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Colegio Humberstone Prof. Francisco J. González Correa Iquique Subsector de Filosofía – III Medio


Los procesos psicológicos
La Percepción


Objetivo General: Analizar y comprender los procesos psicológicos como actividad compleja del ser humano con base biológica y con implicancias en la vida diaria.

Objetivo específico: Conocer qué es el proceso perceptivo y cuáles son sus implicancias.


INTRODUCCIÓN
Percibir objetos en el mundo no es algo tan sencillo como parece, sino que es un proceso mental extremadamente complicado.

A continuación se desarrollará una breve explicación acerca de qué es el proceso de percepción, qué lo compone como también cuáles son las implicancias que este tiene en nuestra vida diaria.


1. LA PERCEPCIÓN ES UN PROCESO BIPOLAR
Espontáneamente pensamos que al percibir algo -este libro, esta mesa, este ruido que llega de la calle- somos totalmente pasivos y receptivos. Pensamos, quizá, que as cosas emiten «copias» suyas a través del espacio, que son recibidas por nuestros órganos sensoriales: así conocemos el mundo tal cual es (esta explicación -que es a más natural - fue dada por algunos filósofos presocráticos, los llamados «atomistas»). Nada más falso: las cosas no emiten «copias» y nosotros no somos pasivos receptores je las mismas. Decía William James: «Parte de lo que percibimos proviene, a través de los sentidos, del objeto que tenemos delante; otra parte procede siempre de nuestra propia mente». Es decir, la percepción es un proceso bipolar que depende, en parte, de las características de los estímulos que activan los órganos de los sentidos y, por otra parte, de la actividad del sujeto perceptor. Y este último, además, utiliza esquemas» perceptivos y está determinado, al percibir, por su aprendizaje, sus experiencias, motivaciones, expectativas, aptitudes, personalidad, etc. Por ello mismo, no somos puros espectadores» pasivos cuando percibimos: la percepción es un fenómeno activo en el que interviene toda la persona, aunque no nos demos cuenta de ello.

Las teorías de la percepción -como veremos más adelante- han dado mayor o menor importancia a cada uno de los dos polos -objetivo y subjetivo- de la percepción. La psicología cognitiva utiliza un «modelo» explicativo muy aclaratorio: la mente es como un ordenador. El que escribe envía una información en forma de impulsos eléctricos a través del teclado; el ordenador interpreta esa información y la procesa mediante el programa que está activado. Aunque la mente humana no sea exactamente un ordenador, todo parece suceder de la misma manera.



La información que recibimos del mundo son estímulos (o "estimulaciones") de carácter físico- La respuesta del organismo son las sensaciones o impresiones sensoriales, que son elementos muy simples que se incluyen en la percepción y que sólo analizando esta última pueden ser aisladas. El hecho primitivo e inmediato para nosotros es la percepción. Las sensaciones son la respuesta del organismo a los estímulos exteriores. Pero en realidad no hay estímulos elementales, sino que se encuentran organizados de acuerdo con la realidad que representan. Por eso hay que hablar más bien de «cosas-estímulos y «respuesta-percepción».

«Físicamente, las estimulaciones que desencadenan la actividad de los sentidos no son, claro es, sino formas de energía que inciden sobre ellos -sobre la retina, el tímpano o la pituitaria-, pero que en sí mismas son psicológicamente «mudas-, por decirlo de alguna manera. Esto es, ni las vibraciones del aire son sonoras ni las ondas electromagnéticas tienen color alguno. El sonido o el color son cualidades que surgieron o cobraron realidad tan sólo cuando unos impulsos nerviosos suscitados por la estimulación del tímpano o la retina alcanzaron las correspondientes zonas de proyección de una corteza cerebral sana y con el tono vital necesario para que en el sujeto existieran procesos de conciencia. (J. PINILLOS, La mente humana. Madrid, Salvat, 1969t pp. 65-67.)
2. LA PERCEPCIÓN ES UN PROCESO DE INFORMACIÓN-ADAPTACIÓN.
La percepción posee un papel esencial en nuestra existencia. Nos facilita información sobre el mundo, posibilitando así nuestra adaptación al medio en que vivimos. Puede decirse, pues, que la percepción existe en función de la vida y la acción.

