Congreso Internacional Ciencia y Vida. Universidad Libre Internacional de las Américas, ulia



Descargar 97.18 Kb.
Página1/4
Fecha de conversión26.06.2018
Tamaño97.18 Kb.
Vistas154
Descargas0
  1   2   3   4


XIX Congreso Internacional Ciencia y Vida. Universidad Libre Internacional de las Américas, ULIA / Universidad Católica San Pablo, USP. Entre lo civil y lo político: la ciudadanía del siglo XXI. Mesa A: La Ciudadanía Familiar. Arequipa (Perú) Agosto 25 a 27 de Agosto de 2014 










Construyendo el Nuevo Ciudadano Colombiano. Un intento de diseñar la realidad social desde el poder”


Ricardo Álvarez-León

Universidad Santo Tomás de Aquino-Sede Manizales

ricardoalvarezleon@gmail.com. Manizales (Caldas) Colombia

Resumen
Después de las cuestionadas reformas a la educación, respecto a la supresión de las áreas de Urbanidad y Civismo de los pensum regulares, el Gobierno Nacional, la Sociedad y sus Organismos de Control, se han visto en serios problemas por el comportamiento en niños, jóvenes y adultos. Si bien la familia ha asumido su papel de primera educadora desde el hogar, al no tener el respaldo y el refuerzo de la sociedad, ha tenido que redoblar esfuerzos para ir corrigiendo los errores cometidos. Se destacan tres esfuerzos que a nivel nacional se han desarrollado: (1) la promulgación de la Nueva Constitución Política de 1991 y sus Decretos reglamentarios; (2) las campañas ciudadanas de algunas las Alcaldías del país, (3) la reciente iniciativa de la Procuraduría Nacional al lanzar su política del Nuevo Ciudadano Colombiano, y (4) Otras iniciativas. A pesar de la inveterada costumbre de promulgar normas jurídicas para adoptar diferentes aspectos nacionales, con poca receptividad, se ha podido comprobar la aceptación ciudadana a diferentes niveles con evidentes beneficios para la población. El trabajo ofrece detalles que vale la pena resaltar pues son susceptibles de producir impactos sociales, económicos, ambientales, y de convivencia ciudadana.
Palabras claves: civismo, urbanidad, convivencia, normatividad, Colombia

Building the New Citizen Colombiano. An attempt to design the social reality from power”


                                                 

Ricardo Álvarez- León



Universidad Santo Tomás de Aquino-Sede Manizales

ricardoalvarezleon@gmail.com. Manizales (Caldas) Colombia

Abstract
After the disputed reforms to education, with regard to the removal of areas of Civility and Citizenship of the regular curriculum, the Government, the Company and its control bodies, have been in serious trouble for behavior in children, young and adults. While the family has taken its role as first educator from home, not having the support and reinforcement of the company, has had to redouble my efforts to correcting mistakes. Highlights three efforts nationwide have been developed: (1) the promulgation of the New Constitution of 1991 and its implementing decrees, (2) public campaigns of some of the country's mayors, (3) the recent initiative National Office to launch its New Citizen Colombian policy, and (4) Other iniciatives and accions. Despite the inveterate habit of enacting legal rules to adopt different national aspects, little receptivity has been found public acceptance at different levels with obvious benefits to the population. The paper provides details worth noting that they are likely to produce social, economic, environmental, and coexistence.
Key words: citizenship, civility, conviviality, regulations, Colombia


INTRODUCCIÓN
El civismo (del latín civis, ciudadano y civitascivitatis, ciudad) se refiere a las pautas mínimas de comportamiento social que nos permiten convivir en colectividad. Un ejemplo de civismo es cómo se comporta la gente y cómo convive en sociedad. Se basa en el respeto hacia el prójimo, el entorno natural y los objetos públicos; buena educaciónurbanidad y cortesía. El uso del término civismo tuvo su origen en la Revolución francesa e inicialmente, aparece unido a la secularización de la vida que esta supuso. También se puede entender como la capacidad de saber vivir en sociedad, respetando y teniendo consideración al resto de individuos que componen la misma, siguiendo unas normas de conducta y de educación, que varían según la cultura del colectivo en cuestión. (http://es.wikipedia.org/wiki/Civismo)

