Colección Psicología Conternporánea



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B. Espacios

La preocupación por pensar las relaciones y diferencias entre individuos y sociedades es, sin duda, una característica fundante en las ciencias humanas, las filosofías y las ciencias y prácticas políticas de la Modernidad. En este sentido, se señalan dos espacios donde estas consideraciones se han desplegado; si bien cada uno de ellos ha dado características propias al tratamiento de la tensión entre lo singular y lo colectivo, no está de más subrayar que suelen presentar amplias zonas de entrecruzamiento. Se hace así referencia al espacio científico-académico y al ético-político.

1. Espacio científico-académico
La oposición Individuo-Sociedad ha atravesado la psicología y la pedagogía a través de las interminables polémicas nature-nurture y la sociología a través, por ejemplo, de la célebre oposición Tarde-Durkheim; estas polémicas "clásicas" no sólo han constituido los debates fundadores de las ciencias humanas, por el contrario, pueden encontrarse aun hoy, por ejemplo, en las discusiones sobre el origen del lenguaje, la psicología del conocimiento, etcétera. Atraviesan, asimismo, tanto las diferentes conceptualizaciones sobre los grupos humanos en las diversas orientaciones de la psicología social como también los abordajes psicoanalíticos con grupos: análisis del grupo o en grupo, etcétera.

Se ha señalado que los primeros intentos para comprender, en el campo de la psicología, la problemática grupal, se organizaron en un traslado mecánico de conceptos de la psicología "individual" de la época; en reacción a esta forma de abordaje de corte "individualista" se ubicaron las tesis sustentadas por McDougall, Durkheim, etc., que se refirieron al grupo enunciando una mentalidad grupal.34 Esta polémica se desarrolla en el cruce de un debate entre dos posiciones doctrinarias encontradas, la tesis individualista y la tesis de la mentalidad de grupo; da cuenta, de alguna manera, de la dificultad de poder comprender la articulación del funcionamiento de las fuerzas sociales con los actos de los individuos. Ya Asch señalaba que "los grupos parecen más poderosos y a la vez menos reales que los individuos y, si bien parecen poseer propiedades que trascienden las individuales, sólo los individuos pueden originarios".35

Para la tesis individualista, los individuos constituyen la única realidad y tiende a negar realidad a los grupos, en tanto sostiene que. los procesos psicológicos ocurren tan sólo en los individuos y éstos constituyen las únicas unidades accesibles a la observación. Por lo tanto, si los individuos son los únicos actores reales, el término grupo constituye una ficticia abstracción cuando pretende algo más que referirse a la suma de reacciones recíprocas de los individuos.

De esta forma, para la tesis individualista, en rigor, no existen los grupos; "grupo" será un término colectivo, que hace referencia a una multiplicidad de procesos individuales.

Siguiendo esta línea de reflexión, para comprender los fenómenos sociales debemos rastrearlos hasta llegar a las propiedades de los individuos; de tal forma en tanto éstos son los únicos actores sociales, los acontecimientos de un grupo, las instituciones, creencias y prácticas, siguen los principios de la psicología individual y son producto de las motivaciones individuales. En síntesis, no existe en los grupos, en las instituciones, ni en las sociedades, nada que no haya existido previamente en el individuo.36 "Las acciones de todos no son nada más que la suma de las acciones individuales tomadas separadamente".37

En oposición a las tesis individualistas, se desarrolló la noción de mentalidad de grupo. A partir de la observación por la cual cuando los seres humanos viven y actúan en grupos, surgen "fuerzas y fenómenos" que siguen sus propias leyes y que no pueden ser descritos en términos de las propiedades de los individuos que los componen; afirmarán, por ejemplo, que el lenguaje, la tecnología o las relaciones de parentesco no constituyen el producto de las mentalidades y motivaciones individuales sino que, por el contrario, son procesos que poseen leyes propias, diferentes e irreductibles a los individuos. Algunos autores como Durkheim se refieren al grupo como una entidad mental: "las mentalidades individuales al formar los grupos […] originan un ser […] que constituye una individualidad psíquica de una nueva índole".38 Consideran al grupo como una entidad distinta de la suma de los individuos; afirmarán, asimismo, el efecto de las fuerzas sociales y de las instituciones sobre los individuos. De acuerdo con esta tesitura el individuo aislado constituye una abstracción; fuera del grupo no posee carácter definido, si bien sus potencialidades son necesarias para el funcionamiento del grupo, no son causa de los acontecimientos del mismo. La noción de mentalidad de grupo intenta explicar la frecuente observación por la cual muchos acontecimientos colectivos exhiben una dirección definida, se desarrollan y mantienen a menudo sin relación con las intenciones de los individuos, atribuyendo entonces intencionalidad al proceso en cuestión; en ese sentido es que Asch puntualizó aquello que denominó "la falacia antropomórfica de la tesis de la mentalidad de grupo" ya que, si bien esta corriente parte de una premisa correcta, por la cual se constata que la acción de un grupo produce efectos que superan los efectos de los individuos aislados, a partir de ello deduce la existencia de una mente de grupo que otorgaría dirección e intencionalidad a los momentos grupales. Esta "mente de grupo", en consecuencia, sería cualitativamente análoga a la "mente individual aunque cuantitativamente supra individual".

