Cosmides y Tooby—dos psicólogos evolucionistas de los cuales ya hemos tenido ocasión de hablar—sostienen que



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DISOCIACIONES COGNOSCITIVAS Y LA EVOLUCIONABILIDAD DE LA MENTE*

En el ámbito de las ciencias cognoscitivas, existen diferentes teorías con respecto a la arquitectura computacional de la mente. Una de estas teorías se conoce como el modularismo masivo. Esta teoría sostiene que la mente está en su mayoría (si no es que completamente) constituida por mecanismos que son cognoscitivamente modulares. Los defensores de esta teoría han propuesto varios argumentos (p.ej., Sperber 2002, Carruthers 2006), entre los cuales recientemente se ha propuesto el siguiente:



  1. aquellos caracteres (o complejos de caracteres) que son biológicamente modulares son más evolucionables (evolvable) que aquellos que no son biológicamente modulares o que son biológicamente modulares en un grado menor; y

  2. es muy probable que un mecanismo cognoscitivo que es cognoscitivamente modular sea también biológicamente modular.

La conclusión del argumento es que es muy probable que mecanismos que son cognoscitivamente muy modulares sean más evolucionables que aquellos mecanismos que no son cognoscitivamente modulares (o que son cognoscitivamente modulares en un grado menor)1—lo cual, de ser cierto, constituye una consideración adicional a favor de la idea que es probable que la mente esté mayoritariamente constituida por módulos cognoscitivos. Daniel Sperber (2002) y Peter Carruthers (2006), por ejemplo, han propuesto un argumento como éste, haciendo uso de algunas ideas y conceptos de la biología evolucionista y la del desarrollo. En estas disciplinas, la evolucionabilidad (evolvability) de un carácter de un organismo se entiende como “la capacidad del organismo de facilitar la generación de variación fenotípica no letal y seleccionable a partir de mutaciones azarosas” con respecto a ese carácter (Gerhart y Kirschner 2003).

En este ensayo mostraré que, para poder defender con un mínimo de plausibilidad la idea que los módulos cognoscitivos son más evolucionables que sistemas cognoscitivos que nos son c-modulares, es necesario añadir a la noción de modularidad cognoscitiva la siguiente característica:

Un sistema cognoscitivo S de organismos de una población P es cognoscitivamente modular sólo si ninguna o pocas variaciones ontogenéticas en otros órganos o sistemas (cognoscitivos o no) de los organismos de P están significativamente correlacionadas con variaciones ontogenéticas de S que surgen en esos organismos.2

La noción de variación que aquí tengo en mente—y que es a la cual refiero cuando hablo de las ‘variaciones ontogenéticas’—es la de variaciones fenotípicas que surgen, por lo menos en parte, como resultado de variaciones genéticas (Futuyma 1998, pp. 267ss); por ejemplo, las variaciones en el tamaño o forma de un cierto órgano que surgen como resultado de la ontogenia, y no como resultado de accidentes u otras contingencias.3 Por otra parte, cuando hablo de un sistema ‘S’ me refiero a un tipo de sistema cognoscitivo que está presente en una población—donde una población se identifica como un grupo de organismos de una misma especie que comparten una región geográfica claramente determinada. La idea es que—así como se puede hablar de variaciones ontogenéticas de un órgano como el corazón en una población determinada de, p. ej., grullas en una región específica de México—así también se puede hablar de variaciones ontogenéticas de un determinado sistema cognoscitivo en una población de, por ejemplo, humanos o bonobos. Para ello es necesario poder identificar dos cosas: (1) el sistema cognoscitivo en cuestión en los individuos de esa población, y (2) las variaciones de ese sistema que surgen en esos individuos como resultado del desarrollo ontogenético. Un reto más general pero similar se presenta en la biología evolucionista: el de identificar un determinado (tipo de) rasgo fenotípico y al mismo tiempo determinar cuáles rasgos particulares pueden contar como variaciones de ese (tipo de) rasgo, y cuáles como rasgos de otro tipo.4 Pero dejando aparte este problema muy general de la biología evolucionista, creo que se puede hablar de variaciones de un tipo de sistema cognoscitivo S de la siguiente manera:

S1 y S2 son variaciones de( tipo) S en la población P syss


  1. S1 y S2 son sistemas cognoscitivos particulares distintos;

  2. S1 y S2 son instancias del tipo S en virtud de tener una función cognoscitiva F;

  3. S1 opera de manera distinta a S2 al llevar a cabo la función F.

Así, puede darse el caso de que (c) se cumple cuando, por ejemplo, al llevar a cabo la función F, algunos subsistemas de S1 operan de manera distinta a los subsistemas correspondientes de S2; o bien cuando S1 lleva a cabo F de manera deficiente, pero S2 no.

Debemos enfatizar que la independencia (o modularidad) variacional—que, si estamos en lo correcto, debería de añadirse a la noción de modularidad cognoscitiva, por lo menos en la concepción de ciertos módulos cognoscitivamente básicos como más evolucionables—es una característica de una población, y no de los individuos miembros de esa población. En contraste, las otras características normalmente asociadas a la modularidad cognoscitiva son características de individuos (o de sistemas individuales)—por ejemplo, se puede decir apropiadamente que el sistema visual de este individuo humano es específico de dominio (o que no lo es), pero no puede decirse apropiadamente que el sistema visual de este chimpancé particular es variacionalmente independiente (o que no lo es). Pero esto no debería de sorprendernos; a fin de cuentas, la evolucionabilidad de un rasgo es también una característica poblacional—como veremos en la sección III en la cual discutiremos en cierto detalle los problemas que puede o no tener el apelar a características poblacionales.

El punto, entonces, es el siguiente: estamos proponiendo que, para poder decir que los módulos cognoscitivos son más evolucionables que sistemas cognoscitivamente no-modulares, es necesario caracterizarlos en términos de un cierto patrón de variación en una población; si las variaciones ontogenéticas en un sistema cognoscitivo en los miembros de una población tienden a darse con independencia de las variaciones ontogenéticas en otros sistemas u organos de esos organismos (e.g., del corazón, los riñones, o de otros sistemas cognoscitivos), entonces diremos que ese sistema es cognoscitivamente modular y por ende más evolucionable que otros sistemas que no muestran un patrón independiente de variación en la misma población. Nótese que la noción de independencia variacional respecto a un rasgo en una población genera un orden parcial en el conjunto de individuos con ese rasgo que son miembros de esa población, puesto que puede hablarse de mayor o menor independencia variacional de un (tipo de) rasgo de una población (por ejemplo, la mandíbula) en comparación con otros (tipos de) rasgos de esa misma población (digamos, el cráneo).