En cambio se llama urbanidad al conjunto de reglas que tenemos que observar para comunicar dignidad, decoro y elegancia a nuestras acciones y palabras. Tenemos que volver al pasado para recuperar, con carácter generalizado, la urbanidad y el civismo, pero no sólo en las aulas, como parece que se quiere conseguir (o se debería perseguir) con la nueva asignatura de formación ciudadana, sino en el seno de las familias, de las empresas, de los sindicatos, de las formaciones políticas y hasta en las comunidades de vecinos. (Gómez-Carrión, 2000).

Urbanidad y civismo no son la misma cosa, pero suelen ir de la mano. Cualquiera habrá comprobado que aquellas personas que, en el trato social, se muestran amables y educadas, también se comportan como buenos ciudadanos. Los chicos que no sólo no saludan cuando se cruzan con vecinos, sino que ni siquiera contestan al saludo de éstos, lo más probable es que sean los autores de los mensajes o grafitis en los ascensores o los muros. (Gómez-Carrión, 2000).

La urbanidad podría ser un antídoto contra la crispación. Valdría incluso para los políticos. Como el civismo, como el comportamiento de buen ciudadano, todo lo contrario de quienes hacen gala, permanentemente, de mezquindad, vileza y grosería. Si ser cortés y caballeroso es una cosa pasada de moda, es preciso un esfuerzo de los diseñadores del futuro para recuperar (como se hace con la moda) esos valores para una sociedad que ha perdido el norte, el sur, el este y el oeste, pues está desorientada. Se supone que somos más cultos que nunca, pero no es creíble mientras suspendamos en urbanidad y civismo, dos asignaturas que hay que implantar de nuevo. Pero ya! y comenzando por la familia y las aulas. (Gómez-Carrión, 2000).
El planeta y los países viven momentos de tensión e incertidumbre. Hoy día cobra mayor fuerza la necesidad de fortalecer los valores de la convivencia, el respeto, la tolerancia y las buenas costumbres. Al hablar de urbanidad y buenas costumbres, es importante referirse a los máximos exponentes de la sociedad criolla del siglo XIX. Entre ellos, el caraqueño escritor y político Manuel Antonio Carreño (1812-1874), autor de uno de los libros más usados en las escuelas públicas en diversos países hispanoamericanos, como lo es el Manual de Urbanidad y Buenas Maneras, Un manual que sigue vigente. (Anónimo, 2014).

