Corte interamericana de derechos humanos


V. La Importancia del Procedimiento Oral y la Necesidad de Realización de Audiencias Públicas



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V. La Importancia del Procedimiento Oral y la Necesidad de Realización de Audiencias Públicas.

27. Me permito, en el presente Voto Razonado, dejar constancia de la importancia que atribuyo al procedimiento oral ante la Corte y la necesidad - que siempre he sostenido en el seno de este Tribunal, - de la realización de audiencias públicas ante la Corte. Son estas esenciales para la mejor instrucción del proceso; en el ejercicio de la función judicial, deben, a mi juicio, siempre prevalecer la búsqueda de la verdad y realización de la justicia, sobre el actual afán de "productividad" de la mayoría de la Corte.
28. Reitero, pues, mi firme desacuerdo en relación con el criterio de la mayoría de la Corte (párr. 10 de la presente Sentencia), por no haber estimado necesario realizar una audiencia pública para emitir la presente Sentencia de interpretación, por no haber, a su modo de ver, "duda jurídica" que resolver. Lo que parece motivar a la mayoría de la Corte hoy día es la "productividad", un mal hábito heredado de tribunales nacionales, los cuales, al final de cada año judicial, exhiben, orgullosos, gráficos de productividad mostrando cantidades crecientes de casos por ellos "resueltos" (o, mejor dicho, simplemente "despachados").
29. En mi entender, las audiencias públicas se realizan no sólo para resolver "dudas jurídicas", una visión flagrantemente utilitarista de la función judicial. Las audiencias públicas se realizan para dar a las partes la oportunidad de revelar a la Corte sus puntos de vista, su versión o percepción de los hechos, sus argumentos en cuanto al derecho (aunque no haya en la mente de los jueces "dudas jurídicas"). En el seno de esta Corte, en determinados casos he dado la mayor importancia (aún ante alguna resistencia de la mayoría) a los peritajes psicológicos, antropológicos, sociológicos, que han contribuido a enriquecer tantas Sentencias de esta Corte en casos de particular complejidad, de denso contenido cultural (como los casos de Bámaca Velásquez versus Guatemala (2000-2002), de la Comunidad Moiwana versus Suriname (2002), entre tantos otros). Es, para mí, incomprensible que esta Corte, decidiendo contra el reloj, no haya estimado imprescindible la realización de por lo menos una audiencia pública en el caso de tanta importancia histórica como el de Goiburú y Otros versus Paraguay (atinente a la siniestra "Operación Cóndor"), que podría en mucho haber enriquecido su Sentencia.
30. Un tribunal internacional como la Corte Interamericana de Derechos Humanos no solamente "resuelve" dudas y casos, sino además dice cual es el Derecho, realiza la Justicia, y restaura la dignidad de las víctimas. Para decir cual es el Derecho, hay que beneficiarse de otras ramas del conocimiento humano, pues, al contrario de lo que arrogantemente creían los positivistas, el Derecho no es autosuficiente y el jurista tiene mucho que aprender con otras áreas del conocimiento humano. Para realizar la Justicia, hay que dar oportunidad a las partes de exponer todos sus argumentos. Y para restaurar la dignidad de las víctimas, hay que dejarlas expresarse libremente, hay que oírlas atentamente, incluso como forma de reparación.
31. Las víctimas de malos tratos y tortura (v.g., casos Loayza Tamayo versus Perú, 1997-1998; Suárez Rosero versus Ecuador, 1997-1999; Cantoral Benavides versus Perú, 2000-2001; Tibi versus Ecuador, 2004; entre otros), duramente humilladas, por primera vez se sienten jurídicamente iguales a los Estados demandados, al presentar personalmente su caso ante la Corte y al reivindicar personalmente ante ésta la reparación. Las víctimas actúan como verdaderos sujetos de derecho y no como simples objetos de protección. Esto contribuye también a evitar la repetición de las violaciones. Y la propia jurisprudencia debe reflejar la interdisciplinariedad (Derecho, psicología, antropología, sociología) en la atención y las reparaciones a las víctimas.
