Colección Psicología Conternporánea


C. Tercer momento epistémico: el agotamiento del objeto discreto



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C. Tercer momento epistémico: el agotamiento del objeto discreto

Si bien no se abordará el análisis minucioso que los aportes de René Kaës merecerían, particularmente en relación a su formulación de un aparato psíquico grupal, sí se subrayará que este autor mantiene operante su preocupación por la articulación de lo que él llama el "grupo de adentro" y el "grupo de afuera", o sea grupalidad interna y grupo real. Es más, reconoce enfrentarse con la dificultad que significa trabajar desde un solo campo disciplinado y no por ello dejar de tomar en consideración aquellos organizadores socioculturales que Anzieu había anunciado como posiblemente existentes. Puntualiza que el grupo, como objeto representado, es una imagen cuyos referentes son a la vez endopsíquicos y externos, es decir, correspondientes a la realidad material y social. Dirá que tanto la ilusión objetivista como la subjetivista ocultan el hecho de que la representación puede ser una codificación simbólica de varios órdenes de realidad dentro de un sistema cognoscitivo y social. Sostiene que, tanto la experiencia como el estudio de los grupos oscilan entre una tendencia a volver isomórfica la representación inconsciente del objeto, el modelo socio-cultural de referencia, la base material de agrupamiento, y el proceso grupal; y una tendencia a desunirlos, a ocultar su existencia y sus vinculaciones, o a desplazar una de estas dimensiones sobre otra. Así, por ejemplo, la reducción realista ignora el hecho de que el proceso grupal es tributario del objeto-grupo representado; inversamente, la reducción psicologista desconoce la existencia en el proceso grupal de la determinación por su base material. Estos dos tipos de reducción cumplen una función análoga de enmascaramiento de la discontinuidad entre la realidad psíquica y la realidad social. Se vuelve necesario por lo tanto comprender en primer lugar, la razón de tales reducciones y pensar las formas de articular tanto lo que se confunde como lo que se separa.142

Reconoce que trabajar con esta doble pertenencia, ubica en el centro del debate la cuestión de la articulación intermediaria, con la dificultad agregada aquí de que la lógica de estos sistemas está por explotarse como también la lógica de sus relaciones.143

Interesa destacar el camino que se abre a partir del propósito de sostener visibilidad de otros organizadores, más allá de los fantasmáticos ya trabajados por esta escuela. En ese sentido se vuelven imprescindibles algunas puntuaciones epistemológicas; por ejemplo, queda interrogada la validez de la categoría de intermediario para el abordaje de la articulación de los distintos organizadores grupales; si bien tal categoría podría admitir la mediación de niveles heterónomos como el psicológico y el social, sin embargo, no puede dejar de considerarse que frecuentemente y sobre todo en las fases constitutivas de los campos disciplinarios, el resultado del debate evoluciona, generalmente, según Kaës, hacia posiciones reduccionistas.

Por otra parte, tal articulación no podrá evitar los reduccionismos señalados en tanto no se abandone la epistemología de las ciencias positivas, en la cual aun hoy se fundamentan las Ciencias Humanas, ya que dicha epistemología supone un objeto discreto, autónomo, reproducible, no contradictorio y unívoco; implica una lógica de lo Uno, donde la singularidad del objeto teórico no debe verse afectada, dado su aislamiento metodológico por las condiciones de posibles aproximaciones con otros campos disciplinarios.144

En “El dispositivo grupal" ya se había señalado que una eventual teoría de los grupos no había constituido su objeto teórico, indicando que esto pudiera deberse a las características específicas de los acontecimientos de los cuales debe darse cuenta; se ha insistido también en la insuficiencia de abordajes realizados desde un solo campo disciplinario dados los múltiples atravesamientos de los grupos, como así también las dudas epistémicas que ofrece la posibilidad de postulación de un objeto formal abstracto grupo. De todos modos las exigencias de buscar, por ejemplo, "el objeto formal abstracto" (Althusser-Herbert)145 de una disciplina, operaron en nuestro medio, en la década del 70, tanto en un sentido positivo corno en un sentido negativo. En el primer aspecto actuaron como denunciantes de la falta de sostén teórico de la mayoría de las técnicas grupales (exaltación de la experiencia, la sensitividad, la creatividad, etc.); en el segundo aspecto, en el terreno de las psicologías, quedaron devaluados todos aquellos campos disciplinarios entre ellos el grupal- que no quedaran claramente incluidos dentro del campo psicoanalítico, en tanto este era el único campo que había constituido su "objeto formal abstracto". Por otra parte, posiblemente, éste haya sido uno de los muchos y complejos vectores que confluyeron en la restricción emblemático-profesional de muchos psicólogos argentinos.

Sin duda, la lógica del objeto discreto ha demostrado ocasionar problemas para comprender las transferencias mutuas entre los distintos niveles ya que desde ella no puede pensarse la articulación de las formaciones de lo singular y lo colectivo.

