Colección Psicología Conternporánea


B. Problemas de demarcación



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B. Problemas de demarcación

En primer lugar puede observarse que Anzieu y su escuela retornarán la intención de Bion en la búsqueda de organizadores grupales. ¿Qué organizadores encuentran?, el fantasma individual prevaleciente, imagos y fantasmas originarios. Sus investigaciones precisan algo, sin lugar a dudas muy importante: no hay fantasma grupal, es decir, el plus de los grupos no radicaría en un fantasma colectivo. Se refuta de esta manera la idea de una mente -ahora inconsciente- grupal, y se afirma la hipótesis de fantasmas "individuales" que entran en resonancia fantasmática; esta noción ya presente en autores ingleses como Ezhriel y Foulkes ahora más elaborada, desalienta la idea de un inconsciente grupal.

Merece subrayarse la importancia -para una genealogía de lo grupal- de esta diferenciación, en tanto, como pudo observarse134 la polémica señalada por Asch en la Psicología Social, entre "individualistas" y "mentalistas" se traslada al psicoanálisis cuando éste comienza a implementar dispositivos grupales en la Clínica. De tal forma surge la presunción, en uno de los polos del debate, de la existencia de un inconsciente grupal, o fantasías grupales inconscientes. Falsa disyuntiva que oscila entre el intento de encontrar el plus grupal en un inconsciente de grupo, o denegar tal plus reduciendo al grupo a un agregado de individuos donde no habría que buscar ningún plus de sus producciones subjetivas. Dos formas de expresión del a priori individualista: una piensa los problemas subjetivos grupales como dotados de los mecanismos de las producciones inconscientes singulares; la otra no puede pensar otras formas de producciones subjetivas que no sean las inherentes a la singularidad.

Esta corriente francesa salva el impasse de la oposición antinómica con la puesta en enunciado de la grupalidad del fantasma sin guiar, condición de posibilidad de la resonancia fantasmática grupal.

¿En qué radica la posibilidad de resonancia fantasmática? En la grupalidad del fantasma; esto es que, en tanto el fantasma es una escenificación que se desarrolla entre varios personajes, es siempre una imagen colectiva y posee, por tanto, una "estructuración grupal interna"; de allí su carácter organizador en los grupos. De la misma manera, las imagos y los fantasmas universales crean condiciones para constituirse en otros organizadores de las instancias de la vida colectiva. Es claro entonces, el fantasma individual es grupal, que es diferente a decir que hay un fantasma de grupo.. Es decir que, la integración de las personas reales a una situación grupal, dadas las características antes mencionadas, dispara, moviliza, las instancias o formas grupales de su propia subjetividad. Por esto pueden agruparse.

Aquello que resuena y habla o actúa desde los participantes de un grupo son posiciones en la escena fantasmática. La singularidad -no lo individual- radica en la forma de cada quien de posicionarse y resonar desde o hacia dicha escena.

En tal sentido si bien es importante subrayar que los aportes de esta escena permiten superarla noción de fantasía inconsciente grupa¡ a partir de la noción de grupalidad del fantasma, esta misma idea hace necesarias algunas puntuaciones. La utilización de la palabra "individual" junto a "fantasma" parece vaciarse de sentido. Si el individuo es el sujeto indiviso de consciencia, el término "individual" deja de ser pertinente al campo psicoanalítico y por ende a los aportes psicoanalíticos al campo grupal.

Resulta más fructífera la noción "singularidad" que despoja a uno del soporte corporal y vuelve imposibles de sinonimia o superposición yo función y yo imaginario.135

Con respecto a los organizadores, Anzieu reconoce que no todo se reduce a la psicología; que si bien existen organizadores económicos, sociológicos, históricos, etc., de grupo conocidos o por investigar, éstos no son de su incumbencia- ¿Por qué no son de su incumbencia? pues porque ha definido su interés. dentro del campo psicoanalítico y ha reconocido como su intención formular una teoría psicoanalítico de los grupos; de todos modos se impone aquí una interrogación:¿es ésta una estricta de limitación de campo disciplinario, o una limitación de los abordajes de objeto discreto? ¿Opera aquí el a priori individuo-sociedad? ¿Los organizadores socioculturales -por ejemplo, el poder, el dinero y las ideologías, por tomar a Lourau- al quedar silenciados o invisibilizados sea en las interpretaciones y/o en la reflexión teórica, qué presencia pueden conservar? En ese sentido las resonancias fantasmáticas, ¿no corren el peligro de pensarse corno "los" dinamismos grupales, o como el basamento de todo movimiento grupal?

