Compañeros (as)


Partido Socialista Revolucionario"



Descargar 227.79 Kb.
Página2/4
Fecha de conversión09.05.2019
Tamaño227.79 Kb.
Vistas56
Descargas0
1   2   3   4
Partido Socialista Revolucionario". En el curso de ese proceso, aun cuando sería totalmente falso decir que los soviets de 1905 fueron teóricamente previstos por el POSDR, lo cierto es que sus militantes contribuyeron muy mucho a que el movimiento obrero ruso sintetizara políticamente en esa forma organizativa singular de eficacia revolucionaria históricamente insuperable.)
Esta claro que bajo la influencia de la vida social y la propaganda burguesa, los trabajadores no pueden formarse de manera espontánea otra imagen del mundo que no sea la de su clase dominante. Aquello de que “las ideas de las clases dominantes son las ideas dominantes en cada época”9 no significa que éstas ideas ingresan por la cabeza a garrotazos, sino, fundamentalmente, por el simple hecho práctico de que desde temprana edad, los trabajadores aprenden “por los pies” que para vivir necesitan de un capital que los emplee. Su propia existencia es una existencia ligada de manera orgánica y complementaria a la existencia del capital. Por esta razón, Lenin afirmaba que espontáneamente -es decir, sin mediar la razón científica10-, los trabajadores no podían transgredir la ideología burguesa, incluso en el desplegar de su lucha contra sus patronos, por mas encarnizada que se la pueda imaginar:
La historia de todos los países demuestra que la clase obrera está en condiciones de elaborar exclusivamente con sus propias fuerzas sólo una conciencia tradeunionista (sindical), es decir, la convicción de que es necesario agruparse en sindicatos, luchar contra los patronos, reclamar al gobierno la promulgación de tales o cuales leyes necesarias para los obreros, etc.” Lenin, V: “¿Qué hacer?. Cap: Comienzo del ascenso espontáneo”. (1902) (lo entre paréntesis es nuestro)
Hegel decía que la falta de libertad <<consiste solamente en que nosotros somos en otra cosa en nosotros mismos>>11 En nuestro caso, los trabajadores somos en otra cosa: en el capital, en nosotros mismos. Para el capital, sólo existimos como fuerza de trabajo disponible, esto es, como capital variable. Dicho más llanamente, no poseemos una existencia independiente, sino que vivimos y trabajamos -la mayor parte de nuestro tiempo- para otros: nuestra clase dominante.

Comentario del GPM <<No es lo mismo pensar que el asalariado sea “en otra cosa, en sí mismo”, que sea “en otra cosa en sí mismo”. Lo primero, mediando la coma, es una contradicción en sus propios términos, porque al mismo tiempo que se le atribuye “ser para sí”, se afirma que el proletariado es un “ser en sí”. El ser en sí es el ser aislado carente de relación, en tanto que el “ser para sí” es el ser según otro dentro de una relación; es el ser que toma conciencia de su situación, de lo que es, pero no por sí mismo sino a través del otro termino de su relación con él, en nuestro caso, el patrón capitalista y el Estado. Cuando Hegel dice que la ausencia de libertad consiste en el “ser para sí en nosotros mismos” el “nosotros mismos” equivale a la conciencia enajenada.



Al observarle en su relación con el capital —que es como el asalariado se muestra desde su origen— no se le puede concebir o conceptuar como un “ser en sí”, dado que se encuentra dentro de su relación con el capital. Por lo tanto, a través de esa relación con su otro, es decir, de su lucha contra el otro, el proletariado adquiere de hecho conciencia de su “ser para sí”, tiene conciencia de su ser según otro y dentro de una relación de dominio con su otro —la relación capitalista—, o sea, según la forma económico-social del capital; y como tal, se reconoce en el otro como capital variable, es decir, como clase subalterna. En este sentido, la libertad del proletariado no consiste en su ser para sí sino en la autoconciencia de su ser —dentro de la relación con el capital y al mismo tiempo fuera de ella. La autoconciencia es la libertad del proletariado en acción dentro de la relación con el capital, tendente a salirse de la relación para darse otra según el dictado de su autoconciencia, de la racionalidad humana universal en trance de sacudirse su enajenación o supeditación al capital. Tal es la condición suficiente para luchar por su emancipación humana.>>
Ahora bien, si los trabajadores no pueden adquirir autoconciencia por si mismos -porque, en esencia, la conciencia revolucionaria es ciencia y su situación práctica inmediata se lo impide- ¿Cómo se logra esto? ¿Desde dónde se puede llegar a superar esa inmediatez? ¿Cómo los asalariados pueden tomar conciencia entonces, de su rol histórico? Lenin responde a estas cuestiones planteando aquella tesis tan discutida de la “conciencia desde fuera”:
Al obrero se le puede dotar de conciencia política de clase sólo desde fuera, es decir, desde fuera de la lucha económica, desde fuera del campo de las relaciones entre obreros y patronos Lenin, V: “¿Qué hacer?. Cap: La clase obrera como combatiente de vanguardia por la democracia.” (1902) (El subrayado es nuestros)
Comentario del GPM <al interior de la relación sin romper con ella. El Aufheben hegeliano es precisamente eso: la superación de la relación entre el ser y su concepto que se conserva intacta y se recrea eternamente en la Idea Absoluta.

