Conducta no verbal



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TÉCNICAS DE APOYO A LA ORIENTACIÓN PERSONAL Y JUVENIL Ps. Víctor Cabrera Vistoso


APUNTE Nº 31

CONDUCTA NO VERBAL

La conducta no verbal desempeña una importante función en la comunicación y las relaciones con los demás. Al comunicamos tendemos a dar más importancia al lenguaje oral, donde gran parte del significado del mensaje el 65% o más, se transmite a través del lenguaje no verbal (Birdwhistell, 1970). Knapp ( 1978) define la comunicación no verbal como «cualquier suceso humano comunicativo que trasciende de las palabras orales o escritas». Evidentemente, muchas conductas no verbales se interpretan como símbolos verbales. La conducta no verbal es un importante apartado de la terapia por la enorme cantidad de información que transmite.


Además la conducta no verbal del terapeuta u Orientador tiene también un gran impacto sobre el cliente.. Ekman y Friesen (1969) han señalado que gran parte de la información que puede recogerse de las palabras de los clientes se deriva de su conducta no verbal.
Cinco dimensiones de la conducta no verbal que influyen grandemente sobre la comunicación son las kinestesias, lo para lingüístico , las proxemias, los factores ambientales y el tiempo.
El movimiento corporal, o la conducta kinestésica, incluye los gestos, los movimientos del cuerpo, las expresiones faciales, los movimientos oculares y la postura (Knapp, 1972). Según el trabajo de Birdwhistell (1970), las kinestesias también incluyen características físicas como la fisonomía corporal, la altura, el peso y el aspecto general que se mantienen relativamente constantes durante la conversación. Además de la observación de los movimientos corporales, la terapia implica la identificación de las señales vocales no verbales denominadas paralenguaje - la forma del mensaje. El paralenguaje incluye las características de la voz, las vocalizaciones (Trager, 1858). Los silencios y los errores del discurso también pueden considerarse parte del paralenguaje (Knapp, 1978). El área de las proxemias también es interesante para los terapeuta u Orientadors (Hall, 1966) - esto es, el uso que uno hace de su espacio social y personal. La proxemia, en lo que respecta a la relación terapéutica, incluye el tamaño de la oficina, la disposición de las sillas, el contacto y la distancia entre el terapeuta u Orientador y el cliente.
La percepción del entorno propio es otra parte importante de la conducta no verbal porque la gente reacciona emocionalmente al ambiente. El entorno puede producir sobre los clientes efectos diversos como excitación o aburrimiento, co­modidad o estrés dependiendo del grado en que un individuo selecciona determi­nadas partes relevantes del ambiente. El quinto aspecto de la conducta no verbal hace referencia a la percepción y uso del tiempo. El tiempo puede ser un factor significativo en la terapia. Los factores temporales incluyen la puntualidad o el retraso al iniciar o finalizar las sesiones así como la cantidad de tiempo dedicado a la comunicación con el cliente sobre unos temas o sucesos particulares.
CONDUCTA NO VERBAL DEL CLIENTE
Una parte importante del repertorio de un terapeuta u Orientador consiste en la capacidad para discriminar las diversas conductas no verbales de los clientes y sus posibles significados. En la terapia es muy importante reconocer y explorar las señales no verbales del cliente por múltiples razones. Porque las conductas no verbales de los clientes son claves de sus emociones y desde una perspectiva más global, las conductas no verbales son parte de las expresiones personales de los clientes. Como afirma Perls «todo lo que haga un paciente, oculto u obvio, pertenece a la expresión de sí mismo» (1973). La mayor parte de la conducta no verbal de un cliente a usted puede parecerle obvia, sin embargo a él desconocida. Passons (1975) señala que la mayoría de los clientes son más conscientes de su palabras que de su conducta no verbal. El análisis de la conducta no verbal puede proporcionar a los clientes una visión más completa de su conducta.
Las señales no verbales del cliente pueden divulgar más «información secreta» que sus mensajes verbales (Ekman & Friesen, 1969). La divulgación de "infor­mación secreta» es la transmisión de mensajes válidos que no se emiten intencio­nadamente. Passons (1975) sugiere que, debido a esta divulgación, la conducta no verbal del cliente puede describirse con más exactitud que sus mensajes verbales. Añade que «generalmente las conductas no verbales son más espontáneas que las conductas verbales. Las palabras pueden ser seleccionadas y manipuladas antes de ser emitidas... las conductas no verbales, por el contrario, son más difíciles de controlar». Un cliente puede contarle una historia y su lenguaje no verbal puede transmitir una historia completamente diferente (Erickson, Rossi & Rossi, 1976).
Knapp (1978), señala que las conductas verbal y no verbal se relacionan. Es útil reconocer las formas en que las señales no verbales apoyan los mensajes verbales. Knapp diferencia seis formas:


  1. Repetición. El mensaje verbal es «entra y siéntate»; el gesto de la mano que señala la

habitación y la silla reproduce el mensaje verbal.


  1. Contradicción. El mensaje verbal es «Me gustas», y se manifiesta con el ceño fruncido y con enojo en la voz. Algunas pruebas sugieren que cuando recibimos mensajes verbales y no verbales contradictorios tendemos a creer los no verbales.




  1. Sustitución. Con frecuencia se utiliza un mensaje no verbal en lugar del verbal. Por ejemplo si pregunta a alguien «¿Cómo estás?» y recibe una sonrisa como respuesta, la sonrisa equivale «Hoy muy bien».




  1. Complementación. Un mensaje no verbal complementa al verbal elaborando o modificando el mensaje. Por ejemplo, si alguien comenta un sentimiento incómodo y empieza a hablar más rápido cometiendo más errores, estos mensajes no verbales añaden información al verbal.