Cada animal percibe en su medio especialmente aquello que le permite sobrevivir, lo cual demuestra el carácter adaptativo de la percepción. Si el hombre posee una riqueza perceptiva tan grande es porque es el más desvalido de todos los animales y necesita utilizar más medios que ningún otro. Como dice el antropólogo A GEHLEN el hombre compensa sus carencias de adaptación al ambiente (cualquier anima está perfectamente adaptado a vivir en un medio ambiente determinado, y el hombre parece no estar adaptado a ninguno; por medio de la acción. Cuando el hombre -que tiene postura erecta y gira la cabeza contemplando cuanto le rodea- mira en torno suyo, lo que percibe son objetos en los que «se insinúan» múltiples utilizaciones y posibilidades de instrumentalización Así, por ejemplo, al llegar a un nueva sitio -un barrio, una casa, un lugar de trabajo, un paraje donde acampar… -nuestra mirada se hace «circunspecta»: inspeccionamos “en torno nuestro”, para situarnos, reconocer los instrumentos «a la mano», adivinar los caminos, etc. Nos cargamos de percepciones, las guardamos en la memoria (con lo cual nos «descargamos- momentáneamente de

ellas) y allí las tenemos como —disponibles- para cuando nos hagan falta. Por eso nos preguntamos con tanta frecuencia: «Dónde vi algo que podía valer para esto?». Si no media el olvido, recurrimos casi automáticamente a la utilización de todo cuanto hemos encomendado a la memoria y a los hábitos adquiridos. El mundo es nuestro-de la humanidad- porque al percibirlo lo ponemos ya a nuestra disposición.
Los fenómenos de constancia perceptiva revelan la función adaptativa de nuestras percepciones. En realidad, los estímulos que recibimos de las cosas varían continuamente: cambios de iluminación y color, disminución o aumento de los tamaños por las distancias, variación de las formas por la perspectiva, etc. Si lo que percibimos variase igualmente, sería muy difícil reconocer los objetos y. por tanto, sobrevivir. Cuando oscurece, los objetos mantienen su color para nosotros, aunque los estímulos que de ellos recibimos hayan variado notablemente; percibimos un reloj como redondo aun desde una perspectiva que lo hace aparecer ovalado: cuando alguien se aleja de nosotros, su tamaño disminuye mucho menos de lo que debería. Todo ello se debe al fenómeno de constancia perceptiva, que se basa en «mecanismos integrativos profundamente impresos en el sistema nervioso como legado de la evolución» (J. L. Pinillos).
3. LA PERCEPCIÓN ES UN PROCESO DE SELECCIÓN
La función adaptativa de la percepción explica su carácter selectivo: un animal percibe únicamente lo que interesa a su supervivencia. Más adelante daremos cuenta - de un caso -el de la garrapata- verdaderamente extremo. Tomados por separado, la mayoría de los animales poseen órganos receptivos más finos que el hombre (el murciélago oye lo que el hombre no puede oír; el perro -Flush, por ejemplo- tiene un olfato más desarrollado; el lince tiene, ¡naturalmente!, vista de lince, etc.). Sin embargo, el mundo del hombre es mucho más rico que el de cualquier animal particular: “Sólo el hombre tiene – en el sentido “fuerte” del término- Mundo.
Sólo percibimos, sin embargo. 1/70 del espectro electromagnético (entre los 390 y los 700 milimicrones, aproximadamente).

