Consenso construido o construyendo consenso: propuesta de indicadores socioambientales participativos para la cuenca hidrografica del rio valdivia



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¿CONSENSO CONSTRUIDO O CONSTRUYENDO CONSENSO?:

PROPUESTA DE INDICADORES SOCIOAMBIENTALES PARTICIPATIVOS PARA LA CUENCA HIDROGRAFICA DEL RIO LEUFUCADE, COMUNA DE LANCO, REGIÓN DE LOS RIOS1.
Christian Henríquez Zuñiga2

Juan Carlos Skewes3

Debbie Guerra4

María Eugenia Solari5

RESUMEN

Los indicadores socio ambientales ganan fuerza en los últimos tiempos, como resultado de una nueva compresión desde las universidades, la sociedad civil organizada, las comunidades y de los organismos públicos entorno a la complejidad de abordar de mejor forma aquello que llamamos y entendemos por desarrollo territorial sustentable. Para esto, el tema de la participación, y dentro de este contexto, los tipos de conocimiento han sido foco de discusión a la hora de trabajar en un determinado territorio. Este trabajo tiene por objetivo proponer una construcción teórica sólida junto a una metodología desde la investigación acción, para la construcción PARTICIPATIVA de indicadores socioambientales, donde converjan y se valide tanto el conocimiento científico como la sabiduría local, tomando como referencia el territorio de la cuenca hidrográfica del Río Leufucade, localidad de Malahue, comuna de Lanco, Región de lo Ríos. El propósito de construir indicadores locales para la sustentabilidad es intentar reflexionar y considerar las interacciones para la gestión participativa del agua, convirtiendo y validando de esta manera los indicadores para el establecimiento y construcción de futuras políticas públicas territoriales que incorporen la dimensión de la sustentabilidad y de la participación.


Palabras llaves: Desarrollo Territorial; Indicadores socioambientales; Tipos de Conocimiento; Participación; Río Leufucade

1.- INTRODUCCIÓN: ¿Estamos como estamos porque somos como somos?

¿Qué entendemos por desarrollo sustentable? ¿Porqué tantas definiciones para estos conceptos? Si complejizamos un poco más y nos insertamos en las variables del territorio ¿qué es desarrollo territorial sustentable? ¿Es posible medir ese desarrollo? Si es así ¿cómo medirlo? Estas y otras interrogantes son las que motivaron las primeras reflexiones sobre la temática y el surgimiento de este trabajo.

El Siglo XX ha sido testigo de significativas transformaciones en todas las dimensiones de la existencia humana (VAN BELLEN, 2006). Estas transformaciones son resultado de un modelo de desarrollo hegemónico de países del Hemisferio Norte, denominados desarrollados (países del centro), que se imponen sobre los países del Hemisferio Sur, denominados subdesarrollados o en desarrollo (países periféricos)6.

Muchas veces dentro de la caverna contemporánea, influenciada tal vez por la ciencia heterodoxa, la escuela convencional cartesiana y la ya discutida razón instrumental, tienden a tratar como sinónimos los conceptos de desarrollo y crecimiento económicos. Aquí se discrepa de tal pensamiento (HENRIQUEZ, SAMPAIO, FERNDANDES Y DALFOVO, 2009).

Se pone en tela de juicio, la afirmación de mayor crecimiento económico mayor desarrollo, pues creemos que el desarrollo tiene que incorporar otras variables que no sean las meramente economicistas y se debe referir a las personas y no a objetos. Dado que los actuales indicadores macroeconómicos no se refieren a estas (MAX-NEEF, 2001).

El desarrollo consiste en la eliminación de las privaciones de libertad que limitan las alternativas y oportunidades de las personas, para ejercer responsablemente su condición de agentes”(SEN, 2000 p.10).

El concepto de desarrollo se constituye según en un campo disciplinar en disputa (SKEWES, 2009). Surgen así más preguntas, como por ejemplo ¿Qué disciplina tendría o tiene el derecho a hablar de desarrollo territorial? ¿Será que los economistas convencionales tienen más propiedad? ¿O será que un sociólogo del desarrollo posee la receta perfecta? ¿O un antropólogo? O no, ¿tal vez un geógrafo?.

Hablar sobre desarrollo territorial sustentable, conectando el concepto de desarrollo con democracia o participación por ejemplo, pensada por y para personas sujetos y no apenas objetos, y sobre todo cuando se piensan en un contexto crítico y co-inspirador para un escenario latinoamericano, en nuestra opinión, tal ves ni se necesite de un consenso establecido, o como dice Noam Chomsky un consenso manufacturado7. Se piensa que de una vez por todas, debemos comprender que la diversidad de miradas enriquece la discusión y las contribuciones trabajadas transdisciplinariamente se sustentan en procesos más participativos y democráticos.