En síntesis, si bien operaron una importante reacción a las tesis individualistas -tal vez la única respuesta posible en tal momento histórico- localizando la especificidad de lo grupal, quedaron limitados por cierto sustancialismo de la época, no pudieron sostener que los grupos "existían" de un modo cualitativamente diferente a los individuos. Pareciera ser que este antropomorfismo fue la única alternativa con que contaron los primeros pensadores que pudieron demarcar cierta particularidad de lo grupal, no reductible a sus integrantes. De esta forma quedó abierto -ya desde ellos- el camino para largas y reiteradas traspolaciones, en tanto el grupo es pensado como un supra individuo, con los mismos mecanismos de funcionamiento interno, a lo sumo con algunas diferencias de superficie en cuanto a su falta de sostén biológico, pero que en todo caso afectan a la semejanza y no a la analogía, entre ambos tipos de "individuos".39

Esta polémica de tipo académico-doctrinario si bien puede encontrarse en la arqueología de la disciplina, ha atravesado insistentemente el campo grupal. Se hace necesario, por lo tanto, someter a elucidación crítica -desconstruir- dos ficciones. Por un lado, la ficción del individuo que impide pensar cualquier plus grupal; por el otro la ficción del grupo como intencionalidad que permite imaginar que el plus grupal radicaría en que ese colectivo -como unidad- posee intenciones, deseos o sentimientos.

Es importante subrayar que estas referencias a la psicología académica no tienen un interés meramente histórico; puede encontrarse esta polémica en diversos abordajes psicoanalíticos actuales en el campo grupal, donde no es raro encontrar tendencias a personificar al grupo, adscribirle vivencias o tomar las partes por el todo en el análisis de los acontecimientos grupales;40 también pueden encontrarse, por el otro lado, fuertes negativas a pensar alguna especificidad de lo grupal. Ambas posiciones producen, cada cual a su modo, sus obstáculos para poder indagar qué herramientas conceptuales específicas habrá que desarrollar desde el psicoanálisis para dar cuenta de aquellos acontecimientos específicos de los grupos: re-producen, sin saberlo, una polémica que ha atravesado disciplinas de las cuales el psicoanálisis no se considera tributario.
En consecuencia, es importante subrayar que esta antinomia clásica de las ideas sociales -la relación individuo-sociedad en el sesgo que adquiera- se encuentra implícita en toda concepción sobre lo grupal, y generalmente determina en alto grado el "dibujo" que un pensador realiza sobre los grupos. Opera como verdadero a priori conceptual, como premisa implícita desde donde no sólo se piensa la articulación de lo singular y lo colectivo, sino también se "lee" el conjunto de los acontecimientos grupales.

En las ciencias humanas, los a priori conceptuales forman parte del campo epistémico desde donde se constituyen las condiciones de posibilidad de un saber, se delimitan sus áreas de visibilidad e invisibilidad, sus principios de ordenamiento sus formas de enunciabilidad. Operan, por lo tanto, en alto nivel de productividad organizando la lógica interna de las nociones teóricas y el diseño de los dispositivos tecnológicos de una disciplina, desde donde se interpretan los acontecimientos allí gestados. Es decir, que si bien actúan en forma implícita lo realizan desde el corazón mismo de las teorizaciones e intervenciones de un campo disciplinario.