En la actualidad se abre la expectativa con respecto a las investigaciones sobre la lógica de la paradoja y de lo discontinuo; pueden otorgar aportes significativos para comprender, desde epistemologías transdisciplinarias, tales espacios.

Interesa resaltar el esbozo de apertura epistemológica que a partir de estas consideraciones podría iniciarse, al hacer visible una suerte de agotamiento de las lógicas de objeto discreto para pensar lo grupal. De ser así, queda planteado un desafío en la indagación de los nudos teóricos grupales: reflexionar sobre la pertinencia de enfoques epistemológicos transdisciplinarios.

Capítulo VII
EL NUDO GRUPAL

A. Lo grupal como campo de problemáticas

La cuestión de los organizadores grupales ha remitido a un tópico altamente complejo; así, por ejemplo, se vio en el capítulo anterior cómo los dispositivos grupales psicoanalíticos abrieron visibilidad con respecto a los organizadores fantasmáticos de los grupos; pero la dificultad se presenta cuando surge la necesidad de poner en juego organizadores socio-culturales, tratando de articularlos con los anteriores; si bien la categoría de intermediario puede ofrecer algún instrumento de indagación, pareciera ser que la cuestión de los organizadores grupales se encuentra mucho más "anudada".

Muchos de los esbozos conceptuales que se ofrecen en este punto con respecto a los anudamientos-desanudamientos grupales han sido generados a partir del trabajo en psicodrama psicoanalítico; particularmente ha resultado muy productiva la investigación146 y aplicación clínica y docente de la técnica de multiplicación dramática.147 Montada como laboratorio, dicha técnica a través de la multiplicación de escenas ha hecho visible que tanto en cada una de las escenas de una multiplicación, como en su secuencia, operan simultáneamente inscripciones muy diversas de referentes deseantes, grupales, institucionales y sociopolíticos; lo mismo sucede en los momentos discursivos del trabajo (tomando, claro está, tanto la dimensión de lo dicho como de lo no dicho del discurso). Tales inscripciones se producen simultáneamente, no son homologables, pero tienen en común que todas escapan al registro consciente de los integrantes.

Cada escena, lo mismo que su secuencia, más allá de sus componentes expresivos, comunicativos, es generadora de múltiples sentidos. Por otra parte es imposible leer dicho sentido exclusivamente desde la coordinación; los comentarios grupales posteriores, en su dimensión de lo dicho y lo no dicho, hacen posible acceder a algunas de las líneas de sentido operantes. Nunca, por lo tanto, se está en presencia de un sólo sentido que pueda funcionar como cierre, dando cuenta de lo multiplicado. Aparecen múltiples sentidos y aun así, se "sabe" que lo acontecido en una situación grupal es mucho más que aquello de lo que se puede dar cuenta; al igual que el ombligo del sueño freudiano en un grupo siempre hay un plus del acontecer, que escapa a su inteligibilidad, rarezas, sinsentidos que sorprenden, interrogan y desdicen las racionalidades construidas.

Insisten algunos interrogantes, así por ejemplo, ¿son los organizadores fantasmáticos quienes tienen la capacidad de determinar ("organizar") el conjunto de los acontecimientos grupales? Si se intenta desmarcar la forma de indagación de una lógica de objeto discreto, se tiende a pensar en el atravesamiento de diferentes organizadores; el criterio de operar con una sola línea de organizadores, o jerarquizarlos en forma estable, se vuelve restrictivo para pensar lo grupal. Esto, sin duda, no debe excluir que en determinados momentos grupales se vuelven más significativos unos organizadores que otros; por otra parte, el resaltar la singularidad del acontecimiento no implica pensar éste por fuera de las legalidades. Más bien se plantea la necesidad de abrir el pensamiento de lo grupal hacia lógicas pluralistas que legitiman epistemológicamente atravesamientos disciplinarios.148

Puede observarse que en cualquier grupo humano se producen movimientos muy diversos: resonancias fantasmáticas, procesos identificatorios y transferenciales, intensos sentimientos de amor-odio en todos sus matices, juegos de roles (chivos emisarios, líderes, etc.); se construyen producciones lingüísticas que disparan múltiples inscripciones de sentido; se generan apropiaciones de sentido en diferentes grados de violencia simbólica; se instituyen mitos, ilusiones y utopías; sus reglas de funcionamiento organizan redes de significaciones imaginarias que inscriben al grupo en su posición institucional y dan forma a sus contratos; se ponen en acción juegos de poder, jerarquías y apropiaciones materiales. ¿Puede pensarse que todo esto es producto de una sola línea organizacional? ¿Cualquier organizador que tomáramos como fundante no pondría la indagación en el camino de la extensión indebida, es decir de la extraterritorialidad?