Para Rojas (2003) el desarrollo de las políticas públicas se debería basar en la demanda de un mayor bienestar para la población. Para este propósito se elaboran y construyen indicadores objetivos, que se supone, se encuentran estrechamente relacionados con el bienestar de la población. Estos indicadores permiten medir, por ejemplo, el éxito o el fracaso de una determinada política pública.

Según Max Neef (2001, 2007), nos encontramos frente a un modelo hegemónico, que se basa en indicadores postulados como objetivos, de los que se destacan el nivel de ingreso, la tasa de crecimiento anual, tener bienes duraderos y el acceso a algunos servicios públicos. Este camino del Producto Interno Bruto (PIB) guía la toma de decisiones en la elaboración de la gran mayoría de las políticas públicas y planes de inversión.

Como apunta Dupas (2005), el PIB es un indicador global y bastante razonable para utilizarlo como comparación del peso relativo entre naciones; que no quiere decir, necesariamente, que países con PIB similares tengan el mismo poder.

Por otra parte, el debate sobre felicidad y desarrollo es motivo de discusión, sólo recientemente, y es gracias al progreso de algunas investigaciones científicas que el tema toma relativa importancia. Fonseca (2002) comenta que los programas de investigación en progreso enfocan el problema de los determinantes de la felicidad desde diversos ángulos. Entre estos se destacan: El estudio acerca de lo que permite ciertos estados de conciencia más o menos agradables, la identificación de los factores personales, socioeconómicos y culturales, asociados a variaciones de bienestar subjetivo; las bases químicas, hormonales y neurobiológicas de las experiencias mentales y emocionales que llevan a alguien a sentirse más o menos feliz con la vida que tiene.

El objetivo de este artículo es proponer una construcción teórica solida junto a una metodología desde la investigación acción, para la construcción PARTICIPATIVA de indicadores socioambientales, donde converjan y se valide tanto el conocimiento científico como la sabiduría local del territorio de la cuenca hidrográfica del Río Leufucade, localidad de Malahue, comuna de Lanco, Región de lo Ríos; consolidando de esta manera, a estos indicadores como herramientas para establecer estrategias y toma de decisiones que permitan una planificación para el desarrollo sustentable, considerando a las personas como sujetos y no como objetos (MAX-NEEF 2001).

Este trabajo se vuelve interesante por tratar de incorporar una racionalidad socio – ambiental que contesta al actual modelo de desarrollo hegemónico, caracterizado por una racionalidad instrumental utilitarista de corto plazo Además de incluir la variable participación transdisciplinar donde converjan tanto conocimientos científicos como tradicionales.

Por medio de esta reflexión sobre indicadores socioambientales, y el cómo considerarlos en la elaboración de políticas, podría volver a las personas de una determinada comunidad, ciudad o país, actores claves en el proceso de desarrollo con énfasis en la sustentabilidad.
2.- METODOLOGIA
El presente trabajo toma forma que se deforma para formar otra ves, en el contexto de un proyecto FONDECYT, titulado Paisajes del Agua, en donde un equipo de profesores, investigadores y estudiantes (pregrado, magíster y doctorado) vienen observando, investigando y entendiendo las distintas comunidades, organizaciones, mitos, leyendas, historias, saberes, entorno a al objeto agua.

Este trabajo se inspira en discusiones iniciadas en el contexto de una tesis de magíster de Desarrollo Regional de la Universidad Regional de Blumenau, Brasil SC. Así como también de experiencia vivida a lo largo de tres años como investigador asociado en el contexto de una Zona de Educación para el Ecodesarrollo.

Los procedimientos metodológicos para este paper se basaron en una combinación entre un estudio exploratorio y una investigación bibliográfica. Según Raupp y Beuren (2004) la caracterización del estudio como investigación exploratoria, ocurre normalmente cuando existe poco conocimiento sobre la temática a abordar. Una característica interesante de la investigación exploratoria consiste en la profundización de conceptos preliminares, sobre determinada temática no abordada satisfactoriamente antes.

Cervo y Bervian (1983) definen a una investigación bibliográfica como la que explica un problema a partir de referencias teóricas publicadas en documentos. Puede ser realizada independientemente o como parte de una investigación descriptiva o experimental. Ambos casos buscan conocer y analizar las contribuciones culturales o científicas del pasado que existen sobre un determinado asunto, tema o problema.



