Contextos xv/29-30, 1997 Reseñas Walter, Henriette



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Contextos XV/29-30, 1997 (Reseñas






Walter, Henriette: La aventura de las lenguas en occidente. Su origen, su historia y su geografía, Madrid, Espasa Calpe, Colección: Espasa de la Lengua, 1997.
Publicada por primera vez esta obra1 en París en 1994, llega ahora a nuestras manos la versión española de la misma en la colección Espasa de la Lengua, que satisface el interés creciente de un público cada vez más numeroso por los temas relacionados con la lengua. Se trata de uno de los últimos trabajos de Henriette Walter2, discípula predilecta de André Martinet, con el que publicó en 1973 su Dictionnaire de la prononciation française dans son usage réel.

El libro se abre con un prólogo de A. Martinet, en el que pone de manifiesto que, a pesar del predominio indiscutible del inglés en la Europa de hoy, será cada vez más necesario aprender la lengua de los vecinos con los que se está directamente en contacto. Según A. Martinet, “el deseo que ha movido a Henriette Walter es recordar a algunas personas y dar a conocer a otras que en Europa las lenguas se caracterizan tanto por lo que las acerca como por lo que las diferencia. La mayoría de ellas han surgido, por divergencia gradual, de una misma lengua que hoy ya ha desaparecido. Pero todas, incluso las que tienen un origen distinto, no han dejado de influirse entre sí”.

En su libro, Henriette Walter nos invita a compartir con ella una maravillosa aventura, nos propone, según sus propias palabras, “una especie de viaje a través de la historia y de la realidad actual de las lenguas de Europa” (p. 15). De hecho, su estudio lingüístico -serio, riguroso a la vez que atractivo y lleno de humor- empieza como un cuento: “Hace más de 7.000 años, unos invasores montados a caballo procedentes de más allá del mar Negro atravesaron a lo largo de varios milenios todo el continente europeo, desde las estepas al océano” (p. 13), frase que recuerda el libro de su maestro A. Martinet De las estepas a los océanos. El viaje empieza en los albores de la civilización occidental, en la sociedad patriarcal de estos pueblos que hablaban las lenguas indoeuropeas, de donde provienen una gran parte de las lenguas de Europa y Asia, como el inglés, el ruso, el albanés, el griego, el hindi, el persa, el armenio o el kurdo, y termina a finales de nuestro siglo, a finales de este milenio que algunos miran con cierto temor, con el temor de ver desaparecer las especifidades de las lenguas diferentes del inglés, temor en absoluto compartido por H. Walter porque todas las lenguas aceptan palabras venidas de fuera y exportan las suyas propias, porque las lenguas viven de dar y recibir.

En el Preámbulo de la obra, la autora explica el punto de vista que ha tomado para analizar el paisaje lingüístico que presenta hoy el Occidente de Europa. En vez de tomar en consideración sólo las lenguas oficiales de cada país o, por el contrario, todos los idiomas que se hablan en cada país, elige una tercera dimensión, la del origen de estas lenguas y los desplazamientos de las poblaciones en el transcurso de los milenios porque “esto permitirá no solo explicar un buen número de las situaciones actuales, sino también por qué y cómo en la mayoría de los países solo una variedad de lengua ha conseguido singularizarse entre todas las demás y convertirse en la lengua oficial del Estado (...). Las lenguas de Europa se presentan no solo en relación con las poblaciones que las hablan o las han hablado, sino también con los lugares donde se han desarrollado en el transcurso de los siglos” (p. 14).

El libro está compuesto de cuatro grandes apartados (el griego; las lenguas célticas; las lenguas procedentes del latín y las lenguas germánicas), cuyos capítulos siguen la cronología de los movimientos de las poblaciones. Están precedidos de una exposición sobre los orígenes de las lenguas europeas y la actual distribución de las lenguas de la familia indoeuropea en el oeste de Europa. Les sirve de colofón el capítulo final en el que se ofrece un balance de estas lenguas en nuestros días. La autora realiza un estudio individual de cada una de las lenguas subrayando las particularidades de cada una de ellas antes de acabar presentando los puntos convergentes entre ellas.