  1. Acento. Los mensajes no verbales pueden subrayar los verbales y con frecuencia enfatizar el impacto que producen. Por ejemplo, si usted trata de transmitir preocupación verbalmente, su mensaje puede fortalecerse con gestos no verbales como fruncir el ceño, lágrimas, etc. El tipo de emoción que alguien transmite se detecta mejor en sus expresiones faciales. El cuerpo transmite también una buena descripción de la emoción (Ekman, 1964; Elanan & Friesen, 1967).




  1. Regulación. La comunicación no verbal es útil para regular el flujo de la conversación. ¿Ha advertido alguna vez que si usted asiente con la cabeza mientras la otra persona habla, ésta tenderá a seguir hablando? Pero, si usted mira hacia otro lugar o se levanta del asiento, la persona puede dejar de hablar, al menos momentáneamente. Tanto si lo advertimos como si no, confiamos en las señales no verbales como feedback para iniciar o finalizar conversación y para percatamos de la atención de la otra persona .

Identificar la relación entre la comunicación verbal y no verbal del cliente puede proporcionamos una imagen más exacta del cliente, de sus sentimientos y de los problemas que le han conducido a solicitar ayuda. Además, el terapeuta u Orientador puede detectar en qué medida coincide o es congruente la conducta verbal y no verbal que muestra el cliente. La frecuencia de discrepancias entre las expresiones del cliente puede ser indicativa de la falta de integración o presencia de conflictos (Passons, 1975).


Es importante señalar que el significado de la con­ducta no verbal varía en razón de las personas y las situaciones (contextos). Por ejemplo, la humedad en los ojos puede ser signo de felicidad o alegría para una persona; para otra puede ser señal de enojo, frustración o problemas con las lentes de contacto. Una persona que balbucea puede ser insegura, otra puede tener un problema de lenguaje. Encogerse o escurrirse en el asiento puede ser síntoma de ansiedad en una persona o dolor de estómago en otra. Por otra parte, las conductas no verbales de una cultura pueden tener significados diferentes e incluso opuestos en otra.

Kinestesias

Las kinestesias incluyen los ojos, la cara, la cabeza, los gestos, las expresiones corporales y los movimientos.


Ojos. En nuestra cultura mostramos mucho interés por los ojos de las personas. La cultura occidental en particular enfatiza la importancia del contacto ocular en las interacciones interpersonales. Los terapeuta u Orientadors que sean sensibles al área ocular de los clientes pueden detectar diversas emociones como:
Sorpresa: Se elevan los párpados y las cejas se curvan.

Temor: Se elevan y se juntan las cejas.

Rabia: Se bajan y se juntan las cejas. Entre las dos cejas aparecen líneas verticales.
En las interacciones terapeuta u Orientador/cliente es muy significativo el contacto ocular también denominado «mirada mutua directa». El contacto ocular puede expresar sentimientos, deseos de cambio interpersonal o disposición para seguir o dejar de hablar. La falta de contacto ocular o eludir la mirada puede ser signo de retracción, vergüenza o incomodidad (Exline & Winters, 1965). En oposición a la opinión generalizada, la falta de contacto ocular no sugiere decepción o falta de sinceridad (Sitton & Griffin. 1981). Las personas que generalmente evitan el contacto ocular pueden buscarlo cuando esperan algún feedback. El contacto ocular también puede ser una señal para pedir una pausa en la conversación o para decir algo (Knapp, 1978).
Cuanto mayor sea el número de miradas compartidas entre dos personas mayor es el nivel de vinculación emocional y de comodidad entre ellas. Apartar la mirada puede servir para esconder la vergüenza mientras se expresa un sentimiento par­ticular que se valora social o culturalmente como tabú (Exline & Winters. 1965).
El parpadeo excesivo (normal= de 6 a 10 veces por minuto en los adultos), puede relacionarse con la ansiedad. La frecuencia del parpadeo decrece normal­mente durante los períodos de atención y concentración. La humedad o las lágrimas pueden tener significados emocionales contradictorios en personas diferentes. Ale­jar la mirada del terapeuta u Orientador, a una pared por ejemplo, puede indicar que el cliente se halla procesando o recordando material (Singer, 1975). La dilatación de las pupilas, una respuesta autonómica (involuntaria), puede indicar activación emo­cional, atención e interés (Hess, 1975). Aunque la dilatación de las pupilas ocurre bajo ciertas condiciones que representan actitudes interpersonales positivas, existen pruebas de que lo contrario (la contracción de las pupilas) se asocie a actitudes negativas hacia las personas (Knapp, 1978).
En la terapia parece que se producen más miradas mutuas o contacto cuando:


  1. La distancia física que existe entre el terapeuta u Orientador y el cliente es mayor.

  2. Se discuten temas cómodos o impersonales.

  3. Existe implicación interpersonal entre el terapeuta u Orientador y el cliente.

  4. Usted escucha más que habla.

  5. Usted es mujer.

  6. Usted pertenece a una cultura que valora el contacto visual durante la interacción.

Se producen menos miradas mutuas cuando:




  1. El terapeuta u Orientador y el cliente están físicamente próximos.

  2. Se tratan temas íntimos o difíciles.

  3. El terapeuta u Orientador y el cliente no están interesados en las reacciones del otro.

  4. Usted habla más que escucha.

  5. Usted se siente avergonzado, cohibido o intentando esconder algo.

  6. Usted pertenece a una cultura que sanciona el contacto visual durante algunas interacciones interpersonales.


Boca. La sonrisa se asocia a las emociones de felicidad y diversión. Los labios tensos pueden implicar estrés, frustración, hostilidad o rabia. El temblor del labio inferior o morderlo puede ser síntoma de ansiedad o tristeza. Una boca abierta sin hablar puede indicar sorpresa o dificultad par hablar.
Expresiones Faciales. La faz de la otra persona puede ser el estímulo más importante en la interacción porque es el principal emisor de información emocional (Ekman, Friesen & Ellsworth, 1972). Las expresiones faciales se utilizan para iniciar y terminar las conversaciones, proporcionar feedback a los comentarios de los otros, subrayar o apoyar un mensaje verbal y transmitir emociones (Ekman & Friesen, 1969). Por ejemplo, una emoción puede transmitirse mediante una parte de la cara y otra diferente en otra área. Es raro que una cara exprese sólo una única emoción cada vez. Con mayor frecuencia el rostro muestra una gama de diversas emociones.
Las diferentes áreas faciales expresan diferentes emociones. Felicidad, sorpresa y disgusto pueden transmitirse a través de la parte inferior del rostro (boca y región de la mandíbula) mientras que la tristeza se transmite con los ojos. La parte inferior del rostro y las cejas expresan la rabia; el temor se expresa generalmente a través de los ojos (Ekman, Friesen & Tomkins, 1971). Aunque sea difícil «leer» a alguien sólo por sus gestos faciales, estas señales pueden apoyar otros índices de emoción no verbales en el contexto de la entrevista.
Cabeza. Los movimientos de la cabeza pueden ser fuente de mucha información para interpretar el estado afectivo o emocional de una persona. La cabeza erecta, de frente a la otra persona de forma relajada indica receptividad para la comuni­cación interpersonal. Mover la cabeza de arriba hacia abajo implica confirmación o asentimiento. Mover la cabeza de izquierda a derecha implica desacuerdo o rechazo. Mover la cabeza al mismo tiempo que las piernas puede connotar rabia. Sostener la cabeza con rigidez puede ser indicativo de ansiedad o rabia y cuando la cabeza cuelga en dirección al pecho puede ser indicativo de desacuerdo o tristeza.
Hombros. La orientación de los hombros puede proporcionar información sobre la actitud de la persona con respecto a los intercambios interpersonales. Los hom­bros dirigidos al frente pueden indicar interés, atención o receptividad para la comunicación interpersonal. Girar el hombro, o dirigirlo hacia otro sentido puede implicar que la persona no es receptiva a los intercambios interpersonales. Esta postura también puede reflejar tristeza o ambivalencia. Encoger los hombros puede ser síntoma de desconcierto, sorpresa. ambivalencia o frustración.
Brazos y Manos. Los brazos y las manos pueden ser muy expresivos para transmitir el estado emocional del individuo. Los brazos cruzados delante del pecho pueden indicar la evitación del intercambio interpersonal o el rechazo a la reve­lación. La ansiedad o la rabia pueden reflejarse en las manos temblorosas. Los brazos y manos que no se mueven y que se hallan en posiciones fijas pueden ser indicativas de tensión, ansiedad o rabia. Los brazos desplegados, relajados y unas manos gesticulantes pueden indicar apertura hacia la implicación interpersonal o la acentuación de algunos puntos de la conversación. La respuesta autonómica de sudoración de las palmas puede reflejar ansiedad o activación emocional.