Hay una tesis más que defenderé aquí; a saber, que una de las características que normalmente se asocian al concepto de modularidad cognoscitiva en diversas disciplinas cognoscitivas—a saber, la noción de doble disociación cognoscitiva—es muy cercana a la idea biológica de modularidad variacional. Muestro, sin embargo, que algunos cambios y añadidos importantes tienen que hacerse a la noción de doble disociación—y al método experimental usado para inferir la existencia de tales disociaciones—en estas disciplinas cognoscitivas, a fin de constituirse en una herramienta útil en la detección empírica de una característica que probablemente coadyuva a la evolucionabilidad de mecanismos cognoscitivos.

Adicionalmente, aquí defenderé que no hay razones positivas—y sí algunas razones negativas—para pensar que las otras características usualmente asociadas al concepto de modularidad cognoscitiva por los defensores de la modularidad masiva—tales como la especificidad de dominio, el encapsulamiento, o la especialización funcional—coadyuvan a la evolucionabilidad de los módulos cognoscitivos. Sin embargo, es importante notar que, de ser correcto, esto no constituye un argumento aceptable para pensar que estas otras características que normalmente se asocian al concepto de modularidad cognoscitiva no deben ser parte de ese concepto—o que no hay buenas razones de otros tipos (diferentes de una posible conexión con la evolucionabilidad) para incluirlas en él.


    1. Modularidad en las ciencias cognoscitivas.

El concepto de modularidad más influyente en las ciencias cognoscitivas fue propuesto inicialmente por Jerry Fodor (1983).5 Fodor propuso que ciertos aspectos de nuestras capacidades perceptuales, al igual que aspectos de la capacidad lingüística, eran cognoscitivamente modulares, en el siguiente sentido: un mecanismo computacional es c- modular cuando—y en la medida en que—presenta una o más de las siguientes características: (a) es específico a un dominio; i.e., solo admite insumos de un cierto dominio informacional; (b) su operación es automática puesto que no depende de que el sujeto decida o quiera que opere o que no opere; (c) otras partes de la mente tienen un acceso limitado a las representaciones que el mecanismo está usando para computar sus salidas; (d) el mecanismo opera muy rápido; (e) está informacionalmente encapsulado puesto que no tiene acceso—o tiene un acceso limitado—a la mayoría de la información que es accesible a otras partes de la mente; (f) tiene salidas que son informacionalmente “pobres”; (g) está asociado a una arquitectura neuronal fija; (h) exhibe patrones específicos de disfunción o deterioro; y (i) es innato.6

Otros autores después de Fodor han enfatizado, rechazado o añadido otras características a esta noción de modularidad cognoscitiva. Por ejemplo, Leda Cosmides y John Tooby (1997: 80, 92 y 93) son modularistas masivos que enfatizan la especificidad de dominio y el innatismo, y añaden la especialización funcional, como características centrales de la modularidad cognoscitiva. Annette Karmiloff-Smith, quien no se inclina a aceptar el modularismo masivo, piensa que la especificidad de dominio, el encapsulamiento y la rapidez de operación son necesarias para entender la modularidad (Karmiloff-Smith, 1992: 4-6), mientras que rechaza lo innato como una condición necesaria puesto que considera que ciertas habilidades se van modularizando como resultado del aprendizaje. Daniel Sperber (2002) recientemente parece estar más inclinado a rechazar la especificidad de dominio y a considerar que el encapsulamiento y la especialización funcional son los únicos elementos requeridos para poder hablar de modularidad cognoscitiva. Adicionalmente, Peter Carruters (2005), quien también acepta la tesis de la modularidad masiva, ha ido cambiando su concepción de modularidad, de manera tal que su última propuesta es que ésta se entienda exclusivamente en términos de encapsulamiento informacional y especialización funcional.

Así, podemos decir que el consenso entre los modularistas masivos es que debemos entender la modularidad cognoscitiva en términos de una o más de las siguientes características: encapsulamiento, especificidad de dominio y especialización funcional. Sin embargo, voy a argumentar a lo largo de este trabajo que los modularistas masivos dejan fuera de sus nociones de modularidad una de las características que Fodor inicialmente incluyó en su caracterización de la modularidad cognoscitiva—a saber, la presencia de patrones selectivos de disfunción—una característica que, con ciertas modificaciones y adiciones importantes, los modularistas masivos deberían de incluir en el concepto de modularidad cognoscitiva si quieren que el argumento antes mencionado a favor de la tesis de la modularidad masiva de la mente sea plausible.

La idea es que, si entendemos ‘patrones selectivos de disfunción’ de cierta manera, resulta que las dobles disociaciones cognoscitivas son ciertos tipos de patrones selectivos de disfunción. Y si esto es así, y si tiene sentido conceptuar a las dobles disociaciones que surgen como resultado de la ontogenia como variaciones ontogenéticas cognoscitivas—en el sentido biológico de ‘variación’—entonces la presencia de dobles disociaciones ontogenéticas (i.e., la presencia de patrones selectivos de disfunción de ciertos tipos) podría ser un indicador importante de un cierto grado de modularidad variacional con respecto al sistema cognoscitivo subyacente en ciertas poblaciones humanas—y por ende, como veremos, un indicador de un cierto grado de evolucionabilidad de ese sistema.

Procedemos ahora a mostrar la conexión entre una idea de patrones selectivos de disfunción, y otras ideas que se manejan principalmente en la neuropsicología cognoscitiva; i.e., la idea de doble disociación y la del Método de la Doble Disociación.

II. Dobles Disociaciones y Patrones Selectivos de Disfunción.



En diferentes ramas de la psicología cognoscitiva—principalmente en la neuropsicología y la psicología del desarrollo—se usa un método de investigación empírica, conocido como el Método de Doble Disociación, que incluye un diseño experimental y una herramienta estadística que se usan para inferir la presencia de dobles disociaciones cognoscitivas. En este contexto, se dice que una capacidad cognoscitiva C1 está disociada de otra capacidad cognoscitiva C2 en, e.g., seres humanos, cuando existen casos importantes en los cuales seres humanos carecen de C1—o C1 está seriamente deteriorada—pero poseen C2 de manera normal, es decir, C2 no muestra ningún deterioro significativo. Además, si C1 está disociada de C2 en la especie E, y C2 está disociada de C1 en la misma especie, entonces se dice que hay una doble disociación de C1 con respecto a C2 en los miembros “normales” de E. Hay dos tipos de estudios que se consideran relevantes para establecer la existencia de dobles disociaciones en los humanos; a saber:

  1. Estudios de ciertos síndromes genéticos—tales como el Síndrome de Williams (SW), el Síndrome de Down (SD), el Autismo, y otros—que típicamente muestran importantes deterioros cognoscitivos, algunos de los cuales son selectivos. Por ejemplo, sujetos con SW típicamente tienen un manejo del lenguaje aparentemente normal pero muestran un retraso mental importante. Sobre la base de resultados como éstos se concluye que el lenguaje—o, por lo menos, aspectos del lenguaje—está disociado de otras capacidades cognoscitivas no lingüísticas generales en los humanos.7 Además, existen otros estudios que muestran que hay algunos sujetos que no presentan ningún retraso mental pero que sí tienen una capacidad lingüística severamente disminuida, casos como los de SLI (Single Language Impairment). Los estudios de SW considerados junto con los estudios de SLI presuntamente muestran que existe una doble disociación entre aspectos de la capacidad lingüística y otras capacidades no lingüísticas generales.