Si los organizadores fantasmáticos son aquellos que hacen posible que el sujeto haga "nudo", y si no se confunde el sujeto con el “autonomus ego", ¿qué otros organizadores hacen posible que los integrantes hagan "nudo" ? ¿Cómo operan las variables institucionales para transformarse en organizadores grupales?

En el intento de salvar el riesgo del reduccionismo es que se enunciaba líneas arriba que las producciones grupales se realizan a través de la imbricación caleidoscópica de sus organizadores; a partir de allí es que se orienta la indagación hacia la necesidad de abordajes transdisciplinarios para la teorización de lo grupal.

Un criterio transdisciplinario supone replantear varias cuestiones. En primer lugar, un trabajo de elucidación crítica sobre los cuerpos teóricos involucrados, que desdibuje una intención legitimante de lo que ya se sabe para poder desplegar la interrogación de hasta dónde sería posible pensar de otro modo. Implica asimismo el abandono de cuerpos nacionales hegemónicos de disciplinas “reinas" a cuyos postulados, códigos y orden de determinaciones se subordinan disciplinas satelizadas; sobre estos presupuestos se crean las condiciones para la articulación de contactos locales y no globales entre diferentes territorios disciplinarios, como así también que aquellos saberes que las disciplinas hegemónicas habían satelizado, recobren su potencialidad de articulaciones multivalentes con otros saberes afines.

De esta forma los cuerpos teóricos funcionan como "cajas de herramientas149 es decir, aportan instrumentos y no sistemas conceptuales; instrumentos teóricos que incluyen en su reflexión una dimensión histórica de las situaciones que analizan; herramienta que junto a otras herramientas se produce para ser probada en el criterio de su universo, en conexiones múltiples, locales y plurales con otros quehaceres teóricos. Se hace clara entonces la diferencia con producciones teóricas que se transforman en concepciones del mundo, que se autolegitiman en el interior de su universo teórico institucional y que por lo mismo exigen que toda conexión con ellas implique instancias de subordinación a la globalidad de su cuerpo teórico.

Por lo antedicho, junto a esta forma de utilización de las producciones teóricas como cajas de herramientas, un enfoque transdisciplinario presupone un desdisciplinar las disciplinas de objeto discreto y seguramente en el plano del actuar, cierto desdibujamiento de los perfiles de profesionalización, por lo menos en aquellos más rigidizados.

Aquí es pertinente distinguirlos criterios epistemológicos transdisciplinarios de la "epistemología convergente" de Pichon Riviére. Ambos intentan dar respuesta a problemáticas que resistan ser reducidas a un solo campo disciplinario, pero los caminos elegidos son diferentes. La "epistemología convergente" aspira a que en tal convergencia todas las Ciencias del Hombre funcionen como una unidad operacional y aporten elementos para la construcción de los esquemas referenciales del campo grupal.150 Una epistemología que haga posible una "Teoría del Hombre Entero (entero incluso en su escisión constituyente)”.151

Como puede observarse esta opción epistémica se sustenta en una noción de Hombre muy característica de los paradigmas humanísticos vigentes en los años 60; en la ilusión de lo Uno, donde en su convergencia las diferentes disciplinas pudieran conformar un discurso totalizador. Donde si bien evitan el reduccionismo de dar cuenta del campo grupal desde una sola disciplina, poniendo las diferentes ciencias en interrelación, no cuestionan a las ciencias positivas en la territorialización de sus saberes.

Los criterios transdisciplinarios se sustentan, justamente, a partir de una elucidación crítica de este tipo de localizaciones, buscando nuevas formas de articular lo uno y lo múltiple. En su propuesta de contactos locales y no globales localizan un "thema" en su singularidad problemática y éste es atravesado por diferentes saberes disciplinarios; sin embargo no pretenden unificarlos en una unidad globalizante. Por lo tanto, más que una búsqueda de universales, indaga matrices generativas, problemas en relación a los cuales los atravesamientos disciplinarios puedan dar cuenta de las múltiples implicancias del tema en cuestión. Esto hace posible elucidar tanto las convergencias como las divergencias disciplinarias en relación al mismo.

Este movimiento que propone el atravesamiento de diferentes áreas de saberes, a partir de "themas" a elucidar, sostiene varias y complejas implicancias, En primer lugar, cuando cierta región de una disciplina se transversaliza con otros saberes, pone en crisis muchas de sus zonas de máxima evidencia. En segundo lugar, exige la constitución de redes de epistemología crítica abocadas a la elaboración de aquellos criterios epistémicos que en su rigurosidad hagan posible evitar cualquier tipo de patch-works teóricos. En tercer lugar, y ya en el plano de las prácticas, vuelve necesaria otra forma de constitución de los equipos de trabajo; si no hay disciplinas “reinas" tampoco habrá profesiones hegemónicas, Este pluralismo no es sencillo de lograr.
En función de lo aquí esbozado es que se ha propuesto pensar los grupos, más como campos de problemáticas que como campos intermediarios entre lo individual y lo social152 o como eventuales objetos teóricos; en ese sentido es que se los enuncia como "nudos teóricos", aludiendo al des-disciplinamiento disciplinario que se vuelve necesario instrumentar para su conceptualización. De tal manera, una eventual teoría de los grupos tendrá que bascular permanentemente, en un doble movimiento, investigando en la especificidad de lo que en un grupo acontece y trabajando -al mismo tiempo- el entramado de tal especificidad en inscripciones más abarcativas.