3.- Fundamentación teórica

3.1.- ¿Somos como somos porque estamos como estamos?
El siglo XXI nos coloca nuevamente en el desafío de pensar, repensar y reflexionar sobre el actual modelo de desarrollo, notablemente globalizado, o más bien “bobalizado8”, donde el capitalismo, la competencia y la acumulación de riqueza parecen ser los únicos caminos a seguir. En este trabajo se pone en duda que exista una democracia económica.

En este siglo XXI gran cantidad de la población vive en metrópolis, y en el mejor de los casos, en ciudades más pequeñas. Las ciudades crecen año a año, convirtiendo al ser humano en un ser primordialmente urbano. El hecho es que el Homo Sapiens sabía convivir en armonía con la naturaleza, pero se convierte en un “homo urbanistus economistus” que nunca más se relaciona con ella, a no ser para apropiársela (HENRIQUEZ, 2009).

Según Días (2002) los seres humanos ahora constituyen una especie predominantemente urbana, ya que el 70% de la población de los Estados Unidos, Canadá, Europa Occidental y Japón son urbanas, y el 74% de los latinoamericanos viven en ciudades. En Brasil, por ejemplo, aproximadamente el 80% de la población vive en ciudades que no fueron diseñadas para soportar condiciones climáticas extremas o cambios drásticos en la temperatura (Born 2009).

En este contexto, no cabe duda de que lo que sucede en el mundo urbano termina generando patologías ambientales, socio-políticos, culturales, socioeconómicas, que afectan a toda la biosfera. Por ejemplo, Paiva (2009) señala que sólo los Estados Unidos representan el 70% de la basura en el mundo. Por su parte Días (2002) señala que las ciudades son ahora responsables de la emisión de ¾ partes del dióxido de carbono mundial.

En el plano político, las patologías están marcadas por la ineficacia de las instituciones políticas frente a las elites y aquellos que controlan el poder. En el plano cultural, la fragmentación de las identidades socioculturales y la pérdida de las formas tradicionales de vida son elocuentes. En el plano económico, la racionalidad instrumental, economicista – utilitarista, es señalada como la gran responsable de la enorme desigualdad, donde ¼ de la población concentra ¾ partes del PIB mundial. Y por último, en el plano ambiental los indicadores ambientales como la huella ecológica, o el informe del Intergovernmental Panel of Climate Change (IPCC), la World Meteorological Organization (WMO), y el United Nations Environmental Programme (UNEP), han advertido sobre los riesgos de continuar un modelo de desarrollo que no toma en cuenta los costos socioambientales derivados de las actividades productivas. (SACHS, 1986; MAX-NEEF, 2001; PNUD, 2007; SAMPAIO, 2009; HENRIQUEZ, ZECHNER e SAMPAIO, 2009).

Según Días (2002 p.21) “quien nace en ciudades no se da cuenta, en su mayoría, de lo que sucede. Las luces brillantes, el ritmo frenético, las horas de trabajo, las horas de diversión, eliminan la posibilidad de dedicar un tiempo para reflexionar o percibir lo que está sucediendo”. El mismo autor agrega, que por otra parte el agua disponible en los grifos, los alimentos disponibles en los supermercados (no para todos), les confiere una sensación poderosa de independencia, debidamente reforzada por los medios de comunicación, el apoyo a los procesos educativos, y por ejemplo, los recién casados no imaginan que para producir sus anillos de oro, fueron generadas dos toneladas de residuos vertidos en el medioambiente (Días, 2002).

Van Bellen (2006 p.13) llama la atención cuando dice que en el lado exponencial del desarrollo tecnológico, que aumenta la expectativa de vida de los seres humanos y al mismo tiempo su capacidad de autodestrucción, ocurre un crecimiento significativo de utilización de materia y energía para responder a las necesidades de la sociedad. Esa demanda por bienes y servicios ocurre en toda la superficie del globo, pero su aprovechamiento no es uniforme.

Es importante resaltar el texto de Silva (2009), cuando dice que el caso brasileño, con un 17% de florestas consumida, se encuentra en una situación límite. El gobierno brasileño necesita escoger entre liderar una transición para nuevos parámetros de desarrollo global o continuar siendo fiel al pasado, asegurando la sobrevivencia de un diseño basado en la sobrexplotación de los activos socioambientales para usufructo de pocos.