  2. Están también los estudios en individuos que han sufrido ciertos tipos de daños cerebrales a causa de accidentes u otras contingencias, y que resultan en deterioros cognoscitivos selectivos—casos en los cuales, por ejemplo, se daña la capacidad de reconocer caras pero no se daña ninguna otra capacidad. En estos casos se concluye que existe una disociación entre la capacidad de los humanos para reconocer caras y otras capacidades cognoscitivas. De nuevo, estos estudios por sí solos no muestran la existencia de una doble disociación, sino únicamente de una disociación simple entre la capacidad para reconocer caras y otras capacidades cognoscitivas. Para poder afirmar la presencia de una doble disociación habría que mostrar que hay otros tipos de casos en los cuales los sujetos no tienen ninguna dificultad para reconocer caras pero sí muestran un retraso mental importante.8

Existe actualmente una animada discusión entre neuropsicólogos cognoscitivos, psicólogos evolutivos y psicólogos del desarrollo acerca tanto del diseño especifico que el Método de la Doble Disociación debe tener, como del alcance de las conclusiones a las cuales se puede llegar sobre la base de los datos obtenidos por medio de la aplicación exitosa del Método en ciertos casos. En particular, se debaten, entre otros, los siguientes puntos:

    1. si se puede concluir la existencia de dobles disociaciones a partir de comparar las capacidades cognoscitivas de individuos en diferentes etapas de su desarrollo ontogenético cognoscitivo, por ejemplo, comparando niños y adultos (Karmiloff-Smith 1998; Vicari et al 2006; Oliver et al 2000);

    2. si se puede inferir la existencia de una disociación cognoscitiva basándose en estudios que comparan las capacidades cognoscitivas de individuos ‘normales’ en cierta etapa de su desarrollo y de individuos con algún síndrome genético que se encuentran en la misma etapa cronológica que aquéllos (Ibíd.);9

    3. si las conclusiones a las que se puede llegar sobre la base de estudios en individuos con síndromes genéticos pueden o no ser las mismas que aquéllas a las cuales se puede llegar basándose en estudios realizados en individuos con daños cerebrales que resultan de accidentes u otras contingencias (Thomas y Karmiloff-Smith 2002); y

    4. si los resultados obtenidos de la aplicación apropiada y exitosa del Método en el caso de una capacidad cognoscitiva C1 con respecto a otras capacidades, C2, . . . ,Cn—y de C2, . . . , Cn con respecto a C1—pueden constituirse en algún tipo de evidencia que es probable que C1 sea cognoscitivamente modular.10

El consenso respecto a la respuesta correcta a las primeras dos preguntas es el siguiente: la investigación de la presencia (o, en su caso, ausencia) de esos patrones selectivos de deterioro cognoscitivo en un grupo de humanos (por ejemplo, con SW) debe de darse en el subconjunto de los miembros adultos de P, a fin de que los resultados obtenidos permitan inferencias adecuadas respecto a la arquitectura mental de los adultos humanos “normales”.

Para apreciar por qué esto es importante, echemos un vistazo a los siguientes resultados de ciertos estudios neuropsicológicos recientes en personas con el síndrome de Williams (SW) y con el síndrome de Down (SD): Niños pequeños (toddlers) con SW y con SD “ambos muestran un retraso idéntico en el aprendizaje del lenguaje, a pesar de que el lenguaje de los adultos con SW es mucho mejor que el lenguaje de adultos con SD” (Karmiloff-Smith, et al. 2003, p. 162). Además, niños pequeños con SW aparentemente tienen un desarrollo normal con respecto a su receptividad a cambios numéricos, mientras que niños pequeños con SD muestran un desempeño mucho peor en este tipo de tareas cognoscitivas; sin embargo, para cuando son adultos, la tendencia cambia: los adultos con SD tienen un desempeño muy superior al de los adultos con SW en tareas que involucran números (Ibid., Oliver, et al., 2000). Lo que estos resultados indican es que la medición del desempeño de ciertas tareas cognoscitivas que incluya a humanos con SW que todavía se están desarrollando cognoscitivamente probablemente permitirá inferencias a conclusiones equivocadas con respecto a adultos con o sin SW. De hecho, muchos psicólogos y neuropsicólogos cognoscitivos están de acuerdo en que las conclusiones que se sacan con respecto a la existencia de dobles disociaciones a partir de comparaciones entre grupos que se encuentran en diferentes etapas de su desarrollo ontogenético cognoscitivo son, en el mejor de los casos, engañosas (Karmiloff-Smith, 1998, Karmiloff-Smith, et al., 2003b, Oliver, et al. 2000 y Vicari, et al., 2005).

Adicionalmente, con respecto a la pregunta (4), formulada arriba; a saber,

si los resultados obtenidos de la aplicación apropiada y exitosa del Método en el caso de una capacidad cognoscitiva C1 con respecto a otras capacidades, C2, . . . ,Cn—y de C2, . . . , Cn con respecto a C1—pueden constituirse en algún tipo de evidencia que es probable que C1 sea cognoscitivamente modular,

algunos autores en las disciplinas cognoscitivas mencionadas pensaban que la respuesta era positiva; es decir, que si los resultados de ciertos experimentos indicaban la presencia de una disociación doble de una capacidad C1 con respecto a otras capacidades C2, . . . Cn, entonces esto constituía buena evidencia, aunque no concluyente, para pensar que la capacidad C1 era cognoscitivamente modular, en algún sentido de modularidad cognoscitiva parecido al fodoriano, y que C1 era una capacidad distinta—funcional y operacionalmente independiente—de C2, . . . Cn.

Sin embargo, esta posición ha sido muy cuestionada. De hecho, actualmente la mayoría de los psicólogos del desarrollo y los neuropsicólogos piensan que la presencia de dobles disociaciones no constituye evidencia de que existe un único sistema cognoscitivo subyacente que es cognoscitivamente modular (Juola y Plunkett 2000; Karmiloff-Smith et al 2003a, 2003b; Plaut 1995; Dunn y Kirsner 2003; Chater 2003). La razón por la que piensan esto radica en el hecho que algunos autores que defienden un modelo conexionista de la mente, han obtenido ciertos resultados que sugieren que podría haber una explicación alternativa de los datos obtenidos por medio de la aplicación del Método de la Doble Disociación: entrenaron a una única red conexionista que tenía dos tipos de conexiones, A y B, para llevar a cabo dos tareas cognoscitivas distintas, T1 y T2, una de las cuales, T1, dependía más de las conexiones de tipo A, mientras que T2 dependía más de las conexiones de tipo B. Adicionalmente, ellos mostraron que deterioros en las conexiones de tipo A producían un deterioro paralelo en el desempeño de la tarea T1 pero no un deterioro significativo en el desempeño de T2, mientras que deterioros en las conexiones de tipo B resultaban en un deterioro en el desempeño de la T2 pero no en el desempeño de T1 (Plaut 1995). Lo que esto sugiere es que los datos experimentales obtenidos por medio de la aplicación cuidadosa del Método de la Doble Disociación y que muestran la existencia de una doble disociación de dos tareas cognoscitivas, son compatibles con cualesquiera de las dos interpretaciones siguientes:



  1. Existen dos sistemas distintos de manipulación de símbolos que son modulares, cada uno de los cuales lleva a cabo una tarea informacional distinta, ya sea T1 o T2, procesando información de dos dominios distintos; dos sistemas que son funcional y operacionalmente independientes.