Este texto trata de educar al ciudadano con excelentes hábitos de conducta, buenos modales y costumbres dentro del ámbito de la sociedad. Todos tenemos nuestras formas habituales de hacer las cosas, pero, esto no quiere decir, que sean las más correctas. La nobleza radica en el alma de cada quien y no tiene nada que ver con el nacimiento. M.A. Carreño, fundamentó normas en las cuales se encuentran las principales reglas de civilidad y etiqueta que deben observarse en las diversas situaciones sociales. La obra le valió reconocimiento y fama. Ha sido reeditada en muchos países de Latinoamérica. En Venezuela por ejemplo, el 14 de marzo de 1855, el Congreso Nacional, acordó la recomendación especial para su uso. (Anónimo, 2014).
Fue la guía básica en cuanto a las buenas costumbres. Las principales críticas han sido su excesivo formalismo, carácter casi ritual de muchas de las recomendaciones, parcialidad en temas religiosos, clasicismo y machismo. Muchas normas de urbanidad del manual original se consideran hoy en día como obsoletas, y se están creando, en virtud a nuevos usos y actos, nuevas reediciones. Sin embargo, ha mantenido una esencia conservadora. (Anónimo, 2014).
Importancia de la Cívica y la Urbanidad para la Vida en Comunidad. Al ser el civismo el comportamiento propio o característico de los ciudadanos a través del cual podemos demostrar respeto por los derechos no solo de los demás, sino y más importante aún, de nosotros mismos. Civismo no es otra cosa que conjunto de cualidades que nos permiten a los ciudadanos convivir pacíficamente en comunidad. ¿Será entonces que las comunidades necesitan educación cívica para vivir en Paz? El liberalismo ha otorgado especial importancia al concepto de civismo debido al crucial papel que debe desempeñar el ciudadano en las democracias liberales para preservar los derechos civiles y sociales tales como la educación o la protección de la salud. (Álvarez, 1997).
Es comúnmente aceptado que “El Estado” debe proteger las libertades  individuales, los derechos civiles, políticos y sociales. Algunos eruditos de principios del siglo XX identificaron que el modelo de Estado de democracia representativa trae intrínseca una gran inconveniencia al dividir a los ciudadanos en dos clases: unos políticamente activos, políticos, militantes de partidos o de movimientos sociales y otros, con poca o ninguna participación política. Esta pasividad ciudadana se ve incrementada con el desarrollo y del capitalismo y de la sociedad de consumo que fomenta el individualismo y donde la prioridad son los propios intereses y donde resulta difícil por no decir que imposible unir esfuerzos entorno a proyectos comunes. (Álvarez, 1997).

Todas las teorías de la filosofía política contemporánea coinciden en mostrar como un aspecto básico que: El ciudadano debe hacerse cargo de su papel, de sus funciones y de sus obligaciones con la comunidad de la cual hace parte. Tanto el  Comunitarismo como el Republicanismo, dos de las teorías más importantes de la filosofía política, propugnan por recuperar el modelo griego de la polis, o sea, el de una sociedad más comunitaria. Ambas teorías exigen que los ciudadanos sean ciudadanos de verdad, dispuestos a adquirir las virtudes o las cualidades necesarias para comportarse como buenos ciudadanos. Para Aristóteles, las virtudes eran el eje de la ética y de la política. Aristóteles solía definir al hombre como “un animal político”, para él la esencia y la finalidad única de los humanos era convertirse en un buen ciudadano de la Polis. Entre las virtudes que Aristóteles describe para lograr ser un buen ciudadano se destacan cuatro: la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza. (Álvarez, 1997).


Tanto en la antigüedad como en nuestros días, la adquisición de virtudes se considera esencial para la educación ética de los ciudadanos en todas sus dimensiones, incluida la dimensión política de la persona. La filosofía política contemporánea nos queda debiendo un “algo” que contribuya a la creación y desarrollo de la “identidad ciudadana”  Las declaraciones de principios como las constitucionales o de derechos humanos  no han formado ciudadanos, como trágica consecuencia nos enfrentamos a la más terrible de las realidades: sociedades sin ciudadanos en el sentido más sublime de la palabra. Precisamente por esto se insiste en la instrucción de ciencias cívicas o civismo como vehículo para lograr comunidades precisas, fundamentadas en valores concretos y específicos: comunidades religiosas, científicas, de estudiantes o sencillamente comunidades locales. (Álvarez, 1997).
Me uno activamente a la idea de quienes piensan que si los ciudadanos se sienten miembros de una comunidad concreta, más definida que el “estado de derecho” se podrán identificar con el proyecto (político, social, económico, etc.) de dicha comunidad, de esa forma se comprometerán realmente con dicho proyecto y encontraran los medios para llevarlo a cabo. Se cree que todos alguna vez hemos dicho o escuchado que cada derecho viene con un deber que lo acompaña, lo que no hemos hecho muchas veces es entronizar lo que eso significa, especialmente porque queda más fácil pensar que “yo” soy el sujeto de los derechos y “el Estado” es el sujeto de los deberes.  El “derecho a” tiene que ir acompañado del “deber de” y de la “responsabilidad de” que no son exclusivamente de las instituciones, sino especialmente del ciudadano, del individuo. (Álvarez, 1997).
 Si nos tocara definir civismo, diría que civismo son los parámetros mínimos a los que debería circunscribirse todo ciudadano, lo cual es indispensable porque sin parámetros comunes y compartidos no funciona ningún orden social ni ningún modelo político o de gobierno. El civismo es la ética mínima del ciudadano. Es una ética mínima porque tiene que poder ser aceptada por todos, con independencia de las creencias religiosas o de las costumbres y tradiciones de cada uno. Entonces las preguntas obligadas son: (1) ¿Por qué se suprimió la urbanidad y la cívica de la enseñanza escolar? (2) ¿Les quitamos a nuestros gobernantes la oportunidad de ser mejores si hubieran aprendido cívica y urbanidad? (3) ¿Se reduciría la violencia de nuestras ciudades si volviéramos a enseñar cívica y urbanidad?