En general estos a priori hacen posible la "resolución" de la tensión de los pares antitéticos por los que oscilan estos campos del saber, los cuales desde su constitución se despliegan en tres pares de opuestos: Individuo-Sociedad, Naturaleza-Cultura, Identidad-Diferencia.41 Cuando esta tensión es "resuelta" puede observarse con frecuencia que suele producirse desde criterios dicotómicos -muy propios del Pensamiento occidental- a partir de los cuales se subsume la lógica específica de uno de los polos al polo contrario que, por lo mismo, cobra características hegemónicas. De esta forma son fundamento de los diferentes reduccionismos, en el caso particular de los a priori referidos al Par Individuo-Sociedad, los reduccionismos psicologistas y sociologistas respectivamente.

Así como estos tres pares antitéticos operan desde los momentos fundacionales de las ciencias humanas, podría incluirse en los últimos decenios otro par: Acontecimiento-Estructura, de marcada conflictividad en vastas regiones disciplinarias de estos campos de saberes y prácticas.



En las distintas teorizaciones sobre los colectivos humanos denominados pequeños grupos, el a priori individuo-sociedad constituye una pieza clave en la demarcación de lo posible de ser pensado, en la organización de aquello que las experiencias grupales demostraran, como así también en las formas de enunciabilidad de sus teorizaciones; y lo que es más, el pensar "individuos" vs. sociedades" se instituye como una fuerte evidencia, es decir como algo natural. En ese sentido, se intenta problematizar, interrogar críticamente los componentes de tal a priori. Para ello habrá que de-construir su naturalización, es decir remitir a la Historia.
¿De dónde surge esta concepción antagónica de individuos ver sus sociedades? Cobra presencia en el escenario liberal europeo de los siglos xvii y xviii, pero merece responder hoy a una fuerte revisión por cuanto ¿qué dimensión es el individuo? ¿qué dimensión es la sociedad'? ¿hasta dónde llegan uno y otra? En realidad, el Polo "individuo" es una perspicaz falacia de las teorías que creen que la sociedad puede definirse como una agregación de individuos, y a su vez el polo "sociedad" es algo mucho más complejo que su formulación descriptiva. Más aún, lo más cuestionable consiste, tal vez, en colocar al individuo y a la sociedad en una relación antinómica.42 En este sentido es elocuente el planteo de Canguilhem:
quizá no se ha observado bastante que la etimología de la palabra hace en realidad del concepto individuo una negación. El individuo es un ser en el límite del no ser, dado que no puede ser fragmentado, sin perder sus caracteres propios. Es un mínimo ser. Pero ningún ser es un mínimo. El individuo supone, necesariamente en sí su relación con un ser más vasto, y apela a un fondo de continuidad que se destaca.43
Como se planteaba en el capítulo anterior la noción del "individuo" se produce en aquel momento de la historia de Occidente a través del cual la "sociedad" es pensada como un conjunto de productores libres; sostiene así las indagaciones de las filosofías del sujeto que se interrogan por el conocimiento del mundo, abandonando las certezas que otorga la fe y el orden religioso para desplegar las diferentes problemáticas de la subjetividad; en este incipiente horizonte económico, tecnológico, político y filosófico se destacará una nueva figura: el individuo, sólida ilusión del capitalismo naciente por la que es pensado indiviso, libre y autónomo. Se crean así las condiciones para el paulatino nacimiento de las ciencias humanas; el Hombre se constituye desde diferentes saberes para ser pensado abriendo un espacio propio a los humanismos, antropologías filosóficas y ciencias humanas; en palabras de Lévi-Strauss:
El pensamiento clásico y todos-aquellos que lo precedieron han podido hablar del espíritu y del cuerpo, del ser humano, de su lugar tan limitado en el universo, de todos los límites que miden su conocimiento o su libertad, pues ninguno de ellos ha conocido al Hombre tal como se da en el saber moderno. El humanismo del Renacimiento o el racionalismo de los clásicos han podido dar un buen privilegio a los humanos en el orden del mundo, pero no han podido pensar al Hombre.44
Es entonces con la noción de individuo (sujeto no dividido de la conciencia) que los saberes modernos organizaron sus reflexiones sobre el Hombre. Pero aun más, también la noción de individuos sustentará las prácticas y teorías del libre mercado, las figuras de la gobernabilidad con el contrato, el consumo y la representatividad de las democracias de la modernidad. Nuevas formas políticas y subjetivas de pensar los enlaces sociales, la regulación de sus conflictos y la forma de negociación de sus contratos.

