Consumo del cuerpo y relaciones interpersonales: La mediación objetual



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Consumo del cuerpo y relaciones interpersonales: La mediación objetual.

Yeimy Lily Hernández Palma.

México.

Universidad Autónoma del Estad de México.



Congreso ALAS 2015

GT-26


Resumen:

El trabajo centra su atención en las implicaciones que tiene para las personas su inscripción en las condiciones subjetivas del consumo. Particularmente se interesa en las mediaciones objetuales, las que han adquirido una importancia fundamental para la configuración de las relaciones sociales así como de la constitución de una individualidad. En específico, discute la trascendencia de este proceso de configuración social mediante el consumo del hombre. Esta categoría se ha insertado en procesos de construcción corporal de diferente tipo, a través de la cual codifican su cuerpo y despliegan una presencia. Así, el planteamiento busca discutir el consumo como mediador existencial en los jóvenes citadinos.

Palabras Clave: Cuerpo, Poder, Subjetividad, Mediación objetual.

Introducción.

La forma que toma el cuerpo al emergerse en las subjetividades sociales, se constituye como independiente de lo establecido, pero obedece a una condición social simbólica que constituye la corporalidad en una estructura de orden. La percepción del cuerpo responde a una supuesta necesidad de aprehensión de lo “real” semántico, al hacer uso de lo significativo adopta posiciones ajenas a su saber, que funcionan como conectores en lo social. El termino cuerpo y subjetividad definen en su vinculación dialéctica un dominio conceptual-semántico y social interconectado, a modo de un compuesto cuya naturaleza se presenta en su amplitud más compleja. Al describir dicha complejidad, consideré la configuración del cuerpo frente a la realidad social, que posiciona a su existencia relativamente dentro de un sentido de vida establecido, y hace del cuerpo un conjunto de elementos de significación meramente social.

De manera que su abordaje consiste primero en identificar lo relativo de la semiótica inmersa en la codificación del cuerpo. Segundo en las condiciones subjetivas que implica la forma de presencia del cuerpo y su configuración frente a las socialidades. Para ello, es importante incorporar el planteamiento de Abraham Moles (1971) que refiere a la importancia del objeto como mediador existencial y la propuesta de Foucault (2010) que considera al cuerpo como la superficie donde se inscribe la experiencia social. Se busca esclarecer el proceso semiótico en las codificaciones del cuerpo y la forma del poder frente a una realidad práctica que implica la corporalidad.

La condición social actual atrae al hombre a un contexto materializado, donde el objeto consume el cuerpo, desapareciendo el sentido de existencia del hombre mismo. “El hombre es un mecanismo particular que se construye y desarrolla a través de integraciones sucesivas en función de las nuevas relaciones cualitativas con el medio, desde el clima hasta las secreciones sociales…1, el hombre se constituye por las relaciones sociales que establece a partir de su perfil interno, del medio y espacio social donde se encuentre; permitiendo el desarrollo de sus capacidades de relación con los otros, formándose en y con la dinámica de su medio social. De manera que, el objeto es el mediador social por excelencia; debido a la desnaturalización de la sociedad, el objeto surge como consecuencia de la masificación y la tecnología… Abraham Moles (1971) Los objetos aparte de brindar una función técnica, ofrecen satisfacción, seguridad, status, sensibilidad; influyendo en el actuar del hombre. el objeto es uno de los mediadores esenciales entre los hombres y el entorno social y material de la sociedad tecnológica.2 El papel del cuerpo y su significación frente a la constante del consumo, consolida la forma de vida en un inacabo plan de formas de subjetividades de una existencia operacional social.

Las condiciones subjetivas en que se encuentra inmerso el hombre, resaltan a la luz una corporalidad sujeta a una delimitación mediada objetualmente, definiendo su existencia en apariencia.

Abraham Moles (1958) menciona que la circulación de los productos (objetos materiales) una vez puestos a disposición en un entorno, se modifican por el sistema de objetos del que hablaba Baudrillard Jan (1969) y una vez modificada su forma y contenido, la sociedad se encargaba de banalizarlos. Los objetos parten de un sistema, en el cual no son solo satisfactorios de necesidades primarias sino signos que comunican status, feminidad, modernidad, etc.

