alemania norte, en el año 1995, después de una reflexión en torno a lo que supuso el final de aquella terrible guerra, se decía: “Con nuestro fundador Don Bosco queremos recordar la ‘política del Padre Nuestro’. Ofrezcamos a los jóvenes y a todos los hombres del mundo su dignidad, el derecho a la vida, la posibilidad de vivir en la alegría de la creación y de la existencia”. Tal declaración indicaba que en la Alemania de hoy no se podía hablar del concepto de ‘honrado ciudadano’ sin tener en cuenta la historia del Novecientos con las dos guerras mundiales y el nacionalsocialismo, y que tal hecho implicaba, de una forma general, los objetivos y contenidos más importantes de una educación socio-política. En esta clave, Wolff presenta su Comunicación dividida en tres partes.
En primer lugar presenta, desde una perspectiva temática, la historia de las ideas y de la obra de Don Bosco en Alemania. En el segundo imperio alemán (1871-1918), dominado por el Estado protestante de Prusia, los católicos tuvieron que enfrentarse a muchos problemas. Debido a sus relaciones con Roma, los católicos eran tratados con desconfianza; se dudaba de su fidelidad nacional. Fue durante la primera guerra mundial cuando los católicos se integraron en el imperio alemán.
Al final del Ochocientos, época en que se desarrolla la obra salesiana, no se podía ni pensar en la fundación de un instituto salesiano en Alemania; faltaba personal alemán y las leyes del Kulturkampf hacían difícil el reconocimento estatal de una congregación religiosa que tenía su dirección central en el extranjero.
Johann Baptist Mehler (1860-1930) escribe sobre el abandono de los hijos de las familias obreras; la calle se convierte para para esos chicos una “escuela preparatoria del crimen”. Acentúa el carácter preventivo del método educativo de Don Bosco e implícitamente dice que los jóvenes delincuentes son más peligrosos por la educación estatal que por el catolicismo. En similar línea se expresa Leonhard Habrich (1848-1926) quien aboga por formar buenos ciudadanos y fervientes cristianos. Durante la primera guerra mundial (1917) recalca la necesidad de trabajar por la paz, desde una base religiosa, y habla de las posibilidades que se presentan a la familia salesiana. De hecho llegan alumnos alemanes que se han formado en Foglizzo, Cavaglià y Penango, pero surgen problemas para el reconocimiento de una escuela. En un artículo del Boletín Salesiano de 1912, el director, Aurelio Guadagnini demuestra los sentimientos nacionales de los alumnos de Penango y se celebra el aniversario del emperador Guillermo II. El director salesiano menciona “el apoyo mutuo entre el trono y el altar, necesario para el bienestar del Estado”. En dicho artículo se mencionan muchos símbolos nacionales alemanes (alabanzas al emperador, retrato del mismo, bandera alemana, himno del emperador,...) El prefecto, George Ring, afirma que los salesianos alemanes ya “han hecho honor a su patria”.
En el período comprendido entre la primera y segunda guerra mundial, los 200 salesianos alemanes pudieron demostrar que eran ‘buenos alemanes’. En tiempos del nacionalsocialismo, en un artículo del Boletín Salesiano se presenta el dilema de los salesianos alemanes: ser obedientes a Dios y al gobierno. Este dilema está presente en la segunda guerra mundial; se quiere servir a la patria, pero al mismo tiempo se observa que el régimen es anticristiano.
Los salesianos llegan a fundar en Sierck una casa para la pastoral de los inmigrantes italianos y por primera vez se concede un permiso de residencia a los salesianos del imperio alemán el 10 de febrero de 1904. Los salesianos trabajan con la juventud abandonada antes de la fundación de Würzburg, la primera casa salesiana, fundada en 1916. El ministro bávaro de culto, Eugen von Knilling, en documento del 17 de febrero de 1916, permite la acción salesiana siempre que estos hagan una promesa escrita de que los salesianos serán alemanes y que educarán a los chicos en el espíritu patriótico.
