¿Cómo vivir la castidad?



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¿Cómo vivir la castidad?
Quien hace la opción de vivir la castidad porque entiende que es lo mejor para él y para la mujer a la que ama, que ese es el camino para crecer y madurar en un amor auténtico, se encuentra ante una gran pregunta: ¿Y cómo vivo la castidad en lo práctico, en lo cotidiano? ¿Qué implica concretamente?

Para vivir la castidad lo primero es quererlo con firmeza. Desearlo con convicción y encontrar la motivación apropiada son fundamentales para la adquisición de la virtud de la castidad. En ese mismo sentido es importante que entiendas y estés convencido de que sí se puede vivir la castidad. Quien dice que es imposible, es porque no lo ha intentado seriamente o porque ni siquiera quiere intentarlo, y no porque él no quiera o no pueda, quiere decir que los demás tampoco pueden. En esto de intentar vivir la virtud de la castidad también se aplica aquello de que “querer es poder”.

La castidad ciertamente no se alcanza de la noche a la mañana, con solo quererlo y decidirlo. Requiere lucha y perseverancia en esa lucha. La castidad es una virtud, y nadie llega a ser un virtuoso sin esfuerzo, constancia, sacrificio, entrenamiento y mucha paciencia. No te desanimes jamás si fallas al primer intento, al segundo o al tercero. Lo importante es seguir intentando siempre de nuevo y nunca darte por vencido, nunca quedarte con la última experiencia de derrota.

Teniendo la decisión y con la convicción de que sí se puede, toca entrenarte. Como en las artes marciales, solo se puede alcanzar su perfecto dominio mediante técnicas, con un maestro que te enseñe y con la repetición diaria de ciertos movimientos y ejercicios. Recuerda que como en todo lo que requiere entrenamiento, también en el dominio de los propios deseos e impulsos sexuales por medio de la castidad, la repetición de actos virtuosos y la perseverancia son fundamentales.



Perseverar es nunca darse por vencido. Perseverar es ser un porfiado: si me caigo, ¡me vuelvo a poner de pie y vuelvo a la batalla! ¡Nada de quedarse tirado en el suelo luego de una caída! Perseverar implica ver la caída no como un fracaso, como la derrota final, sino como una oportunidad para aprender, para ser más inteligente en adelante y no cometer los mismos errores. Una caída no hace el final de la carrera. Es tan solo eso: un tropezón en el camino. Aunque falles, ¡el Señor siempre te ofrece una nueva oportunidad! Solo te pide que con humildad aceptes tu fragilidad, que aprendas de tus caídas y que vuelvas a la lucha apoyado en su fuerza.

El fracaso no consiste en una caída, sino en no querer levantarse nuevamente, en la decisión de abandonar la lucha. Aunque vuelvas a caer “siempre en lo mismo”, jamás debes ceder al desaliento, al desánimo. Siempre se puede volver a intentar de nuevo. Si siempre te vuelves a poner de pie, poco a poco, con el tiempo, con paciencia, verás que puedes ir adquiriendo un mejor dominio de ti mismo.

Ten en cuenta que por más buena intención que tengas en un momento de mucho entusiasmo, las caídas en el caminar son parte de la vida. Como me escribió un joven acongojado:

«He pecado, caí en la tentación, perdí mi castidad, mi segunda oportunidad para volver amar de verdad... me siento horrible… siento que decepcioné a todos los que me aman y sé que si no me quieren perdonar me lo merezco... en mi mente aún tengo como prioridad seguir amando a Dios y encontrar la felicidad, aunque por lo que hice diga todo lo contrario a todo lo que siento. Me siento mal conmigo mismo, me siento asqueroso, siento que no tengo cara para mostrársela a Dios. Yo quiero vivir en paz, he estado asistiendo a misa todos los domingos y entre semana también, pero sin embargo fallé. Necesito consuelo porque siento que iba bien y fallé y mandé todo al drenaje en un momento. Quiero vivir en paz y amar a la que algún día será mi esposa, ayúdeme, ayuden a este pobre pecador que implora redención, paz interior y seguir el camino de Dios».


