Cristo sigue llamando


“Maestro, ¿no te importa que perezcamos? (Mc 4, 38)



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Maestro, ¿no te importa que perezcamos? (Mc 4, 38)

A raíz del informe sobre fragilidad vocacional




Luis Onrubia
1. Inquietud ante los datos
Llevamos unas décadas1 en la vida religiosa con cierto desasosiego e inquietud. Son muchos los hermanos que dejan la Congregación, aumenta muy rápidamente la edad media en las comunidades menguando nuestra capacidad de gestión de las obras, la sequía de vocaciones nos impide emprender proyectos consistentes, la indiferencia de la sociedad y de los jóvenes hacia la vida religiosa nos invita a debilitar los rasgos decisivos de nuestro ser religiosos o a vivirlos sólo en el interior de nuestras comunidades,...
El Dicasterio de Formación pidió a todas las Inspectorías hacer un informe sobre la fragilidad vocacional en cada Inspectoría (desde 1990 a 2004), a la luz de las reflexiones que aparecieron en las ACG 385, 33-51. La Comisión de Formación lo ha elaborado y ya ha sido aprobado por el Consejo Inspectorial. Este retiro pretende ayudar a todos los hermanos y comunidades a leer los datos y a poner remedio a los aspectos de la fragilidad vocacional que pueden estar marcando de alguna manera la vivencia vocacional propia. En ese informe sobre la fragilidad vocacional cuentan, aunque relativamente, los datos numéricos sobre motivos de abandono de la Congregación; son importantes también los motivos para seguir entregados a la vocación salesiana, así como los factores que contribuyen a esta entrega. Y, sobre todo, se presentan algunas pistas de compromiso, en ámbito local e inspectorial, para lograr en los salesianos una vivencia más entusiasta de la vocación.

La presente reflexión no intenta hurgar en ninguna llaga ni acentuar la preocupación o el desasosiego. Creo que es necesario leer los datos con honradez y reaccionar confiados en la acción del Espíritu. El Espíritu Santo nos hizo surgir y va encaminando los pasos de la historia con su presencia fecunda, incluso por rutas que no podemos sospechar, como les sucedió a los discípulos. Por ello, incluiré unas pautas de ‘lectio divina’ sobre la situación de la iglesia naciente acosada por vientos y peligros, que la hacían tambalear y se reaniman al sentir la presencia del Señor con ellos.

Los datos fríos de nuestra inspectoría son: unos 70 abandonos en estos 15 años (39 perpetuos y 37 temporales), 50 clérigos (de ellos, 16 sacerdotes) y 26 coadjutores (de ellos, 15 perpetuos). No es posible un estudio exhaustivo, pues cada situación personal es distinta; sin embargo, se puede ver la tendencia a que los abandonos se relacionan con las dificultades en la organización consistente de la personalidad, con la perdida de aprecio hacia la misión o con el escaso sentido religioso de la vida y la escasa apertura al acompañamiento espiritual.

Los números y las estadísticas, ciertamente, son alarmantes en nuestro contexto español y europeo. Como es natural, se hacen estudios sobre las causas de esta situación y sobre la viabilidad de futuro. Incluso las instancias oficiales de la Iglesia y de las congregaciones religiosas2. Esta situación se interpreta de múltiples formas y las causas se atribuyen a factores diversos. “”Se ha hecho común la conciencia de que la vida religiosa en Europa ha entrado en una fase nueva. Frente a una etapa anterior de crecimiento y expansión, nos toca vivir ahora una etapa de disminución y reducción. Hay quien habla de situación de declive, decadencia o recesión. Hay quien opina que la vida religiosa está moribunda...¿está cediendo sus funciones a otros actores eclesiales?, ¿son los nuevos movimientos eclesiales los llamados a sustituir a la vida consagrada ya que señalan ‘una nueva primavera del Espíritu’?”3.


2. Imágenes para la esperanza

Es natural que tendamos a hacer una lectura de estos datos con las claves interpretativas de la cultura y de las instituciones de la sociedad en que vivimos. Incluso podemos intentar responder con sus mismas estrategias.

Una lectura creyente de los datos y una interpretación teológica de la situación pueden ayudarnos a vivir más esperanzados y a reaccionar con más determinación. No se trata de consolarnos o de estimularnos a conservar lo que creemos ser nuestras riquezas, sino de discernir bien el momento de la historia de la salvación en que el Señor nos ha colocado y de responder con autenticidad a los retos que tiene.