A su vez Sachs (2009) señala que Brasil reúne todas las condiciones para convertirse en un laboratorio, a escala mundial, de transición hacia las energías renovables1. Es oportuno aprovechar su capacidad para avanzar en el sentido de una biocivilización moderna, mostrando una posible salida para la humanidad.
3.2.- Cuenca Hidrográfica como Unidad de Planificación
Para efectos de un mayor entendimiento de este trabajo vinculándolo con la práctica, pensamos abordar el territorio de Malalhue desde la perspectiva de cuenca hidrográfica como unidad de planificación para el desarrollo territorial sustentable.

De esta forma se parte del presupuesto que la cuenca hidrográfica del Rio Leufucade puede ser mejor trabajada y comprendida por la comunidad local y los investigadores, como una unidad de planificación (ZECHNER; HENRIQUEZ; e SAMPAIO, 2008; HENRIQUEZ 2009; HENRIQUEZ; DIAS; E MANSUR 2010). Esto a partir de un trabajo conjunto, que mescle conocimiento científico y sabiduría tradicional9, a través de la construcción e interpretación de mapas y maquetas del territorio construidas participativamente.

La adopción del concepto de cuenca hidrográfica como recorte para la planificación territorial sustentable, se encuentra directamente relacionada con una tendencia contemporánea, que pasa a reflexionar sobre los modelos de planificación ampliamente utilizados desde la década del 60 y que se caracterizan por ser prioritariamente urbanos (SCHULTZ et al., 2002; ZECHNER, HENRIQUEZ y SAMPAIO, 2008).

Se puede resaltar por ejemplo en el caso brasilero, que el concepto de cuenca hidrográfica es una unidad territorial adoptada para la implementación de la política nacional de recursos hídricos por el Ministerio del Medio Ambiente y Agencia Nacional de Aguas.

Compartimos la idea de cuenca hidrográfica cuando se refiere a un espacio geográfico representado por el curso de un rio y sus afluentes que drenan un conjunto de tierras (PIRES; SANTOS; DEL PRETTE, 2002). La Idea de cuenca hidrográfica se encuentra asociada a la Idea de vertientes , divisores de agua y otras características de los cursos de aguas, principales y secundarios, denominados afluentes y subafluentes (RED DAS AGUAS10).

La adopción de cuencas hidrográficas permite realizar un estudio cualitativo y cuantitativo del agua, o sea, entender mejor los flujos de agua, los sedimientos y nutrientes, presentes en un determinado curso de agua, denominado aquí de cuenca hidrográfica. Dentro de algunas de las clasificaciones, las cuencas hidrográficas se pueden clasificar de acuerdo con su importancia como cuencas primarias (las que abrigan los ríos de mayor envergadura), secundarias y terciarias; e según su localización como costeras o de interiores (ZECHNER, HENRIQUEZ e SAMPAIO, 2008). Este abordaje permite caracterizar los cursos de aguas, además de evidenciar las jerarquías de los ríos con base en el volumen y caudal, entiendo así de mejor forma un ecosistema.

Del punto de vista de la planificación y de la gestión en el desarrollo territorial sustentable, las cuencas hidrográficas se presentan como objetos de estudio con una visión integradora y unificadora en la planificación, posibilitando abordajes y estudios sobre las más diversas perspectivas (SCHULTZ et AL., 2002). En la perspectiva de los investigadores, planificadores y gestores preocupados con el tema de la conservación de La biodiversidad hídrica, el concepto de cuenca hidrográfica ha sido ampliado para otros aspectos no solamente hidrológicos, sino también considerando conocimientos del tipo biofísico, de las cambios en los padrones de uso y apropiación de la naturaleza, de los impactos ambientales, o desde las comunidades del agua, como es el caso de la investigación donde se sustenta este trabajo.

En la literatura relacionada con el tema de las cuencas hidrográficas, existe un cierto consenso entre los investigadores que desarrollan estudios relacionados al tema de las cuencas hidrográficas, en considerarlas verdaderos ecosistemas.

Para entender que es un ecosistema necesitamos antes definir que es un sistema, para efectos de este trabajo, entendemos a un sistema como un conjunto de elementos en interacción, en el cual el todo es más que la suma de las partes, es decir, las partes constitutivas no son explicables a partir de las características de las partes aisladas (BERTALANFFY, 1975).

Descrito lo anterior podemos definir el concepto de ecosistema. Un ecosistema puede ser definido como una unidad espacialmente explicita que incluye todos los componentes bióticos y abióticos dentro de sus fronteras de influencias, o en otras palabras “una interacción, en determinada escala espacio-temporal entre componentes físicos e inanimados y los componentes vivos” (SCHULTZ et al., 2002).

García (1994) destaca que existen múltiples aspectos y maneras de abordar los ecosistemas, dependiendo claro, de los objetivos priorizados por el o los equipos de investigación.

