Colección Psicología Conternporánea



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D. La latencia grupal

Lo que no existe insista.

Insiste para existir.

Robinson de M. Toumier


Todo está ahí, latiendo. Con esta frase se propone provocar una primera interrogación que permita repuntar teóricamente el sentido de un término tan controvertido como latencia grupal. Es frecuente, en nuestro medio, pensar lo latente -por una particular metaforización espacial- como lo que está debajo, en las profundidades, por lo tanto oculto, y de tan oculto verdadero… Al mismo tiempo, suele considerarse la latencia como efecto de estructura. Desde tal perspectiva la función de la intervención interpretante es llevar a la superficie -ilusional- las verdades que emergen de las profundidades. Como puede observarse se construye una particular correspondencia entre lo oculto y lo verdadero.

Se intenta reflexionar esta cuestión desde otro lugar. Pensar lo latente como lo que late -ahí- todo el tiempo, insistiendo en la escena grupal; una latencia en los pliegues de la superficie más que en las profundidades. Pero para ello se hace necesario re-significar los términos profundidad y superficie. "Lo más profundo es la piel", decía Paul Valery. Afirma Deleuze que este re-descubrimiento de la superficie y esta crítica de la profundidad forman parte de una constante de la literatura moderna. Cita a Michel Tournier, en Vendredi ou les limbes de Pacifique:


extraña decisión esta que valoriza ciegamente las profundidades a expensas de la superficie y que quiere que superficial signifique no vasta dimensión sino poca profundidad, mientras que profundo signifique, por el contrario gran profundidad y no pequeña superficie.
También se acerca a Lewis Carroll en Sylvia y Bruno, donde la bolsa de Fortunato está presentada como anillo de Moebius, es,.a hecha de pañuelos, cosidos "in the wrong way" de manera tal que su superficie externa es prolongación de la interna; envuelve el mundo entero y hace que lo que está adentro esté afuera, y lo de afuera, adentro.170

A partir de la figura del grupo como nudo, se pretende problematizar -en la lectura de los procesos colectivos- el adentro y el afuera, el arriba y el abajo grupal; sus múltiples hilos se entrecruzan y lo que resalta no son ya los hilos fundantes sino el nudo que han formado: ¿cómo delimitar ahora arriba-abajo y adentro-afuera? Todo ahí, latiendo-insistiendo en los pliegues de la superficie del nudo grupal. Interesa problematizar un esquema que re-instala la duplicidad del modelo arquitectónico superficie-cimientos; todo está en la superficie y no existe un "hinterland" del discurso donde hay que buscar la verdad de lo expresado. La insistencia de lo discontinuo, es lo que permite detectar los puntos de condensación, los pliegues, los intersticios de la misma superficie, más que búsqueda de las profundidades hacer visible lo que sólo es invisible por estar demasiado en la superficie de las cosas. Interrogar críticamente una ideología romántica de lo profundo, como unicidad oculta de las significaciones.171

Los discursos en grupo -más que otorgar alguna certeza por la cual en las profundidades debe encontrarse un sentido oculto, uno solo, y sabiamente escondido entre simulacros de superficie- ponen en juego la imposibilidad de decidir si hay un secreto de verdad entre simulacros manifiestos.

El acontecimiento ya no corno expresión o representación de una estructura subyacente, deseante, económica, social, institucional, sino como producción de múltiples sentidos y algunos sinsentidos: anudando y desanudando inscripciones deseantes, económicas, sociales, institucionales.

Ya no un análisis que marche de los hechos manifiestos hacia su núcleo interior y oculto, sino más bien la elección de un recorrido que puntúa insistencias-latencias, todo ahí, en esa superficie de discursos; múltiples flujos constituyen el acontecimiento, múltiples inscripciones forman el nudo grupal; múltiples sentidos, pero también los juegos del sinsentido, la rareza y la paradoja.

¿Por qué pensar lo manifiesto y lo latente como opuestos? ¿tributos de una ontología platónico que ya encuentra su revisión?; puede resultar de utilidad para pensar esta cuestión el desafío lanzado por Nietzsche-Foucault-Deleuze: la inversión del platonismo; esto significa problematizar gran parte de los a priori desde donde se piensa la vida, se valoran los actos, se organizan los saberes.

Crisis de la teoría de la representación-expresión; mito de la caverna reproducido sin descanso, por el cual un mundo sensible -mera apariencia- es representación o expresión deformada de esencias verdaderas; mundo de imágenes que son copias o simulacros de la Idea. Revisar un contenido manifiesto del eterno retorno que desde el platonismo significa organizador del Caos; eterno retorno del devenir loco, destinado a copiar lo eterno.172

Se intenta pensar los acontecimientos sin renunciar al análisis de las legalidades grupales. La búsqueda por la estructura grupal de la cual los dinamismos y procesos grupales serían efecto, ha sido una forma -estructuralista- de pensar su legalidad.173 Esta lectura abrió visibilidad con respecto a los sujetamientos que hacen posibles la reproducción, la repetición; pero siempre se han encontrado con grandes dificultades para pensar la diferencia, la invención, lo discontinuo, la singularidad del acontecimiento.

Resulta sumamente ilustrativo en este punto el pensamiento de M. Foucault:
Toda una generación ha estado durante mucho tiempo en un callejón sin salida pues tras los trabajos de los etnólogos, se estableció esta dicotomía entre las estructuras por una parte -lo que es pensable- y el acontecimiento lugar de lo irracional, de lo impensable, de lo que no entra y no puede entrar en la mecánica analítica, al menos en la forma que el método analítico ha adoptado en el interior del estructuralismo.

Sin duda, el estructuralismo ha sido el esfuerzo más sistemático para evacuar el concepto de acontecimiento de las ciencias, incluso de la historia. Es importante no hacer con el acontecimiento lo que se ha hecho con la estructura. No se trata de colocar todo en un mismo plano, que sería el del acontecimiento, sino de considerar detenidamente que existe toda una estratificación de tipos de acontecimientos diferentes, que no tienen ni la misma importancia ni la misma capacidad de producir efectos.