Además, no solamente no podemos percibir sino una mínima parte de los posibles estímulos aun los cuales nos llegan son demasiados y tenemos que seleccionar entre ellas. El cerebro no puede procesar toda la información que recibe. Al sistema nervioso central llega la información de unos 260 millones de células visuales, 48.000 células auditivas, y más de 78.000 células receptoras para los otros sentidos. Para poder procesar solamente la información recibida por los dos ojos, el cerebro humano debería tener un tamaño desmesurado (¡quizá nada menos que un año de luz cúbico¡)

¿Por qué percibimos unas cosas y no otras? La percepción es selectiva. Y la selección se realiza mediante lo que llamamos «atención».
La atención es justamente un mecanismo de selección activa de la información recibida, y también un mecanismo de alerta. Su importancia se basa en el hecho de que la información que recibimos es normalmente excesiva y, en cambio, los recursos del individuo son limitados. Así, la atención permite dirigir los recursos mentales, concentrándolos en una sola tarea o repartiéndolos entre dos o más. Una tarea complicada requerirá la concentración de todos los recursos sobre ella sola. Por ejemplo, se puede paseando con un amigo y, al mismo tiempo, hablando; pero si se le pide que responda a una pregunta complicada, seguramente se parará. Y si el lector de esta página quiere entenderla bien, probablemente tendrá que apagar la radio...

Hacia los años cincuenta, Broadbent propuso el primer modelo de filtro de la atención, presuponiendo que la conciencia actúa como un «filtro» previo que impide que lleguen los mensajes no deseados y dejando pasar únicamente los deseados. El modelo fue más tarde modificado, introduciéndose un mecanismo previo de análisis je los mensajes. Pero, finalmente, el modelo fue abandonado por superfluo. No hace falta tal filtro: cuando un sujeto atiende a un mensaje, elabora un esquema anticipatorio --j que guía la entrada de información. Por ejemplo, cuando buscamos un bolígrafo en una mesa llena de objetos, lo encontramos casi inmediatamente: nuestro esquema de o que es un bolígrafo permite una rápida selección de la información. Pero pudiera suceder que la expectativa dificultara la búsqueda y que no se vea lo que se tiene ante as propias narices: por ejemplo, cuando el esquema de búsqueda presupone que el polígrafo «tendría que estar en esta esquina», o cuando busco un bolígrafo de forma color distinto del que realmente está allí.
Los factores que determinan la atención son muy numerosos:

  • Algunos afectan a la información misma: un objeto llama más o menos la atención según sea la posición del estímulo respecto al observador (¿en qué parte de la página de un periódico colocaría un anuncio para que se viera más?); igualmente respecto a la intensidad (absoluta y relativa), tamaño, color, luminosidad: movimiento y cambios; novedad, etc.

  • Otros afectan al sujeto: fundamentalmente, el interés (determinado por las necesidades del momento, motivaciones personales, impulsos básicos, gustos y ocupaciones profesionales, etc.): todo el mundo sabe que para llamar la atención de los demás basta tratar ciertos temas muy determinados. Por el contrario, se puede dar el fenómeno de defensa perceptiva para estímulos desagradables (no oímos lo que no queremos oír, mientras que nuestro oído se aguza extraordinariamente para lo que nos interesa).


Numerosas teorías han intentado explicar el modo como percibimos. Algunas de ellas han sido ya abandonadas; otras pueden conciliarse entre sí, al poner en evidencia aspectos no incompatibles.


  1. Las teorías asociacionistas (WUNDT) consideran la percepción como un «mosaico de sensaciones», de tal manera que la sensación viene a ser una especie de «átomo cognoscitivo» anterior a la percepción, la cual surge cuando el sujeto asocia posteriormente las sensaciones entre sí. En esta teoría la percepción se explica íntegramente por la suma de sus elementos (sensaciones), y no es un proceso realmente activo: las sensaciones se asocian entre sí de un modo casi “mecánico”-.

  2. La Escuela de la Forma (Gestalt, en alemán) (KÖHLER, KOFFKA, WERTHEIMER) defiende, contra el asociacionismo, que lo que percibimos inmediatamente es un todo organizado (una «forma» o Gestalt), y no sus elementos constitutivos, El todo contiene así más que la suma de las partes (las sensaciones) y es anterior a ellas. Por ejemplo, una melodía es algo más que una suma de notas musicales, puede mantenerse como la misma aunque cambien las notas, y no es percibida «después» de las notas. La «forma» es un dato inmediato de la conciencia y resulta de la organización del «campo perceptivo» según leyes propias e independientes del sujeto perceptor. En consecuencia, las sensaciones son sólo «condición» de la percepción; siempre se encuentran integradas en una percepción y sólo pueden ser aisladas por análisis de la percepción. Por lo demás, esta Escuela concibe la capacidad de percibir como algo innato y, por tanto, no determinado por la experiencia.