32. Durante los años de mi Presidencia de la Corte Interamericana, invariablemente hice hincapié en oír, en audiencias públicas, no solamente testigos, sino también peritos, provenientes de diferentes áreas del conocimiento humano. Siempre he atribuido la mayor relevancia a dichas audiencias públicas, por una serie de razones: a) contribuyen ellas a la materialización de la igualdad de armas (equality of arms / égalité des armes), de modo que las partes tengan igual oportunidad a presentar todos sus argumentos y pruebas ante la Corte; b) aseguran la observancia del principio del contradictorio27, de modo que las partes se sientan, ellas mismas, satisfechas de que todas sus pruebas han sido producidas ante la Corte para la determinación de los hechos, y todos sus argumentos han sido presentados ante la Corte para su evaluación de lo ocurrido; y c) constituyen, para las víctimas, como anteriormente señalado, una forma de reparación, y para ellas de las más importantes.
33. A contrario de lo que está subyacente a la decisión de la mayoría de la Corte sobre el particular en el presente caso, las dudas que tienen que ser aclaradas, tanto jurídicas como factuales, no son tan sólo las dudas de los Jueces, pero sí - y principalmente - también las de las partes. Y, para ese fin, las audiencias públicas son no sólo apropiadas sino además necesarias. Por este motivo, en el curso del presente proceso de Interpretación de Sentencia, me permití dirigir una carta a la Secretaría de la Corte, el día 10 de agosto de 2007, recomendando la realización de una audiencia pública28 en relación con las solicitudes - formuladas por todas las partes procesales intervenientes en el presente caso de la Prisión de Castro Castro - de Interpretación de Sentencia, pero la mayoría del Tribunal prefirió prescindir de dicha audiencia.
34. El presente caso de la Prisión de Castro Castro es paradigmático en lo que atañe a las malas condiciones de detención y al ataque violento a personas indefensas, que se encontraban bajo la custodia del Estado. Los peticionarios presentaron argumentos mejor construidos que los da la propia Comisión Interamericana (v.g., en cuanto a la cuestión del principio de la proporcionalidad), en una demostración de que las víctimas, como sujetos del Derecho Internacional, están en mejores condiciones de presentar su caso a un tribunal como la Corte Interamericana que cualquier intermediario actuando presumiblemente en su nombre. En cuanto a la subjetividad internacional de grupos de individuos, el caso de la Comunidad Moiwana versus Suriname (Sentencia de fondo del 15.06.2005) presenta una pertinente ilustración de un caso de derechos de los pueblos29.
35. En la presente Sentencia de Interpretación en el caso de la Prisión de Castro Castro, la Corte aclaró la consulta a ella formulada acerca de la determinación de víctimas y derecho a medidas de reparación (párrs. 62-70), pero no hizo lo mismo, de modo satisfactorio, en forma de obiter dicta, en cuanto a la cuestión central de la demanda estatal de interpretación. No realizó una audiencia pública, y ha perdido así una ocasión de abordar con profundidad la referida cuestión a ella presentada, que ocupa hoy una posición de destaque en la agenda internacional contemporánea de los derechos humanos.
36. A mi juicio, el artículo 67 de la Convención Americana habilita perfectamente la Corte a aclarar los puntos a ella planteados por todas las partes procesales o intervenientes (el Estado recurrente, la Representante legal e interveniente común de las víctimas, los abogados del "Grupo Canto Grande 92" de víctimas, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, además del IDL y de la CNDH). Los artículos 29(3) y 59 del Reglamento también sirven de base para dicha aclaración. Además, el artículo 58 del Reglamento determina que la Corte resolverá las demandas de interpretación mediante una sentencia, la cual contendrá los fundamentos de derecho (artículo 55(1)(f) del Reglamento). También la Convención determina que las Sentencias de la Corte deben ser motivadas (artículo 66(1)). Asimismo, el artículo 44 del Reglamento habilita a la Corte, "en cualquier estado de la causa", a requerir "cualquier medida de instrucción" (prueba, informe, dictamen, información, opinión, o cualquier otra).
37. Dada la relevancia de las cuestiones planteadas en el presente proceso de Interpretación de Sentencia, inclusive de la preocupación central del Estado recurrente, solicité en vano a la Corte, mediante cartas que dirigí a su Secretaría los días 13.06.2007 y 04.12.2007, la realización de una audiencia, porque tenía cuestiones a plantear a las partes. La Corte podría haberla convocado - puede hacerlo "en cualquier estado de la causa", e inclusive en la etapa de supervisión de cumplimiento de Sentencia, - para mejor instruir el proceso. No lo hizo, y su mayoría se contentó con un razonamiento que, a mi juicio, podría ser más elaborado y satisfactorio.

