Colección Psicología Conternporánea


D. Primeras puntuaciones antes de avanzar



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D. Primeras puntuaciones antes de avanzar

Luego de esta somera incursión por el campo semántica del vocablo grupo, se hace necesario realizar algunas puntuaciones que permitan delimitar con mayor precisión el área de reflexión del presente trabajo. Frente a algunas preguntas muy clásicas respecto a los grupos, como "¿cuántos individuos conforman un grupo?", se centrará la reflexión sobre conjuntos restringidos de personas; quedan por tanto excluidos de esta elucidación grupos humanos más amplios, colectividades, masas, clases sociales, etcétera.

Se ha visto ya que el mero "juntarse" no constituye un grupo; entonces, "¿cuándo un conjunto de personas se conforma como grupo?". Desde la etimología ha podido observarse que el groppo scultorico poseía cierta forma particular de agrupamiento y que posteriormente el vocablo grupo comenzó a designar reunión de personas, círculo de personas con algo en común, "agrupaciones de oficios, comerciales, etc." Es decir que serán necesarias determinada actividad en común y ciertas formas organizacionales.

Por otra parte, la figura nudo indica que en tal agrupamiento se formarán "anudamientos-desanudamientos". El número restringido de personas no remite, simplemente, a una cuestión formal o numérica; en tanto se lo ha asociado con la figura nudo, se afirma que esta característica: número restringido, orientará en forma significativa los intercambios que entre tales personas se produzcan.

A su vez, si se toma distancia de la inmediatez de su existencia fáctica, se vuelve necesario abrir interrogación con respecto a las instancias organizadoras de estos colectivos humanos, o sea las formas que sus legalidades adquieren.

Habrá que interrogar también si estas peculiares formas de intercambio que parecen ser los grupos, organizan a, o se organizan desde algunas particularidades de las formaciones psíquicas de sus integrantes, o si -avanzando un poco más- producen "formaciones psíquicas propias".

Por último, se advierte que en lo que respecta a los discursos sobre la grupalidad, no es intención de este trabajo realizar un análisis de lo que ha dicho cada corriente significativa con respecto a qué son los grupos; se tomarán tan sólo algunos momentos de tales discursos, aquellos que resulten más instrumentales para el desarrollo propuesto.

Esto es, aquellos aportes fundantes de los tres momentos epistémicos delimitados en páginas anteriores, en la constitución de los saberes y prácticas grupales: el todo es más que la suma de las partes; los organizadores grupales y el agotamiento del objeto discreto.


Capítulo II
LO SINGULAR Y LO COLECTIVO
Y mi soledad no ataca más que la inteligibilidad de las cosas. Mina hasta el fundamento mismo de su existencia. Cada vez me asaltan más dudas sobre la veracidad del testimonio de mis sentidos. Sé ahora que la tierra sobre la que se apoyan mis dos pies necesitaría para no tambalearse que otros, distintos de los míos, la pisaran. Contra la ilusión óptica, el espejismo, la alucinación, el soñar despierto, el fantasma, el delirio, la perturbación del oído…. el baluarte más seguro es nuestro amigo o nuestro enemigo, pero… alguien oh dioses, alguien.30


A. Antinomia individuo-sociedad

Si bien en la actualidad puede considerarse que las relaciones de los seres humanos con el medio que los rodea son inherentes a la propia humanización, el problema de la relación de los individuos entre sí ha sido considerado desde diferentes puntos de vista. Podrían esquematizarse las posiciones más opuestas diciendo que desde una de ellas se considera al individuo, en tanto singularidad, como una realidad en sí mismo; sólo él percibe, piensa, ama u odia, se siente responsable, toma decisiones, etcétera. El grupo, la sociedad, lo colectivo serían generalizaciones teóricas que no tendrían otra consistencia que la realidad misma de ese individuo. En la tesis contraria, el individuo como tal, independientemente de los demás sería una mera entidad lógica. Únicamente el grupo, el colectivo, la sociedad, son reales; sólo a través de dicha realidad se presentifica la instancia individual. Según esta concepción, el individuo sería producto de su ambiente, sea él consciente o no de ello. O, dicho de otra manera, el individuo sería un cruce de relaciones sociales.