A pesar de la aridez del tema tratado, de la profundidad de los análisis lingüísticos, el libro resulta extremadamente ameno porque está escrito en un lenguaje accesible para todo tipo de público. El profesor de Universidad que debe impartir un curso de Filología Románica o Germánica en un espacio siempre demasiado corto de tiempo acabará la lectura de este estudio feliz por haber encontrado, por fin, una excelente síntesis de los distintos problemas que plantea la historia de las palabras pero, además, una bibliografía selecta y clasificada de los distintos apartados. El estudiante no rechazará esta “lectura obligatoria” porque dispondrá de un libro de estudio repleto de cuadros, de ejemplos, de mapas, de anécdotas e, incluso, de pasatiempos que le permitirán saborear la filología. Finalmente, el lector no especialista pero amante de las palabras, de sus lejanos orígenes, de sus viajes de ida y vuelta, encontrará respuestas a muchas de sus preguntas. Descubrirá que la palabra inglesa rugby proviene de la lengua de los vikingos. Si sabía que los esquimales tienen nueve palabras para designar la nieve o que los habitantes del desierto también tienen nueve palabras para designar el camello, quedará, sin duda, sorprendido al aprender que los italianos disponen de un centenar de palabras para designar los distintos tipos de pasta según su forma, tamaño, región de origen, modo de preparación o de la salsa o los ingredientes que le acompañan. Si cualquiera es capaz de distinguir entre los spaghetti, los ravioli o los cannelloni, es mucho más difícil orientarse entre los fusilli, gnocchi o farfalle o entre los agnolotti, cappelletti o pansoti. Si el lector francés está orgulloso de constatar que palabras como bayonnette, bataillon, serviette, chef, hôtel, chalet, bureaucratie, avalanche, etc. han pasado al español, por su parte, al lector español le interesará saber que los hispanismos se han introducido en masa en las lenguas de Europa en el siglo XVII. Así, en esta época, llegan al francés palabras como grandiose, compliment, sieste, embargo, camarade, pero también la cédille “cedilla” o la expresión la folle du logis (la imaginación), calco de “la loca de la casa”. Los curiosos descubrirán que la palabra bigote “es una deformación de Bî gott!, interjección que los bigotudos mercenarios suizos proferían durante la reconquista de Granada en la época de los Reyes Católicos” (p. 215).

H. Walter consigue transmitir al lector su pasión por las lenguas, por la historia de sus palabras gracias a sus dotes como lingüista (sin duda, le ha favorecido su excepcional dominio de diversas lenguas: francés, italiano, inglés, español, árabe, maltés y griego) y a su estilo tan personal, a su sentido del humor presente en todas sus obras, entre las cuales destacamos la última: L’aventure des mots français venus d’ailleurs.


Janick Le Men

Universidad de León

M. Carreiras, Descubriendo y procesando el lenguaje, Madrid, Trotta, 1997. 222 págs.


De nuevo la editorial Trotta, dentro de la serie Cognitiva de la Colección Estructuras y Procesos coordinada por Herminia Peraita, brinda a los interesados en el fenómeno del lenguaje un nuevo libro en el que su autor, M. Carreiras, desgrana con exquisito rigor los conocimientos más recientes que la psicolingüística actual y la más reciente ciencia cognitiva han aportado, con un ritmo vertiginoso, sobre los procesos de adquisición, comprensión y producción del lenguaje, deteniéndose especialmente en la arquitectura mental del procesamiento y en los dos modelos reperesentacionales que en los últimos años han explicado el procesamiento de la información y la representación del conocimiento (conexionismo/simbolismo).

En el primer capítulo, “La psicolingüística y sus relaciones”, se sitúa la psicolingüística, entendida ésta como “el estudio empírico de los procesos psicológicos mediante los cuales un sujeto humano percibe, comprende, produce y adquiere el lenguaje natural”(p. 15), en relación con las tres ciencias que configuran su ámbito: la psicología, la lingüística y la neurobiología. La complejidad del fenómeno del lenguaje hace necesario que se aborde desde varios niveles de descripción: desde la psicología los esfuerzos de la investigación se orientan a descubrir las estructuras y los procesos psicológicos que subyacen a esta capacidad humana, desde la lingüística se aporta una teoría general del lenguaje en la que se describe y explica la estructura de los lenguajes naturales, a partir de la cual se han inferido propiedades universales de la mente, en particular, las relativas a la facultad del lenguaje. La teoría formal de N. Chomsky ha tenido, y sigue teniendo, un gran empuje en psicolingüística. Por otra parte, los hallazgos de la neurobiología son importantes para comprender el lenguaje porque esta facultad de la mente se representa y procesa en el cerebro.

