Colección Psicología Conternporánea


E. Análisis de la demanda



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E. Análisis de la demanda

¿Cual es la situación político-económica que atraviesa la sociedad norteamericana en el momento en que Elton Mayo realiza su intervención en la Westem Electric Company?77 Ya en una etapa de gran empresa los empresarios comienzan a comprender la necesidad de regularla producción en todos sus aspectos: maquinaria, mano de obra, distribución. Es la época de la organización científica del trabajo (Taylor). El técnico sobresaliente en ese momento de la sociedad industrial es el ingeniero-organizador con su gran aporte tecnológico: el trabajo en cadena; este sistema fue suprimiendo cada vez más el trabajo viviente, pero los inconvenientes e insuficiencias que el taylorismo creyó poder subsanar mediante una racionalización cada vez más avanzada, aparecían ahora como "disfunciones" ligadas al factor humano.

Donde se creía que el organigrama solucionaba todos los problemas, nacerá el interés por el sociograma; de los dos aspectos indisolubles del proceso del trabajo: las relaciones materiales del individuo con los objetos de la producción y las relaciones sociales de los trabajadores entre sí, se había descuidado el segundo.

Se comenzaba a ver que detrás del efecto humano -la "holgazanería" del obrero, según Taylor- había una respuesta que el operario dirigía a un sistema de relaciones impersonales frustrantes; esta intuición pasa a considerarse una de las claves para entender el mal rendimiento.

Surge así el encargo a Elton Mayo; demanda social que pone en evidencia un vacío: la carencia técnico-social frente a los problemas que, en este caso, las nuevas formas de producción generan.78 Los nuevos problemas ya no pueden ser resueltos mediante las técnicas de racionalización; exigen la intervención de nuevos especialistas, de tal modo que al ingeniero-organizador suceden los técnicos en grupos, los expertos en relaciones humanas, quienes se adelantaron a "elaborarlas frustraciones" que la crisis de los años treinta agravaría para las mayorías de la sociedad norteamericana.

Con respecto a K. Lewin, también desarrollará sus trabajos en un candente momento político. Como ya se dijo, sus investigaciones dieron fundamento científico a los ideales democráticos; pero ¿qué idea de democracia está allí en juego? la democracia entendida como libre discusión; la discusión democrática como resorte de los pequeños grupos para aliviar tensiones.

Por otra parte, los técnicos capaces de incidir sobre los cambios de hábitos, orientación del consumo, es decir, los técnicos de grupo, se volverán cada vez más imprescindibles79 en una "cultura" industrial que implementará la sociedad de consumo como alternativa para salir de una de sus crisis económicas más severas.

Desde E. Mayo y K. Lewin se organiza una disciplina: la Dinámica de Grupos; desde su inicio acoplará campo de análisis y campo de intervención; las primeras investigaciones sobre grupos surgen en respuesta a una demanda económico-política, dando lugar al "Dispositivo Grupal". He allí una de las características del dispositivo foucaultiano: "formación que en un momento histórico determinado, ha tenido como función principal responder a una urgencia; el dispositivo tiene pues una función estratégica dominante".80

¿Cual urgencia? Sin duda, mantener y mejorar el nivel de producción de la gran empresa, estimulando las relaciones informales entre los operarios; la futura disciplina de las Relaciones Humanas ha construido aquí uno de sus pilares fundacionales. Pero también reforzar los ideales democráticos, operar sobre el consumo, etc.; la Dinámica de Grupos se expandirá rápidamente por diversos campos: empresarial, educacional, de mercado, etcétera. Por tanto, urgencia situada históricamente, en función de imperativos económicos y políticos del sistema del que forma parte.

