Círculo de investigación de la antropología gnóstica c



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CÍRCULO DE INVESTIGACIÓN DE LA ANTROPOLOGÍA GNÓSTICA (C.I.A.G.)
CURSO POR CORRESPONDENCIA

LECCIÓN 6



LOS MISTERIOS DE LA MUERTE

Introducción
La muerte es el regreso al punto de partida original. Un hombre es lo que es su vida, si no trata de modificarla, obviamente está perdiendo el tiempo miserablemente, porque un hombre no es más que eso, lo que es su vida... Nosotros debemos trabajar nuestra propia vida para hacer de ella una Obra Maestra. La vida es como una película, nos la llevamos para la Eternidad, en ella revivimos nuestra propia vida que acaba de pasar.

En el mundo existen muchas teorías ya de tipo espiritualista, o de tipo materialista. Los homúnculos racionales pueden elaborar dentro del encéfalo cerebral, mediante los procesos lógicos más severos, una teoría materialista o espiritualista y tanto en la una como en la otra, tanto en la tesis como en la antítesis, la lógica de fondo es realmente admirable. Incuestionablemente, la razón con todos sus procesos lógicos, como facultad de investigación, tiene un principio y un fin, es demasiado estrecha y limitada, pues como ya dijimos se presta para todo, sirve para todo, lo mismo para la tesis como para la antítesis. Ostensiblemente los procesos de cerebrización lógica no son por si mismos convincentes, por el hecho concreto de que con ellos puede elaborar cualquier tesis espiritualizada o materializada demostrando ambas el mismo vigor lógico. No es posible, pues, que la razón conozca verdaderamente nada de lo que está más allá, de eso que continúa después de la muerte.




Los Misterios de la Muerte


La Muerte

Es urgente comprender a fondo y en todos los terrenos de la mente lo que realmente es la muerte en sí misma. Solo así es posible de verdad entender en forma íntegra lo que es la inmortalidad. Ver el cuerpo humano de un ser querido, metido entre el ataúd no significa haber comprendido el misterio de la muerte. El “Yo” quiere siempre, como es natural, un seguro de muerte, una garantía suplementaria, alguna autoridad que se encargue de asegurarnos un nueva posición y cualquier tipo de inmortalidad más allá del sepulcro aterrador. El mí mismo no tiene ganas de morir, el “Yo” quiere continuar, el “Yo” le tiene mucho miedo a la muerte.

La verdad sobre el misterio de la muerte sólo puede ser conocida a través de la experiencia directa. Resulta imposible comunicar la experiencia real de la muerte a quien no la conoce. Cualquier poeta puede escribir bellos libros de amor, mas resulta imposible comunicar la verdad sobre el amor a personas que jamás lo han experimentado. En forma semejante decimos que es imposible comunicar la verdad sobre la muerte a personas que no lo han vivenciado.

Quien quiera saber la verdad sobre la muerte debe indagar, experimentar por si mismo, buscar como es debido. La observación y experiencia de muchos años nos han permitido comprender que a las gentes no les interesa comprender realmente el hondo significado de la muerte... A las gentes lo único que realmente les interesa es continuar en el mas allá y eso es todo.

Muchas personas desean continuar mediante los bienes materiales, el prestigio, la familia, las creencias, las ideas, los hijos, etc., y cuando comprenden que cualquier tipo de continuidad psicológica es vano, pasajero, efímero, inestable, entonces sintiéndose sin garantías, inseguros, se espantan, se horrorizan, se llenan de infinito terror. No quieren comprender las pobres gentes que todo lo que continua, se desenvuelve en el tiempo, decae con el tiempo, se vuelve mecanicista, rutinario y aburridor. Es urgente, es necesario, es indispensable, hacernos plenamente conscientes del hondo significado de la muerte. Sólo así desaparece el temor a dejar de existir.
Observando cuidadosamente a la humanidad, podemos verificar que la mente se halla siempre embotellada en lo conocido y quiere que eso que es conocido continúe más allá del sepulcro. La mente embotellada en lo conocido jamás podrá experimentar lo desconocido, lo real, lo verdadero. Sólo rompiendo la botella del tiempo mediante la correcta meditación podemos experimentar lo Eterno, lo Atemporal, lo Real.

