Como vencer el dolor de espalda



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12 Terapias alternativas


Si ya ha probado uno o más de los tratamientos descritos y han resultado insatisfactorios o si no van a ofrecerle mucha mejoría en su problema particular, tal vez le resulte útil alguna de las terapias de este capítulo.

Todas están basadas en principios holísticos, tratándole como una persona más que aislando la espalda y tratándola como un problema específico. La mayoría de las terapias comentadas en este capítulo hacen hincapié en la interacción existente entre la mente y el cuerpo. Algunas, como la técnica Alexander y la homeopatía, tratan el cuerpo directamente con remedios físicos. Otras, incluyendo la hipnoterapia, la meditación y la bioenergética combaten los síntomas físicos a base de alterar las actitudes mentales. Cualquiera que sea el método que decida probar, es importante que escoja a un instructor o terapeuta con quien pueda establecer una buena relación. Si le agrada su terapeuta, confía en él y está convencido de que puede ayudarle, es más probable que el tratamiento tenga éxito.

La actitud hacia cualquier terapia es muy importante y puede influir en su resultado. Ya se han mencionado (véase pág. 14) los problemas emotivos como origen del dolor de espalda y la relación entre actitudes mentales y la percepción de dolor se comentarán en el capítulo 15 (véanse págs. 175 a 178). No hay duda de que la mente ejerce un considerable poder sobre el cuerpo y puede influir en él tanto para bien y como para mal.
HIPNOTERAPIA

Aunque no es una cura para su problema, la hipnoterapia le ayudará al influir en la percepción que usted tiene del dolor. Bajo la hipnosis, el control que tenemos sobre la parte consciente queda suspendido temporalmente, de modo que se puede llegar hasta los pensamientos, sentimientos y memorias subconscientes. El hipnotizador puede ayudarle a llegar a funciones totalmente inconscientes de la mente, como pueden ser la traducción de mensajes del sistema nervioso en sensaciones de

dolor, y de esta forma el hipnotizador le puede dar el poder para controlar la sensación de dolor. Incluso al salir del trance hipnótico, cuando ya esté de nuevo consciente, se habrá reducido considerablemente el dolor.

No todas las personas responden igual de positivamente a la hipnosis. Los pacientes más idóneos son los que saben dejarse llevar, confiar en otros y, por supuesto, relajarse. Es fundamental que esté dispuesto a aceptar las ideas que le presenta el hipnotizador. Sería

imposible obligarle a hacer algo en contra de su voluntad, incluso sumido en un trance profundo. Si le es imposible responder a la hipnoterapia con efectividad, tal vez pueda beneficiarse de un tipo de autohipnosis que se explica a continuación. Como en la mayoría de las terapias, hay que encontrar el punto medio entre no esperar nada y esperar demasiado, que inevitablemente lleva a la desilusión. Si tiene dolor de espalda crónico, no desaparecerá simplemente porque el hipnotizador así lo sugiera. Puede atenuarse, pero el objetivo principal de alguien en este estado es el de relajarse y mejorar la confianza que la persona tiene en cuanto a sus posibilidades de enfrentarse al dolor.
Procedimiento

En la primera sesión, el terapeuta le hará un historial completo de los síntomas, y le hará preguntas para comprobar si está nervioso o deprimido y para valorar la predisposición que tiene hacia la mejoría. Le dará asimismo un detallado informe de lo que involucran las futuras sesiones.

En la siguiente sesión, el terapeuta se sentará cerca de usted, por lo general de frente, y le sumirá en trance, tal vez pidiéndole que mire fijamente a un objeto determinado. Cuando el terapeuta considere que está lo suficientemente hipnotizado, puede que le diga sencillamente que los síntomas desaparecerán. Alternativamente, puede que le haga algunas preguntas para averiguar las posibles causas de sus problemas de salud.

En sesiones ulteriores llegar al estado de hipnosis es más fácil y rápido, y se puede conseguir el efecto simplemente con que el hipnotizador cuente hasta diez o haga castañetear los dedos.


AUTO-HIPNOSIS

La autohipnosis es un estado más leve de hipnosis. La técnica es una especie de autosugestión, pero debe aprenderse de un hipnoterapeuta profesional.

Le enseñarán a relajarse profundamente, tal vez empleando un método parecido al que se da en la página 171 o a base de repetir instrucciones para relajar las distintas partes del cuerpo, por ejemplo: «Me pesan los brazos; tengo las piernas flojas.» Le exhortarán a enfocar la atención en ciertas sensaciones corporales, en especial el ritmo de la respiración.