[…] se convierten así, en una época determinada, en materiales universales del pensamiento: estos mismos materiales irían a su vez a ser retomados y combinados en nuevos mensajes originales […]3

La forma de existencia toma parte de un determinado contexto y representa un juego dialectico entre lo que se vive y se quiere vivir, de igual forma pasa en lo que se piensa que es y en lo que se es frente a una realidad. Quiero decir que el cuerpo toma forma a partir de lo que le antecede, de las formas viejas fertilizadas por específicos acontecimientos. Frente a ello, se presenta una relación con el objeto que se posee, sin limitaciones sociales, aprehendido al hombre; de manera que el cuerpo queda al alcance de éste; entonces la relación de comunicación entre hombre-objeto en el plano social deja observar el dominio del imaginario colectivo que se crea a partir de que el objeto madia las relaciones corporales a través de un proceso semántico de presencias asociadas con interacciones complejas. El objeto objetiva el sentido de existencia, materializando el acto del cuerpo, expresa el significante del hombre, al interactuar con los otros y al mismo tiempo alberga un sentido individualista de sentido. La manera en que se desarrolla el objeto ante el hombre; catalogando al objeto según la cercanía y lejanía con este, da como resultado un lenguaje que a su vez genera connotaciones existenciales, es decir apariencias de lo que se pretende ser frente al objeto que se posee. El objeto requiere de la mediación del lenguaje para ser consumido por el hombre, al igual que el lenguaje requiere del objeto para establecerse en el texto de otro. Las relaciones humanas con las cosas tiene lugar en el momento en que elementos subjetivos relativamente y otros elementos a modo de objetos externos llevan al hombre a construir modos de conducta añadidos a su imaginario social.

El juego moderno de la personalidad

En la sociedad presente predomina el individualismo referente al cuerpo y sus presencias, de lo efímero, de lo material, creado por lo mediático. La mediación objetual del cuerpo del hombre contemporáneo se constituye entonces en apariencias del ser ante el otro. Su condición corporal depende no de sí mismo sino del reconocimiento material de los objetos. Su articulación con las condiciones subjetivas es la que lo posiciona en un individualismo: el cuerpo, cobra sentido de existencia siempre y cuando se encuentre frente a una referencia objetual constituida también por las intersubjetividades sociales. Michel Foucault (1979) habla de un fantasma corporal inmerso en la sociedad, que forma parte de las diferentes facetas del poder que ofrece una sociedad contemporánea.

Creo que el gran fantasma, es la idea de un cuerpo social que

estaría constituido por la universalidad de las voluntades. Ahora bien, no

es el consensus el que hace aparecer el cuerpo social, es la materialidad

del poder sobre los cuerpos mismos de los individuos.”4

Actualmente el hombre se enfrenta a una infinidad de formas de vida, con ello se presentan significaciones de una realidad desconocida, que integran al cuerpo a experiencias sociales individualizadas en función de la sociedad. Siempre guiadas por lo establecido, eso que se encuentra arraigado en la forma social. La masificación social al materializar al objeto juega el papel de mediador de existencia del cuerpo humano; su condición material incide en la condición subjetiva del hombre a través de su postura de apariencia.

La incidencia en el cuerpo permite que la subjetividad que implica el lenguaje corporal sea un factor importante, cuando se adquiere un efecto relacional entre la mente y el cuerpo del hombre en un determinado espacio social. De manera que el hombre al encontrase frente a una situación compleja, su conciencia corporal queda al margen del efecto del deber social. El ser humano frecuentemente se ve inmerso en una sincronización corporal no verbal, a partir de expresiones emocionales que lo posicionan en un contexto codificado. A través del cuerpo se trasmite una relación de poder que por medio de movimientos indican la intencionalidad del individuo, como también el sentido de su posición frente al otro.