VI. Razón y Persuasión.

38. Me permito aquí retomar la ponderación de Ésquilo, en Las Euménides, en 458 a.C., atinente a la necesidad de prevalencia de la razón y la persuasión de lo justo (cf. supra). En la pieza, Atenea, al anunciar la creación, "para siempre", del tribunal del Areópago, - el primer tribunal permanente del mundo antiguo, con la función de juzgar los crímenes de homicidio, - consideró necesario explicar la razón básica de su decisión. No se eximió Atenea de la labor de convencimiento, de persuasión, y ponderó:
"A partir de este día y para todo el siempre el pueblo

(...) tendrá la incumbencia de mantener intactas

las normas adoptadas en este Tribunal (...).

(...) La reverencia y el temor (...)

evitarán que los ciudadanos comentan crímenes,

excepto si ellos prefieren

aniquilar las leyes para su bien (...).

Ni opresión, ni anarquía: es este el lema

que los ciudadanos deben seguir y respetar30.
(...) Espero que no sea vuestra intención exacerbar

la cólera en el corazón de los ciudadanos

y en ellos instilar la sed de homicidios

que lanza hermanos insanamente contra hermanos

hasta llevarlos al exterminio recíproco (...)"31.
39. En la actualidad, la misma labor de convencimiento, de persuasión, encuéntrase reservada a los tribunales, a todos los tribunales, nacionales e internacionales. Además de la motivación de sus sentencias, deben hacer ver a las partes que la decisión a que llevaron está conforme al derecho aplicable. No pueden, en mi entender, dejar de aclarar las dudas que les sometan las partes, en cualquier momento del trámite del caso, inclusive en forma de solicitudes, como en el presente caso de la Prisión de Castro Castro, de Interpretación de Sentencia.
40. La razón y la persuasión de lo justo, la perenne lección de Las Euménides, es lo que les incumbe exponer, en beneficio de los justiciables. No son estos meros elementos de la "operación de la justicia" (para utilizar una expresión "moderna" o "pos-moderna"), sino más bien sujetos de derechos. Tienen, ambas partes, - los demandantes y el demandado, - el derecho de esperar por la razón y la persuasión de lo justo. Este derecho ha dado expresión a una aspiración humana que se ha transmitido de generación a generación, a lo largo de los siglos.
41. En nuestros días tal derecho ha sido invocado en relación con la labor de los tribunales internacionales contemporáneos. En realidad, la sentencia de un tribunal, - como tan bien ha señalado J.G. Merrills, - debe dar "razones cumulativas" en sustentación de su conclusión, para que tenga persuasión; esto se aplica con aún más fuerza a un tribunal internacional de derechos humanos, cuyo derecho aplicable está orientado no tanto por reglas, sino más bien por principios generales del derecho32. Sólo así se puede aplicar y al mismo tiempo desarrollar el derecho, para obtener resultados en búsqueda de la realización plena de la justicia, lo que corresponde a mi propia visión del ejercicio de la función judicial internacional.
42. Estudios del pasado contraponían la "judicial restraint" a la "judicial legislation"33, al referirse a la distancia entre la visión ortodoxa y la creativa, respectivamente, del ejercicio de la función judicial internacional. Considero más apropiado caracterizarlas de otro modo, como la autolimitación judicial, que considero enteramente inadecuada a un tribunal internacional de derechos humanos, y la ecuanimidad judicial, que he sostenido por tantos años en el seno de esta Corte, en búsqueda de la realización de la justicia. Estas distintas concepciones se han reflejado, a lo largo de los años, en la labor de la Corte también en materia de Interpretación de Sentencias.
43. Ya me referí a la extraordinaria contribución, reconocida internacionalmente, dada por la Corte Interamericana a la evolución del propio Derecho Internacional de Derechos Humanos, mediante su Interpretación de Sentencia en el caso Barrios Altos (supra). Hay una sensible distancia entre la postura de ecuanimidad judicial de la Corte en la Interpretación de Sentencia en el caso de Barrios Altos, que le ha valido el reconocimiento internacional de la más lúcida doctrina jusinternacionalista, y la predisposición restrictiva que se desprende claramente, v.g., de los párrafos 25-26 de la presente Sentencia de Interpretación en el caso de la Prisión de Castro Castro34.