En cada acontecimiento grupal operan todas las inscripciones transversalmente; obviamente, no todas se vuelven evidentes pero siempre están ahí, altamente eficaces, altamente productivas. La noción de atravesamiento se ofrece como una herramienta válida en el desdibujamiento de los grupos islas, como también para repensar lo singular y lo colectivo por fuera de la tradicional antinomia individuo-sociedad. Al pensar los grupos en el atravesamiento de sus múltiples inscripciones se crean las condiciones de posibilidad e incluirlos en campos de análisis más abarcativos. Este criterio permite trabajar el desdibujamiento del grupo-isla ya que necesariamente remite al anclaje institucional de los grupos. Al mismo tiempo, contribuye a desmarcar la antinomia individuo-sociedad en tanto implica significantes sociales operando, no como efecto de influencia sobre el individuo, sino como fundantes del sujeto.


B. Un número numerable de personas (cuerpos discernibles)
Como es sabido la identificación en su doble dimensión constitutiva es -a la vez- base libidinal del lazo colectivo como de la fundación del sujeto. Esta profundidad del pensamiento freudiano ha permitido elucidar las condiciones estructurales por las que el sujeto hace masa: aquello que no puede dejar de hacer por el hecho de ser sujeto.153 Esta es la base estructural de los más diversos lazos sociales; pero los agrupamientos que aquí interesan tienen la particularidad de producirse entre un número numerable de personas. Esto, sin duda, establece una de las especificidades de lo grupal; los enlaces identificatorios presentes en todo fenómeno colectivo, adquieren características propias, cuando, a diferencia de una reunión de individuos innumerables, tales agrupamientos se constituyen en un número numerable de personas.

El carácter numerable del grupo introduce peculiaridades de los procesos identificatorios, en tanto los cuerpos de los otros se hacen discernibles. Algo hace nudo. La distribución circular del dispositivo opera efectos más allá de lo espacial, haciendo posible una particular organización de los intercambios entre los integrantes; todos están expuestos a la visión de los otros y pueden, a su vez, ver a todos y a cada otro; esta situación particular genera condiciones de "mirada"; mirada que se desliza entre las tensiones del reconocimiento o el desconocimiento, de la amenaza o el sostén; juegos de mirada que desencadenarán resonancias fantasmáticas y harán posibles, o no, procesos identificatorios y transferenciales; juegos de mirada que afectan y desafectan los cuerpos en sus juegos productivos de deseo y poder.

Esta característica de los procesos identificatorios de un número numerable de personas donde los cuerpos se hacen discernibles, afectados unos y otros a juegos de mirada, establece las condiciones para la organización de redes identificatorias y transferenciales. Tal peculiaridad identificatoria en red hace del pequeño grupo un nudo. Nudo que se constituye en las alternancias de enlaces y desenlaces de subjetividades. Se propician, de tal modo, singulares anudamientos y desanudamientos que orientan al pequeño colectivo por los avatares de sus producciones, institucionalizaciones y disoluciones.

Vale la pena detenerse para puntualizar una cuestión que el trabajo con escenas marca en visibilidad. El despliegue de una escena cotidiana en un grupo que utiliza recursos psicodramáticos en el marco de la clínica, permite explorar los juegos identificatorios154 poniendo de manifiesto la relación entre resonancia fantasmática e identificación. ¿Con qué, con quién, cómo, se produce un enlace identificatorio? En primer lugar, la pregunta no es con quién, sino con qué, el quién, personaje sostenido por algún integrante del grupo abre el con qué, ¿con qué singularidad de algún rasgo de ese personaje se juega un enlace identificatorio?, con aquel rasgo que resuena por similar u opuesto, complementario, suplementario; con aquella posición en la escena fantasmática motivo de sus repeticiones. Resonancia fantasmática, condición estructural para que el sujeto haga nudo. Fantasma: escena donde repite una posición insistente. Repetición recreada en el espacio grupal. Repetición que en el mismo acto de repetir difiere en las sutilezas de los engarces de fantasma y cotidianeidad. Repetición que aspira, al desplegarse dramáticamente, a explorar otras posiciones de su teatro interior.