Para efectos de este trabajo, se cree que entender una cuenca hidrográfica se necesita además entender el concepto de territorio. Territorio no apenas como el conjunto de formas naturales, o sea no meramente geográficos, sino más bien, sistemas naturales y sistemas artificiales, así como también aspectos sociales de grupo de personas que habita ese espacio, junto a las instituciones publicas, organizaciones comunitarias de base, e inclusive privados (SANTOS, 2002).

Entender el concepto de territorio requiere por lo demás sumergirse en diferentes áreas del conocimiento. Costa (2004) apunta que a pesar de ser un concepto central para la geografía, territorio y territorialidad, por referirse a la espacialidad humana, encuentran en la geografía sus más potentes definiciones, sin embargo existen otras áreas, cada una con un determinado enfoque. Dentro de las otras áreas es posible destacar:

Mientras que un geógrafo tiende a enfatizar la materialidad del territorio en sus múltiples dimensiones (que debe(ria) incluir la interacción sociedad naturaleza), la Ciencia Política enfatiza su construcción a partir de las relaciones de poder (en la mayoría de las veces ligada a la concepción de Estado); la Economía que prefiere la noción de espacio a la de territorio lo percibe muchas veces como un factor localizaciones o como una de las bases de la producción (mirada como fuerza productiva); la Antropología destaca la dimensión simbólica, principalmente en el estudio de las sociedades y comunidades dichas tradicionales (pero también en el neotribalismo contemporáneo); la Sociología enfoca a partir de su intervención en las relaciones sociales en sentido amplio ; y la Psicología finalmente la incorpora en el debate sobre la construcción de la subjetividad o identidad personal, ampliando hasta la escala del individuo (COSTA, 2004, p.37).


Tener claridad en el concepto de cuenca hidrográfica, vista como un ecosistema y mejor comprendida desde la perspectiva territorial, es sin duda alguna todo un desafío que nos invita a abrirnos a otras disciplinas para que de manera transdisciplinar, mesclando conocimiento científico y sabiduría tradicional podamos enfrentar problemas y sus posibles soluciones.

Sabemos que la modalidad a nivel de cuencas hidrográficas se viene replicando en países de América Latina y el Caribe, con metodologías participativas en diagnósticos en especial en México y Brasil (DOURIJEANNI et al., 2002).


3.3.- Sobre Conocimientos, investigación acción participativa, ecopedagogia: ¿Consenso construido o construyendo consenso?
El conocimiento tradicional trae consigo complejidades históricas, sociales, culturales, ambientales y económicas de un dado territorio, que muchas veces, son renegadas, o entonces desconocidas y desconsideradas como que si no existiesen. Son invisibles cuando se piensa en desarrollo (MAX-NEEF, 1986; FREIRE, BERKES e SEIXAS, 2005). No hay como dejar de lado a las comunidades que viven en determinados territorios, así como sus conocimientos, por ejemplo cuando se prospectan políticas publicas o tomas de decisiones que afectan a estas poblaciones, tanto para bien como para mal y sobre todo cuando se trata de la gestión de recursos naturales de uso común (SEIXAS In FREIRE et al., 2005).

Autores como Failing, Gregory y Harstone (2007) discuten cuales son los actores sociales que deben o deberían estar envolvidos em los procesos de tomadas de decisión relacionadas a los riesgos socioambientales, comprendiendo como dicho que sistemas sociales son eminentemente ambientales, y aún destacando la necesidad de superar la falsa dicotomia entre conocimiento cientifico y sabiduría tradicional o local. La critica que el conocimiento tradicional generalmente recibe, es la de su componente tácita, poço visible, no obstante, todo tipo de conocimiento, inclusive el cientifico, posee tal dimensión, pudiendo inclusive llevarnos a la siguiente reflexión: racional ¿para quien?

Concordamos que los procesos de tomadas de decisión que incorporan conocimiento científico y tradicional tienen posibilidades de ser territorialmente apropiadas y efectivamente sustentables (HENRIQUEZ et al, 2010). Se comparte la idea que es posible lidiar de mejor forma con las complejidades de los problemas socioambientales cuando incorporados otros tipos de conocimientos (FALING, GREGORY e HARSTONE, 2007).