Como una mera referencia cronológica y sin pretender igualar jerárquicamente estas áreas disciplinarias, puede constatarse que los siglos xvii y xvii, formulan sus interrogaciones centrales hacia el ser del individuo, el siglo xix hacia el ser de la sociedad (Durkheim, Marx), pero habrá que esperar hasta el siglo xx para que puedan tomar forma aquellas cuestiones referidas al ser de los grupos, De todos modos pareciera bastante explicable que los primeros discursos sobre la grupalidad fueran desplegando sus enunciados en el paradigma de individuo-sociedad como pares antagónicos. Paradigma que si bien comienza a ser cuestionado, presenta todavía fuerte vigencia; en realidad, a fuer de verdad, debe reconocerse que si bien transita por un momento de problematización crítica, de de-construcción, no puede hablarse aún de la constitución de un paradigma alternativo que haya encontrado los caminos de superación que los "impasses" que la antinomia individuo-sociedad proporcionaron a vastas regiones de las disciplinas involucradas.

Las teorizaciones que colocan a los grupos humanos como campos de mediaciones entre Individuo y Sociedad, suelen reproducir sin revisar las propiedades antinómicas de estos términos y, en tanto parten de dos conjuntos de opuestos, aquellos campos de la realidad que no serían estrictamente indivisos ni estrictamente macrosociales, como los grupos y las instituciones sólo pueden ser pensados como puentes o instancias mediadoras.

En forma muy esquemática podría decirse que el a priori conceptual opera en los diferentes discursos sobre la grupalidad, de la siguiente manera:




  • La especificidad de lo grupal la aportan los individuos que lo forman; habrá que estudiar individuos en grupo.

  • La especificidad de lo grupal es aportada por un plus a los individuos agregados; habrá que estudiar grupos.

A primera vista se podría pensar que tomar a los grupos como totalidades ubicaría a las teorías que esto sostienen, a favor de la existencia de una especificidad grupal, pero se verá más adelante que no siempre esto es así.

2. Espacio ético-político
La antinomia Individuo-Sociedad tiene también una inscripción ético-filosófica de gran importancia en el plano político, cuyo origen moderno podría ubicarse en la controversia Locke-Rousseau, polémica que se encuentra en la base de la discusión de las democracias modernas, en tanto han planteado como disyuntiva ético-política ¿qué deberá priorizarse, los intereses individuales o los intereses colectivos?45

Estos presupuestos ético-filosóficos se hallan presentes implícitamente en las diferentes preocupaciones por las relaciones de los seres humanos entre sí y opera, desde variados puntos de entrecruzamientos -habitualmente invisibles pero eficaces- en las distintas teorizaciones sobre lo grupal. Su operatividad se vuelve visible según se privilegio lo individual o lo colectivo.

Es frecuente encontrar fuertes explicitaciones de utopías sociales transformadoras en aquellos que desde Fourier en adelante han priorizado lo colectivo. Si bien en quienes han priorizado lo individual no siempre su paradigma ético-político se encuentra tan desplegado, podrían ubicarse aquí aquellas teorizaciones que caracterizan, por ejemplo, los fenómenos de masas y los fenómenos grupales acentuando su irracionalidad, lo regresivo o pensándolos como espacios que amenazan de una u otra forma la identidad, esto es, remarcando su negatividad.46

Estos presupuestos forman parte de los a prior¡ conceptuales mencionados líneas arriba; operan creando las condiciones para que los colectivos humanos sólo puedan ser indagados desde las Mismas categorías que se suponen legítimas para pensar los "individuos".


Puede observarse que también desde las prácticas y teorías políticas se han ido desarrollando determinadas preocupaciones por los grupos humanos. Algunos autores ubican incluso sus aportes como parte de una psicología social no oficial.47 Si bien en este trabajo se abordarán las Preocupaciones académico-científicas sobre los grupos, omitiendo deliberadamente las reflexiones que desde el plano Político han merecido los grupos humanos, sin embargo no podrá dejar de mencionarse el interés que a los políticos y a los cientistas políticos han despertado algunas incógnitas con respecto al grado de participación o pasividad de los colectivos humanos; ha insistido una interrogación: ¿a partir de qué condiciones es posible desarrollara frenar tal potencia] participativo? Esta temática ha estado siempre presente en las polémicas políticas de los movimientos revolucionarios, sea en la oposición Robespierre-Danton, o Lenin-Trotski-Rosa de Luxemburgo (discusión de la capacidad autogestiva de los grupos políticos), o Guevara-Bettelheim (estímulos morales versus estímulos materiales), organización versus espontaneísmo, el Partido como vanguardia "concientizadora" -o no- de las masas, etcétera.