44. Permítome aquí evocar un otro ejemplo de la jurisprudencia de la Corte. En su Interpretación de Sentencia (del 01.10.1999) en el caso Blake versus Guatemala, la Corte Interamericana recordó el criterio prevaleciente en la jurisprudencia internacional al respecto, según el cual la interpretación de una sentencia implica no sólo la precisión de lo decidido por el Tribunal, sino también la determinación del alcance, el sentido y la finalidad de la decisión, de acuerdo con las consideraciones que la motivaron (párr. 18).
45. La Corte consideró que, aunque eran "claros el alcance y el contenido" de lo dispuesto en su anterior Sentencia sobre reparaciones en el caso Blake, era "útil dilucidar los puntos planteados por el Estado para disipar cualquier duda" al respecto35. En efecto, aunque la sentencia de un tribunal sea final y no susceptible de modificaciones, nada impide que su finalidad suscite alguna cuestión en forma de una solicitud sometida al tribunal para la interpretación de dicha sentencia36.
46. "Sentido" y "alcance" no son, a mi modo de ver, aptos a una predeterminación dogmática o restrictiva, conducente a una conclusión única y uniforme. Todo lo contrario, el "sentido" es el entendimiento o razón que se forma al discernir algo, sobre el cual se emite un juicio o una interpretación37. El "alcance" atañe más bien a la significación o efecto o trascendencia de algo38. El sentido y el alcance encuéntranse, pues, en mi entender, más directamente ligados al sujeto cognoscente que al objeto cognoscible. Como tales, para su determinación el énfasis recae en la razón humana, o sea, en el ejercicio de razón y persuasión.
47. En un tribunal internacional de derechos humanos como esta Corte, la razón y la persuasión, en mi entender, priman necesariamente sobre la producción (de sentencias). La razón y la persuasión se imponen per se, y no se dejan captar por datos estadísticos. Lo que estos últimos no revelan son el tiempo y los esfuerzos de un tribunal internacional como la Corte Interamericana, dedicados a su labor de razonar y persuadir, para fundamentar sus decisiones y realizar la justicia.
48. Por ejemplo, el célebre caso Bámaca Velásquez versus Guatemala (Sentencias de fondo, 25.11.2000, y de reparaciones, 22.02.2002), contó con cuatro audiencias públicas ante esta Corte (sobre fondo y reparaciones), que consumieron ocho días de audiencias39. Entre 1987 y 2002, once casos contaron con tres audiencias públicas cada uno, sobre excepciones preliminares, fondo y reparaciones (Velásquez Rodríguez versus Honduras, Godínez Cruz versus Honduras, Neira Alegría y Otros versus Perú, Caballero Delgado y Santana versus Colombia, Loayza Tamayo versus Perú, Castillo Páez versus Perú, Paniagua Morales y Otros versus Guatemala, Cesti Hurtado versus Perú, Cantoral Benavides versus Perú, Durand y Ugarte versus Perú, y Las Palmeras versus Colombia).
49. Los dos últimos casos que contaron con dos audiencias cada uno fueron los de Cantos versus Argentina (Sentencia del 28.11.2002) y 19 Comerciantes versus Colombia (Sentencia del 05.07.2004). El procedimiento de Interpretación de Sentencia no excluye necesariamente la realización de audiencias públicas: lo ejemplifica, v.g., la Sentencia de Interpretación en el caso Cesti Hurtado versus Perú, la cual fue debidamente precedida de una audiencia pública (el 25.01.2001).
50. Parece haber estadísticas para todo, menos para la razón y la persuasión. Desde 1990 hasta fines de 2006, la Corte Interamericana había emitido 19 Sentencias de Interpretación; de este total, nueve Sentencias de Interpretación fueron emitidas solamente en el bienio 2005-2006. El total de solicitudes de interpretación de Sentencia parece haber así acompañado la disminución del total de audiencias públicas ante la Corte. En definitiva, me permito insistir, parece haber gráficos estadísticos para todo, menos para la razón y persuasión. Gráficos estadísticos no me impresionan en lo más mínimo, tengo verdadera aversión por ellos.
51. Y en esto estoy en buena compañía. El historiador Arnold J. Toynbee, notable por su profunda erudición, criticaba, hace más de tres décadas, el "enfoque estadístico" y la "cuantificación" que pasaban a predominar en el mundo contemporáneo, y que, a su juicio, tienen un valor bastante limitado en los "human affairs". Para él, "the permanent and regular element in human affairs is human nature, - the whole psychosomatic unity of a human being"40. Confesó él que, en la parte final de su monumental A Study of History, experimentó