Piernas y Pies. Si las piernas y los pies parecen cómodos y relajados la persona parece indicar apertura para el intercambio personal. Cruzar las piernas o un pie que da golpes puede indicar que la persona experimenta cierta ansiedad o impa­ciencia o que quiere decir algo. Cruzar y descruzar las piernas repetidamente indicar ansiedad, depresión o impaciencia. Una persona que parezca tener piernas y pies «muy controlados» o «rígidos» puede ser rígida, ansiosa o cerrda a los intercambios personales.
El cuerpo en su totalidad y los movimientos corporales. Los movimientos corporales no se producen al azar. Por el contrario. parecen estar ligados al discurso humano. Desde el nacimiento parece que se realiza un esfuerzo para sincronizar los movimientos corporales y los sonoros. En los adultos, la falta de dicha sincronía puede ser síntoma de patología. La falta de sincronía en los movimientos y el discurso entre dos personas puede indicar que ninguna de las dos personas atiende (Condon & Ogston, 1966).
Una de las funciones más importantes de los movimientos del cuerpo es la regulación. Varios movimientos corporales regulan o mantienen la interacción interpersonal. Por ejemplo, los movimientos corporales importantes que acompañan al saludo verbal que el terapeuta u Orientador dirige al cliente incluyen la mirada, la sonrisa, el uso de gestos de manos y el movimiento vertical o lateral de la cabeza (Kri­vonos & Knapp, 1975). Los movimientos corporales también son útiles para fi­nalizar una interacción, como puede ser el final de la entrevista. La salida no verbal o las conductas de finalización que acompañan una afirmación verbal conclusiva incluyen la disminución del contacto ocular y la disposición del organismo cerca de la salida. Al finalizar una interacción, particularmente cuando es terapéutica, es importante presentar conductas no verbales que impliquen apoyo, tales como sonreír, dar la mano al cliente, dar una palmada en el hombro o brazo y asentir con la cabeza. Como explica Knapp (1978), «Las conductas de apoyo tienden a eliminar cualquier sensación negativa derivada de las señales de la fi­nalización del encuentro y establece al mismo tiempo un estado positivo para el siguiente encuentro, esto es, nuestra conversación ha terminado, pero nuestra re­lación no».
Otra forma de regular una interacción mediante el movimiento corporal consiste en esperar el turno, el intercambio de roles de emisor y receptor en la conversación. La mayoría de las veces adoptamos los turnos de forma automática. «Sin ser cons­cientes de lo que hacemos, utilizamos los movimientos corporales, las vocaliza­ciones y algunas conductas verbales que a menudo parecen acompañar a la adopción del turno con una eficacia asombrosa» (Knapp, 1978). La efectividad en el cambio de turnos es un factor importante en la interacción terapéutica porque contribuye a la percepción de que usted y el cliente mantienen una buena relación y de que, como terapeuta u Orientador, es un interlocutor competente. Por el contrario el in­tercambio poco efectivo de los turnos puede provocar que el cliente le perciba como una persona ruda (demasiadas intervenciones) o dominante (el cliente no dispone de suficiente tiempo para hablar).
Duncan (1972, 1974) encontró diversas conductas no verbales, denominadas señales de turno, que regulan el cambio de interlocutores. Estas señales de turno se describen a continuación.
Ceder el turno. Se produce cuando el terapeuta u Orientador (hablante) quiere dejar de hablar y espera una respuesta del cliente (oyente). Para proceder a una cesión efectiva del turno, el terapeuta u Orientador puede formular una pregunta y hablar más lentamente, reducir el ritmo del discurso, pararse en la última sílaba de la última palabra, incluir alguna muletilla como «Ya sabes» o utilizar el silencio. Los movimientos corporales de finalización y la mirada directa al cliente también indicarán que ahora corresponde hablar al cliente. Si después de un silencio prolongado, el cliente no responde, deberán utilizarse señales más explícitas de cesión del turno como tocar al cliente o elevar y mantener alzadas las cejas en señal de expectación. El uso de estas claves no verbales más explícitas puede ser particularmente importante con clientes tranquilos y poco habladores.
Mantener el turno. Sucede cuando el terapeuta u Orientador (o el cliente) quiere seguir hablando y no ceder el turno a la otra persona, probablemente porque trata de expresar una idea importante. Las señales que indican este mantenimiento del turno incluyen alzar la voz y continuar o incrementar el número de gestos y otros mo­vimientos corporales que acompañen a las palabras. El terapeuta u Orientador no desea mantener su turno con tanta frecuencia porque de lo contrario el cliente puede sentirse frustrado e incapaz de hacer aclaraciones. Sin embargo, los clientes muy charlatanes pueden intentar tomar el control de la entrevista manteniendo y no cediendo el turno.
Solicitar el turno. Sucede cuando o el terapeuta u Orientador o el cliente está escuchando y quiere hablar. Puede solicitarse el turno de palabra levantando el dedo índice, a menudo acompañado de una inspiración audible y del cambio de postura del cuerpo. El terapeuta u Orientador puede utilizar estas señales con los clientes que hablan en exceso o con aquellos que mantienen insistentemente su turno como hablantes. De hecho, para animar a un cliente a que finalice más rápidamente, el terapeuta u Orientador puede utilizar movimientos de cabeza más rápidos acompañados de verbalizaciones seudo-afir­mativas como «Sí», «Mm-hmm» o «Ya veo» (Knapp, 1978).
Negar el turno. Sucede cuando recibimos una señal de cesión de turno enviado por el hablante pero no queremos decir nada. Por ejemplo, si el cliente no es muy hablador o si el terapeuta u Orientador desea que el cliente se responsabilice más de la relación, el terapeuta u Orientador puede decidir negar o no acoger un turno de palabra para que el cliente siga hablando. Las señales que indican que no se acepta el turno de palabra incluyen la postura relajada, el silencio y la mirada atenta. El terapeuta u Orientador también deseará mostrar conductas que muestren su implicación en las ideas que expresa el cliente mediante la sonrisa, asentimiento con la cabeza o utilizando señales verbales como «Mm-hmm».
Además de regular, los movimientos corporales también cumplen la función de adaptadores. Los adaptadores consisten en conductas como tomar, rascar, frotar y golpear repetidamente. En la terapia es importante advertir la frecuencia con que un cliente utiliza los adaptadores no verbales porque estas conductas parecen estar asociadas con la activación emocional y la incomodidad psicológica (Dittmann, 1962; Ekman & Friesen, 1972). El contacto con el propio cuerpo puede indicar preocupación por sí mismo y retraimiento ante la interacción presente (Freedman, 1972). Un cliente que utiliza adaptadores con mucha frecuencia puede sentirse incómodo con el terapeuta u Orientador o con el tema que se discute. El terapeuta u Orientador puede utilizar la frecuencia del uso de adaptadores por parte del cliente como índice global del nivel de comodidad del cliente durante la terapia.
Otro aspecto importante del cuerpo total del cliente es la respiración. Los cambios del ritmo respiratorio (más lento, más rápido) o de la profundidad (más ligera, más profunda) proporcionan claves sobre el nivel de comodidad, los sen­timientos y los aspectos significativos. Por ejemplo, en la medida que un cliente se relaje su respiración se vuelve generalmente más profunda y más lenta. La respiración más rápida y más superficial se asocia comúnmente a la activación, intranquilidad, incomodidad y ansiedad.

Aspectos Paralingüísticos

Los aspectos paralingüísticos son aquellas variables extralingüísticas como el nivel de voz, (volumen), tono (entonación), ritmo del discurso y fluidez de expresión. Las pausas y los silencios también pertenecen a esta categoría. Las señales para­lingüísticas influyen sobre la forma del mensaje aunque algunas veces estas señales vocales representan también lo que se dice.