  3. La teoría funcionalista (JAMES) destaca los aspectos subjetivos de toda percepción (motivaciones, interés, etc.).

  4. Finalmente, las teorías cognitivas (por ejemplo, NEISSER) destacan la actividad estructurarte del sujeto, que se basa en sus experiencias previas. Tenemos que “aprender” a percibir, y percibimos utilizando esquemas cognitivos almacenados en la memoria.



Ya no se acepta en la actualidad la teoría asociacionista de la percepción. Las otras tres, en cambio, aportan elementos muy valiosos que vamos a recoger ahora.
1. CONFIGURACIÓN DEL «CAMPO PERCEPTIVO»
Fue la Escuela de la Forma la que destacó este aspecto al insistir en el carácter de «totalidad» de lo percibido: lo percibido es una Gestalt, es decir una forma, una figura estructurada. Pero la Escuela de la Forma (uno de cuyos fundadores, Köhler, era también físico) interpreta la percepción desde la teoría física del «campo de fuerzas» (un campo electromagnético, por ejemplo): el campo perceptivo se organiza por sí mismo, según leyes propias, prescindiendo de la actividad del sujeto. Lo que percibimos es una figura (o «forma», Gestalt) que se destaca sobre un fondo. La figura se impone -generalmente- por sí misma, pero su constitución se explica por ciertas leyes de agrupación de los estímulos.
a) Fondo-Figura

¿Qué percibimos en este dibujo (conocido como «copa de Rubin»)? 0 bien una figura en blanco (una copa) sobre un fondo negro, o bien dos caras en negro sobre fondo blanco. No es posible percibir ambas cosas al tiempo: siempre tiene que haber una figura y un fondo (sobre el cual destaca la figura).

La copa de Rubin es un caso de reversibilidad de fondo-figura, pero es un caso poco frecuente. Lo normal es que se imponga lo que suele llamarse buena figura, caracterizada por su simetría, continuidad, simplicidad, regularidad, proximidad de sus elementos, etc.

En algunos casos la figura puede ser ambigua, admitiendo diversas interpretaciones (aunque pudiera suceder que una configuración se imponga de tal manera que sea difícil verlo de otro modo):
Existe un conocido pasatiempo gráfico: “descubra en este dibujo el oso y el cazador escondidos” (por poner un ejemplo). Las figuras, en efecto, pueden “esconderse” en el fondo. Para descubrirlas es preciso un cierto esfuerzo para estructurar el conjunto de un modo diverso.

En general, la distinción entre fondo y figura puede establecerse de la siguiente manera:




Figura

Fondo

Tiene forma y los contornos acusados.

Carece de ellos.

Tiene carácter de cosa dura, sólida compacta, densa, firme, etc.

Posee un carácter más vago y difuminado.

Aparece como cerrada sobre sí misma.

Aparece como envolvente.

Se presenta como muy estructurada y tendiendo a la buena figura.

Parece más uniforme, primitivo, carente de estructura.

Tiene un carácter convexo; parece que se adelanta hacia el sujeto.

Tiene un carácter más bien cóncavo, aparece como detrás de la figura.

Posee color de superficie.

Los colores son más transparentes.

El área figural es más brillante.

Es más apagado y mate.

El área es más pequeña.

El área del fondo es mayor.

Es más acusada y llamativa.

Pasa como más inadvertido.

Está influida, en sus características, por el campo que la envuelve.

Es marco condicionante de las características de la figura.


b) Leyes de agrupación de los estímulos

¿Por qué se impone una figura como «buena figura» sobre otras configuraciones posibles? Veamos los siguientes ejemplos (tomados de L. Davidoff, Introducción a la psicología. México, McGraw-Hill, 1980).





a

b

c