Células nerviosas



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Hemisferios

¿Cómo se han descubierto las diferencias existentes en el cerebro de hombres y mujeres?. Para estudiar las diferencias del cerebro y sus formas de reacción ante distintos estímulos se ha logrado gracias a un aparato que en 1999 todavía no tenemíamos en España: un sistema de última generación que actúa de forma similar a los escáneres y que produce tomografías por emisión de positrones (PET). Las PET miden la actividad del cerebro, al introducir en la sangre de las personas una sustancia de baja radiación asociado a la glucosa. El aumento del metabolismo en las áreas del cerebro activadas refleja tanto los flujos de sangre en ese órgano como la actividad que después se concreta en distintas formas del comportamiento humano.


Según el artículo del semanal los hombre tienen más facilidad para las matemáticas y la música y soportan mejor el estrés. Ellas son más razonables y pueden pensar en varias cosas a la vez. Algunas diferencias según este artículo serían:


HOMBRE

MUJER

Mejor percepción espacial

Más capacidad para recordar signos y señales (de tráfico, por ejemplo)

Más sentido de la orientación

Más capacidad para las relaciones sociales

Facilidad para las matemáticas

Más facilidad para aprender idiomas

Mayor agresividad

Más razonables

Más facilidad para la composición musical

Más percepción psicológica

Soportan mejor el estrés

Más responsables socialmente

Desarrollan un pensamiento lineal

Capaces de seguir varias líneas de pensamiento a la vez



2.7. Las tres unidades funcionales del cerebro y el cerebro triúnico.

2.7.1. Las tres unidades cerebrales de Luria

A lo largo de la historia del pensamiento humano se han sucedido diferentes concepciones sobre la manera de funcionar del cerebro.


Una de las más destacables ha sido la Frenología, hipótesis (teoría) formulada por los médicos alemanes Johann Kaspar Spurzheim y Franz Joseph Gall (1758-1828). La frenología considera al cerebro como un agregado de órganos, a cada uno de los cuales le corresponde una facultad intelectual, un instinto o un afecto. Estos médicos pensaban que del examen del cráneo podía extraerse información sobre las funciones mentales. En los mapas frenológicos de Gall aparecen representadas las facultades humanas de una forma totalmente arbitraria.
A estos estudios siguieron otros basado bien en el estudio de traumatismos craneales o en ablaciones (extirpaciones) experimentales de áreas cerebrales, tratando de localizar zonas funcionales de la corteza cerebral. Se descubrieron el área del lenguaje (Broca), un área para comprender el lenguaje audible (Wernicke), la corteza motora (Penfield), y otras áreas que fortalecieron las tesis localicistas.
La frenología rápidamente tuvo detractores, ya que se demostró la existencia de una organización jerárquica de las estructuras cerebrales. Para Jackson, cuanto más complejo y voluntario sea un proceso psicológico, tanto más pone en funcionamiento múltiples áreas cerebrales. A mediados de los ’50 muchos neurólogos, sin negar el hecho de que ciertas funciones elementales tales como la sensación cutánea, la visión, la audición y el movimiento podían ser localizadas en áreas muy concretas del cerebro, postulan que los procesos mentales complejos son el resultado de la actividad de todo el cerebro: es la teoría HOLÍSTICA. Uno de los más influyentes defensores de las teorías holísticas fue el estadounidense Lashley quien demostró a sus colegas (a mediados de siglo) que las funciones cognitivas superiores, como la memoria, se deterioran en relación directa a la cantidad de corteza cerebral lesionada (Ley de acción de masa cortical). Así, se desarrolla la teoría de “la dinámica cerebral”. Algunos llegaron incluso a negar la existencia de los centros nerviosos, negando su anatomía.
Sin embargo, las teorías holísticas no progresaron y no permitieron avanzar en el conocimiento de la función cerebral
Posteriormente (en la década de los 60-70) Vigotsky y su discípulo Luria sugieren que los procesos mentales son resultado de la actividad de sistemas funcionales complejos. Dichos procesos no están localizados en áreas estrictas del cerebro, sino que tienen lugar a través de la participación de grupos de estructuras cerebrales que trabajan concertadamente. Cada estructura realiza su particular aportación a la organización del sistema funcional.
Luria (1974) postuló la existencia de tres unidades básicas funcionales del cerebro cuya participación es necesaria para todo tipo de actividad mental.
La primera unidad básica es la responsable de mantener el estado de actividad o tono de activación cortical, que mantiene el estado de vigilia y es necesario para que el cerebro pueda realizar sus funciones. Sólo así es posible recibir y analizar la información, activar en el momento apropiado las estructuras adecuadas, y programar y comprobar el curso de los procesos mentales corrigiendo sus errores.
Como es sabido, la FR manda conexiones a la médula (asta anterior) por medio de los haces reticuloespinales activador e inhibidor, con la consiguiente acción sobre el tono muscular. Otras fibras ascienden hasta los ganglios basales y cortex regulando y modulando su estado funcional.
Las estructuras nerviosas implicadas en esta primera unidad funcional están básicamente representadas por la formación reticular (o sistema reticular). Consiste en una doble red.