Se hace necesario diferenciar que si bien las experiencias grupales, indudablemente, enlazan fantasmas, esto no sería lo mismo que pensar que la experiencia de grupo es fantasmática.136 Si se retorna la exigencia planteada por esta corriente con respecto al encuadre psicoanalítico para que él favorezca la emergencia, la elaboración y la interpretación de las formaciones y de los procesos psíquicos implicados en la elaboración del grupo (esto es, el reconocimiento por parte de estos autores de que la situación grupal se desarrolla a partir de las características del dispositivo), sería legítimo interrogar al dispositivo diseñado para el despliegue de sus actividades grupales; en él los integrantes se reúnen en grupo para hablar de la experiencia de grupo: ¿el mismo diseño de la experiencia, no será aquello que favorece una conceptualización onírico-fantasmal de los grupos?

En ese sentido, no se intenta aquí una crítica del dispositivo diseñado por esta corriente en sus grupos de formación; muy por el contrario parece reunir las condiciones para satisfacer el objetivo que sus diseñadores se han planteado: el grupo como contexto de descubrimiento de las formaciones de lo inconsciente; sino abrir advertencia frente a la posible extensión sustancialista por la cual las propiedades a las cuales este dispositivo abre visibilidad, quedan en su proceso de enunciabilidad connotadas como las propiedades esenciales de los grupos, o aquellos determinantes estructurales de los cuales todo acontecer grupal fuera su expresión, las formas enmascaradas por las que ello habla.

Se hacen necesarias algunas precisiones. En primer lugar, Anzieu y su escuela diseñan un dispositivo que, como Kaës subraya, organiza las formas de desarrollo de la situación grupal, es decir que produce la visibilidad de determinados acontecimientos grupales y en rigor de verdad- no son pocas ni irrelevantes las áreas de visibilidad que abre. Da forma a la noción de resonancia fantasmática esbozada ya por los autores ingleses y diferencia la grupalidad del fantasma-virtualidad por la cual la resonancia fantasmática es posible- de un eventual fantasma de grupos sentando un jalón muy importante en la polémica sobre la pertinencia o no de enunciar fantasmas colectivos.

Deja en invisibilidad otros organizadores grupales no enunciables desde sus conceptualizaciones psicoanalíticas; y esto no es un error ni un defecto por cuanto la preocupación de esta escuela es formular una teoría psicoanalítica de los grupos y no una teoría de lo grupal. A diferencia de Bion, quien no encontraba ninguna justificación para nominar psicoanálisis a los procedimientos psicoterapéuticos de grupo que él llevó adelante, esta corriente afirmará a los grupos como espacios válidos para investigar formaciones inconscientes, y sin duda lo son, a condición de no considerar estas exploraciones como estrictas investigaciones de lo grupal; en ese sentido podría afirmarse que esta corriente se ha preocupado por diseñar espacios grupales que hagan posible el despliegue y la investigación de formaciones inconscientes. Es decir que no se propone centralmente investigar grupos, sino que implementa dispositivos colectivos para investigar formaciones inconscientes. Esto no excluye que sus aportes constituyan conceptualizaciones de gran importancia y a esta altura ineludibles para investigadores del campo grupal. Ineludibles a condición de poder realizar ciertas delimitaciones.137

Si bien puntualizan que entre el aparato psíquico grupal y el individual -dotados de las mismas instancias- hay diferencias en sus principios de funcionamiento: aparatos homólogos pero no isomorfos, restan muchas dudas con respecto a la articulación de los organizadores grupales que esta perspectiva psicoanalítica ha hecho visibles, y aquellos que necesariamente quedan en invisibilidad desde tal perspectiva teórica y sus dispositivos. No se invalida o subestima la importancia de estos aportes que han posibilitado, como ya se dijo, la elucidación de los anudamientos-desanudamientos fantasmáticos en los grupos; el problema es que si no se acota que ésta es una visibilidad abierta por determinado campo disciplinario, puede deslizarse tal elucidación llegando a considerar que tales enlaces son los organizadores grupales. Todos ellos o aquellos a los que otros organizadores están subordinados en su determinación.