Esto mismo es lo que pasa con la relación entre patronos y asalariados, donde el “Padre” dinero se vale de su “Hijo” la fuerza de trabajo, para hacerse autoconsciente bajo la forma de capital como símil del “Espíritu Santo” o Idea Absoluta y eterna en la lógica teológica hegeliana. Y en tanto el asalariado se siga comportando según la lógica del capital, no hay ruptura epistemológica ni, por tanto, política. Y el caso es que solamente a través de la lucha inmediata de los asalariados contra sus patronos por confirmarse como capital variable, no hay ruptura posible de la relación por más objetivamente necesario que esa ruptura pueda llegar a ser. Del mismo modo que las fuerzas productivas superan o rebasan periódicamente a las relaciones de producción capitalistas en las crisis económicas, desvalorizando y destruyendo el capital sobrante —incluido el capital variable— no es la primera vez que la expresión política de esas fuerzas productivas: los asalariados en lucha, logran derrocar a los gobiernos de turno de la burguesía. Pero así como en las crisis económicas las fuerzas productivas no consiguen trascender las relaciones de producción capitalistas mismas, sino que las preservan, el derrocamiento de gobiernos por la lucha de los asalariados tampoco consiguen tocarle ni un pelo a la expresión política de las relaciones de producción capitalistas, esto es, al Estado burgués. Y de este modo el sistema se conserva. Por eso Marx antes que Lenin concluyó en la necesidad de introducir la conciencia desde fuera de la relación económica y política entre el capital y el trabajo, proponiendo crear un partido que fuera la expresión político-organizativa de la ciencia, del Materialismo Histórico. ¿Por qué? Porque en tanto los obreros se conforman a su relación con el capital y se comportan como capital variable, la relación capitalista es una relación del capital consigo mismo. Es una relación dialéctica hegeliana, de opuestos sustancialmente idénticos y por tanto históricamente reconciliables, cuya síntesis no puede ser otra que reproducir más de lo mismo, esto es, la acumulación de capital o reproducción ampliada. Por tanto, la condición necesaria para superar históricamente la relación capitalista es su explicación científica, de ahí la obra teórico-económica de Marx. En tanto que la condición suficiente no puede ser otra que revolucionar la conciencia proletaria introduciendo la racionalidad científica “desde fuera” de la relación económica burguesa misma.>>
Esta conciencia desde “fuera” significa, lógicamente, desde fuera de la lucha económica, de la relación social capitalista, pero físicamente desde dentro del movimiento. Desde fuera de este presente de inmediatez en el que la propia vida enajenada embota la conciencia explotada de los trabajadores pero desde dentro de la racionalidad revolucionaria que pugna por educar su instinto de clase, y alumbrar su memoria histórica legada por la lucha revolucionaria de las generaciones precedentes. Ahora bien, una cosa es defender que la conciencia revolucionaria de los explotados les tendrá que venir necesariamente desde fuera y otra muy distinta deducir de ello que éstos no “saben nada”, que necesitan de “salvadores” o una “vanguardia iluminada” que les dote de conciencia y que “los libere” tratándolos como “objetos” o estableciendo “un nuevo tipo de dominación” etc.. Entre estas dos proposiciones hay una distancia enorme y resultaría ser una tergiversación vergonzosa del marxismo-leninismo.

Los revolucionarios deben combatir enérgicamente estas falsedades entre la militancia revolucionaria para romper el cerco de prejuicios ideológicos con el que la burguesía mantiene lobotomizada la memoria histórica de la clase asalariada. ¿Por qué? Porque esto que estamos comentando significa que tiene que existir el diálogo entre la ciencia y la experiencia, entre los aprendizajes del pasado y los obstáculos del presente, diálogo que no puede realizarse desde ningún otro lugar mas que desde dentro de la lucha de clases, aunque fuera de la relación capitalista como premisa ideológica de la lucha por la emancipación humana, tanto de los asalariados como la de los propios burgueses. Porque ellos también están enajenados, aunque, “esa enajenación les haga sentir bien” como dijera Marx.


Es cierto que en época de Marx, Engels, Kautsky o Lenin, el nivel cultural de la clase obrera era muy bajo y el saber científico en tanto “razón de ser” de la explotación, sólo podía ser portado por aquellos que poseían de un mínimo de condiciones de vida que a su vez, les permitiesen disponer de tiempo “libre” suficiente para el estudio y las tareas político-organizativas. No es de extrañar entonces, que los principales intelectuales del movimiento obrero fueran en aquellos tiempos, de extracción burguesa o pequeño burguesa. Ahora bien, debemos decir que esto hoy ha cambiado radicalmente, en tanto que el desarrollo de las fuerzas productivas alcanzado hasta el presente ha elevado el nivel cultural y técnico de la clase trabajadora hasta el punto de que ésta se encuentra en condiciones de generar -y de hecho esta generando desde hace tiempo- sus propios cuadros políticos y técnicos. La historia pone ante nuestros ojos con mas brillo que nunca aquello de que “la liberación de la clase obrera será obra de la clase misma” ya que este hecho que acabamos de mencionar torna mucho más real la posibilidad de conquistar políticamente la sociedad socialista y, además, la de organizar técnicamente la producción social que a ésta le corresponde.
De este modo, afirmamos que una de las condiciones necesarias de la conciencia de clase del proletariado es la existencia de una vanguardia –portadora y transmisora de la teoría revolucionaria- a través de la cual, la clase se entienda y razone a sí misma: se piense para actuar. La clase necesita asumirse como tal, independizarse de su relación de sumisión al capital para establecer su propio proyecto histórico y, para esto, una parte de la clase, su parte más conciente, su destacamento de vanguardia, debe trabajar y fundir la teoría revolucionaria con el movimiento de masas, esta es la principal tarea que la vanguardia tiene por delante. Precisamente es por esta cuestión, que la burguesía pone especial empeño en aislar a las masas de su vanguardia, a fin de dejar a las masas huérfanas de dirección y alimento teórico revolucionario. Es en momentos de reflujo de las luchas obreras cuando la burguesía consigue con más eficacia el objetivo de alejar a la vanguardia de las masas, dejando al movimiento revolucionario al borde de la desaparición. Como ejemplo, Pierre Broué muestra el reflujo que siguió a la onda de ascenso revolucionario de 1905 en Rusia, en la cual, el partido que dirigió doce años más tarde la Revolución de Octubre, casi desapareció:
El movimiento obrero se debilita: en 1905 hubieron más de 2.750.000 huelguistas; en 1906, 1.750.000; en 1907, sólo quedan 750.000; en 1908, 174.000; en 1909, 64.000; y en 1910, 50.000. En pleno 1907 el gobierno de Stolypin toma la decisión de acabar con el movimiento socialista. La coyuntura es favorable para esto fruto de las repercusiones de la crisis mundial en Rusia. El desempleo y la pobreza permiten al zarismo utilizar el retroceso para intentar liquidar los remanentes de organización. La represión se pone en marcha, las detenciones desmantelan los diferentes comités. La moral de los obreros se viene abajo y muchos militantes abandonan su actividad. Para 1907 eran en Moscú varios millares, hacía fines de 1908 sólo quedan 500, en 1909 solo 150, y en 1910 la organización ya no existe. En el conjunto del país los activistas efectivos pasan de casi 100.000 a menos de 10.000.” Pierre Broue: “Rusia 1917. El partido bolchevique. Ediciones el Mundo al Revés. Uruguay. p-14. (2004)
En este marco de ascensos y descensos, de avances revolucionarios y retrocesos contrarrevolucionarios, la tarea de la vanguardia, en tanto portadora del conocimiento científico de la realidad capitalista es encarnar los aprendizajes históricos –la teoría revolucionaria- que permitan mantener la continuidad revolucionaria en la necesaria discontinuidad de la lucha de clases. Según el Grupo de Propaganda Marxista:
Esto es lo que hace a la naturaleza, a la objetividad, a la sustancia, del vocablo vanguardia revolucionaria. Que consiste en ser la continuidad revolucionaria dentro de la discontinuidad de la lucha de clases, es decir, que independientemente de los vaivenes de la historia sigue manteniendo el mismo rumbo, que no pierde la perspectiva de la revolución, que no se deja engañar por los espejismos de la historia, y para eso hay que tener un profundo conocimiento científico de la realidad, es decir, que la moral revolucionaria se nutre de la ciencia, del saber científico. Una moral militante sin fundamento científico sólo se sostiene alternativamente prendida de los movimientos de masa de magnitud durante los ascensos de las luchas y de la mística revolucionaria abstracta propia de las sectas durante los momentos de retroceso. Nada que ver con un comportamiento efectivamente subversivo.” GPM (2000) Hegel, Marx y la Dialéctica. http://www.nodo50.org/gpm/dialectica/20.htm


