Como vencer el dolor de espalda



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En la espalda media


Los ataques de dolor agudo en la espalda media pueden convertirse en crónicos si no se tratan debidamente. Si uno o dos segmentos llegan a ser inestables, o las articulaciones se vuelven hiperirritables, los ataques frecuentes pueden resultar un problema, en cuyo caso la respuesta quizá esté en la terapia esclerosante de ligamentos (véase pág. 104).

Problemas similares pueden darse en el cuello. Además de dolor y punzadas agudas puede tener hormigueo y entumecimiento en las manos y hay veces en las que se desarrollan patrones de tensión muscular crónica. Otros síntomas pueden incluir alteración del equilibrio, silbidos en el oído, dolores de cabeza, dolor referido al rostro, lado del cuello y oído. Si tiene más de sesenta años puede que tenga afectada la circulación al cerebro, lo que produce períodos de mareo e incluso pérdida del conocimiento ocasionado por ciertos movimientos del cuello y los brazos. Esto se debe a un estrechamiento y compresión de la arteria que va al cerebro.

En las personas mayores no parece que el proceso estabilizador que tiene lugar en el resto de la columna depare efectos tan beneficiosos en el cuello. Probablemente le aconsejarán que se ponga un collarín. El cuidado en las posturas, el ejercicio, la tracción suave, el masaje y la acupuntura pueden producir un alivio, pero es improbable que curen definitivamente el mal.

La cirugía en la parte cervical de la columna es mucho más arriesgada que en la parte lumbar y por tanto se practica con menos frecuencia.


ESTENOSIS DEL CANAL CENTRAL

Hay veces en que el canal espinal que contiene los nervios se hace demasiado estrecho, lo cual puede producir una compresión de los nervios en la parte baja de la espalda. No es tan frecuente que suceda en el cuello ya que el canal es más ancho por esta parte.


Hernia discal

Hay ocasiones en las que la parte gelatinosa del disco se ve empujada hacia el canal espinal. (Esto es más frecuente en los jóvenes porque el núcleo del disco tiende a encoger y desecarse con la edad, de forma, que, gradualmente, está sometido a menor presión). Una hernia de este tipo en la espalda baja puede producir síntomas de ciática crónica, incluyendo dolor en las piernas acompañado de entumecimiento o debilidad. Si éste es el caso puede que nesecite tratamiento urgente, tal vez cirugía, y debe ver al médico lo antes posible.


Cambios degenerativos

En las personas de mediana edad o más mayores, pueden aparecer en las vértebras o carillas articulares excrecencias óseas, llamadas osteofitos, y los discos se vuelven más finos. Estos espolones óseos pueden crecer hacia el canal espinal, lo cual lo empequeñece, y afectar a la circulación sanguínea hasta los nervios. De ocurrir esto, notará hormigueo, entumecimiento y dolor o pesadez en ambas piernas al caminar o correr. Estos síntomas suelen calmarse si se inclina hacia delante, se sienta o se agacha, porque el canal espinal se ensancha en estas posturas. Inclinarse hacia detrás o retorcerse empequeñece aún más el canal y producirá un dolor agudo.

Hay veces en las que una operación de descompresión (véase pág. 112) se hace necesaria para extirpar las partes del hueso que pueden, de hecho, estar empequeñeciendo el canal espinal.
Estenosis congénita

Hay personas que nacen con un canal espinal más pequeño que otras, o con forma ovalada, triangular o de trébol, que dejan menos sitio a los nervios de la columna.

Las personas con un canal espinal estrecho corren más riesgo de desarrollar problemas de espalda crónicos o ciática si se rompe o hernia un disco (véase pág. 37). En este supuesto, lo que en otra persona supondría tan sólo un ataque menor de dolor de espalda o ciática, puede ser grave o crónico si se trata de alguien con un canal espinal excepcionalmente estrecho.

INFLAMACION Y ENFERMEDAD

Las infecciones y las enfermedades dan cuenta tan sólo de un reducido porcentaje de los problemas de espalda, de manera que si por lo demás usted está sano y en forma, es harto improbable que el dolor de espalda le venga por ninguna de las siguientes razones:

• Un tumor o cáncer pueden atacar la espalda, como a cualquier otro órgano.

• A veces, una infección por bacterias puede desencadenar un abceso en o en torno a las vértebras o un disco, produciendo dolor de espalda crónico.

• Una inflamación en las articulaciones vertebrales, generalmente en el cuello en la artritis reumática (véase pág. 64) o en la articulación sacroilíaca en

la base de la columna, puede producir un dolor persistente. Esto suele desarrollarse lentamente y dura bastante tiempo. Suele ir acompañado de rigidez cada vez mayor y tiende a no aliviarse cuando el paciente se tumba.

