Colección Psicología Conternporánea



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C. El todo no lo es todo

Las psicoterapias de grupo psicoanalíticas hasta aquí presentadas suelen agruparse en dos tendencias: Psicoanálisis en grupo y Psicoanálisis del grupo. Interesa localizar este punto por cuanto debe relacionarse con algunas cuestiones planteadas previamente. Tomando a los psicoanalistas del grupo, esto es, que analizan al grupo, podría pensarse que ésta sería la corriente que, superando el eventual "individualismo" de la anterior, en tanto toma al grupo como un todo, ha rescatado la especificidad de lo grupal.

Pero si se realiza un análisis más detenido se podrá observar que, si bien se interpreta al TODO-GRUPO, (en algunos casos se dirá incluso "el grupo-piensa", "siente", "se angustia", etc.) es decir, se toma al grupo como destinatario de toda interpretación, esto no es la garantía de que esa totalidad: el grupo, haya logrado algún grado de especificidad o particularización. Se interpreta al grupo, ¿pero hay allí noción de grupalidad? Se planteó anteriormente que la demarcación de la totalidad suele ser condición necesaria pero no suficiente para el abordaje de la demarcación del campo grupal.102

¿Qué se le interpreta al grupo? Más allá de cierta influencia indirecta de la Dinámica de Grupos en algunos analistas de grupo ingleses y argentinos, se "lee" la transferencia, las ansiedades y las fantasías. Esto es, se traslada al conjunto del corpus psicoanalítico de esta corriente tal cual, pero en vez de interpretar a las personas singulares, es el grupo el receptor global de las interpretaciones; la fantasía inconsciente grupal, es aquella fantasía individual que ha operado como común denominador de los integrantes. El grupo más que confirmar una eventual totalidad específica, es algo así como un conjunto de personas portadoras de un sujeto inconsciente en el que se hallan inscriptos, y en tanto tal acreedor de igual tipo de interpretaciones que las personas que se encuentran en tratamiento psicoanalítico de contrato dual. Este tipo de orientación fue creando las condiciones de existencia de nociones como fantasía grupal que operaron en analogía con la fantasía inconsciente singular.103 Si bien es necesario considerar que los grupos construyen sus propias figuraciones imaginarias, es importante diferenciarlas de supuestas fantasías grupales de igual categoría inconsciente que las fantasías investigadas por el psicoanálisis. Es pertinente subrayar esta demarcación por cuanto la búsqueda de "la fantasía inconsciente grupal" ha sido uno de los conceptos facilitadores de la ficción del grupo como intencionalidad.


Con respecto a la relación todo-partes, planteos estructuralistas posteriores puntualizaron que no alcanza con afirmar que el todo es más que la suma de las partes, si no puede anunciarse el sistema de relaciones de las partes entre sí, de las partes con el todo y del todo y las partes. Este todo-grupo que en un primer momento se constituyó en principio de demarcación comienzo así a transformarse en "obstáculo epistemológico"104 para pensar lo grupal. El grupo -que en realidad resultó ser un "gran individuo" es siempre posible de ser visualizado como un organismo vivo; analogías como: gran organismo, cuerpo que siente, piensa, se angustia, se defiende, transfiere, se resiste, etc., operan en realidad como cuerpos nacionales o representacionales destinados a suplir vacíos teóricos que aún presentaban las teorizaciones. El problema radica en que estos vacíos teóricos se mantuvieron como "necesarios" en tanto se operó un pasaje del campo psicoanalítico al campo grupal sin reformular ninguna área del primero.

Más allá de las críticas que desde la actualidad podrían realizarse a esta forma de trabajo, interesa resaltar -para una genealogía de lo grupal -que esta corriente abrió dispositivos grupales de número restringido confines terapéuticos, es decir, instituyó grupos en un nuevo campo de aplicación: la clínica psicoanalítica.

Con ligeras variantes, lo fundamental del bagaje tecnológico de ese dispositivo fue: siete u ocho integrantes se reúnen durante una hora y media, se sientan en forma circular con el analista; como no se les da un programa a desarrollar ni indicaciones precisas, todas las contribuciones surgen espontáneamente de los pacientes; todas las comunicaciones del grupo son consideradas como equivalentes a las asociaciones libres del paciente en la situación psicoanalítica; el coordinador mantiene una actividad similar a la que asume el psicoanalista en el tratamiento individual (es el objeto figura de la transferencia) e interpreta contenidos, procesos, actitudes y relaciones. Todas las comunicaciones son de importancia central para la curación y la actividad terapéutica del analista, y se consideran como partes de un campo de interacciones (la matriz del grupo). Todos los miembros deben tomar parte activa en el proceso terapéutico total. Todos los integrantes, incluido el coordinador, se sientan en círculo porque "esto involucra, inconscientemente, la posibilidad de hallarse todos a un mismo nivel".105

Esta corriente al incorporar al nuevo dispositivo las cuestiones básicas de la técnica psicoanalítico clásica abrió virtualidades que permitieran descentrar la coordinación con respecto a los liderazgos y creó las condiciones para la lectura de los procesos inconscientes circulantes en los grupos. Entonces, se instituyeron grupos; ahora bien, retornando la pregunta de Pontalís106: ¿qué hacen cuando instituyen grupos? Analizan a una gran unidad indivisa, a la cual le dirigen similares interpretaciones que a las personas que optan por un psicoanálisis de contrato dual.