La Palabra de Dios, que diariamente va educando nuestra mente y configurando nuestro corazón, nos propone a lo largo del año litúrgico la meditación de situaciones similares en el pueblo de Dios. Un pueblo que se siente escogido y amado, un pueblo siempre en camino, en el exilio y en la diáspora4, un pueblo que experimenta su debilidad y su pecado, un pueblo que se convierte al Señor y goza del cariño de su Dios, un pueblo que como ‘resto de Yahvé’ y, a veces en la incertidumbre, sabe descubrir a su Mesías y Salvador.

La experiencia de los discípulos del Señor también nos ayuda a interpretar la situación por la que pasa la Iglesia y la vida consagrada hoy. No vivieron momentos fáciles ni de éxitos deslumbrantes; incluso cuando creyeron haber logrado algún éxito Jesús les invitó a que no estuvieran alegres por esos éxitos. Y bien que lo aprendieron. La experiencia de Emaús (Lc 24) es elocuente; al experimenta el desamparo y el desencanto recobran el ánimo, pues Jesús les calienta el corazón y regresan corriendo a la comunidad a compartir su encuentro con el Resucitado.

También la meditación del proceso seguido por la comunidad cristiana en los Hechos de los Apóstoles puede ofrecernos luz. Comienzan siendo una comunidad sin fuerzas, que no siente la presencia del Señor en medio de ella, cerrada por miedo a quienes les rodeaban,... experimentando la acción del Espíritu se lanzan hasta enfrentarse con los poderes de la sociedad, viviendo con radicalidad la propuesta de Jesús. No es de extrañar que el texto de Hechos de los Apóstoles vaya concluyendo cada testimonio de vida de la comunidad con la adhesión de nuevos seguidores del Señor; ni que se concluya el texto con el anuncio del Evangelio en Roma, en el centro de la civilización, y Pablo “podía anunciar el reino de Dios y enseñar cuanto se refiere a Jesucristo, el Señor, con toda libertad” (Hch 28, 31).

En la literatura espiritual y de vida consagrada hay dos títulos sugerentes que nos invitan a la meditación. La religiosa Chittister, con la metáfora El fuego en estas cenizas5, puede expresar bien la situación y la línea de salida. Las cenizas señalan lo que queda después de que el fuego ha ardido, donde ya no hay calor ni luz; el color gris y su inutilidad dan la impresión de tristeza, frialdad, esterilidad... de algo sin atractivo, sin fuerza, sin dinamismo, sin vida (debilidad del miércoles de ceniza y de finitud propia de todo cadáver). Como en el brasero, también el rescoldo está debajo de las cenizas que parecen ahogarlo; al soplar sobre las cenizas es posible reavivar el fuego, cuando el aire nuevo entra en contacto con las brasas. Es posible hacer brotar nuevamente el calor, la luz, la vida y el entusiasmo donde parecía imposible. Pero es necesario dejar que el aire nuevo del Espíritu entre las cenizas que parecen marcar nuestra situación y debilidad.

Otro texto muy difundido entre nosotros es El oso y la monja6. Timothy Radcliffe, siendo superior de los dominicos, observa un anuncio publicitario mientras espera el autobús. En él aparece un oso fuerte, fuerte, vencedor, símbolo del vencedor en el mundo empresarial y capitalista, dominador, que se afirma con fuerza ante quien le intente hacerle sombra, depredador, insensible ante las víctimas de su dominio implacable. También aparece una monja, que al autor le parece estar cantando con su guitarra en la celebración de la Vigilia Pascual de una pequeña iglesia olvidada de América Latina, junto con todos los olvidados de la historia triunfal del progreso económico. Comenta Gabino Uríbarri: “La escena evoca la fragilidad de la novicia, su belleza, su entusiasmo, su debilidad, su impotencia o, más bíblicamente, su pobreza virginal; frente a la impetuosidad, la fuerza, el poderío, la zafiedad y la brutalidad del oso. Así está la Vida Consagrada en el mundo contemporáneo: como una doncella virgen y pobre, revestida por un canto de amor que enciende su alma, ante un oso hambriento e iracundo, que arrasa con cuanto se le pone por delante”7.