El hombre citadino hace uso de su cuerpo en un sentido individualista, su interacción con el otro en un determinado contexto social se rige a partir de códigos establecidos que se muestran en su cotidianidad, mantienen un lazo social con un fuerte sentido de integración, construido por subjetividades particulares que cohesionan el cuerpo social.

El cuerpo es al mismo tiempo el lugar de las experiencias sociales, y de la configuración individual de la representación social, es decir la insistencia en definirse frente al otro, y en consecuencia exponerse físicamente a otros.

La codificación del cuerpo como eje central en la construcción de subjetividades, paradójicamente permite una dualidad entre lo social y la mente en relación a cualquier situación cotidiana, de manera que el cuerpo es el vehículo de aceptación social y personal, y sobre todo en objeto más que sujeto social.


El objeto material como consecuencia de la masificación social

El objeto ofrece seguridad, estatus, sensibilidad en el actuar del hombre, quien a su vez al apropiarse de ello, se añade a lo imaginario, convirtiéndose en imitador de apariencias y gustos, olvidándose de quien es frente al otro. De manera que la concepción de masificación se introduce en el proceso de clasificación del objeto; aparece como la acción que permite descifrar el cuerpo en estados de sensibilidad.

Se postula que al emplear el concepto de masificación se logra un enfoque más específico del concepto de
en el accionar del cuerpo humano a través de la mediación objetual.

La presencia de un cuerpo humano en un determinado espacio, termina siendo perturbador y quizá hasta lógico. Al insertarse en una específica dinámica “social” el cuerpo adquiere un hábitus que le define en su totalidad: rasgos, texturas, superficie; que hace del cuerpo una expresión normalizada. Una expresión que se compone de subjetividades, manifiestas en miradas a modo de ordenamiento de la cosa.

El cuerpo al verse transformado en objeto manipulable; permite la exploración de sus partes, y como cosa no se reduce a su morfología. Las condiciones subjetivas lo constituyen como expresión corporal. Su saber va inscrito en el contenido de las acciones, en una gama de poder; que hace del cuerpo la subjetividad mediada objetualmente. Es decir, que el estado de sensibilidad corporal determina la existencia de un poder insertado en las condiciones de status y seguridad; en la postura de imitación frente a un espacio masificado, y con ello un estado de consumo de sí mismo.

El poder como un tipo específico de relaciones y prácticas entre los individuos. Prácticas que “Constituyen una de las formas a través de las cuales nuestra sociedad define tipos de subjetividad, formas de saber y en consecuencia relaciones entre los hombres y la verdad”. 5 Para Foucault, el poder es una estrategia que se ejerce en determinados momentos y espacios.

Desde el punto de vista teórico. La perspectiva Foucaultiana sobre el poder, gira entorno a considerar las relaciones de poder insertadas en forma de signos en la cosa o estado que representa el cuerpo. Las relaciones de poder para la socialidad del hombre surgen de la constitución de su cuerpo. A partir de ello el objeto se apropia del cuerpo. Constituyéndolo como la materialidad del poder sobre el hombre.
Se puede decir que entonces la mediación objetual de la que habla Abraham Moles (1971) aparece aquí como elemento esencial del cuerpo. Un cuerpo descifrado socialmente, que busca más que incorporarse desintegrarse de lo socialmente construido para sí. Entonces la concepción del cuerpo como una superficie de inscripción de la experiencia social se hace presente. Y las relaciones de poder, obedecen a una disciplinariedad que incorpora al cuerpo en un estado de presencias, un estado de poder: la presencia que dice al hombre lo que es frente al otro: la exigencia de pertenecer, mediante la adopción de diversas posturas corporales que lo conducen al deseo de insertarse en una socialidad que le brinde seguridad y status.
El poder se encuentra en las entrañas del cuerpo y hace de este su instrumento manipulable para reforzar la masificación social. De allí que la mediación objetual en su condición subjetiva envuelva el cuerpo del hombre, respondiendo a un acondicionamiento normalizado del poder, por medio de un proceso del discurso de la presencia, desde la posición del hombre frente a su otro, hasta la promesa de seguridad y status que ofrecen los objetos materiales. Se ofrece al cuerpo una gama de posibilidades de presentarse y llevar su socialidad bajo la forma unánime de la cosa. Está a su vez se construye por el propio hombre, por lo tanto el consumo del cuerpo es una construcción mental que tiene que ver con el sentido de pertenecía de lo estéticamente construido.