El papel de la lucha de masas en la lucha de clases

A esta altura del texto, es necesario apuntar que la vanguardia sólo tiene su necesidad de existencia en relación con la masa de la cual se nutre, aprende y dirige. Aquella consigna de Mao "de las masas, a las masas"12 refleja bastante bien ésta cuestión. La vanguardia revolucionaria no justifica su función en sí misma hacia la revolución porque esta no la puede hacer por sí, no puede sustituir el accionar de las masas, sino que, justamente, su tarea consiste en estimular este accionar, encausarlo y desarrollarlo orgánicamente. La revolución es un hecho de masas, producto de la lucha de masas. En este sentido, se podría decir que la tarea de la vanguardia pasa esencialmente por <> la lucha de clases de las masas contra el capital.


Comentario del GPM <esencialmente por organizar al proletariado espontáneo, sino por contribuir a concientizarlo. Y para eso es decisiva su organización políticamente independiente que garantice la praxis revolucionaria al interior del movimiento asalariado en lucha contra el capital. Otra cosa es plantearse como tarea “fundamental” organizar al proletariado. En momentos de alza en sus luchas, el proletariado espontáneo trasciende a sus organizaciones naturales como capital variable y se organiza para la lucha por el poder creando consejos obreros. Pero recién cuando se hace autoconsciente, no antes. Por tanto lo esencial —especialmente en momentos como éste— no es la organización de las masas. La organización revolucionaria de las masas es un producto de su autoconciencia. Y en eso, la vanguardia revolucionaria tiene muy poco que hacer. No hay que olvidar que la creación de los consejos obreros y los soviets han sido una inspiración exclusiva de las masas autoconscientes en movimiento. Si precisamente se trata de desterrar el prejuicio de que las masas necesitan “salvadores” hay que dejar muy claro este punto. >>
Ahora bien, con respecto al papel de la teoría en la educación de las masas, Lenin parece confundirnos cuando afirma categóricamente que:
cuando los señores burgueses y lo socialistas reformistas que le hacen coro sin sentido crítico hablan con tanta petulancia de la “educación” de las masas, de ordinario se entiende por educación algo escolar y formalista, algo que desmoraliza a las masas y les inculca los prejuicios burgueses. La verdadera educación de las masas no puede ir nunca separada de la lucha política independiente, y sobre todo, de la lucha revolucionaria de las propias masas, sólo la lucha educa a la clase explotada, sólo la lucha le descubre la magnitud de su fuerza, amplia su horizonte, eleva su capacidad, aclara su inteligencia y forja su voluntad” Lenin, V: “Informe sobre la revolución de 1905”. (1917) (Subrayado nuestro)
Decíamos que “sin teoría revolucionaria no puede existir tampoco movimiento revolucionario”. Pero ahora, pareciera que Lenin nos dice lo contrario, pareciera que ya no es la teoría lo esencial sino que lo esencial ha devenido en lucha de masas. Según esto último, sería justo afirmar entonces que sin la lucha de las masas no puede haber tampoco movimiento revolucionario, porque “sólo la lucha educa a la clase explotada”.
Comentario del GPM <>
¿Qué es lo que Lenin nos está queriendo decir? Aquí se entiende que sólo es posible comprender esta aparente contradicción en el discurso de Lenin si se tienen en cuenta los distintos contextos literarios determinados por las distintas condiciones de la lucha en un momento u otro. Las acentuaciones que Lenin va marcando en sus debates, van guardando relación con las tareas y disputas que en determinado momento se le plantean al movimiento revolucionario para avanzar en la conquista de sus objetivos. Quizás la metáfora “del arco” que el mismo Lenin utilizaba recurrentemente lo grafique de forma clara:
Hemos “teoretizado” tanto tiempo (a veces, no hay que ocultarlo en vano) en el ambiente de la emigración que, ¡vive Dios! No estará de más ahora, “doblar el arco en el sentido opuesto” un tanto, un poquito, e impulsar un poco mas la práctica” Lenin, V: “Sobre la reorganización del partido”. (1905)
En 1902, la necesidad de la lucha del proletariado Ruso, marcaba como prioridad el desafío de la teoría revolucionara y, por este objetivo, los leninistas lucharon contra la corriente revisionista y economicista —el “¿Qué hacer?” fue escrito por Lenin en ese contexto histórico—. En cambio, la importancia de la lucha de masas y la determinación revolucionaria para el combate frente a la vacilación teoricista y pacifista de los socialistas de palabra era algo a extraer como lección durante la revolución en noviembre de 1905 según las condiciones que habíamos visto tras el “domingo sangriento de enero”. Lenin llegó a la conclusión de que esa ola revolucionaria no había pasado aún, que la “lucha decisiva” estaba por venir, y que “la preparación para ella” debía ponerse en primer plano.
A diferencia de los idealistas, los materialistas sostenemos que el <<objeto de la práctica>> participa en la capacitación de los sujetos. En el sentido que no es posible una educación verdaderamente revolucionaria por fuera de la práctica, por fuera de la lucha revolucionaria13.
Comentario del GPM <praxis. Y aquí acaba la función del objeto, porque él no puede hacer más. Por tanto, lo que capacita al sujeto no es el objeto a trasformar sino el esfuerzo que el sujeto hace por conocer su naturaleza mediante la práctica científica y los repetidos intentos fallidos de la práctica política por superar ese límite, la resistencia que el objeto opone al sujeto y los límites que el sujeto se pone a así mismo en ese proceso.>>
Y con esto no se esta presentando una nueva contradicción, relegando la función de la teoría, sino que se está planteando que la teoría, en verdad “solo capacita cuando corresponde a las necesidades ya creadas por la práctica organizada”14.
Comentario del GPM <as necesidades de la práctica organizada pueden ser, de dos tipos: por ejemplo, las de una práctica colectiva experimental en un laboratorio, que se ejercita sobre objetos de comportamiento regular, como ocurre, en general, con los objetos de estudio de las ciencias naturales. Otro es el caso de la teoría cuyo objeto está en constante movimiento, como es el caso de la interacción política entre clases o sectores de una misma clase; en este último caso, estamos ante una teoría que debe elaborarse sobre la marcha en medio de la lucha, donde la previsión sobre el comportamiento del objeto —la relación capitalista— se ve muy estrechamente acotada por la acción imprevisible del adversario que encarna esa relación y pugna por conservarla.>>
En el esfuerzo por apropiarse con y en el pensamiento de lo material-objetivo, es decir, las condiciones de la lucha que se presentan en cada momento y que es necesario superar, para contribuir a superarlas, es donde la conciencia de clase se va forjando. Tal es el cometido de la teoría revolucionaria.
Comentario del GPM <siempre la vanguardia revolucionaria a través de su propaganda y su agitación, aunque los autores de esos mensajes revolucionarios no estén físicamente presentes en los distintos momentos y escenarios de esa lucha. De no ser así, es imposible que la conciencia revolucionaria pueda forjarse. Esto es fundamental, por eso hay que dejarlo absolutamente claro.
Entonces, que esta conciencia se forje va a depender del resultado del trabajo orgánico de la vanguardia revolucionaria en materia de propaganda y agitación. Trabajo íntimamente vinculado a la lucha de las masas. Esto es lo que explica la diferencia entre la descomprometida publicidad libresca de las abstractas ideas supuestamente comunistas, y la propaganda y agitación comunista vinculada al movimiento de los asalariados:
Sin trabajo, sin lucha, el conocimiento libresco del comunismo adquirido en folletos y obras comunistas no tiene absolutamente ningún valor, ya que no haría mas que continuar el antiguo divorcio entre la teoría y la práctica, ese mismo divorcio que constituía el mas repugnante rasgo de la vieja sociedad burguesa” Lenin, V: “Tareas de las juventudes comunistas” (5,6 y7 de octubre de 1917).
La política -afirmaba Clausewitz- “es la continuación de la guerra por otros medios”. La lucha de clases, es en última instancia, guerra de clases; lucha que en momentos decisivos -como lo demuestra la historia sin perdonar ingenuidades- se transforma en guerra civil revolucionaria. Ahora bien, como sabemos, la única forma de ganar las guerras es combatiendo. Por más estrategia disuasiva que se emplee a través de armamentos nucleares y químicos, si se quiere ganar la guerra, no hay más remedio que combatir. Por eso sin lugar a dudas, afirmamos que sin la lucha de las masas no puede existir tampoco, movimiento revolucionario. No sólo por la importancia de la lucha para la formación de la conciencia, sino, fundamentalmente, por la importancia de ésta para la victoria socialista.