Antes de avanzar parece oportuno no caer en falsas dicotomías entre conocimiento científico y conocimiento tradicional, o mismo proponer jerarquizaciones. Se trata apenas de conocimientos distintos, donde ambos poseen su relevancia y pertinencia. Falcão (2008) que el conocimiento local o tradicional es cualificado territorialmente y acostumbra a ser trasmitido oralmente, y muchas veces no se encuentra ni documentado. Se caracteriza también por ser dinámico, adaptativo y tiene como base el senso tradicional comunitario, usualmente relacionado con los modos de vida. En este contexto observamos que el conocimiento local emerge de la participación comunitaria, sobre todo cuando las comunidades están interesadas en satisfacer sus necesidades concretas y diarias en el territorio donde viven.

La participación y la gestión comunitaria que privilegia el conocimiento local se torna legitima para cualquier territorio, municipal, provincial o regional, independiente de sus preferencias partidarias, aún cuando, se sabe que no es tarea fácil explicar a nuevas autoridades electas, la desvinculación partidaria de una planificación comunitaria (SAMPAIO et al., 2006).

Parece pertinente apuntar aquí que significativos esfuerzos se han realizado por nuevas perspectivas científicas en el sentido de incluir o revelar el conocimiento tradicional en abordajes e intervenciones, como por ejemplos diagnósticos participativos. Por ejemplo en la década de los años 90, surge la investigación participativa (paticipatory research) que según Seixas (2005), se tornó una herramienta muy útil para el envolvimiento comunitario en el desarrollo y gestión de recursos naturales. Brandão (2006) apunta que es preciso si, reconocer que existen mucho más preguntas que respuestas y que hay más experiencias en curso que experiencias consagradas.

La investigación participativa sobre temas socioambientales posee como norte el empoderamiento de las poblaciones menos desfavorecidas, dando voz y valorizando el uso del conocimiento tradicional. Mismo porque no se podría comprender los problemas y sus posibles soluciones, sin una participación activa de las comunidades envueltas (CHAMBERS in: SEIXAS, 2005, p. 75). Por este motivo se puede argumentar que la investigación participativa se encuentra interconectada con un proceso de ecopedagogia (GUTIÉRREZ y PARDO, 1999). Donde los propios miembros comunitarios son los educandos y educados en un proceso de enseñanza y aprendizaje colaborativo en la identificación y posibles soluciones a problemas comunes que dicen respecto a un territorio (McARTUR in: SEIXAS, 2005).

Existe también un desdoblamiento que surge de la investigación participativa: la investigación-acción- participativa (participatory action research), que es definida como un proceso de cuestionamiento sistémico, en el cual aquellos que están experimentando una situación problemática participan, en colaboración con los investigadores, en la delimitación y ejecución de la investigación y en los procesos de tomadas de decisión sobre como utilizar el conocimiento generado para lidiar con la situación que enfrentan (DESLER e EWERT in SEIXAS, 2005, p. 80).

Este tipo de participación privilegia la ciudadanía, en sus derechos y deberes comunitarios, muchas veces olvidados, sobre todo cuando se refieren a cuestiones socioambientales. Se justifica en el hecho que modos de vida tradicionales (pueblos originarios, pescadores, agricultores, mapuches huilliches y lafkenches) aún cuando presionados por la lucha de la sobrevivencia diría, vienen consiguiendo conservar su biodiversidad territorial. Los modos de vida tradicionales vienen demostrando, a partir de un hacer de aprendizajes (ecopedagogia) conjugar educación y convivencia territorial(GUTIÉRREZ y PARDO, 1999).

Como apuntan Gutíerrez y Pardo (1999) la ciudadanía ambiental y la cultura para la sustentabilidad, nos llevan a una sociedad planetaria, que se caracteriza por la abertura, dinamismo, interactividad y complejidad que requiere procesos pedagógicos igualmente abiertos, dinámicos y creativos, en los cuales los protagonistas estén estado de aprendizaje permanente y como resultado, participan, se expresan y se relacionan tal cual se concibe la mediación ecopedagogica.


4.- Localización del Territorio en Estudio
4.1.- La comuna de Lanco11

La comuna de Lanco, perteneciente a la provincia de Valdivia de la nueva Región de los Ríos, se caracteriza por la significativa presencia de cauces fluviales que en su curso inferior interactúan con el principal centro poblado. Se ubica en la entrada norte de la provincia de Valdivia, región de los Ríos, entre los paralelos 39°24" y 39º00'' de latitud sur y entre los meridianos 72°51" y 72º21" longitud oeste. Limita al norte con la Comuna de Loncoche (IX Región), al sur con la Comuna de Mariquina y Máfil, al este con la Comuna de Panguipulli y al oeste con la Comuna de Mariquina y Loncoche (IX Región). Por su localización constituye el principal acceso desde el norte a la Ruta CH 205 y a Panguipulli, como también a la zona del destino turístico siete Lagos.12