La objetivación de la mediación permite la masificación del cuerpo que da pauta a la interiorización social donde el objeto material cobra sentido. La realidad del cuerpo en relación con la masificación, de la incorporación del poder inscribe su raíz en la materialidad de la cosa, en su forma más física, más corporal que permita la aprensión del hombre. Así este se muestra aparentemente sublime a las exigencias sociales.

El hombre citadino inmerso en una realidad social debe contribuir a anunciar la trascendencia de su corporalidad. Por ello de los elementos de masificación, referencias de un estado de cohesión social que genera un proceso de socialización, que al vincularlo con el poder se puede asegurar que el comportamiento del hombre se rige a partir de lo que el objeto mediador decide. Su estrategia es la invitación de la cosa material para que el cuerpo se correlaciones con el contenido simbólico del consumo social. La construcción social del consumo interviene en las diferentes posturas del cuerpo ante estructuras económicas, sociales y políticas; lugar, mediación objetual, y productor de significaciones.

El cuerpo busca una postura de reconocimiento algo parecido al funcionamiento del objeto. Menciona Foucault “En el siglo XVI , se consideraba que los signos habían sido depositados sobre las cosas para que los hombres pudieran sacar a la luz sus secretos, su naturaleza o sus virtudes; pero este descubrimiento no era más que el fin último de los signos ,la justificación de su presencia ,era su posible utilización y la mejor sin duda alguna, pero no tenían necesidad de ser conocidos para existir; aun sí permanecían silenciosas y si nunca había una persona que las percibiera , no perdían su constancia6 con la diferencia de que el hombre exige a su cuerpo presencia, constancia funcional, que sea visto y por tanto reconocido. De manera que se puede deducir que el cuerpo se convierte en objeto. Los objetos y su lenguaje constituyen al cuerpo en su forma. “El signo no espera silenciosamente la llegada de quien puede reconocerlo nunca se constituye sino por un acto de conocimiento.”7

La mirada masificada es entonces el resultado de una mediación objetual que constituye materialmente el cuerpo, se manifiesta en edificaciones que responden a la manifestación de modos de ser del orden; un orden anterior a toda percepción, gesto, que pudiese surgir en el hombre frente al objeto. El cuerpo debe su dinámica al orden de las cosas anudadas en el espacio y tiempo determinado.

El cuerpo humano determinado por el objeto no puede sólo dejar de mirar lo que le posee, debe adentrarse a la representación de lo que ve. En un recorte de materialidad objetual el significante que estructura la socialidad moderna, es decir, del sistema de objetos y su articulación con el comportamiento del hombre, de lo que es significante y significado en su acción social, de ese momento de interacción de intersubjetividades que constituyen la relación interpersonal.

La hermenéutica del cuerpo, mediada en la actual sociedad, encuentra su significado a partir del consumo desmedido correlacionado con otros ámbitos sociales, con imaginarios, signos espacialmente diferentes.

Conclusión

La mediación objetual se presenta como el elemento clave para codificar el cuerpo. En la sociedad actual parece que ya no es el hombre quien da significado, sentido a su existencia, sino son los objetos materiales los que se posesionan y hacen la función mediando sus relaciones sociales con su otro. La significación existencial de los objetos que consumen al cuerpo en su carácter personal y relacional con su entorno, tiene que ver con la percepción del hombre ante la vida cotidiana.

Si los objetos indican lo que el cuerpo es o se quiere que sea y su mediación se convierte en una especie de lenguaje, un texto que advierte a los otros ante quién están, esto también está relacionado con imaginarios sociales que se convierten en fondo de sentido para saber leer al otro a través de su condicionamiento y su postura ante un espacio significativo. En un contexto “moderno” capitalista el individualismo se expresa en el cuerpo que se constituye como expresión del objeto que posee y del sentido que este le da, referente al placer, status que exige; de lo creado mediáticamente. Lo que contribuye en el imaginario que guía al hombre a conformar su modo de actuar a partir de lo que dice ser.