  • Las fibras de una de sus secciones (sistema reticular ascendente) se originan en las capas profundas del cerebro (tallo cerebral) y terminan en otras áreas superiores como son el tálamo, núcleo caudado, archicortex, y finalmente, la corteza cerebral, donde desempeñan un papel decisivo en la activación y regulación de su estado de actividad (cortical).




  • En dirección opuesta, transcurren las señales nerviosas enviadas por la otra sección del sistema reticular (sistema reticular descendente): desde el neocortex y archicortex, cuerpo caudado y núcleos talámicos, hacia estructuras inferiores del mesencéfalo, hipotálamo y tallo cerebral; esta segunda sección constituye un sistema que retroalimenta a la primera. Así, este sistema funcional cambia el tono del cortex y está a su vez sujeto a la influencia del mismo.

Según Magoun, la estimulación eléctrica de la FR en su parte más anterior provoca una reacción de alerta (arousal) y disminuye el umbral de excitación de la corteza cerebral. Su lesión, al revés, provoca somnolencia y coma. Estos últimos efectos también pueden producirse al estimular determinadas porciones de la FR que por lo visto tienen una actividad inhibitoria sobre el cortex. La acción excitadora es la más importante; para ejercer esta función la FR dispone de fuentes o entradas informativas que aumentan o modifican su actividad, y por tanto también la actividad del cortex cerebral. Estas fuentes informativas son:




  1. Cambios en nuestro medio interno (cambios humorales) o en los procesos metabólicos que conducen a la homeostasia. Estos cambios desencadenan los comportamientos instintivos es decir aquéllos que tienen por misión el mantenimiento de la homeostasia. Están conectados a procesos respiratorios, digestivos, sexuales, de alimentación y sexuales (hambre, sed...)




  1. Los estímulos sensoriales procedentes del mundo exterior, que desencadenan el conocido reflejo de orientación. Los núcleos inespecíficos del tálamo, del caudado y del hipocampo intervienen muy de cerca en este reflejo de orientación. Tanto la información del mundo exterior como la propioceptiva aumentan el tono general de la FR. A su vez, la formación reticular actúa de filtro organizando la llegada de esta información al cortex, de manera que solo le va a llegar la información considerada como relevante. Gracias a esto de la extraordinaria cantidad de información que llega continuamente al SNC solamente una pequeña parte es percibida.




  1. La tercera fuente de activación de la FR, está constituida por las intenciones y por planificación de actividades (proyectos y programas generados durante la vida consciente del ser humano). Si los proyectos o programas no se consigue realizarlos la actividad aumenta y sólo se detiene cuando se ha llevado a cabo lo planificado. Para ello existen conexiones entre el cortex (especialmente los lóbulos frontales) y subcortex y la FR, que hacen posible que las planificaciones que se realizan en el cortex estimulen a la FR, y ésta, una vez que ha recibido información sobre lo que se pretende, activa al cortex (activación retroactiva). Luria señala que los proyectos y programas son sociales en su motivación y que se efectúan con la íntima participación, inicialmente externa, y más tarde interna, del lenguaje.

El interés de esta unidad funcional en educación resulta evidente si analizamos las alteraciones comportamentales que originan sus lesiones: deterioro del estado de vigilia, alteraciones del sueño, disminución de la capacidad de atención, fallos de memoria, etc. Además, esta unidad facilita los reflejos espinales, modifica la excitabilidad de los músculos, incrementa la excitabilidad del aparato coclear y baja los umbrales de sensación discriminatoria.