El problema consiste, al mismo tiempo, en distinguir los acontecimientos, en diferenciar las redes y los niveles a que pertenecen y en reconstruir los hilos que los atan y que los hacen enfrentarse unos a otros".174
Entonces, todo está -ahí- latiendo. Sin embargo, no todo acontecer cobra igual grado de visibilidad, ni toma forma de enunciado; tampoco sus insistencias son registradas por todos los integrantes de la misma manera. ¿De qué depende que en el flujo de sucesos, advenga un acontecimiento? Si acontecimiento es producción de sentido, dependerá de las figuras que el caleidoscopio identificatorio-transferencial invente; de las implicaciones en que se afecte la coordinación, del momento en que se encuentre la producción de ilusiones, mitos y utopías grupales; del contrato en tanto organizador institucional explícito e implícito; de sus atravesamientos socio-históricos.175 Estas implicancias organizan aquel universo de significaciones que será disruptivamente atravesado por la producción de la singularidad de sentido.

En síntesis, no se trata de orientar la reflexión hacia un indeterminismo, o hacia el mero azar contingente del acontecer grupal, sino de poder pensar los juegos de múltiples marcas; no referir a lo incausado, sino a la coexistencia de cuasi-causas.176



E. Lugar del coordinador
Lo hasta aquí planteado lleva a revisar ciertos aspectos de una teoría de la lectura que, aunque fuera una forma implícita, opera muchas veces en el trabajo interpretativo de los coordinadores de grupo. Aquello que circula en el plano discursivo, gestual psicodramático, los silencios, la organización de los espacios y tiempos grupales, etc., suele ser interpretado desde una particular teoría de la lectura por la cual los acontecimientos grupales serían expresión de un sentido oculto, profundo, que la interpretación debe develar y en ese acto llevarlo a la superficie. Está en juego ahí una teoría de la representación, al decir de Castoriadis, de gran rémora de la caverna platónica.177

El acontecimiento no representa ni expresa; está todo ahí, en tal inmediatez que suele volverse invisible. Si se acepta que el nudo grupal está atravesado por múltiples sentidos y más de un sinsentido, siempre excederán aquellos que desde la implicación intepretante se pueden puntuar; el coordinador sólo podrá puntuar algún sentido, interrogar una rareza, resaltar una paradoja, indicar alguna insistencia y ya no será quien descubra la verdad de lo que en el grupo acontece.

Al resituar la función interpretante desde el lugar develador de verdades profundas hacia la puntuación interrogante, la otra escena no es una escena escondida; ha estado ahí todo el tiempo, late, insiste, y aun así muchas veces su presencia permanece denegada. Esto sin duda redefine un cierto lugar de “poder” del coordinador.

Como pudo verse en el capítulo IV, cuando los psicoanalistas incorporan a su trabajo con grupos reglas técnicas y conceptos teóricos del dispositivo psicoanalítico, además de abrir el campo de la clínica grupal produjeron un importante descentramiento. Crearon las condiciones para hacer posible la separación del lugar de la coordinación de los liderazgos superando gran parte de los efectos de sugestión y del tipo de violencia simbólica que ella implica. Los requisitos para tal descentramiento fueron presentados por Bauleo en 1973 cuando a las ya establecidas condiciones de neutralidad que el dispositivo analítico había aportado acentúa la exigencia hacia el coordinador en la devolución de los liderazgos, de la no apropiación de las producciones grupales por parte de éste y la elaboración desde el momento mismo de la formación del grupo, de su pérdida. Advierte asimismo que expresiones tales como “mi grupo” por parte de un coordinador, más que alusiones identificatorias expresaban un deseo inscripto en criterios ideologizados de propiedad. 178

Estas sucesivas puntualizaciones redefinieron el lugar de la coordinación con respecto al coordinador-líder de la microsociología. De todas formas quedó abierto otro problema: al organizar la lectura de los acontecimientos grupales desde una teoría de la representación-expresión, crearon las condiciones para reinvestir en figura de poder al coordinador; desde tal perspectiva éste queda posicionado en un lugar de “saber lo que al grupo le pasa”; tal coordinador ya no es un líder, pero queda investido en un coordinador oráculo; sólo él puede leer el sentido de los efectos de estructura.

Actualmente, otro descentramiento se vuelve posible en tanto la función interpretante se propone puntuar insistencias, interrogar rarezas, resaltar sinsentidos, enunciar paradojas, etcétera. Ellos laten-insisten en los textos grupales; el coordinador desde su implicación -y no fuera- sólo registra algunos. Por ende, función interpretante realizada desde un lugar de ignorancia. De tal modo, otro requisito se agregará a los ya enunciados: la renuncia al saber de la certeza.

Múltiples sentidos y algún sinsentido que circulan entrecruzados en el acontecer grupal; la intervención interpretante al puntuar algunos de ellos intenta evitar el cierre-obturación que toda evidencia de verdad produce. De esta forma la coordinación hace posible aperturas a nuevas producciones de sentido. Los integrantes compaginan así distintas formas de textos grupales y producen sus juegos identificatorios y sus significaciones imaginarias. El coordinador no es el poseedor de una verdad oculta, sino alguien interrogador de lo obvio, provocador-disparador y no propietario de las producciones colectivas; alguien que más que ordenar el caos del eterno retorno179 busca aquella posición que facilite la capacidad imaginante singular-colectiva.

F. La dimensión institucional de los grupos180

Sin duda las reflexiones señaladas en el punto C de este capítulo, con respecto a las relaciones entre las significaciones imaginarias grupales y lo imaginario social están referidas a situaciones políticas límite, que constituyeron verdaderos traumas sociales. Podría abrirse una pregunta: ¿tan particular relación de texto y contexto es privativa de situaciones sociales límite o, por el contrario, es una constante del funcionamiento de los grupos? Lo que se interroga es si tal ligadura del grupo con los acontecimientos de la realidad "exterior", se produce sólo cuando lo social adquiere un significativo nivel de turbulencia, o si hace a una constante de su funcionamiento. Más bien podría pensarse que este entramado es constitutivo de lo grupal.

Si bien esta opinión deberá fortalecerse con futuras indagaciones, aun cuando se la mantenga como hipótesis, deberá reconocerse que ésta no es una manera habitual de pensar la relación de los grupos con su contexto; más bien opera con mucha frecuencia corno un impensable de lo grupal. Tal vez, especularmente capturados en los grupos plegados sobre sí mismos sólo se hizo visible su presencia en las formas límites de lo social.