Las señales vocales son importantes en la terapia por múltiples razones. En primer lugar, ayudan a manejar la interacción desempeñando un rol importante en el intercambio de los papeles de hablante y oyente, esto es, cambio del turno de palabra. Como puede recordar del apartado referente a los movimientos corporales, ciertas vocalizaciones se utilizan para ceder, mantener, solicitar o negar el turno de palabra. Por ejemplo, reducir el tono se asocia con la cesión del turno mientras que aumentar el volumen y el ritmo se asocian al mantenimiento del turno. En segundo lugar, las características vocales transmiten información sobre el estado emocional del cliente. Si usted es capaz de discriminar los sonidos, puede identificar la presencia de emociones básicas a partir de las señales vocales del cliente. Para reconocer emociones a partir de las claves vocales, es importante conocer algunas características vocales de las emociones básicas. Por ejemplo, un cliente que habla lenta y suavemente puede sentirse triste o puede ser reactivo al tratar un tema sen­timental. El aumento del volumen y del ritmo del discurso son normalmente síntomas de rabia o felicidad. Los cambios en el nivel y tono de voz deberían interpretarse junto al resto de los cambios en los temas de conversación y en otras conductas no verbales.
Las señales vocales en forma de errores de pronunciación o aspectos de fluidez de expresión también transmiten información importante para el terapeuta u Orientador porque la ansiedad o incomodidad del cliente a menudo se detecta identificando el tipo y la frecuencia de los errores que comete el cliente durante el discurso. La mayoría de los errores aumentan su frecuencia según aumenta la ansiedad y la incomodidad (Knapp. 1978).
Las pausas y los silencios constituyen otra parcela paralingüística que puede ­proporcionar datos al terapeuta u Orientador sobre el nivel de activación y ansiedad experimen­tado por el cliente. Existen dos tipos de pausas: cubiertas y descubiertas.
Pausas cubiertas son aquellas que se rellenan simplemente con algún tipo de fonema como «uh», o el balbuceo, falsos inicios, repeticiones y sonidos con la lengua (Knapp. 1978). Las pausas cubiertas se asocian a la activación y a la ansiedad (Knapp, 1978). Un cliente puede tender a usar el balbuceo o un falso inicio cuando se siente incómodo o ansioso.
Pausas descubiertas son aquellas que no se rellenan con ningún sonido. Las pausas descubiertas ocurren para que la persona tenga tiempo de interpretar el mensaje y tomar una decisión sobre las respuestas pasadas, presentes o futuras. Las pausas descubiertas o los períodos de silencio, tienen diferentes funciones en la entrevista de consejo. El propósito de una pausa descubierta depende a menudo de quien inicie la pausa, el terapeuta u Orientador o el cliente. Los clientes utilizan el silencio para expresar emociones, para reflejar un aspecto, para recordar una idea o sen­timiento, para evitar un tema o para ajustarse al progreso del momento. Los silencios iniciados por los terapeutas u Orientadores son más efectivos si se utilizan con un propósito determinado como reducir el nivel de actividad del terapeuta u Orientador, reducir el tiempo de la sesión, dar al cliente tiempo para pensar o transferir al cliente alguna respon­sabilidad mediante la cesión o rechazo del turno de palabra. Cuando el terapeuta u Orientador hace una pausa por necesidad propia, por ejemplo porque le faltan las palabras, los efectos del silencio pueden o no pueden ser terapéuticos. Como señalan Hackney y Cormier (1988), en tales momentos, el terapeuta u Orientador puede sentirse más afortunado que competente.

Proxemia

La proxemia hace referencia al concepto de espacio ambiental y personal (Hall, 1966). En aplicación a la interacción terapéutica, la proxemia se refiere al uso del espacio en la cunsulta donde tienen lugar las terapias, la disposición del mobiliario, la colocación de los asientos y la distancia entre el terapeuta u Orientador y el cliente. La proxemia también incluye una variable aparentemente importante en las interac­ciones humanas: la territorialidad. Muchas personas son posesivas no sólo respecto a sus pertenencias sino también del espacio que les rodea. Es importante que el terapeuta u Orientador transmita sensibilidad no verbal por la necesidad de espacio del cliente. Un cliente que sienta que su espacio o territorio ha sido invadido puede tratar de restablecer la distancia conveniente. Tales conductas pueden incluir: mirar a otro lado, cambiar el tema por otro menos personal o cruzar los brazos para establecer una «barrera frontal» (Knapp, 1978).


La disposición espacial y de los asientos también es un aspecto fundamental en las terapias familiares. Los terapeutas u Orientadores familiares con éxito dedican mucha aten­ción a las proxemias familiares: ¿A qué distancia se sientan los miembros de la familia?, ¿Quién se sienta cerca de quién?, ¿Quién se coloca más cerca del terapeuta u Orientador?. La respuesta a estas preguntas proporciona información sobre los roles familiares, las relaciones, las preferencias, las alianzas, etc.

Un último aspecto de la proxemia se refiere al contacto físico. Aunque el contacto físico puede ser un poderoso estímulo no verbal, sus efectos sobre la interacción terapéutica rara vez han sido examinados. Un contacto iniciado por el terapeuta u Orientador puede ser percibido por el cliente como positivo o negativo dependiendo del tipo de contacto (expresión de atención frente a gesto íntimo) y del contexto o situación (apoyo frente a evaluación). En dos estudios recientes se ha comprobado que el contacto físico (darse la mano y palmadas en el hombro o en el brazo) tienen un efecto positivo en la evaluación que el cliente hace de la terapia (Alagna, Whitcher, Fisher & Wicas, 1979) y en la percepción que tiene el cliente sobre la pericia del terapeuta u Orientador (Hubble, Noble & Robinson, 1981). Según Alagna et al. 1979), estos resultados muestran la posibilidad de aislar algunas de las reservas que experimentan los terapeutas u Orientadores respecto al contacto físico con los clientes, porque bajo ninguna condición el contacto físico produjo efectos negativos sobre la comunicación. Sin embargo, aunque en este experimento el contacto físico fuera consistentemente positivo es obvio que en estas condiciones (ej. interés abier­tamente sexual), el contacto físico puede tener efectos negativos.