La muerte en sí misma nada tiene de aterrador, es algo muy hermoso, sublime, inefable; más la mente embotellada en lo conocido sólo se mueve dentro del circulo vicioso que va de la credulidad al escepticismo. Cuando realmente nos hacemos plenamente conscientes el hondo y profundo significado de la muerte, descubrimos entonces por si mismos, mediante la experiencia directa, que la vida y la muerte constituyen un todo integro, unitotal. La muerte es el depósito de la vida. El sendero de la vida está formado con las huellas de los cascos de la muerte.

Es obvio que lo primero que uno necesita saber en la vida es de donde viene, para donde va, cual es el objeto de la existencia; para qué existimos, por qué existimos, etc. Incuestionablemente, si queremos nosotros saber algo sobre el destino que nos aguarda, sobre lo que es la vida en si, se hace indispensable, en primer lugar, saber qué es lo que somos: eso es urgente, inaplazable, impostergable.

El cuerpo físico en sí mismo no es todo. Un cuerpo está formado por órganos y cada órgano está compuesto por células; a su vez, cada célula está compuesta por moléculas y cada molécula por átomos, si fraccionamos cualquier átomo, liberamos energía. Los átomos, en si mismos, se componen de iones que giran alrededor de los electrones, de protones, de neutrones, etc., etc., etc., todo eso lo sabe la física nuclear. En última instancia, el cuerpo físico se resume en distintos tipos y subtipos de energía. El mismo pensamiento humano es energía, del cerebro salen determinadas ondas que pueden ser registradas sabiamente.

Ya sabemos que los científicos miden las ondas mentales con aparatos muy sensibles y se les cataloga en forma de micro voltios. Así pues, en última instancia nuestro organismo se resume en distintos tipos y subtipos de energía.

Durante el curso de la existencia, diferentes tipos de energía fluyen por el organismo humano, cada tipo de energía tiene su propio sistema de acción, cada tipo de energía se manifiesta a su tiempo y a su hora. A los dos meses de concepción tenemos la función digestiva y a los cuatro meses de concepción entra en acción la fuerza motriz tan íntima-mente relacionada con los sistemas respiratorio y muscular. Es maravilloso el espectáculo científico del nacer y morir de todas las cosas. Muchos sabios afirman que existe íntima analogía entre el nacimiento de la criatura humana y el nacimiento de los mundos en el espacio sideral.



El Rayo de la Muerte y los Ángeles de la Muerte

El único tipo de energía que el organismo humano no puede resistir es el rayo de la muerte. Así como un rayo puede despedazar un árbol, así también el rayo de la muerte al fluir por el organismo humano lo destruye inevitablemente. El rayo de la muerte conecta al fenómeno muerte, con el fenómeno del nacimiento. Origina tensiones eléctricas muy íntimas y cierta nota clave que tiene el poder determinante de combinar los genes dentro del huevo fecundo. El rayo de la muerte reduce al organismo humano a sus elementos fundamentales. La muerte es una resta de quebrados, terminada la operación matemática, sólo quedan los valores de la conciencia, restándose los valores de la personalidad. No hay ningún mañana para la personalidad del muerto, ésta tiene un principio y un fin. Los valores de la conciencia se encuentran embotellados en el Ego. Estos, vistos clarividentemente, parecen una legión de fantasmas.