  2. Existe un sistema conexionista único que desempeña dos diferentes tareas informacionales y cuyas partes están diferencialmente abocadas a cada una de estas tareas.

Cuál de estas interpretaciones es la más plausible (si es que alguna) dependerá de razones adicionales, independientes de los resultados que se obtengan usando el Método de la Doble Disociación (Dunn y Kirsner, 2003, Chater, 2003, Juola y Plunkett, 2000). Parecería entonces que la existencia de una doble disociación no es evidencia a favor de una conclusión del tipo (a).

Volvamos ahora a la noción fodoriana de modularidad cognoscitiva y, en particular, a una de las características que Fodor inicialmente asoció a ella—a saber, la presencia de patrones específicos de disfunción. Para entender la relevancia que esta característica tiene en conexión con la idea de doble disociación que examinamos arriba, me gustaría distinguir dos maneras distintas de caracterizar la idea de que un mecanismo cognoscitivo presenta patrones específicos de disfunción:



    1. Primero, uno podría querer decir que la disfunción en cuestión está asociada a un conjunto distintivo de síntomas a partir de los cuales el tipo de disfunción en cuestión puede diagnosticarse, un conjunto de síntomas que otras disfunciones cognoscitivas no comparten de manera sustancial. Este no es el sentido de ‘patrón específico de disfunción’ que se asocia comúnmente a la modularidad cognoscitiva puesto que un mecanismo que tiene dominio general (i.e., no modular) de insumos bien podría tener su propio conjunto de síntomas distintivos; por ejemplo, podría ser que el deterioro de un mecanismo asociativo general—distinto de otros mecanismos cognoscitivos--esté asociado a la presencia de un tic facial o verbal específico por razones que tienen que ver únicamente con ciertos patrones de alambrado neuronal del cerebro.

    2. En segundo lugar, ‘patrón especifico de disfunción’ podría significar que la disfunción en ese mecanismo no afecta (o no afecta en gran medida) el funcionamiento de otros mecanismos cognoscitivos—en otras palabras, que el mecanismo está selectivamente deteriorado desde un punto de vista cognoscitivo.

Fodor tendía a confundir estos dos sentidos de ‘patrón específico de disfunción’ y por ende se inclinaba a descartar esta característica como realmente significativa en conexión con la noción de modularidad cognoscitiva (Fodor 1983, pp. 99-100). Sin embargo, la mayoría de los autores en la neuropsicología, la psicología del desarrollo, la psicolinguística, etc. vislumbraron después de Fodor que la presencia de patrones selectivos de disfunción cognoscitiva—que es la idea básica que subyace a la noción de doble disociación—era una de las características importantes que debía asociarse a la noción de modularidad cognoscitiva (e.g., Baddeley y Warrington 1970; Baddeley 1986; Shallice 1988; Baron-Cohen 1998; Pinker 1999; Heather et al 2004; Vicari et al 2006)—aún cuando tal característica por sí sola no sea el indicador—ni siquiera un indicador—de que la arquitectura de un determinado mecanismo era cognoscitivamente modular.

Más adelante argumentaré que, de entre las características que Fodor inicialmente asoció a la noción de modularidad cognoscitiva, es la presencia de disfunciones selectivas (en particular, de aquellas que surgen como resultado del desarrollo ontogenético) probablemente una de las características que debe estar asociada a la modularidad cognoscitiva en tanto que se pretenda que ésta tenga una conexión fuerte con la evolucionabilidad—aunque también, como veremos, la presencia de excelencias cognoscitivas selectivas y de otras formas de variación selectiva tienen que estar incluidas en esa noción de modularidad cognoscitiva.

Así, argumentaremos que el Método de la Doble Disociación (su diseño, el alcance de sus conclusiones, etc.) deberá estar al frente de las preocupaciones de aquellos autores que pretendan estudiar la evolucionabilidad de mecanismos cognoscitivos. Por lo pronto, en la próxima sección examinamos un poco más de cerca la noción biológica de evolucionabilidad.


  1. Evolucionabilidad.

Vimos que, en la biología evolucionista del desarrollo, la evolucionabilidad (evolvability) de un carácter de un organismo se entiende como “la capacidad del organismo de facilitar la generación de variación fenotípica no letal y seleccionable a partir de mutaciones azarosas” con respecto a ese carácter (Gerhart y Kirschner 2003). La evolucionabilidad, entendida así, es una disposición de organismos de una población a permitir ciertos tipos de variaciones en relación con un carácter fenotípico (o conjunto de caracteres) de esos organismos; variaciones no letales y seleccionables que surgen de mutaciones azarosas.

En primer lugar, hay que recalcar que un carácter de los organismos de una población no va a ser más evolucionable simplemente porque los organismos en cuestión tienen una disposición a producir muchísimas variaciones fenotípicas de ese carácter, en su mayoría letales o no seleccionables. Segundo, las variaciones en cuestión tienen que surgir de manera azarosa, para que tales variaciones puedan influir en el grado de evolucionabilidad de ese carácter. Así, de lo que se está hablando es de variaciones fenotípicas que surgen, por lo menos en parte, como resultado de variaciones genéticas. Llamo‘variaciones ontogenéticas’ a las variaciones fenotípicas que tienen estas características.11

La noción de evolucionabilidad se origina en la biología evolucionista del desarrollo en un intento por explicar ciertos sucesos de ramificación evolutiva—i.e., cuando dos distintas especies surgen en un momento dado a partir de una especie—y la proliferación o extinción diferencial de linajes de organismos en la historia evolutiva (Love 2003). Para que la noción de evolucionabilidad pueda usarse a este fin, ésta debe entenderse como una disposición de poblaciones (no de individuos) que influye en la adecuación (fitness) de miembros de esas poblaciones.

Así, de la caracterización inicial de evolucionabilidad y de las consideraciones anteriores, se sigue que la evolucionabilidad de una población con respecto a un carácter C de miembros de esa población debe entenderse como la capacidad que esa población tiene de generar variaciones ontogenéticas heredables, seleccionables y novedosas. ¿Por qué novedosas? Si la evolucionabilidad ha de explicar el éxito diferencial de ciertos linajes, entonces lo que interesa no es los tipos de variaciones de un carácter que ese linaje ha generado anteriormente, sino las variaciones novedosas (Sniegowski y Murphy 2006, B831-832).