Si tiene usted la desgracia de pertenecer a esa pequeñísima minoría cuyo dolor de espalda viene producido por una infección ósea crónica, un tumor o una grave enfermedad de huesos, puede que encuentre ayuda en aquellas secciones de este libro que tratan de cómo aliviar el dolor crónico, de la comprensión del dolor, y de sus aspectos emotivos. No debe haber ningún tratamiento sin consultar al médico.


Espondilitis anquilosante

Suele darse en adultos jóvenes. Las articulaciones se inflaman y los ligamentos se calcifican bloqueando rígidamente las articulaciones. Se sabe muy poco de esta enfermedad, pero suele afectar primero a la articulación sacroilíaca y avanza gradualmente durante varios años. Al final, la inflamación afecta a las articulaciones entre las costillas y la espalda media, lo cual reduce la expansión del tórax y dificulta la respiración. Sin embargo, a menudo transcurren varios años antes de que los cambios se vean en una radiografía, porque progresa muy lentamente.

Los primeros síntomas son dolor y rigidez en la espalda baja y suelen acusarse más por la mañana. El ejercicio moderado suele aliviar el dolor (véase pág. 164). Puede que le resulte difícil inclinarse hacia delante y sentirá rigidez en la articulación de la cadera.

El médico le recetará algún antiinflamatorio y le mandará a un fisioterapeuta para ejercicios específicos que mantengan la movilidad. La acupuntura puede que también le alivie. Es importante que se identifique pronto este estado a fin de que no deteriore la postura y la movilidad. Recientemente se ha admitido que afecta casi tanto a las mujeres como a los hombres, pero en menor grado.



Artritis reumática

Conviene mencionarlo aquí aunque no sea esencialmente una enfermedad de la espalda y por tanto no se trate en otro lugar del libro. Es una artritis general inflamatoria que se inicia en las pequeñas articulaciones de las manos y los pies y progresa hasta afectar las articulaciones mayores, como las rodillas, caderas, codos y hombros. No suele afectar a la columna hasta que ya está avanzada y entonces suele atacar al cuello, pero para cuando llega a la columna, ya debería estar diagnosticada.

No es probable que su médico confunda esta enfermedad con otro desarreglo de columna puesto que habrá afectado a múltiples articulaciones antes de llegar a la espalda. Si al verle la espalda el médico menciona artritis, probablemente se esté refiriendo no a esta enfermedad sino a los indicios de desgaste normal que se asocian al envejecimiento (véase pág. 58), que no tienen relación alguna con la artritis . inflamatoria y por tanto no desembocarán en una incapacidad reumática.
Aracnoiditis

Es una inflamación de la capa interior o saco dural del canal espinal que normalmente la produce la introducción de algún producto químico. Es una complicación bastante rara de exploraciones y cirugía para el tratamiento de las hernias discales que sucedía antaño como resultado del empleo de un contraste radiográfico hiposoluble utilizado para las mielografías (véase pág. 78). Este contraste ya no se emplea También puede producirse como consecuencia de la introducción en el saco dural de ciertos antibióticos, soluciones cristaloides esteroides y anestésicos locales. Sin embargo, ninguno de estos medicamentos se utilizan hoy en día para el tratamiento general de procesos de la columna. Una leve infección, o una inflamación producida por una hemorragia próxima al saco dural expuesto puede a veces producir aracnoiditis tras una operación de discec-tomía (véase pág. 111).

Si tiene la mala suerte de padecer esta complicación, los síntomas son bastante inespecificos. Incluyen un dolor inflamatorio generalizado no relacionado con el movimiento o la postura y otras extrañas molestias sensitivas como la sensación de extremo calor o frío o cosquilleo en las extremidades. Si tiene alguno de estos síntomas tras exploración o cirugía de un disco, debe informar urgentemente al médico o especialista. El diagnóstico se hace a base de una mielografía, y le darán calmantes hasta que baje la inflamación.
Infección

Es una rara causa hoy en día del do de espalda. El dolor suele desarrollarse insidiosamente a lo largo de varios meses y no se calma ni tumbándose ni reposando. Si un abceso grande se desarrolla en o en torno al .disco o el hueso, la zona suele volverse extremadamente frágil y los músculos locales pueden sufrir un espasmo al menor roce. Cuando la infección adquiere esta gravedad ya habrá habido síntomas enfermedad sistemática, como puede ser fiebre o malestar general.