Cuando llega la hora de la muerte, concurre al lecho del agonizante, un Ángel de la Muerte encargado de cortar el hilo de la existencia. En el instante preciso en que exhalamos el último aliento, el Ángel de la Muerte saca al individuo de su cuerpo físico y corta con su guadaña el Cordón de Plata (cierto hilo misterioso, de color plateado, que conecta los cuerpos internos con el cuerpo físico). Tal cordón magnético puede alargarse o cortarse hasta el infinito. Gracias a dicho hilo es como podemos incorporarnos de nuevo al cuerpo físico, en el momento de despertar del sueño.

Los moribundos suelen ver al Ángel de la Muerte, ellos cuando están trabajando se revisten con sus trajes funerales y asumen una figura espectral, esquelética y empuñan la guadaña con la que cortan el Cordón de Plata. Esa tétrica figura sólo la asumen en su trabajo, fuera de él adoptan figuras muy hermosas, ya de niños, ya de damas, ya de venerables ancianos. Los Ángeles de la Muerte nunca son perversos, ellos siempre trabajan de acuerdo con la Gran Ley. Cada cual, nace en su hora y muere exactamente en su tiempo. Los Ángeles de la Muerte, son muy sabios y se desenvuelven bajo el rayo de Saturno. No solamente conocen lo relacionado con la muerte, sino que, además, son profundamente sabios en todo lo relacionado con la muerte del yo pluralizado. Estos Seres viven normalmente en la quinta dimensión, en el Mundo Astral, del cual nos habla el esoterismo y el ocultismo.



Proserpina, la Reina de los Infiernos, es también Hékate, la bendita Diosa Madre Muerte. La Madre Espacio, convertida en Madre Muerte, ama entrañablemente a sus hijos y por eso se los lleva. La bendita Diosa Madre Muerte, tiene poder para castigarnos cuando violamos la Ley, y potestad para quitarnos la vida. Es indudable que ella es tan sólo una faceta magnífica de nuestra duada mística, una forma espléndida de nuestro propio SER. Sin su consentimiento ningún Ángel de la Muerte se atrevería a romper el hilo de la vida, el cordón de plata, el Antakarana.

Los Procesos de la Muerte

Tres formas humanas van al sepulcro:


a)El cuerpo físico.

b)El cuerpo vital o lingam Sarira

c)La personalidad.
El cuerpo físico, en un proceso graduativo, se desintegra dentro la fosa sepulcral.

El cuerpo vital flotando ante el sepulcro cual fantasma fosforescente, a veces visible para las gentes muy psíquicas, se desintegra lenta-mente conforme el cuerpo físico se va desintegrando.

La personalidad es energética, se forma durante los primeros siete años de la infancia y se robustece con el tiempo y las experiencias. La personalidad es hija del tiempo, nace y muere en su tiempo, no existe ningún mañana para la personalidad del muerto.

Después de la muerte del cuerpo físico, la personalidad está dentro del sepulcro, pero sale cuando alguien lleva flores, cuando algún doliente la visita, ambula por el panteón y vuelve a su sepulcro. Lentamente se va desintegrando en el cementerio. Aquello que continúa, aquello que no va al sepulcro, es el Ego, el sí mismo, el mí mismo, el “Yo”; cierta suma de yoes diablos que personifican nuestros defectos psicológicos. Eso que continúa después de la muerte no es algo muy hermoso. Aquello que no es destruido con el cuerpo físico, no es más que un montón de diablos, de agregados psíquicos, de defectos. Lo único decente que existe en el fondo de todas esas entidades cavernarias que constituyen el Ego, es la Psiquis, la Esencia, el Buddhata.




Desmayo de tres días y medio y el Juicio

Después de la muerte del cuerpo el desencarnado cae en un desmayo que dura tres días y medio.

El libro Tibetano de los Muertos dice:

"Has estado en un desmayo durante los últimos tres días y medio. Tan pronto como te recobres de este desmayo tendrás el pensamiento. ¿Qué ha pasado?; en ese momento todo el Samsara (Universo fenoménico) estará en revolución”.

