Colección Psicología Conternporánea


B. Una manera de leer, una manera de pensar



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B. Una manera de leer, una manera de pensar

La manera de leer que una actitud de elucidación crítica implica se aleja cuidadosamente de un tipo de abordaje a los textos y autores muy difundido en el medio "psi". Necesariamente debe buscar criterios de lectura que se aparten del texto-verdad, es decir se distancien del supuesto por el cual la práctica de lectura es un acto de revelación; esta forma "bíblica" de pensar el texto como continente de una verdad-revelada-ahí pone al lector en una única posición: el desciframiento; su práctica-religiosa, se dirige a la repetición descifrada -con mayor o menor fortuna- de las enseñanzas de un maestro, poseedor de dicha verdad. Bueno es aclarar que si bien esta manera de leer suele ser muy característica en el medio "psi", no es privativa de él; muy por el contrario, puede observarse en diversos medios académicos y políticos.

Varias son las consecuencias de esta manera de leer; una de las más relevantes es la dogmatización del cuerpo teórico; este proceso posibilita en el plano teórico mismo la gestión de una ilusión: la teoría completa; a partir de esta ficción ninguna invisibilidad será posible de ser pensada, la actitud de interrogación caerá bajo sospecha, las falacias de autoridad serán una práctica cotidiana de legitimación.

Un efecto institucional muy característico de esta situación es la repetición al infinito de la necesidad -podría decirse la urgencia- de clasificaciones que tipifiquen a sus integrantes en ortodoxos y heterodoxos; expulsiones, rupturas y fracciones y pleitos de membresía se suceden cotidianamente.

Estos procesos teórico-institucionales van produciendo una transformación en la posición del discurso en cuestión: de constituir un discurso autorizado -legítimamente autorizado por su sistematización teórica, su rigor metodológico, etc.- pasa a instituirse como el discurso de la autoridad.

Frente a esta forma de lectura es importante evitar tanto la sumisión a la repetición del discurso legitimado, como la descalificación de sus valores de enunciado.12 Por ambos caminos, aunque de diferente, se empobrece la reflexión teórica. El campo grupal no presenta un cuerpo teórico sistematizado; en ese sentido esta situación podría transformarse en una ventaja ya que puede ofrecer mejores condiciones para la formación de un método de pensamiento crítico. Para ello deberá desandar un camino que ha recorrido en los últimos tiempos; aquel que ha intentado territorializarlo como un campo de aplicación de campos teóricos instituidos como sistemas conceptuales totalizadores.

La tradición de la teoría crítica13 ha evitado la producción de sistemas teóricos cerrados, prefiriendo el contrapunto y la interrogación con diversos sistemas de pensamiento. En ese sentido es que en esta propuesta se ha elegido un criterio de lectura des-construcción/re-construcción donde los enlaces teórico puedan realizarse a través de confrontaciones locales y no globales; donde las teorías puedan pensarse desde lo múltiple y no desde lo uno.

Uno de los propósitos de este libro es proporcionar algunas herramientas conceptuales - que ayuden a desdibujar los círculos que muchas veces encierran importantes producciones teóricas en grandes relatos totalizadores. Cuando un sistema teórico se totaliza o bien sufre un proceso de banalización al ser "aplicado" a otros campos disciplinarios o bien opera reduccionísmos insalvables sobre el campo en cuestión. Por el contrario, si se crean condiciones para su des-totalización, al trabajarse sus conceptos local y no globalmente, éstos vuelven a adquirir la polivalencia teórica imprescindible para producir nuevas nociones, para pensar articulaciones hasta ahora invisibles, cuestionar sus certezas, pensar aquello que había quedado como impensable. En síntesis, el contrapunto y la interrogación como método para que las teorías mantengan su vigor en la subversión de aquello que se ha cristalizado como obvio.