La teoría revolucionaria y la lucha de las masas como unidad

En esta tarea de trabajar con contradicciones bien cabe retomar a Hegel. Este mostraba como la lógica del conocimiento va del entendimiento a la razón y de ésta, a la superación de ambos en la razón que entiende o en el entendimiento que razona.15


Comentario del GPM <entendimiento de lo que el objeto parece ser, sino al entendimiento de lo que el objeto es en realidad y verdad, la única que distingue a la especie humana del resto de los animales. Un animal puede llegar a entender lo que se le dice, pero no lo puede comprender, no puede conocer su esencia y formarse un concepto, prueba elocuente de que limitando nuestra conciencia a las formas del entendimiento, la burguesía nos trata como si fuésemos animales. >>
La reflexión del entendimiento “pone de relieve lo abstracto, lo vacío, y lo afirma contra lo verdadero”16 “llega antes a determinar hasta que punto se oponen las cosas diferentes unas de otras y de qué manera pueden ser comprendidas como incompatibles unas con otras”17. En nuestro caso, el entendimiento afirma: lo verdadero es la teoría o es la lucha, uno de las dos. Mientras que “la sana razón humana exige lo concreto”. Esta, comienza a buscar sus relaciones, se mueve de uno a otro lado de la contradicción, analiza si sus límites son tales, busca lo verdadero en las relaciones. La razón –afirma Hegel- “es esencialmente negativa y dialéctica”: pone en movimiento lo que el entendimiento fija como contradictorio y excluyente para elevarlo a un nivel superior y más rico. Por eso “la filosofía es precisamente lucha contra lo abstracto, la guerra constante contra la reflexión del entendimiento”18¿Cómo algo puede ser y no ser al mismo tiempo? El entendimiento afirma que no, la razón afirma que sí y esta ruptura se supera y reconcilia en la negación positiva o superación dialéctica como unidad de contrarios, porque “lo verdadero es la unidad de los opuestos”19.
Comentario del GPM <<Como el mismo término lo indica, la reflexión es el acto del simple reflejar las formas de manifestación de las cosas o los hechos en el pensamiento, como en un espejo, a veces cóncavo, a veces convexo, etc. Es decir, no como hechos puros sino, más o menos, condicionados por el juicio previo que sobre ellas se tiene por cierto o verdadero. Esto no es más que una certeza sensible o entendimiento de la realidad, donde no puede haber verdad sobre las cosas, o donde la verdad se oculta en esa reflexión sobre lo dado y legitimado por el “sentido común”. Como dice Hegel, el juicio que surge de la simple reflexión es “poco de fiar”, porque, allí, el pensamiento es blando respecto del objeto que “enjuicia”, cuyo ser subyace oculto en un “concepto” ya sedimentado por el uso, de lo cual no puede sino resultar un juicio apologético de lo aparente: “…solo el enjuiciar exigiría una reflexión en el sentido corriente —dice Hegel en su “Enciclopedia”— Pero sucede que aquél entendimiento acrítico se demuestra también como poco de fiar en la mera aprehensión de la idea, de la cual [sin embargo] habla expresamente; siente tan poco malestar y tiene tan pocas dudas respecto de los supuestos bien solidificados que él mismo contiene (el entendimiento), que él, precisamente, es incapaz de repetir el puro factum (conocimiento ya sedimentado o al uso) de la idea filosófica” (Op. cit. Prólogo a la segunda edición. Lo entre corchetes del traductor. Lo entre paréntesis nuestro.) Aquí ya hay un conflicto entre el entendimiento y la razón. De acuerdo con el juicio del entendimiento las cosas se representan en el pensamiento según su forma de manifestación, en tanto que el juicio de la razón determina las cosas según su concepto. La tarea de los revolucionarios consiste en que el proletariado rompa con el entendimiento acientífico de los embelecos burgueses, y juzgue su propia situación y naturaleza como clase dentro de su relación con el capital, según la razón científica, o sea, según el concepto de la relación. A la manera de pensar que se contenta con simples representaciones y determinaciones abstractas propias del entendimiento —ajenas a la razón científica— Hegel atribuye su origen, en general, a la filosofía de la ilustración, y en particular al kantismo. Ver: Op.cit. Introducción § 2>>
En este marco, esta contradicción entre la teoría revolucionaria y la lucha de la clase explotada, se resuelve en su unidad: es la teoría científica que se hace lucha y la lucha que se hace teoría científica. Pero esta función, sin el partido revolucionario portador de esa teoría científica, es imposible. Como nos dice Paulo Freire recuperando a Lenin, la teoría y la práctica sólo son verdaderas en la unidad de la praxis:
La conocida afirmación de Lenin: <> significa precisamente que no hay revolución con verbalismo ni tampoco con activismo sino con praxis. Paulo Freire. Pedagogía del oprimido p-158
Romper esta relación absolutizando cualquiera de los dos polos es apartarse del camino correcto. Aquellos que creen que la clase trabajadora sólo se concientiza por la incorporación de la teoría, caen en el propagandismo. En cambio, aquellos que piensan que sólo la lucha desarrolla la conciencia caen en un activismo espontaneista que Lenin criticó agudamente en su ¿Qué hacer?. La propia lucha espontánea de los explotados no es suficiente para desarrollar la conciencia socialista, porque ésta es el resultado del Materialismo Histórico aplicado al “movimiento real” de la sociedad asumido experiencialmente por la clase asalariada, esta conciencia es esencialmente ciencia. Por tanto:
Todo lo que sea rendir culto a la espontaneidad del movimiento obrero, todo lo que sea aminorar el papel del “elemento consciente”, el papel de la socialdemocracia (teoría socialista), significade manera independiente por completo de la voluntad de quien lo hace – acrecentar la influencia de la ideología burguesa entre los obreros.Lenin, V: “¿Qué hacer?”. Cap: “Engels sobre la importancia de la lucha teórica.” (1902) (lo entre paréntesis es nuestro)
Merece destacarse también que desde el punto de vista que estamos discutiendo, el carácter combativo en sí mismo de un movimiento no cambia en nada esta cuestión. Y es que el rebajamiento de la teoría revolucionaria no sólo da lugar a tendencias reformistas y gradualistas, sino también, al radicalismo pequeñoburgués. Siguiendo a Marx, Lenin explicaba estas dos tendencias como producto de la inevitable descomposición que va sufriendo la pequeño burguesía en la sociedad capitalista y por la situación contradictoria de la misma en la estructura social. Ora impulsa la radicalización del movimiento obrero, cuando teme ser expropiada por la burguesía desde “arriba”; ora tiende a apaciguarlo cuando teme ser “expropiada” desde abajo, por la lucha proletaria de masas.