En el momento de la muerte y durante los tres días y medio siguientes a la muerte, nuestra Conciencia y nuestro Juicio Interno son liberados por la descarga electrónica. Entonces vemos pasar toda nuestra vida en forma retrospectiva, la descarga es tan fuerte que el hombre cae después en un estado de coma y de sueños incoherente.

La visión retrospectiva de la vida que acaba de pasar, tiene como único objetivo hacer un inventario de la existencia que terminó para saber que tenemos y que nos falta.

El concepto tiempo es algo muy importante en este trabajo de visión retrospectiva de la vida que acaba de pasar. En los Mundos Infiernos (Infradimensiones), todas las escalas del tiempo son minerales, espantosamente lentas y oscilan entre 80.000, 8.000, 800 y 80 años. En esta región celular en que vivimos (3ª dimensión), la gestación dura nueve meses lunares; la vida, poco más o menos, novecientos meses lunares. En el Mundo Molecular (5ª dimensión), se pueden medir los acontecimientos con escala del tiempo que va, del mes a los cuarenta minutos. En el Mundo Electrónico (6ª dimensión), la escala del tiempo oscila entre cuarenta minutos y dos segundos y medio.

La visión retrospectiva de Samsara (vida que acaba de pasar) en el instante de la muerte y durante los tres días y medio subsiguientes, es de tipo electrónico y por ello, cada suceso se puede medir con el patrón de tiempo electrónico.

La visión retrospectiva del Samsara, en el Mundo Molecular es menos rápida y por ello cada suceso se mide con el patrón de tiempo molecular.

Cuando el difunto ha revivido en forma retrospectiva toda la vida que acaba de pasar, entonces tiene que presentarse ante los Tribunales del Karma para ser juzgado, en dichos tribunales tenemos que responder de cargos, la sentencia de los jueces es definitiva. Realmente no es exacto afirmar que todos los seres pasen a las regiones del paraíso o a los estados de felicidad de tipo Celestial, después del Juicio. Realmente sólo pasan a las Regiones Inefables, una muy pequeña minoría de seres.

La leyenda de Zoroastro dice: "Todo aquel cuyas buenas obras excedan en tres gramos a su pecado, va al cielo, todo aquel cuyo pecado es mayor, al infierno, en tanto que aquel en el que sean iguales, permanece en el Hamistikan hasta el cuerpo futuro o Resurrección".
El juicio final divide a los desencarnados en tres grupos:
A.- Los que retornan inmediatamente si no han cumplido su ciclo de 108 existencias.

B.- Los que suben a los estados paradisíacos y Celestes.

C.- Los que entran al Mundo Mineral Sumergido (Infiernos).
Qué felices seriamos todos, si no tuviéramos Ego, si solo se expresara en nosotros la esencia, indiscutiblemente, entonces no habría dolor, la Tierra sería un Paraíso, un Edén, algo inefable y sublime. El retorno del Ego a este mundo es verdaderamente asqueante, horripilante y abominable. El Ego en sí mismo irradia ondas vibratorias siniestras, tenebrosas, nada agradables.

Toda persona, en tanto no haya disuelto el ego, es más o menos negra, aunque presuma de santidad o de virtud. Normalmente los agregados psíquicos se procesan en los mundos Astral y Mental. Raras Esencias son las que logran emanciparse por algún tiempo de entre tales elementos subjetivos para gozar de unas vacaciones en el Mundo Causal, antes del retorno a este valle de lágrimas. Cuando el Ego no es demasiado fuerte, cuando los agregados psíquicos son muy débiles, logra la Esencia pura, el Alma, liberarse por algún tiempo para entrar en las regiones celestes y gozar de algunas vacaciones. Desgraciadamente, hoy por hoy, el Ego animal se ha hecho muy fuerte en muchas personas y por tal motivo las Almas humanas no tienen la dicha de tales vacaciones.

