Contribuciones diagnósticas del ‘caso montesinos’ César Sparrow resumen


En el lugar de “nada” está el falo materno que no puede no estar



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En el lugar de “nada” está el falo materno que no puede no estar: Fetiche

El fetiche ocupa el lugar de lo que no está, un objeto fuera, ilusorio. (En rigor, hablamos del objeto transicional de Winnicott, el indicador genético del fetichismo.) Ha habido una detención en la imagen y su perennidad, como una película detenida justo antes de la escena donde pueda aparecer el falo materno. A este dispositivo visual Freud lo llama RECUERDO-PANTALLA (“Deckerinnerung”), y es no sólo la instantánea de un momento sino la interrupción –pause– de la historia en suspenso. Para Montesinos la pantalla es más preciosa que la realidad porque sobre su superficie puede representar su proyección imaginaria. En esto es función de velo el fetiche, una condición de la que pende el deseo. Pero en Montesinos se manifiesta además con gran énfasis la pulsión escópica. Por eso el objeto pasa de ser mera falta a algo más específico: a ser mirada (a). Entonces la historia representada prosigue sucediéndose ad infinitum. Pero sostenemos que en su estructura el nódulo es el factor fetichista (fetiche proviene del portugués factiço que significa facticio). La dimensión de voyeur corresponde a una impotencia del ojo a ver lo que transcurre más allá por el lado del goce por estar supeditado al deseo del Otro, ergo conságrase con denuedo a ser un objeto de goce fálico para el Otro. Aquí reside la esencia perversa según Lacan. El perverso se propone a sí mismo como un devoto “defensor de la fe”, que el Otro obtenga un goce fálico a través suyo, entregándose a obturar su agujero de falta.


Si notamos la función del Otro en el voyeur contaremos con su inclusión 3 agentes: el que mira (“visualiza” o “visiona”, como se puso de moda decir a propósito de Montesinos y sus videos) –activo–, el que es mirado –pasivo–, y el testigo que mira al que mira sancionando que no debería mirar –el Otro–. El perverso, voyeur o exhibicionista, requiere de una sanción del Otro como condición para el goce; a través de su mirada como objeto que tapa o de su agresividad como efecto que satisfaga, se esfuerza en la Misión vana de demostrar que el Otro existe. Ambas pulsiones visuales no son simétricas sino paralelas, porque mientras una busca demostrar que tiene algo bajo el fondo de que no lo tiene, bajo la realidad de su impotencia, la otra muestra realmente su impotencia de tener porque el ojo es impotente y su goce radica sólo en la violación de una prohibición en el acto de fisgonear y espiar, y nada más.

Ahora vamos a revisar lo dicho sobre los momentos de la pulsión parcial. Basándonos en Freud, extendemos la fórmula de los tiempos del masoquismo a la pulsión escópica. Hay (1) la voz activa “ver”, (2) la voz refleja “verse” a sí mismo y (3) la voz pasiva “ser visto” por otro. Freud dice que es recién en el tercer momento, el de la voz pasiva, donde emerge un nuevo sujeto para la pulsión ya que en los anteriores ésta es autoerótica. Lacan lo reformula planteando que la voz es activa en los tres tiempos: (1) “ver” y (2) “verse”, donde todavía no hay una posición definida del sujeto, y (3) no tan sólo “ser visto” por otro sino “hacerse ver” por el Otro. Éste último es el momento de la perversión escoptofílica, cuando el sujeto pasa a ser objeto, procurando responderse a la pregunta sobre el deseo del Otro “¿Qué quiere?”. La estrategia imaginaria del fantasma es “lo que quiere es algo para ver”. El “fin” de la pulsión parcial, como lo indica el circuito lacaniano diagramado, adaptado por nosotros para la pulsión escópica, está en el recorrido, trayecto o viada (aim) y en su meta (goal). La fuerza, presión o perentoriedad de la pulsión se dirige a sólo bordear al semblante del objeto mirada, puesto que está perdido (a) y no se recupera. La “fuente” es de naturaleza biológica y atañe a la zona erógena de la cual emana la “presión”. Es un borde que remonta esta fuerza e involucra al ojo. Luego de conseguido el fin, la pulsión se relanza.