Como puede observarse, tanto en una como en otra posición, la relación individuo-sociedad está pensada desde un criterio antagónico, es decir, que ambas "resuelven" la compleja tensión entre lo singular y lo colectivo desde un paradigma disyuntivo -muy propio del pensamiento occidental- según el cual singularidad y colectividad conforman un par de contrarios; presentan, por lo tanto, intereses "esencialmente" opuestos y se constituyen desde lógicas “esencialmente" diferentes.

Se pueden puntuar en ese sentido dos formas típicas de "resolver" tal tensión: el psicologismo y el sociologismo. El primero más frecuente en el pensamiento liberal, conserva la tendencia a reducir los conceptos sociales a conceptos individuales y psicológicos; el segundo, más frecuente en el pensamiento socialista, ha ido en sentido contrario: hacia la reducción de los conceptos individuales a una idea globalizada de la historia y de la sociedad. Ambos fomentan un antagonismo entre individuos y sociedades, el primero en favor de una idea abstracta de individuo, el segundo en favor de una idea abstracta de la sociedad.31

En muchos tramos de este libro se observará cierta insistencia en el señalamiento de sesgos psicologistas o de operaciones de psicoanalismo. No debe entenderse esta preferencia como una consideración de mayor importancia del psicologismo con respecto al sociologismo-, la justificación de tal insistencia radica en otra afirmación: aquella que ubica al psicologismo o al psicoanalismo como los impensables más frecuentes de la cultura "psi". Así, por ejemplo, dentro de las posiciones psicologistas en la psicología académica, puede observarse la presencia de la antinomia Individuo-Sociedad en el campo grupal, en la tajante divisoria de aguas entre "individualistas" y "mentalistas" que recorrió los primeros tramos de este campo disciplinario. A su vez, esta polémica desarrolla nuevas formas argumentases en el campo del psicoanálisis, cuando esta disciplina incorpora formas grupales de trabajo clínico- aquí una de las divisorias se ha establecido entre aquellos que han nominado a su quehacer grupa] como psicoanálisis en grupo y aquellos que lo han llamado psicoanálisis de grupo.

Pero el interés de estas puntuaciones no es sólo histórico, la preocupación con respecto a la tensión entre lo singular y lo colectivo, corno así también la necesidad de su reflexión por caminos que no se deslicen hacia los clásicos reduccionismos cobra absoluta vigencia en la actualidad tratando de superar las formas dicotómicas de abordaje de esta temática. Así por ejemplo interrogaciones tales como: ¿cuál es la dimensión de lo social histórico en la constitución de la subjetividad?, ¿cuál es el papel de la subjetividad en los procesos histórico-sociales?,32 dan cuenta de la necesidad actual de desdibujar las formas antinómicas de pensar esta cuestión. Son interesantes al respecto las preocupaciones que nuclean a los historiadores de Annales para quienes una sociedad no se explica solamente por sus fundamentos económicos, sino también por las representaciones que ella se hace de sí misma. Ha dicho G. Duby en una de sus lecciones inaugurales en el Colegio de Francia:


El sentimiento que experimentan los individuos y los grupos de sus posiciones respectivas y las conductas que dicta ese sentimiento, no son determinados inmediatamente por la realidad de su condición económica sino por la imagen que de ella se hacen, la cual jamás es fiel, sino que es siempre la inflexión del juego de un conjunto complejo de representaciones mentales.33
Obsérvese cómo desde este tipo de planteos, quedan en cuestionamiento diversas antinomias simultáneamente, así no sólo lo singular y lo colectivo sino también lo objetivo y lo subjetivo, lo material y lo ideal, la economía y la cultura, abriendo nuevas formas de enlace entre lo imaginario y lo social.



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