Adicionalmente, la evolucionabilidad es una disposición de una población que, como todas las disposiciones que se postulan en las ciencias empíricas, debe tener una base causal; en nuestro caso, una base causal consistente de algunas de las propiedades intrínsecas de esa población.12 En la biología evolutiva del desarrollo el consenso es que la evolucionabilidad de una población está directamente conectada con algunas de las propiedades de la arquitectura genética y ontogenética de los organismos de esa población. Estas propiedades bien podrían ser parte de la base causal de la evolucionabilidad.

Por ejemplo, según Kirschner y Gerhart (1998), una propiedad P de los organismos miembros de una población contribuye a la evolucionabilidad de esa población cuando: (1) P reduce la letalidad potencial de las mutaciones azarosas que surgen en esa población; o bien (2) P reduce el número de mutaciones necesarias para producir caracteres fenotípicos novedosos (Ibid, p. 8420). Además, ellos proponen que varias propiedades de la arquitectura ontogenética de algunos organismos contribuyen a la evolucionabilidad, entre las cuales se cuenta la modularidad o, como ellos la llaman, la compartimentación (compartmentation) (Ibíd., 8424ss). Claro, son cuestiones empíricas si estas propiedades que ellos mencionan realmente contribuyen a la evolucionabilidad de una población, y si existen otras propiedades individuales o a nivel poblacional, más allá de aquéllas, que contribuyen a la evolucionabilidad.

Un nota final de esta sección: la evolucionabilidad es una disposición que tiene algunas características que no son típicas de las disposiciones que los filósofos normalmente toman como ejemplos; disposiciones como la solubilidad de la sal en agua. Por ejemplo, ya mencionamos que la evolucionabilidad es una disposición intrínseca a una población, no a los individuos miembros de esa población. Además, la evolucionabilidad es una disposición que una población puede adquirir o perder, al adquirir o perder las propiedades que son parte de la base causal de esa disposición—i.e., que es una disposición transitoria. Estas características atípicas de la evolucionabilidad generan problemas que, creo yo, son en principio solucionables.13

Pasamos ahora a explicar la conexión que puede o no existir entre algunas nociones de modularidad biológica y la evolucionabilidad.



  1. Modularidad Variacional y Evolucionabilidad.

Diferentes versiones de la tesis que la modularidad biológica coadyuva a la evolucionabilidad se han discutido en diversos círculos de la biología evolucionista del desarrollo (Wagner 1995, Wagner y Altenberg 1996, Raff y Raff 2000, Hansen 2003, Eble 2004, Welch y Waxman 2000, y Altenberg 2004, por mencionar sólo algunos). La idea intuitiva que subyace a muchas de las nociones de modularidad en biología es que un organismo biológico que está constituido por un número de sistemas modulares es más evolucionable puesto que la evolución puede operar separadamente en cada uno de sus módulos (i.e., en cada una de sus partes más simples y autónomas), sin que los cambios en cada uno de ellos afecte de maneras complejas e inmanejables al resto de las partes del organismo. Pre-teóricamente esta idea parece muy plausible.14

Existen diferentes propuestas teóricas para caracterizar nociones de modularidad biológica en relación con las cuales sea plausible afirmar que la modularidad biológica coadyuva a la evolucionabilidad. Aquí presentaremos únicamente la noción de modularidad biológica que discute Thomas Hansen (2003):

Un carácter (o complejo de caracteres) es variacionalmente modular en una población P cuando variaciones ontogenéticas de ese carácter (que surgen en P) no están significativamente correlacionadas con (muchas) otras variaciones ontogenéticas en otros caracteres (o complejos de caracteres) de miembros de P.

Nos concentramos en esta noción puesto que, hasta el momento, es la única noción biológica de modularidad tal para la cual existen ya razones muy claras y plausibles para pensar que es probable que existe una correlación interesante entre la modularidad biológica y la evolucionabilidad. De hecho, Fisher (1958) mostró que la probabilidad que una mutación azarosa sea favorable decrece considerablemente en relación con el número de rasgos fenotípicos que esa mutación afecta. Pero si un rasgo es variacionalmente modular, entonces ceteris paribus los cambios en ese rasgo afectan pocos o ningún otro rasgo del organismo, en cuyo caso la selección natural puede operar en él de manera tal que no afecta de manera significativa muchos otros rasgos, incrementando así la probabilidad de encontrar mejoras, e incrementando así la evolucionabilidad de ese rasgo. Y aunque este argumento ha sido muy discutido y examinado (ver, e.g., Hansen 2003, Brandon 2005 y Altenberg 2005), la línea básica de este razonamiento permanece incólume. Intuitivamente, la idea es que un alto grado de modularidad variacional en un carácter coadyuva a la evolucionabilidad de ese carácter puesto que, si las variaciones de un carácter C en una población ocurren sin que ninguno o pocos otros cambios se den en otros caracteres, entonces las variaciones de C en esta población son menos sistémicas y más locales; y ceteris paribus la probabilidad de que estos cambios aislados de C sean seleccionables es más alta que la probabilidad de que cambios más sistémicos sean seleccionables.

Antes de concluir esta sección debemos notar que existen otras nociones de modularidad que se manejan en la biología (Raff y Raff 2000). Por ejemplo, está una noción de modularidad, cercanamente emparentada con la noción de modularidad variacional antes mencionada, que proponen Wagner y Altenberg (1996) y que yo llamo ‘modularidad pleiotrópica’.15 Esta noción se aplica a la estructura del mapa genotipo-fenotipo–i.e., el mapa que representa la forma en que un conjunto de genes se relaciona con un carácter fenotípico (o con un complejo de tales caracteres) en una población: cuando los efectos pleiotrópicos (i.e., efectos en más de un carácter o complejo de caracteres) de un grupo de genes que influyen causalmente en un complejo C de caracteres tienden a agruparse alrededor de C y no alrededor de otros complejos de caracteres, entonces se dice que el mapa genotipo-fenotipo para C es modular.

Menciono también la noción de modularidad pleiotrópica puesto que es muy probable que exista una fuerte correlación entre ésta y la noción de modularidad variacional antes mencionada. Así, si un complejo C de caracteres de un organismo de una población es pleiotrópicamente modular (p-modular), entonces C tiene la disposición a exhibir, en esa población (y en ciertas condiciones), un patrón modular de variación—pero ésta no es una conclusión inevitable; otros factores podrían impedir este resultado. Lo que la p-modularidad de C nos asegura es sólo que C tiene en P la disposición a ser variacionalmente modular—una disposición que puede o no actualizarse. Lo que sí podemos decir es que la p-modularidad es probablemente el patrón genotipo-fenotipo típicamente asociado con la presencia de un patrón modular de variación.