Hay que comprender el hecho concreto de aquellas Almas, hoy por cierto muy raras, que pueden gozar por un tiempo de tan felices vacaciones, entre la muerte y el nuevo nacimiento, son los que se podrían llamar en el mundo gentes muy buenas. Debido a esto la Gran Ley los recompensa después de la muerte. Las vacaciones celestes no disuelven el Ego, una vez que la Esencia, el Alma agota los frutos de su recompensa al retornar a este valle de lágrimas, ha de quedar previamente embotellada entre su Ego, el Yo, el mí mismo.

El ascenso a los mundos superiores nos reconforta y ayuda. Cuando la Esencia regresa de unas vacaciones en los mundos superiores de Conciencia Cósmica, viene fortalecida y con mayor entusiasmo. Entonces lucha incansablemente por conseguir su liberación total.

Los Egos, normalmente se sumergen dentro del reino mineral, en los mundos infiernos o retornan en forma inmediata en un nuevo organismo. El Ego continúa en la semilla de nuestros descendientes, retornamos incesantemente para repetir siempre los mismos dramas, las mismas tragedias.

Debemos hacer hincapié en que no todos los agregados psíquicos logran tal humano retorno, realmente muchos Yoes-Diablos se pierden debido a que, o bien se sumergen dentro del Reino Mineral, o continúan reincorporándose en organismos animales o resueltamente se aferran, se adhieren a determinados lugares.



Los Ángeles de la Vida

Los Ángeles de la Vida tienen figuras de niños; saben mucho de medicina oculta, tienen poder sobre las aguas de la existencia, sobre la matriz, sobre el líquido amniótico, sobre los órganos creadores y viven normalmente en la cuarta dimensión, en el Mundo Etérico. No hay duda de que los Ángeles de la Vida trabajan con las mujeres durante el parto. Ellos suelen ser médicos asombrosos, realmente ellos son los encargados de conectar el hilo de la vida al zoospermo fecundante, ellos son los agentes secretos que ayudan a toda mujer parturienta.

Los Ángeles de la vida se encargan de conectar el Cordón de Plata con el zoospermo fecundante. Incuestionablemente, muchos millones de zoospermos se escapan en el instante de la cópula, mas sólo uno de ellos goza del poder suficiente como para penetrar en el óvulo, a fin de realizar la concepción. Esta fuerza de tipo muy especial no es producto del azar; lo que sucede es que está impulsado desde adentro, en su energetismo íntimo por el Ángel de la Vida que en tales instantes realiza la conexión de la Esencia que retorna.

Los biólogos saben muy bien que los gametos masculino y femenino, llevan cada uno 24 cromosomas. Sumados éstos entre sí, dan la suma total de 48 (conviene explicar que dos de los cromosomas son de tipo eléctrico, por lo tanto no detectables), que vienen a componer la célula germinal. Esto de los 48 cromosomas, viene a recordarnos las 48 leyes que gobiernan el cuerpo físico.

La Esencia viene a quedar, pues, conectada con la célula germinal por medio del Cordón de Plata y como quiera que tal célula se divide en dos y las dos en cuatro y las cuatro en ocho, y así sucesivamente para el proceso de gestación fetal.

El desencarnado aquel que se prepara para tomar un nuevo cuerpo físico, no penetra en el feto; sólo viene a reincorporarse en el instante en que la criatura nace, en el momento preciso en que realiza su primera inhalación. Resulta muy interesante saber que con la postrer exhalación del moribundo, viene la desencarnación y que con la primera inhalación, reingresamos a un nuevo organismo.


Diseño Electro-Psíquico
En el instante preciso de la muerte, en el momento en que el difunto exhala su postrer aliento, proyecta un diseño electro-psíquico de su personalidad, tal diseño continúa en las regiones suprasensibles de la naturaleza y más tarde viene a saturar el huevo fecundado; así es como al retornar al regresar, al reincorporarse en un nuevo cuerpo físico venimos a poseer características personales muy similares a la de la vida anterior, la vida y la muerte constituyen un todo íntegro unitotal.