La segunda unidad básica se encarga de recibir, analizar y almacenar la información captada por los órganos sensoriales de nuestro organismo.
Esta unidad se localiza en las regiones laterales posteriores altamente especializadas del neocortex, incluyendo las áreas visual (occipital), auditiva (temporal) y somestésica (parietal). Aquí, además de acoger la información correspondiente, esta segunda unidad efectúa el análisis e interpretación y la combinación o síntesis de las señales que proceden de las diferentes aferencias sensoriales. Estas funciones son llevadas a cabo por diferentes áreas corticales organizadas de manera jerárquica:


  1. Áreas primarias o de proyección primaria. Son los lugares corticales donde terminan las fibras que traen información de los diferentes órganos sensoriales periféricos. Aquí se lleva a cabo un análisis elemental de la información recibida. Son características de estas áreas la organización topográfica y el alto grado de diferenciación de las neuronas con relación a su especialidad modal estricta. Las lesiones de estas áreas producen ceguera, sordera o ausencia de sensibilidad general (así como una gran variedad de alteraciones “secundarias”) según se afecten las áreas occipitales, temporales o parietales del cortex cerebral; estas graves alteraciones son independientes del correcto funcionamiento de los órganos sensoriales y de sus vías aferentes.




  1. Áreas secundarias o de proyección-asociación. Están topográficamente superpuestas a las áreas primarias y su función es la de sintetizar, codificar y transformar en sistemas complejos los estímulos que reciben de las distintas áreas primarias, realizándose así un análisis más profundo de las señales.

La función de las zonas secundarias es la de convertir la proyección somatotópica de la excitación correspondiente (visual, etc,) en su organización funcional. Estas zonas ejercen un papel decisivo en la génesis de un nivel superior de procesamiento y almacenaje de la información sensorial (visual, etc.). Las deficiencias funcionales de estas áreas conllevan trastornos del comportamiento relacionados con la modalidad sensorial implicada. Por ejemplo la lesiones locales de las áreas secundarias de la visión no conducen ni a la pérdida de parte del campo visual ni a la disminución de la agudeza visual, hecho que sí ocurre en las lesiones del área de proyección visual. Sin embargo, se altera la percepción integral de complejos visuales completos; también queda alterada la capacidad de combinar impresiones aisladas en esquemas complejos y, además, surge la incapacidad para reconocer objetos completos o sus representaciones pictóricas. Como resultado, el sujeto puede ver pero no puede interpretar el significado de lo que se ve (agnosia visual).




  1. Áreas terciarias o de superposición, se corresponden con el nivel superior de organización. Estas áreas se encargan de establecer y programar la actividad concertada de distintas zonas cerebrales. La función sintética de esta región da acceso a la representación simbólica y a las complejas operaciones lógicas que es capaz de realizar el cerebro humano. Las zonas terciarias son áreas de solapamiento especialmente localizadas en la confluencia de las regiones temporal, occipital y postcentral de cada hemisferio. Son las últimas en aparecer tanto a nivel filogenético (se consideran típicas y propias, exclusivas, de la especie humana) como ontogenético (la maduración definitiva se logra en torno a los 7 años; Luria, 1986). Las lesiones de estas áreas provocan trastornos del comportamiento muy complejos y variados que, además, son diferentes según involucren al hemisferio izquierdo o derecho. Entre los trastornos más destacable en relación a la conducta humana y la educación destacan las dificultades para interpretar la estructura del lenguaje, realizar cálculos numéricos, orientarse ene el espacio (si afectan al hemisferio izquierdo –dominante-), pérdida del esquema corporal, incapacidad de reconocer objetos, desorientación espacial, etc. (si afectan al hemisferio derecho).