También una joven me escribió luego de caer:

«Le cuento que caí, me siento avergonzada y triste, pensé seguir en la lucha constante, pero no pude. Ahora me doy cuenta de que es una lucha muy fuerte, que no pude seguir, pero me levanté, miré de frente. Pero ahora tengo más miedo que antes, me dejé llevar, me puse a tomar, tuve la oportunidad de dejar de tomar y no lo hice, y terminé casi cediendo a tener relaciones sexuales con un chico que supuse que era mi amigo. Me siento mal, no me porté bien, pero no me dejaré vencer por esta caída así que iré a confesarme para retomar mi lucha».

¡De eso se trata! De levantarse nuevamente, de pedir perdón, de aprender de los errores, de volver a intentarlo con más humildad y prudencia.

Como aquellos jóvenes que cayeron a pesar de haberse propuesto vivir la castidad, tú también puedes caer en medio de tus luchas. En ese momento podrás experimentar frustración, amargura, tristeza, vergüenza, podrás sentir que has decepcionado a Dios o a quienes confiaron en ti, o a ti mismo, y que ya no mereces ser perdonado. A pesar de ello el Señor no te dirá jamás «hasta aquí no más», «ya no mereces ser perdonado». No dejes jamás que la decepción de ti mismo te aparte de Dios o de quienes están allí para ayudarte a levantarte si caes y alentarte a seguir caminando. Por tanto, si caes, ¡pide inmediatamente perdón a Dios, levántate y vuelve a la batalla! ¡El Señor siempre te da la posibilidad de levantarte y empezar de nuevo!

Ahora bien, en nuestra opción por vivir la virtud de la castidad para amar de verdad es fundamental poner medios proporcionados. Un “medio” es algo que me permite alcanzar un fin. Así por ejemplo un medio para llegar a un lugar es un bus, un automóvil o una bicicleta. Pero un medio “proporcionado” es aquel medio adecuado que me permite llegar al fin deseado. No todos los medios son suficientes o apropiados. Por ejemplo, si quiero ir a un país que queda en otro continente no lo puedo hacer a pie o en automóvil únicamente. Debo hacer uso de otro medio de transporte: un avión o un barco. El automóvil, aunque sirve para movilizarse, no me sirve para cruzar el mar. No cualquier medio me permite alcanzar un fin deseado. Para alcanzarlo debo usar un medio proporcionado al fin que espero alcanzar.

Finalmente, lo que parece imposible, con Dios se hace posible. Los cristianos creemos que además de ser una virtud moral, la castidad «es también un don de Dios, una gracia»1.

En cuanto tal, hay que pedirla insistentemente a Dios. Decía San Agustín: «Creía que la continencia dependía de mis propias fuerzas, las cuales no sentía en mí; siendo tan necio que no entendía lo que estaba escrito: que nadie puede ser continente, si tú no se lo das. Y cierto que tú me lo dieras, si con interior gemido llamase a tus oídos, y con fe sólida arrojase en ti mi cuidado».

El Señor en el Evangelio nos dice: «Si permanecen en mí, y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y lo conseguirán» (Jn 15, 7), y también: «Yo les digo: Pidan y se les dará; busquen y hallarán; llamen y se les abrirá» (Lc 11, 9). Así pues, la oración para pedir pureza y castidad es indispensable en nuestra lucha diaria.