Adicionalmente, existen otros tipos de nociones de modularidad en biología. Gunther J. Eble (2005), por ejemplo, habla de por lo menos otros tres distintos tipos de módulos:


  1. módulos estructurales, los cuales son modulares en virtud de sus propiedades geométricas, e.g., que tienen límites precisos o formas distintas;

  2. módulos ontogenéticos, tales como los campos morfogenéticos, es decir, regiones distintas del cuerpo de un embrión en las cuales las células tienen información suficiente para formar una estructura determinada, regiones que por ende gozan de un cierto grado de autonomía del desarrollo de un determinado rasgo, por ejemplo, un miembro (Carlson 2003);16 y

  3. módulos funcionales, los cuales se entienden en términos de alguna noción de autonomía y/o integración funcional.17

Como ya mencioné, las razones que se manejan para conectar estas otras nociones de modularidad en biología con la noción de evolucionabilidad, no son tan claras ni tan convincentes como lo son en el caso de la modularidad variacional (y de la modularidad pleiotrópica).18

Para nuestros propósitos aquí, baste notar que, aun cuando la noción de modularidad variacional no sea necesariamente incompatible con las nociones biológicas de modularidad funcional y de modularidad ontogenética antes mencionadas, es probable que la correlación entre todas estas nociones no sea uno a uno (Eble 2004, p. 9). Debemos también aclarar que existe actualmente una animada controversia–que aún no está resuelta entre biólogos evolucionistas del desarrollo—con respecto a cuál o cuáles nociones de modularidad biológica pueden estar involucradas en una tesis plausible y empíricamente contrastable que sostenga que la modularidad biológica coadyuva a la evolucionabilidad.19 Al momento, sin embargo, parece existir un cierto consenso con respecto a la idea que la modularidad variacional (que antes mencioné) probablemente tiene una fuerte conexión con la evolucionabilidad: ceteris paribus, un rasgo que es variacionalmente (pleiotrópicamente) modular en un alto grado es probablemente más evolucionable que uno que no es variacionalmente (pleiotrópicamente) modular (o que lo es en un grado menor). Para los propósitos de este ensayo—y por las razones antes mencionadas—asumiremos que existe una correlación interesante como ésta entre la modularidad variacional y la evolucionabilidad.



  1. Modularidad Variacional y Modularidad Cognoscitiva.

En esta sección nos abocamos a examinar la cuestión acerca de si, a partir de una afirmación que conecta a la modularidad variacional con la evolucionabilidad, algo puede decirse con respecto a la evolucionabilidad de módulos cognoscitivos.

Primero, aún concediendo que existe una conexión entre modularidad variacional y evolucionabilidad, no es obvio que esto se traduzca en consecuencia alguna con respecto a la noción de modularidad cognoscitiva que se maneja en las ciencias cognoscitivas. No obstante, algunos científicos cognoscitivos parecen asumir como algo poco problemático que existe una conexión fuerte entre la modularidad cognoscitiva y alguna noción apropiada de modularidad biológica. Por ejemplo, Daniel Sperber menciona de paso el trabajo de G. P. Wagner con respecto a la modularidad pleiotrópica, y afirma:

En la psicología esto sugiere que las dos nociones de un módulo mental y de una adaptación psicológica (en el sentido biológico), aun cuando definitivamente no sean sinónimas ni coextensivas, no obstante probablemente están cercanamente emparentadas. (Sperber 2002, p. 3, mi traducción)

Lo que Sperber nos está sugiriendo aquí es que probablemente existe una correlación entre ser un módulo cognoscitivo y ser una adaptación biológica (i.e., ser el resultado de la evolución por selección natural), a través de una presunta conexión entre la modularidad cognoscitiva, la modularidad biológica y la evolucionabilidad.

Peter Carruthers también sugiere algo como esto cuando, al construir un argumento a favor de la modularidad cognoscitiva masiva de la mente, afirma: “La evolución requiere que se pueda manipular (tinker) una función en respuesta a presiones de selección sin que esto necesariamente tenga un impacto en ninguna de las otras [funciones].” (Carruthers 2005, p. 12). Aquí argumento que Carruthers está equivocado al pensar que la noción de modularidad que puede garantizar que la evolución favoreció módulos cognoscitivos puesto que son aisladamente “manipulables” por ella, es una noción que incluye únicamente la noción de especialización funcional y una noción amplia de encapsulamiento informacional según la cual un mecanismo informacional M está encapsulado en el tiempo t cuando existe alguna (generalmente mucha) información que está disponible en t a otros mecanismos cognoscitivos de la mente que no está disponible a M en t.

Adicionalmente, vimos en la sección I que, en el contexto de la discusión sobre la modularidad masiva de la mente, la modularidad cognoscitiva normalmente se entiende en términos de una o más de las siguientes nociones:



    1. Especificidad de dominio

    2. Encapsulamiento informacional

    3. Especialización functional

Tanto (a) como (b) se refieren a restricciones en la información que un mecanismo cognoscitivo puede procesar, o de hecho procesa, en un momento dado. En este sentido, un modulo se concibe como un mecanismo que sólo procesa o puede procesar cierta información, y que tiene un acceso muy limitado a la información que es accesible a otros mecanismos cognoscitivos.

Adicionalmente, un mecanismo cognoscitivo M de un organismo está funcionalmente especializado cuando la (o las) función(es) cognoscitiva(s) que ese mecanismo lleva a cabo es (son) distinta de



  1. o bien las funciones cognoscitivas que otros mecanismos de ese mismo organismo llevan a cabo; o

  2. las funciones cognoscitivas de otros mecanismos de otros individuos de la misma especie; o

  3. las funciones cognoscitivas de otros mecanismos de organismos de otras especies contemporáneas a aquél organismo; o

  4. las funciones cognoscitivas de mecanismos cognoscitivos de los ancestros del organismo en cuestión.

Estas son solamente algunas de las alternativas posibles. Cada una de ellas nos da una noción distinta de especialización funcional, y la mayoría de los científicos cognoscitivos que hablan de especialización funcional normalmente no tienen muy en claro cuál de todas estas nociones es la que están usando en un momento dado—lo cual constituye un problema que es, sin embargo, ortogonal a nuestros propósitos.

Ahora bien, respecto a la pregunta acerca de qué tan probable es que un mecanismo que es cognoscitivamente modular sea también variacionalmente modular podemos decir, primero, ni la especificidad de dominio ni el encapsulamiento en un mecanismo cognoscitivo parecen aumentar la probabilidad de que ese mecanismo sea variacionalmente modular; actualmente no parece haber ninguna razón de ningún tipo (ni conceptual ni de corte empírico) para pensar que el hecho de que un mecanismo cognoscitivo admita solamente ciertas instancias o solamente ciertos tipos de información como entradas (inputs) o en su base de datos en t no tenga como resultado que existe una correlación fuerte entre la ocurrencia de variaciones de ese mecanismo en ciertos miembros de P y la ocurrencia de otros cambios morfológicos (cognoscitivos o no) en esos miembros de P en t. Podríamos pensar en un ejemplo análogo tomado de la biología: el hecho de que los pulmones de una población de ratones sólo admitan ciertos tipos de insumos (por ejemplo, ciertos tipos de sustancias gaseosas) no dice nada respecto a qué tan probable es que los pulmones del ratón sean variacionalmente muy modulares, es decir, qué tan probable es que las variaciones en, por ejemplo, la forma o función de los pulmones de los ratones de esa población estén o no fuertemente correlacionadas con variaciones en la forma o función del corazón o del sistema digestivo.