En el siguiente capítulo, “El lenguaje como habilidad innata y específica de dominio”, aborda el autor uno de los aspectos más relevantes de la psicolingüística de los últimas décadas: la adquisición del lenguaje. Reflexiona M. Carreiras sobre la ya vieja polémica que enfrenta, por un lado, a chomskianos (innatistas) y, por otro, a conductistas y piagetianos, según los cuales el lenguaje se aprende mediante capacidades generales, y hace hincapié en lo que hoy polariza la atención: el lenguaje no es simplemente una parte de la cognición general/el aprendizaje del lenguaje se realiza de la misma forma que el aprendizaje de otras destrezas. Argumenta y defiende la capacidad innata y especificidad de dominio apoyándose en distintos aspectos, espléndidamente documentados, relacionados con el lenguaje y que son vivo objeto de interés de la psicolingüística, como la pobreza del estímulo, la capacidad creativa del niño, el que otras especies no lleguen a aprender un sistema lingüístico estructurado como los humanos, el hecho de que la capacidad de adquisición del lenguaje no correlacione con la capacidad de resolver problemas.y el que ciertos aspectos de la capacidad del lenguaje se asocien con regiones características del cerebro en el hemisferio izquierdo. Las relaciones entre lenguaje y pensamiento son tratadas también en este capítulo porque constituyen otro argumento que ayuda al autor a situar el lenguaje como una entidad diferenciadora con respecto al resto de la cognición.

A lo largo del capítulo 3, “Desde el estado inicial al estado estable”, expone M. Carreiras la importancia de la fonología en el reconocimiento del habla, tanto en el niño como en el adulto. Las investigaciones sobre los niños -especialmente llevadas a cabo durante el primer año de vida-, ponen de relieve que éstos vienen provistos de unas capacidades generales para la percepción del habla, esto es, pueden percibir, discriminar y categorizar una gama muy amplia de sonidos lingüísticos. Estas capacidades generales van evolucionando y sintonizándose con los patrones de sonido de su comunidad lingüística. La propiedad del habla en la que parecen fundamentar su capacidad de discriminación es la prosodia; además ésta (hipótesis del arranque prosódico) parece que, según los experimentos, proporciona indicios importantes para la tarea de descubrir la organización sintáctica de la lengua materna. Ahora bien, los análisis de la prosodia no pueden proporcionar una acceso total a la estructura lingüística; para recuperar las categorías sintácticas subyacentes, el niño tiene que segmentar las expresiones en las secuencias correctas de palabras. Al problema de la segmentación se enfrenta tanto el adulto como el niño aunque con capacidades distintas. Los niños explotan la estructura rítmica de su lengua materna para resolver el problema inicial de los límites de palabra. El origen de los procedimientos explícitos de segmentación utilizados por el adulto puede estar en las estrategias de segmentación del habla adquiridas por el niño.



El último capítulo, “Diseño funcional y computacional del sistema”, el más extenso, se enfrenta al problema de la arquitectura funcional del sistema cognitivo -modular/interactiva- y a cómo ésta opera en los distintos ámbitos de procesamiento del lenguaje. Se organiza en tres apartados: en el primero, “Arquitecturas funcionales de procesamiento: modular/interactiva”, después de una breve presentación de las características más destacadas de las dos concepciones de procesamiento del lenguaje, se analiza la arquitectura modular/interactiva en tres dominios relativos a la comprensión del lenguaje-la percepción del habla, el reconocimiento visual de palabras y el procesamiento sintáctico-, así como en el dominio de la producción. Dependiendo de las características computacionales de las estructuras que necesiten ser procesadas, algunos componentes del lenguaje serían modulares y otros interactivos. En el segundo apartado, “Implementación computacional: conexionismo / simbolismo”, nos presenta los rasgos de los nuevos modelos de acercamiento al estudio del procesamiento del lenguaje natural, denominados modelos conexionistas, procesamiento distribuido paralelo, o también redes neuronales artificiales, que a partir de la década de los ochenta produjeron una gran excitación en el entorno de la ciencia cognitiva, y en particular en la psicolingüística. Frente a los modelos clásicos (simbolismo), consistentes en la manipulación y combinación de símbolos mediante reglas, el procesamiento de información conexionista se caracteriza porque son sistemas dinámicos no lineales que admiten representaciones graduales. No obstante, lo que se aventuraba como un gran impacto no ha sido tan espectacular como parecía, y los enfoques simbólicos siguen siendo modelos útiles y fértiles en la explicación de la representación del conocimiento. Las futuras investigaciones podrían ir, en opinión del autor, en la línea de la complementariedad en estos dos modelos, pues trabajan en distintos niveles de análisis. En el último apartado, “Modularidad, conexionismo e innatismo”, continúa el autor analizando la dirección por donde deberían ir los futuros acercamientos conexionistas. El binómio modularidad/conexionismo no es tan antitético como se ha considerado: la flexibilidad de los modelos conexionistas en cuanto a la variedad de tipos de conexión y de flujo de activación no está reñida con las propiedades modulares que pueden tener algunas redes de conexión, y además puede permitir construir una amplia variedad de modelos de procesamiento lingüístico. Tampoco el doblete innatismo/conexionismo supone una incompatibilidad lógica, a pesar de la opinión generalizada de que el conexionismo mantiene una posición anti-innatista. En la tarea de adquisición del lenguaje se desconoce en qué medida las estrategias de aprendizaje pueden invocar hacia arquitecturas especiales y hacia sesgos de carácter innato. En este caso conexionismo e innatismo serían perfectamente compatibles. Otra cosa sería, harto improbable según M. Carreiras, que los modelos de aprendizaje conexionistas fueran capaces de emular aspectos significativos de los logros del niño, “sin invocar arquitecturas idiosincrásicas ni algoritmos de aprendizaje específicos de dominio ni ningún tipo de pre-sintonización especial”. Las investigaciones venideras nos aclararán el futuro, en principio prometedor, de estos dos dobletes.