Fuego, cenizas, oso, monja,...son sólo algunas imágenes. Como toda imagen, pueden prestarse a interpretaciones variadas; aquí se exponen con el fin de alentar nuestra reflexión y nuestra esperanza, nuestra confianza en el Señor y en las energías que su Espíritu suscita en todos los momentos y circunstancias de la historia, aunque no las palpemos en muchos momentos.
3. Raíces, expresiones y causas de la fragilidad vocacional
El documento citado de D. Cereda, Consejero General para la Formación, hace una amplia exposición de lo que se percibe en toda la Congregación e invita a reflexionar a cada Inspectoría. Hechos los análisis oportunos en nuestra Inspectoría, mostramos rasgos y tendencias semejantes a las que se expresan en la Congregación. Es posible que encontremos ciertos tono de pesimismo; las imágenes del apartado anterior nos ayudan a comprender estos datos de la real fragilidad vocacional.
A continuación exponemos un elenco de 10 elementos que, en el análisis hecho en la Inspectoría, son expresión o raíz o causa de la fragilidad vocacional. Naturalmente no se propone como análisis sociológico preciso; tampoco como una denuncia de vidas inauténticas que olvida lo bueno de los hermanos y de las comunidades.
Estos elementos se proponen en ambiente de retiro, con el fin de ayudarnos a reflexionar personalmente y detectar si estamos (y hasta qué punto) tocados por alguno de estos factores. También puede suscitar el diálogo entre hermanos para ver cómo marcan esos elementos a la Inspectoría y la propia comunidad. También se pueden pensar en otros factores o rasgos no incluidos en este resumen. He aquí los 10 elementos detectados como expresiones de la fragilidad vocacional

1º.- Débil sentido religioso de la vida en algunos salesianos, que limita la vida espiritual, el sentido pastoral, el sentido comunitario, la radicalidad de la consagración.


2º.-Secularismo e indiferencia religiosa en el ambiente social, que crea una sensación de insignificancia de nuestra vida salesiana.
3º.- Complejidad de las obras que nos obligan a dedicar lo mejor de nuestras energías a la gestión de las obras, focalizando nuestro interés en lo profesional de cuanto hacemos más que en lo carismático que motiva la acción.

4º.-Tendencia a la autonomía de las personas, con derivación a planteamientos de tipo individualista, de autosuficiencia, incapaces de contrastar serenamente y de remover tomas de postura.

5º.-Débil capacidad de diálogo, poco nivel de comunicación, escasa preparación para el discernimiento y el acompañamiento.

6º.- A veces no se logran suficientemente los objetivos propios de cada etapa formativa, o no se consolidan en etapas posteriores. Particularmente el aspecto motivacional y el afectivo requieren una atención más cuidada.

7º.- Situaciones de inestabilidad personal y de poca decisión para tomar opciones radicales en la vida, marchando adelante según las circunstancias o los resultados de cada experiencia.

8º.- La Formación Permanente (la propia de la vida ordinaria y las iniciativas extraordinarias) tiene escasa incidencia en la vida de los hermanos, sin provocar una auténtica renovación.

9º.- La vida de las comunidades está marcada por las exigencias de la obra y la autonomía de cada miembro. La rutina, las relaciones formales, las dificultades de relación... no facilitan un ambiente comunitario para avivar el entusiasmo vocacional.

10.- Con frecuencia ha faltado el acompañamiento personal y vocacional, particularmente en los primeros años de profesión perpetua u ordenación y en las situaciones de crisis e incertidumbre vocacional.


Si yo tuviera que resumir todos estos elementos que provocan la fragilidad vocacional recurriría a la expresión de el ‘modelo liberal’ o progresista de vida religiosa. Nos lo explicó el Rector Mayor8, en un texto que no agradó a algunos, e hizo ver que era una vía muerta sin futuro. Otros estudiosos de la vida consagrada coinciden en declarar la crisis irremediable de este modelo9, aunque se puedan aprovechar algunas inquietudes que tiene, como es la atención a la persona humana y la apertura a la cultura circundante.
Tanto el Rector Mayor como quienes estudian la teología de la vida consagrada coinciden en apuntar que algunas tendencias de este modelo hacen perder la identidad del religioso al disolverse en la cultura ambiental sin ejercer la misión de ser sal que da sabor.

