Colección Psicología Conternporánea


F. El nacimiento de lo grupal



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F. El nacimiento de lo grupal

Antes de avanzar se hace necesario aclarar el sentido en que se utilizan los términos Dispositivo de los Grupos y dispositivos grupales.89 El primero se refiere a la aparición histórica -a partir de 1930,1940 aproximadamente- de ciertos criterios en virtud de los cuales comenzó a pensarse en artificios grupales para "resolver” algunos conflictos que se generaban en las relaciones sociales. Adquieren visibilidad conflictos humanos en la producción económica, en la salud, en la educación, en la familia y las instancias organizativas de la sociedad pasan a considerar estas cuestiones como parte de los problemas que deben resolver.

Las tecnologías previamente existentes son consideradas ineficaces; los conflictos puestos de manifiesto exigen otras formas de intervención y especialistas adecuados a tales fines.

Desde diferentes puntos de iniciación se inventa una nueva tecnología: el Dispositivo de los Grupos; aparece un nuevo técnico: el coordinador de grupos; se gestiona una nueva convicción: los abordajes grupales pueden operar como espacios tácticos90 con los que se intentará dar respuesta a múltiples problemas que el avance de la modernidad despliega.

El Dispositivo de los Grupos cuenta con varias localizaciones fundacionales, que crean las condiciones para la institucionalización de tecnologías grupales en los más variados campos de aplicación. Su rápido desarrollo evidencia que ha sido respuesta a una urgencia histórica" que la hizo posible y a necesidades del socius que la desplegaron. A su vez en el mismo proceso que se instituyeron este tipo de intervenciones se delimitaron sus recortes disciplinarios, se consolidaron sus discursos y se establecieron sus impensables.91

En cambio, cuando se utiliza la expresión dispositivos grupales se hace referencia a las diversas modalidades de trabajo con grupos que cobraron cierta presencia propia en función de las características teórico-técnicas elegidas, como también de los campos de aplicación donde se han difundido. Así, por ejemplo, puede hablarse de dispositivos grupales psicoanalíticos, psicodramáticos, de grupo operativo, gestálticos, etcétera. Cada uno de ellos crea condiciones para la producción de determinados efectos de grupo –y no otros-; son en tal sentido virtualidades específicas, artificios locales de los que se espera determinados efectos.

Los dispositivos grupales forman parte del Dispositivo de los Grupos, en la medida en que históricamente, a partir de las primeras experiencias de K. Lewin y E. Mayo por un lado, las experiencias de Moreno y el diseño de la clínica psicoanalítica de instancias por otro, se inaugura una modalidad que abre espacios de un número numerable de personas para la producción de efectos específicos en diversas formas de intervenciones institucionales.

Quiere acentuarse de esta manera el carácter virtual de los efectos de grupo, diferenciando estas elucidaciones de aquellas animadas por un interés óntico: precisar qué es un grupo. Por el contrario, se sostiene -en un sentido genealógico- que aquello que las diferentes orientaciones en el campo de lo grupal han abierto como visibilidad con respecto a qué son los grupos muchas veces han sido capturadas por los efectos del dispositivo montado; sin embargo, han generado la ilusión de haber hallado características esenciales de los grupos.

Se trata de problematizar tal esencialización por cuanto se afirma que las áreas de visibilidad abiertas y sus enunciados son producto de la compleja articulación de la demanda social a la que responde, de su posicionamiento en la tensión de lo singular y lo colectivo, de los dispositivos grupales montados y de sus impensables institucionales.

Los grupos no son lo grupal. Ya Bion92 había intuido algo de esto cuando señalaba que los requisitos tales como que un conjunto de personas se reúna en un mismo lugar y al mismo tiempo son sólo necesarios para hacer posible el estudio de los grupos, así como para que sea posible demostrar una relación de transferencia, es necesario que el analista y el analizante se reúnan. Decía este autor:
sólo si los individuos se acercan suficientemente unos a otros es posible dar una interpretación sin necesidad de gritar; de la misma manera es necesario que todos los miembros de un grupo puedan comprobar los elementos en los que se fundamentan las interpretaciones. Por estas razones el número y el grado de dispersión del grupo deben ser limitados. El hecho de que el grupo se constituya en un lugar determinado y en un momento determinado, es importante por las razones mecánicas señaladas, pero no tiene mayor significado para la producción de fenómenos de grupo; la idea de que ello sea significativo surge de la impresión que establece que una cosa comienza en el momento en que su existencia se hace palpable […] la existencia de la conducta de grupo se hace evidentemente más fácil de demostrar, y aun de observar, si el grupo se constituye como tal.93
Esta intuición de Bion subraya que, si bien los seres humanos son impensables por fuera de grupos, los grupos se vuelven visibles a partir del montaje de dispositivos técnicos tales que permitan demostrar y observar las conductas de grupo.