Veinte páginas de bibliografía ponen fin a este estupendo estudio. Estamos ante una obra que refleja, a través de los numerosos experimentos realizados que recoge y estudia, el espectacular dasarrollo que en la última década la psicolingüística ha tenido en nuestro país.





Elena Prado Ibán

Universidad deLeón

J.F. Cantero, y J. de Arriba, Psicolingüística del discurso, Madrid, Octaedro, 1997. 204 págs.


En esta ocasión la editorial Octaedro dedica el número 11 de la Colección Lenguaje y Comunicación, dirigida por el profesor Jenaro Ortega, a una disciplina punto de encuentro entre la lingüística y la psicología: la psicolingüística. Los aspectos que ésta puede explorar son incontables. F.J. Cantero y J. de Arriba se han ocupado de la psicolingüística del discurso, es decir, de las relaciones entre las emisiones lingüísticas denominadas discursos con la mente del emisor. Se trata, por tanto, de un ensayo cuyo objetivo, como se señala en la contraportada, es “exponer un método de análisis del discurso centrado en las ideas del emisor pero no ceñido a las ideas del propio discurso, sino a toda la concepción del mundo emisor: al modelo del mundo que ha dirigido la formación de dicho discurso, sobre el cual éste nos dará pistas exactas”. A pesar del título, no se trata, y esto lo dejan bien claro los autores, de un análisis lingüístico, sino de caracterizar el modelo del mundo que tiene el hablante y en virtud del cual generó ese discurso. El trabajo tiene una orientación aplicada (psicolingüística aplicada), pero con una sólida fundamentación teórica. Desde la perspectiva psicológica, los autores se sitúan en la línea del cognitivismo vigotskiano y, además, adoptan ideas de la Programación Neurolingüística (PNL) de R. Bandler y J. Grinder (1975), tendencia psicológica que estudia las “técnicas eficaces para conducir la interacción comunicativa y una explicación intuitiva y heterodoxa de los procesos psicológicos que intervienen en ella” (p. 11). Desde el punto de vista lingüístico teórico, parten de los conceptos fundamentales de la lingüística y sitúan la palabra como unidad fundamental de análisis, sin olvidar los aspectos más destacados de la pragmática.

La obra se estructura en tres partes. La primera, Conciencia y comunicación, presenta en tres capítulos espléndidamente tratados el marco teórico y conceptual general, es decir, los conceptos básicos de psicología cognitiva, lingüística y teoría de la comunicación que manejan los autores. En el capítulo uno analizan la formación de la conciencia o de las ideas en el individuo. Dentro de la dicotomía clásica natura/cultura, los autores se adhieren, en la línea vigotskiana, a la posición que defiende la importancia del adiestramiento, al que llamamos cultura, en la adquisición de la conciencia y del lenguaje. Desde este ángulo, la conciencia no es innata en el hombre y el lenguaje es algo más que un mero instrumento de comunicación porque su adquisición juega un papel fundamental en la formación de lo que los autores llaman el proceso de “humanización” del individuo o el nacimiento progresivo de la conciencia. En la misma línea estudian la relación pensamiento-lenguaje, concediendo especial importancia a éste último, sobre todo, junto con la interacción social, en el paso de las funciones psicológicas elementales en funciones psicológicas superiores. En el capítulo dos parten del análisis de conceptos lingüísticos básicos como signo, significados, lenguajes naturales/lenguajes artificiales, el acto de habla, el acto de escritura, las variedades lingüísticas, ... para después pasar a analizar la estructura del lenguaje, deteniéndose, en primer lugar, en los procesos de formación y comprensión del discurso y, a continuación, en otros aspectos como la estructura gramatical básica, la noción de palabra y oración y los conceptos gramaticales y léxicos. Otros aspectos que forman parte del proceso comunicativo, como la comunicación no verbal, ocupan a los autores en el capítulo tres. También abordan aquí fenómenos que escapan al análisis tradicional del discurso y exceden el marco estricto del intercambio lingüístico, pero que reflejan la conciencia del emisor y ejercen una repercusión psicológica en la conciencia del receptor. Son fenómenos como el contacto, el acompañamiento y la alienación que en la comunicación normal contribuyen a que ésta sea eficaz, y la tangencialización, la mixtificación y las paradojas presentes en la comunicación patológica.