Cuando esté del todo relajado, física y mentalmente, tendrá la mente abierta a nuevos conceptos. Le enseñarán a introducir ideas que crean una nueva imagen de sí mismo como persona sana y libre de dolor. Con la práctica podrá retener durante mucho tiempo esta nueva imagen suya. Incluso cuando salga de este estado de total relajación, tendrá más tranquilidad mental y mayor confianza en sí mismo, factores importantes a la hora de ayudarle a reducir el dolor de espalda.


MEDITACIÓN

Aunque la meditación no suene a terapia para el dolor de espalda, está muy vinculada a la autohipnosis, técnicas de relajación (véase pág. 171) y, en alguna medida, a la psicoterapia. Puesto que todo dolor tiene un componente psicológico (véase capítulo 15), la meditación continuada puede ayudarle a reconocer el estrés en su cuerpo y sobreponerse a la ansiedad y a los miedos que lo producen.

El objetivo de la meditación es controlar la mente y centrarla de tal forma que esté libre de miedos y emociones estresantes. El doctor Herbert Benson del Harvard Medical School ha descubierto que la meditación aminora los latidos del corazón y el ritmo de la respiración. Además, tiende a sincronizar y armonizar los patrones eléctricos que produce la mente, favoreciendo las ondas alfa, que generalmente son indicadoras de una mente tranquila.

A la mayoría de las personas les beneficia la meditación y en especial a quienes padecen de dolor de espalda, cuyos músculos están tensos crónicamente y que suelen padecer de ansiedad. Ambos estados pueden ser importantes factores productores de dolor. Además, las personas con dolores crónicos seguramente descubrirán que la meditación les ayuda a enfrentarse al dolor.


Tipos de meditación

Hay muchas formas de meditación y es mucho más fácil aprenderlas de un profesor. En muchas áreas hay centros locales o grupos que le enseñarán las técnicas básicas e incluso hay médicos de cabecera que organizan grupos de meditación en sus propias consultas y centros médicos. Si no encuentra ningún profesor, pruebe el método explicado a continuación, que es una combinación de varias prácticas de meditación.

Si decide acudir a un profesor, ¿cómo sabrá qué tipo de meditación le irá mejor? Esto depende, en parte, de su propia personalidad y el estado de su espalda, y en parte, de su elección personal. Las formas activas de meditación, de las cuales la más conocida es la Rajneesh, incluyen movimiento espontáneo, la adopción de diversas posturas, respiración profunda y contorsiones faciales.

Si tiene la espalda muy dolorida por problemas realmente importantes, tal vez no sea ésta la mejor elección. Por otra parte, si padece dolor recurrente debido en parte a tensión postural, este método le ayudará a soltarse, a liberarse emocional y físicamente, debido también al tipo de posturas y ejercicios que exige.

Las formas pasivas de meditación incluyen la técnica trascendental, budista y el yoga. En la primera alcanzará el estado más alto o trascendental de conciencia mediante la repetición silenciosa y rítmica desuna palabra o un sonido.

En la meditación budista o el yoga, se concentrará en un único objeto o pensamiento, centrando la mente e intentando observar sus propios pensamientos y reacciones sin ninguna emoción, y sin que ningún otro pensamiento pueda perturbar o interferirse. Este intento a menudo se tiende a reforzarlo mediante complicadas técnicas de respiración, y el objetivo es alcanzar un estado en el cual la percepción de uno mismo todo deseo personal se pierden en un sentimiento de fusión con el universo.

Si todo puede parecer que tiene, en principio, poco que ver con el dolor de espalda, recuerde que muchas personas padecen problemas de espalda precisamente por verse demasiado oprimidas por sus propias actividades laborales y por sus propias emociones: la mayoría sale beneficiada con la tranquilidad mental que esta actitud comporta, y sobre todo se benefician los que sufren dolor de espalda.

MÉTODO DE MEDITACIÓN SIMPLE

• Elija una habitación silenciosa, sin ruidos de radios, música o televisión que le distraigan.

• Siéntese o túmbese, cualquiera que sea la postura que le resulte más cómoda y requiera menos esfuerzo.

• Cierre los ojos y relaje todos los músculos (véase pág. 171), pero no se preocupe por el grado de relajación que llegará con el tiempo y la práctica, y si se preocupa se pondrá tenso.

• Respire por la nariz. Perciba su respiración, y al espirar diga la palabra «uno», lenta y silenciosamente. Respire cómodamente durante unos diez o veinte minutos. No se detenga en pensamientos que le distraigan, intente ignorarlos y siga repitiendo «uno».