Se presentan hasta aquí dos niveles de existencia de los grupos: el primero fáctico, en tanto hechos sociales; el segundo del campo disciplinario, por cuanto al montarse los sucesivos dispositivos grupales del Dispositivo de los Grupos, los grupos paulatinamente se vuelven visibles, observables, comprobables, explicables, experimentables, teorizables, es decir, enunciables. En este sentido la microsociología al instituir dispositivos grupales localizó uno de los nacimientos a lo grupal. Antes de ella, los grupos estaban ahí, en una inmediatez tal, que no se veían.


Capítulo IV
HACIA UNA CLINICA GRUPAL

A. Primeros dispositivos grupales terapéuticos
Se considera que los primeros intentos de abordajes colectivos con fines terapéuticos fueron las actividades iniciadas por Pratt en 1905, al introducir el sistema de "clases colectivas" en una sala de pacientes tuberculosos. El objetivo de esta terapia consistía en acelerar la recuperación física de los enfermos, mediante una serie de medidas sugestivas destinadas a que éstos cumplieran de la mejor manera posible su régimen dentro de un clima de cooperación o, mejor dicho, de emulación. Las clases o sesiones a las que concurrían más de cincuenta pacientes, constaban de una breve conferencia del terapeuta que disertaba sobre la higiene o los problemas del tratamiento de la tuberculosis; a continuación, los pacientes formulaban las preguntas o discutían el tema con el médico. En estas reuniones, los enfermos más interesados en las actividades colectivas y los que mejor cumplían con el régimen, pasaban a ocupar las primeras filas del aula, estableciéndose un escalafón jerárquico bien definido, conocido y respetado por todos. En vista de los buenos resultados que daba este método, Pratt escribió un trabajo preliminar en 1906, que amplió en los años subsiguientes; pronto, otros probaron su técnica con resultados similares.94

El mérito de Pratt fue utilizar en forma sistemática y deliberada las emociones colectivas con una finalidad terapéutica. Su técnica se apoyaba en dos pilares: activar en forma controlada la aparición de sentimientos de emulación y solidaridad en el grupo y asumir, él mismo, el papel de una figura paternal idealizada. El método incentivaba un fuerte enlace emocional del enfermo con el médico; ilustra gráficamente dicho propósito su sistema de promociones que premiaba "al buen paciente", permitiéndole que se sentara cada vez más cerca de él en las reuniones.

Considerando la importancia de la idealización del médico, no es de extrañar que la estructura y función de este tipo de grupo fuera similar a las de ciertos grupos religiosos que persiguen fines parecidos.

A los métodos que han seguido la orientación de Pratt se los ha denominado genéricamente, terapias exhortativas parentales que actúan "por" el grupo.95 Se dice que actúan "por" el grupo, porque incitan y se valen de las emociones colectivas aunque no intenten comprenderlas. Se busca la solidaridad del grupo con fines terapéuticos; Pratt, Buck y Chapel utilizaron este método como una forma auxiliar de los tratamientos médicos de pacientes con trastornos orgánicos crónicos (tuberculosos, diabéticos, etcétera).96

En versiones más actuales puede encontrarse este tipo de técnicas auxiliares en algunas formas de tratamientos de obesos que toman como uno de sus resortes terapéuticos el "carisma" del médico, generalmente muy reconocido socialmente.

A partir de esta primera corriente, que todavía cuenta con sus adeptos, se produjo una interesante diferenciación; las terapias que actúan "por" el grupo, con una estructura fraternal. En este caso, el dinamismo es análogo: incitar y canalizar emociones colectivas en grupos solidarios; el tipo de relación entre el grupo y el terapeuta es, sin embargo, diametralmente opuesto al de la corriente ejemplificada por Pratt. En lugar de idealizar el médico esta corriente estimula una fraternidad que busca el mayor sostén entre sus miembros, disminuyendo al máximo el liderazgo centrado en el técnico.

El ejemplo más acabado de esta tendencia terapéutica se encuentra entre los "alcohólicos anónimos" (los A.A.); esta organización, iniciada en 1935, cobra rápida aceptación en los años siguientes, en EE.UU., difundiéndose luego por muchos países. Los A.A., más que un grupo terapéutico en strictu sensu, forman generalmente una sociedad con contribución económica y participación voluntaria de sus miembros, algo así como una asociación de alcoholistas reformados.

El efecto terapéutico se basa en la presunción de que el ex alcoholista puede influir más eficazmente a otro alcoholista, este último es capaz de establecer lazos más plenos con su reformador, al saber que éste ha tenido el mismo problema y -lo que no es menos importante- frente al hecho de que ha podido superarlo. La dinámica de esta terapia es ingeniosamente eficaz pues el ex alcoholista se beneficia a su vez "restaurando" al paciente, y de esta forma se crean condiciones para que pueda conectarse desde "otro lugar" con su propio alcoholismo. Los A.A., tal vez el tipo más elaborado dentro de estas terapias colectivas, se reúnen semanalmente en sesiones similares a las de Pratt, en el sentido de que discuten temas relacionados con su misión, con la excepción ya señalada de que en este tipo de grupo no existe ningún líder que no sea "uno de nosotros".