Ahora bien, más allá de sus métodos de lucha, lo que sí debe quedar claro es que la pequeñoburguesía no dirige al movimiento rumbo al socialismo sino, rumbo a un capitalismo “ideal” y “humano” <>.
Comentario del GPM <“Miseria de la filosofía” ver “Séptima u última observación”. Para el pequeño burgués es necesario que el Estado capitalista cultive el “lado bueno” de la competencia y combata su “lado malo”, es decir, su tendencia al monopolio que aniquila o desbarata al pequeño capital.>>
En el fondo, su programa es burgués, por eso, para Lenin, la pequeñoburguesía no podía dirigir el movimiento revolucionario a no ser para dejarlo en el mismo lugar o, en verdad, para volver hacia atrás las ruedas de la historia. Para éste, la pequeño burguesía sólo puede ser “ganada” para la revolución con la determinación de la lucha y la organización independiente del proletariado. Por cierto, esto choca con varias tendencias de hoy -que como los mencheviques ayer- temen asustar a la pequeñoburguesía y plantean “ganarla” con el desarrollo de programas “amplios” que al mismo tiempo que la convocan haciendo numerosas concesiones al “pequeño patrono” al “trabajador”, oscurecen la conciencia de clase del proletariado; justamente, el sector que la teoría revolucionario nos indica como el objetivamente mas resuelto para el combate. Este es el gran problema de los frentes populares. Con esto no se quiere negar la necesidad de la lucha conjunta con los sectores no proletarios frente al enemigo común –más en momentos como el actual-, al contrario; lo que se pretende es mostrar sus verdaderos desafíos, porque el objetivo del proletariado no es luchar contra el “enemigo común”, sino, hacer la revolución socialista, para esto, hay que definir bien la naturaleza -táctica o estratégica- de los aliados:
En una sociedad avanzada el pequeño burgués se hace necesariamente, en virtud de su posición, socialista de una parte y economista de la otra, es decir, se siente deslumbrado por la magnificencia de la gran burguesía y siente compasión por los dolores del pueblo. Es al mismo tiempo burgués y pueblo. En su fuero interno se jacta de ser imparcial, de haber encontrado el justo equilibrio, que proclama diferente del término medio. Ese pequeño burgués diviniza la contradicción, porque la contradicción es el fondo de su ser. No es más que la contradicción social en acción. Debe justificar teóricamente lo que él mismo es en la práctica, y al señor Proudhon corresponde el mérito de ser el intérprete científico de la pequeña burguesía francesa, lo que constituye un verdadero mérito, pues la pequeña burguesía será parte integrante de todas las revoluciones sociales que han de suceder.” Correspondencia de Marx, 28 de diciembre de 1846.
La pequeñoburguesía indefectiblemente será parte de todas las revoluciones que han de venir, pero la cuestión estriba en desarrollar su “costado proletario”, en mostrarle que no tiene cabida dentro del capitalismo caduco, en atraerla a las filas de la revolución. Pero también, es necesario eliminar la idea burguesa de que la revolución es un aluvión expropiatorio masivo, descontrolado, que proletariza de una vez y para siempre todo. Es un proceso de marcha y contramarcha. La revolución, la transición hacia el comunismo es un proceso permanente de adecuación conciente de la organización social al desarrollo de las fuerzas productivas revolucionariamente liberadas. Parte de expropiar en un principio al gran capital concentrado, de sumar a la economía al conjunto de trabajadores en paro, de establecer la planificación y el control obrero -para lo cual se necesitan miles y miles de cuadros- y de dejar a la pequeña burguesía, en ese primer momento, ejercer su explotación en pequeña escala -mediante el pago del salario histórico- bajo control e impuestos. La marcha de la revolución en la economía es la que hará el resto.
Habíamos llegado a la conclusión de que sin teoría revolucionaria introducida en la lucha no puede haber tampoco revolución socialista, ahora hemos llegado, a un pensamiento mucho más concreto y rico del fenómeno que estamos estudiando. Ya no estamos ante la mera teoría vacía de contenido real, o de la mera práctica ciega, sino ante la unidad concreta y llena de contenido: la praxis de un movimiento que sabe lo que quiere. Es la teoría mediada por la práctica y la práctica mediada por la teoría.
Ahora bien, con esto no se debe llegar a una posición ecléctica donde “vale” lo mismo la práctica que la teoría: “un cincuenta y cincuenta”. Esto por dos razones, la primera, porque como mostramos mas arriba, las relaciones entre teoría y práctica son dinámicas: a veces el movimiento real exige que la teoría se ponga al orden del día para “romper el estancamiento” de la práctica, otras, en cambio, es la práctica la que debe ser impulsada hacia adelante hasta el extremo, de un modo tal para comprobar el plan teórico.
En segundo lugar, no valen lo mismo porque si bien es en la práctica donde los seres humanos deben “demostrar la verdad, es decir, la realidad y el poderío, la terrenalidad de su pensamiento”20 también es cierto como afirma el Grupo de Propaganda Marxista que:
la ciencia de la economía política no necesita recurrir a la prueba empírica de los hechos políticos para demostrar la veracidad de sus resultados. Hay una verdad teórica cuya objetividad no necesita de su confirmación empírica. Porque tal veracidad está ya demostrada por la verdad de las premisas reales de las que parte y por el despliegue lógico de las categorías de su objeto pensado.” GPM (2000): Hegel, Marx y la Dialéctica. http://www.nodo50.org/gpm/dialectica/20.htm
Es por esto que en el ¿Qué hacer?, Lenin trae a Engels para “tener siempre presente que el socialismo, desde que se ha hecho ciencia, exige que se le trate como tal, es decir, que se le estudie21. Esto quiere decir que hay verdades que ya han sido demostradas por la ciencia y que, en todo caso, de lo que se trata, no es de comprobar su existencia sino, justamente, de utilizarlas para medir el grado de desarrollo de los fenómenos que estas caracterizaron. No necesitamos ir a la práctica para saber si el capital extrae plusvalía o no, o si la tasa de ganancia tiende históricamente a caer o si el ejército de reserva en aumento hace bajar los salarios o si la pequeña producción se debilita frente a la gran escala moderna. Es justamente partiendo de estas verdades ya demostradas donde “el análisis concreto de la situación concreta” y la “práctica social como criterio de verdad” cobran relevancia. Aplicar el marxismo a la realidad es estudiar la situación concreta en la que estamos inmersos, descubrir sus contradicciones y definir, a partir de ahí, una política progresiva consecuente con esos descubrimientos.