Esto es más claro si pensamos en la especialización funcional. Por el momento no existen razones ni empíricas ni conceptuales para pensar que la especialización funcional (psicológica y/o adaptativa) de un mecanismo cognoscitivo (i.e., el que el mecanismo lleve a cabo una función cognoscitiva distinta relativa a otros mecanismos/individuos/especies/etc.) aumente la probabilidad de que las variaciones en ese mecanismo que surjan en la población relevante no estén fuertemente correlacionadas con variaciones adicionales en los organismos en cuestión. Consideremos otro ejemplo tomado de la biología; el de la mandíbula del ratón. Este órgano está funcionalmente especializado en el sentido de que lleva a cabo una función (masticación) que ningún otro órgano del ratón lleva a cabo. Además, es un hecho ampliamente conocido y aceptado entre los biólogos que la pleiotropía ocurre con mucha frecuencia en la naturaleza (Brandon 2005). Esto quiere decir que es probable que los genes que afectan el desarrollo de la mandíbula del ratón tengan efectos en otros rasgos morfológicos del ratón—de hecho, hasta donde yo sé, ningún biólogo piensa que probable que un rasgo sea variacionalmente (y/o pleiotrópicamente) modular simplemente porque está funcionalmente especializado. Para empezar, si fuera cierto que es muy probable que los órganos o sistemas funcionalmente especializados son variacionalmente modulares, entonces la mayoría de los órganos y sistemas de la mayoría de los organismos relativamente complejos serían variacionalmente modulares—algo que ningún biólogo acepta, pues (como ya mencionamos) se piensa con muy buenas razones que la pleiotropía esta muy difundida en la naturaleza. Usando la metáfora de cortes conceptuales, esto implica, que los cortes que hacemos del mundo biológico usando conceptos funcionales (i.e., usando los tipos de funciones que llevan a cabo los sistemas biológicos de los organismos) normalmente no van a coincidir con los cortes que hacemos cuando consideramos los patrones de variación de partes de esos organismos. Es muy probable, por ejemplo, que un sistema que es una unidad funcional, consista de dos o más partes variacionales (éste es el caso de la cola de los ratones; ver Raff y Raff (2000, 236)); es también probable que dos partes de dos sistemas funcionalmente distintos covaríen y por ende, desde el punto de vista variacional, constituyan una unidad.


  1. Modularidad Variacional y Patrones Selectivos de Disfunción.

En esta sección argumentaré que la presencia de ciertos tipos de patrones selectivos de disfunción cognoscitiva de un mecanismo (entendida de cierta manera) puede considerarse como un indicador parcial de la modularidad variacional de ese mecanismo cognoscitivo (en la población apropiada)—y, por ende, como un indicador de su evolucionabilidad.

Como vimos en la sección II, las disfunciones cognoscitivas selectivas de un mecanismo pueden o no ocurrir como resultado de la ontogenia—y aquí tengo en mente la distinción entre algunos de los llamados ‘síndromes genéticos’ y aquellos daños cerebrales causados por accidentes u otras contingencias. Esta distinción es importante puesto que lo que puede decirse en conexión con disfunciones cognoscitivas selectivas—y, por ende, en conexión con dobles disociaciones—es distinto en cada caso.

Si, por ejemplo, las dobles disociaciones ocurren como resultado de la ontogenia—y dado que su ocurrencia no está fuertemente correlacionada causalmente con cambios en el funcionamiento de otros mecanismos cognoscitivos—entonces podemos decir que esto constituye una forma de modularidad variacional; uno podría llamarla ‘modularidad variacional cognoscitiva’. Por supuesto, la modularidad variacional de un mecanismo cognoscitivo debe evaluarse no solo en relación con otros mecanismos cognoscitivos, sino también con respecto al resto de los rasgos morfológicos de los organismos de la población relevante; por ejemplo, la forma o la función de otros órganos. Entre más variacionalmente modular sea un mecanismo cognoscitivo con respecto a otros rasgos morfológicos, más evolucionable será ese mecanismo.. Así, un estudio que pretenda determinar el grado de modularidad variacional de un mecanismo cognoscitivo M en una población P tendrá que determinar dos cosas:


  1. qué tan variacionalmente modular M es en P con respecto a otros mecanismos cognoscitivos; y

  2. qué tan variacionalmente modular M es en P con respecto a otros rasgos morfológicos no cognoscitivos de los miembros de P.

Debemos notar también que hay otros tipos de variaciones de un mecanismo cognoscitivo—aparte de las disfunciones cognoscitivas—que son relevantes para determinar el grado de modularidad variacional de un mecanismo en una población; a saber, excelencias cognoscitivas, es decir, casos en los cuales el mecanismo funciona mucho mejor que el promedio. Así, si una excelencia cognoscitiva de un mecanismo en una población surge como resultado de la ontogenia, y si esta excelencia no está fuertemente correlacionada con cambios en otros rasgos morfológicos de P y en otros mecanismos cognoscitivos, entonces esto también constituye evidencia prima facie de un alto grado de modularidad variacional de ese mecanismo en esa población. Esto involucraría estudiar los perfiles cognoscitivos de la gente con talentos cognoscitivos extraordinarios –aquellos que sobresalen marcadamente en la ejecución de una o más tareas cognoscitivas. Las preguntas relevantes en estos estudios serían: ¿qué tanto las personas que son extraordinarias para, por ejemplo, las matemáticas, también sobresalen de la misma manera en otro tipo de tareas cognoscitivas?, ¿qué tanto una determinada excelencia cognoscitiva se correlaciona con ciertos tipos de variaciones no cognoscitivas o con otros tipos de variaciones cognoscitivas; por ejemplo, ciertos tipos de retrasos? Estudios como éstos serían potencialmente relevantes para la determinación de los patrones variacionales que aquí nos interesan.20

Por otra parte, si las disfunciones (o las excelencias) de un mecanismo cognoscitivo no surgen como resultado de la ontogenia—sino como resultado de, por ejemplo, un accidente—entonces el grado de selectividad de la disfunción (o de la excelencia) no indica nada respecto al grado de modularidad variacional de ese mecanismo, puesto que en este caso las disfunciones (o las excelencias) no pueden considerarse como variaciones en el sentido que es relevante para la discusión con respecto a la evolucionabilidad de ese mecanismo.



  1. Modularidad Variacional y Dobles Disociaciones.

Hasta ahora he argumentado que la presencia de disfunciones y de excelencias cognoscitivas selectivas—al igual que la presencia de otros patrones de variación selectiva o modular—debe ser considerada como la característica clave asociada a la noción de modularidad cognoscitiva cuando lo que se desea es argumentar que la modularidad cognoscitiva coadyuva a la evolucionabilidad.