Bion107 ha señalado que, cuando las personas entran en estado regresivo fantasean al grupo como una totalidad amenazante de su integridad individual; en realidad, no hay necesidad de entrar en estados muy regresivos para experimentar un fuerte sentimiento de amenaza, si la intervención interpretante posiciona a tal persona siendo parte, estando adentro, de un gran individuo. ¿Cómo no tener en cuenta la productividad de tal intervención provocando imágenes, violentando sentidos, etcétera?

No se toman en este trabajo algunas cuestiones muy polémicas que esta orientación ha despertado en el interior de la comunidad psicoanalítica, tales como el grado de eficacia del psicoanálisis del grupo con respecto al psicoanálisis "individual", o a las críticas al "kleinismo" de su forma de trabajo; no hay que olvidar que ése era el psicoanálisis de los años 50-60 en la Argentina. Tuvieron sin duda el costo de los pioneros; de tal forma, cuando años después son analizadas sus producciones, generan una sensación ambivalente, mezcla de admiración por su iniciativa de abrir caminos nuevos y al mismo tiempo una suerte de incomodidad frente a la precariedad inevitable de sus tecnologías.

En el intento de reconstrucción genealógica es conveniente detenerse en un punto significativo, ¿porqué habrán visto un "gran individuo"?, ¿por qué habrán pensado la existencia de una fantasía inconsciente grupal? Sin duda el pensar a los grupos como grandes individuos se transforma en un obstáculo epistemológico para pensarlos en sus propios sistemas de legalidades, sin embargo es probable que frente a esta pregunta no pueda formularse una única respuesta. Habrá que poner en juego diferentes cuestiones problemáticas.

Sin duda ésta fue la forma de poner en enunciado cierta constatación que realiza todo coordinador de grupos con respecto al plus grupal. Ese algo más que allí se constata pero que es difícil poner en palabras, atribuirle causas, establecer leyes. Al producir sus discursos sobre la grupalidad, esta corriente quedó restringida por cierta tendencia del psicoanálisis -en cualquiera de sus escuelas- a la extraterritorialidad108, esto es, a considerar el sistema de legalidad propio para el campo psicoanalítico, como absolutamente válido para interpretar regiones de otras territorialidades disciplinarias; esto implica no considerar otros campos disciplinarios como tales, sino como meros espacios de aplicación del psicoanálisis. Este tipo de extrapolaciones que suelen constituir -aun hoy- fuertes impensables del psicoanálisis, pudieron hacer posible que estos primeros psicoanalistas de grupo consideraran que sólo era cuestión de trasladar el bagaje tecnológico y sus formas de contrato dual al colectivo, sin necesidad de grandes modificaciones. Esta ha sido una de las maneras por las que el a priori "individualista" creó condiciones para pensar a los grupos con igual sistema de legalidades que lo inconsciente. Tal a priori opera aquí dos movimientos de reducción; uno por el cual, como se ha señalado en páginas anteriores, el grupo es pensado como un gran individuo; otro por el cual se confunde el "sujeto del inconsciente" con el “moi" y aun con el "individuo", reducción criticada enfáticamente por Lacan.109

Por otra parte, no pueden dejar de mencionarse situaciones internas a la institución psicoanalítico, ya que si quienes montaban dispositivos grupales clínicos eran psicoanalistas, por el hecho de serio se encontraban frente a la urgencia de legitimar sus prácticas frente a sus pares. En tal sentido el camino elegido para hacerlo fue mostrar que aquello que realizaban en sus grupos era psicoanálisis y por lo tanto debía presentar las menores variaciones posibles con respecto a la forma instituida de contrato dual. Esto operó como fuerte obstáculo para pensar cualquier especificidad o diferencia tanto teórica como técnica en los grupos; este peso de la institución psicoanalítico, en su forma corporativa, no sólo suele encontrarse en los primeros intentos de articulación del psicoanálisis con el campo grupal, sino que ha recorrido la historia misma de la institucionalización del psicoanálisis.110

En función de lo antedicho, de aquí en más se hará necesario distinguir los importantes aportes del psicoanálisis -en sus distintas corrientes- al campo grupal, de un psicoanalismo en los grupos.

Junto a esta forma que adopta el psicoanalismo en el campo grupal: tomar al grupo como un gran individuo, y su consecuencia teórico-técnica: la fantasía inconsciente grupal, puede mencionarse otra forma de su extraterritorialidad, que suele acompañar a la primera: la novela psicoanalítica de los grupos; el contenido de su narrativa varía según la corriente de psicoanálisis en que se produzca, así, podrá pensarse el grupo como una boca, como cuerpo de la madre arcaica, como un espacio edípico, en estados ansiosos, melancólicos, en transferencia, etc., cuando en realidad los grupos, como las masas y las instituciones no son madre ni padre, ni tienen pulsiones, deseos ni estados psicopatológicos. Por consiguiente, se vuelve imprescindible diferenciar la escucha analítica como instrumento imprescindible en el trabajo con grupos -aun por fuera de la clínica- de la "comprensión" de los acontecimientos grupales desde alguna narrativa psicoanalítico de los mismos.