La brucelosis, contraída al beber 1eche de vaca sin pasteurizar, y la tuberculosis son las infecciones más comunes. En ocasiones puede haber una infección dentro del propio disco, llamada «discitis» y hay personas que padecen «discitis» temporal después de utilizar quimopapaina en e] tratamiento de las hernias discales (véase pág. 108). Esto produce un fuerte y profundo dolor de espalda, terriblemente doloroso al hacer cualquier movimiento.

El tratamiento para una infección en o en torno a la columna es un antibiótico específico por vía oral o intramuscular administrado durante varias semanas para erradicar el organismo infeccioso.

Al igual que los problemas de la espalda pueden referir el dolor a otras zonas del cuerpo, los desórdenes de ciertos órganos pueden producir dolor de espalda. En la mayoría de los casos, estos desórdenes suelen producir, además, otros síntomas, lo que evidencia que el dolor no se originó en la columna. Una de las características de los problemas de columna es que el dolor se ve afectado por el movimiento y los cambios de postura. Si su dolor de espalda no varía cuando se mueve, es probable que venga producido por algunas de las siguientes causas.
Gripe y otras fiebres

La gripe suele iniciarse con una sensación de malestar general, algo de fiebre y dolor extendido por todo el cuerpo. Suelen predominar la fiebre y el dolor de cabeza, haciendo evidente el diagnóstico. El virus también puede producir dolor de garganta, tos y mucosidad o indigestión, náuseas o diarrea. Si tiene gripe debe guardar cama durante unos días. Si tiene mucha fiebre, llegando a delirar, tener escalofríos y rigidez en el cuello, consulte al médico.


Pulmonía y pleuresía

El dolor en torno a las costillas inferiores y con tendencia a irse hacia la espalda pudiera ser el primer síntoma de una infección pulmonar. El dolor puede remitirse a la punta del hombro. Puede que tosa, que le duela al respirar y que tenga fiebre. Si tiene estos síntomas debe ir al médico cuanto antes.


Ataque cardíaco

Produce un agudo dolor en el pecho que puede subir hasta la mandíbula o bajarle por el brazo. Puede que también sienta dolor en la espalda aunque no estará limitado a esa zona. El dolor es muy fuerte y va acompañado de alguno o todos los siguientes síntomas: falta de aliento, palpitaciones y sensación de frío, náuseas, mareos y desfallecimiento. Necesita atención médica urgente si tiene estos síntomas.


Ulcera de estómago

Una úlcera de estómago puede producir una fuerte sensación de quemazón en la espalda media, normalmente agudizada tras comidas grasientas o picantes. Si siente esta clase de dolor y sobre todo si además tiene indigestión, debe consultar al médico.


Inflamación del páncreas

El exceso de alcohol puede inflamar el páncreas. Produce un dolor atenazante e intermitente en la espalda media, tal vez relacionado con la toma de alcohol. Un abuso de alcohol puede producir una inflamación aguda, que ocasiona fuerte dolor de espalda o abdominal y requiere atención médica urgente.


Problemas de vesícula

Las piedras en la vesícula o la inflamación de la vesícula biliar, pueden producir dolor justo debajo del omóplato, normalmente acompañado de dolor colicoso en el abdomen, y a veces incluso náuseas y vómitos. Puede que sienta un dolor referido en el hombro derecho tal vez acompañado de fiebre y temblores. Debe consultar al médico si tiene alguno de estos síntomas.

Problemas de riñón

Las piedras en el riñón producen dolor colicoso en la espalda baja y náuseas. Un bloqueo en el tubo que va desde el riñón hasta la vejiga produce dolor en la ingle y la zona de la entrepierna. Si el dolor es fuerte y constante, tiene fiebre y le huele la orina o contiene sangre, probablemente tenga una infección renal. En ambos casos debe beber mucho líquido y ver al médico con prontitud.

Problemas ginecológicos

Los desarreglos ginecológicos pueden producir dolor en la espalda baja. Dolores de menstruación, calambres de útero y tensión pre-menstrual pueden ocasionar un dolor sordo y difundido. Una matriz caída produce dolor sordo y constante en la parte lumbar. La infección del útero o los tubos pélvicos puede ocasionar dolor de espalda, de vagina, flujo en la vagina y dolor en el acto sexual. La mayoría de estos desarreglos producen otros muchos síntomas: si son fuertes debe consultar al médico.