En estas condiciones, en una primera fase, hacia el 1920, los salesianos abren muchas casas para aprendices y también casas para reconducir a chicos difíciles. Después de la segunda guerra se abren nuevas obras de marcado acento profesional. A partir de 1970, se eliminan los internados y centros de formación profesional. En torno al 1990 se cierra grandes colegios y la obra salesiana se adapta a fines nuevos que den respuesta a nuevos problemas derivados de la globalización, ecología, el voluntariado, etc.
Esta referencia histórica sirve para comprender un poco los orígenes de la obra salesiana en Alemania, algo que tiene unos matices especiales si se la compara con otras naciones.
En segundo lugar, Wolff presenta en su Comunicación la situación actual de los salesianos alemanes y de sus múltiples obras que pretenden no sólo preparar buenos cristianos, sino también honrados y útiles ciudadanos para la sociedad, como una aportación práctica que haga significativo lo de ‘honrados ciudadanos’ Desde el 15 de agosto de 2005 hay una sola Inspectoría con 370 hermanos, que en su tarea educativa cooperan con el Estado y perciben subvenciones. La relación de sus obras abarca doce núcleos: Centros Juveniles-Oratorios (5), casa de reeducación (4); casas para aprendices (3); formación profesional (6); colegios con internado o semipensión (3); centros de formación espiritual para jóvenes (4), con sesiones sobre paz, ecología y demás nuevos movimientos sociales; centros de formación específicamente ecológica (2); parroquias; pastoral de inmigrantes, con problemas económicos serios y otros relacionados con actitudes nazistas; animación de misiones, desarrollo y voluntariado (2); comunicación social y formación universitaria. La diversificación educativa refleja el interés de los hermanos alemanes por dar una respuesta práctica al objeto de formar ‘honrados ciudadanos’.
El tercer punto programado de su Comunicación: la posibilidad y los límites de una educación de honrados ciudadanos en un campo de trabajo particular, el centro juvenil, lo desarrolla brevemente por carencia de tiempo. Con todo, destaca algunos aspectos particulares. A los muchachos de los oratorios y centros juveniles, entre otras actividades, se les lleva a conocer y cuidar la naturaleza, a reflexionar sobre la realidad de los campos de exterminio; se les prepara para atender a jóvenes del Tercer Mundo, algo que los alemanes lo viven con gran responsabilidad. En Tréveris trabajan en una casa de puertas abiertas donde se afrontan situaciones difíciles de alcohólicos, desarraigados, etc. y les dan posibilidades de enfrentarse a la vida dentro de la sociedad. En esta parte de su intervención, las actividades que se realizan vienen comentadas y ampliadas por Karl Oerder, buen conocedor de la realidad.

8. El programa de formación social y política de los jesuitas españoles

José Ramón Alberdi, profesor emérito de Historia de la Iglesia. Martí-Codolar (Barcelona)
El profesor Alberdi presentó una Comunicación desde su bien ganada fama de riguroso y claro historiador y es posible que la síntesis que presentó sirva a la Compañía, la cual le proporcionó en Barcelona y Roma una valiosa documentación, en especial la referente a la Congregación General 34 (Roma 1995). En los documentos de esta CG 34 encontró la base doctrinal y espiritual que actualmente orienta la formación del jesuita en el campo político y social, como la que ellos mismos se esfuerzan en dar a otros. Su trabajo es fruto de una seria reflexión y de síntesis. Utilizó, además, suficientes fuentes y bibliografía como para hacer de su Ponencia un modelo a seguir. Su trabajo lo dividió en tres partes.
1. La misión de la Compañía, hoy. Dicha misión se basa en elementos teológicos, espirituales y pastorales, y se concreta en el servicio de la fe y promoción de la justicia; y en la necesaria ampliación de la misma.