Al mismo tiempo he aclarado que la investigación de los patrones de disfunción y de excelencia que muestre un mecanismo cognoscitivo en una población P será relevante en relación con el intento de determinar el grado de modularidad variacional cognoscitiva de ese mecanismo en P sólo cuando las disfunciones y excelencias en cuestión surjan en los miembros de P como resultado de la ontogenia. Lo que quiere decir que los resultados derivados de la aplicación del Método de la Doble Disociación para estudiar disfunciones cognoscitivas serán potencialmente relevantes al estudio de patrones de variación de un mecanismo cognoscitivo en una población –y por ende al estudio de su evolucionabilidad—únicamente en los casos de síndromes genéticos y de desórdenes cognoscitivos del desarrollo (developmental disorders).

Adicionalmente, vimos en la sección II que una parte de la discusión entre neuropsicólogos cognoscitivos respecto al Método de la Doble Disociación se refería a la cuestión sobre si se pueden sacar ciertas conclusiones acerca de la arquitectura cognoscitiva a partir de la aplicación del Método comparando grupos de individuos en diferentes etapas de su desarrollo ontogenético; por ejemplo, niños y adultos. La conclusión a la que se llegó era que tales comparaciones no permitían sacar las conclusiones a las que otros investigadores querían llegar. En nuestro caso, algo similar aplica: las conclusiones que se deriven de comparaciones entre perfiles cognoscitivos de individuos en diferentes etapas de su desarrollo cognoscitivo no serán relevantes para determinar los patrones de variación cognoscitiva en una población–en particular, no serán relevantes para determinar si esos patrones son variacionalmente modulares o no, puesto que lo que se quiere medir es si existe o no un patrón de correlación fuerte entre las variaciones ontogenéticas de un mecanismo cognoscitivo M en los miembros adultos de P y variaciones ontogenéticas de otros caracteres o complejos de caracteres en los mismos miembros de P en ese momento.

Así, lo que quiero sugerir es que algo parecido al Método de la Doble Disociación (entendido y ampliado de manera apropiada) debería de ser usado para determinar si los patrones de variación de un mecanismo cognoscitivo en organismos de una población son o no variacionalmente modulares en un sentido cognoscitivo.

VIII. Modularidad Variacional, Modularidad Cognoscitiva y Modularidad Masiva

Hemos estado argumentando que la noción de modularidad variacional debería de ser añadida a la noción de modularidad cognoscitiva si lo que se quiere es argumentar con mínima plausibilidad que los módulos cognoscitivos son más evolucionables que aquellos sistemas cognoscitivos que no son—o que son menos—modulares. Es importante notar que, al añadir aquélla noción a ésta como un requisito necesario, lo que se está haciendo es restringir la aplicación de la noción de modularidad cognoscitiva a aquellos sistemas que pueden tener o ser variaciones ontogenéticas. En la Introducción al presente trabajo mencioné que yo entendía a las variaciones de este tipo como variaciones fenotípicas que surgen, por lo menos en parte, como resultado de variaciones genéticas, y mencioné como ejemplo las variaciones en el tamaño o forma de un cierto órgano que surgen como resultado de la ontogenia en los organismos de una población y no como resultado de accidentes u otras contingencias. Sin embargo, esta caracterización de variación ontogenética no basta puesto que, como es bien sabido, los organismos biológicos pueden tener rasgos fenotípicos que son parcialmente el resultado de variaciones genéticas (e.g., ciertos tipos de tumores cancerosos) que no se consideran resultados del desarrollo ontogenético y que no cuentan como variaciones ontogenéticas—y lo que se quiere capturar aquí es la idea de características de un organismo que cuentan como variaciones “innatas” de un (tipo de) rasgo fenotípico. En otra parte he discutido en detalle los problemas que presentan diferentes intentos de caracterizar una noción biológica de un rasgo innato, y propongo mi propia caracterización (García 2005).

Por obvias limitaciones, no puedo entrar aquí en los detalles de la discusión o de mi propuesta. Baste mencionar que, si esto es correcto—si la noción de modularidad variacional solo es aplicable a rasgos que son, en algún sentido biológico, innatos—entonces el argumento de los modularistas masivos que dice que es probable que la mente esté constituida en su mayoría por sistemas cognoscitivamente modulares puesto que los módulos cognoscitivos (al ser variacionalmente modulares) son más evolucionables que sistemas que no son—o son muy poco—modulares, lleva al modularista masivo a un dilema: o bien acepta que la mayoría de los sistemas cognoscitivos constitutivos de la mente son innatos; o bien sostiene que el argumento relativo a la evolucionabilidad sólo se aplica a ciertos sistemas cognoscitivos básicos constitutivos de la mente—e intenta entonces argumentar de alguna otra manera que el resto de los sistemas cognoscitivos de la mente, los no-básicos, son también cognoscitivamente modulares pero en un sentido que no involucra la modularidad variacional. Y no es del todo claro cuál cuerno de este difícil dilema diferentes modularistas masivos estarían inclinados a aceptar.


  1. Conclusiones.

He argumentado que la noción de modularidad cognoscitiva requerida para construir un argumento plausible que sostenga que los mecanismos que son cognitivamente modulares son más evolucionables que aquellos mecanismos cognoscitivos que nos son cognoscitivamente modulares tendrá que entenderse aproximadamente como sigue:

Un mecanismo cognoscitivo M de miembros de una población P es cognoscitivamente muy modular solo si ningún o pocos variaciones ontogenéticas (cognoscitivas o no) están correlacionadas significativamente con variaciones de M que surgen en P como resultado de la ontogenia.21

Así, la modularidad cognoscitiva tendría que ser entendida, por lo menos en parte, en términos de la noción de modularidad variacional—lo cual implica que los científicos cognoscitivos interesados en determinar el grado de evolucionabilidad de un mecanismo cognoscitivo M tendrán que determinar:


  1. el grado de modularidad variacional de M con respecto a otros mecanismos cognoscitivos en casos de disfunciones cognoscitivas ontogenéticas de M en adultos de P;

  2. el grado de modularidad variacional de M con respecto a otros mecanismos cognoscitivos en casos de excelencias cognoscitivas ontogenéticas de M en adultos de P, y

  3. el grado de modularidad variacional de M con respecto a otros rasgos morfológicos no cognoscitivos de los adultos de P.

He argumentado que estos tres tipos de estudios son relevantes para determinar el grado de modularidad de un mecanismo cognoscitivo como parte de un intento por determinar el grado de evolucionabilidad de ese mecanismo. He sugerido también que los dos primeros tipos de estudios pueden llevarse a cabo usando algo como el Método de la Doble Disociación, con ciertas restricciones y ampliaciones—un método que ya ha estado en uso por varias décadas en áreas de la psicología cognoscitiva, la neuropsicología y la psicología del desarrollo.




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