5 Cómo enfrentarse a un ataque agudo

Durante un ataque fuerte de dolor de espalda y tanto si éste viene producido por un disco, un problema de carillas articulares u otro desarreglo mecánico, hay muchas maneras en las que se puede colaborar con la recuperación. Salvo que sea su primer ataque, puede que no sea imprescindible que vaya al médico. Es más, si tiene tendencia a los dolores de espalda, es probable que sepa de antemano lo que le aconsejaría el médico, de forma que tal vez no le sirva de mucho acudir a él todas las veces. El tiempo y el reposo son las curas principales de un ataque agudo.

En cuanto se pase lo peor del ataque quizá pueda empezar a hacer algún ejercicio suave, si bien antes de iniciar cualquier ejercicio debe cerciorarse de que se trata de un simple forzamiento físico o dislocación. Estos desarreglos mecánicos suelen tener una duración limitada, al contrarío que ciertas enfermedades degenerativas. Esto no quiere decir que no le sean beneficiosas terapias como el ejercicio, la manipulación o la tracción; pueden ser de gran ayuda, incluso en aquellos casos en los que su única función es la de acelerar una recuperación segura.
CUANDO CONSULTAR AL MEDICO

Si es el primer ataque que sufre de dolor de espalda, es aconsejable ir al médico. Sin embargo, no es una emergencia que requiera su presencia a media noche, y tampoco se debe esperar una cura inmediata ni un alivio instantáneo.

El médico necesitará saber cuándo empezó el dolor, de qué tipo es, la intensidad, cuánto le incapacita y otras circunstancias que puedan tener relevancia. Su primera labor será diagnosticar la causa del dolor y ver si el ataque está producido por un colapso de tipo mecánico o por una enfermedad. El capítulo siguiente (véanse págs. 74 a 81) esboza el examen inicial del médico y describe otros chequeos que tal vez lleve a cabo a fin de diagnosticar el problema. Por ejemplo, si el dolor se produjo tras ejercicios vigorosos, puede que le mande radiografías para ver si hay lesión de huesos.
Casos urgentes

Los siguientes puntos indican que debe solicitar atención médica lo antes posible.

Dolor insistente. Si padece un dolor de espalda que ni empeora ni mejora demasiado al cambiar de postura (en otras palabras, cambiando la tensión en la espalda), y que aumenta progresivamente a lo largo de semanas y meses, molestando de día y de noche, vaya al médico.

Músculos que se deterioran. Cualquier profunda debilidad o desgaste de algunos de los músculos en una o ambas piernas (en contraposición a una incapacidad temporal para moverse debida al dolor) significa que debe ir al médico. Esto implica lesión considerable a los nervios y puede ir acompañado de una vejiga débil, incontinencia o pérdida de la sensación del reflejo normal para orinar. Puede que también esté afectado el intestino.

Fallos en general de la salud. Si lleva algunas semanas o meses no encontrándose bien, cada vez más cansado, sin apetito, un poco febril a veces, con pérdida de peso, y el dolor de espalda es un factor que destaca en este panorama, debe visitar al médico.

Pérdida de sensación. Un entumecimiento u hormigueo generalizado en una o ambas piernas puede indicar un serio problema y debe ir al médico. Es posible que una hernia importante esté dañando los nervios del canal espinal. El entumecimiento debe distinguirse del hormigueo temporal que proviene de estar mal sentado o tumbado.



Enfocar bien el tema

A estas alturas, la mayoría de los lectores habrá dejado a un lado temores ocultos, y estarán tranquilos porque su dolor de espalda se debe a un sencillo fallo mecánico que se subsanará con el tiempo.

Entretanto, ¿qué se puede hacer? Intente concretar el problema haciéndose las siguientes preguntas:

• ¿Es tan fuerte el dolor que necesita una receta para calmantes fuertes?

• ¿Se puede soportar si encuentra una postura cómoda para relajarse?

• Tras permanecer un rato en una postura cómoda, ¿le resulta menos doloroso moverse de nuevo?

• ¿Se aviene a descansar y esperar una recuperación gradual y natural?

Hay varios consejos útiles para reducir el dolor y mejorar sus posibilidades de moverse con mayor libertad, todos ellos se describen más adelante. Sin embargo, si su estado no coincide con ninguno de los tipos de ataque agudo descritos en el capítulo 4, antes de intentar solucionarse su problema solo, probando cualquiera de las medidas a continuación indicadas, resulta sin duda aconsejable consultar a su médico.