"a sense of awe and wonder at human destiny, and human affairs in general, in which the historian is on common ground with the poet or the visual artist. So perhaps he is half-way between the scientist and the poet. (...)

I am very conscious of the tragedy of human events (...). When I study history I try to penetrate beyond the human phenomena to what lies behind them. (...) My curiosity leads me on to be curious about the nature and meaning of destiny (if there is such a thing), about existence as a whole. (...) For me history is a way of entering into and trying to comprehend the universe. Every human being has a feeling that life is mysterious, and every human being is to some extent trying to comprehend the incomprehensible"41.
52. Cada caso de derechos humanos sometido a la consideración de esta Corte es un universo en si mismo, que, en mi percepción, revela - algunos con más densidad - las incertidumbres y los misterios que circundan la existencia humana, las indagaciones sobre el supuesto destino, y la tragedia de la condición humana. Un tribunal internacional de derechos humanos es llamado a conocer y pronunciarse sobre hechos que frecuentemente revelan la violencia y las injusticias que victimizan diariamente a tantos seres humanos. La naturaleza humana efectivamente no parece haber cambiado a lo largo de los siglos.
53. Me es difícil escapar de la impresión de que, someter la noble labor de un tribunal internacional de derechos humanos como esta Corte, a cuantificaciones y gráficos estadísticos, es trivializar indebidamente la misión que le está reservada. Cabría aquí una breve precisión adicional, también en relación con cuantificaciones que me parecen vacías de todo sentido. Casos bajo supervisión de ejecución de Sentencias de la Corte no son casos "en trámite", así indebidamente caracterizados para intentar alimentar gráficos estadísticos de "productividad" de este Tribunal (e impresionar a los incautos). Son, más bien y precisamente, casos ya tramitados en cuanto al fondo y reparaciones, y que aguardan el cumplimiento integral de las respectivas Sentencias, o sea, casos total o parcialmente incumplidos por los respectivos Estados demandados hasta la fecha.