Además de la oración, la fuerza para luchar y el amor que queremos vivir los encontramos en los sacramentos de la Eucaristía y de la Reconciliación. Acudir a los sacramentos es fundamental. En la Eucaristía nos nutrimos de quien es el Amor mismo, de Cristo. De ese modo podemos crecer día a día en un amor verdadero, el mismo amor que Cristo nos tiene, el amor que Él nos manda vivir. Él, además, es fuerza para nuestra debilidad. Necesitamos de Él para amar más, para amar verdaderamente y para poder ser cada día más fuertes en nuestro empeño de vivir la castidad. Por otro lado, en el sacramento de la Reconciliación nos encontramos con el amor y la misericordia de Dios, que nos acoge cuando nos caemos, nos perdona, nos alienta y anima a ponernos de pie y volver a la batalla, cura nuestras heridas y nos fortalece en todas nuestras luchas con una gracia particular.

Comprometerse a vivir la castidad es entrar en una lucha dura. Quien entra en combate es muchas veces herido, a veces con gravedad. Comprometerse a vivir la castidad no es comprometerse a “nunca caer”, sino a luchar, día a día, y si en medio de la lucha caes, es tomar la decisión de ponerse nuevamente de pie para volver a la batalla. Si caemos, necesitaremos ser perdonados y curados, una y otra vez. Si te caes, acude al Señor a pedir perdón. Él te espera para perdonarte, para curar tus heridas, para alentarte a ponerte nuevamente de pie y seguir en la batalla. De eso se trata: no de nunca caer, sino de levantarnos SIEMPRE, y levantarnos CUANTO ANTES, sin consentir en la tristeza que nos hunde en el desaliento, en la desesperanza, que quiere hacerte creer que “no puedes”, que “siempre es lo mismo”, que “nunca podrás superar tu debilidad”. ¡Nada de eso es verdad! El Señor nunca te va a decir: “es verdad, tú no puedes”. ¡Jamás! El Señor nunca te va a rechazar. Nunca te condenes a ti mismo cuando el Señor te está esperando en su sacerdote para perdonarte «setenta veces siete» (Mt 18, 22), es decir, sin límite, sin medida.

Dicho esto, pasemos ahora a revisar las distintas situaciones que ponen en riesgo nuestra castidad, todo aquello que hemos de tener en cuenta para ser prudentes y para crecer en la virtud de la pureza. Sugeriremos también algunos medios que pueden parecer exagerados, pero que son muchas veces los medios necesarios para romper con situaciones pasadas que nos han llevado a la impureza. Hay momentos en los que sencillamente debo dejar de hacer cosas con ciertos “amigos” o apartarme de ciertas personas o lugares si es que quiero vivir la castidad, “recuperarme” y fortalecerme en el dominio de mis impulsos sexuales, a fin de orientarlos al amor verdadero.


  1. Cuida tu mirada

Los sentidos son como ventanas o puertas por donde entran los mensajes que despiertan la sensualidad, la imaginación, la fantasía, los pensamientos y deseos que finalmente nos llevan a la acción en contra de la castidad. Para vivir la castidad, debes aprender a purificar y cuidar tus sentidos, empezando por la mirada.

Los hombres somos “visuales”. Esto tiene una explicación desde la fisiología del varón. Con el inicio de la pubertad, la testosterona empieza a circular en mayores cantidades y esta influencia hormonal genera cambios químicos y anatómicos en el cerebro; las áreas responsables de la agresión y el sexo se hacen más grandes (2.5 veces más) en el cerebro masculino que en el femenino, por eso el hombre no solo piensa más en el sexo, sino que es más sensible (que la mujer) a los estímulos visuales y ello contribuye a que empiece a experimentar un interés inusual por las chicas. Por eso, mirar a las mujeres produce un placer inmediato, y mientras más muestra la mujer, mayor es el placer. El hombre ha sido diseñado así, para que las mujeres le llamen la atención y lo atraigan. Es algo natural. Todo esto es parte de cómo Dios nos ha diseñado. Si el sexo opuesto no atrajera nuestra atención y el sexo no fuese tan apelante, seguiríamos como en la escuela corriendo detrás de una pelota sin hacer caso de las niñas, o solo nos gustaría ir a la aventura.