Lo material objetivo como determinante en última instancia

La lógica del razonamiento que venimos desarrollando nos muestra que la formación de la conciencia de clase se da en el marco de la unidad dialéctica complementaria entre la teoría revolucionaria y la lucha de las masas. Sin embargo, es necesario detenernos en un factor clave: las condiciones materiales objetivas en que esa teoría y esa lucha se desarrollan. Es que:


Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran directamente, que existen y les han sido legadas por el pasado.” Marx,. K: “El Dieciocho Brumario de Luís Bonaparte. Capitulo 1”. (El subrayado es nuestro)
Desde una posición materialista sabemos que es lo material objetivo en tanto conjunto de relaciones lo que en última instancia se impone en la conciencia subjetiva como condición determinante, ya que “No es la conciencia del hombre la que determina su ser sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia22. Es el factor objetivo –la dirección y sentido contenidos en la lógica de sus contradicciones- el que determina que las posibilidades abstractas que se mueven en el “reino” de la razón y la voluntad puedan transformarse en posibilidades reales, ya “maduras”, para que el sentido de la sociedad socialista contenido en el vientre de la sociedad capitalista, pueda ver finalmente la luz mediante la acción revolucionara.

Hablando con mayor propiedad, debemos decir que desde el punto de vista materialista histórico en la sociedad capitalista no existen condiciones para la creación de la realidad social, porque es la realidad social la que se recrea a si misma con independencia de los sujetos que interactúan en ella. Pero esa realidad es contradictoria y son esas contradicciones de la realidad social las que motorizan el devenir de su proceso histórico determinado por su principio activo. Y es que una de las propiedades fundamentales de la materia -entendiendo aquí por materia al conjunto de sus interrelaciones- es el movimiento. Y a diferencia de los idealistas, los materialistas sostenemos que el movimiento no es externo sino interno a la “cosa”: es resultado de las contradicciones que actúan dialécticamente en su interior, y de las cuales surge la fuerza con una dirección y sentido precisos, en nuestro caso la fuerza histórica que tiende a trascender la relación. Aunque al mismo tiempo tiende a conservarla. Y esto sucede cuando las fuerzas que interactúan en la relación son de la misma naturaleza o uno de sus polos dialécticos se comporta como si lo fuera. Entonces no hay trascendencia histórica, como es el caso en la dialéctica de Hegel y, en nuestro caso, el momento en que el proletariado se asume y comporta como capital variable, es decir, como mercancía. Para que exista trascendencia histórica, como venimos mostrando, es necesario que el proletariado supere subjetivamente su ser para si en la autoconciencia de lo objetivamente irreconciliable de su relación con el capital. Ver: http://www.nodo50.org/gpm/dialectica/todo%20.doc. Descubrir esas contradicciones fundamentales que se están desplegando y bregar a favor de su resolución progresiva, contribuyendo a agudizarlas y acelerarlas, tal es la esencia de la tarea revolucionaria en tanto auxiliar eficaz de esa “partera de la historia” que son las contradicciones del capitalismo


El único camino histórico por el cual pueden destruirse y transformarse las contradicciones de una forma histórica de producción es el desarrollo de esas mismas contradicciones”. Marx, K: “El Capital” Cap:XIII apdº 9.
Es esto, justamente, lo que diferencia al socialismo científico del socialismo utópico y del reformismo. Y es que el marxismo no se inventa ninguna sociedad superadora del capitalismo, sino que la prevé como proyecto de inevitable realización en tanto descubre científicamente las leyes de su desarrollo; prefigura teóricamente esa nueva sociedad comprobando que en el mismo desarrollo del sistema capitalista están las bases materiales y sociales de su superación, aun antes de que el sistema se desplome por el peso humanamente insoportable de sus propias contradicciones:
“…Una vez que se ha visto claro en estas interconexiones internas, cualquier creencia teórica en la necesidad permanente de las condiciones existentes, se derrumba antes de su colapso práctico…” (Carta de Marx a Kugelmann 11/07/1868, aportada por el GPM)

He aquí el valor revolucionario de la teoría. Es que la futura sociedad socialista no nacerá de una moral filistea preocupada por la falta de asistencia para los problemas sociales, ni de las buenas intenciones proyectadas desde la imaginación, sino de las propias contradicciones reales que socavan el suelo la sociedad capitalista. Las gigantescas fuerzas productivas desarrolladas en el seno de la producción social bajo el capitalismo, pujan desde hace tiempo por salir del cepo de las relaciones burguesas de propiedad: la producción es cada vez más social y los choques con la apropiación privada de ésta son cada vez más contrastantes. Con el desarrollo del capital financiero trasnacional, la misma burguesía se ha tornado superflua y parásita, dejando en manos del trabajo asalariado el conjunto de la producción social, aunque arrojando fuera del sistema a millones de seres humanos que son condenados al paro. Con esto, la burguesía demuestra la decadencia que experimenta como clase dominante confirmando aquello ya previsto por Marx y Engels en donde a propósito de la decadencia de la misma decían:


No es capaz de dominar, porque no es capaz de asegurar a su esclavo la existencia, ni siquiera dentro del marco de la esclavitud, porque se ve obligada a dejarle decaer hasta el punto de tener que mantenerle, en lugar de ser mantenida por él. La sociedad ya no puede vivir bajo su dominación; lo que equivale a decir que la existencia de la burguesía es, en lo sucesivo, incompatible con la de la sociedad” Marx, K y Engels, F: “El manifiesto comunista. Cap: Burgueses y proletarios
Seguir el movimiento real -lo material objetivo- en la sociedad capitalista tiene que ver con seguir este movimiento dialéctico de las relaciones entre las clases sociales en pugna: burguesía y proletariado. El desarrollo de la contradicción entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción, presiona para que el movimiento proletario, en tanto aspecto progresivo de las fuerzas productivas, se imponga sobre las fuerzas regresivas del movimiento de la burguesía, en tanto relaciones de producción históricamente superadas. Este es el sentido que Marx daba a la afirmación de que “la conciencia es una cosa que el mundo debe adquirir, quiéralo o no”23. No porque esta se adquiera de modo espontáneo, sino porque la conciencia socialista tiene su base material –existe objetivamente como posibilidad- en las contradicciones del movimiento real, esto es, en la tendencia objetiva al derrumbe de la sociedad capitalista24. Por eso Marx también afirmaba que no se podían saltar etapas por decreto y que la tarea de los revolucionarios, en este sentido, era la de “mitigar los dolores de parto” de lo que históricamente se ha estado gestando. No se trata, para Marx, de engendrar la revolución, sino de trabajar para que ésta nazca.

Ahora bien, sabido es que la lucha de clases no discurre en línea recta y progresiva, sino, a través de innumerables “zigzag”, de ascensos y descensos, de éxitos y fracasos parciales. Por eso, con el objetivo de no reeditar errores, este “seguimiento” que la vanguardia debe realizar, supone la asimilación de los aprendizajes acumulados por la clase a lo largo de su historia de lucha. Por otro lado, el hecho de que no todos los momentos son iguales y aptos para el avance revolucionario, significa que las tareas de la clase deben necesariamente ir cambiando de acuerdo a la situación. Por cierto, esto nada tiene que ver con la adaptación seguidista y la prédica oportunista de “la política como arte de lo posible”, donde lo posible, es siempre lo posible para la burguesía. De lo que se trata es de comprender y asumir la práctica política como “el arte de hacer posible lo históricamente necesario”. Esta es la práctica que siguieron Marx, Engels y también Lenin junto a los bolcheviques. Práctica, según la cual, pueden hacerse “acuerdos prácticos” pero jamás, “tráfico de principios”. Esta es la práctica política que permite comprender porqué a pesar de haber estado mucho tiempo aislados, ni Marx, ni Engels ni Lenin fueron sectarios. Y es ésta política antioportunista de permanecer anclados a la necesidad histórica lo que permite entender porqué los bolcheviques pasaron de minoría a mayoría cuando el resto de las condiciones para la revolución comenzaron a aparecer:


Sin embargo, debemos recordar que a principios de 1917 el Partido Bolchevique dirigía a una ínfima minoría de trabajadores. Tanto en los soviets de solda­dos como en los de obreros, el bloque bolchevique constituía el uno o dos por ciento, a lo sumo el cinco por ciento. Los grandes partidos de la democracia pequeñoburguesa (los mencheviques y los autotitulados social-revolucionarios) dirigían como mínimo al noventa y cinco por ciento de los obreros, soldados y campesinos en lucha. Los dirigentes de esos partidos acusaron a los bolcheviques, primero de sectarios y luego... de agentes del káiser alemán. Pero no, ¡los bolcheviques no eran sectarios! Toda su atención estaba concentrada en las masas, no en su estrato superior, sino en los más bajos, en los millones y decenas de millones de oprimi­dos, aquéllos a quienes los charlatanes parlamentarios generalmente olvidaban. Justamente para dirigir a los proletarios y semiproletarios de la ciudad y del campo, los bolcheviques estimaron necesario diferenciarse tajantemente de todos los sectores y grupos burgueses, en especial de esos falsos "socialistas", que en reali­dad son agentes de la burguesía.” Trotsky, León: “Lecciones de Octubre”. Ediciones Yunque.

Al hablar de la necesidad del cambio según la situación, se quiere plantear un problema de consecuencias importantes, y es el hecho de que una tarea o consigna que busca un determinado resultado en un momento puede generar su contrario dialéctico si es aplicada cuando las condiciones que la hacían posible perdieron su razón de ser. En este sentido, una de las responsabilidades más importantes de la vanguardia en su tarea de organización y educación, es justamente, ir estudiando el “piso” en el que el movimiento de masas se “afirma” de modo que en su caminar, este pueda dar pasos “certeros” -aunque para ello haya que adecuarse a sus emergente retrocesos políticos- manteniéndose siempre en la tierra firme de la necesidad histórica y no en el pantano de las ilusiones pequeñoburguesas:


Ocurre con harta frecuencia que cuando la historia da un viraje brusco, hasta los partidos avanzados dejan pasar un tiempo mas o menos largo antes de orientarse en la nueva situación creada y repiten consignas que si ayer eran acertadas, hoy han perdido ya toda su razón de ser tan “súbitamente” como súbito es el brusco viraje de la historia.” Lenin, V: “A propósito de las consignas” (Julio 1917).
Hablamos al comienzo del programa de transición y de la dificultad de emplearlo en momentos no revolucionarios. Otro ejemplo histórico es el momento en que el desarrollo de la democracia soviética torno superflua y pro-burguesa la consigna de la asamblea nacional constituyente, que formaba parte del programa de los revolucionarios bolcheviques. Al observar que el grueso de la masa de proletarios, soldados y campesinos pobres estaba participando en los soviets de diputados y que la mayoría de los posibles electos para la asamblea constituyente representarían a los partidos pequeñoburgueses, los bolcheviques -con la insistencia de Lenin- disolvieron la asamblea constituyente garantizando que el poder efectivo seguiría siendo ejercido por lo soviets, esto es, que seguiría en manos del proletariado y las masas oprimidas. Si los bolcheviques no hubieran tomado esta decisión en nombre de la democracia en general, el proceso hubiera quedado empantanado bajo el lodo de la democracia representativa burguesa y la revolución misma hubiera fracasado. Y es que:
Cada consigna debe derivar siempre del conjunto de peculiaridades que forman una determinada situación política.” Lenin, V: “A propósito de las consignas” (julio de 1917).