Excede el propósito de este trabajo el análisis de los supuestos que han guiado estas polémicas; de todos modos -y sólo a modo de puntuación- merece señalarse que uno de los múltiples ejes de debate ha estado centrado en dos concepciones políticas de los colectivos humanos, bien diferenciadas. Aquella que ha centrado su interés en guiar, concientizar -y por qué no, muchas veces manipular- tales colectivos y aquella que ha puesto el énfasis en el protagonismo autogestivo de los mismos.

Obsérvese que la preocupación con respecto al montaje de dispositivos grupales eficaces en disponer condiciones de posibilidad para la gestión y la producción colectiva versus la manipulación y la sugestión de tales colectivos humanos -bien denunciada hace ya tiempo por Pontalis-48 es un debate teórico-técnico, pero también ético de absoluta vigencia en el campo grupal. Así, por ejemplo, muchos trabajos de elucidación sobre el lugar del coordinador sostienen este tipo de interés: cómo crear, desde la coordinación, condiciones de posibilidad para la producción colectiva, cómo evitar deslizarse hacia la sugestión, la manipulación; en síntesis, cómo no inducir49. Estas investigaciones se despliegan a partir de una convicción, aquella por la cual los pequeños grupos son significados como espacios virtuales de producción colectiva, y por lo tanto portadores de un plus respecto de la producción individual.
En rigor de verdad esta enumeración en espacios científico-académico, ético-político, presenta solamente un valor expositivo; en los hechos entrecruzamientos permanentes de estos espacios han recorrido la historia de la constitución del campo de saberes y prácticas grupales.

Así, las investigaciones de Kurt Lewin (psicológico de la Escuela de Berlín, emigrado a Estados Unidos en 1930) sobre los grupos democráticos, autoritarios y "laissez faire", se organizaron a partir de una interrogación sobre el nazismo: ¿cómo pudo producirse, desde el punto de vista psicológico, un fenómeno colectivo como el nazismo?, ¿cómo es posible prevenir psicológicamente tales fenómenos?

En Wilhelm Reich, sus elaboraciones sobre los fenómenos de masas y el grupo familiar fueron animados, asimismo, por una pregunta política: ¿por qué las masas obreras alemanas optaron por el nacional socialismo y no por la alternativa socialista o comunista? Esta interrogación lo llevó a analizar el papel jugado por el grupo familiar, redefiniendo la ideología como una fuerza material.

En los primeros pensadores sobre lo grupal: K. Lewin, Moreno, Pichon Rivière, estuvo siempre presente una fuerte preocupación por el cambio social. Pensaban a los grupos (más allá de lo diferentes que pudieran ser sus concepciones de la transformación social o los dispositivos grupales que diseñaron) como instrumentos válidos para la "realización" de las fuertes utopías sociales que los animaron.

Si bien este tipo de preocupaciones parecería estar ausente en la incorporación de dispositivos grupales en el área de la asistencia psicoterapeútica, sin embargo los psicoanalistas ingleses que empezaron a trabajar con grupos, buscaban una forma de abordaje eficaz en la rehabilitación de los combatientes ingleses de la Segunda Guerra internados en los hospitales psiquiátricos militares.

Asimismo pueden señalarse este tipo de enlaces en los aportes sartreanos sobre los grupos humanos. En su Crítica a la razón dialéctica (1960) Sartre abre un campo de reflexión: el hombre frente al grupo y la historia colectiva; reflexión sobre lo grupal pero que busca, sin duda, respuesta a una dolorosa interrogación política ¿de qué manera ha sido posible un fenómeno como el stalinismo?

También se pueden incluir aquí las preocupaciones y replanteos sobre los grupos desarrollados por el Análisis Institucional, de indudables influencias sartreanas. Autores como Loureau, Lapassade, Ardoino, retomarán el interés por los grupos en las instituciones, las condiciones para el despliegue de sus potencialidades autogestivas, la dialéctica de lo instituido-lo instituyente, etc.; dentro de esa línea son significativos también los aportes de Guattari sobre los grupos objeto y los grupos sujeto; es evidente en todos estos autores la importancia del Mayo Francés, como así también su interés por los espacios de autogestión obrera de la Revolución de Octubre y otros momentos revolucionarios europeos anteriores a la Segunda Guerra Mundial.




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