Pero la distorsión viene cuando desde pequeños somos bombardeados por imágenes que nos estimulan continuamente, mostrándonos a mujeres hermosas, sensuales, provocativas, con muy poca y apretada ropa o con ninguna. Desde pequeños se nos “programa” a los hombres por medio de la publicidad, televisión, cine y demás a mirar a las mujeres como un león hambriento mira a una gacela herida.

Es importante que entiendas ahora lo que hace mucho entienden personas que se aprovechan de ese conocimiento para obtener algo de ti. Solo así podrás hacer algo al respecto. En una ocasión la doctora Reisman explicó ante el Congreso de los EE.UU el efecto que producen sobre el cerebro del niño las imágenes de mujeres seductoras (no tienen que ser explícitas). ¿Qué dijo?



  1. El cerebro de niños y jóvenes está siendo expuesto a material sexualmente sugestivo, que produce una respuesta emocional.

  2. En solo tres décimas de segundo la imagen pasa por la retina al cerebro y ocurre un cambio químico. Esta reacción automática ocurre mucho más rápido de lo que puedan pensar racionalmente, antes de que la mente consciente pueda decidir cómo responder.

  3. La parte cerebral que ayuda a pensar en las consecuencias de sus actos todavía no se ha desarrollado plenamente, ni lo hará hasta una década después. Es decir, se trata de “estímulo y respuesta” en su más pura esencia. Esta exposición a las imágenes altera su cerebro sin su conocimiento ni consentimiento.

  4. Estas imágenes causan una reacción emocional en el niño, y de este modo se inicia en ellos un patrón de adicción:

  • Con el tiempo estas imágenes seductoras se convierten en algo común y ya no causan el mismo estímulo que ocasionaron la primera vez que las vio.

  • La “desensibilización gradual” reclama imágenes cada vez más fuertes para poder experimentar la misma intensidad de sensaciones de la primera vez. Es un hecho que la mayor parte de nuestra sociedad ha sido desensibilizada por la cantidad de violencia y sexo que ven en TV. Ya todo nos llega a parecer “normal”.

  • Los deseos por una cada vez mayor estimulación se vuelven cada vez más exigentes y fuertes, y no hay nada que los satisfaga. Sin embargo, se filtra la idea de que “el siguiente nivel te traerá la satisfacción que buscas”.

  • Cuando las imágenes ya no bastan el cerebro “le grita” al adolescente que para quedar satisfecho tiene que EXPERIMENTAR aquello que está viendo, ya sea mediante la masturbación o buscando experiencias sexuales cada vez más intensas con mujeres o con hombres.

¿Qué pasa en nuestro cerebro y a nuestro cuerpo cuando vemos una imagen o mujer seductora? Estudios revelan que cuando miramos a una mujer atractiva o tan solo una foto de ella, nuestro cerebro reacciona inmediatamente —en un tercio de segundo—. En el instante que vemos algo erótico, el centro del placer es estimulado liberando dopamina, esta hace que te sientas bien; al mismo tiempo el hipotálamo hace que se dé una excitación fisiológica y se genera el sentimiento de placer. Con pequeñas cantidades de dopamina el hombre se siente bien, pero si los estímulos y las descargas de dopamina son abundantes y continuos, se producirá un efecto mayor de placer. Este mismo efecto es el que experimentan las personas que usan drogas como cocaína, anfetaminas, marihuana y heroína. Por este motivo la pornografía es catalogada como una DROGA VISUAL.