REPOSO Y RELAJACIÓN

Cuando el cuerpo ha recibido casi cualquier tipo de shock físico, el reposo es una parte esencial de los primeros auxilios. En primer lugar, no puede hacer daño si dura poco tiempo, y en segundo lugar, a menudo hace mucho bien. En un fuerte ataque de dolor de espalda, el tumbarse sobre una superficie plana puede muy bien ser lo mejor que se puede hacer durante los primeros días. Es muy importante, sin embargo, no descansar durante demasiado tiempo, puesto que ello pudiera retrasar la recuperación e incluso impedir una recuperación total, ya que la parte afectada pudiera endurecerse.

Hay una serie de ventajas en el hecho de descansar la espalda a base de tumbarse horizontalmente. Se descarga peso de los discos y articulaciones, lo cual alivia el dolor y puede ayudar a que el daño cure. Cuando se está sentado o de pie, la parte lesionada sigue teniendo que soportar la carga normal del peso del cuerpo. Comparada con una presión del 100 por 100 cuando la columna está en posición vertical, la presión es del 75 por 100 tumbados de lado y del 25 por 100 si nos tumbamos boca arriba. Además, con frecuencia el dolor hace que los músculos se encojan en un espasmo instintivo de protección (si uno no se puede mover, no se le puede dañar). Si el dolor se alivia tumbándose, los músculos se relajan, de forma que el dolor producido por músculos tensos desaparece.

Reposar no significa necesariamente echarse: si el ataque no es tan grave como para inmovilizarle, puede que sólo se trate de reducir el grado de actividad diaria. Evite llevar peso, deje de hacer trabajo manual pesado e intente no conducir ni sentarse ante una mesa durante largos períodos. Todas estas medidas ayudan a impedir que el dolor se convierta en un ataque fuerte que le inmovilice.


Relajación

Tumbado, debe intentar relajarse lo más posible, tanto mental como físicamente (véase en la pág. 171 una sencilla práctica técnica para tranquilizar la mente además del cuerpo). No se relajará físicamente si está preocupado por los niños, por terminar el papeleo o por no convertirse en una carga para los demás.



Aprenda a respirar bien

La clave para la relajación muscular es respirar correctamente. Mientras estamos despiertos, la mayor parte de nuestra ajetreada vida transcurre sin fijarnos en cómo respiramos, y puede desarrollarse un hábito fijo de respiración superficial, diafragma tenso y mandíbula y garganta apretadas.

Cuando aspire, deje la boca abierta y relajada en lugar de simplemente ensanchar el tórax, y respire hondo de manera que el diafragma descienda y suba el abdomen. Si el tórax está relajado apenas tiene por qué levantarse —es el diafragma el que proporciona el ritmo automático de la respiración. No intente respirar ni demasiado profundamente ni con demasiada rapidez.

Concéntrese en la espiración. Relaje la mandíbula, abra la boca y deje que el tórax se hunda cuando exhale el aire. A menudo ayuda dejar escapar el aire con un suspiro prolongado y audible.

Imagínese que todos los músculos de cada parte del cuerpo van soltando tensión. Empiece por el rostro, siga con el cuello y continúe bajando. Repita el proceso repasando cada zona.
POSTURAS CÓMODAS

Con frecuencia se recomienda tumbarse de espalda con una tabla debajo del colchón. La tabla sólo es necesaria si el somier es viejo y el colchón tiene flojos los muelles; si la base de la cama es firme, preferiblemente el suelo o la madera, y el colchón es duro pero no demasiado, no hay necesidad de poner una tabla. El colchón tiene que ser duro pero flexible de forma que se amolde al cuerpo. Un colchón vencido es malo para la espalda.



Mantener la columna horizontal

Tumbarse de espalda reduce al mínimo la presión sobre la columna, pero, de pendiendo de cómo sea la lesión, puede no resultar la postura más cómoda Lo importante es que la espalda permanezca horizontal.

Cuando esté tumbado de espalda, utilice almohada bajo la cabeza salvo que esté muy incómodo sin ella, y aún entonces no debe usar más de una, pues de lo contrario la espalda puede curvarse demasiado. Existen almohadas especiales para evitar el dolor de cuello (véase pág. 144). Si se tumba de lado póngase una pequeña almohada entre las rodillas para ayudar a mantener recta la columna.

Tumbarse boca abajo es igual de bueno, si no mejor en algunas ocasiones, que estar de lado. Sin embargo, los efectos varían considerablemente c una persona a otra. Si un disco se está herniando hacia la parte de detrás de la espalda, esta postura puede resultar dolorosa inicialmente.