Medio


La terapia y el consejo suelen desarrollarse normalmente en entornos o medios similares a una consulta, aunque también pueden utilizarse otros entornos cubiertos. Los mismos entornos pueden afectar de forma diferente a los clientes. El medio puede percibirse como activador o no activador (Mehrabian, 1976). Si un cliente reacciona ante un entorno de baja activación y placer medio, el cliente se sentirá cómodo y relajado. Los entornos deben ser moderadamente activadores para que los clientes se sientan suficientemente relajados para explorar sus propios problemas y para autorrevelarse. Si el cliente se siente tan cómodo que se inhibe su deseo de trabajar sobre el problema, el terapeuta u Orientador debe pensar en la forma de aumentar las señales de activación asociadas al entorno cambiando la disposición del mobiliario, utilizando colores más brillantes, utilizando más luz o aumentando la expresividad de los mensajes verbales. Los terapeutas u Orientadores que hablan más alto y más rápido y utilizan patrones expresivos de entonación son buenas fuentes de activación para las personas que les rodean (Mehrabian, 1976).
Un concepto importante relacionado con la activación ambiental de los clientes es la selección de estímulos: es decir, la proporción en que una persona selecciona diferen­ciadamente las partes menos relevantes del entorno y por lo tanto reduce eficien­temente la carga ambiental y su propio nivel de activación (Mehrabian, 1976). Este concepto es útil para comprender las diferentes reacciones de los clientes al mismo espacio o consulta. Los individuos que seleccionan bien su entorno, se­leccionan aquellas partes a las que pueden responder. Como resultado, se centran más en los aspectos centrales del entorno porque extraen menos componentes relevantes. Por el contrario los sujetos que extraen menos aspectos, son menos selectivos y reaccionan a más estímulos ambientales. Por lo tanto, los clientes no selectivos perciben los espacios como más complejos y cargados y consecuente­mente sienten más activación y estrés (Mehrabian, 1976). En general, los no selectivos son más sensibles a las reacciones emocionales de los otros y a advertir antes los cambios en el entorno y tienden a reaccionar más fuertemente a dichos cambios.

Tiempo

El tiempo incluye multitud de dimensiones que pueden afectar a la interacción terapéutica. Uno de estos aspectos está relacionado con la percepción del tiempo del cliente y del terapeuta u Orientador, la puntualidad al iniciar y finalizar los temas y las sesiones. Muchos clientes se sentirán desplazados por los retrasos o los cambios de las citas, y por el contrario se sentirán apreciados y valorados cuando se les dedica tiempo extra. Los clientes pueden manifestar ansiedad o resistencia mediante su retraso o esperando a que finalice la sesión para iniciar un tema significativo. Las percepciones del tiempo también varían. Algunas personas tienen una pers­pectiva del tiempo muy estructurada, de tal forma que estar «en punto» o preparados para ver al terapeuta u Orientador (o al cliente) es importante para ellos. Otros tienen una percepción más informal del tiempo y no se sienten ofendidos o desplazados si el terapeuta u Orientador se retrasa y tampoco esperan que el terapeuta u Orientador se moleste si ellos llegan a la cita con retraso.



CÓMO TRABAJAR CON LA CONDUCTA NO VERBAL DEL CLIENTE

Passons (1975) ha descrito cinco formas de responder a la conducta no verbal del cliente en una entrevista. Sus sugerencias son útiles porque representan formas no verbales de trabajar con los clientes que son consistentes con diversas orien­taciones teóricas. A continuación se exponen las cinco formas:




  1. Comprobar la congruencia entre la conducta verbal y no verbal del cliente.

  2. Anotar o responder a las discrepancias o mensajes verbales y no verbales mixtos.

  3. Responder o anotar las conductas no verbales cuando el cliente se mantiene en silencio o no habla.

  4. Centrarse en las conductas no verbales para cambiar el contenido de la entrevista.

  5. Advertir los cambios en la conducta no verbal del cliente que ocurren a lo largo de una entrevista o en las diferentes sesiones.



Congruencia entre Conductas

El terapeuta u Orientador puede determinar si el mensaje verbal del cliente es congruente con su conducta no verbal. Un ejemplo de congruencia es si el cliente expresa confusión sobre una situación al mismo tiempo que tuerce la vista o frunce el ceño. Otro cliente puede decir «Estoy contento con la marcha de las cosas desde que vengo a tu consulta», lo que se acompaña con el contacto ocular, una postura relajada y una sonrisa. El terapeuta u Orientador puede responder de una de las dos formas a la congruencia entre la conducta verbal y no verbal del cliente. Un terapeuta u Orientador puede hacer una anotación mental de la congruencia de las conductas o puede pedir al cliente que le explique el contenido de las conductas no verbales. Por ejemplo, el terapeuta u Orientador podría preguntar: «Mientras me decías que este tema es difícil para ti, tus ojos se han humedecido, has agachado la cabeza y tus manos se han tensado. Me pregunto qué significa esto».



Mensajes Mixtos

El terapeuta u Orientador puede observar al cliente y ver si lo que éste dice y su conducta no verbal configuran mensajes mixtos, La conducta verbal y no verbal contradictoria sería aparente en un cliente que dice «Me siento muy [pausa] contento con la relación. Nunca antes he [pausa] experimentado nada igual», mientras mira al suelo y cambia la posición de su cuerpo en una dirección diferente a la del terapeuta u Orientador. El terapeuta u Orientador tiene tres posibilidades como mínimo para manejar esta discrepancia verbal/no verbal. La primera consiste en hacer una anotación mental de las dis­crepancias entre lo que dice el cliente y las señales corporales y paralingüísticas que utiliza al emitir el mensaje, La segunda opción consiste en describir al cliente dicha discrepancia de la siguiente forma: «Tú dices que estás contento con la relación pero tu cabeza estaba gacha mientras hablabas y lo hacías dudando mucho». La tercera opción consiste en preguntar al cliente, «He advertido que bajabas la vista y te callabas mientras lo decías. ¿Qué significa ésto?»,



Conducta no Verbal durante los Silencios

La tercera forma en que el terapeuta u Orientador puede responder a la conducta no verbal del cliente es durante los períodos de silencio de la entrevista. ¡El silencio no significa que no pasa nada!. Recuerde también que el silencio tiene diferentes significados en las distintas culturas. En algunas culturas, el silencio es un signo de respeto, no una señal de que el cliente no quiera hablar más (Sue & Sue, 1977). El terapeuta u Orientador puede centrarse en la conducta no verbal del cliente durante los silencios anotándolos mentalmente, describiéndolos para el cliente o preguntando al cliente por el significado de los mismos.