Lo social siniestro no sólo comenzó a refutar con insistencia el artificio de los grupos-islas; también mostró la necesidad de reflexionar -más allá de situaciones coyunturales- sobre las formas permanentes de relación entre lo grupal y lo social. Una de ellas es, sin duda, la dimensión institucional.181

Es innegable que las instituciones cubren diversas necesidades de una sociedad; sin entrar aquí en la complejidad de lo arbitrario -no natural- de las necesidades sociales puede decirse que la dimensión institucional no se agota en sus aspectos funcionales. Tiende a normativizar el tipo de enunciados que es pertinente en cada una de ellas autorizando algunos y excluyendo otros;182 por fuerte que sea su inercia burocrática, no es una cosa, sus límites son siempre provisionales y siempre es posible desplazarlos en los juegos instituyentes. En ese sentido una institución es una red simbólica socialmente sancionada en la que se articula junto a su componente funcional un componente imaginario.183

Desde esta noción de institución,184 puede pensarse a los grupos desplegándose en lo imaginario institucional donde inscriben sus prácticas; lo imaginario institucional tanto puede promover como dificultar las actividades de grupo. En ese sentido es que se considera restrictivo leer todos los procesos que en un grupo acontecen sólo desde los llamados dinamismos propios de un grupo o desde el producto de las resonancias fantasmáticas de las singularidades que componen tal colectivo.

Cuando en 1984, al retomar la docencia universitaria, se propuso como una de las primeras consignas para los trabajos prácticos de una cátedra que se estaba organizando, que los alumnos se sentaran en círculo y se presentaran, esta mínima consigna de comienzo de una actividad grupal, produjo diferentes efectos de confusión y pánico, que configuraron una verdadera situación colectiva.

Durante la dictadura el anonimato y la serialidad eran la forma de conservar la vida en las aulas universitarias; el peligro real había pasado, sin embargo en lo imaginario institucional operaba manteniendo determinadas significaciones imaginarias que impedían cualquier agrupamiento, identificación individual, etcétera.

Aquí tal vez fuera pertinente otra reflexión. El ejemplo que antecede tiene la impronta de lo social siniestro; sin embargo pueden encontrarse algunas cuestiones relacionadas a lo que en él se relata en otras situaciones más cotidianas. Cuando se implementan dispositivos grupales en instituciones escolares primarias -y más frecuentemente secundarias- al dar la consigna de agruparse en círculo suelen aparecer chistes, risas, miradas cómplices entre los alumnos, etc.; éstos suelen explicitar en tales casos el riesgo que el dispositivo montado le ofrece en tanto quedan todos bajo una mirada de control por parte del docente. Esta significación imaginaria de “panóptico grupal", si bien esperable en instituciones disciplinarias, no deja de tomar por sorpresa a coordinadores de formación grupalista clínica. Se encuentran allí contrastadas dos dimensiones diferentes del referente institucional. En el grupalismo el propósito de la organización circular del espacio se sostiene en la intención de favorecer determinado tipo de enlaces-desenlaces de las subjetividades que se supone ha de propiciarse al estar todos a la vista de todos. Sin embargo, para los alumnos-integrantes de la institución escolar- esto se inscribe en un eventual propósito de vigilancia y control.

Se abre aquí una pregunta obligada. ¿Esta figura del "panóptico grupal" será exclusiva de significaciones imaginarias de grupos inscriptos en instituciones disciplinarias? ¿Se formará también en los dispositivos clínicos? De ser así, ¿qué impensables de nuestras prácticas la vuelven invisibles para el coordinador? ¿Qué violencia intangible silencia su enunciabilidad en los integrantes del grupo?



Lo imaginario institucional puede promover o incentivar la producción grupal; así, por ejemplo, un grupo de transferencia positiva con la institución en la que inscribe sus prácticas puede operar movimientos grupales que favorezcan o incentiven la productividad del mismo. En sentido contrario, puede observarse que hay grupos que alcanzan sus momentos de mayor despliegue productivo desde utopías grupales fuertemente contrainstitucionales. Muchos son los ejemplos al respecto en las instituciones manicomiales donde equipos profesionales "de avanzada" intentan transformar la situación de alguna sala. Sólo desde una utopía de transformación de la institución, esos pequeños colectivos -habitualmente aislados- pueden enfrentar los paradigmas organicistas y las políticas sanitarias de la psiquiatría clásica. Sólo desde un proyecto severamente contrainstitucional con respecto al manicomio pueden sostenerse prácticas rodeadas de tanta adversidad.
Líneas arriba se ha señalado que la dimensión institucional trasciende los edificios. En tanto red simbólica que articula componentes funcionales e imaginarios, su presencia en los grupos puede tener diferentes grados de visibilidad o invisibilidad. Así, por ejemplo, podría suponerse que en aquellos grupos psicoterapéuticos o de formación que no inscriben su práctica en instituciones públicas, la dimensión institucional en el grupo no ofrece demasiada relevancia. Sin embargo, en el circuito profesional privado ésta se constituye a partir del sistema de reglas que el coordinador instituye conformando un sistema simbólico. Coordinación y sistema de reglas operan como disparador de lo imaginario y crean algunas de las condiciones necesarias para que ese grupo comience a diseñar sus propias formaciones grupales.

Por otra parte la membresía del coordinador a determinadas instituciones teórico-profesionales es una dimensión institucional en el grupo "privado" que no debe subestimarse. El coordinadores investido como el "representante" de ellas en el grupo. De tal forma el sistema de avales o descalificaciones a la coordinación suele operar como mediación de avales o descalificaciones a dichas instituciones. En este sentido, la coordinación soporta también allí no sólo los movimientos transferenciales clásicamente estudiados por el psicoanálisis, sino también toda suerte de transferencias institucionales.


Las instituciones forman parte de las redes del poder social. En circuitos macro o micro, la institución constituye un factor de integración donde las relaciones de fuerza se articulan en formas: formas de visibilidad como aparatos institucionales y formas de enunciabilidad, como sus reglas. En tanto figura intersticial, la institución será un lugar donde el ejercicio del poder es condición de posibilidad de un saber y donde el ejercicio del saber se convierte en instrumento de poder; en tal sentido es un lugar de encuentro entre estratos y estrategias-, donde archivos de saber y diagramas de poder se mezclan o interpretan sin confundirse.185

La inscripción institucional de los grupos constituye, al decir de Lapassade, su impensado, el negativo, lo invisible, su inconsciente.

Quiere resaltarse que las producciones de un grupo nunca dependerán exclusivamente de la particular combinatoria de identificaciones, transferencias, resonancias fantasmáticas, etc., entre sus integrantes. Tampoco será mero reflejo o escenario donde lo imaginario institucional podrá desplegarse. En cada grupo, la combinatoria de sus diferentes inscripciones producirá un nudo propio singular irreductible.

