Convenciones nacionales I



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Capítulo II
Convenciones y Consejos Nacionales

La Convención de Orizaba; el deslinde con los anarquistas. La Convención de la Ciudad de México; la educación racionalista como vía de emancipación espiritual. La Convención de Guadalajara; nacionalismo sindicalista y solidaridad internacional. La Convención de Ciudad Juárez; por una educación al servicio del proletariado; se fortalece la alianza política con Calles. La VII Convención; la consolidación social y política de la CROM. La VIII Convención; se ratifica la alianza con el general Calles; respuesta enérgica a la ofensiva del clero. La IX Convención; la organización obrera manifiesta signos de agotamiento y de debilidad. El asesinato de Obregón desató una furiosa ofensiva en contra de la CROM; afloraron las divergencias entre Lombardo y Morones. La X Convención; el declive de la organización obrera. Cambios cuantitativos y cualitativos en la organización sindical. La CROM y la crisis del capitalismo. El Consejo Nacional, nuevo instrumento de deliberaciones. Franco repudio a la alianza con los comunistas. Consejo Nacional: el conflicto intergremial de Atlixco. Los conflictos en la región del Hule. Contra la política de apertura irrestricta e ilimitada del capital extranjero, como medio de industrializar al país. El Consejo rechazó la política de agresión promovida por Portes Gil. Por el fortalecimiento de las federaciones nacionales de industria. Una abierta confrontación contra el gobierno federal. Por la aplicación revolucionaria de la Constitución de 1917

La Convención de Orizaba; el deslinde con los anarquistas
La Tercera Convención Nacional de la CROM se realizó en la ciudad de Orizaba del 1 al 10 de julio de 1921. Se efectuó en el marco de la conmoción que había causado los disturbios de Morelia en que un grupo de católicos asesinaron a Isaac Arriaga, jefe de la comisión agraria y a José Martínez, jefe de la policía especial. Se integraron unas comisiones, entre ellas, la de organización en la que participaron José F. Gutiérrez, Martín Torres y Eulalio Martínez. En la de educación estuvieron José Veteli y Robert Haberman. El gobierno de la ciudad de México designó como representante a Vicente Lombardo Toledano al cual se le dio asiento y derecho a voz.1 Los acontecimientos de la capital de Michoacán polarizaron los antagonismos entre los grupos clericales y socialistas de la entidad y a la vez obligaron a Obregón a intervenir en ese conflicto para evitar que los conflictos escalaran, sobre todo por las posiciones recalcitrantes que existían en ambos grupos.
Se escogió a Orizaba por ser uno de los principales centros fabriles del país, en donde funcionaban los sindicatos mejor organizados, los más disciplinados y capacitados, en donde operaba una de las federaciones más importantes, quizá la mayor, que tenía la CROM. En ella se había librado una importante batalla en contra de los anarquistas encabezados por Huitrón y los sindicalistas habían salido victoriosos, pues las organizaciones gremiales habían rechazo la tesis de la acción directa. Se trataba de una zona en la cual la CROM era una agrupación de masas.
El dictamen de la comisión de agricultura enfatizó en la exigencia de repartir las tierras, por medio del fraccionamiento de los latifundios en forma rápida y equitativa, así como obtener los beneficios de las obras de riego.2
Estuvo como invitado José Vasconcelos, rector de la Universidad Nacional, quien dijo que estaba presente para escuchar las necesidades educativas del país. La comisión de Educación presentó un proyecto de programa educativo para el Distrito Federal y esto dio a pie para una intervención de Vasconcelos. Dijo que no bastaba que los trabajadores tuvieran una preparación teórica sino también práctica. Se pronunció por la implantación de los cursos por correspondencia que habían tenido mucho éxito en los Estados Unidos y por el establecimiento de escuelas nocturnas.
El delegado Olvera dijo que efectivamente había muy buenos programas educativos pero no podían impulsarse ya que los profesores, a pesar de ser trabajadores intelectuales, tenían muy malas condiciones de vida. Contestó Vasconcelos que, en efecto, esas eran las condiciones pero que el gobierno federal estaba dispuesto a realizar sacrificios y a mejorar los salarios de los profesores. De hecho esto estaba sucediendo pues el gobierno de Obregón dedicó importantes cantidades de recursos fiscales para financiar los programas educativos, así como la elevación de los ingresos de los maestros, pero sobre todo el ambicioso programa de construcción de escuelas que Vasconcelos estaba llevando a cabo. Él decía que era inadmisible que el presupuesto destinado a la Secretaría de Guerra fuera más alto que el asignado al ramo educativo y que percibieran mejores salarios los soldados que los trabajadores de la enseñanza. Estos argumentos, sin duda, convencieron a Obregón quien dio un impulso económico sin precedentes a la educación nacional, que estaba viviendo uno de sus momentos estelares.
Finalmente, se aprobó el acuerdo de que se creaba un fondo que se encargaría de llevar a la práctica un programa del gobernador del Distrito Federal, Celestino Gasca por medio del cual se presentaba como su representante ante la Convención a Vicente Lombardo Toledano, por lo que Ezequiel Salcedo propuso, y fue aprobado, que así como a Vasconcelos se le había permitido el uso de la palabra en asuntos educativos, se le concediera también a Lombardo Toledano.
Después varios delegados, entre ellos, Alfonso Medina, del estado de Zacatecas, propusieron se reglamentara el artículo 27 de la Constitución.3
Enseguida se examinó y aprobó la implementación del seguro obrero, que había sido una de las propuestas que en materia laboral había presentado Obregón durante su campaña electoral.
Después se discutió la restricción de vender bebidas embriagantes por ser nocivas para la clase trabajadora. Rafael García dijo que de plano debería prohibirse su venta en cualquiera de sus formas. A continuación Felipe Carrillo Puerto dijo que “si queremos combatir la explotación de los burgueses debe establecerse el estado seco. En nuestro estado, se estableció el estado seco y a nosotros nos dio gran resultado, nosotros hicimos una propaganda muy intensa para que los trabajadores comprendieran los males que causa el alcohol.”4
Añadió que “el aguardiente es el arma de que han servido los burgueses para explotar a la humanidad. Todos los crímenes cometidos por el hombre son cometidos por lo que toman aguardiente.”
En materia educativa también se acordó impulsar la formación de cooperativas de producción y consumo y que la Universidad Nacional impartiera cursos de cooperativismo, así como la creación de una escuela granja cerca de los centros obreros.
En el informe que rindió el Comité Central a la Convención de Orizaba, sus integrantes se quejaron de los ataques frecuentes que recibieron “todos ellos sin una base sólida, inspirados en unas ocasiones por el despecho y en otras por la pasión baja que nunca deja de anidar en la conciencia de los hombres, faltos de preparación para la lucha por la emancipación de la clase obrera” a la vez afirmaron que estaban carentes de recursos económicos no sólo para atender la gran cantidad de huelgas que estallaron durante ese periodo sino también para realizar una amplia campaña de organización, de difusión y de propaganda, a la vez que recomendaron la creación de Federaciones locales.
Entre las actividades llevadas a la práctica, destacaron las siguientes: convertir a Pro Paria, órgano de la Cámara del Trabajo de Orizaba, en órgano de prensa nacional de la CROM; firma de un pacto de fusión entre la Unión A. A. de Mecánicos Mexicanos, con la Unión de Mecánicos Mexicanos; se efectuaron concentraciones obreras en varias partes de a república a las que concurrieron unas 150 mil personas; ingresaron 43 organizaciones gremiales, se crearon las Federaciones Locales de Tlahualillo, en el estado de Durango, la Federación de Agrupaciones del Centro, en Aguascalientes y la Federación de Agrupaciones Obreras del estado de Jalisco; se integró una comisión de propagandistas compuesta por Cayetano Pérez Ruiz, Ricardo Treviño, Martín Torres, Robert Haberman, Fernando Rodarte, José Ángel Frutos, Alberto Méndez, y Eugenio López Guerra.
Entre los conflictos y huelgas atendidos por el Comité Central, estuvieron los de la fábrica de Metepec, la de la fábrica la Trinidad, en el estado de Tlaxcala cuya solución no fue favorable a los trabajadores, la decretada por la Confederación de Sociedades Ferrocarrileras, la de Establecimientos Fabriles.
De una manera particular, el informe describió un encuentro en la ciudad de México, entre los sindicatos de la Federación de Sindicatos del Distrito Federal entre la CROM y la CGT, sobre todo durante la huelga de profesores. Después hubo otro choque en el seno de las agrupaciones ferrocarrileras en que el Comité Central acusó a la GCT de divulgar una serie de acuerdos secretos que había entre ellas y de causar la división.
Denunció la infiltración de los rojos en la Federación de Atlixco a tal grado que en una asamblea se había impedido el uso de la palabra a Martín Torres, Pedro Limón, Alberto Méndez y que también la dirección de la Cámara del Trabajo del estado de Zacatecas había hecho declaraciones en contra del Comité Central. En realidad, ese órgano se reducía a sólo cuatro dirigentes por lo que se tuvo que confesar que mucha de la correspondencia recibida no había podido ser contestada. En cuanto a Valdés, secretario general, tuvieron que reconocer que aunque radicaba en la ciudad de Aguascalientes (sede provisional del Comité Central, después de haber abandonado la ciudad de Saltillo), prácticamente estaba ausente de sus labores y que Juan Lozano, quien se desempeñaba como tesorero se había ido a la Comarca Lagunera “a procurarse su sostenimiento”.
Este informe reflejó nítidamente la pugna que existía contra los anarquistas que actuaban dentro y fuera de la CROM. De una manera especial se respondieron a las criticas formuladas sobre todo por el grupo de Escobedo y de Salazar, quienes habían pasado a militar a las filas de la CGT, aunque aún estaban frescas las acusaciones que contra el Comité Central habían lanzado Huitrón y otros promotores del Gran Cuerpo Central de Trabajadores de la República Mexicana. Es de observarse que esas deserciones no afectaron en lo esencial el crecimiento de la CROM pues siguieron formándose sindicatos y federaciones locales y regionales, por lo que más bien los grupos disidentes se concentraban en el Distrito Federal, en el seno de agrupaciones marginales y en el estado de Puebla, especialmente en la región de Atlixco en donde el secretario general, Baraquiel Márquez, violando las normas estatutarias había decidido desafiliarla de la CROM y pasarse a las filas de la CGT.
Se expresaron también los avatares del Comité Central pues estaba integrado por un número muy pequeño de secretarios, con las frecuentes ausencias de Antonio Valdés, secretario general, lo que originaba que ese órgano de dirección incumpliera muchas tareas y no estuviera presente con su orientación en las huelgas que entonces estallaron. Para suplir esas deficiencias se recurrió a la designación de delegados especiales, los cuales atendían, con mayor eficacia, problemas urgentes y graves. De hecho el Comité Central descansaba en el trabajo de esos comisionados y en el apoyo económico que le brindaba en forma permanente y ejemplar la Confederación sindicalista de Orizaba.