Es importante puntuar estrictas delimitaciones, tanto epistemológicas como metodológicas ya que de lo contrario se corre el riesgo de incurrir en otra forma de psicoanalismo; para ello es interesante la diferencia realizada por Larriera entre psicologización y subjetivación, a partir de su análisis del texto freudiano de Psicología de las masas y análisis del yo. Dice el autor:
El texto freudiano es particularmente ilustrativo, en su revisión de las concepciones de la psicología social, del abismo que separa a la psicologización de la subjetivación. Y esto es, en verdad, psicoanálisis de masas, lo cual de ninguna manera puede ser tomado como una aplicación del psicoanálisis a lo social; las masas no tienen ni madre ni padre, ni pulsiones ni deseos, así como no existen los fantasmas colectivos de las multitudes. Cualquier aseveración en este sentido no hace más que desvirtuar el rigor freudiano al considerar la cuestión, pues Freud solamente estableció las condiciones estructurales del sujeto que posibilitan que "haga masa". En otras palabras puso el fundamento subjetivo del hecho de masas, su principio material. Masa es lo que el sujeto no puede dejar de hacer por el hecho de ser sujeto: eso es lo que Freud demostró. Operó una desustancialización del hecho de masas al dar sus condiciones de causación, pero de ello no se sigue la posibilidad de reinscribir en este campo al niño, sus progenitores o una pulsión cualquiera, pues eso sería volver a sustancializarlo, transformando el paso dado en una nueva psicología.138
En el mismo sentido es que se afirma que el hacer visible la grupalidad del fantasma individual como virtualidad de la resonancia fantasmática en los grupos da cuenta de las condiciones estructurales del sujeto para que "haga grupo” (o "haga nudo"). En tal razón resulta relevante para una genealogía de lo grupal diferenciar el aporte que esta escuela psicoanalítica realiza para la comprensión de las condiciones estructurales del sujeto para que "haga grupo" de una narrativa psicoanalítica por la cual pueden sustancializarse, y psicologizarse, o psicoanalitizarse procesos grupales.

¿Qué significa aquí sustancializar?: transformar ciertos procesos grupales que determinado dispositivo y su marco teórico hacen posibles, en los procesos esenciales o fundantes o determinantes de un grupo; al esencializarlos se los ubica como determinantes estructurales de todo otro movimiento grupal con la consiguiente centralización teórica y profesional del campo disciplinario que logre tal hegemonía; de esta manera la escucha del coordinador privilegiará necesariamente estos procesos como fundantes; y el pensamiento del teórico puede sesgarse hacia la ilusión de completud por la cual desde el objeto discreto de su disciplina puede dar cuenta fehacientemente de un campo complejo, discontinuo y paradojal como el grupal.

En síntesis, esta corriente que desde un primer momento se propone como uno de sus objetivos centrales dar un estatuto psicoanalítico al trabajo con grupos aporta inteligibilidad con respecto a las condiciones por las cuales el sujeto de su disciplina, el sujeto inconsciente, entra en resonancia fantasmática y "hace” grupo.

A partir de allí sería una extensión indebida afirmar que los grupos son fantasmáticos o que la identificación es el motor de los grupos.139 La resonancia fantasmática, la identificación, etc., son aquellos motores grupales sobre los que el psicoanálisis por las características de su objeto de estudio y los dispositivos que diseña para revelarlo, se encuentra posibilitado de producir visibilidad y enunciabilidad.

En la Argentina, esta confusión epistémica suele reforzarse desde las prácticas grupales mismas, en tanto la mayoría de ellas se despliegan dentro de la clínica psicoanalítico, de tal suerte que allí sí el eje del trabajo son -necesariamente- los juegos de resonancias fantasmáticas y/o los juegos identificatorios; por tal razón es importante insistir en este tópico; allí, el dispositivo grupal, en tanto espacio táctico, esta diseñado para abrir visibilidad a tales juegos, ya que es precisamente esto lo que busca analizar.