De esta forma, se pretende inscribir lo grupal en lo institucional, sin perder lo específico de la grupalidad. Es necesario sostener tal especificidad sin hacer de los grupos islas y, al mismo tiempo, tomar como vector de análisis la dimensión institucional. Se piensa más bien en un movimiento tal, donde grupo e institución se significan y resignifican mutua y permanentemente. Porque si bien no hay grupos sin institución, ¿qué institución podrá ser aquella que no sea habitada por grupos por momentos aliados o antagónicos, en conflicto, o naciendo a su vez a redes solidarias; vacilando entre los caminos de la burocratización, repetición, disolución, invención y nacimiento de lo nuevo? En síntesis, un grupo se inscribe en un sistema institucional dado, de la misma manera que la institución sólo vive en los grupos humanos que la constituyen.



G. Algunos impensables

¿Cómo opera efectos la institución en un grupo? Es importante señalar que las normas de funcionamiento, la coordinación y el contrato son los indicadores del sistema simbólico-institucional en el que un grupo se inscribe, Este sistema: normas de funcionamiento, formas de coordinación y contrato, opera en un sentido explícito-funcional; sin embargo, su normatividad también operará eficacia como dispensador de significaciones imaginarias grupales.



Normas de funcionamiento
Las normas de funcionamiento, si bien tienen una operatividad evidente en tanto permiten a un grupo organizarse, no es éste el nivel de eficacia que se desea aquí subrayar, sino que se está haciendo referencia a los efectos implícitos que laten-insisten, produciendo significaciones imaginarias donde se atraviesan diversas inscripciones (identificatorias, transferenciales, transgresivas, ideológicas, juegos de poder, etcétera).

En un montaje psicodramático con fines pedagógicos un grupo de alumnos elige dramatizar una primera reunión de "un grupo de obesos anónimos". Cada uno se presenta, dice porqué está allí, qué expectativas trae a esa actividad, etcétera. Al cerrar la reunión quien ha tomado el papel de coordinadora da alguna idea de cómo van a trabajar, explicita las normas de funcionamiento: frecuencia de reunión semanal, duración de la reunión, lugar de la institución donde se realizarán las reuniones, etc.; solicita puntualidad, recomienda pasar a pagar los aranceles por secretaría, se despide "hasta el martes que viene" y levanta la reunión. Quien coordina la dramatización solicita un soliloquio a los participantes, quienes en su mayoría comentan aquello que esta última intervención de la coordinadora del grupo de obesos ha disparado. Algunos explicitan impresiones de protección, otros de molestia frente a la mención de aranceles, ilusión de estar en un buen lugar, sensaciones muy variadas de desconfianza, de encierro, de contención, etcétera. Cuando la dramatización finaliza y se abre la ronda de comentarios al respecto de los alumnos que habían estado observando el ejercicio psicodramático, sus intervenciones también se orientan mayormente en esa dirección. Algunos de los alumnos que se habían mantenido como observadores de la escena se sorprenden al registrarse a sí mismos implicados en la dramatización como si hubieran participado de la misma. También los asombra que una misma intervención de la coordinadora hubiera generado, tanto en los que dramatizaron como en los que observaron, impresiones tan dispares. Como puede observarse, quien tomaba el papel de coordinadora del grupo de obesos al explicitar las normas de funcionamiento crea las condiciones operativas mínimas qué disponen la posibilidad de organizar el funcionamiento futuro del grupo de obesos. Este es sin duda un nivel de eficacia de esta normativa. Junto a estas normas se disparan otros efectos que en el ejercicio relatado toman forma explícita dado el soliloquio solicitado, pero que habitualmente pueden circular en forma implícita produciendo significaciones imaginarias donde se atraviesan diversas inscripciones.

Quiere resaltarse la coexistencia de posicionamientos singulares de los distintos integrantes. Que algunas impresiones pudieran cobrar cierto grado de generalidad o consenso en hipotéticas futuras reuniones no suprime las particularidades. Tampoco es condición para la construcción de significaciones imaginarias que las posiciones con respecto a ella por parte de los integrantes sean homogéneas. De los múltiples sentidos que los textos grupales disparan, los movimientos grupales suelen cristalizar algunos dando origen a los mitos, ilusiones y utopías de ese pequeño colectivo. Aun así esto no significa que se homogeinicen los posicionamientos; sólo sugiere que se han puesto en juego dentro del grupo actos de nominación, procesos de producción y apropiación de sentido, narrativas, metaforizaciones, etcétera. Es decir que tal colectivo ha creado las condiciones para los pliegues y despliegues de sus acciones, sus relatos y sus afectaciones; sus invenciones y sus políticas, sus consensos y sus disensos.
La coordinación
El tema de la coordinación rebasa ampliamente el nivel explícito funcional, operando desde múltiples eficacias simbólico-imaginarias. Este punto invita a re-pensar dos problemas:


  • la relación entre las formas de coordinación y sus posibles lugares de poder;

  • la caracterización de los movimientos transferenciales en los grupos.

Con respecto al primer punto debe señalarse que los posibles lugares de poder que la coordinación ocupe varían según la forma de coordinación adoptada. Es importante aclarar que la mención de este posible lugar de poder no supone que éste sea el único lugar de poder dentro de un grupo ni el más significativo. Es sólo uno posible.186

En el punto E, "Lugar del coordinador", se ha señalado la importancia del descentramiento producido por el aporte de los dispositivos psicoanalíticos en el trabajo con grupos. Estos, al permitir la diferenciación de la coordinación de los juegos de liderazgos crearon las condiciones para superar gran parte de los efectos de sugestión y el tipo de violencia simbólica que caracteriza a sus mecanismos de inducción. Se puntualiza posteriormente que la devolución de los liderazgos al grupo debe ir acompañada de la elaboración por parte del coordinador de la renuncia al grupo desde el comienzo mismo de la actividad.

Estas sucesivas demarcaciones hicieron posible delimitar un lugar de la coordinación ya definitivamente diferenciado del perfil de coordinación que durante años había instituido la microsociología.

De aquel coordinador-Iíder a un coordinador-oráculo: sólo él sabe lo que el grupo dice cuando sus integrantes hablan.

Asimismo se toma en consideración otro descubrimiento que se opera en la actualidad demarcando otro espacio para el lugar de la coordinación y la función interpretante. Forma de interpretación que puntúa insistencias, interroga rarezas, resalta sinsentidos y paradojas. Lugar de coordinación que renuncia a un saber de certezas, evita el cierre de sentidos que las evidencias de verdad producen de manera tal de situar la coordinación en aquella posición que facilite la capacidad imaginante singular-colectiva.