Este tipo de terapia busca, a través de su carácter "fraternista", crear condiciones para que las personas que concurren a estas instituciones encuentren en ellas -a través de sus grupos- un espacio de soporte solidario de restitución de la dignidad personal, y/o de la identidad trastocado. Si bien muchas veces se gestan allí verdaderas místicas de lo fraterno, es indudable que estas organizaciones proveen redes de sostén perdidas generalmente en el espacio familiar, inhallables en el ámbito macrosocial.

Resumiendo, las primeras formas de psicoterapia colectiva que aquí se describen tienen un tronco común, caracterizado por su "dinámica", que consiste en la actuación "por" las emociones del grupo. Todavía no se plantea tratar de comprender su naturaleza ni modificar la estructura que subyace a las mismas; en líneas generales, tienden a estimular lo que popularmente se designa como "buenos sentimientos del grupo". Secundariamente, ambas corrientes se bifurcan en lo que respecta al papel del líder; la primera busca la identificación de los pacientes por la transferencia masiva hacia un líder de tipo paternal-deístico; la segunda, por el contrario, tiende a formar "fraternidades", aboliendo en lo posible todo liderazgo externo o técnico profesional.

Estas orientaciones suelen ser terapéuticamente eficaces más allá de que operen dentro de "paradigmas" muy específicos. Tienen el mérito de haber llamado la atención sobre la importancia de la "socialización" del paciente, ya sea dentro de la institución o en su readaptación a la sociedad; además tienen la ventaja de poder agrupar a gran número de enfermos (las cifras oscilan entre 30 y 100, según los autores), con los consiguientes beneficios cuantitativos.

Sin haber teorizado sobre esto, en estado práctico, se encuentra aquí cierta noción de "efecto de grupo", en tanto descubrieron que el tratamiento de sus pacientes era más eficaz cuando eran agrupados que aisladamente. Queda la pregunta operando, ¿por qué?: ¿qué intercambios allí se producían para generar tales resultados? ¿cuáles han sido los enlaces subjetivos entre sus integrantes?, ¿qué figuras emblemáticas se organizan desde y organizan a, tan particular forma de inscripción institucional?

Si se observa el dispositivo montado a partir de Pratt puede verse, en primer lugar, que trabajaba con grupos que obviamente no pueden recibir el nombre de restringidos; por lo tanto, es muy improbable que los enlaces de tales agrupamientos humanos se organizaran desde los mismos parámetros por los que se ha estudiado que se organiza un pequeño grupo. Sin duda en los grupos amplios no pueden encontrarse iguales condiciones que en los restringidos para desencadenar los procesos identificatorios y transferenciales. Miradas recíprocas, nombres, cercanías, ubicación en círculo, etc., son condiciones propias de los grupos pequeños que hacen posible que tales procesos se organicen en forma de redes cruzadas, dando así a los agrupamientos restringidos su peculiaridad.

Por tal motivo, se hace necesario pensar los grupos numerosos en su especificidad. Si bien los procesos identificatorios entre los integrantes son mucho más lábiles, otros son los caminos por los que producen sus anudamientos-desanudamientos.97

En el caso de las terapias exhortativas parentales, los enlaces se producen a través de fuertes líderes "carismáticos". En estos dispositivos -como en el lewíniano- liderazgo y coordinación no se han descentrado aún. Dadas las características del dispositivo, se superponen necesariamente, por lo cual se puede afirmar que uno de los principales recursos de su eficacia terapéutica está centrado en la sugestión; efecto, ella misma, de los vínculos libidinales de cada integrante con el médico líder.

Si bien no deben subestimarse los aspectos sugestivos en las terapias con estructura fraternal, tiene importancia decisiva aquí, la red entre "iguales"; en ellas el grupo y la institución en la que éste actúa, disparan significaciones imaginarias donde predomina la configuración de un espacio microsocial que opera como sostén yoico, soporte solidario, espacio restitutivo de la dignidad perdida y/o de la identidad trastocado. Al mismo tiempo pareciera imprescindible para su eficacia el establecimiento de transferencias institucionales, fuertemente positivas.

Si bien con formas técnicas mucho más actualizadas, se pueden encontrar tesones terapéuticos similares en los grupos de autoayuda de mujeres maltratadas.98

Quiere señalarse al pasar, la diferencia de las significaciones imaginarias que este tipo de enlaces colectivos parece disparar en sus integrantes: soporte solidario, sostén identificatorio, con aquéllas registradas por Anzieu en los grupos amplios, quien acentúa, en dichos agrupamientos, la amenaza de pérdida de la identidad personal y transferencias negativas de tal amplitud e intensidad que se vuelven temibles para los coordinadores.

Si bien los primeros dispositivos grupales terapéuticos que instrumentaron las "emociones del grupo" como resorte curativo no teorizaron sobre esta situación, desde un nivel empírico comprobaron que el grupo -en este caso amplio- ofrecía cierto resorte de eficacia terapéutica mayor que los tratamientos individuales. Puede observarse que se encuentra aquí en estado silvestre cierta noción de efecto de grupo; factores emocionales movilizados posiblemente a través de transferencias reforzadas hacia el terapeuta, entre los integrantes, hacia la institución; y un embrionario dispositivo de grupo amplio.




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