Tener el centro del placer estimulado suena divertido y ciertamente lo es. Sin embargo, cuanto esto sucede repetidas veces el sistema se desequilibra: el centro del placer se vuelve insensible a la dopamina (la persona se ve más necesitada del estímulo) hasta llegar al grado de la tolerancia (el sentimiento del placer se vuelve cada vez más difícil de conseguir). Con el tiempo, la excesiva estimulación en el cerebro crea una disminución de dopamina dando origen a una variedad de problemas y sensaciones no placenteras (distrés psicológico). Para empeorar la situación, la disminución de la dopamina reduce la capacidad emocional de tomar decisiones, por eso las personas adictas a la pornografía tienen dificultad para resistirse a la misma y ello crea un comportamiento serio a largo plazo (interfiriendo con la vida de pareja porque muchas veces buscan solo la autocomplacencia).

A los cambios químicos se le suman los cambios anatómicos: erecciones y con ello la masturbación. Sin embargo, las frecuentes eyaculaciones en los adictos a la pornografía producen la liberación de dopamina y prolactina y ello exacerba el problema significativamente, puesto que además se produce ansiedad y desesperación cuando cesa la actividad (ver pornografía y/o masturbarse).

Gary Lynch, neurocientífico de la Universidad de California en Irvine, revela en su libro The Brain and Nervous System (El cerebro y el sistema nervioso):

«Cada evento que dura medio segundo, entre cinco a diez minutos ha producido un cambio estructural que en algunos casos es más profundo que los cambios vistos en aquellos que tienen daño cerebral (…). Una pequeña señal, que en tu cabeza es una señal eléctrica de tan solo pocos segundos, puede dejar rastro en tu cerebro y durar por años».

Ahora bien, Internet permite que podamos acceder a todo tipo de material pornográfico con solo hacer un “clic”. En un instante un niño puede entrar a ver “algo”, y en una mezcla de temor y excitación, tener una “dosis” que le produce una explosión de sensaciones. Lo que ve queda profundamente grabado en su memoria, de modo que no lo olvidará por años. Además, la primera vez despierta el deseo de una segunda vez, pues la experiencia fue tan intensa y emocionante que se queda “con la miel en la boca”. Así un niño o adolescente queda “enganchado”, tanto incluso que no dejará de ver eso aunque tenga que pasar vergüenza o reciba un duro castigo. Lo único que se logra con la represión es que la próxima vez sea más cuidadoso para evitar ser descubierto: toda droga genera dependencia y adicción, y la pornografía hace lo mismo.

No solo los niños, casi todos los hombres y cada vez más mujeres han descubierto como “obtener esta dosis” de químicos con tan solo un “clic”. Hay quienes pasan horas de horas mirando pornografía, y no se dan cuenta que el tiempo pasa. Mirar pornografía lleva a abusar de estos químicos producidos por nuestros propios cuerpos. El cuerpo se acostumbra tanto a recibirlos que cuando el nivel habitual en el sistema corporal desciende, se empiezan a sentir decaídos. El cuerpo reclama una nueva “dosis” para subir los niveles nuevamente, y el cerebro produce deseos fuertes que llevan a buscar ver nuevamente imágenes pornográficas para disparar una dosis de químicos en el torrente sanguíneo. Por el proceso de desensibilización del que hemos hablado ya, cada vez se necesitan dosis más altas, haciendo que los deseos sean cada vez más intensos.

¿Ya entiendes por qué, si has intentado dejar la pornografía o la masturbación, de vez en cuando “no resistes más” y vuelves a lo mismo? Has sido condicionado desde pequeño, ¡y salir de eso no es nada fácil!

Un joven me escribió en una ocasión:

«Mi debilidad se muestra a través de la pornografía. Siento a veces un "impulso" tan fuerte o ganas de hacer cosas impuras que se calman luego de ver películas pornográficas y masturbarme. El hecho es que estoy cayendo con frecuencia y ya me cuesta mucho ver con pureza a las chicas que me gustan. Inclusive, luego de rezar he caído aparatosamente. Por otro lado, este vicio se alimenta de los muchos años que estoy sin enamorada. También de las frustraciones que llevo en mi corazón por las muchas veces que he sido rechazado por las chicas que me interesaban. Actualmente, también es una fuga perfecta para mi fastidio por no tener trabajo hace meses. En estas condiciones, quisiera afrontar con más éxito mi lucha contra la pornografía. Está lacerando mi corazón de manera que aparecen ideas cada vez más pervertidas dentro de mi cabeza, aunque el fuerte grito de mi conciencia hace que solo se queden en fantasías. Pero sé que si sigo en esta senda llegará el momento en que no seré capaz de dominarme».