La tercera unidad funcional básica se localiza en los lóbulos anteriores del cerebro y se encarga de programar, regular y verificar la actividad consciente.
Las estructuras responsables de esta tercera unidad funcional se localizan en las regiones anteriores de los hemisferios. El canal de salida para esta unidad lo constituye el córtex motor proyectivo (córtex motor primario) cuyas fibras constituyen la gran vía piramidal. Sin embargo esta vía de salida no puede actuar aisladamente sino que necesita del fondo tónico proporcionado por los ganglios basales y fibras extrapiramidales. Conviene señalar que el córtex motor primario es solo el canal de salida para los impulsos motores que van incorporados dentro de ciertos programas, los cuales han sido elaborados en las áreas secundarias y terciarias del córtex motor. Los lóbulos frontales humanos, donde se elaboran, regulan y verifican las actividades conscientes, están mucho más desarrollados que los de cualquier otro tipo de animal.
La principal característica distintiva del comportamiento humano es que esta regulación ocurre con estrecha participación del lenguaje: “Mientras que las formas relativamente elementales de regulación de los procesos orgánicos e incluso de las formas más simples de conducta pueden ocurrir sin la ayuda del lenguaje, los procesos mentales superiores se forman y tienen lugar sobre la base de la actividad del lenguaje, que se expande en las primeras etapas del desarrollo, pero más tarde se va contrayendo cada vez más” (Luria, 1986: 92). Es por esto por lo que la actividad programadora reguladora y verificadora del cerebro humano se lleva a cabo con la íntima participación del lenguaje.
Las lesiones masivas de los lóbulos frontales originan pacientes con alteraciones significativas de las más altas formas de actividad consciente (son completamente pasivos23, no expresan ni deseos ni intenciones y no hacen preguntas; no pueden terminar sus tareas y aparentemente no prestan atención al que les habla). Sin embargo, los niveles más elementales de su actividad permanecen inalterados. También se producen profundas alteraciones del análisis de la percepción visual y la desintegración de los programas de análisis y síntesis, dificultades o imposibilidad de solucionar problemas verbales, problemas aritméticos con un cierto grado de dificultad.
En resumen, el mal funcionamiento de esta tercera unidad funcional del cerebro humano no incide sobre las funciones sensorial o motora, pero afecta a la elaboración de los programas de actuación, a la atención o direccionalidad de los procesos mentales y a la activación del nivel de conciencia (Asensio 1986: 60).
Así pues, hoy en día se entiende a la actividad cerebral como el resultado de la participación activa de un conjunto de estructuras nerviosas que aportan sus “funciones” al desarrollo de los diferentes procesos mentales. De esta manera, el pensamiento, el lenguaje, la imaginación, la capacidad para adquirir nuevos comportamientos, son algunas de las cualidades humanas que dependen del funcionamiento correcto de este producto singular de la evolución: el cerebro humano. Se admite que durante su desarrollo filogenético la cultura constituyo, desde sus orígenes, un elemento impulsor y orientador de la evolución del cerebro. Se trata, por tanto, de dialécticas evolutivas que no pueden entenderse por separado.
Debemos pensar que el cerebro humano ha evolucionado en su estructura y complejidad en el sentido de producir comportamientos cada vez menos dependientes de las informaciones genéticas y más de la experiencia individual adquirida, donde la cultura desempeña un papel predominante. Además, podríamos añadir que el cerebro, órgano gestor de nuestros comportamientos, es una estructura destinada a aprender qué comportamientos son los adecuados en función de las circunstancias del medio (Asensio 1986: 53).

2.7.2. El cerebro triúnico

Otra manera de concebir el funcionamiento cerebral, es el que resulta al considerar al cerebro de los primates como formado por tres unidades (3 tipos cerebros) dependientes en su funcionamiento pero dotadas de cierta capacidad autónoma de actividad: cerebro reptiliano, cerebro paleomamífero y cerebro de neomamífero. Cada uno de estos cerebros tiene una estructura específica y un funcionamiento específico, y actúa en el control de actividades conductuales diferentes. Estas tres unidades filogenéticas constituyen una visión diferente, en este caso desde un punto de vista más evolutivo, de las tres unidades funcionales establecidas por Luria (1986). Esta clasificación no interfiere en absoluto con la realizada por Luria.