La mirada debe estar perdida y debe faltar para que la percepción ocular se organice. Una mirada en lo real impediría el enfoque, la configuración de las imágenes y una desaprehensión del goce más allá del cuerpo que se vivenciaría fragmentado. Luego la mirada estaría en todos lados, “las cosas miran”. En ello estriba una diferenciación estructural de las psicosis y las perversiones en lo concerniente a la mirada como objeto, en lo que se dio a llamar la esquizia del ojo y la mirada. Tanto el exhibicionista como el voyeurista se dan a ver mostrándose como mirada para el Otro, creyendo tener la mirada, que ella no está perdida. El exhibicionista llama a ser visto mientras que el voyeur espera ser descubierto mirando, recibiendo la sanción de vergüenza del Otro. Ambos se ofrecen como mirada. La pulsión se relanza porque el objeto no se encuentra sino que se revela como un espejismo, un puro truco que frustra la divina demanda del gran Otro omnividente anónimo.
Hemos confeccionado un esquema optativo para la dinámica inconsciente estructural de Montesinos al que llamaremos “Vladiesquema”:

Un cuaternario compuesto de dos triángulos adyacentes. A la derecha el triángulo de lo simbólico S con 3 factores: el Otro [A], el Ideal del Yo [I(A)] y el objeto a [a]. El Otro en tanto Padre superyoico que clama «¡Goza!» es la ética de Montesinos. Su ética está sujetada a un mandato imperativo que identifica en una sola dos causas opuestas: la Ley con el goce, según la versión del Padre. (Un juego de palabras lacaniano es expresivo y aleccionador: la pèreversion=perversión, père=padre, vers=hacia, version=versión; ”versión hacia el padre”.) Que la transgresión de una ley sea condición para el goce, deviniendo esta condición en la ética promulgada por La Ley. Por la parte del Ideal del Yo, identificación paterna, encontramos nada menos que a la Segunda Espada de la Revolución, Vladimir Illich Lenin. Reflexionemos en que Abimael Guzmán –subrrogado paterno– se autoproclamaba la Cuarta Espada. Como a ubicamos para lo simbólico S a la voz como objeto del sadismo, un sordo golpe de sonido procedente de lo real R. Podemos entender la Ley del Padre como pacto simbólico o como imperativo ciego; el segundo es el caso de Montesinos. Para generar una ética es necesaria una legalidad, un código general desprovisto de afectos y de objetos, no buenas intenciones en el cumplimiento de ideales sino un estatuto firme de sujeción para todos. La Ética no puede ser parcial, debe ser absoluta, estricta e inflexible.


Si despojamos a la voz de la palabra y su significación nos quedamos con un golpe, el golpe del sádico. El significante implica a la voz, pero la voz no al significante. La voz aislada de la letra se constituye en el superyó sádico, su conciencia moral que le ordena oír la Ley indiscriminada del Padre «¡Goza!» con lo cual el sujeto queda alienado en el Ideal del Yo, siendo reducido a trabajar con fervor para el Otro. El sádico pretende expropiar la facultad de palabra del Otro, inoculándole a capricho su propia voz. Pero falla porque la voz no es suya. ¿De dónde la saca?
El otro triángulo, el triángulo imaginario I no es enteramente imaginario porque incluye al matema un significante fallido del Otro o un significante del Øtro castrado que no existe porque no goza. La estrategia imaginaria fantasmática enuncia “Yo tengo el falo” para el sujeto y debajo vemos que no lo tiene [ menos fi minúscula] y al costado que si lo tiene será una respuesta fallida a la pregunta por el deseo del Øtro. Podríamos pensar otra vez en Lenin, pero como yo ideal [i(a)] imaginario, como imagen especular del otro para el Otro por lo que se articula del deseo en el fantasma –el Padre imaginario–, aunque no lo sabemos. ¿Qué implica Lenin imaginariamente?* En el tercer vértice está a ahora como mirada que se da a ver por el truco “Yo tengo el falo”. Una atribución fálica de la mirada por estar perdida y engañosamente reencontrada. Para completar, la vía de lo real R se acoge en el segmento final hacia el objeto a que es lo que no podemos decir –sobre Lenin, por ejemplo, el Otro real ¿qué quiere conmigo?
Acerca de la flecha que va del Otro al sujeto “Yo tengo el falo”, diremos con relación al objeto a, la mirada, que la aplicación de una solución como la de Montesinos, donde la proliferación de fetiches que hacen Una Cosa –y no La Cosa (a)– en busca de asegurarse por la pérdida fálica, no representa a fin de cuentas sino a la propia castración, en concordancia con el reverso típico de las soluciones neuróticas. El corolario de la castración es convenir en elidirla a la manera del mito de la cabeza de Medusa y su mirada petrificante. Se vale entonces de los muchos artificios electrónicos y mecanismos audiovisuales adquiribles para el control de sus “posesiones”, para lo que un buen símil es la llamada instrumentalización sadomasoquista, perversa además a fin de cuentas.
Quizá el drama de Montesinos consista en desconocer al servicio de qué Otro consagra su labor demostrativa de goce. ¿Quiere demostrar que no hay quien, con alicientes, pueda eximirse de incurrir en un goce transgresor promulgado por el principio de su ética Ley=goce?, ¿que es un hipócrita quien se piense capaz de recusarla? Por lo pronto sostendremos una contestación afirmativa de ambas preguntas. No hay moralejas. Montesinos es un hombre de su época, pues su vida trascurre en un tiempo canibalista signado por el imperio absoluto de la imagen, lo visual, la informática y la fetichización de los objetos, las transacciones y las relaciones.