(4) ¿Tendríamos comunidades mejor organizadas y más desarrolladas si enseñáramos cívica y urbanidad? (Álvarez, 1997).


La relación educación y ciudadanía entre finales del siglo XIX e inicios del XX, estuvo signada por el tema de la Nación y el Nacionalismo en un período caracterizado por la reinvención de la República de Colombia. El proyecto político de la Regeneración y su reafirmación, luego de la pérdida de Panamá, con la renovación de los currículos de la Historia Patria, la Educación Cívica y la edición de textos escolares cuyos contenidos enfatizaban la enseñanza en los temas sobre la Patria, la Nación, la Nacionalidad y el Valor Cultural y Patriótico del Territorio Colombiano. Así, los textos escolares trataban de transmitir las virtudes que debía poseer el nuevo ciudadano el cual si deseaba ser considerado como bueno y virtuoso en la nueva república debía mostrarse respetuoso y devoto ante el altar de Dios y de la Patria. (Conde-Calderón & Alarcón-Meneses, 2011).
En el caso del Manual de Historia, la acción heroica y la exaltación a la patria hacen parte del discurso que se transmite, es por ello que esta representación surge como elemento fundamental, destacándose el papel desempeñado por aquellos hombres que con sus proezas hicieron el bien de la patria. Se está ante a una idea de nación que se centra en el recuerdo, en la conmemoración y en la apología de los héroes: “¡Cuán hermoso es morir por la Patria, por más terrible que parezca el modo como rindieron su vida nuestros Próceres! El sacrificio de la vida por ella es uno de los menores que debemos hacerle [.…] ciudadanos comprometidos en la revolución, recibieron en los cadalsos una muerte que los hace acreedores al título de mártires de la Patria y que obliga a ésta a guardar con amor su memoria inmortal.” (Henao & Arrubla, 1913)
Este tipo de afirmaciones muestran cómo, dentro del imaginario social la instrucción púbica fue cobrando cada vez mayor importancia al punto de ser considerada un elemento de primer orden en el proceso de valorar y generar un sentimiento por la patria. A ese proceso contribuyeron las llamadas pedagogías cívicas, de las que hacían parte tanto manuales como catecismos republicanos, los que tenían como objetivo promover la asimilación política y cultural de la población en torno a la República, la que para consolidarse en el tránsito del siglo XIX al XX necesitaba “regenerar al hombre y formar al ciudadano”. (Conde-Calderón & Alarcón-Meneses, 2011)
A partir de 1903, la reinvención de la República de Colombia, su regeneración moral y política y la invención de la historia nacional fueron considerados los principales instrumentos para construir una conciencia de pertenencia a un ente colectivo, sirviendo de legitimación al Estado nacional y posibilitando que esa conciencia de pertenecer a una misma nación contribuyera a la formación de ciudadanos. Pero para alcanzar tales logros era imprescindible educar a los ciudadanos en las virtudes cívicas, lo cual significaba reafirmar la enseñanza de la Historia Patria e introducir la Educación Cívica en el currículo escolar, convirtiéndola en asignatura de obligatorio aprendizaje a partir de 1904. (Conde-Calderón & Alarcón-Meneses, 2011)
Manuales escolares, catecismos y periódicos se convirtieron en instrumentos a través de los cuales se pretendía impulsar el proyecto de construcción de la nación, mediatizado necesariamente por la existencia de una ciudadanía que reconociera el poder de la escritura, erigida en el espacio de la ley, de la autoridad, en el poder fundacional y creador del nuevo orden institucional. (Conde-Calderón & Alarcón-Meneses, 2011)
Dos textos escolares con diferente significado inauguran la enseñanza de la Historia de Colombia en el siglo XX. El primero fue en 1905: Catecismo de Historia de Colombia, de Soledad Acosta de Samper, una mujer de la ideología conservadora que en sus obras reflejó las contradicciones de la sociedad de su época y logró un aporte significativo con su narrativa ficcional al proyecto de construcción nacional (Acosta de Samper, 1988).
La primera edición del Catecismo publicado en 1905 por el Ministerio de Instrucción Pública fue una donación realizada por la autora al gobierno colombiano para la enseñanza