En el Tibet milenario el Bardo Thodol guía a los difuntos que desean liberarse para no regresar a las amarguras de este mundo.

En la tierra sagrada de los faraones, muchas Almas lograron escaparse de esta cloaca del Samsara, después de haber trabajado en la disolución del Ego. Terribles pruebas aguardan a los difuntos que no desean retornar a este mundo; cuando salen victoriosos ingresan a los Reinos Suprasensibles; en esas regiones son instruidos y auxiliados antes de sumergirse dichosos como niños inocentes en el Gran Océano. Muchas de esas Almas volverán en la Edad de Oro, después del Gran Cataclismo, para trabajar en su auto-realización.
Incuestionablemente resulta inteligente saberse retirar a tiempo, antes de que concluya el ciclo de existencias. Es preferible retirarse de la "Escuela de la Vida” que ser expulsado; la involución sumergida dentro de las entrañas de la Tierra, en el tenebroso Tártarus, ciertamente es muy dolorosa.

El Maestro Samael Aun Weor, relata al respecto lo siguiente:

En el país asoleado del Kem, en la época del faraón Kefrén, conocí personalmente cierto caso ejemplar... Se trataba de un ciudadano muy religioso que jamás fabricó los Cuerpos Existenciales Superiores del Ser". Aquel místico muy serio en sí mismo, creyéndose incapaz para las ordalías de la Iniciación, y sabiendo el destino que le aguarda a las Almas después de cada ciclo o período de existencias, prefirió retirarse del escenario cósmico.

Aquel devoto jamás conoció el Misterio indecible del "Gran Arcano" pero tenía el “Yo” y sabía que lo tenía y deseaba desintegrarlo para no retornar después de la muerte a este “Valle de Lágrimas”. Es ostensible que su Divina Madre Kundalini, Tonantzin, Isis, siempre le asistió en el trabajo de la disolución de esos elementos que constituyen el mí mismo. Jamás afirmaría que aquel religioso lograra entonces la eliminación total de los elementos inhumanos, empero avanzó mucho en su trabajo y después de la muerte del cuerpo físico, continuó en el más allá con el propósito inquebrantable de no volver a este mundo.

Posteriormente después del consabido desmayo de los tres días y medio, esa Alma hubo de revivir en forma retrospectiva la existencia finalizada. Concluido el trabajo retrospectivo, informado el difunto sobre el resultado de todas sus acciones tanto buenas como malas, éste continuó firme en su propósito de no retornar más.

El aullido terrorífico del "León de la Ley" que tanto espanta a los difuntos; "El Huracán espantoso de la Justicia Objetiva", "las siniestras tempestades del País de los Muertos", "las innumerables parejas que copulan incesantemente", "las atracciones y repulsiones", "simpatías y antipatías", los terrores cavernarios, etc, nunca lograron hacer desistir a aquella alma de su firme propósito...

La voz solemne de los Sacerdotes Egipcios que en vida le habían prometido ayuda, llegaba hasta el difunto recordándole su propósito.

"KEH" su Padre que está en secreto, y "NUT" su Divina Madre ISIS, sometieron al Hijo (el difunto) a la prueba final, empero, el desencarnado salió victorioso. Como consecuencia de todos estos triunfos íntimos, aquel difunto ingresó dichoso en un Paraíso Molecular.