Durante la III Convención, se presentó un informe respecto de la participación de la CROM en la 3ª. Convención de la Confederación Obrera Panamericana, integrada por Carlos L. Gracidas, Luis Morones, Jesús Juárez, Ricardo Treviño, Marcos Ochoa, Amado Morales y Rosendo Salazar. Entre las propuestas que llevó la delegación a esa reunión estaban las de designar a un comisionado sobre estadísticas del trabajo que coadyuvara a resolver el problema de la migración, fomentar la organización de periodistas en todo el continente para luchar resueltamente contra el capitalismo opresor y que esos sindicatos sean “provechosos para el mejoramiento y la emancipación proletaria”. Que se sustituyera la palabra “capital “ por la de “ todos los explotadores”. Que todas las organizaciones obreras acepten las resoluciones a que se lleguen en esas conferencias, realizar un estudio acerca de las organizaciones obreras que no están afiliadas a la COPA con el objeto de establecer en el futuro de las relaciones con ellas y en tanto eso suceda no realizar juicios sobre ellas a efecto de mantener la cohesión en el seno del proletariado internacional, tratando de que todos ellos se adhieran a la COPA”.


En otras resoluciones se condenó cualquier política de un país poderoso para excluir a los países débiles del concierto de las naciones y por lo tanto rechazaron la exclusión que se hizo de México en la Liga de las Naciones. La COPA “denuncia las maniobras del capitalismo encaminadas a rebajar los salarios so pretexto de la crisis financiera, artificialmente provocada para abaratar los costos de la vida abarcando también la mano de obra” y que los contratos de trabajo sean colectivos “para evitar a los esquiroles que rompen huelgas afirmando la supuesta defensa de la libertad del trabajo”.5
El Consejo Educativo de la Federación de Sindicatos Obreros del Distrito Federal, compuesto por Robert Haberman, Ezequiel Salcedo y Pedro Flores informó que se había puesto en servicio, con el apoyo de los trabajadores del sindicato de Artes Gráficas, un establecimiento escolar denominado Instituto de Ciencias Sociales, que contaba con un turno diurno para niños y uno nocturno para obreros. “Hemos procurado por todos los medios posibles encausar la orientación pedagógica de ese plantel (en donde los profesores trabajaban gratuitamente) en las pedagogías de la Escuela Moderna, de Ferrer Guardia y de la profesora Montesori”.La asistencia media en la escuela diurna entre de 200 a 300 alumnos, entre niños y niñas, mientras que la asistencia en el turno nocturno “era el consolador número de 897, entre hombres y mujeres”. Se impartan las siguientes materias: Ciencias exactas, (Aritmética y Geometría), Ciencias Físico Químicas y Naturales, Ciencias Sociales (Historia, Geografía y Economía Política) Lenguaje (Escritura, Gramática, Declamación) Higiene (trabajos manuales, ejercicios físicos y canto. En el turno nocturno se impartían, además, cursos de taquigrafía, mecanografía y Corte.6
El Instituto de Ciencias Sociales, por la pedagogía adoptada, implicaba un avance respecto de la enseñanza tradicionalista que era esencialmente verbalista, anecdótica y memorística, pero sin duda había una confusión entre sus promotores pues si bien entre el método Montesori y del de Ferrer Guardia había una gran similitud pues ambos descansaban en la libertad del niño y del joven para formarse, el primero respetaba las creencias religiosas, mientras que el segundo las combatía. Otra coincidencia era la asistencia de niños y niñas al mismo establecimiento educativo en el cual había la menor reglamentación posible, pues no se pasaba lista, no se efectuaban exámenes, no se aplicaban sanciones, dejando el trabajo escolar a la formación y el auto desarrollo de los grupos escolares en los cuales los profesores aparecían como coordinadores o inductores de la enseñanza. Para la lucha de la clase obrera, desde luego, la doctrina de Ferrer Guardia era la más indicada pues mediante la impugnación a los prejuicios religiosos se podía avanzar en la liberación espiritual de los obreros, en el pleno ejercicio de su razón para conocer las causas de los fenómenos de la naturaleza y de la sociedad, sin hacer o depender de alguna divinidad. El Instituto operaba en realidad como una escuela primaria con rasgos especiales, dedicada sobre todo a la formación de los hijos de los obreros y de los campesinos.
En el contexto de la Convención, Morones denunció que existían dificultades para que el gobierno de los Estados Unidos reconociera al gobierno de Obregón y que ello se debía, sobre todo, a las presiones que ejercían las compañías petroleras, al reprochar a éstas ser culpables de la actitud de los sindicatos de esa rama que luchaban por hacer sus demandas económicas y sociales. “Yo creo que ha llegado el momento de manifestar que no es pueblo trabajador de los Estados Unidos el que sanciona o apoya esa política en contra de las libertades de pueblo mexicano. Lo que el poder capitalista trata de soliviantar es el espíritu combatiente de los elementos trabajadores para colocarlos frente al gobierno y crear este problema que daría margen al derrumbamiento del actual régimen para ceder más servilmente a los mandatos del poder financiero de los Estados Unidos para propiciar una intervención armada que tanto desean y por la que han venido trabajando desde hace muchos años los representantes del capital norteamericano.” Para Morones, los primeros que resultaba perjudicados con esta situación eran los trabajadores petroleros que estaban siendo despedidos, por lo que hizo notar que el presidente había girado instrucciones a los gobernadores de Veracruz y Tamaulipas para que estuvieran pendientes a efecto de asegurar que los patrones pagarían la indemnización correspondiente en los casos de haber despedido injustificadamente a los trabajadores. En ese sentido, Morones propuso que la Convención apoyara la actitud del gobierno de Obregón, pugnando por el pago de tres meses de salario por concepto de indemnización.7