Al mismo tiempo, y desde esta perspectiva, la legitimación del campo grupal no pasaría por lograr constituir una Teoría de los Grupos sino por plantearse tal espacio como un campo de problemáticas en el seno del cual habría que discutir sus criterios de demarcación, los rigores epistémicos y metodológicos para que sus contrapuntos locales y no-globales pueda no operar como "caja de herramientas" y no como patch-work teóricos y donde -en función de lo anterior- se pueda:
diluir el fantasma que atraviesa las formaciones grupales, fantasma que confunde las acciones en grupo (dispersivas e intrascendentes) con las experiencias grupales que se realizan orientadas por una concepción desde la cual se analizan y justifican.14


C. Los tres momentos epistémicos

Con el propósito de buscar algún ordenamiento para la indagación a realizar a través de la Babel de los grupos, se señalarán tres momentos epistémicos. En la constitución de saberes y quehaceres grupales, tales momentos, más que indicar un sentido cronológico, expresan ciertas formas características de pensar las legalidades grupales. No puede decirse que unos sucedan a otros linealmente, sino que si bien es posible delimitarlos con cierta claridad, frecuentemente se pueden encontrar rasgos de un momento epistémico en los siguientes.

Los autores o corrientes que se analizan en cada uno de ellos no son excluyentes; ni siquiera podrían considerarse unánimemente como los más importantes. Simplemente son aquellos de mayor difusión en el mundo académico en el marco del cual este libro ha sido gestado.15 Si son ellos y no otros los que se toman en consideración, esto se debe a que han sustentado algunas cristalizaciones de ciertos lugares comunes que interesa poner en interrogación en este libro.
El primer momento epistémico se organiza a partir de pensar al grupo como un todo. La influencia de la Gestaltheorie hizo posible afirmar que en un grupo, el "todo es más que la suma de las partes".16 Hay allí un primera intuición, aquella que otorga a los pequeños colectivos un plus irreductible a la suma de sus integrantes.

Es en la indagación de tal plus que se delimitan los primeros recortes disciplinarios. Entre ellos se destaca, sin duda, la Dinámica de los Grupos.

Más allá de la difusión de las teorizaciones que esta corriente pone en enunciado con respecto a los grupos, es importante destacar que aproximadamente entre 1930 y 194017 se instituyeron ciertos criterios en virtud de los cuales comenzó a pensarse en "artificios" grupales para abordar algunos conflictos que acontecían en las relaciones sociales. Cobran visibilidad conflictos humanos en la producción económica, en la salud, en la educación, en la familia, y las instancias organizativas de la sociedad pasan a considerarlos como parte de los problemas que deben resolver.

Sin embargo, pareciera suponerse que tales conflictos no pueden ser abordados mediante los recursos previamente existentes; exigen nuevas formas de intervención y especialistas adecuados a tales fines.

Desde diferentes puntos de origen se inventa una nueva tecnología: el Dispositivo Grupal, y un nuevo técnico: el coordinador de grupos. Rápidamente se multiplican los diagramas técnicos y los campos posibles de aplicación. A su vez, muy disímiles serán las teorizaciones que intentarán dar cuenta de aquello que acontece en los dispositivos grupales instituidos.

Estos movimientos se sostuvieron desde una convicción: el grupo, en tanto todo, es más que la suma de las partes. Tal plus grupal hace de los grupos, a partir de allí, espacios tácticos con los que se intentará dar respuesta a múltiples problemas que el avance de la modernidad despliega.

Desde entonces, teorizar el plus grupal ha sido una preocupación constante de las diferentes corrientes grupalistas. Todas enfrentan una misma dificultad: el plus grupal es fácil de poner en evidencia, pero se vuelve sumamente difícil producir enunciados teóricos que den cuenta de él y del orden de legalidades que lo sostienen.
El segundo momento epistémico se focaliza alrededor de la búsqueda de organizaciones grupales; es decir nuclea aquellos intentos que buscan dar cuenta de las instancias de determinación que hacen posibles los movimientos grupales que habían cobrado visibilidad en los dispositivos que se instituían por doquier. El psicoanálisis hace aquí aportes insustituibles,18 tanto en el plano teórico como en el diseño y difusión de dispositivos grupales en el área de la clínica psicoterapéutica. Lo mismo podría decirse de los grupos operativos de Pichon Riviére aunque en áreas más vastas: educación, salud, intervenciones comunitarias, etcétera.