Las consecuencias de mirar pornografía2 son graves, van llevando poco a poco al descontrol de uno mismo. Como me decía una vez un joven de dieciocho años, que ya había recibido tratamiento psicológico a los quince por adicción a la pornografía:

«Te jala a un agujero oscuro, cada vez más profundo, ¡y te chupa el alma!».

Mirar pornografía no es broma, no es un juego, no es algo “divertido”. La pornografía tiene un mecanismo perverso que te destruye lentamente, como un cáncer. Una vez que empiezas, es muy difícil dejar de verla. Por ello te aconsejo: si nunca has visto pornografía, ¡NO LO HAGAS! Si te da curiosidad mirar alguna de esas imágenes seductoras que aparecen en tu pantalla sin que la hayas buscado y te invita a hacer “clic”, ¡NO LO HAGAS! Parece algo sin importancia, pero no lo es. Una vez que hagas “clic”, será el inicio de muchos otros “clics” y puede que nunca puedas parar y termines destruyéndote a ti mismo y destruyendo a muchas personas en el camino. Esto es algo que debes tener en cuenta: ¡muchos matrimonios se quiebran por culpa de la pornografía!

¿Y si haces “clic” “solo por esta vez”? Pues al principio experimentas que te da una satisfacción que no trae mayores consecuencias. Acaso sientes que te estás saliendo con la tuya, por un tiempo. Sin embargo, antes de que te des cuenta, el daño ya está hecho: has quedado enganchado en un vicio del que ya no podrás liberarte fácilmente: has mordido el azuelo debido a la “apetecible carnada”. Te dirás: «si ya vi una vez, qué importa una segunda; además, ¡no me ha pasado nada! ¡Me hace sentir bien!». Volverás a hacer “clic” cada vez con más frecuencia, buscarás “dosis” cada vez más altas, te pasarás incluso horas ante la computadora sin darte cuenta que el tiempo pasa y te encontrarás dependiendo de la pornografía como quien depende de la droga.

Junto con la pornografía viene la masturbación y —cuando la tengas— vas a querer hacer con tu enamorada o novia aquellos mismos actos que ves en la pornografía. Entonces harás de la persona a la que amas tu propia fuente de placer, tu propia “conejita”, terminarás usándola para satisfacer tus propias fantasías sexuales, terminarás perdiendo tu capacidad de amar de verdad. El hombre que ve a la mujer como una presa que ansía devorar terminará destruyéndose a sí mismo, y rebajando a muchas mujeres en su dignidad. Si no me crees, lee este testimonio de un joven de veintitrés años:

«Yo empecé a ver pornografía como a los catorce años más o menos. Esto fue porque entré en una gran depresión, y se empezó a convertir en mi vicio. Era muy atractivo, poco a poco fue aumentando el deseo por ver más y más. Veía videos de ese tipo, después me metía a páginas de chat erótico y platicaba con chavas y les decía tantas cosas pervertidas… en verdad me sumergí en un vacío inmenso, tanto que cuando veía a una chica solo pensaba en hacerle lo que veía en los videos. Deseándolas sexualmente, con mi mirada casi hasta las desnudaba.

»Después de unos años dejé de ver por un tiempo. Confesé lo que hice y en verdad me ayudó porque dejé los chats eróticos, pero aun así volvía a caer en la pornografía, de vez en cuando, en medio de la lucha.