Entre los rasgos de este estilo de vida religiosa se señalan:


a)tendencia de los religiosos a no identificarse como tales en el contexto en que viven y a ‘ser normales’ como si la profecía de la vida religiosa no aportaran nada por lo que merezca la pena entregarse con pasión;

b)dar la primacía al ‘hacer profesional’ (tan necesario en esta cultura actual) sobre el ‘ser’ signo de un estilo de vida evangélica;

c) actitudes de individualismo y promoción de la autorrealización que impiden un auténtico ejercicio del discernimiento y del compromiso ante los retos de la misión común;

d) mentalidad secularizada que arrincona la oración y, en consecuencia, impide el alimento de las motivaciones por la vida consagrada;

e) promoción de un tipo de comunidad que consiste en ‘un espacio de tranquilidad, de respeto mutuo, de bienestar personal, de estar bien sin sentirse incomodados, no yendo más allá de lo que todos están dispuestos a dar, ni pidiendo lo que pide el Evangelio’;

f)carencia de vocaciones, pues a los jóvenes no les merece la pena entregarse en la vida religiosa que no les aporta nada distinto de otro tipo de vida [los grupos eclesiales que tienen mayor gancho vocacional se caracterizan por tres rasgos: espiritualidad fuerte, visible y compartida; vida de comunidad intensa y gozosa; compromiso real a favor de los pobres que implica la vida del religioso].


4. Sugerencias para intervernir en la Inspectoría
Estos análisis de la fragilidad vocacional buscan reavivar la respuesta vocacional de los hermanos, superando la situación limitada en que podamos encontrarnos. Por ello D. Cereda pedía a cada Inspectoría que señalara algunas intervenciones específicas para atajar la situación de fragilidad vocacional.
Los estudiosos de vida religiosa en general también han apuntado algunas pistas de salida de esta situación; pero han visto también algunas pistas o reacciones estériles10. Entre estas, destacan: cerrar los ojos y no tomar medidas, añorar tiempos pasados que parecen más brillantes, quedarse paralizados sin capacidad de reacción, abandonarse infantilmente a la Providencia sin asumir responsabilidades, culpabilizarnos (personalmente o a los hermanos o a la institución) con la consiguiente sensación de desilusión o amargura, dedicarse a ejercicios de supervivencia (fortalecer estructuras materiales, elaborar documentos consistentes, diseñar campañas vocacionales para asegurar las estructuras, reorganizarse estructuralmente, activismo desenfrenado, fuga mística...).
De cara al próximo futuro, las diversas instancias que han participado en la elaboración de este informe sobre la fragilidad vocacional en la Inspectoría sugieren algunas líneas de intervención. Son sólo 10 sugerencias, no líneas programáticas de gobierno; pero sugerencias que pueden inspirar en cada uno y en la comunidad algunos elementos por fortalecer en nuestro camino vocacional:

  1. -Potenciar el sentido religioso de la vida en los hermanos y en las comunidades.

  2. -Cuidar la espiritualidad de comunión en las comunidades, con todas las connotaciones que tiene: comunicar, compartir, discernimiento, acompañar, corrección fraterna, sentido de pertenencia...

  3. -Recuperar los rasgos carismáticos de nuestra acción educativo-pastoral y de nuestras obras, actualmente muy condicionadas por las exigencias organizativas y de funcionamiento. Entre esos rasgos destaca: presencia entre jóvenes y educadores, y calidad de la acción pastoral propuesta.

  4. -Preparar a los directores para el acompañamiento personal en la animación de las comunidades.

  5. –Dar calidad y asumir con responsabilidad las iniciativas de Formación Permanente, tanto los extraordinarios como los que proporciona la vida ordinaria.

  6. -Promover nuevas iniciativas de fuerte carga espiritual que ayuden a superar el desgaste de la vida.

  7. -Lograr formadores y equipos formativos con capacidad para el acompañamiento personal y vocacional.

  8. -Asegurar en cada etapa formativa el logro de los objetivos asignados en todas las dimensiones de la formación, con la debida personalización de los procesos.

  9. -Lograr un buen autoconocimiento por parte de los hermanos, así como una actitud formativa abierta al acompañamiento espiritual y al discernimiento vocacional. Favorecer iniciativas que ayuden a los hermanos a gestionar su mundo interior y a ir configurando su vida con las exigencias actuales de la vida y de la misión salesiana.

  10. -Cuidar las condiciones para la vivencia del Prenoviciado.