Hasta aquí no parecería haber ningún problema. Este surge cuando se produce un salto epistémico en el cual se organizan varias operaciones simultáneas: en primer lugar, permanece en invisibilidad el hecho de que los procesos grupales "observados" son aquellos que el dispositivo diseñado hace posibles de ver. A partir de allí, estos procesos que visibiliza este dispositivo, pasan a considerarse como los procesos grupales determinantes de todo acontecer grupal; cuando esta jerarquización toma una forma globalizante se crean las condiciones para otorgar a tales procesos las características de sustancia, de esencia grupal.

En otros casos, esto posiciona una centralización teórica y al psicologizar o psicoanalitizar -en el sentido de extraterritorialidad psicoanalítica- la lectura de lo grupal, se inclina la tensión de lo singular-colectivo a su forma "individuo" antinómica de su forma "sociedad", acentuando la existencia de determinados acontecimientos grupales, y generando ilusional pero eficazmente la no existencia de otros movimientos. Así, por ejemplo, cuando esta escuela acentúa el espacio grupal como amenazante de la integridad yoica corre el riesgo de invisibilizar dicho espacio como soporte identificatorio.

Es importante en ese sentido sostener la tensión operante entre amenaza al yo y soporte identificatorio, es decir, reconocer su coexistencia conflictiva, paradojas, donde no es posible reducir un polo de la tensión a la lógica interna del otro polo; cuando se produce la tendencia a inclinarse a uno de los polos suele ser en virtud de que se ha puesto en juego la antinomia "individuo-sociedad", pero como tal a priori funciona en calidad de impensable ideológico, pasa a funcionar generando el reduccionismo psicológico en este caso- que sustancializa lo que previamente redujo. De tal forma, se dice: "los grupos son una amenaza a la identidad", o en su contrario, "los grupos son un sostén identificatorio y/o solidario", cuando en realidad debería relativizarse la afirmación, diciendo que en determinadas condiciones -y habrá que investigar cuáles, cómo, etc.- tal grupo pone en juego significaciones imaginarias desde las cuales algunos de sus integrantes lo perciben como amenazante o bien como soporte. Cabe aun otra interrogación: ¿Qué es lo amenazado en un grupo? Habría que realizar mayores precisiones conceptuales que permitan mantener una eficaz distinción entre nociones tales como "individuo", "identidad", "yo". Si lo amenazado es el "autonomus ego" (Lacan), no puede ser de otra manera ya que la presencia del otro desmiente su ficción unitaria. ¿Qué es lo sostenido en tal espacio colectivo? El otro -en tanto semejante y diferente- está allí para hacer posible que en el lazo social el sujeto se re-cree como tal.

Con respecto a la sustancialización mencionada, se operan dos reducciones al mismo tiempo. Por una parte, sólo se "ve" la lógica de uno de los polos; por otra parte, como desde esta primera operación se demuestra lo que los grupos son, se cierra la interrogación acerca de por qué, cómo, cuándo, tal grupo opera como amenaza o bien como soporte para sus miembros; además de esta forma ciega también el investigar las diferencias de inscripción de las significaciones imaginarias que habrá entre los diversos integrantes del grupo, ya que será amenaza para unos, soporte para otros, etcétera. Pero si, en función del a priori, se naturaliza esta producción, se cierra la interrogación acerca de por qué, cómo, para algunos dispara determinada significación, y no otra. La premura por encontrar el a priori en la "experiencia" suele volver innecesaria toda investigación, de tal manera que en vez de ser ésta un observable local a interrogar, se transforma -en función de la premura mencionada- en una evidencia fáctica que no necesita de ninguna pregunta.

Así, por ejemplo, cuando esta escuela desarrolla su análisis sobre los grupos amplios, pone el énfasis en los procesos de escisión de la transferencia por los cuales el grupo amplio es un lugar propicio para intensos movimientos de transferencia negativa. Cuando esto afirma pareciera no poder evaluar la incidencia del dispositivo elegido en tal acontecer. Observan que la transferencia se escinde en negativa para el amplio y positiva para el pequeño grupo. Esto les permite generalizar afanando que los grupos amplios promueven movimientos transferenciales negativos. Antes que aseverar tal cosa habrá que investigar qué características del dispositivo facilitan tales procesos, Otro factor imprescindible en el análisis de la escisión de la transferencia es, por supuesto, la indagación de las inscripciones institucionales en tales grupos. También habría que preguntarse si es posible diseñar dispositivos donde esto no ocurra. Por otra parte, al psicoanalitizar la lectura, y mantener invisible las formas circulantes de transferencia institucional se cercena otro importante vector de análisis para investigarlos cómo y cuándo se produce este tipo de escisión de la transferencia. De tal manera se naturaliza como una característica de los grupos amplios la tendencia a producir situaciones transferenciales y contratransferenciales muy conflictivas para los coordinadores, quienes según Anzieu "se asustan de coordinar grupos amplios."140