El momento y el lugar en que surgió la Dinámica de Grupos no fueron accidentales. La sociedad norteamericana de los años '30 proporcionó el tipo de condiciones necesarias para que surgiera este movimiento. Entre ellas merece destacarse la apuesta que los sectores hegemónicos de dicha sociedad habían realizado en favor de la ciencia, la tecnología y la solución racional de sus problemas como pilares de su progreso. La convicción de que una democracia puede mejorar tanto la naturaleza humana como la sociedad a partir de la educación, la religión, la legislación y el trabajo duro. Desde esa perspectiva comienza a desarrollarse la inversión económica en la investigación y ésta a considerarse como un motor fundamental de resolución de los problemas de la sociedad; es decir que se va consolidando la creencia de que el sistemático descubrimiento de los hechos facilitaría la solución de "problemas sociales". Así cuando luego de la Segunda Guerra Mundial comenzó la rápida expansión norteamericana ya estaban preparados para dar apoyo financiero a dicha investigación; ésta provino no sólo de instituciones y fundaciones académicas, sino también de empresas y organizaciones interesadas por "mejorar las relaciones humanas" y por el propio gobierno federal.81 Junto a estos factores, cabe señalar que parte del mundo académico norteamericano de la época había iniciado su "rebelión empírica en las ciencias sociales"82 que opondría a la especulación sobre la naturaleza de los fenómenos humanos la necesidad de investigar experimentalmente los fenómenos sociales cobrando rápido e importante desarrollo una psicología social de metodología experimentar.

Interesa en este punto contrastar la demanda social en la que se inscribió la microsociología empresarial norteamericana con las condiciones de producción que hicieron posible la invención y posterior despliegue de los grupos operativos a partir de Pichon Rivière en la Argentina.

Desde su mítica intervención en el Hospicio de las Mercedes83 y la Experiencia Rosario84 que dieron los primeros diseños de trabajo, pueden puntualizarse algunas diferencias. Tal vez la más significativa sea que no surgen desde un requerimiento de los centros de poder institucional, ni los orienta la intención de consolidar hegemonías instituidas. Muy por el contrario, sus localizaciones iniciales, como muchos de sus desarrollos posteriores, se implantaron en los márgenes de las instituciones o en los intersticios de las hegemonías; en muchos casos fueron animados por marcadas utopías contrainstitucionales.

Si las latencias de una demanda social ponen en evidencia un vacío ¿a que urgencia del socius los grupos operativos fueron respuesta? Esta demanda por los grupos en la Argentina (décadas del 60 y 70) se produce en un cuerpo social agitado, momento de auge de las luchas populares. Gran parte de la intelectualidad de los '60 se caracterizó por estar imbuida de fuertes utopías sociales. Muchos de los profesionales del campo "psi" que implementaron estas prácticas fueron críticos de los autoritarismos institucionales: jerarquías médico-hospitalarias, autoritarismo psiquiátrico-manicomial, pirámide A.P.A., verticalidad en los espacios educativos, etcétera.

Junto con otras formas de abordajes grupales, como por ejemplo el psicodrama psicoanalítico, los grupos operativos fueron instrumentos claves para el trabajo en los espacios públicos. En tal sentido, construyeron un fuerte anclaje emblemático para aquellos jóvenes profesionales de la salud que luego se denominaron trabajadores de la salud mental.

Más allá del derrotero posterior de los grupos operativos -su propia institucionalización- interesa subrayar que desde sus consignas de "aprender a pensar", "romper estereotipos”, "elaborarlas ansiedades frente al cambio" crearon condiciones para que palabras y cuerpos sofocados en las jerarquías instituidas pudieran ponerse en movimiento, afectarse en otras formas sociales, abrir nuevos sentidos para las prácticas colectivas.

En realidad, en el surgimiento de toda disciplina hay una urgencia histórica que la hace posible y "necesidades" sociales que orientan su desarrollo; es decir, que no hay excesivo azar en el "socius”,. Al mismo tiempo, el entramado social en que muchas disciplinas y profesiones inscriben sus prácticas, suele constituirse en un impensable significativamente resistente.85


Por otra parte se hace necesario superar cierto maniqueísmo derivado muchas veces de las posturas epistemológicas althuserianas que postularon rupturas un tanto ilusorias entre momentos precientíficos o ideológicos Y momentos científicos, a partir de la constitución del objeto formal abstracto de una disciplina, subestimando la necesidad de la articulación entre ciencia y práctica social, entre la productividad de los saberes y la eficacia de los poderes. Así puntúa Foucault la articulación saber-poder, en tanto todo campo disciplinario mantiene con respecto al poder efectos de eficacia y con respecto al saber efectos de productividad.