Si tiene una carilla articular inflamada o tiene un esguince, estar boca abajo también puede resultar incómodo y tanto en problemas de disco como de carillas articulares, la postura Fowler, con las rodillas dobladas, puede ser óptima (véase pág. 69). Esta posición estira ligeramente la parte lumbar abriendo un poco las carillas articulares, acomodando más que pinzando el disco herniado, lo cual a su vez hace que la tensión protectora del músculo se relaje. En los días siguientes vaya bajando las piernas gradualmente a base de ir quitando almohadillas.

Sentarse

Hay personas que encuentran la máxima comodidad sentándose, sin embargo el mayor problema de esta postura es que la recuperación puede ser muy lenta puesto que la presión sobre la parte lesionada será de un 150 por 100 (véase pág. 139). Si realmente está más cómodo sentado, es importante que mantenga derecha la espalda si el dolor está ocasionado por una hernia de disco. Puede que se encorve al sentarse a fin de que el disco no presione contra un nervio, en cuyo caso el peso de la espalda seguirá recayendo sobre el disco e impidiendo que vuelva a su posición debida.



Dolor de cuello

En dolores fuertes de cuello, el simple acto de mantener la cabeza erguida resulta doloroso. Si es así, pase el primer par de días tumbado plano para evitar mayor tensión. Cuando duerma, enróllese al cuello una toalla a modo de bufanda gorda.



Quedarse en cama

Si ha de guardar reposo algunos días, no se sienta culpable y trate de expiar

echando una mano en la casa. Esto anulará todos los efectos beneficiosos del descanso. Déjese cuidar si tiene la suerte de tener alguien a su lado que le ayude.

Para aliviar el tedio, escuche música, lea un libro, vea la televisión o llame por teléfono pero no sucumba a la tentación de incorporarse para jugar a algo o ver la televisión. Quédese plano y coloque un espejo a modo de periscopio o ponga la televisión en un lugar más alto que la cama. Coma de lado o apoyado en el codo.

Cuando hay que hacer reposo, la única razón para levantarse es ir al cuarto de baño e incluso ésta se puede eliminar mediante el empleo de una cuña. La mayoría de las personas padecen de estreñimiento si están echadas: más de unos cuantos días, de manera que para evitar esto, coma alimentos con un alto contenido de fibra y tome laxantes. No se fuerce en el cuarto de baño.

Si caminar resulta demasiado doloroso, vaya al baño a gatas. Para ponerse de pie, cójase de algún mueble.


COMO DESCANSAR LA ESPALDA

Experimente a fin de encontrar la mejor cómodo y, dependiendo de la índole de postura para descansar. No pasa nada su desarreglo, un lado puede resultar por tumbarse de lado si ello le resulta mucho más cómodo que otro.


Plano y de espalda

En esta postura la presión sobre la espalda es mínima; los dolores mejoran con ella, pero asegúrese de no tener arqueada la zona lumbar.


La postura Fowler

Si tumbarse plano de espalda resulta incómodo, doble las rodillas en ángulo recto y apoye las piernas en unos almohadones; esto reduce la curva de la zona baja.


Tumbarse de lado

Coloque una almohadilla entre las rodillas para evitar que las caderas giren columna.


Sujetar el cuello

Se puede aliviar el dolor de cuello dándole más apoyo a la cabeza por la noche. Enrolle una toalla pequeña y póngasela alrededor del cuello. Esto hace las veces de un collarín blando y evita que la cabeza se mueva de un lado a otro.



REMEDIOS CONTRA EL DOLOR

Un fuerte dolor hace que los músculos entren en espasmo, lo cual a su vez aumenta el dolor (véase capítulo 15, Cómo comprender el dolor). Aliviar el dolor, por tanto, no sólo le hará sentirse más cómodo, sino que es parte de la terapia del dolor de espalda. Pruebe alguno de los remedios que aquí se incluyen, pero aunque encuentre un alivio temporal, no caiga en la tentación de volver a la actividad normal hasta que tenga la espalda totalmente libre de dolor y se la sienta fuerte.
Calor ó hielo

Ambos se recomiendan para atenuar el dolor. Puesto que el calor, en la forma de una botella de agua caliente, es más cómodo, merece la pena probarlo lo primero. Coloque la botella en la parte más dolorosa de la espalda y le calmará. Los músculos tensos se relajarán del mismo modo que lo hacen cuando se toma un baño de agua caliente.

Por lo general debe evitar los baños calientes porque aunque alivian el dolor puede darle un ataque agudo al intentar salir.

También se puede aplicar hielo (en forma, por ejemplo, de un paquete de guisantes congelados envuelto en un trapo fino, o cubitos de hielo triturados) sobre la parte dolorida durante unos quince minutos cada dos o tres horas para aliviar el dolor y reducirla tensión muscular.