Otra resolución aprobada en la III Convención fue la relativa a las presiones que las empresas petroleras estaban realizando contra México. En el dictamen se precisó que de esas actividades no era responsable el proletariado de los Estados Unidos. “Se hace responsable a las compañías petroleras de la crisis que ha provocado la paralización de sus trabajos y protesta por la llamada responsabilidad que las citadas compañías pretenden arrojar sobre el gobierno de México, tratando de provocar desconfianza entre el proletariado, respecto de la actitud del gobierno, con el objeto de utilizar esa desconfianza en provecho de sus intereses particulares”.
En los puntos resolutivos se acordó apoyar la política del gobierno de México hacia los Estados Unidos en la búsqueda de su reconocimiento oficial, rechazando las condiciones que una minoría en esa nación pretendía imponer a México. “Es llegado el momento de laborar intensamente por conseguir, en el menor tiempo posible, el establecimiento de las mejores relaciones entre las mayoría de los pueblos, sin distinción de razas ni nacionalidades, como primer paso hacia la extinción de la diplomacia secreta que han constituido las dictaduras gubernamentales, a costa de los intereses de la mayoría de los pueblos de la tierra”.8
La política de la CROM a favor del reconocimiento del gobierno de Álvaro Obregón era compartida por la dirección de la AFL en los Estados Unidos. Ambas agrupaciones expresaban que ese reconocimiento, así como el levantamiento del embargo para la compra de armas, se otorgara sin condición alguna que violentara la soberanía nacional, ni obligara al gobierno obregonista a ceder a las presiones de las compañías extranjeras que se quejaban de haber sufrido múltiples daños en sus propiedades durante le etapa armada de la revolución. Además, la CROM manifestó la necesidad de hacer que se respetara la Constitución promulgada el mes de febrero de 1918, sobre todo las disposiciones relativas al petróleo, la minería y a las cuestiones agrarias.

Gompers, en sus memorias, describió las gestiones que hizo ante el gobierno de los Estados Unidos para que cesaran las hostilidades contra el gobierno de Carranza y después para lograr el reconocimiento de Obregón. En esta tarea diplomática contó con el apoyo de la CROM, de una manera particular con el trabajo diligente de Haberman por el conocimiento que tenía del idioma inglés y de los círculos políticos norteamericanos, de grupos de propagandistas pagados por el gobierno de México que operaban en la Unión Americana y por agentes especiales, que al margen de las gestiones de Haberman, realizaban labores de cabildeo entre representantes y senadores.


La Tercera Convención de la CROM, aprobó una serie de importantes resoluciones en materia educativa, que después serían desarrolladas por Lombardo Toledano. Un grupo de delegados de Orizaba presentó un extenso estudio sobre esta materia en el cual se formulaban serias críticas. Se dijo que los niños eran conducidos y preparados por el sistema educativo, en la sumisión y la inmovilidad, en el individualismo egoísta, en la falta de cooperación y ayuda mutua, que se alejaba a los educandos del influjo de la naturaleza, que no se les estimulaba el desarrollo de su inteligencia para la emancipación del proletariado.9
La comisión de asuntos educativos, presidida por Robert Haberman estuvo anuente en proponer la creación de escuelas libres, en el establecimiento de Institutos de Ciencias Sociales quedando de acuerdo en inspirarse en la pedagogía de la escuela Moderna, de Ferrer Guardia. Para ello, era necesario declarar la guerra a muerte contra el clericalismo, dejando que el niño se desarrollara libremente, con base en la enseñanza objetiva.10

La Convención demostró el alto grado de organización y de influencia política y social que tenía la Federación regional de Orizaba, la cual publicó varios números especiales de su órgano, PRO-PARIA para dar a conocer de una manera puntual de las deliberaciones que sostenían los delegados. Además, proporcionaron auditorios y salones de reuniones, tanto para la celebración de las asambleas plenarias como de las comisiones dictaminadoras. La comisión de credenciales reportó que se habían registrado 76 delegados efectivos, que representaban a igual número de sindicatos y de grupos culturales o asociaciones de resistencia. Se continúo con el acuerdo de que los grupos culturales, que existían en gran número, sólo tuvieran derecho a voz y no a voto pero que si un grupo cultural evolucionaba hacia la formación de asociación de resistencia, tuviera plenos derechos.

En el estado de Veracruz, existía un ascenso de la lucha sindical, popular e inquilinaria, con un gobernador como Heriberto Jara, que en ese momento tenía relaciones amistosas con la CROM. Respecto de la segunda Convención, la tercera implicó un avance notable de orden cuantitativo, pero también cualitativo pues, además, participaron personalidades del campo de la cultura, la política y funcionarios gubernamentales, se trataron temas muy diversos y no sólo los relativos a los obreros y campesinos, de carácter económico, como había sucedido en las convenciones anteriores. En esta convención todavía estuvieron presentes muchos sindicatos de peticionarios de tierras, pero aumentó en cambio el número de sindicatos industriales de empresa.
La presencia de José Vasconcelos correspondió a la necesidad de impulsar una educación teórico práctica, que existía desde tiempo atrás en las escuelas de la región industrial de Orizaba. En esa zona estaba presente la influencia de las ideas pedagógicas de Enrique C. Rébsamen, quien había implantado una educación objetiva y práctica en la que los niños estaban en constante contacto con la naturaleza y la realidad social. La región fabril se había beneficiado con la construcción de un gran número de escuelas elementales y suplementarias y con los avances pedagógicos que había producido la escuela Normal, así como el establecimiento de muchos centros culturales. Había, pues, muchas escuelas oficiales y otras sostenidas directamente por los sindicatos, hasta constituir un auténtico sistema educativo regional sobre el cual escribió Lombardo en el año de 1926. Desde un principio, los sindicatos fabriles se interesaron por obligar a los patrones para que aportaran recursos para el sostenimiento de las escuelas y el pago de salarios de los profesores.