En tal región de indiscutibles delicias naturales, aquella criatura continuó con pleno éxito el trabajo sobre sí misma. Devi Kundalini, Tonantzin, Isis-Maria, su Divina Madre Particular, le auxilió en forma directa, eliminando de su psiquis los residuos inhumanos que aún quedaban.
Conforme el difunto iba reconquistando la inocencia a medida que moría más y más en si mismo, pasaba también por distintas meta-morfosis; en principio asumió la figura inefable de una tierna doncella y por último la de una niña de tres años. Entonces como un simple "Budha Elemental" se sumergió entre el Océano del Espíritu Universal de Vida, más allá del Bien y del Mal. Obviamente aquella criatura fue sincera consigo misma, no sintiéndose capaz de alcanzar el Adeptado, prefirió separarse del mundo, retornar al punto de partida original, continuar como simple elemental. Estas Almas pueden reencarnarse si así lo quieren en la futura "Edad de Oro" después del "Gran Cataclismo" que se avecina, para ingresar a los Misterios, empero, la mayoría de esas inocentes criaturas, prefieren quedarse para siempre en el estado elemental.

Cuando los Iniciados del Viejo Egipto dábamos estas enseñanzas al pueblo, nos sentábamos en grupos de a cuatro ante pequeñas mesas cuadradas; con esto alegorizábamos los cuatro fundamentales por los cuales debe pasar toda Alma que desee retirarse de la rueda del Samsara.



El Desencarnado

Es indispensable comprender que las gentes jamás en la vida se preocupan por despertar conciencia; realmente todas las personas del conglomerado social tienen la conciencia profundamente dormida. Es obvio que después de la muerte el animal intelectual, equivocadamente llamado "hombre", continúa con su vida ensoñativa; si a cualquier desencarnado se le dijese que está muerto obviamente no lo creería. Es ostensible que los desencarnados piensan siempre que están vivos, pues nada extraño encuentran al morir. Ellos ven siempre el mismo sol, las mismas nubes, las mismas aves ensayando el vuelo desde los tupidos sauces del jardín. Los llamados muertos, después del gran paso deambulan por las calles de la ciudad o por los distintos sectores del suburbio donde fallecieron.

Normalmente continúan con su trabajo cotidiano, y se sientan a la mesa en su casa y hasta se dan el lujo de acostarse en su lecho, jamás pensarían que han pasado "al más allá" ellos se sienten viviendo aquí y ahora. En estas condiciones al ver su cuerpo en el ataúd suponen que se trata de otra persona, ni remotamente sospechan de su mismo vehículo fallecido. Después de la desencarnación, los tenderos continúan en sus tiendas, los borrachos en las cantinas, las prostitutas en los prostíbulo.

Durante los primeros días continúan viviendo en la misma casa donde fallecieron y de eso hay muchos testimonios. Al morir se encuentran a esos difuntos queridos que se les han adelantado, es decir, parientes y amigos.

El deseo de vivir es muy grande, todos los seres humanos quieren vivir, están apegados a la vida sensual. Es obvio que la adhesión, el apego, el deseo de existencia material, nos tiene fascinados.

En estas condiciones de ninguna manera queremos morir, tenemos miedo a la muerte, no queremos dejar de existir. Si las gentes a base de comprensión, perdieran el deseo de vida material, entonces el temor a la muerte desaparecería.

Uno llega a perder tal temor cuando comprende lo ilusorio de la existencia, cuando ve que nada en este mundo es permanente. Pasan las ideas, las cosas y las personas. Hay que hablar claro y comprender, las gentes tienen la mente demasiado dogmatizada, existe deterioro intelectual y las personas no son capaces de abrirse a lo nuevo, de ver lo natural; siempre piensan en lo artificial y lo consideran como patrón de todas las medidas. En otros tiempos, los sentidos humanos no se habían degenerado tanto.

Es incuestionable que el sueño es una "Muerte chiquita" como se dice vulgarmente. Durante las horas en que nuestro cuerpo yace dormido en el lecho, el Alma ambula fuera de él, va a distintos lugares, se pone en contacto con los que han fallecido y hasta se dan el lujo de platicar con ellos.



Es claro que los muertos jamás creen que están muertos porque en su vida jamás se preocuparon de despertar conciencia; ellos siempre piensan de si mismos que están vivos.







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