»Yo sé lo que es estar atrapado por la pornografía. Por propia experiencia puedo decirles cómo el ver porno te deforma la mente y la mirada, de modo que llegas a ver a la mujer solo como un objeto para tu satisfacción sexual. Conozco el hoyo oscuro y vacío en el que toda esa actividad te sumerge. Por eso es que quiero ayudar en esta labor de ayudar a jóvenes como yo y alentarlos: ¡NO se dejen arrastrar por la pornografía que envenena y carcome el alma! ¡Jóvenes! ¡NO CEDAN por más llamativo o atractivo que sea! ¡No se dejen atrapar por las garras de la pornografía, es muy difícil que te suelte una vez que te atrapa! ¡Cual araña con su presa, te paraliza, te envuelve en su telaraña y luego te succiona lentamente la vida! ¡En esta lucha contra la pornografía verdaderamente te juegas la vida, tu futuro, y el futuro de tu futuro matrimonio, el de quienes serán tus hijos y tu esposa!».


Considera además que la pornografía ¡es pura fantasía! Como le dijo una señora a su esposo psicólogo que le mostró una revista pornográfica requisada a un estudiante de trece años en el colegio en el que enseñaba: «La calidad del papel es extraordinaria, los colores son fabulosos, la fotografía impresionante… ¡pero esto NO ES REAL!» Ninguna mujer o escenas en la vida real llegará a ser tan “perfecta” como son mostradas en la pornografía, porque lo que aparece allí es un montaje para crear un mundo de ilusión y fantasía que te mantendrá esclavo de la pornografía de por vida, por tanto, gastarás dinero en ese mercado. Como en la vida real nunca es igual, siempre volverás a consumir pornografía en busca de aquello que no encuentras en la realidad. ¡Así funciona! ¡Así está pensado y diseñado por quienes se benefician de tu adicción!

Ahora bien, a pesar de las evidencias científicas contundentes hay quienes sostienen en su ignorancia que ver pornografía no hace daño a nadie. ¡Eso no es verdad! Como hemos visto, te hace daño a ti, produce un daño cerebral en ti y afecta tremendamente tu capacidad de amar verdaderamente a una mujer. Por otro lado, hace un terrible daño a las personas, hombres y mujeres, que se prestan a ser fotografiados y filmados para generar ganancias multimillonarias a la industria pornográfica. ¿Es que acaso las estrellas porno son las personas más felices del planeta, según el mito de que «el sexo tipo porno te hará feliz»? NO. Basta echar un vistazo a la vida terriblemente vacía que llevan estas “estrellas”, y que las empuja en muchísimos casos a acabar con su propia vida:




  1. Savannah se suicidó de un disparo, en 1994.

  2. Kristi Lynn se mató en un accidente automovilístico, yendo a 160 km/h.

  3. Chloe Jones murió debido a la falla del hígado, por abuso de alcohol y drogas.

  4. Anastasia Blue se suicidó con una sobredosis de Tylenol en 2008.

  5. Eva Lux murió por sobredosis de heroína el 2005.

  6. Tylor Summers fue asesinada durante el rodamiento de una escena sexual.

  7. Karen Dior murió a consecuencia de cirrosis y SIDA.

  8. Camila de Castro se suicidó saltando al vacío desde un edificio de 8 pisos.

  9. Angela Devi se suicidó por asfixia en 2006.

  10. Susan Britton se suicidó.

  11. Juliet Jett murió por sobredosis de heroína en 2005.

  12. Rebecca Steele sufría de SIDA y murió por sobredosis de droga en 2004.

  13. Celia Young se suicidó en 1992.

  14. Charlie Waters fue asesinada a hachazos por un cliente de prostitución en 1989.

  15. Arcadia Lake murió por sobredosis de drogas en 1990.

  16. Karen Lancaume se suicidó por sobredosis de droga en 2005.

  17. Linda Wong murió por exceso de alcohol y sobredosis de droga en 1987.

  18. Alex Jordan se suicidó por ahorcamiento en 1995.

  19. Bambi Woods murió por aparente sobredosis de droga en 1986.

  20. Lisa de Leeuw murió de SIDA en 1993.

  21. Lisa Bridges murió por sobredosis de heroína en 2002.

  22. Megan Leigh se suicidó de un disparo en 1990.

En fin, esta triste lista3 es mucho más larga. Si ver pornografía le roba el alma y hunde paulatinamente en un hoyo oscuro y frío a quienes la ven, ¡cuánto más a quienes “trabajan” para esta industria! Son mujeres y hombres para quienes amar y ser amados sencillamente ya no es posible, y eso se convierte tarde o temprano, cuando pasa el efecto de la “droga”, en una angustia insoportable. Según declaró una ex actriz porno que logró liberarse de esa dura esclavitud: «Era como un robot o como una muñeca Barbie de caucho. No tenía sentimientos». Tanta ausencia de amor, tanto dolor, la hizo refugiarse en el alcohol y en las drogas para «adormecer mi dolor, para poder sobrevivir». Como esto no le dio resultado, pasó a métodos más severos, se hizo cortes en el cuerpo e incluso intentó suicidarse varias veces: «Pasé muchas noches solitarias mientras me cortaba las muñecas. Me gastaba toda mi paga en drogas».

Ahora te pido que consideres esto: cada vez que haces “clic”, tú te haces responsable de la muerte de esas mujeres u hombres, tú estás ayudando a esa mujer desgraciada a que jale el gatillo, tú con tu dedo le estás dando el empujón para que se tire por el balcón, tú le estás suministrando esa sobredosis de droga para que acabe con su vida. ¿La pornografía no hace daño a nadie? ¡Claro que hace daño! Te hace daño a ti que miras, le hace daño a esas “estrellas pornográficas”. Por más que digas «soy una gota de agua en el océano», o «ellas lo harán aunque yo deje de mirar», tú no puedes evadir tu responsabilidad personal a la hora de contribuir con tan solo mirar una de esas imágenes, a que la industria pornográfica siga generando ganancias exorbitantes y llevando a la ruina la vida de tantas personas que viven atrapadas en esa industria, por la razón que sea.

Como escribe en la introducción de su libro otra ex estrella porno, que lidera ahora un proyecto llamado Pink Cross para rescatar a estas personas de este submundo:

«Quien quiera intentar escribir un libro sobre su horrorosa experiencia dentro de la industria pornográfica que opera ilegalmente y años de abuso sexual desde la infancia hasta la prostitución, afronta una tarea terrible, y requiere de mucho amor y comprensión por parte de los lectores. Esta es la cosa más dura que he tenido que hacer en mi vida y me tomó años de dolor, preparación y oración antes de poder hacerlo. Pero por la gracia de Dios todopoderoso, lo escribí y ahora necesito que lo leas. Necesito que leas acerca de la explotación y violencia contra mujeres y hombres en la industria pornográfica para que tú puedas empezar a sanar. Necesito que comprendas seriamente que cada vez que haces “clic” para ver un sitio pornográfico estas contribuyendo a la destrucción de vidas humanas valiosas. Necesito que leas este libro de principio a fin y luego inclines humildemente tu cabeza ante el Cielo y con lágrimas te lamentes hasta que la única fuerza que te quede sea para dejar de ver pornografía»4.

Si estás enganchado, ¡lucha por dejar de ver pornografía! ¡Sé humilde y busca ayuda! ¡No contribuyas a sostener esta “industria” que degrada y destruye tantas vidas!

Finalmente, si estás enganchado no es imposible salir de esta adicción, aunque te costará mucho. Si quieres liberarte de esta esclavitud, te recomendamos leer el libro La Trampa Rota, de Miguel Ángel Fuentes. Lo encuentras acá:

http://www.teologoresponde.com.ar/adiccion_sexual/La_Trampa_Rota.pdf





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