Los sindicatos no sólo eran un poder social y político, al grado de predominar en la integración de los ayuntamientos sino también era un poder educativo. Al lado de los sindicatos existían y funcionaban las escuelas y por ello aprovecharon la presencia de Vasconcelos para solicitarle que apoyara la creación de otras escuelas, mejorar y ampliar las existentes, dotar de libros a las bibliotecas que la CROM conseguía ante la Secretaría de Educación Pública. Haberman, en ese momento, colaborador muy cercano a Vasconcelos, agilizaba los trámites administrativos que los sindicatos de la CROM emprendían para satisfacer sus necesidades educativas.

Sin duda, la participación de la delegación del Partido Socialista del Sureste o mejor dicho, de las Ligas de Resistencia, encabezados por Felipe Carrillo Puerto, en la que estaba presente Robert Haberman, enriqueció las deliberaciones de la Convención. Carrillo se había separado del Buró Comunista Latinoamericano, encabezado por Sen Katayama y en consecuencia se había desligado del naciente y dividido Partido Comunista, para incorporarse a las filas del obregonismo y por lo tanto estaba en el campo de los aliados de Morones. Ello representó la ocasión más propicia para que los socialistas yucatecos en el poder informaran de la obra social que estaba llevando a cabo, desde la promulgación de las leyes agrarias y obreras, hasta la organización de los trabajadores, la formación de cooperativas, hasta el establecimiento y funcionamiento de las escuelas racionalistas.
La lucha contra el consumo de bebidas embriagantes, impulsada por los carrillistas, encontró un campo abonado en la mayoría de los delegados que estaban convencidos de los efectos trágicos que tenían para la salud de los trabajadores esas adicciones, el interés que tenían por erradicar los centros de distribución que se encontraran cerca de los establecimientos fabriles, tratando de que los obreros no desperdiciaran sus exiguos salarios en esos consumos, afectando, además, de una manera directa a sus familias. El alcohol y la religión eran males fundamentales de la sociedad capitalista y por ello se combatían con la misma intensidad.

Vasconcelos, en una carta dirigida a los obreros de Jalisco, había aceptado la tesis de que la educación que impartía el estado para los asalariados del campo y de la ciudad, debía ser teórica y práctica, es decir, vinculada a la producción, teniendo como soporte fundamental a los sindicatos. Como decía Lombardo, había que enseñar a los trabajadores a producir, pero también a defender lo producido.


Como expresión de la educación racionalista, las escuelas-granja permitían que los trabajadores tuvieran conocimientos elementales acerca de los procedimientos elementales de la agricultura, la plantación de árboles frutales, la cría y engorda de ganado, todo ello para mejorar el consumo de alimentos de los obreros y de los campesinos. Existía la convicción entre los sindicatos de repudiar la educación libresca, ajena a las necesidades de la vida, no sólo por virtud de la influencia de Enrique Rébsamen sino también de Ferrer Guardia, aunque no precisaban las diferencias que existían entre ambos enfoques pedagógicos.
“Ante la entera contracción a mis estudios que me aparta de toda actividad política militante, asistía con simpatía al movimiento de renovación social que se ha acentuado en la humanidad después de presenciar la violencia y los horrores que conducen las guerras desencadenadas por el imperialismo capitalista. Creo que el movimiento de renovación social tendrá más posibilidades de éxito cuando los ideales de justicia social coincidan con el sentimiento de las conveniencias nacionales, es decir, donde las crisis económicas tengan por causa la coacción del capitalismo extranjero. Por lo poco que sé al respecto me parece que esas condiciones podrían realizarse en México: ello permitiría que la lucha contra los privilegios capitalistas fueran, al mismo tiempo lucha contra la opresión extranjera sumando a favor de un mismo ideal los dos sentimientos más arraigados en la conciencia colectiva”, dijo Ingenieros a Carrillo Puerto. Pidió al socialista yucateco que leyera su libro “Los Tiempos Nuevos” en el cual exponía sus ideas sobre la revolución rusa, diciendo que si en México se diera un movimiento de esa naturaleza con seguridad sería boicoteado o calumniado y que él (Ingenieros) “estaría dispuesto a defenderlo con su pluma”. “Puedo asegurar a usted que amo profundamente a mi país, mi patriotismo argentino coexiste con un profundo sentimiento latinoamericanista y con una solidaridad incondicional con todos los pueblos del mundo que profesan ideales semejantes a los míos, concluyó el pensador.11
En una carta enviada por Ingenieros a Carrillo Puerto exaltó la trascendencia histórica que había tenido la revolución rusa, su contenido profundamente anticapitalista y humanista, pero le sugirió que no se afiliara (el Partido Socialista del Sureste) a la Tercera Internacional, pero sin dejar de proporcionar a ese gran movimiento emancipador, la más amplia y efectiva solidaridad y ayuda, desde posiciones independientes, como en efecto ocurrió. De esta manera Carrillo coincidió con la postura de Morones quien durante el Congreso del Partido Socialista Mexicano se había opuesto a la incorporación de ese partido a ese organismo mundial, sin dejar de defender el derecho inalienable que tenía el pueblo ruso para construir el sistema económico y social que más conviniera a sus intereses.
A raíz del asesinato de Carrillo Puerto y después de la división ocurrida en el seno del Partido Socialista del Sureste, Haberman se ubicó al lado de Morones por que consideraba que merecía su apoyo. “Puedo decirle – le comentó a León Marvini, radical italiano – que Morones es, a la fecha, el mejor organizador de México y también uno de los más radicales.”12

Según las actas correspondientes, durante los congresos socialistas de Izamal y Motul, en efecto, se produjeron intervenciones muy importantes de Yúdico y Rico, enviados directamente por el Comité Central con el propósito de ampliar y fortalecer las relaciones entre esa organización y el Partido Laborista, con las Ligas de Resistencia y con el Partido Socialista del Sureste y también Haberman intervino en esa ocasión, exaltando las bondades de las cooperativas. En ellos había coincidencia plena no sólo en materia programática, en relación con las metas económicas y sociales de las organizaciones campesinas y obreras yucatecas sino también en cuanto a las líneas estratégicas de corto, mediano y largo plazo. Antes de viajar el estado de Yucatán, Haberman había estado en contacto con el grupo de socialistas norteamericanos que actuaban en la ciudad de México y estas relaciones le interesaron mucho a Morones sobre todo para conocer de una manera directa los movimientos de sus adversarios políticos. Se inició una relación muy estrecha, casi fraternal, entre Haberman y Morones mediante la cual éste le proporcionaba determinadas cantidades de dinero para que realizara misiones de carácter político no sólo en México sino también en los Estados Unidos. Él informaba de una manera sistemática a Morones acerca de las actividades de la AFL, de los partidos socialista y comunista y de las demás organizaciones obreras.