¿Qué acontece cuando un número numerable de personas hace nudo? Se producen redes de procesos identificatorios y transferenciales propios y únicos de ese grupo. Puede considerarse que dicha red constituye una primera formación grupal. Pero aquí no se agota la productividad de ese pequeño colectivo. El grupo, en tanto espacio táctico, genera efectos singulares e inéditos, despliega la producción de sus formaciones, la generación de multiplicidades imaginadas e imaginarias, invenciones simbólicas y fantasmáticas, como así también sus niveles de materialidad.155 En síntesis, un grupo inventa sus formaciones, es decir inventa las formas o figuras de sus significaciones imaginarias. Estas sostienen la tensión de inventarse en su singularidad y en su atravesamiento socio-histórico-institucional. Es en este cruce donde despliega sus acontecimientos, actos, relatos, intervenciones, producciones materiales, actings, afectaciones, etcétera.

Cada grupo construye sus ilusiones mitos y utopías; construcciones que se realizan en un doble movimiento; aquel por el que se despliegan los atravesamientos socio-histórico-institucionales y aquel de su singularidad como pequeño colectivo; tales construcciones son únicas e irrepetibles de cada grupo y, al mismo tiempo, sólo son posibles en su inscripción histórico-institucional. Son aquellas significaciones imaginarias que un pequeño colectivo produce como sostén de sus prácticas. Si debiera hablarse de un "algo común" que los grupos producen éste son las formaciones grupales; cada grupo configura sus propios diagramas identificatorios, pero también sus mitos, ilusiones y utopías diversos; estas significaciones imaginarias que los grupos producen, tienen como condición necesaria -pero no suficiente- la llamada "resonancia fantasmática" y los procesos identificatorios.

Los mitos grupales suelen ser elaboraciones noveladas de su origen, del porqué de su existencia, pero vividos por sus integrantes como su momento fundacional real; junto con sus utopías harán posible la novela grupal, propia de ese grupo. Entre las producciones grupales míticas y utópicas, hay una relación recíproca ya que la novela del origen suele organizarse en función de los proyectos e ilusiones al mismo tiempo las utopías que en un grupo se produzcan; generalmente se apoyan en su versión de por qué, cómo o para qué ha nacido. De todos modos, vale hacer una cierta distinción: los mitos suelen referir a la historia, las utopías a los proyectos, a lo prospectivo.

Estas producciones colectivas son componentes siempre presentes en los grupos, orientan muchos de sus movimientos, son absolutamente singulares de cada grupo y suelen ser de gran incidencia en las formas o estilos de trabajo de un grupo.

Podría decirse entonces que los mitos grupales son aquellas significaciones imaginarias que un grupo construye, al dar cuenta de su origen novelado, imbricados con las utopías del grupo y apoyados en la historia real de tal conjunto de personas.

El componente histórico opera aquí en diferentes niveles; ya sea una dimensión temporal significada por el tiempo de organización del grupo como tal con su historia particular, entrecruzado por las; historias propias de los integrantes que lo componen; el momento institucional preciso en que ese grupo se ha formado, en función del cual los impensables institucionales inscriben sus marcas en el grupo; el momento socio-histórico-político general en el que desplegará o inhibirá sus prácticas.156

En síntesis, las significaciones imaginarias grupales, por ejemplo las ilusiones, mitos y utopías de un grupo, operan como cristalizaciones o puntos de condensación en la producción de múltiples sentidos, constituyendo el camino obligado por donde los flujos productivos del grupo transitan la construcción de su historia.

Así como resaltar las singularidades de las formaciones grupales no exime de pensar sus inscripciones socio-histórico-institucionales, el pensar ilusiones, mitos y utopías como el algo común -el plus grupal- no exime de analizar las diversas formas de afectación de cada integrante particular en tales invenciones colectivas.

Nada de lo común es homogéneo. El algo en común no significa subjetividades homogeneizadas. Al mismo tiempo, resaltar la singularidad no implica invisibilizar las producciones colectivas.

Esta es sin duda una fuerte encrucijada teórica (véase capítulo II), pero también técnica. Intervenciones de gran efecto masa o "simultáneas de ajedrez"157 suelen ser las salidas fallidas de muchos coordinadores. El desafío insiste: sostener la tensión singular-colectivo.


Se hace necesario -en la medida de lo posible- precisar el sentido del término imaginario cuando es empleado en expresiones tales como significaciones imaginarias, imaginario social, imaginario institucional, imaginario grupal, etcétera. En primer lugar es necesario distinguir taxativamente esta acepción del significado que tiene corrientemente en psicoanálisis: imagen de, especular. Aquí su utilización es tributaria de la acepción que este término toma en las ciencias sociales, particularmente en la corriente historiográfica de historia de las mentalidades.158 Esta corriente utiliza esta noción sin definirla, aludiendo a la mentalidad de una época, le sprit du temps, etcétera, Es Castoriadis -investigador en Teoría política- quien se ocupa de definir con mayor precisión esta noción; se pregunta, ¿qué mantiene unida a una sociedad? ¿qué lleva a su transformación?