Esto quiere decir que ser vanguardia, ser educador orgánico de la clase, no significa hacer literatura con el marxismo, sino saber utilizar el Materialismo Histórico en el dialogo con las masas con el objetivo de ganar su conciencia. Es por esta razón que las masas no necesitan saber con precisión lo que Marx dijo, sino cuales son las tareas políticas que guardan relación con el momento histórico en dirección a la toma del poder revolucionario o a su consolidación. Y es por esto que la verdadera tarea educativa de la vanguardia hacia la masa es fundamentalmente la dirigirla dando la consigna acertada. Claro, de esto a convertir la labor “organizativa” y las consignas en tanto “tareas del momento” en un fetiche, hay mucha distancia. Para introducir un sentido revolucionario a las luchas espontáneas, es necesario una interrelación de dialogo permanente entre las masas y la vanguardia revolucionaria organizada en el Partido, y este dialogo exige una actitud paciente para que las masas asuman subjetivamente una determinada posición que las circunstancias imponen objetivamente como necesaria a la clase. En este marco, Trotsky recuperaba a Lenin:


En mi breve trabajo sobre la crisis austriaca subrayé en un paréntesis que la fórmula “explicar pacientemente”, fue utilizada por primera vez por Lenin, en abril de 1917. Seis meses más tarde conquistamos el poder. Esto significa que no es lo mismo que el partido revolucionario explique pacientemente a que emplee tácticas dilatorias, el gradualismo o el sectarismo aislado. “Explicar pacientemente" no implica explicar las cosas de manera incoherente, indolente, con cuentagotas. Al emplear esta fórmula en abril de 1917, Lenin le decía a su partido: “Comprended que sois una pequeña minoría y reconocedlo abiertamente; no os propongáis tareas que excedan vuestras fuerzas, como el derrocamiento inmediato del Gobierno Provisional; no temáis quedar en oposición a los defensistas, a los que siguen hoy la abrumadora mayoría de las masas; tratad de comprender la psicología de los defensistas honestos --obreros y campesinos-- y explicadles pacientemente cómo poner fin a la guerra." El consejo de Lenin significaba, en otras palabras; “No creáis que existen recetas sofisticadas ni ardides que os permitirán fortaleceros repentinamente sin ganar la conciencia de las masas; dedicad todo vuestro tiempo, toda vuestra impaciencia revolucionaria, a ‘explicar pacientemente'". Este es el verdadero significado de las palabras de Lenin.” Citado por GPM en “Contestación al CIC Argentina” http://www.nodo50.org/gpm/cis/06.htm
Para cerrar este capítulo es necesario decir que no es necesario esperar a que “toda” la clase asalariada en su conjunto tome conciencia de su situación de opresión y de sus verdaderos intereses históricos para desarrollar una política de asalto al poder. Por eso, Lenin criticaba enfáticamente a los que soslayando esta cuestión y pretendiendo esperar la conciencia de toda la clase, detenían el movimiento en su conjunto al rebajar el papel de su parte más conciente a la altura de su parte más inconsciente o atrasada:

Nosotros somos el Partido de la clase, y, por ello, casi toda la clase (y en tiempo de guerra, en época de guerra civil, la clase entera) debe actuar bajo la dirección de nuestro Partido, debe tener con nuestro Partido la ligazón más estrecha posible; pero sería manilovismo y "seguidismo" creer que casi toda la clase o la clase entera pueda algún día, bajo el capitalismo, elevarse hasta el punto de alcanzar el grado de conciencia y de actividad de su destacamento de vanguardia, de su Partido socialdemócrata. Ningún socialdemócrata juicioso ha puesto nunca en duda que, bajo el capitalismo, ni aun la organización sindical (más rudimentaria, más asequible al grado de conciencia de las capas menos desarrolladas) esté en condiciones de englobar a toda o casi toda la clase obrera. Olvidar la diferencia que existe entre el destacamento de vanguardia y toda la masa que gravita hacia él, olvidar el deber constante que tiene el destacamento de vanguardia de elevar a capas cada vez más amplias a su avanzado nivel, sería únicamente engañarse a sí mismo, cerrar los ojos ante la inmensidad de nuestras tareas, restringir nuestras tareas. Y precisamente así se cierran los ojos y tal es el olvido que se comete cuando se borra la diferencia que existe entre los que están en contacto y los que ingresan, entre los conscientes y los activos, por una parte, y los que ayudan, por otra.” Lenin, V: “Un paso adelante, dos pasos atrás” (1904).

La clase en su totalidad alcanzará una verdadera conciencia socialista –y aun así, como dice Freire para la educación25, no mecánicamente- cuando la sociedad sea transformada radicalmente por la acción revolucionaria y el carácter de explotación de las relaciones sociales burguesas quede a plena luz del día. A su vez, la nueva vida, las nuevas relaciones de producción trabadas entre hombres y mujeres libres –lo nuevo material objetivo- irán plasmándose en la conciencia de la misma forma espontánea que hoy lo hacen las relaciones burguesas de explotación. A medida que avance el proceso de construcción de la nueva sociedad, los hombres y las mujeres serán cada vez más espontáneamente libres y concientes.

El papel de la organización revolucionaria independiente o “aparte” de los asalariados espontáneos

Cuando unos párrafos antes Lenin afirmaba que “La verdadera educación de las masas no puede ir nunca separada de la lucha política independiente, y sobre todo, de la lucha revolucionaria de las propias masas” estaba diciendo que sólo es revolucionaria la lucha de masas que es dirigida por revolucionarios organizados en un Partido, puesto que espontáneamente las masas no pueden generar ninguna lucha revolucionaria. Por lo tanto, la organización de los revolucionarios, en tanto educadores de la clase, debe preceder a la lucha revolucionaria de masas. Este fue, justamente, el gran descubrimiento de Lenin que le llevó, a principio del siglo XX, a luchar no por un frente amplio contra el zarismo haciendo seguidísmo de la “contradicción principal”, sino por un


Catálogo: gpm -> Lenin-conciencia
gpm -> El conocimiento, la unión y la lucha conjunta hacen la fuerza
gpm -> Diario de Sevilla. Noticias de Sevilla y su Provincia
gpm -> Hegel, marx y la dialéctica
gpm -> Frente al vicio de mentir, la virtud de insistir en la verdad científicamente probada y reincidir sobre ella las veces que sea necesario
gpm -> Andar a la luz de la ciencia o seguir entre las tinieblas del engaño
gpm -> Respecto de lo primero, decir que antes de delinear la estrategia de poder, es necesario definir el carácter de la revolución
gpm -> Masacre del 11m elementos para un juicio popular revolucionario al Estado “democrático” Español (3) Introducción
gpm -> Tarea universidad Autónoma de México Licenciatura en psicología ciencias biológicas y de la salud Licenciatura en medicina ciencias biológicas y de la salud Tarea Universidad Autónoma Metropolitana Psicología ciencias biológicas y d la
gpm -> El plusvalor y las formas simbólicas


Compartir con tus amigos:
1   2   3   4


La base de datos está protegida por derechos de autor ©psicolog.org 2019
enviar mensaje

enter | registro
    Página principal


subir archivos