Esta relación estrecha le permitió al socialista norteamericano un tratamiento privilegiado y deferente por parte de Obregón y de Calles quienes también le encomendaron tareas específicas, todas ellas pagadas con fondos del erario público. El rumano americano era un socialista no dogmático, no ortodoxo, era un hombre pragmático, que trascendía a los comunistas de su país y por ello fue denostado como un traidor y como un agente. Era un individuo muy parecido a Morones, pero siempre desempeñó funciones subalternas, de gran importancia para la CROM y para el gobierno de México.
Como dijo Andrew, Haberman trabajó estrechamente con Carrillo Puerto en la organización de los trabajadores yucatecos en un esfuerzo “por frenar el poder de los propietarios de las plantaciones henequeneras y mejorar las condiciones miserables de vida de los obreros y de los indios.” También distribuyó literatura de carácter sindical y revolucionario entre los campesinos y fomentó la creación de cooperativas.13
En el informe, relativo al periodo de junio de 1920 a junio de 1921, presentado a la consideración de los delegados se reconoció que varios miembros del Comité Central habían recibido ataques pero que todos ellos habían carecido de una base sólida e hicieron notar que ese organismo había carecido de recursos económicos para atender el gran número de huelgas que estaban en curso, para realizar campañas de propaganda y de organización de los trabajadores no sindicalizados. Pidieron que el Comité Central se reforzara con la participación de representantes de las federaciones regionales, como la de Orizaba. Que el programa de acción de la CROM no había podido llevarse a cabo por la gran cantidad de huelgas que habían estallado.14
Al detallar el cumplimiento de las tareas, resaltó la gestión que el Comité Central estaba haciendo, se informó de la afiliación a la CROM de 63 sindicatos y de la formación de las federaciones locales de Tlahualilo, Aguascalientes y Jalisco. El conflicto de la fábrica de Metepec se resolvió en forma positiva para los trabajadores, pero no así el caso de la huelga de la Trinidad, en el estado de Tlaxcala, en donde habían prevalecido los intereses de los industriales.
Un asunto que mereció particular atención fue el relativo a los esfuerzos que había hecho el Comité Central para que las distintas asociaciones gremiales de ferrocarrileros suscribieran un pacto de solidaridad, sin haberlo logrado, sobre todo por los ataques y la intransigencia que pusieron los rojos al estallar una huelga por medio de la Confederación de Sociedades Ferrocarrileras, mientras que el Comité Central había apoyado a la Federación Nacional Ferrocarrilera. También dijeron que se había formado en el Distrito Federal el Gran Cuerpo Central de Trabajadores de la Región Mexicana, ”agrupación de falso radicalismo” que había promovido una huelga de profesores en la ciudad de México. También hicieron notar que había gérmenes de divisionismo en la Federación de Sindicatos de Atlixco que al presentarse a una asamblea Martín Torres y Alberto Méndez se le había intentado suspender el uso de la palabra por parte de un grupo de trabajadores que no pertenecían a la CROM sino que se consideraban rojos y la misma actitud se había presentado en el estado de Zacatecas. De los cuatro miembros del Comité Central, tres de ellos no habían podido concentrar sus esfuerzos en el cumplimiento de las obligaciones contraídas pues tenían que realizar trabajos para el sostenimiento de sus familias.
Una delegación encabezada por Alberto Méndez informó que se había presentado en el estado de Tlaxcala con el objeto de contrarrestar las actividades de los miembros de la CGT. Narró después una reunión que se había efectuado en Atlixco en la cual los había recibido con insultos “por individuos carentes de los más rudimentarios conocimientos de la sociología contemporánea” que pertenecían a la CGT.15
En el informe se constataron las críticas que había recibido, sobre todo el secretario general saliente, Antonio Valdés, quien en la práctica había abandonado sus deberes para dedicarse a la solución de los problemas del gremio a que pertenecía, el de los mecánicos, ya que el único que había realizado un trabajo satisfactorio había sido Juan Lozano. Tristán se había dedicado básicamente a las actividades sindicales de los mineros del estado de Coahuila, mientras que Escobedo se había ubicado en el estado de Zacatecas, sobre todo para frenar la influencia de José I Medina quien se había afiliado al Partido Socialista Mexicano, rechazando la propuesta de Morones de crear el Partido Laborista, que se había fundado en la convención sucedida en esa entidad en el año de 1920. En el informe se reveló que un número tan reducido de miembros del Comité Central, cuatro en total, era un número insuficiente para atender la creación de nuevos sindicatos, por una parte y las huelgas que había estallado el Comité Central, entre ellas, las de Orizaba y Salina Cruz, por la otra; por lo que surgió la necesidad de ampliar ese número, permitiendo que algunas federaciones nacionales designaran representantes, como fue el caso de Eulalio Martínez, de la federación orizabeña.

El otro factor de lucha que estaba abierto fue el de la multiplicidad de los sindicatos ferrocarrileros- el talón de Aquiles de la organización- y la pretensión que tenía el Comité Central de unificarlos, sin haber tenido éxito, no obstante los esfuerzos que desplegó Yúdico, sobre todo por la resistencia que generaban los sindicalistas comunistas. Ya para ese momento se había producido la primera fractura de la CROM al crearse el Gran Cuerpo Central de Trabajadores y se había separado de la dirección, Escobedo, para integrarse con Rosendo Salazar en el otro desprendimiento, la CGT. La división de la CROM trajo como resultado que los cegetistas penetraran en algunos sindicatos textiles en donde hasta ese momento la presencia de la CROM era indisputable. En el informe se destacaron los primeros enfrentamientos con los militantes anarquistas en el seno de las asambleas sindicales, sin que existiera nunca ninguna posibilidad de reconciliación o acercamiento pues mientras los promotores de la CGT acusaban a los cromistas de ser oportunistas y corruptos, éstos acusaban a aquellos de falsos radicales y de conducir todos los movimientos sociales al fracaso. A pesar de ello, la CROM seguía siendo una agrupación de frente amplio en el cual coexistían trabajadores de todas las tendencias ideológicas, e incluso en la convención de Orizaba intervinieron varios delegados que simpatizaban con los anarquistas, no estando de acuerdo con las expulsiones que algunos demandaban, ni con la distinción arbitraria entre obreros rojos y obreros amarillos.


La comisión de agricultura, presidida por Heriberto Jara, propuso el establecimiento de bancos agrícolas y la adquisición de instrumentos de labranza para proporcionárselos a los campesinos pobres.16

La presencia de Jara en la Convención, quien lo hizo a nombre de una asociación de resistencia, demuestra la apertura que tenía la CROM hacia los políticos burgueses progresistas, quien no obstante, tenía antecedentes clasistas pues Jara había sido obrero en Orizaba y había participado en la histórica huelga de 1907. En una primera etapa había apoyado a los sindicatos de la CROM pero después mantuvo una política de contención y hasta de oposición, como se demostró durante la huelga de profesores que encabezó Lombardo. Jara deseaba que los sindicatos de la CROM se dedicaran exclusivamente a luchar por demandas económicas y sociales y se disgustaba mucho cuando hacían pronunciamientos políticos o entablaban alianzas electorales. Pero como estaba interesado en la defensa de los intereses campesinos incorporó sus puntos de vista a la política agraria esbozada en la asamblea. Ya no se planteaba exclusivamente la demanda de la lucha por el reparto de la tierra sino el otorgamiento de apoyos técnicos y sobre todo el suministro de recursos crediticios, lo que demostraba el interés de Jara y el resto de los delegados por los problemas de los campesinos.