Las Congregaciones Generales (CG) 31(1965-66), 32 (1974-75) y 34 (1995) fueron una gracia para la Compañía en la medida que se fue clarificando su misión como un servicio a la fe, de la cual la promoción de la justicia constituye una exigencia absoluta. Evangelizar y promover la justicia les puso más en contacto con el Señor y también con sus amigos los pobres y con los que trabajan -y luchan- por la justicia. La promoción por la justicia la consideran como parte integrante de la misión. Ambos objetivos no los consideran como un simple servicio a los demás, sino el factor integrante de todos sus servicios; el principio unificador de la misión es el vínculo inseparable entre la fe y la promoción de justicia del Reino, una justicia evangélica, a la que consideran como el sacramento del amor y de la misericordia de Dios. La justicia y su promoción contínua, como dijo el P. Kolvenbach en 1991, forma parte de la espiritualidad de la Compañía.
Esta preocupación por la promoción de la justicia ha adquirido nuevas dimensiones que hay que tener en cuenta. Las tradicionales (cambio de estructuras, paz y reconciliación, abolición de toda discriminación, compromiso contra la pobreza y el hambre), las derivadas de los derechos humanos (las de las personas en los diversos espacios de su vida,) y de los derechos de los pueblos (integridad y salvaguardia cultural, control de su propio destino y de sus propias recursos), de la globalización indiscriminada y las de la ‘cultura de la muerte’ (aborto, suicidio, eutanasia, terrorismo, violencia, experimentación médica sin un significado ético, la pena de muerte, la droga...) y, finalmente, las conexas con la ecología.
Junto con la promoción de la justicia, su preocupación incluye su extensión y ampliación continua. Evangelización y promoción de la justicia guardan una íntima relación con la inculturación de la fe y el diálogo con otras tradiciones y con otras religiones. La Compañía considera propio de su misión las relaciones que debe haber con la cultura y el diálogo con el mundo, tratando de que la fe, mediante la cual la justicia se convierte en una realidad que modela el mundo, entre en diálogo con las religiones y culturas del mundo contemporáneo Esta inculturación del evangelio presenta especiales problemas en Asia, África y pueblos indígenas, pero sobre todo en la cultura crítica postmoderna; esta tarea no fácil la apoyan en la fe puesta en la acción que Dios realiza en la humanidad. Además de esta inculturación de la fe, la Compañía opta por el diálogo interreligioso, pues considera que el Espíritu de Dios está en continuo diálogo con las otras religiones. Este diálogo abarca: la vida, las obras, los cambios teológicos y la experiencia religiosa.
2. La formación social y política responderá a los principios enunciados en el punto anterior, en una triple perspectiva: cultural, interreligiosa y en la formación inicial y permanente, y se traducirá en actitudes prácticas de carácter social, sindical e incluso político.

En cuanto a la perspectiva cultural, esta formación, por lo que se refiere a los propios jesuitas, incluye, de una manera general, una actitud de continua conversión personal para encontrar a Cristo en las realidades de este mundo y en la solidaridad con el pobre, con un frecuente contacto con los ‘amigos del Señor, de tal manera que una cierta inserción en el mundo de los pobres debe formar parte de la vida de todo jesuita, al igual que sus comunidades deberían estar situadas, siempre que sea posible, en medio de la gente ordinaria.



Estas actitudes deben formar parte de la ‘formación inicial’: estar en contacto con los pobres, de un modo prolongado, y siempre acompañadas de una cuidada reflexión y análisis. Es bueno que en los períodos de formación, experimenten algunos efectos de la pobreza porque esto les ayudará a crecer en solidaridad con el pobre y con el ‘otro’, en este mundo tan rico en diferencias. Esta línea formativa debe ser también un elemento de la ‘formación permanente’.
En cuanto a la perspectiva cultural, el compromiso por la justicia debe empujar al jesuita a transformar sobre todo los valores culturales que sostienen un orden social injusto y opresor. Por tanto, el estilo de vida de las comunidades deben provocar un testimonio creíble de los valores contracorriente del Evangelio a fin de transformar los modelos de la cultura local. Para ello hay que hacerse ayudar de una teología, liturgia y espiritualidad apropiada a los pueblos donde se vive. Esta actitud general debe estar presente en todas las etapas de la formación.