En la segunda parte, El modelo subjetivo del mundo, a lo largo de tres capítulos, se aborda cómo se configura el modelo del mundo (MM) de los individuos como representación esquemática del mundo real. En el capítulo cuatro se recogen los aspectos que determinan la representación que cada individuo tiene del mundo, lo que F.J. Cantero y J. de Arriba denominan modelo del mundo (MM). Son las particularidades biológicas, que afectan a toda la especie, las socioculturales, que afectan a grupos humanos, y las propias individuales las que actúan como filtro, limitando y condicionando el MM.

En el capítulo cinco profundizan en algo que ya habían apuntado anteriormente. Dentro de las grandes limitaciones que toda cultura impone, el filtro sociocultural más importante es el lenguaje. Sin caer en el relativismo extremo, estos dos autores defienden que el lenguaje interiorizado desde la infancia influye más que ningún otro elemento cultural sobre el tipo de distinciones y generalizaciones que hacemos al observar el mundo que nos rodea. Ahora bien, el lenguaje no sólo es diversificador, sino que, por su propia naturaleza comunicativa, también es unificador. El carácter material, intersubjetivo y objetivable de la lengua, así como, su capacidad de crear y comprender mensajes hace que nuestro MM no sea totalmente distinto al de los demás, sino que lo podamos compartir y modificar en contacto con el de otros individuos. Cada uno de nuestros discursos es un modelo parcial del MM y cada mensaje que comprendemos es un modelo parcial del MM del otro individuo que, a su vez, está influyendo en nuestro MM. En definitiva, la comunicación modela nuestra conciencia, que es la que, a su vez, modela la comunicación y ésta la que indefinidamente sigue modelando nuestra conciencia.

Por tanto, la lengua tiene una doble función mediadora: media entre la realidad y nuestro MM, y entre éste y nuestros discursos. Gracias a ella, o más concretamente, a nuestros discursos concretos, nuestro MM no es estable e inmutable sino que está en contacto con otros MM permanentemente. En el proceso de modelado de la conciencia (PMC) y del discurso (PMD) intervienen los mismos procesos psicolingüísticos por lo que se puede inferir que, en cierto modo, son mecanismos equivalentes.

En el capítulo seis se analizan detenida y pormenorizadamente los proceos específicos de modelado que componen el PMC y el PMD -generalización, cosificación, eliminación y distorsión-. El proceso de generalización de estímulos y respuestas es beneficioso, pues potencia el valor de una experiencia, pero puede también llegar a ser una fuente de prejuicios y equívocos si no se completa con otro proceso parcial, la discriminación o distinción, para evitar el empobrecimiento del MM del sujeto. La cosificación consiste en poner nombre a los objetos y acontecimientos para reducir nuestra ansiedad ante lo desconocido y lo que no comprendemos. Su vertiente positiva es que nos ahorra esfuerzo mental y que nos permite manejar categorías. Su mayor inconveniente, como en la generalización, es que empobrece el modelo del MM del sujeto e incrementa las dificultades de comunicación interpersonal.

La eliminación, otro proceso psicolingüístico útil y adaptativo, consiste en “eliminar parte de la riqueza y complejidad de las experiencias, reduciéndolas así a dimensiones manejables” (p. 117). Desde el mismo proceso perceptivo se produce eliminación porque nuestra atención es selectiva (sólo unos pocos estímulos llegan hasta nuestra corteza cerebral, lo que va a condicionar nuestro MM). En el discurso hay eliminaciones intencionadas y no intencionadas. El receptor deberá captarlas para poder recuperar la parte eliminada del MM del sujeto emisor. La distorsión es el “proceso psicológico responsable de los cambios en nuestras percepciones, el proceso que nos permite alterar la percepción de los datos que nos proporcionan los sentidos y, partiendo de ellos, formar nuevas realidades combinando, por ejemplo, los mismos elementos de otra manera” (p. 119).




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