En la discusión sobre el programa educativo de la CROM, Guillermo Palacios pidió que se elevaran los salarios de los profesores, reduciendo los gastos que se hacían por concepto de pagos a los haberes de los miembros del ejército, a lo que Vasconcelos contestó que el gobierno federal estaba dispuesto a realizar un sacrificio pero que también hacía falta que los municipios aportaran otras cantidades. Ezequiel Salcedo, desde luego, ponderó la importancia social que tenían los profesores, pero indicó que muchos de ellos no tenían conciencia de esa responsabilidad.17
En la etapa de formación de la Federación Nacional de Maestros encabezada por Lombardo y Vilchis se demostró que muchos profesores sólo estaban preocupados por la solución de sus problemas económicos más apremiantes, pero no tenían conciencia de clase. En los documentos consultados, los profesores se limitaban a solicitar a Lombardo que les ayudara a que el gobierno les pagara sus salarios que estaban vencidos, que fueran tratados en términos igualitarios con respecto de los maestros federales, exigir cambios de adscripción de escuelas, pero no existía precisión acerca de su pertenencia a una clase social. Muchos gobernadores, Jara, entre ellos, no los consideraba como parte del proletariado y por lo tanto no estaban sujetos al pago de salarios de una manera permanente y oportuna. En virtud de que la función educativa descansaba en los recursos de los municipios, el gobierno federal solía desligarse de sus compromisos de financiar la educación nacional, hasta que el general Obregón creo la Secretaría de Educación Pública y se reconoció esa función como esencialmente de carácter federal y nacional.
Los delegados del Centro Educativo Obrero de la región de Orizaba dijeron que la educación actual era “profundamente intelectualista, académica y libresca, con sus absorbentes tendencias instructivas, con su inmovilidad y rígida disciplina y principalmente con sus métodos de enseñanza, que están en contradicción con la naturaleza. La escuela de tipo oficial es origen en el mundo idolatino de grandes injusticias sociales y políticas, con su cortejo de continuas revoluciones intestinas, donde la sangre derramada y los esfuerzos populares gastados, no responde a los nobles fines, ella es fuente inagotable de resistencia contra el progreso social, es el manantial del cual brota el imperialismo reaccionario y que se opone a la renovación de los valores, incluso a los educativos”.
Precisaron que “la escuela oficial sirve a los intereses creados por el régimen capitalista que imperan en el mundo civilizado, el cual para su preservación necesita de sujetos adaptados a las exigencias impuestas por las clases triunfantes, la escuela oficial es enemiga irreconciliable del progreso de los trabajadores, contraria a los ideales de solidaridad y de justicia, fomenta la sumisión y la inmovilidad en los niños que cuando son adultos rinden culto al servilismo, aleja a los niños de los influjos de la naturaleza, los coloca en un medio artificial que les impide ser vigorosos y activos, ofrece la ciencia diluida en palabras y manuales que le ahorran el delicioso trabajo de pensar por lo que se concluye con hombres débiles de cerebro, de espíritu mediocre, en donde anidan fácilmente las supersticiones y los prejuicios”.
Más adelante agregaron que la educación “formaba siervos modernos que enseñaban a la resignación y a no rebelarse contra le ley pues se castigaba con la religión por lo que esos individuos estaban perdidos para la emancipación. Por haber privado a los escolares del ejercicio prodigioso de sus manos, germen del amor al trabajo, simiente del orden y manantial de aguas lustrales, los convierte en seres egoístas, pasivos, sin destreza alguna”.
Elogiaron los esfuerzos educativos que en el estado de Yucatán estaba realizando el profesor José de la Luz Mena por lo que pidieron que en la región de Orizaba se siguiera su ejemplo y para ello demandaron la entrega de la hacienda de Tecamaluca para establecer en ella un jardín, un bosque, un estanque, un campo deportivo, además, de talleres, laboratorios, museos, aulas, una sala para la biblioteca. Para ello se necesitarían inversiones las cuales desde luego serían redituables a corto plazo. Esa escuela granja funcionaría bajo las treinta condiciones pedagógicas que había establecido el sociólogo Adolfo Ferriere, Director de la Oficina Internacional de Escuelas Nuevas, con sede en Ginebra. De una manera concreta indicaron que en esa ex hacienda establecerían talleres de carpintería y de herrería. Establecer un Comité Ejecutivo el cual se encargaría de echar a funcionar esa escuela ejemplar y de subcomités de auxilio que se encargarían de reunir las cantidades aportadas por los trabajadores.18
Por su parte, Epigmenio Ocampo, del sindicato de sastres, también de la región de Orizaba, presentó un interesante documento que denominó Proyecto de Nueva Constitución de la CROM en el cual consideró que para alcanzar la emancipación del proletariado “se imponía la necesidad de prescindir de todo parlamentarismo burgués y de la democracia burguesa, sostenida desde tiempos remotos hasta nuestro días por partidos liberales y conservadores” en esas condiciones propuso que la central obrera luchara “por la democracia del proletariado”. Para llegar a ella había que instituir el control social del pueblo productor y una dirección democrática del estado.
En las propuestas concretas este dirigente se pronunció, además, por la transformación de la gran propiedad individual en propiedad social, colectiva y común, la creación de federaciones económicas en la que los usufructuarios de las materias primas y de los instrumentos de trabajo estuvieran a cargo de las colectividades obreras; la satisfacción de las necesidades de los impedidos por edad o enfermedad, la abolición de todas las clases sociales, para que exista una sola, la clase de los trabajadores dueños exclusivos de la riqueza, todo ello en base al artículo 39 de la Constitución que facultaba al pueblo a modificar el régimen de gobierno; pero él pensaba que ello se lograría por medio del sufragio, ejerciendo un voto llamado condicional, aquel por el cual los trabajadores se comprometían a luchar por esos principios. Enseguida habló de que habría un “periodo indeterminado”en el cual la CROM se debería preparar para esa transformación, enarbolando una plataforma mínima.
Esa plataforma mínima tenía, entre otros los siguientes objetivos: perfeccionar el sistema de gobierno mediante una serie de reformas electorales y administrativas, impulsar la enseñanza en general en toda la república, igualad de derechos de los hombres y las mujeres, organización de jurados populares, implantación del plebiscito, reconocimiento del derecho de referéndum, derecho de voto a las mujeres, rendición de cuentas de los funcionarios públicos, obligación de éstos de oír y atender las demanda y observaciones de los trabajadores, otorgamiento de concesiones y subvenciones a las organizaciones de obreros, abolición de los impuestos indirectos, disminución de los impuestos sobre la tierra, impuestos elevados a las tierras que permanecieran ociosas; nacionalización de los servicios públicos como los de salud, electricidad, agua potable, transporte; supresión de los trabajos a destajo, inspección rigurosa de las viviendas de los trabajadores, implantación de la semana de 44 horas, organización de comisiones inspectoras que revisen las condiciones de trabajo de los obreros; creación de escuelas, talleres y bibliotecas, fraccionamiento de los latifundios de las haciendas, venta a los campesinos por parte del gobierno de aperos de labranza para cultivar la tierra, constitución de colonias agrícolas, construcción de obras de irrigación en los campos agrícolas.19
En el memorandum presentado por las delegadas del Consejo Feminista Mexicano (Inés Malváez y María Teresa Rentería) se demandó que en el seno del Comité Central de la CROM, hubiera, cuando menos, una mujer pues de lo contrario “el elemento femenino no tendría representación ante el gobierno, como no la tiene actualmente, ni se le reconoce dentro de la organización política actual.” Que se compela al gobierno para no sea quitada ninguna mujer de los puestos públicos, atendiendo a que tanto el hombre como la mujer tiene el mismo derecho a vivir. Que cuando sea cesada una mujer o un hombre se le digan las causas que hayan motivado esa medida; que el gobierno preste su contingente para la fundación de una casa que sirva de hogar a las mujeres solas, a semejanza de la Asociación de Jóvenes Cristianas, que albergan a estudiantes sin familia, alejándolos de la maledicencia pública. Exigir de las autoridades del apoyo necesario para que la mujer pueda hacer valer sus derechos en cualquier incidente provocado por la perversidad de algunos hombres que no saben guardar respeto a la sociedad en la vía pública, permitiéndoles libertades que hieren el decoro ya sea de la niña, de la joven o de la mujer en general. Fundación de clubes recreativos y de cultura física. Abolición de los distritos segregados y regeneración de las mujeres que los forman, exigiendo el mismo criterio moral para el hombre que para la mujer, así como impedir que el gobierno siga explotando la prostitución como carrerea profesional, pues éste adquiere contribuciones en los lupanares, lo que es altamente inmoral. Formación de un tribunal de mujeres legalmente constituido para juzgar y aplicar penas a los menores que delinquen. Vigilancia de los establecimientos de reclusión por comisiones especiales formadas por mujeres. Fundación de asilos para los niños abandonados, proporcionando el gobierno los medios de alimentación, para evitar así la vagancia y la mendicidad. Trabajar para que la producción de maguey sea explotada en su fibra y hacer otros usos, que no produzcan la intoxicación y degeneración que el pulque produce al que lo toma. Perfecta igualdad de las leyes en lo que corresponde a la mujer en sus derechos a poseer propiedades y administrarlas en su estado matrimonial, al divorciarse y en la viudez, cualquiera que sea su nacionalidad.”20
En materia de trabajo y previsión social se aprobó una solicitud del sindicato de El Buen Tono para restringir la venta de bebidas alcohólicas, coincidiendo con la propuesta que al respecto había formulado la delegación del Partido Socialista del Sureste. Los dirigentes de aquella agrupación reconocieron que existían elementos adictos a las bebidas embriagantes, que eran víctimas de los vales que los patrones distribuían para asistir a las tabernas de la zona en donde les daban un descuento del 10 % en los consumos.21