Con el término imaginario social alude al conjunto de significaciones por las cuales un colectivo, una sociedad, un grupo, se instituye como tal; para ello no sólo debe inventar sus formas de relación social y sus modos de contrato, sino también sus figuraciones subjetivas. Constituye sus universos de significaciones imaginarias que operan como los organizadores de sentido de cada época del social-histórico, estableciendo lo permitido y lo prohibido, lo valorado y lo devaluado, lo bueno y lo malo, lo bello y lo feo; dan los atributos que delimitan lo instituido como legítimo o ilegítimo, acuerdan consensos y sancionan disensos.

En tal sentido distingue lo imaginario radical de lo imaginario efectivo (o lo imaginado).159 160 El primero es aquella instancia por la cual el social-histórico inventa, imagina nuevos conjuntos de significaciones; constituye, por lo tanto, una potencialidad instituyente, transformadora, productora de utopías. Lo imaginario efectivo, por el contrario, tiende a la reproducción-consolidación de lo instituido; cuenta para ello con mitos, rituales y emblemas de gran eficacia simbólica y en el disciplinamiento de imágenes, anhelos e intereses de los integrantes de una sociedad.

Afirma este autor que las significaciones imaginarias sociales hacen a las cosas ser tales cosas, las coloca siendo aquello que son. De tal forma lo imaginario se vuelve "más real que lo real". Es la institución de la sociedad la que determina aquello que es real y aquello que no lo es, aquello que tiene sentido y aquello que carece de sentido; toda sociedad es una construcción, una creación de un mundo, de su propio mundo.

Distingue en el social-histórico un orden de determinaciones y un orden de significaciones. Es en este último donde sitúa su noción de imaginario social; según este autor ambos órdenes son imprescindibles para pensar lo social y no pueden subordinarse o reemplazarse uno por otro.

Si se intenta pensar esta noción en el campo grupal, podría afirmarse que las ilusiones, mitos y utopías que un grupo produce forman una suerte de imaginario grupal en tanto inventan un conjunto de significaciones, propias y singulares de ese grupo, pero tributarias -a su vez- de las significaciones imaginarias institucionales que atraviesan el nudo grupal como también de las significaciones imaginarias de la sociedad donde se despliegan sus dispositivos.

Se vuelve así pertinente re-pensar la dimensión ilusional de los grupos. Lo ilusorio ya no será únicamente mera ficción a des-ilusionar, sino que también será la dimensión desde donde se producen las significaciones imaginarias que organizan-desorganizan tal colectivo. Habrá que distinguir, por lo tanto, aquellos movimientos transgresivos -equivalentes simbólicos de la transgresión de la prohibición del incesto- de los flujos transformadores que instituyen nuevas significaciones grupales.

La elucidación de la institución de ilusiones, mitos y utopías de un grupo, hace posible tanto el análisis de tales construcciones, como también de los procesos de circulación y apropiación de las mismas y otra mas. La distinción entre una dimensión imaginaria especular y otra social, permite -a su vez- no restringir lo imaginario a la indagación de los juegos especulares de un grupo. Sin embargo queda aun cierta oscuridad conceptual para precisar si lo imaginario especular y lo imaginario social actúan a través de mecanismos similares y efectos análogos o -por el contrario- será necesario indagar sus especificidades y diferencias.



C. La relación texto-contexto grupal161
¿Cómo puede ser pensada la articulación entre todo aquello que sucede en un grupo y el acontecer social en que tales actividades se desarrollan? Tradicionalmente, esta relación suele expresarse también en términos antinómicos, tales como el "adentro" y el "afuera" grupal; se propone, entonces, la interrogación de las supuestas barreras adentro-afuera grupal.

Algunos autores resultan significativos al respecto, tales como Anzieu162 y Pavlovsky.163 Plantea el primero cómo en un seminario de dinámica de grupos realizado en 1968 en París mientras transcurrían los acontecimientos del llamado "Mayo Francés", se reproducía en el propio proceso grupal, la evolución de lo "inconsciente social" de los franceses de ese período; así observa este autor la dinámica de un grupo reproduciendo la dinámica social.