Cambiar el Contenido de la Entrevista

Con algunos clientes puede ser necesario cambiar el curso de la entrevista porque continuar con el mismo tema puede ser poco productivo. Cambiar el curso de la entrevista también puede ser útil cuando el cliente está proporcionando mucha información o está divagando. En tales momentos, el terapeuta u Orientador puede interrumpir el contenido verbal del cliente dirigiendo el centro de atención a su conducta no verbal.


Ante un contenido «poco productivo» del mensaje del cliente, el terapeuta u Orientador puede decir «Nuestra conversación hasta el momento se refería a la muerte de tu hermano y a la relación con tus padres. Ahora me gustaría que te centraras en lo que hemos estado haciéndo mientras hablábamos. ¿Eres consciente de los que hacías con tus manos?.
Estas interrupciones del terapeuta u Orientador pueden ser favorecedoras o perjudiciales para el progreso de la terapia. Passons (1975) sugiere que estas interrupciones son útiles cuando ponen al cliente en contacto con la «conducta que presenta». Si alejan al cliente del curso de sus sentimientos, entonces pueden ser perjudiciales. Passons también afirma que «la experiencia, el conocimiento y la intuición del terapeuta u Orientador» contribuyen en las decisiones que adopta el terapeuta u Orientador para cambiar el contenido de la entrevista utilizando para ello la conducta no verbal del cliente.

Cambios en la Conducta no Verbal del Cliente

Para algunos clientes las conductas no verbales pueden ser índices de cambio terapéutico. Por ejemplo, al principio de la terapia los brazos del cliente pueden estar cruzados delante de su pecho. Posteriormente el cliente puede encontrarse más relajado con sus brazos sueltos mientras gesticula con las manos durante la conversación. En los estadios iniciales de la terapia, el cliente puede enrojecer, sudar o mostrar frecuentes movimientos corporales durante la entrevista si se dis­cuten algunos temas. En estadios posteriores, estas conductas no verbales pueden desaparecer y se sustituyen con posturas más relajadas y cómodas. Una vez más, dependiendo del momento, el terapeuta u Orientador puede responder a estos cambios no verbales de forma abierta o encubierta.


Esta decisión de responder a la conducta no verbal del cliente encubiertamente (con una anotación verbal) o abiertamente depende del interés en la conducta no verbal y del tiempo. Passons (1975) cree que los terapeutas u Orientadores deben proporcionar respuestas abiertas e inmediatas a la conducta no verbal del cliente desde el principio del proceso terapéutico. De lo contrario, cuando se presta atención a alguna conducta no verbal del cliente después de la décima sesión, es probable que el cliente quede confundido al apreciar el cambio en su enfoque. Otro aspecto relacionado con el tiempo implica la discriminación de los posibles efectos deri­vados de responder inmediatamente a la conducta no verbal. Si la inmediatez tiende a aumentar la comprensión y la continuidad de la sesión, puede ser útil, sin embargo si sus respuestas interrumpen el curso de la exploración del cliente, su respuesta puede ser molesta y perjudicial.
Al responder con inmediatez a la conducta no verbal de un cliente, es con­veniente ser descriptivo más que evaluador y emitir sus respuestas con cuidado. Por ejemplo, decir algo como «¿Eres consciente de que mientras hablas de Luis, te aparecen manchas rojas en el cuello y en la cara?» puede ser más conveniente que hacer un comentario evaluador y dogmático como «¿Por qué te estás poniendo rojo?», «Oye, estás rojo» o «Te estás poniendo rojo, seguro que debes sentirte muy avergonzado por ello».

CONDUCTA NO VERBAL DEL TERAPEUTA U ORIENTADOR

Como terapeuta u Orientador, es importante que preste atención a su conducta no verbal por varias razones. En primer lugar porque algunos tipos de conducta no verbal del terapeuta u Orientador parecen contribuir a facilitar la relación; otras conductas no verbales pueden deteriorar la relación. Por ejemplo, los niveles «altos» o facilitativos de conductas como el contacto ocular directo, la orientación del cuerpo y la postura relajada pueden contribuir a que el cliente valore positivamente la empatía del terapeuta u Orientador incluso en presencia de niveles bajos o deteriorantes del mensaje verbal (Fretz, Com, Tuemmler & Bellet, 1979). Además, el grado en que los clientes le perciben como persona atractiva y experta está asociado en cierta medida al uso efectivo de destrezas no verbales (Claibom, 1979).


Como la mayoría de las investigaciones sobre la conducta no verbal del terapeuta u Orientador se han realizado en base a valoraciones de videos y fotografías, es difícil especificar con precisión qué conductas no verbales del terapeuta u Orientador están relacionadas con la efectividad terapéutica.
Además de utilizar conductas no verbales efectivas, existen otros tres aspectos importantes en el porte no verbal del terapeuta u Orientador: sensibilidad, congruencia y sin­cronía.

Sensibilidad

Probablemente los entrevistadores experimentados son más capaces de emitir mensajes no verbales efectivos (codificar) y son más conscientes de los mensajes no verbales de los clientes (descodificar) que los entrevistadores menos experi­mentados.


Como la mayoría de nosotros confía más en un sistema representativo (visual, auditivo, kinestésico) que en otros, podemos aumentar nuestra sensibilidad no verbal abriendo todos los canales sensoriales. Por ejemplo, las personas que tienden a procesar la información a través de los canales auditivos pueden aprender a prestar más atención a los signos visuales y las personas que procesan visualmente pueden aprender a hacerlo a través de señales auditivas.