Por su parte, la Unión de Empleados de Restaurantes pidió que se cumpliera con el artículo 123 de la Constitución, relativo a la jornada nocturna de trabajo que era de siete horas, así como las restricciones para que los jóvenes y las mujeres pudieran trabajar en los establecimientos comerciales, sobre todo, después de las diez de la noche. 22

Se destacó la participación del Consejo Feminista Mexicano, encabezada por su secretaria general, Elena Torres. De sus propuestas, los delegados aceptaron las siguientes: creación de una clínica para mujeres, manejada por el Consejo pero financiada por el gobierno, la incorporación de una mujer al Comité Central de la CROM, la apertura de una casa para mujeres solas, así como de centros recreativos y de cultura física para las mujeres. 23

Por su parte, la Unión de Empleados de Boticas y Farmacias insistió en que debía hacerse efectiva la jornada de ocho horas y el descanso dominical. Los delegados de la cámara del trabajo de Orizaba exigieron la reglamentación del artículo 123 constitucional a afecto de que los laudos que emitan las Juntas de Conciliación y Arbitraje no fueran nulificados por los amparos que interpusieran los patrones.24



La lucha contra la venta de bebidas alcohólicas estaba incluida en la Declaración de Principios y en el Programa de muchos sindicatos y constituye una de las herencias del anarquismo. Pero además, esta preocupación la compartieron jefes militares y políticos del constitucionalismo y del obregonismo; varios gobernadores que dictaron medidas para restringir la distribución de ese tipo de bebidas. También la lucha contra esa lacra social la encontramos en los programas de las asociaciones mutualistas que reclamaban la moderación en los consumos como una de las virtudes que debían tener todos los trabajadores. Se argumentaba que precisamente la ingestión de alcohol no sólo dañaba la salud física de los obreros sino también afectaba a sus familias al perderse sus ingresos en las tabernas. De las sociedades mutualistas que enfatizan en el ahorro y en la máxima disciplina, se pasó a las asociaciones de resistencia las cuales ya no las concibieran desde una perspectiva moralista sino también como un instrumento de enajenación espiritual que los capitalistas empleaban en contra de los asalariados. Es decir, se concluyó el combate contra el alcoholismo desde una perspectiva de clase.
La presencia del Consejo Feminista Mexicano, en la que había participado durante su estancia en nuestro país, Evelyn, la esposa norteamericana de Manabendra Nat Roy, demuestra que la CROM aceptaba la participación de agrupaciones y elementos comunistas, como Elena Torres, quien al igual que Carrillo Puerto, también se incorporó al obregonismo. La propuesta del Consejo carecía de una connotación ideológica de clase, como había sido su característica en su primera etapa, limitábase a formular planteamientos de naturaleza concreta, los cuales fueron aceptados sin ninguna dificultad por la Comisión Dictaminadora que analizó cada uno de los puntos y los aprobó casi todos. Elena Torres, no obstante su militancia comunista, no censuró a la dirección de la CROM y prefirió omitir las críticas que desde el grupo de José Allen se hacían contra Morones e incluso propuso que una mujer ocupara un cargo en el Comité Central, indicando la actitud de apertura que tenía la CROM.
A una solicitud de Celestino Gasca, se acordó fundar los Consejos Municipales de Educación con el objeto de conseguir la cooperación económica de esas entidades para conseguir el mejoramiento de los salarios de los profesores.25
Esta propuesta de Gasca, concordante con la posición asumida por Vasconcelos respecto del financiamiento de la educación pública, era compatible con las características de la época en que los municipios tenían a su cargo las funciones educativas y ellos pagaban los salarios de los profesores, además de las erogaciones que efectuaban los gobiernos de los estados. Sin embargo, las huelgas de profesores de la ciudad de México en 1918 y de Puebla en 1919 demostraron que esa esquema en realidad no funcionaba pues en esos niveles de gobierno nunca había recursos suficientes para proporcionar a la población ese servicio y eran, por lo tanto, muy frecuentes las suspensiones de salarios de los maestros, ya que muchas veces apenas se tenían ingresos para pagar a otros empleados y realizar algunas obras públicas. Durante la etapa revolucionaria la situación se tornó más crítica pues tanto los gobiernos municipales como los estatales, se vieron materialmente obligados a aportar recursos para los jefes militares y para sostener las campañas bélicas. Todo ello, claro, está, en demérito de la educación pública.
La Convención de Orizaba fue particularmente rica en proposiciones de carácter educativo, desde una que se inclinó por integrar a José Vasconcelos como miembro de la Comisión de Educación del Comité Central hasta la que pretendía reglamentar la carrera de los empleados de farmacias y boticas, incluyendo la entrega de una hacienda a la Cámara Obrera de Orizaba para la construcción de una escuela nueva, dotada con talleres y laboratorios. Una comisión reflexionó que la escuela actual estaba al servicio del régimen capitalista que imperaba en el mundo civilizado, sujetas a las exigencias de las clases triunfantes. Se reconoció que la escuela, tal y como estaba concebida, era “adversaria de la emancipación y del mejoramiento del proletariado, contraria a la realización de los ideales de solidaridad y de justicia de la clase trabajadora y de todos los sistemas de lucha libertarios.”
Para ello, la escuela actual imponía al niño una rígida disciplina “apta para la simulación profunda y fecunda para ficciones, para rendir culto al servilismo, aleja al niño del influjo de la naturaleza, les ofrece palabras y manuales que le ahorran el delicioso trabajo de pensar y que lo toma como ingenuo o inocente, incapaz de alguna disciplina mental, alejado de las reflexiones por falta de desarrollo espiritual, estos individuos están perdidos para la obra de emancipación de la sociedad.”26
Desde esta perspectiva, era profundamente negativa la tendencia que impide al niño realizar trabajos manuales, “convirtiéndose en un individuo pasivo y egoísta, inhábil para las destrezas mecánicas”.