Por su parte, Pavlovsky dice:
el grupo es hablado por el argumento del drama inconsciente social en su trama argumental. Cada integrante actúa a un personaje principal de esa trama. Lo habla su inconsciente individual, pero al servicio de una trama argumental que alude o sugiere una fantasmática social.
Reflexionando sobre las particularidades de su práctica como psicoterapeuta de grupo durante los últimos años de represión política en la Argentina, constata cómo aparecen en los grupos nuevos personajes investidos de sospechas terroríficas que dan cuenta del profundo entramado de la fanstamática individual y lo imaginario social. Dice así: "La Institución de la Muerte, recreada, reinventada en la gran imaginaría grupal, padeciendo y recreando los terrores infinitos". En tal sentido ¿puede hablarse de cómo o cuándo lo social "influye" sobre lo que acontece en un grupo? ¿Puede considerarse la relación grupo-sociedad meramente en términos de influencia? ¿La sociedad se constituye sólo como el contexto exterior que influye sobre el grupo, orientando algunos de sus movimientos? Si se toma una frase de este autor como disparador: "El grupo es hablado por el argumento del drama social", podrá observarse cómo la división entre texto y contexto se vuelve cada vez más difícil de delimitar.164

Se piensa, en este sentido, que el llamado contexto es, en rigor, texto del grupo; es decir que no hay una realidad externa que produce mayores o menores efectos de influencia sobre los acontecimientos grupales, sino que tal realidad es parte del propio texto grupal, en sus diversas modalizaciones; es por ende fundante de cada grupo; más que escenografía, drama grupal.

Antes de avanzar en el desarrollo de este pensamiento, es necesario operar algunas acotaciones respecto al término "texto", sobre todo si se pretende incorporarlo a una temática como la grupal, en principio, bastante alejada de la Lingüística, disciplina desde donde ordinariamente este termino es demarcado. La palabra con-texto alude a aquello que va con el texto, que lo rodea; ahora bien, ¿qué sería el texto grupal?, ya que no puede obviarse que el término texto remite a un orden de lenguaje. Así, con el término texto puede suceder algo similar a lo que han planteado Ducrot y Todorov165 para el término lenguaje.: en ese sentido no debe resultar para nada ajena la advertencia de estos autores, quienes plantean que cuando se toma el término lenguaje en su sentido más amplio, es decir, como un sistema de signos, abandonando así el ámbito específico del sistema de signos verbales, el término se vuelve tan vasto e indeterminado que puede ser el referente de todas las ciencias humanas, ya que -quién puede dudarlo- todo es signo en el comportamiento humano, desde las estructuras y las instituciones hasta las formas artísticas.

De todos modos, pareciera inevitable la influencia que en estos momentos tienen los conceptos producidos por la Lingüística en diferentes campos de las ciencias humanas. Para evitar equívocos, se al tratará de delimitar lo más posible el sentido del término texto utilizarlo en el campo de lo grupal. En primer lugar el uso aquí dado no se circunscribe a su sentido verbal-escrito. ¿Qué son esos textos, esas "escrituras", en un grupo? Se hace referencia a las formas propias que el grupo construye desmarcando el término texto de su connotación estrictamente lingüística y rescatando -en forma subrayada- su sentido más amplio, aquel que lo refiere a su productividad. Al rescatar la dimensión productiva del texto se quiere resaltar, en lo que en un grupo acontece, las formas propias que un grupo produce (en ese sentido, sus escrituras). Como ya se dijo, al eliminar del término texto su significancia verbal-escrita se recupera, para su utilización en el campo grupal, el sentido que le otorga J. Kristeva cuando define al texto por su productividad.

Se afirma así que más allá de sus dimensiones expresiva y comunicativa, el texto grupal tiene un poder generador de sentidos. Implica, por tanto, un juego infinito, donde el sentido que en algún momento de lectura se le otorga, no agota su productividad. Como el texto del sueño, como los textos escritos, los textos del grupo son inagotables. Más que un sentido oculto, sustancial, que la interpretación debe develar, el texto mismo es un permanente generador de sentidos,166 que en virtud de sus atravesamientos, se inscribe en múltiples significaciones. Así, no sólo lo dicho y lo no dicho -orden del lenguaje, plano discursivo- sino también los movimientos corporales, los movimientos espaciales, los silencios, los pactos, etc., van conformando el complejo entramado de las configuraciones o formas de un grupo, que en un juego inagotable son, a su vez, generadores de otros múltiples sentidos. Sentidos diversos que, por otra parte, operarán particularizadamente en y desde los diferentes integrantes "abrochando" en forma singular en cada uno de ellos.

Lo que acaba de expresarse tal vez pueda resultar más claro si se piensa, por ejemplo, en una multiplicación dramática, donde desde el lugar de la coordinación, más que develar el sentido oculto, más que comprender aquello que la escena representa, comunica o expresa, puede verse cómo la misma escena es generadora de un juego de combinaciones de las distintas figuraciones que sus significaciones imaginarias inventan. La secuencia de escenas se ubica más allá de un nivel expresivo comunicacional; produce, genera, dispara, inventa, diversos sentidos.

Así, la intervención interpretante, lejos de constituir una unidad cerrada, lejos de la intención de encontrar el sentido, puntúa; esto es, marca algún punto de la red de sus producciones simbólico-imaginarias; momento de una secuencia, finalización y principio plurivalente donde las unidades generadores de sentido se hacen, se envuelven y se deshacen continuamente.167 La intervención interpretante puntúa algún sentido, señala un sinsentido, resalta una paradoja. En ese movimiento, no descubre sino que crea las condiciones de posibilidad para que otros sentidos puedan ser enunciados.