Frente a esta manera alternativa que la coordinación adquiere es importante puntualizar algunas cuestiones, En primer lugar, no habrá de confundirse esta renuncia al saber de la certeza con vacilaciones o ambigüedades en las intervenciones de la coordinación. Renuncia a una forma de certeza y no abandono de la intervención interpretante. En segundo lugar -y en función de lo anterior- tal renuncia no exime a quien se posicione como coordinador de una formación específica en los conocimientos teóricos y técnicos que lo legitimen para su función.187 Está en juego aquí otra manera de intervenir, otra noción de interpretación. Es desde este replanteo que se diseña una coordinación jugada desde otro lugar. Para ello se hace necesario una observación permanente, por parte del coordinador, de su lugar y una rigurosa formación especializada en grupos.

¿Por qué esta insistencia en no fijar sentidos desde la coordinación? La renuncia al saber de la certeza se funda, sin embargo, en una certidumbre. Aquella que otorga a las gestiones de los colectivos humanos la capacidad de imaginar y transitar sus propios senderos, Senderos a inventar en los cursos y recursos de su dimensión ilusional: repliegues en sus ficciones y despliegues de sus acciones, a partir de sus utopías.188 Doble e incesante movimiento que novelará sus relatos, caracterizará sus prácticas y los implicará en la Historia.

Con respecto a la caracterización de los movimientos transferenciales en los grupos es obvio que la coordinación produce efectos de eficacia induciendo y ofreciéndose para la producción de amplios y variados movimientos transferenciales.189 Pero es importante detenerse un momento en este punto porque no sólo se mueven aquí -como se apuntaba líneas arriba- movimientos transferenciales, en el sentido psicoanalítico que habitualmente se da a este término. En realidad en la figura del coordinador no sólo se transfieren imagos familiares, sino también transferencias institucionales; así muchas veces éste es vivido como el "representante" de la institución donde el grupo inscribe su práctica. Y lo que es más, estas transferencias institucionales no necesariamente actualizan familiarismos edípicos sino que transfieren dimensiones actuales del conflicto social. Este criterio amplio de transferencia suele quedar en invisibilidad en la lectura de los acontecimientos grupales; cuando así sucede se produce un particular reduccionismo; este “familiarismo transferencial" suele convertirse en uno de los principales instrumentos tecnológicos de los grupos-islas. Se instrumenta allí una noción de fantasma "privatizado", es decir vaciado de sus posibles afectaciones institucionales, sociales y políticas.190 De tal forma, se crean las condiciones para descontextuar al grupo; para que esto sea posible ha sido necesario denegar los dimensiones institucionales y socio-políticas, es decir, lo público. Pero, si el contexto es texto grupal, en realidad, de-textúan, es decir vacían, exilian, desterritorializan del propio grupo la dimensión socio-institucional que late en él -pese a todo- permanentemente.

Qué dimensión es así exiliada, desterritorializada, denegada" Se deniega lo que ilusoriamente se ha puesto en un "afuera" grupal, invisibilizando o interpretando familiarísticamente problemáticas tan específicas como por ejemplo los juegos de poder dentro del grupo y/o en relación a la institución, la problemática del dinero, los conflictos surgidos en función de los niveles de apropiación de los bienes simbólicos y materiales que un grupo produce, los aspectos transformadores de los movimientos instituyentes grupales, fermento transformador y no mera transgresión a los equivalentes simbólicos de la prohibición del incesto.191 En síntesis, se exilia la política de los grupos -su política-familiarizando, edipizando sus rebeliones y sus sumisiones.

La propia existencia grupal implica para subsistir reglas y obligaciones, lleva en sí la violencia que los dispositivos de las Relaciones Humanas han enmascarado, o que ciertas narrativas psicoanalíticas han reducido a espejismos edípicos. La emergencia de la irreductible violencia, cuando se vuelve visible a sus integrantes, define la dimensión política del grupo, es decir, la dimensión de sentido con respecto al poder, cuyo ejercicio puede llevarse a cabo a través de diversas figuraciones y modalidades: la propiedad de los bienes -sean materiales o simbólicos-, la economía de los intercambios, la localización de las instancias normativas ideales, los valores congnoscitivos, etc.192 El sentido se aliena en estas configuraciones ya que la política es -entre otras cosas- la incesante reapropiación tanto del sentido como de los puntos en los que se articula la alienación del sentido para cada cual. De alguna manera, cuando se invisibiliza la política de los grupos -sus propios juegos de poder- familiarizando, edipizando sus rebeliones y sumisiones, tras un aparente tecnicismo aséptico se ejerce una violencia: la apropiación de sentido, que politiza, despolitizando su lectura.

El contrato o la edad del capitán
-En un barco hay 26 ovejas y 10 cabras. ¿Cuál es la edad del capitán?" En una investigación realizada con alumnos que oscilan entre 6 y 12 años en escuelas primarias francesas 193 de 97 alumnos, 67 respondieron la posible edad del capitán realizando operaciones con los números del enunciado. Frente a esta respuesta "absurda" a un problema absurdo los investigadores construyeron luego una lista de problemas del mismo tipo agregándoles una pregunta: ¿Qué piensas tú del problema?" De 171 alumnos encuestados, 121 respondieron, sin expresar duda sobre las características del problema planteado por el docente. Algunos reconocen que el problema es un poco tonto o raro, pero no dudan . en la validez del mismo y rápidamente entregan su respuesta.

¿Qué sostiene este absurdo?

El tipo de problema planteado pone dos lógicas en conflicto: la lógica del pensamiento operatorio de los niños, y la lógica del contrato didáctico. Una profana, lógica natural, la otra sagrada, ritual, que está inserta en la trama del contrato. Sagrada en tanto organizada en el ritual escolar, profana en tanto abandonada en la puerta de la clase.

Como puede observarse se necesita una intervención disruptiva -el problema "absurdo"- para que las dimensiones del contrato didáctico cobren visibilidad. De lo contrario, está ahí operando como un verdadero organizador institucional, -pero también- subjetivo de las prácticas de alumnos y docentes en la escuela.