Estas sugerencias se corresponden con lo que 60 hermanos de la Inspectoría respondieron a la encuesta sobre los factores que han favorecido su fidelidad vocacional. Entre los factores que más les han ayudados destacan: vida de oración bien cuidada (en la vida ordinaria y en los momentos extraordinarios), el considerar su vida como respuesta al don de la vocación, el haber sido claros en circunstancias de dificultad. Otros elementos se han aprovechado poco, aunque hayan ayudado: ambiente comunitario de fraternidad y de implicación pastoral, así como el trabajo en equipo con educadores y el compartir experiencia de vida con los jóvenes. Llama la atención que la formación permanente responsable y el acompañamiento personal por parte del director de la comunidad apenas han contribuido a ayudar a los hermanos en la vivencia entusiasta de la vocación salesiana.


5. Conclusión

Una de las funciones de los retiros en la vida salesiana consiste en fortalecer la vivencia de la vocación salesiana, renovando, purificando, recuperándonos, dando unidad a nuestro vivir, manteniendo viva nuestra espera (cfr C 91). Estos datos ofrecidos nos ayudan a reflexionar sobre la calidad de vida salesiana que realmente estamos llevando.

La inquietud de fondo está en levantar el ánimo si estuviera menos alto, pues las circunstancias nos pueden desorientar; también la de estimularnos a refrescar el sentido genuino de todos nuestros avatares y desvelos. Esto es especialmente necesario cuando las estadísticas son adversas, cuando se escuchan mensajes discordantes (Iglesia joven-viva-en proceso de rejuvenecimiento e Iglesia socialmente insignificante y acosada), cuando los profetas de desventuras anuncian catástrofes y descalabros, cuando la fragilidad vocacional parece dominar el ambiente.

Lo importante es el examen que personalmente hagamos de nuestra situación y las estrategias de acción que introduzcamos en el propio proyecto de vida. Aprovechar estos momentos de gracia del Retiro es cauce de animación vocacional, al tiempo que testimonio de lo que es central en nuestra vida religiosa.

Las indicaciones de los Capítulos y demás documentación salesiana también exponen estas ideas con amplitud y organizadas según las exigencias de su género literario; bastaría repasarlos como algo que nos implica personal y comunitariamente, como algo que orienta los caminos de nuestra felicidad en la vida salesiana.

Ante esta situación de fragilidad vocacional o de crisis de la vida religiosa, la reacción espontánea puede ser de reorganización, de fusión, de... como hacen las empresas en la gestión de su personal y de sus bienes. Cuando se tiene conciencia clara de lo que es la vida consagrada, no es posible quedar angustiados o preocupados por lo incierto del futuro de la Congregación, como le sucede a cualquier empresa que ha de responder a la dinámica del mercado. En la vida religiosa, leída con ‘entendederas evangélicas’11, con claves evangélicas y de fe, la reacción natural tendría que ser la de situarse con claridad en el mundo como signo y profecía de un estilo de vida, acentuando los rasgos que la fundamentan: vivencia espiritual, gratuidad en la entrega a la misión, radicalidad en la vivencia de los elementos de la vida consagrada.

“Si los religiosos viviéramos con alegría y fidelidad creativa nuestra vocación, no veo razón para envidiar a otros (movimientos eclesiales más florecientes en personas y obras) ni para atormentarnos por nuestro futuro”12. No es momentos de vivir angustiados por lo que será el futuro de la institución religiosa ante situación delicada en número y edad de personas que formamos la comunidad o la Inspectoría; preocupémonos por vivir con integridad y alegría lo que pide el carisma salesiano en nuestro contexto.

Que vivamos todas estas circunstancias con buen ánimo, esperanzados, sabiendo descubrir la vida que hay en todo aquello que el Señor va poniendo a nuestro paso, que sepamos saborearlo convencidos de que Él está con nosotros.


D. Bosco también tuvo que caminar en la incertidumbre, luchando contra infinidad de dificultades y adversidades, con medios pobres para los inmensos campos de acción. Escogió la advocación de “Auxiliadora” precisamente porque se dio cuenta de los retos a los que tenía que enfrentarse –muy superiores a sus fuerzas y capacidades-. Acabaremos nuestra vida sin haber culminado la obra de la salvación de la juventud, pero que no quede sin hacer lo que está en nuestras manos y que, por nuestra desidia-desánimo-falta de comunidad-fragilidad vocacional puede realizarse sólo a medias.





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