A partir de aquí, y volviendo a planteos de páginas anteriores, puede afirmarse que el pensar la totalidad no garantiza la absoluta demarcación del campo disciplinario; habrá que pensar las relaciones de las partes entre sí con el todo. Una vez armada esta articulación el todo no tiene por qué contradecirse con momentos particularizados de las partes; asimismo, dentro de este conjunto habrá que pensar cuáles son los organizadores que relacionan al todo y las partes, a las partes en sí.

Tal vez lo que más interesa subrayares reincidencia que esta forma de pensar la relación todo-partes tiene de manera directa en las modalidades técnicas en grupo; así, por ejemplo, la noción de un todo fundante del que derivan o emergen partes, suele orientar intervenciones globalizantes de la coordinación, enunciadas generalmente en forma impersonal, que subordinan o silencian las particularidades, diferencias, singularidades, a una totalidad homogénea y de hecho, masificadora.

En ese sentido, de considerar al grupo como un todo, habrá que trabajar una noción de totalidad que no homogeinice partes, donde las singularidades puedan ser significadas en todos sus movimientos de diferencias e identidades. Donde las singularidades no sean sinónimo de las personas que componen tal colectivo.

En el dispositivo que monta el psicoanálisis de grupos puede observarse que, si bien sostienen la intuición fundante de un plus grupal irreductible, al no poder sostener la tensión todo-partes subsumieron estas últimas en el primero. Esto implicó consecuencias técnicas presentes aun en la actualidad, y que han dado lugar a muchas críticas basadas en el efecto-masa que producen los grupos.111 Se recicla ahora en el campo psicoanalítico una polémica que se había desatado en la psicología académica entre totalistas y elementalistas, o como los denomina Asch112 entre individualistas y mentalistas. Para los primeros el grupo era una combinación construida a partir de elementos individuales, mientras que el segundo convierte al grupo en un gran individuo, de la misma clase que los individuos humanos y con los mismos mecanismos de funcionamiento interno. Su tesis de una mentalidad de grupo fue una respuesta reactiva frente a los individualistas que ostentaban al individuo como prueba corpórea de sus argumentaciones; una mente de grupo antropomórficamente pensada, debía ser la prueba más contundente en épocas en que el Hombre se constituía en nuevo mandatario de la modernidad.

El psicoanálisis del grupo -que junto con la concepción operativa de Pichon Riviére y el Psicodrama Psicoanalítico, formó a la mayoría de los coordinadores de grupo de los años '60 y '70 en la Argentina- operó persistentemente con el reduccionismo señalado; en ese sentido constituye un fiel exponente de la mentalidad de grupo. Son varias las figuras de este reduccionismo.113 Una de ellas es la tendencia a visualizar un grupo como una "persona" de la cual cada integrante representa una función o estructura especializada; esto permite al coordinador "entender" lo que acontece a través de una imagen integrada, unificadora. Otra figura es la adscripción de vivencias al grupo, corolario biológico de su personificación, por la cual éste es capaz de vivenciar emociones; esto contribuye a un estilo técnico bastante frecuente que parte de la suposición de que si "una parte del grupo" (algún miembro o miembros) expresa un sentimiento, los que no lo manifestaron deberán sentirlo de alguna manera. En consecuencia la interpretación hará referencia a ese sentimiento del grupo. Se encuentran aquí en acto dos nociones: el individuo-síntoma que representa al grupo persona y el grupo dotado de intencionalidad. Estas nociones harán posible intervenciones interpretativas que pondrán en enunciado cuestiones tales como que el grupo transfiere, resiste las interpretaciones, se angustia, se deprime o está maníaco.

Otra consecuencia típica de la personificación es el tomar la parte por el todo, en estos casos se supone que "el emergente" mantiene con el grupo la misma relación de representación que la sustentada por un segmento de conducta respecto de la persona total. La lógica interna de este supuesto es la siguiente: a partir de la premisa "la conducta de un elemento es función del todo", se concluye con rapidez que la conducta del individuo es la conducta del grupo. Su sostén es la convicción de que cualquier conducta de un miembro representa o expresa la situación que atraviesa el grupo, es decir que el "problema" de un integrante es representación a escala individual del "problema" grupal.

Sin duda, una producción discursiva gestual, corporal, etc., de algún integrante de un grupo puede configurarse eventualmente como indicador de una situación grupal, pero a condición de que cobre tal significación en una red de enlaces discursivos, gestuales, etc.; es decir a veces y no siempre. En consecuencia, lo que quiere aquí advertirse es el vicio de cierto reduccionismo por el cual el coordinador está dispuesto a priori a registrar todo movimiento de algún integrante del grupo como indicador veraz y cierto de un movimiento análogo en el colectivo en cuestión; de tal forma los integrantes, en sus intervenciones son contribuyentes anónimos de una "conducta" o "fantasía grupal" indiferenciado que se expresa a través de ellos.






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