El consumo del cuerpo, es el sentido de posesión y aprehensión de la forma y significado de presentarse; de lo construido socialmente que acciona más allá de lo que el hombre mismo prevé. El cuerpo al encontrarse inmerso en un espacio objetual, no se percibe así mismo sino que hace lo que cree ser y no tiene en cuenta la subjetividad de su cuerpo ante el otro.

En un espacio materializado, la estructura social o mejor dicho el sistema de los objetos (material, medios simbólicos, códigos) y su articulación con el actuar del hombre, tiene como objetivo aprehender las diferentes acciones que lo constituyen como individuo: su cuerpo, pasa a perder significado y sentido para el espacio. La interacción de subjetividades sujetas a un estado de poder atrae al cuerpo y lo aprisionan con la intención de que permanezca objetualizado. Y adentrado en un espacio materializado el hombre reafirma la perdida de sentido de su cuerpo, a medida que los signos, símbolos del espacio se hacen presentes, se constituye el elemento mediador entre el hombre y su cuerpo.

Las relaciones interpersonales manifiestas se producen por los diferentes lenguajes y expresiones del objeto. El lenguaje que resulta de los objetos primero interpreta el movimiento del cuerpo y posterior crea el imaginario al cual el hombre se ciñe. Se advierte que la interpretación antecede al signo, una hermenéutica que se ciñe a una semiología, se tiende a creer en la existencia absoluta de los signos, abandonando lo inacabado, la infinitud de las interpretaciones.

El cuerpo es sometido a diversidad de textos que crean imaginarios, brindan la oportunidad de poseer y al mismo tiempo poseen al cuerpo hasta desaparecerlo. El espacio arroja a la vista del hombre infinidad de signos, que el cuerpo codificado interpreta en un sentido sórdido. Dentro de un proceso masificado que no considera la intención de integrar al hombre como significado; sino que le crea una postura corporal individual, sin emociones propias.

Las relaciones interpersonales del hombre con su otro no se da totalmente de forma espontánea, real; está regida por códigos establecidos que dan seguridad, estatus a los hombres por el sentido que encuentran de estos. El cuerpo codificado, entonces mantiene un vínculo con la condición subjetiva del espacio y de su propio cuerpo.

Bibliografía.

Baudrillar, J., (1969) El sistema de los objetos, México: Siglo XXI.

Foucault, M. (1980), Microfísica del Poder. Madrid, La Piqueta. Pg104.

Foucault, Michel, (1999): Estrategias de poder, Colección Obras Esenciales, volumen II, Buenos Aires, Ediciones Paidós Ibérica S. A., p.172.

Foucault, M. (2010) Las palabras y las Cosas, Una Arqueología de las Ciencias Humanas. 2° Edición, Siglo XXI.pg 75.

Moles, A. Teoría de los objetos, traducción de Laura Pla Bacín. Barcelona, ed. Gustavo Gilli, 1974



Pierre Naville, Psicología, marxismo y materialismo, México, ed. Trillas, 1989, pg. 115.

1 Pierre Naville, Psicología, marxismo y materialismo, México, ed. Trillas, 1989,pg.115

2 Moles, A. Teoría de los objetos, traducción de Laura Pla Bacín. Barcelona, ed. Gustavo Gilli,1974

3 Baudrillar, J., (1969) El sistema de los objetos, México: Siglo XXI.

4 Foucault, M. (1980), Microfísica del Poder. Madrid, La Piqueta. Pg104

5 Foucault, Michel, (1999): Estrategias de poder, Colección Obras Esenciales, volumen II, Buenos Aires, Ediciones Paidós Ibérica S. A.,p.172.

6 Foucault, M. (2010) Las palabras y las Cosas, Una Arqueología de las Ciencias Humanas. 2° Edición, Siglo XXI.pg 75

7 Ibid,pg76

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