Congruencia

Las conductas no verbales del terapeuta u Orientador paralelas a los mensajes verbales también tienen algunas consecuencias sobre la relación, particularmente cuando estos mensajes son mixtos o incongruentes. Los mensajes mixtos pueden ser confusos para el cliente. Por ejemplo, suponga que un terapeuta u Orientador dice al cliente «Estoy muy interesado en la relación que tienes con tus padres» mientras mueve su cuerpo en una dirección diferente a la que se halla el cliente y con los brazos cruzados delante de su pecho. El efecto de este mensaje inconsistente sobre el cliente podría ser fuerte. De hecho, un mensaje no verbal negativo junto a uno verbal positivo puede tener mayores efectos que el contrario (positivo no verbal y negativo verbal). Como señalan Gazda et al. (1977), «cuando se contradicen los mensajes verbales y los no verbales, el receptor cree generalmente el mensaje no verbal». Los mensajes no verbales negativos se comunican mediante el escaso contacto ocular, la posición del cuerpo, el cuerpo reclinado hacia atrás, las piernas cruzadas y alejadas del cliente y los brazos cruzados en el pecho (Graves & Robinson, 1976; Smith-Hanen, 1977). El cliente puede responder a los mensajes inconsistentes del terapeuta u Orientador aumentando la distancia interpersonal y puede apreciar tales mensajes como indicadores de la decepción del terapeuta u Orientador (Graves & Robinson, 1976). Ade­más, los mensajes mixtos pueden disminuir la cercanía psicológica que el cliente siente con el terapeuta u Orientador y la percepción de genuinidad del terapeuta u Orientador.


Por el contrario, la congruencia entre los mensajes verbales y no verbales del cliente se relaciona con las valoraciones que hacen tanto los clientes como los terapeutas u Orientadores de la capacidad facilitativa del terapeuta u Orientador (Hill et al.. 1981; Reade & Smouse, 1980). La importancia de la congruencia o consistencia del terapeuta u Orientador, entre varias conductas verbales, kinestésicas y paralingüísticas no debe sobre ­enfatizarse. La congruencia entre los canales verbal y no verbal parece especial­mente crítica al enfrentarse a los clientes o cuando se discuten aspectos personales, sentimentales o estresantes (Reade & Smouse, 1980). Un aspecto útil respecto a la congruencia del terapeuta u Orientador consiste en aprender a equiparar la intensidad de las conductas no verbales con las que muestra el cliente. Por ejemplo, si pide al cliente que recuerde un momento en el que se sintió fuerte, con recursos o poderoso, puede ser conveniente transmitir estos sentimientos a través de su propia conducta no verbal. Aumentar el grado de ánimo, hablar más alto y enfatizar las palabras clave como «fuerte» y «poderoso». Muchos de nosotros pasamos por alto una de nuestras armas más importantes para lograr la congruencia, nuestra voz. Los cambios de tono, volumen, ritmo y énfasis son especialmente importantes para equiparar nuestra experiencia a la del cliente.

Sincronía

La sincronía es el grado de armonía entre las conductas no verbales del cliente y la del terapeuta u Orientador. En las interacciones terapéuticas, en las iniciales especialmente, es importante corresponder o guardar el ritmo de las conductas no verbales del cliente. Coincidir en la postura corporal y en otras conductas no verbales favorece el rapport y la empatía (Maurer & Tindall. 1983). La sincronía no implica que el terapeuta u Orientador reproduzca cada movimiento o sonido que produce el cliente, implica que la apariencia global no verbal del terapeuta u Orientador es equiparable a la del cliente. Por ejemplo, si el cliente se reclina en posición relajada con las piernas cruzadas, el terapeuta u Orientador también se dispone de forma similar. La falta de sincronía, o la falta de sintonía, es evidente cuando por ejemplo. un cliente está reclinado, muy relajado y el terapeuta u Orientador se inclina hacia delante, muy atento, o cuando el cliente muestra una expresión muy triste y el terapeuta u Orientador sonríe, o cuando el cliente habla en voz suave y muy baja y el terapeuta u Orientador responde con una voz fuerte y poderosa. Mientras más numeroso sea el número de conductas no verbales del terapeuta u Orientador que coinciden con las del cliente más poderoso será el efecto de las mismas. Sin embargo. al aprender esta destreza, es excesivo intentar coincidir con muchos aspectos no verbales de la conducta del cliente. Halle un aspecto del porte del cliente como su voz. postura del cuerpo o gestos que sea cómodo para que usted los reproduzca y concéntrese en sincronizar este aspecto único cada vez.



RESUMEN
Este apunte se ha centrado en la conducta no verbal del cliente y del terapeuta u Orientador. La importancia de la comunicación no verbal se ilustra a través de la confianza que ponen tanto el cliente como el terapeuta u Orientador en los mensajes no verbales del otro. La conducta no verbal puede dar una imagen más exacta de nosotros mismos. La mayoría de las conductas no verbales son muy espontáneas y no pueden ser falseadas con facilidad. La conducta no verbal se añade de forma significativa a las inter­pretaciones que hacemos de los mensajes verbales.
En este apunte se han tratado las cinco dimensiones significativas de la con­ducta no verbal: kinestesias (expresiones faciales y corporales), aspectos paralin­güísticos (señales vocales), proxemias (espacio y distancia), medio y tiempo. Aun­ que mucha literatura haya especulado sobre el significado del «lenguaje corporal, en las interacciones terapéuticas es importante recordar que el significado de las conductas no verbales varía según las personas, las situaciones y las culturas y además no puede ser interpretada con facilidad sin el soporte del mensaje verbal.
Estas categorías de conducta no verbal también se aplican al empleo que hace el terapeuta u Orientador de conductas no verbales efectivas durante la entrevista. Además de utilizar conductas no verbales para comunicar interés y atención, los terapeutas u Orientadores deben intentar que sus mensajes verbales y no verbales sean congruentes y vayan sincronizados a la conducta no verbal del cliente. La congruencia y la sincronía son dos formas importantes de contribuir al rapport y a la formación de empatía durante el desarrollo de la relación.


1 Adaptado de W. Cormier y L.S. Cormier: “Estrategias de Entrevista para Terapeuta u Orientador u Orientadors”. Ed. Desclée de Brouwer. España. 2000. (Capítulos seleccionados)





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