El contrato didáctico rige la interacción didáctica entre el maestro y el alumno a propósito en un saber; los contratantes despliegan sus prácticas en una institución inventada a tal efecto. El contrato organiza para los contratantes -dice Chevallard- una Weltanschaaung particular, una visión del mundo: didáctica, excluyente y en varias maneras extraña a la visión del mundo donde evolucionan los individuos ordinariamente; se instaura allí una cierta concepción de las cosas del mundo pedagógico que no son las mismas fuera de ese mundo. En tal sentido, para comprender el problema de la edad del capitán es necesario pensarlo a partir del sistema generador de sentido que constituye el contrato didáctico.
Sorprendente investigación. En nuestro campo también el contrato grupal al explicitar las normas de funcionamiento establece un acuerdo entre las partes, un código y sus rituales. Esta es su dimensión explícita funcional; a partir de ella se disparan diversas significaciones imaginarias (ver ejemplo de dramatización de obesos anónimos). Nunca está todo dicho en un contrato. Sus dimensiones no dichas, implícitas, operan sus efectos en latencia. A partir de allí puede inferirse que en el contrato grupal -podría hacerse esto extensivo a los contratos "psi"- se instala también una cierta concepción de las cosas que no son las mismas fuera de ese mundo, es decir se produce un sistema de significaciones que construye -y da sentido- al contrato grupa¡.

Es importante no apurar maniqueísmos y saltar a imaginar posibilidades de agrupamientos por fuera de contratos. Así como sin contrato didáctico no hay enseñanza ni aprendizaje posibles, no pueden pensarse dispositivos grupales por fuera de contratos. Estos normativizan enunciados y prácticas como también sus lógicas- estableciendo qué es pertinente, en determinada inscripción institucional y qué no lo es. Por lo tanto, al demarcarlo, hacen posible el campo de intervención.


De todas formas ¿cuál será la edad del capitán en nuestros contratos "psi" ?

ADDENDA

EL CAMPO GRUPAL: CURA E IMAGINARIO SOCIAL194
El universo de la significación clausura toda posibilidad de acceso a la singularidad del sentido.
Jean Oury

El campo grupal se despliega en la compleja labor de desmontar dos ficciones, siempre recurrentes: la ficción del individuo (sujeto indiviso de conciencia) que impide pensar cualquier plus grupal, y la ficción del grupo como intencionalidad que permite imaginar que tal plus grupal radicaría en que ese colectivo -como unidad- Posee intenciones, deseos y sentimientos.

El análisis crítico de tales ficciones implica la revisión permanente de los paradigmas teóricos y de las prácticas grupales que se instituyen.

Esta permanente revisión de los criterios teóricos y de los dispositivos diseñados ha constituido una constante epistémica de nuestro trabajo con grupos. Desde tal perspectiva se abordan en esta ponencia una serie de consideraciones sostenidas desde una interrogación: ¿qué instituimos cuando instituimos grupos?

Los dispositivos grupales, en tanto espacios tácticos pueden diseñarse e implementarse de maneras muy diferentes.

Si por cura entendemos aquel operador conceptual –pero también ético- que ha permitido desmarcar las intervenciones "psi" de los discursos y dispositivos médicos de la curación, pero también aquel conjunto de nociones que permiten interrogar a una intervención "psi" por sus eventuales efectos de sugestión, supresión de síntomas, ortopedias del yo, maternajes terapéuticos, etc.., la problemática de la cura abre en el campo grupal varias cuestiones específicas. Si bien tales cuestiones suelen hacerse más evidentes en el diseño del lugar de coordinador, atraviesan todo el dispositivo grupal.

El lugar de la coordinación se instituye desde la renuncia al liderazgo y al saber-certeza de lo que en un grupo acontece. Implica, por ende, crear condiciones para superar los efectos de sugestión y el tipo de violencia simbólica que caracteriza a sus mecanismos de inducción. Sus intervenciones puntúan insistencias, interrogan rarezas, resaltan sinsentidos y paradojas de manera tal que al interrogar el universo de significaciones circulantes, crea condiciones de acceso a la singularidad de sentido.

La cuestión de la articulación singular-colectivo que supera la antinomia individuo-grupo, como la redefinición de la latencia grupal como aquello que late-insiste en los pliegues de la superficie, permiten sortear algunos lugares comunes en las prácticas grupales, tales como interpretar al grupo, leer estructuras subyacentes, buscar un inconsciente. grupal, etcétera. Asimismo evita sobreimpresiones de efecto-masa, que en realidad, más que una característica esencial o inherente a los dispositivos grupales, son un efecto producido por un tipo particular de coordinación que confunde lo colectivo con lo homogéneo y busca lo idéntico donde debería encontrar resonancias de singularidades.

Cuando los dispositivos grupales trabajan con montajes de escenas (psicodrama psicoanalítico) se vuelve imprescindible un trabajo que evite la escena como catarsis, expresión de sentimientos y/o exhibición, es decir, es necesario desmontar aquellas significaciones que vuelven sinónimos cura y descarga. Festivales narcisistas, coordinador-mago, animadores grupales, son las denominaciones con que algunos colegas195 han caracterizado estas formas de trabajo con grupos con las que venimos polemizando hace mucho tiempo.

Estas sinonimias suelen apoyarse en ideologías que valoran la espontaneidad y la creatividad fruto de los "buenos" vínculos, soslayando en relaciones humanas no conflictivas la irreductible violencia.

La preocupación con respecto al montaje de dispositivos grupales eficaces en disponer condiciones para la gestión y la producción colectiva versus la manipulación y la sugestión de los colectivos humanos -bien denunciada hace ya tiempo por Pontalis-, es un debate teórico-técnico, pero también ético, de absoluta vigencia en el campo grupal. Así, muchos trabajos de elucidación sobre el lugar del coordinador sostienen este tipo de interés: cómo crear, desde la coordinación, condiciones de posibilidad para la producción colectiva, cómo evitar deslizarse hacia la sugestión, la manipulación; en síntesis, cómo no inducir. Estas indagaciones se despliegan a partir de una convicción. Aquella por la cual los pequeños grupos son pensados como espacios virtuales de producción colectiva En tal sentido el coordinador no es quien descifra o traduce una verdad oculta, sino alguien interrogador de lo obvio (universo de significaciones). Provocador o disparador, pero no propietario de las producciones colectivas, alguien que más que presenciar el desfile de juegos especularas en un escenario grupal, se implica al abrir condiciones para que, desde el universo de significaciones que circulan en un grupo, se acceda a diversas singularidades de sentido.

En síntesis, posición que vacila en su neutralidad, pero insiste en ella permitiendo identificaciones y transferencias en red.