• Cuando termine, siéntese o quédese tumbado algunos minutos más en silencio, primero con los ojos cerrados y luego abiertos.


LA TÉCNICA ALEXANDER

Su objetivo es tratar y prevenir una gran gama de procesos a base de mejorar la postura. La técnica Alexander se basa en el principio de la relajación muscular —en especial de los músculos del cuello y de los hombros - y de adoptar la postura que menos fuerza la espalda.

Fue F. Matthias Alexander, un actor australiano quien desarrolló esta técnica a finales del siglo 19, tras retirarse temporalmente de su carrera artística, debido a la pérdida brusca e inexplicable de la voz durante una de las representaciones. Los médicos no pudieron ayudarle, de forma que se diagnosticó a sí mismo. Descubrió que justo antes de hablar en el escenario inclinaba la cabeza hacia detrás y hacia abajo de forma que «cortaba» su propia voz. A partir de este descubrimiento formuló el principio de Alexander.

Difiere de los fundadores de la osteopatía y la quiropráctica en que no consideraba que el mal alineamiento de las vértebras o una reducción de la movilidad fueran problemas a atacar aisladamente. Sostenía que esto se debía principalmente al mal uso y opinaba que el hábito y el uso dictan la función. Nuestra postura ejerce una constante influencia sobre la función general, tanto fisiológicamente como psicológicamente. No se pueden separar la influencia del cuerpo sobre la mente ni la de la mente sobre el cuerpo.

La técnica Alexander no es un método que pueda aprenderse solo, y hay que ir a un médico cualificado. Todos tenemos una postura única, como también son únicas nuestras huellas dactilares y nuestro timbre de voz. Esta es la razón de que la técnica Alexander sólo se puede aprender poco a poco, y la tanda de lecciones puede variar muchísimo, dependiendo de lo que se precise. A todos los alumnos se les enseña técnicas desarrolladas específicamente para su propia postura, que deben practicarse a diario. El curso puede durar desde cinco a seis lecciones a lo largo de varias semanas, o llegar hasta un año completo.
Procedimiento

El profesor de este método trabajará con el paciente sentado, de pie o tumbado, dependiendo de lo que él considere preciso. Puede que el profesor empiece por observarle al cambiar de postura. Le pedirá que se imagine que le están estirando hacia arriba cogiéndole de la coronilla. Un tema clave es que el paciente visualice el tipo de postura que adoptaría si gozara de plena salud y fortaleza y retenga la imagen a fin de lograr esta misma postura.

Personas que han aprendido el método Alexander suelen decir que se trata de deshacer todos esos hábitos que se han convertido en una segunda naturaleza. A menudo sienten durante las lecciones que se les pide que adopten posturas que les parecen poco naturales debido a que, a lo largo de los años, su mala postura se ha vuelto más natural que la buena.
Casos apropiados

Prácticamente todo el mundo tiene algún defecto postural y se beneficiará

de un curso de la técnica Alexander. Sin embargo, la mayoría de las personas que asisten a estos cursos padecen dolor de cuello o de espalda recurrente o se encuentran disminuidos de alguna forma. El curso no cura problemas agudos, como, por ejemplo, una hernia discal p mal alineamiento de las carillas articulares; sin embargo, una vez ha pasado el ataque, la técnica Alexander contribuirá definitivamente a que no se repita. Es útil sobre todo para evitar dolores posturales, y en las personas mayores puede evitar ataques de dolor de espalda agudos al enseñarles a utilizar adecuadamente esa parte del cuerpo.
TÉCNICA FELDENKRAIS

Es una técnica parecida a la de Alexander, y, al igual que ésta, dice mejorar el estado general de la salud al mejorar la postura. Moshe Feldenkrais, un israelita nacido en Rusia que estudió física e ingeniería en París, opinaba que la personalidad de una persona quedaba alterada si cambiaba sus hábitos posturales. «El grueso de los estímulos que llegan al sistema nervioso viene de la actividad muscular afectada constantemente por la gravedad», escribió, «de manera que la postura es uno de los mejores indicios no sólo de la evolución, sino también de la actividad de la mente».

La técnica se puede enseñar en grupos o sobre una base individual. Los casos más idóneos son los de personas con defectos posturales y con dolor de cuello p espalda crónico producido por la tensión. Bailarinas, actores y atletas que necesitan una flexibilidad unida a una forma física, también podrán aprovecharse de esta técnica.




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