Una de las mayores aportaciones de la Convención fue la crítica que hicieron a la educación nacional, concebida como una función legitimadora, sostenedora y reproductora del orden social capitalista, exhibiéndose así su naturaleza de clase. Ello fue muy importante porque a partir de esa impugnación global se formularon distintas alternativas pedagógicas, siendo la racionalista, en ese momento, la más radical. Nadie estaba de acuerdo con los resultados sociales del sistema educativo nacional, el cual había beneficiado exclusivamente a una minoría, que habitaba en las grandes ciudades, mientras se había abandonado a los hijos de los obreros y de los campesinos. Esta gran carencia implicaba la puesta en marcha, bajo el gobierno de Obregón y bajo la dirección de Vasconcelos, de distintos programas de educación popular, desde la creación de escuelas rurales, hasta la conformación de brigadas de alfabetización, así como la publicación y distribución de libros, que enriquecieron las bibliotecas no sólo de los miembros de la clase media intelectual sino también de las bibliotecas de los sindicatos. Todos los obreros rechazaron las tendencias verbalistas de la educación y exigieron una mayor vinculación con la práctica y con la realidad social, es decir, una educación que enseñara a producir bienes y satisfactores y desde luego estaban decepcionados de los frutos del laicismo porque no señalaba rumbos ni derroteros, sólo negaba pero no afirmaba.
Tanto a Haberman como a Juan Viteli, que actuaron como delegados del Partido Socialista del Sureste, les interesaba impulsar en el seno de los sindicatos los Institutos de Ciencias Sociales. Muchos delegados consideraron a ese organismo como una Escuela para Adultos y desde luego demandaron al Comité Central que hiciera gestiones ante la Secretaría de Educación Pública para la construcción de escuelas y la contratación de profesores. En efecto, según un informe relativo a los trabajos educativos, en el Distrito Federal se habían puesto en marcha cursos diurnos para niños y nocturnos para obreros, que se denominaban Instituto de Ciencias Sociales. Se había asimilado la experiencia de la escuela de Ferrer Guardia y de Montesori. Asistieron 200 niños y 897 obreros y las materias que se impartían eran las ciencias exactas, física, química, ciencias naturales, lenguaje, ciencias sociales, trabajos manuales, ejercicios físicos. Aunque admitieron que no estaban satisfechos con los resultados obtenidos por lo menos se había avanzado “en la eliminación de la disciplina forzosa, en el respeto mal entendido”.
“Los enemigos más grandes que hemos encontrado en la labor emprendida, han sido, por una parte, la indolencia innata de nuestros compañeros para no enviar a sus hijos a nuestro plantel, la guerra a muerte que el clericalismo por medio de los sacerdotes hacen desde el púlpito en contra de la asistencia al Instituto de Ciencias Sociales, llevando al seno de los hogares la desconfianza hacia nuestros métodos educativos que no son en absoluto sectarios.”27
El programa del Instituto de Ciencias Sociales, organizado por Robert Haberman reflejaba claramente el pensamiento pedagógico de Vasconcelos pues en realidad se trataba de una institución para atender a los adultos y sobre todo para combatir el analfabetismo. Se enseñaban a los obreros las nociones más elementales de aritmética, gramática, historia, higiene, pero no existía una tendencia ideológica de carácter proletario. Los sindicatos adheridos a la CROM confundieron también a los institutos como escuelas al servicio de sus hijos, a la manera de escuelas primarias o elementales, coincidiendo así también con el secretario de Educación Pública. Mientras Haberman estuvo al frente de este proyecto no se preocupó por disipar esta confusión, ni por imponerle un carácter clasista a sus actividades, hasta que Carlos L. Gracidas y Vicente Lombardo Toledano propusieron su transformación como escuela de formación de cuadros sindicales.

Esta convención se realizó en el marco de un antagonismo mayor con los llamados rojos o radicales debido a la creación de la CGT y a la lucha desplegada por sus dirigentes y militantes para infiltrarse en los sindicatos de la CROM pero no para depurarlos de sus dirigentes reformistas sino para sustraerlos de la filas de esa organización para incorporarlos a la anarquista. La lucha fue de confrontación abierta, sistemática, constante, violenta, en ocasiones sangrienta e irreductible. En la medida en que se radicalizó la postura de la CGT, ocurrió un fenómeno similar en la CROM.


Sin embargo, es posible advertir la existencia de dos posiciones: por un lado, los que proponían un ataque frontal contra lo rojos o radicales y por el otro, los que planteaban un tratamiento conciliador para evitar la ruptura. Se puede señalar la presencia de militantes comunistas y anarquistas en los sindicatos y las federaciones de la CROM, según el trabajo ideológico que realizaban. A pesar de la profundización de los antagonismos no se aprobó ninguna acción específica para excluir a esos elementos, como sucedió posteriormente.
La lucha entre cromistas y anarquistas y comunistas se daba también en el interior de las fábricas textiles, sobre todo en el Distrito Federal y en el Valle de México, tratando cada una de las organizaciones de atraer a sus filas al mayor número de trabajadores para conquistar la titularidad de los contratos colectivos de trabajo. En muchos casos se hizo uso de la violencia directa para tratar de prevalecer una sobre las otras; cuando en una fábrica predominaban los cromistas eran excluidos los trabajadores que simpatizaban o estaban afiliados al grupo cegetista o comunista y viceversa. La corriente moderada de la CROM no estaba de acuerdo en la profundización de las diferencias políticas ni en la distinción que se hacía entre trabajadores rojos y amarillos.
J. María Tristán informó a la Convención de la realización del Congreso Estatal de Puebla. Dijo que habían asistido como delegados miembros de la Federación Juvenil Comunista, de la CGT, como Carlos Serret y dos personas más y de la Federación Regional Comunista de Atlixco. Según Tristán, el congreso había sido todo un éxito: se adoptó el principio de la acción múltiple, exceptuando a la política, quedando prohibido tratar asuntos de esa naturaleza, así como de carácter religioso dentro de las organizaciones sindicalistas, aceptando la libertad de conciencia. “Los derechos políticos los pueden ejercer los trabajadores fuera de las organizaciones obreras”, se consideró. En el rubro de la agricultura se acordó luchar por la reglamentación del artículo 123 de la Constitución, el reparto de ejidos a los pueblos, el libre aprovechamiento de las aguas, la fundación de colonias agrícolas para obreros en las inmediaciones de las fábricas que posean tierras y que no estén cultivadas. En materia industrial, se acordó impedir que las fábricas puedan suspender sus funciones sin causa justificada y en caso de que ello ocurriera, proceder a la incautación de esos establecimientos. En el ámbito educativo se determinó combatir el analfabetismo, procurar el establecimiento de escuelas técnicas y de bibliotecas, reprimir el vicio del alcohol, y fundar escuelas racionalistas.28




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