La complejidad del lugar del coordinador, como la especificidad teórico-técnica de los dispositivos grupales, hace necesario un proceso de formación del coordinador, que no siempre suele visualizarse en su complejidad. Para sostener un posicionamiento de coordinador de grupo es necesaria una formación específica, y no agregar algunas técnicas o juegos a la formación preexistente. Incluye, junto a formación teórica multidisciplinaria, una experiencia prolongada en un grupo terapéutico o de formación; adquirir el oficio de la coordinación supone tanto el pasaje por experiencias grupales como formación teórica específica.

Las formas de coordinación criticadas líneas arriba suelen ser salidas fallidas por falta de formación especializada.

Estos son algunos de los requisitos de confiabilidad que, desde la perspectiva que aquí se supone, es necesario instrumentar al diseñar dispositivos grupales. Tales requisitos no son excluidos de los diseños grupales en el área de la clínica. Muy por el contrario, son condiciones de formación y coordinación de todo dispositivo grupal En tal sentido, otro requisito que podría agregarse a los ya enunciados es que quien instrumentaliza este tipo de prácticas, junto al entrenamiento de pensar en escenas, va organizando una particular disposición: la producción permanente de diferentes diseños de intervención. Esta capacidad imaginante implica el desarrollo de otra disposición: la elucidación crítica de los instrumentos que se instituyen evitando su autonomización es una pragmática.

Si estos requisitos son inherentes a todo dispositivo grupal que sostenga las prioridades antes señaladas, la dimensión institucional -ese impensable de los grupos, al decir de Lapassade- atraviesa sus producciones marcando de manera particular sus formaciones. En tal sentido, se hace necesario señalar que la inscripción institucional en la que un dispositivo grupal despliega sus acciones y sus ficciones produce efectos que si bien una "dinámica de grupos" invisibilizó, hoy han permitido importantes reflexiones teóricas y técnicas.

Estas son -en muy apretada síntesis- algunas de las líneas de debate que se despliegan hoy en el interior del campo grupal en los avatares de su legitimación.

II

Otro punto que interesa abordar en esta ponencia se refiere a la implementación de dispositivos grupales clínicos en servicios hospitalarios.

Dicha implementación no se agota con "abrir grupos psicoterapéuticos". Los grupos en serie o serie de grupos resuelven sólo un problema: la cantidad-de pacientes abordados, pero no la calidad y continuidad de las prestaciones. Si la oferta es grupal, para que ella sea efectiva debe asentarse en una organización también grupal.196 Es decir que el conjunto de profesionales involucrados se instituya como equipo, esto es que diseñe colectivamente los dispositivos a implementar, evalúe su desarrollo, trabaje como conjunto en sus actividades de formación, analice las demandas que recibe, elabore sus estrategias y políticas institucionales con otros servicios y con la comunidad, participe de la gestión de las políticas en salud, etcétera.

La institución de equipos hospitalarios debería tender a una integración multidisciplinaria, donde si no prima una noción restringida de su lugar institucional, enfermeros y asistentes sociales juegan un papel destacado. Esto implica, por supuesto, re-pensar las territorializaciones -muchas veces excesivas-, de nuestra práctica.

Un equipo supone, asimismo, la periódica institución del mismo como grupo, creando un espacio para pensarse a sí mismo en sus logros y dificultades, en sus conflictos, en sus atravesamientos, políticas, etc. Es importante diferenciar esta propuesta de algunas concepciones que estimulan un grupismo en los equipos y que tiende a producir narrativas afectivo-familiaristas del acontecer de los mismos.

Cuando algo de todo esto logra implementarse, es interesante constatar que los equipos adquieren una dinámica muy particular donde inventan diseños de intervenciones de todo tipo: grupos de admisión, trabajos comunitarios, grupos de reflexión, asambleas de sala, grupos de lectura de diarios, talleres expresivos, actividades de huerta, etcétera. Las supervisiones en dispositivos psicodramáticos colaboran sustancialmente en esta modalidad.197 Se Crean mejores condiciones para escuchar demandas de la comunidad más abarcativas que lo asistencias y, si el territorio no se ha compartimentado con excesiva violencia, se establecen relaciones con otros servicios de interés mutuo.

En síntesis, interesa subrayar dos ideas:


  • una oferta de grupos, presupone una organización grupal del servicio;

  • tal oferta y tal organización diseñan sus dispositivos, sus necesidades de formación, a partir de la especificidad de la institución donde inscriben sus prácticas.

Para transformar estos lineamientos generales en el cotidiano de un servicio, las dificultades son de todo tipo; desde aquéllas más generales que implican desmarcarse de fuertes pautas de la cultura hospitalaria. donde oferta y demanda se sostienen desde criterios de curación, pasando por la inestabilidad de los equipos por concurrencias ad honorem, las inercias burocráticas, la falta de presupuesto, etcétera.

Junto a estas dificultades generales quiere subrayarse un obstáculo particularmente efectivo en la organización grupal de los servicios: un peculiar imaginario "psi" que vuelve invisible lo específico del espacio público y trata de re-producir en espejo los dispositivos y contratos privados.198


III

Antes de comenzar a desarrollar las reflexiones al respecto, se hace necesario demarcar el uso que se da al término imaginario en esta ponencia. Tal término no se utiliza aquí en su acepción psicoanalítica. Por el contrario, se trabaja con la acepción que en los últimos años va adquiriendo en Historia y Ciencias Sociales.

¿A qué se alude con el término Imaginario Social? Este término, de uso frecuente pero ambiguo en la Historia de las Mentalidades, es precisado por C. Castoriadis199 para referirse al conjunto de significaciones por las cuales un colectivo, un grupo, una sociedad, se instituye como tal, inventando no sólo sus formas de relación social y sus formas contractuales, sino también sus figuraciones subjetivas. Así, por ejemplo, la Antigüedad, para instituir la esclavitud, tuvo que inventar, imaginar, que un grupo de personas fueran percibidas como animales. En tal sentido, la esclavitud -como otras figuras de la Grecia antigua: el ciudadano, la polis, etc. - conforman el conjunto de significaciones imaginarias que instituyeron la sociedad democrática griega como tal, estipulando lo permitido y lo prohibido, lo valorado y lo devaluado, lo bueno y lo malo, lo bello y lo feo.