Por lo tanto el análisis de un campo disciplinario -en este caso los discursos y técnicas grupales- deberá pensarse en tanto conjuntos de conocimiento que produce dicho campo, elucidando cómo se articulan -en cada caso- estas producciones de conocimiento con los juegos de poder e interrogándose en qué estrategias de saber-poder desarrollarán sus prácticas sociales los técnicos de tal campo disciplinario. La conjunción de lo antedicho, crea condiciones para poder delimitar qué zonas cobrarán visibilidad e invisibilidad para tal campo disciplinario y cuáles se mantendrán necesariamente invisibles y no enunciables.86

En este sentido es importante subrayar que la misma relación que define lo visible de un campo teórico y su práctica, define lo invisible; dicho campo demarca lo visible como lo excluido de su visibilidad, es decir que contiene lo visible como su propia denegación, de tal forma que los futuros nuevos objetos, son hoy los objetos prohibidos de la teoría; ésta atraviesa sus no objetos sin verlos, para no mirarlos.87

En un sentido genealógico sería útil pensar cuál ha sido la obligatoriedad de ver -en los primeros dispositivos grupales- al grupo centrado en el grupo, como un todo autorregulado y autónomo, plegado sobre sí mismo, el "grupo-isla", como ha sido denominado en un trabajo anterior.88

Los dispositivos grupales que se produjeron desde Mayo-Lewin, necesariamente, dada la demanda social a la que respondieron, debieron mantener en la invisibilidad los atravesamientos institucionales, políticos e ideológicos en los que, sin embargo, quedaron inscriptos tanto sus discursos de la grupalidad como sus intervenciones técnicas.

No debe subestimarse, sin embargo, que tales dispositivos hicieron posible la visibilidad de importantes mecanismos de funcionamiento de los grupos: liderazgos, roles, dificultades en la toma de decisiones, cambio, resistencia al cambio, juegos tensionales dentro del grupo, etcétera. A partir de estas visibilidades posibles, se organizaron sus enunciables. Junto a estos visibles dejaron como sus invisibles necesarios los procesos inconscientes que atraviesan tales mecanismos como así también la inscripción institucional y sus eficacias en el seno mismo de tales mecanismos grupales.

Esto no significa crítica a supuestos errores, sino puntuación de las nuevas y necesarias visibilidades en el intento de comprensión de las producciones de posteriores enunciados de la grupalidad. Ya que si -como se ha subrayado- lo invisible es aquello excluido de la visibilidad, lo prohibido de ser visto, también es importante puntuar que, cuando un campo teórico se rearticula, transforma en nuevas territorialidades, aquellas zonas que, en la demarcación anterior, ni siquiera habían sido advertidas. De allí la importancia para una genealogía de lo grupal, de puntualizar las zonas de visibilidad y enunciabilidad que una corriente abre, y cuáles quedan por fuera de su óptica, a la espera de futuros investigadores.

Esta forma de análisis más que buscar acuerdos o desacuerdos con los autores que se abordan, se propone una actitud de indagación crítica para realizar algunas notas en el trazado de una genealogía del campo disciplinario, una mirada histórica que más que organizar una cronología pueda dar cuenta de las condiciones de constitución de sus saberes y dominios de objeto; que pueda pensar no meramente el "desarrollo" conceptual de sus ideas, sino a éstas y las áreas problemáticas que el campo del saber inaugura como la compleja articulación de: la urgencia histórica que la hace posible, las necesidades sociales que la despliegan, los a priori conceptuales desde donde ordena sus conocimientos y los dispositivos tecnológicos que inventa.







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