Las investigaciones realizadas en ámbitos muy diferentes a los grupos de formación de esta escuela ponen de relieve otras configuraciones emblemáticas que los grupos amplios producen, facilitando las condiciones para la producción de significaciones imaginarias que sostienen soportes identificatorios y/o de restitución de identidades gravemente amenazados por situaciones traumáticas: trabajos grupales con familiares de desaparecidos, con sobrevivientes de campos de desaparecidos, mujeres golpeadas, ex combatientes de Guerra de Malvinas, o situaciones no tan límites pero muy desestructurantes puestas de manifiesto en el trabajo con equipos de médicos de servicios donde se asiste a recién nacidos de alto riesgo,141 donde los dispositivos grupales montados más que generar fantasías de amenaza yoica, son vividos como espacios de sostén y restitución.

Recordemos que Freud había puntualizado que en la vida psíquica del individuo el otro interviene regularmente como modelo, sostén y adversario. Estos tres tipos de figuraciones están en juego -los tres- en los colectivos humanos; cuando una teorización acentúa alguna de ellas habrá que sostenerla vigilancia epistémica suficiente que permita analizar cómo juegan aquí los a priori conceptuales del "autonomus ego", cuánto del dispositivo gestado, de la transferencia institucional o de los objetivos de la actividad realizada generan la ilusión de eliminar la tensión amenaza-sostén hacia uno de los polos. Aquí se pone el énfasis en el sesgo "amenaza" porque es más frecuente encontrarlo en nuestro medio, pero lo mismo cabría para aquellos dispositivos que sesgan hacia la figuración "sostén", sin tener en cuenta la figuración "amenaza", produciendo generalmente procesos ilusorios grupales-institucionales que dificultan a sus integrantes la reinserción en su comunidad.

En síntesis, no se puede analizar aquello que se naturaliza; no se puede teorizar aquello que se sustancializa. Condición de las operaciones de análisis y teorización es mantener interrogación, problematizar, no sólo aquello que se ofrece oscuro, o que produce dudas, sino también -y fundamentalmente- es necesario interrogar y problematizar lo obvio. Es allí, en las fuertes evidencias, donde se encuentran las fortalezas de las producciones ideologizadas.

Los "descubrimientos" de esta corrientes han permitido encontrar las condiciones estructurales del sujeto inconsciente para que haga nudo. Queda, a partir de allí, abierta la investigación que permita "descubrir" en los colectivos grupales la articulación de estos organizadores subjetivos singulares, con los organizadores institucionales y sociales.

Otro punto de difícil investigación será poder localizar en qué momento unos u otros son vectores prevalecientes en la organización de determinados enlaces grupales. Así, por ejemplo, si bien podría afanarse que las condiciones estructurales para que el sujeto inconsciente haga nudo se presentan como condiciones fundantes de un grupo, se ha podido observar que una inscripción institucional conflictiva puede volver imposible Regar a esta condición. Ciertas configuraciones emblemático-institucionales tienen la facultad de hacer posible o volver imposible los anudamientos-desanudamientos fantasmáticos.

Sería un camino que no lleva a ninguna parte discutir si la condición fantasmática es más importante que la institucional, o viceversa; la preocupación por la "determinación" de mayor gravitación suele ser una forma de disputa por hegemonías teóricas o profesionales más que formas de investigar el problema.

En tal sentido, descentrarse de tal implicación permite encontrar la necesidad de interrogar puntualmente en cada situación a indagar cómo juegan las diversas variables, qué factores hacen posible determinadas articulaciones y no otras. En síntesis, cuándo, cómo, por qué, en un nudo grupal, algunos de sus hilos constitutivos, en un momento dado, ha cobrado mayor significación que otros.




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