en las escuelas primarias del país. A esta publicación siguieron las Lecciones de Historia de Colombia en 1908. Con motivo del Centenario de la Independencia (1810-1910), el gobierno convocó a un concurso para escoger el texto oficial para la enseñanza de la historia, a través del Decreto 963 de 1910. Así, el Manual de Historia de Colombia de Henao y Arrubla en 1913, la verdadera expresión clásica de un texto escogido para ser impuesto como la historia oficial de Colombia por excelencia. Desde entonces el texto alcanzó gran influencia y popularidad entre las generaciones de colombianos hasta promediar los 1970´s. Dicho manual, plantea el propósito del “verdadero patriotismo” El propósito del Patriotismo de inicios del siglo XX. (Conde-Calderón & Alarcón-Meneses, 2011)


En otros libros escolares como el Manual de Urbanidad de Carreño, el concepto de Patria se equipara al de Nación entendida como la cultura específica y la suma de la vida espiritual de cada pueblo en un momento dado de su historia: Muertos nosotros en defensa de la sociedad en que hemos nacido, ahí quedan nuestras familias y tantos inocentes a quienes habremos salvado, en cuyos pechos inflamados de gratitud, dejaremos un recuerdo imperecedero que se irá transmitiendo de generación en generación: ahí que la historia de nuestro país, que escribirá nuestros nombres en el catálogo de sus libertadores; ahí queda a nuestros conciudadanos un doble ejemplo que imitar, y que aumentara los recuerdos que hacen tan querido el suelo natal (Carreño, 1857)
En ese orden de ideas fueron retomados principios básicos del plan de estudio de Zerda de 1893 que implementaba la enseñanza de la Historia Patria, en las escuelas primarias. Se intentó el perfeccionamiento de los planes en las escuelas primarias del ámbito urbano y en las normales mediante la Ley 39 de 1903 (también conocida como ley Uribe), que fue reglamentada con el Decreto 491de 1904. Entonces la Historia Patria pasó a comprender los principales hechos de la historia general y de la historia detallada de Colombia, principalmente, en las escuelas normales. En 1913, la Historia Patria e Instrucción Cívica fueron unificados legalmente mediante el Decreto 823 de 1913 (Cortázar, 1916, Cortázar,1935; Cortázar & Posada, 1912).