El cerebro reptiliano (responsable de las motivaciones), está materializado por ciertas zonas localizadas en el mesencéfalo e hipotálamo. Se encarga de organizar las formas de conducta más primitivas (instintivas) de adaptación al medio. Se ha comprobado que, en el hombre, la disposición interna o motivación a realizar ciertas necesidades biológicas básicas (comer, beber, reproducirse, defenderse, etc.) se encuentra bajo el control de este arqueo-cerebro cuyas vías nerviosas se consideran genéticamente determinadas. Además, es muy importante señalar que durante la realización de las actividades mencionadas el individuo asocia éstas al éxito o fracaso de su ejecución. Esto es posible debido a la existencia de una memoria relacionada con estos comportamientos innatos. El papel de esta memoria estaría relacionado con garantizar que las acciones que realiza el individuo tengan valor adaptativo. Las acciones cuyo resultado ha sido el previsto (acciones recompensadas o con éxito) (por ejemplo calmar la sed) tenderán a repetirse; por el contrario las que se hayan asociado a su no consecución (fracaso) serán evitadas en lo sucesivo.
El cerebro de paleomamífero (sistema límbico) (responsable de las emociones). Por otra parte, la experiencia subjetiva (personal) de cada individuo da lugar a la aparición de las emociones24. Normalmente, las emociones acompañan a conductas de búsqueda o evitación de una situación determinada; durante las emociones el sujeto experimenta (vive) los reajustes fisiológicos propios de una acción hipotética o real. Las emociones constituyen, por tanto, un segundo mecanismo de adaptación al servicio de la supervivencia, ya que preparan (acomodan) las actividades del organismo a las circunstancias que se le presentan. Constituyen una nueva fuente de motivaciones que añadir a las pulsiones básicas (hambre, sed, reproducción, etc.). El delicado entramado que se establece entre las conductas de base instintiva y las conductas derivadas de los aprendizajes producidos para su satisfacción hace difícil, en ocasiones, establecer cuáles de ellas se deben a dichos aprendizajes o a las pulsiones hipotalámicas generadas por variaciones del equilibrio interno.
La conducta emocional se relaciona de forma especial, desde los mamíferos más primitivos hasta el hombre, con el sistema límbico, parte del cerebro anterior (“paleocerebro”) anatómicamente superpuesto al cerebro reptiliano. El sistema límbico se constituye así en una especie de guía del comportamiento, cuya finalidad es que los comportamientos que produce el sujeto sean acordes con la conservación de la propia individualidad.
En nuestro caso las formas afectivas de comportamiento, aunque encaminadas a resolver necesidades esenciales para el mantenimiento de la vida, están ampliamente expuestas a la influencia sociocultural. El niño aprende a satisfacer sus deseos y motivaciones a través de la educación. “Esta (la educación) le orienta, básicamente, en el sentido de cómo debe actuar para que sus comportamientos alcancen los fines que pretende según los modos y normativas sociales del grupo al que el niño pertenece. La recompensa y el castigo constituyen el mecanismo elemental a través del cual los adultos moldean la conducta de los niños, explotando esa relación que se establece entre acciones realizadas y los resultados derivados de las mismas” (Asensio 1986: 54). No obstante, hay que señalar, que, sobre todo en el ámbito escolar, según sea la naturaleza y frecuencia de los castigos, éstos pueden llegar a producir efectos contrarios a los previamente planificados por el sistema educativo. El niño no sólo vincula su conducta no deseada (por el educador) a la sanción recibida, sino también al propio educador y al contexto (lugar, actividad que estaba realizando, etc.), los cuales pueden ser rechazados. Por otro lado, conviene señalar que, sobre todo los niños pequeños, que cuando los adultos no muestran conformidad, valoraciones positivas o interés por las actividades que están realizando, lo pueden interpretar como un castigo. Cabe concluir, que como opinan muchos pedagogos la educación debería estar basada, esencialmente, en el refuerzo (una simple atención verbal puede ser suficiente) de las conductas deseadas y en la extinción de las inadecuadas a partir de su no gratificación.
El cerebro de neomamífero o neocortex (responsable de la conciencia). Está especialmente desarrollado en la especie humana. Es una región cortical a la que el ser humano debe sus cualidades más esenciales. El neocortex introduce un nuevo sistema que agregar a los ya descritos (motivación y emoción) dotado de idéntica finalidad adaptativa: la conciencia. Desde el punto de vista biológico, la mente autoconsciente, mecanismo que permite el conocimiento de nuestras propias experiencias así como la reflexión y elaboración de complejos modelos de actuación, se considera el mecanismo para la supervivencia más eficaz de cuantos se conocen en los seres vivos.
El neocortex está totalmente comunicado con los cerebros subyacentes de manera que nuestra capacidad reflexiva se halla continuamente influenciada (mediatizada) por los aspectos motivacionales y emocionales que impregnana las informaciones que el neocortex procesa. Así, nuestra forma de actuar se asemeja a una especie de pulso o pugna entre el inconsciente mundo afectivo y el intento de valoración objetiva de los hechos. La jerarquía del neocortex es continuamente “cuestionada” por las estructuras subcorticales. De esta confrontación entre lo que debemos hacer (aprendido a través de la educación) y lo “que nos sentimos impulsados a hacer” (fruto de nuestro mundo afectivo emocional), surgen, no pocos de nuestros frecuentes desequilibrios y contradicciones.
Así, se puede considerar al cerebro como un conjunto de estructuras superpuestas desarrolladas a lo largo de la evolución que pese a mantener una unidad de funcionamiento (las tres unidades funcionales del cerebro de Luria) y una continua interacción presentan una clara individualidad.