* Nota de junio de 2001: En favor de nuestra hipótesis sobre la situación de Lenin en el ángulo del Ideal del Yo, como identificación simbólica paterna recusativa, hacemos constancia de las primeras dos exigencias planteadas por Montesinos, inmediatas a su traslado a Lima tras su captura en Venezuela en calidad de prisionero:

  1. No permanecer recluido en la Base Naval del Callao, en el recinto que él mismo diseñó personalmente para recluir a Abimael Guzmán y a otros terroristas (al no considerarse su petición se declaró en huelga de hambre).

  2. Que su verdadero nombre no es Vladimiro ‘Lenin’ Montesinos Torres, como se había hecho público en la propaganda que ofrecía una recompensa por revelar datos que condujesen a su paradero, sino simplemente Vladimiro Montesinos Torres. Consta en documentos oficiales que su nombre original y completo es el que indicamos, Vladimiro Illich Montesinos Torres.

04/2001


  • csparrowly@hotmail.com

  • CIRCULOIMAGO@terra.com


REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS



  1. AMERICAN PSYCHIATRIC ASSOCIATION

“Manual diagnóstico y estadístico de los trastorno mentales DSM-IV” Washington, 1994.


  1. CARETAS –ilustración peruana–, Dossier “Montesinos. Toda la historia” Lima, 2000.




  1. FREUD, Sigmund “Tres ensayos para una teoría sexual” Viena, 1906.




  1. FREUD, Sigmund “Los instintos y sus destinos” Viena, 1915.




  1. FREUD, Sigmund “El problema económico del masoquismo” Viena, 1923.




  1. FREUD, Sigmund “Fetichismo” Viena, 1927.




  1. KLEIN, Melanie “Sobre la criminalidad” Londres, 1934.




  1. LACAN, Jacques “Kant con Sade” en Escritos II. París, 1963.




  1. LACAN, Jacques “Seminario 4. La relación de objeto” París 1956-1957.




  1. LACAN, Jacques “Seminario 7. La ética del psicoanálisis” París, 1959-1960.




  1. LACAN, Jacques “Seminario 11. Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis”

París, 1964.


  1. LOAYZA, Francisco “Montesinos. El rostro oscuro del poder en el Perú,

vida, poder y ocaso” Lima, 2000.


  1. MIRA Y LÓPEZ, Emilio “Psiquiatría” Buenos Aires, 1954.




  1. SADE, Marquis de “La Philosophie dans le boudoir ou les instituteurs inmoraux.

Dialogues destinés à l’education des jeunes demoiselles” Paris, 1795.


  1. WINNICOTT, Donald W. “Transitional objects and transitional phenomena”

Londres, 1951.


 Publicado en la Revista de Psicología de la UNMSM (2001). Año V, No. 1 – 2.





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