Educación para la democracia, la paz y la vida social. No parece exagerado afirmar que una buena parte de la crisis de nuestra sociedad que se ha venido acentuando en los últimos años, obedece al hecho irresponsable, por decir lo menos, de haber suprimido del pensum educativo materias tan formativas como la Cívica y la Urbanidad , orientadas a inculcar en la mente y en el corazón del niño, desde su más tierna edad, el amor a la patria y a sus símbolos, el concepto de solidaridad, la noción del orden, de libertad y de justicia y de esa serie de conocimientos mínimos que un colombiano con uso de razón está obligado a poseer acerca de la organización del Estado, de los deberes y derechos que lo ligan a él y de las normas de comportamiento que contribuyen al progreso de la comunidad. Se reemplazaron entonces las buenas maneras por la ordinariez y el respeto a la autoridad por conductas anárquicas que, estimuladas muchas veces por los mismos obligados a dar ejemplo de acatamiento a la ley, han traído como resultado los continuos paros y conflictos estudiantiles a los que  desafortunadamente nos hemos venido acostumbrando. (Acevedo- Restrepo, 2014)

Durante mucho tiempo existieron como asignaturas obligatorias, con intensidad de una hora semana, las cátedras de Educación Cívica y Social en todos los grados de la enseñanza, tanto en primaria como en bachillerato. En febrero de 1983 el Presidente Belisario Betancur-Cuartas, expidió un nuevo decreto dándole a estas asignaturas el  nombre de Educación para la Democracia, la Paz y la Vida Social y extendiéndolas a la educación media vocacional y la Educación Abierta y a Distancia. Para entonces Delfín Acevedo-Restrepo,  Director General de la Escuela Superior de Administración Pública –ESAP, se dio a la tarea de escribir un nuevo libro para ajustarlo al nuevo programa del gobierno y completar así 11 libros en total, con idéntica acogida que se dio a los libros anteriores. Estos textos por tanto pretenden ser una invitación a la restauración de los valores tradicionales y a la reconstrucción de una patria que nuestros hijos puedan acariciar a imagen y semejanza de nuestros propios sueños y dentro de un sano nacionalismo que excluye el sometimiento servil a filosofías extrañas que nada tienen que ver con nuestro destino histórico, ni con nuestros principios religiosos ni con nuestra condición de pueblo libre, soberano y altivo. (Acevedo- Restrepo, 2014)

Estos programas se mantuvieron vigentes durante toda la administración del Presidente Betancur-Cuartas (1982 a 1986), impulsados responsablemente por sus ministros de educación Jaime Arias- Ramírez, Doris Eder de Zambrano y Lilian Suárez-Melo, hasta cuando un ministro ignorante e improvisador, resolvió sacar de un tajo estas asignaturas del currículo oficial junto con otras áreas de la ciencia social como el cooperativismo, la historia patria, el ahorro entre otros, con las consecuencias nefastas que todos conocemos en la formación de las nuevas generaciones.  (Acevedo- Restrepo, 2014)

Por contraste en Europa, la decisión del gobierno de España acerca de la eliminación de la asignatura de Educación para la Ciudadanía y Derechos Humanos y su sustitución por la de

Educación Cívica y Constitucional ha aliviado algunas inquietudes y ha despertado antiguos resquemores. Esta comunicación presenta un resumen de lo que acontece en

Europa, a partir del último informe de EURYDICE de 2012. Si en el articulado de la LOE

parecía que España se acercaba muy tímidamente a Europa en este aspecto, se puede

adelantar que la decisión de los actuales gobernantes parece encaminarse en el camino

opuesto. En el despliegue legislativo posterior, se establecía que la educación obligatoria debe conseguir el desarrollo de la competencia social y ciudadanía en los educandos. Dicha competencia trasciende lo que conocemos por civismo (conocimiento de las normas de urbanidad) y constitucionalismo (conocimiento de los mecanismos e instituciones democráticas establecidos en la Carta Magna). El fondo de la cuestión no se resuelve, por supuesto, con un cambio nominativo o curricular; exige un tratamiento integral mediante un conjunto de medidas que acompañan la implementación estrictamente curricular: formación del profesorado, incentivación de la participación de alumnos y familias, actividades de proyección comunitaria, entre otros. (Prats, 2012).




Compartir con tus amigos:
  1   2   3   4


La base de datos está protegida por derechos de autor ©psicolog.org 2019
enviar mensaje

enter | registro
    Página principal


subir archivos