Mapa 1: Comuna de Lanco

4.2.- Malalhue13

Malalhue es la segunda ciudad de Lanco. La etimología de la palabra Malalhue se remonta a las comunidades mapuches que antiguamente dominaban la zona, y cuyo significado sería “lugar cercado”, aunque otras fuentes señalan que significaría “muralla de piedra”. A pesar de estas aparentes diferencias, todas las versiones apuntan a la idea de un lugar cerrado. Al observar la morfología de este poblado se puede inferir su génesis, la cual se relaciona principalmente con nodos que surgían producto de antiguos sistemas de transportes (tracción animal y pedestre). Con el transcurso de los años se fue consolidando como un sitio estratégico para la explotación de recursos básicos como la madera, lo que finalmente desembocó en la creación de un área poblada. Aunque en la descripción oficial de su origen se invoca “un desarrollo realizado de una manera clásica respecto del trazado de las localidades rurales de Chile: un poblado que surge por su articulación a una vía principal, y cuyo origen habitualmente fue un caserío (pueblo-calle). En este caso la ruta vinculante es el camino entre Lanco y el interior, fundamentalmente la conexión con Panguipulli (http://www.wikilosrios.cl/index.php/Malalhue, consultado el 1 de enero de 2010), la situación, como se verá adelante, fue otra.


Mapa Sector Malalhue

Fuente: SIG elaborado para el proyecto Fondecyt: Paisajes del Agua.
Originalmente el lugar se llamaba Puleuque, “porque ese río que corre por allá y ese de (Antilhue) y se junta acá, por eso que está como una isla aquí”, como recuerda un vecino. El agua constituye el rasgo más característico del territorio en el que se emplaza la ciudad y en torno del que se asiente tanto la memoria como la identidad del colectivo. Un residente evoca: “Ese canal, ahora un simple riachuelo, era un río, de ahí el nombre Willomallin, de agua por todos lados, siempre agua, nosotros vivimos en un lugar donde hay mucha agua, por un lado el río, que se hace un bracito, un río chiquitito que abraza y nos rodea y que se junta con el Lelfucade acá”. En otra lectura, “el lugar donde yo vivo le colocan Willamalle y es Willomalle. Le cambian la ‘o’, porque el lugar donde yo vivo es: ‘Hoy día inundó el agua’. Si yo le cambió la pura ‘o’, es: ‘Ayer inundó el agua’. Willomalle fue siempre un lugar de mucha agua, muy húmedo, por tanto muy hoy, willo, y eso pasa en muchos lugares”.

La exposición al agua es fuente de constantes inundaciones. Willomallín es un sector de mucha humedad, “siempre estamos húmedos, nunca dejamos de estar con esta humedad en vela, cuando llueve tres, cuatro días, el agua está a flor de tierra y cuando llueva cinco días nosotros no podemos salir”, asegura una vecina.

Actualmente, Malalhue está dotado de una plaza en torno de la que se yerguen las construcciones más representativas del medio comunitario: el Liceo República de Brasil, el Cuerpo de Bomberos, el Consultorio de Salud, la Escuela Padre Carlos y una capilla Católica. En el radio urbano se cuentan alrededor de seis iglesias evangélicas, hay, además un cementerio indígena, subiendo por el camino que lleva a la Forestal (cruzando el puente Correltúe). Una vecina señala que se están haciendo gestiones para construir un cementerio municipal, porque, según ella, “los muertos no mapuches hay que ir a enterrarlos a Panguipulli o a Lanco”, y esto a la comunidad no le parecía bien.
5.- Consideraciones finales

En el contexto del presente artículo presentamos una fundamentación y discusión teórica relacionada a aspectos que dicen relación con la construcción participativa de indicadores territoriales socioambientales y a sus interfaces con un desarrollo territorial sustentable.

La transición para la sustentabilidad, es decir, el camino a seguir para un otro desarrollo o hasta una otra economía, impone el establecimiento de un rescate de un contrato socio-político y sociocultural que permita visualizar además del consumismo el “con-SU-OTRO”, entre la sociedad civil organizada, las autoridades públicas en todos los niveles, la iniciativa privada para fines mercantiles.

Para ir concluyendo el presente paper es necesario aún preguntarse: ¿Cómo medir el desarrollo? Hace bastante tiempo los organismos internacionales, gobiernos, instituciones académicas e investigadores intentan responder esta pregunta. Por lo tanto, la construcción de indicadores ha sido la herramienta más utilizada por aquellos que objetivamente pretende medir el desarrollo de países, regiones, localidades y comunidades. Aunque a menudo sólo reciben las tasas de crecimiento a través de las variables económicas, configurando de esta forma los indicadores objetivos que se presuponen validos para la elaboración de políticas públicas, aunque estos no hayan sido validados científicamente.