Estas consideraciones intentan desdibujar el adentro y el afuera grupal en tanto entidades sustancializadas y pensadas en pares de opuestos; es refutando este criterio antinómico que se afirma que el contexto es texto grupal y que el texto, a su vez, es generador de múltiples sentidos. De todos modos, es importante distinguir en este punto dos niveles de análisis: la problematización teórica de las formas antinómicas de pensar el adentro y el afuera grupal, respecto de las vivencias de los integrantes de un grupo o sus expresiones referidas a ellas.168 Al mismo tiempo, cuando el coordinador naturaliza las referencias de los integrantes de un grupo, refuerza la forma antinómica señalada, creando condiciones para la estructuración de un grupo-isla.

Reforzando la idea de desdibujamiento del adentro y del afuera, en relación a la gestión de los textos grupales, se pone un ejemplo a consideración: en un taller de sociodrama realizado en un congreso, ya en 1985, se hablaba de las características que había adquirido la práctica hospitalaria durante los años de dictadura. Se propone dramatizar; pasa un grupo de personas para realizar la primera dramatización, que se desarrollaría en un Ateneo de un Servicio Hospitalario. Se sientan en el piso, y ante unos cables que están sueltos en el piso (posiblemente para la conexión de los micrófonos), la coordinadora recomienda cuidado a uno de los participantes, tratando de evitar que se sentara encima de los cables. Uno de los integrantes dice "¡la picana!", comentario que es acompañado por risitas nerviosas de todo el grupo.

Se realiza la dramatización del Ateneo del Servicio Hospitalario; luego la coordinadora pregunta si alguien tiene alguna otra escena para dramatizar. Una participante señala que se había quedado impresionada por el chiste de la picana. Se le solicita entonces, que dramatice la escena correspondiente a lo que está expresando.169 La escena que se dramatiza consiste en un hombre que está siendo torturado por un represor, en la escena participa un tercer personaje que incentiva al torturador a continuar con su tarea.

El torturado no grita ni habla durante la escena. Una vez finalizada la escena, la coordinadora muy cordialmente le dice a este participante: "Querés decir algo?"…

Se evidencian aquí dos momentos de esta situación grupal: por una parte, un cable, seguramente utilizado en la realidad para conectar los micrófonos, atraviesa la escena dramatizada del Ateneo, es ahora una picana, se vuelve texto grupal y genera sentidos; por otra, la coordinadora que dice a la persona real que ha hecho de torturado, una vez terminada la dramatización "¿Querés decir algo'?"; ante las miradas que se cruzan significativamente entre los presentes, ella explica al grupo que, como el participante ni siquiera había podido gritar pensó que podría haberse quedado muy "cargado".

En la dimensión de la escena "real" encontramos una coordinadora muy avezada que conoce todo lo que puede "cargar" a un participante realizar un personaje de tales características, y en actitud de contención le ofrece un espacio de expresión-descarga. En otra dimensión de la escena, se ha creado un personaje terrorífico, aquel más temido de las sesiones de tortura. El que aparece después, protector, paternal y que cariñosamente le pide que hable. Este personaje transvistió a la coordinadora. Superposición de textos generadores de múltiples sentidos.

Obsérvese que esta otra escena no está debajo, ni oculta. Todo acontece ahí, texto grupal productor de múltiples sentidos. Es en ese sentido que líneas arriba se señalaba que pensar las relaciones entre el grupo y su contexto como relaciones de influencia constituiría un abordaje un tanto lineal del problema. Si pueden pensarse los grupos en tanto espacios de enlaces y desenlaces de subjetividades, se insiste en el uso metafórico de una de sus insistencias etimológicas: nudos; de tal forma los grupos pueden ofrecerse a la indagación en tanto anudamientos-desanudamientos de subjetividades.

Así, al desdibujar el adentro-afuera, el arriba-abajo, los nudos grupales pueden ser pensados como complejos entramados de múltiples inscripciones. Nudo. Múltiples hilos de diferentes colores e intensidades lo constituyen: deseantes, históricos, institucionales, económicos, sociales, ideológicos, etcétera. Pero en realidad, lo efectivamente registrable no son los hilos que lo constituyen sino el nudo. Complejo entramado de múltiples inscripciones: todo está ahí latiendo; todas las inscripciones están presentes en cada uno de los acontecimientos grupales; variarán sí sus combinatorias en cada momento grupal como también su nivel de relevancia en tal momento; pensar la cuestión de esta manera implica, obviamente, aceptar que en un grupo se están generando muchísimas más producciones que aquellas que pueden leerse o anunciarse.




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