Medicamentos

Pruebe medicinas caseras como aspirina, codeina o paracetamol. Yo me inclino por la aspirina aunque hay riesgo de irritación gástrica si se usa durante un periodo prolongado, y por supuesto debe evitarla si ha padecido úlcera de estómago. Si la toma con regularidad (para los adultos dos cada cuatro o seis horas durante los primeros cuatro o cinco días), no sólo le aliviará el dolor sino que también reducirá cualquier inflamación. Este efecto último es muy importante en aquellos estados que incluyen inflamación, como pueden ser irritación de las carillas articulares o inflamación en torno a la funda de la raíz dural. La aspirina también contrarresta el efecto irritante de una hernia discal y puede reducir la inflamación producida por una hemorragia interna local en los casos en que los músculos, ligamentos o articulaciones han sido lesionados (la sangre es un tejido irritante cuando está fuera de sus canales normales).

En casi todo el mundo existen otros suaves agentes antinflamatorios de probada seguridad y efectividad qué se pueden comprar sin receta en las farmacias. Es importante saber que estas pastillas van mejor si se toman con constancia más que de forma esporádica, puesto que el control del dolor es mucho mayor cuando se mantienen los niveles sanguíneos.
Masaje

Esto puede ayudar a relajar los músculos además de aliviar el dolor y es un método ideal para probar si cuenta con un cónyuge o amigo dispuesto a dárselo. No es preciso que sea un experto masajista para poder dar un masaje firme pero calmante. Basta con que tenga unas manos sensibles, quiera hacerlo y esté relativamente exento de tensión. Esta actitud tranquila y segura al tocar el cuerpo del amigo o compañero es muy reconfortante. También es importante que quien recibe el masaje esté cómodamente tumbado.

Ante un dolor de columna tenemos una respuesta voluntaria y otra involuntaria. Una acción protectora del músculo impide que se muevan los segmentos de la columna cercanos a la fuente del problema. Esta es la respuesta involuntaria o reflejo. La respuesta voluntaria incluye la reacción de la persona al dolor así como sus miedos y ansiedades, y produce una tensión muscular más generalizada. Este tipo de tensión puede responder de manera muy favorable a un buen masaje. Véanse páginas 172 y 173 para cómo dar un buen masaje.
Vibradores

Hay diversos aparatos eléctricos de vibromasaje que pueden ser útiles. Uno es un aparato de mano con un cono redondeado en un extremo y una superficie más bulbosa en el otro. El extremo en forma de cono se emplea para nódulos especialmente dolorosos en los músculos. El extremo más grande y redondeado es adecuado para grupos de músculos más grandes. Otro tipo de aparato tiene almohadillas vibradoras: algunos modelos incluso tienen un elemento térmico.

Todos estos aparatos de vibromasaje son de uso muy fácil. Ponga el extremo o la almohadilla en la zona más dolorida de la espalda y manténgalo ahí unos minutos. La mayoría de los vibradores tienen un control de variación de frecuencia y uno de intensidad que pueden sintonizarse hasta encontrar la combinación que más alivia. Nunca debe colocarse un vibrador sobre una zona ósea; si el hueso está de algún modo lesionado, los vibradores no surtirán ningún efecto. El vibrador, al igual que los masajes, hace que los músculos se relajen y estimula las fibras nerviosas en la piel, anulando de esta forma los mensajes de dolor. Se dice de ellos que mejoran la condición de los músculos al repercutir en el drenaje linfático y en la circulación, pero esto puede ser un efecto secundario producto de la disminución del dolor y de la relajación de la tensión muscular.
Friegas

Estas incluyen linimento de caballo, bálsamo de tigre, friegas aromáticas y modernas cremas de farmacia. Hay dos tipos básicos: las de base activa farmacológica, como la aspirina, y las de aceites fuertemente aromáticos o irritantes.

Las primeras parecen ejercer el efecto por absorción, llegando a través de la piel hasta las capas internas de los músculos, pero hay pocas pruebas de ello, aunque una pequeña cantidad puede entrar en la sangre.

Los contrairritantes, como el «calor profundo» o el mentolato, surten efecto al crear una sensación de fuerte calor en la piel, que temporalmente «distrae» la mente. Se nota más la sensación sobre la piel que el dolor local muscular o articular (véase el capítulo 1.5 para mayores detalles sobre la percepción del dolor). Una vez el músculo está libre de dolor, se relaja por sí solo.