VII. El Imperativo Kantiano y el Debido Proceso Legal.

54. Esto me conduce a otra línea, correlata, de reflexión. La conceptualización de la persona humana fue enaltecida en el pensamiento de Emmanuel Kant, al reconocer a esta última una dignidad intrínseca, la cual exige respeto por uno mismo y en las relaciones de uno con todos los demás seres humanos. Cada persona, como ser moral (homo noumenon), sujeto de razón práctica, es un fin en sí misma, no pudiendo jamás ser tratada como un medio para los fines de otros. En sus Fundamentos de la Metafísica de las Costumbres (1785)42 E. Kant enunció su célebre imperativo, según el cual cada persona debe obrar sólo según una máxima que aspire al mismo tiempo que se torne ley universal43.
55. De ahí los imperativos de deber de cada ser racional, de uno con todos los demás. Cada ser racional existe como fin en sí mismo, y jamás como medio para los demás. Subyacente al razonamiento kantiano está el principio de la dignidad inherente a cada ser humano, el cual marca presencia, en nuestros días, en todo el corpus juris del Derecho Internacional de los Derechos Humanos44. Su preocupación fundamental es con la protección de la dignidad humana, en toda y cualquier situación.
56. Se puede de ahí extraer algunas ilaciones. En primer lugar, el imperativo kantiano está siempre presente, cuando se trata de defender y preservar la dignidad de la persona humana, la dignidad de su propia humanidad. En segundo lugar, incide él en todas las esferas del relacionamiento humano, tanto en las relaciones de uno con agentes del poder público o estatal, como con otros seres humanos, con particulares45. En tercer lugar, puede ser invocado en la protección de cada persona humana aisladamente, así como de grupos de personas amenazadas o lesionadas. Y, en cuarto lugar, puede ser invocado en la salvaguardia de distintos derechos humanos a ser protegidos.
57. En la concepción kantiana, el comportamiento (moral) del ser humano es guiado por la razón, y no por interés propio o búsqueda de ventajas personales. Su imperativo hipotético orienta a uno a alcanzar una determinada meta sin referencia a un valor intrínseco, mientras que su imperativo categórico orienta a uno a escoger un curso de acción de conformidad con el valor intrínseco de la meta a alcanzar46. Es precisamente aquí que su actuar debe aspirar a que al mismo tiempo configure una ley universal (supra). En razón de su humanidad, cada persona es un fin en sí misma, jamás un medio, y debe así ser vista por los demás. El imperativo kantiano se reviste de un profundo sentido humanista.
58. E. Kant es clarísimo al advertir que el ser humano
"existe comme fin en soi, et non pas simplement comme moyen dont telle ou telle volonté puisse user à son gré; dans toutes ses actions, aussi bien dans celles qui le concernent lui-même que dans celles qui concernent d'autres êtres raisonnables, il doit toujours être considéré en même temps comme fin"47.
Su imperativo, - como él propio lo señala, - se extiende a todos los seres dotados de razón, a toda la humanidad, que debe ser considerada como un fin en si misma48. Para Kant, "faire preuve d'humanité consiste à prendre part au sort des autres hommes; l'inhumanité est l'attitude de celui qui est indifférent au sort des hommes"49.
59. El imperativo kantiano ha efectivamente sido invocado en la vindicación de distintos derechos humanos. Un ejemplo pertinente es el de las garantías del debido proceso legal. Es imperativo que un ser humano, que acude a un tribunal por considerar que sus derechos fueron lesionados, conozca las razones que motivaron la sentencia que le concierne, y se sienta libre para solicitar su interpretación si no le parece suficientemente clara. No se puede tratar a un justiciable como si fuera un simple medio en la así-llamada "administración u operación de la justicia" (para mencionar una expresión pos-moderna, que me parece particularmente irritante).
60. Cabe aquí invocar el imperativo kantiano, según el cual ninguna persona debe ser tratada como un simple medio (ni siquiera para la "operación de la justicia"), sino más bien como un fin en sí misma. Esto requiere escucharla atentamente en audiencia pública, darle las razones que fundamentan la decisión judicial que la concierne, aclarar las dudas que pueda todavía tener después de dicha decisión. Sólo así la persona justiciable no se sentirá como un medio (para la labor de otros), y pasará a sentirse como un fin en sí misma50.
61. Hay deberes de justicia en relación con los demás, revestidos de cuño universal, entre los cuales se sitúa, en el pensamiento kantiano, el respeto (Hochachtung) del derecho de los demás; se impone a cada uno el deber de respetar el derecho de los demás51. Y, como ya señalado, cada persona tiene el derecho de conocer las razones que sirvieron de fundamento de una sentencia que le concierne, y de participar con toda libertad [de expresión] en el juicio correspondiente. Si, al fin y al cabo, resta algo a aclarar, no hay razón para que el Tribunal se exima de hacerlo, - sin que esto implique en lo más mínimo una modificación, o deferencia a un aparente intento de impugnación, de la respectiva sentencia.





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