En este sentido, el Producto Interno Bruto (PIB) permaneció por un largo periodo siendo utilizado para medir la riqueza de las naciones. Acabando por ser blanco de críticas debido a su restringida cobertura y no responder a las necesidades actuales, siendo sustituido por el Índice de Desarrollo Humano (IDH), con amplia aceptación a nivel internacional por ser considerado como el indicador más completo – a pesar de sus limitaciones- al incorporan dimensiones socioeconómicas.

Dado el complejo escenario de hoy, caminar en la dirección de nuevos indicadores es una emergencia. Sin embargo, esto requiere de enfoques que abandonen la perspectiva unidisciplinaria y el raciocinio cartesiano. El ambiente es complejo, incierto e inestable, exige enfoques eco-socio-sistémicos integrados, transdisciplinarios, que reconozcan nuevos campos de investigación, capaces de indicar caminos alternativos para los desafíos que se presentan.


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1 Este trabajo surge en el contexto de un proyecto Fondecyt. Proyecto F-1090465: “Los Paisajes del Agua: Prácticas Sociales y Sustentabilidad


2 Doctorando en Ciencia Humanas (UACh). Magíster en Desarrollo Regional (FURB). Administrador de Empresas Turísticas (UACh). Profesor Adjunto Instituto de Ciencias Sociales e Investigador del Centro Transdisciplinario de Estudios Ambientales (CEAM-UACh) y del Instituto LaGOE-Curitiba-Brasil; E-mail: christianhen@gmail.com


3 Director y profesor del Instituto de Ciencias Sociales y del Programa Honor en Estudios Ambientales y Desarrollo Humano Sostenible de la Universidad Austral de Chile (UACH); E-mail: jskewes@uach.cl


4 Profesora del Instituto Enfermería Materna e Investigadora asociada del Centro Transdisciplinario de Estudios Ambientales (CEAM-UACh). E-mail: dguerra@uach.cl


5 Profesora del Instituto de Ciencias Sociales, y del Programa de Honor en Estudios Ambientales y Desarrollo Humano Sostenible de la Universidad Austral de ChileE-mail: msolari@uach.cl


6 Para mayor profundización entre centro y periferia ver Furtado, Celso. Introdução ao Desenvolvimento. Enfoque Histórico-Estrutural. 3ed., Rio de Janeiro, Paz e Terra, 2000. Capítulos l, ll, lll, e lV. Furtado, Celso. Teoria e Política do Desenvolvimento Econômico, São Paulo, Abril Cultural, 1983 (coleção os economistas) Capítulos 1, 2, 3, 4 e 8. Fernandes, Florestan. Sociedade de Classes e Subdesenvolvimento. Rio de Janeiro, Zahar Editores, 1975. Lipietz, Alain. O capital e seu Espaço, São Paulo, Novel. 1988 (O que é o Espaço – PP. 15-31). Lipietz, Alain.Miragens e Milagres. Problemas da Industrialização no Terceiro Mundo. São Paulo, Novel, 1988. Capitulo 3.


7 Para comprender mejor este concepto se recomienda el documental Consenso Construido sobre el pensamiento de Noam Chomsky.

8 Denominación utilizada por el prof. Del Instituto de Ciencias sociales (uach) Dr. Yanko Gonzáles.

9 En el capitulo subsiguiente abordamos los diferentes tipos de conocimiento.

10 Disponible en http://www.rededasaguas.org.br/

11 Información obtenida en la página web del INE. [En línea] http://www.inelosrios.cl/archivos/files/pdf/DPA/dpa_losrios.pdf ; y complementada con datos proporcionados en el Plan anual de Desarrollo Educativo Municipal. PADEM 2009, del Departamento de educación de la Ilustre Municipalidad de Valdivia. [En línea]. http://www.munivaldivia.cl/servincorp/educacion/padem_2009.pdf



12 Información obtenida de: Comité público – privado para el desarrollo del sector carretera de Lanco. Septiembre de 2007. Propuesta: Lanco 24 horas, puerta de entrada al destino Siete Lagos y Patagonia norte chileno – argentina. Plan de desarrollo y fomento productivo de la carretera 5 sur en Lanco.


13 En el trabajo inicial de campo participaron en Malalhue los y las estudiantes de antropología Carmen Barría, Carolina Norambuena, Alfonso Kutcher y Paulo Antonio Yaitul.




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