Sin embargo es muy probable que el mayor beneficio provenga del hecho de que los aceites se aplican mediante masaje sobre la piel. Pueden proporcionar algún alivio en dolencias moderadas pero no tienen efectos duraderos a la hora de atajar de forma definitiva dolores más serios.
VIVIR DÍA A DÍA

Durante un fuerte dolor de espalda, tendrá considerablemente limitados los movimientos. Habrá de adaptarse a este tipo de vida por una temporada restringida, y mientras dure el dolor fuerte, conviene que se mueva lo menos posible. Si tiene que moverse, piense antes de hacerlo, para evitar desatar de nuevo el dolor.


Moverse

En cuanto cambiamos de una postura estática, sometemos de nuevo la espalda a tensión y esfuerzo. Debe iniciar el movimiento tan pronto como empiece a calmarse el dolor. Los consejos que le ofrecemos a continuación en la página siguiente le ayudarán a cambiar de postura con una molestia mínima.


La ropa

Mientras le duela la espalda procure no llevar ropa que sea difícil de poner y quitar como pantalones ajustados. Si puede, evite los zapatos de cordones. En la página siguiente hay algunos consejos que le ayudarán a vestirse sin dañarse la espalda.


El ejercicio

Cuando se haya calmado el dolor fuerte inicial (que puede variar de doce a

veinticuatro horas o de dos a tres días), es importante iniciar ejercicios d movilización. Esto evitará que la espalda se le anquilose y algunos están especialmente ideados para favorecer el que el núcleo gelatinoso de un disco retorne a su centro. Otros estiran suavemente las carillas articulares y quitan la tensión de la columna. Todos se detallan en el capítulo 14 («El ejercicio y el masaje»),
El regreso a la vida cotidiana activa

Puesto que la mayoría de las personas que padecen un fuerte ataque de dolor de espalda o cuello se recuperan por sí solas antes del mes, es probable que después de unos días le apetezca levantarse y empezar a moverse. Es sumamente importante que no arriesgue el progreso que ha hecho ignorando los principios básicos del cuidado de la espalda (véase capítulo 13, «La postura y las actividades cotidianas»). Los tejidos siguen en fase de curación y no deben someterse a un excesivo forzamiento, incluso aunque no sienta dolor alguno. Por todo ello es importante que cuide sus movimientos, y elimine de su actividad cotidiana todo aquello que pueda, aun mínimamente, dañarle.



COMO MOVERSE SIN QUE DUELA

Si se sienta descuidadamente o inclina la espalda mientras se viste, estará sometiendo la parte lumbar de la espalda a un esfuerzo innecesario. Incluso levantarse de la cama puede desatar el dolor. Los consejos que se dan a continuación pueden evitarle tirones dolorosos en las articulaciones de la región lumbar. Con la práctica adquirirá soltura en estos movimientos y debería continuar el hábito de moverse así incluso cuando no 1 le duela la espalda.
LEVANTARSE DE LA CAMA

1 Suba las rodillas a la altura de las caderas y gire hacia el lado.

2 Baje los pies al suelo y siéntese ayudándose con los brazos. Invierta el proceso para meterse en la cama.
LEVANTARSE Y SENTARSE EN UNA BUTACA

1 Acerque los pies cuanto pueda al borde de la butaca (si le es posible incluso más atrás). Al mismo tiempo sitúe las nalgas verticalmente encima de los pies. Mantenga las rodillas bien separadas a fin de proporcionar un buen equilibrio.

2 Mantenga la columna derecha y ponga las manos en los brazos de la butaca.

3 Estire lentamente las piernas y empújese hacia arriba con los brazos.

4 Para sentarse, colóquese junto al borde de la butaca y de espaldas a ella, los pies bastante separados. Mantenga recta la espalda y vaya sentándose lentamente. Apoye las manos en los brazos de la butaca en cuanto pueda.
VESTIRSE

Cualquiera que sea el origen del dolor de espalda estos consejos le ayudarán a comenzar el día. Evite sentarse e inclinarse para vestirse, pues así se fuerza la espalda innecesariamente.

1 Enrolle la ropa de forma que pueda meter las mangas y las piernas rápida y fácilmente.

2 Para la parte baja del cuerpo, sosténgase sobre una pierna y levante la rodilla doblada lo más posible (apóyese contra una pared si lo necesita).

3 Si no puede mantener el equilibrio de esta postura el tiempo suficiente o si le resulta difícil ponerse pantalones o leotardos, intente vestirse tumbado en la cama de espaldas. Suba las rodillas hasta el tórax para meterse la ropa por los pies y a continuación, estire las piernas al tiempo que tira de la ropa hacia arriba. No arquee la espalda para ajustar la ropa a la cintura.




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