En el interior del campo psicoanalítico, la polémica se centrará en dilucidar si los grupos constituyen un campo de aplicación del saber y la técnica psicoanalítico, o si exigirán la elaboración de instrumentos teóricos y técnicos específicos; constituirán sus propios contextos de descubrimiento y -lo que es más- si podrán legitimar sus propias demarcaciones disciplinarias.

Al mismo tiempo, en este derrotero se perfila un conflicto que implicará una dimensión teórica y otra institucional. Teóricamente se discute si el psicoanálisis puede dar cuenta de los aspectos fundantes del campo grupal. O dicho de otra manera ¿el orden de determinaciones válido en el campo psicoanalítico en función del objeto de estudio que esta disciplina ha delimitado, puede extenderse legítimamente al campo grupal?, ¿son los organizadores fantasmáticos que diferentes escuelas psicoanalíticas pusieron en enunciado, los únicos organizadores grupales?, ¿cómo operan los organizadores socio-culturales? y cómo articular los organizadores descubiertos por el psicoanálisis con los aportes de otras disciplinas?

En el despliegue de estas interrogaciones y sus respuestas posibles no jugarán solamente cuestiones teórico-doctrinarias. Aquí opera la dimensión institucional antes aludida, ya que -como en todo campo de conocimiento- sus elucidaciones sufrirán las marcas de las luchas por la hegemonía en el campo intelectual. En nuestro medio este último aspecto cobra particular relevancia, dado el prestigio logrado, dentro de los dispositivos "psi", por el dispositivo psicoanalítico. En tal sentido, suele operar un tipo de presión que cierra estos interrogantes impidiendo su despliegue.19


El tercer momento epistémico20 se perfila, justamente, a partir de las dificultades que presentan las disciplinas de objeto discreto para abordar ciertas realidades disciplinarias sin caer en algún reduccionismo (sociologismo, psicologismo, psicoanalismo). Si las lógicas de objeto discreto21 fueron necesarias para poder realizar las demarcaciones básicas de las disciplinas más formalizadas de las ciencias humanas, hoy muchas de ellas se encuentran preocupadas en encontrar otros instrumentos metodológicos que permitan dar cuenta de aquellas áreas que resisten abordajes unidisciplinarios.22
Esta tarea no es sencilla. Produce fuertes tensiones epistémicas e institucionales. El campo grupal, en la búsqueda de su legitimidad, se despliega hoy en la compleja labor de desmontar dos ficciones siempre recurrentes: la ficción del individuo, que impide pensar cualquier plus grupal y la ficción del grupo como intencionalidad que permite imaginar que el plus grupal radicaría en que ese colectivo -como unidad- posee intenciones, deseos o sentimientos.

El análisis crítico de tales ficciones implica un cambio de paradigmas teóricos y una profunda revisión de las prácticas grupales instituidas. Para tal propósito se enfatiza la necesidad de evitar soluciones reductivas y mantener la posibilidad de sostener algunas tensiones operando en su productividad problemática.

Así, por ejemplo, habrá que transitar la tensión entre las epistemologías de objeto discreto y la producción de redes transdisciplinarias que permitan crear nuevos pasajes de lo visible o lo enunciable en el campo grupal. Esto implica, asimismo, la posibilidad de sostener la tensión entre las especialidades disciplinarias y los saberes transversalizados. En en el marco de tales objetivos que se ha propuesto un criterio genealógico en el análisis de saberes y prácticas que permita referir los mismos a su problematización.

Para ello un par antinómico: Individuo vs. Sociedad exige su elucidación crítica. La de-construcción de este a priori conceptual abre la posibilidad de realizar un pasaje de un criterio antinómico de individuos vs. sociedades, hacia una operación conceptual que pueda evitar una "resolución" reduccionista y se permita sostener la tensión singular-colectivo. Singularidad descarnada de soportes corporales indivisos; colectividad que en las resonancias singulares produce anudamientos-desanudamientos propios. Singularidad y colectividad que sólo sosteniendo su tensión hacen posible pensar la dimensión subjetiva en el atravesamiento del deseo y la historia.


Capítulo I
EL VOCABLO GRUPO Y SU CAMPO SEMANTICO



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