Por lo que se refiere a la perspectiva interreligiosa, se reconoce la dificultad que esta lleva consigo, ya que las religiones indígenas y las grandes religiones del mundo, los nuevos movimientos religiosos y los grupos fundamentalistas, invitan a un diálogo apropiado con las perspectivas y desafíos de cada una de ellos. Esto exige una profundización de la propia fe, ahondando en la filosofía, la teología y en la persona y misterio de Cristo. Por eso, en la ‘formación inicial’, es preciso un conocimiento de los credos y prácticas de otras religiones y de las experiencias de otros jesuitas en este campo.
Después de lo expuesto por Alberdi, éste subraya algunas normas metodológicas que aparecen en los documentos usados y en los escritos de los jesuitas más expertos en el campo educativo. Son tres. El primero es que esto se debe hacer en compañía de los pobres y de los que viven y trabajan por la llegada del Reino, al lado de comunidades solidarias; de ahí que se invite a que los alumnos de sus colegios a que entren en contacto con el mundo de la pobreza. Lo segundo es que en todo esto proceso hay que trabajar con una gran dosis de ‘discernimiento’, interrelacionando experiencia, reflexión y acción, según la pedagogía ignaciana. Y tercero, es preciso trabajar con optimismo, es decir, con esperanza cristiana.
Hasta aquí por lo que respecta a la formación de los propios jesuitas. En cuanto a la formación que dan a otros, proyectan su propia metodología formativa, que se puede concentrar en tres puntos. El primero: educar en el conocimiento realista del mundo, tomando conciencia de que las personas y las estructuras pueden cambiar y de que hay que empeñarse en trabajar para conseguir los cambios necesarios. El segundo: considerar la fe como una diaconía; de ahí que en sus colegios acentúen una educación para la justicia y que en sus programas la fe aparezca como un elemento para promover la justicia. Y el tercero: enseñar que los talentos que Dios nos da, son, sobre todo para ponerlos al servicio de la comunidad humana, respondiendo a una directriz del P. Arrupe: “El objetivo primario de nuestra actividad educativa es hoy el de formar hombres para los demás”, para lo cual hay que potenciar los valores propios de “vivir en común”
3. Los jesuitas españoles. En esta última parte de su intervención, Alberdi presenta las iniciativas que, en este sentido, han tomado los jesuitas españoles. El más original es el de la Provincia Tarraconense: el Centro de Estudios Cristianismo y Justicia, creado en 1981 a impuso de la CG 332 (1974-75). Está situado en Barcelona y agrupa a 80 especialistas, entre jesuitas y laicos, formando un equipo interdisciplinar. Publica cada año unos tres o cuatro Cuadernos Cristianismo y Justicia. Dentro del marco de la Fundación Luis Espinal, Cristianismo y Justicia trabaja con dos instituciones jesuíticas: Escuela Ignaciana de Espiritualidad, el Instituto de Teología Fundamental; últimamente ha iniciado contactos con la Fundación Migra-Studium.
Otras iniciativas se relacionan con la formación de los propios jesuitas, como el programa de Moral Social y Política que se enseña en el noviciado, filosofía y teología. Durante el período formativo tienen experiencias en el mundo de la marginación, droga, inmigración y pluriculturalidad. También están en contacto con diversos lugares y situaciones especialmente sensibles a temas sociales.
Además hay otras iniciativas en cuanto a la formación que dan a otros, de acuerdo con los principios anteriormente citados. Entre estas está lo que se proponen hacer en el Colegio San Ignacio, uno de sus centros más emblemáticos de Barcelona. Otras: actualizar en la pedagogía ignaciana a los profesores laicos; impartir cursos de teología a los universitario y postgraduados, completados con iniciativas de tipo práctico y con momentos de oración.
La Conclusión a la que llega Alberdi es que el proyecto de Don Bosco, de formar ‘buenos cristianos y honrados ciudadanos’ puede encontrar algunos modelos que usan los jesuitas y, en especial, los españoles. Para ellos, la reflexión teológica y pastoral que han hecho, los instrumentos de acción educativa que han creado y el giro que han dado a sus vidas e instituciones en los últimos treinta años, son una garantía segura para el próximo futuro.



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