Lo imaginario social cuenta con mitos, rituales y emblemas (lo imaginado o imaginario efectivo) que tienden a la reproducción de tal instituido y, por tanto, permiten anudar el deseo al poder, e instancias instituyentes que darán lugar a prácticas transformadores y diseñan las utopías (lo imaginario radical) en tanto conjuntos de deseos no anudados al poder.




iv

El imaginario "psi" al que hacemos referencia produce sus contratos, dispositivos rituales y emblemas invisibilizando la especificidad del público. En tanto re-produce en espejo el privado -se trata de que los tratamientos hospitalarios se parezcan lo más posible a los abordajes privados- se produce una inevitable degradación de contratos y dispositivos privados.

Esta degradación pareciera que no llega a constituir un eje de preocupación, ya que tales prácticas -de todos modos- forman parte de los actos de legitimación necesarios para la institución de la emblemática profesional y posibilitan un entrenamiento que, si bien beneficiará al usuario privado más que al hospitalario, van otorgando un saber-hacer del profesional "psi" considerado básico. Como el estado sostiene desde siempre la salud mental en la Argentina con un voluntariado ad honorem -somos aves de paso, decía un concurrente- se incluye activamente en tal particular pacto entre el privado y el público.

Como consecuencia de ello al denegarse la especificidad del espacio público, se despilfarran aquellas potencialidades y posibilidades que éste ofrece; al no existir en el privado se transforman en impensables o su rechazo los vuelve inviables.

Este imaginario profesional que reduce el despliegue de su capacidad imaginante (imaginario radical) a la reproducción de rituales y emblemas válidos para otro espacio (imaginario efectivo), debe encontrar alternativas que permitan sostener las tensiones y contradicciones que tal denegación con sus consecuencias (degradación-despilfarro) producen.

En tal sentido sostiene sus tensiones a través de un proceso de reducción semiológica de sus referentes teórico-técnicos por el cual se establecen complejos procesos de autonomización de sus códigos.200 Se organizan varios mecanismos que, si bien en algún posible momento fundacional podrían actuar por separado, operan generalmente en forma global (se los distingue meramente a los efectos de su mejor comprensión):




  1. Institución de un sistema de significaciones que tiene la particularidad de formarse en un conjunto de oposiciones distintivas. De esta manera toda práctica o propuesta de trabajo es evaluada en función de este sistema de oposiciones; lo que se organiza entonces es un proceso de significación: institución de un conjunto de significaciones imaginarias que establecen lo permitido y lo prohibido, lo bueno y lo mato, lo bello y lo feo, las prácticas legitimadas y aquellas que deben sancionarse en su transgresión.

  2. Pero este sistema de oposiciones que establece la significación no es neutro; siempre jerarquiza en privilegio de uno de los términos del sistema de oposiciones. Se establece un proceso de discriminación. Es importante aclarar que la significación no implica necesariamente procesos de discriminación jerarquizado (sí de diferencia) pero que, por el contrario, la discriminación jerarquizada supone siempre la función/signo reductora de las significaciones.

  3. Estos procesos de significación y discriminación conducen a una autonomía formal de los sistemas de signos: autonomización del código. Los referentes así autonomizados trabajan sobre sí mismos, permitiendo que tal trabajo se realice sobre un material homogéneo-homogeneizado que la autonomización del código hizo posible.

  4. La reducción semiológica genera una función de coherencia, sutura de contradicciones y limitaciones. Allí radica su poder de fascinación: se instituye la fetichización del código.

Es interesante la observación que realiza Baudrillard al respecto. Plantea que el efecto de fascinación no es producido por virtudes intrínsecas del código, sino porque el sistema de significaciones que establece permite "olvidar las diferencias".

Esta totalización permite no sólo olvidar las diferencias fetichizando el código, sino que -al mismo tiempo en su reproducción especular funda y perpetúa hegemonías y discriminaciones reales.201

Opera desde lo imaginario efectivo, instituyendo las significaciones imaginarias en un universo que clausura -una vez más- el acceso a la singularidad del sentido. Opera así desde aquella dimensión imaginaria que anuda el deseo al poder.



v

Retornando lo planteado en el punto II, una oferta de grupos presupone una organización grupal del servicio. Esta hace posible el diseño de dispositivos de trabajo y planes de formación en virtud de las características de la institución donde inscribe sus prácticas. Si esto es así, se vuelve imprescindible incluir en nuestro instrumento de trabajo la reflexión y acción en relación a las organizaciones hospitalarias y a las características de las regiones de la comunidad que utilizan los servicios hospitalarios a los que concurrimos.

Si bien en la historia de sus abordajes hospitalarios, las intervenciones "psi" -en general- se han delimitado a sí mismas en su diferenciación de las formas y valores médicos de operar con el sufrimiento -y esto ha sido posible en función de la noción de cura operando como organizador- todavía se nos presentan algunas confusiones que es necesario trabajar y debatir.

Dos son las características de la Argentina hoy que hacen más necesarios estos debates. Por una parte, la continuidad democrática, que más allá de sus inconsistencias y debilidades permite otra articulación entre una comunidad profesional y el Estado. Esto hace posible y necesaria nuestra participación en la planificación de políticas en salud. Por otra parte, la crisis económica, de una dimensión que es difícil imaginar aún, va configurando un angustiante perfil de patologías en relación a la violencia y a la carencia extrema para lo cual, bueno es reconocerlo, estamos poco preparados.

Volviendo a la primera cuestión, ¿cuál es el lugar de los "psi" en la planificación de políticas en salud?, ¿cuál es su lugar, esto es, qué debe hacer por ejemplo en un servicio de psicopatología infantil en relación a otra institución, la escuela, derivadora de fracasos escolares?, ¿qué acciones "psi" implementar, más allá de "atender el caso"? Obsérvese que transformar a ese niño en paciente, y por lo tanto "ponerlo en tratamiento", supone obturar muchas cuestiones al mismo tiempo. Otra vez: un universo de significaciones clausura la posibilidad de captar la singularidad del sentido.

Si no pensamos el lugar social y político de los "psi" -más allá de las preferencias personales- en la planificación de políticas en salud, si no pensamos su lugar frente a diversas demandas de la comunidad, más allá de lo asistencial, si restringimos nuestros dispositivos a la asistencia de pacientes, aunque ésta cubra todos los requisitos teórico-técnicos, el fantasma de la noción médica de curación que habíamos echado por la puerta grande de la conceptualización teórica, vuelve a colarse por la pequeña pero implacable ventana de las prácticas cotidianas.


INDICE

Prólogo de uno incluido como lector en el texto

"El campo grupal. Notas para una genealogía".

Armando Bauleo



Introducción




  1. Para una elucidación crítica del campo grupal

  2. B. Una manera de leer, una manera de pensar

  3. Los tres momentos epistémicos






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