1    Según este supuesto, las sustancias pasarían de los capilares a las neuronas vía el citoplasma de las células astrogliales. Esta suposición está basada en el hallazgo de que no existe espacio intercelular en el cerebro (?), y también en la existencia de una "barrera hemato-encefálica". La barrera consiste en que los colorantes inyectados vía venosa no tiñen el tejido cerebral. Es decir, que las moléculas de colorante no escapan hacia el espacio intercelular como ocurre en otros tejidos corporales. Parece como si el citoplasma de las células astrogliales fuese análogo al fluido intercelular de otros tejidos.

2 No existe mielina ni en el origen ni en las terminaciones axónicas.

3    A causa del contenido relativamente alto de mielina, los haces de fibras mielínicas tienen un color blanco cremoso de aspecto nacarado. La sustancia blanca del cerebro y médula espinal está constituida por haces de fibras mielínicas denominadas vías en vez de nervios. Los nervios, como las vías, están constituidos por haces de fibras mielínicas y son blancos, pero están localizados fuera del SNC.

4 A través de su presencia física, las neuronas acoplan, de muchos modos particulares y distintos, a grupos celulares que de otro modo sólo podrían acoplarse mediante la circulación general de los humores internos del organismo. La presencia física de una neurona permite el transporte de sustancias entre dos regiones a través de un camino muy específico que no afecta a las células circundantes, y al reparto local de aquéllas. La particularidad de las conexiones e interacciones que las formas neuronales hacen posible son la clave maestra del operar del sistema nervioso (Maturana y Varela, 1990: 131).


5 Gran parte de los estudios sobre el impulso nervioso se han realizado en el axón gigante del calamar, ya que posee un diámetro de 0.5 - 1.0 mm y permite introducir electrodos en su interior. Las influencias recíprocas que tienen lugar entre neuronas son de muchos tipos. La mejor conocida de todas ellas es la descarga eléctrica llamada impulso nervioso, que recorre la neurona como un reguero de pólvora. Es por ello que se dice que el sistema nervioso funciona en base de cambios eléctricos. Esto sin embargo no es enteramente cierto, ya que las neuronas no sólo interaccionan mediante cambios eléctricos, sino también, y de manera constante, mediante sustancias que se transportan en el interior del axón y que liberadas (o recogidas) en las terminales, gatillan en las neuronas, en los efectores o en los sensores con que se conectan, cambios de diferenciación y crecimiento (Maturana y Varela, 1990: 133).


6 La intensidad del estímulo que excita a una neurona determina la frecuencia de transmisión del impulso. Esto nos permite distinguir entre el cosquilleo de una pluma y el peso de alguién que nos pise los dedos de los pies.

7 La sinapsis es el punto de contacto estrecho que existe entre neurona y neurona, o entre neuronas y otras células, como en la sinapsis neuromuscular (Maturana y Varela, 1990: 131). Cada una de las terminaciones sinápticas hará una contribución pequeña al cambio total de actividad eléctrica de la neurona a la que se conecta.

8 Por ejemplo, el nervio facial (VII) inerva todos los músculos de la cabeza, cara y cuello , interviniendo por esto en la expresión de los sentimientos y emociones. Es el nervio de la expresión facial. También desempeña otras funciones.

9 Parece ser que ni la acetil-colina ni la nor-epinefrina se liberan en gran cantidad a nivel cerebral. Ninguno de ellos atraviesa la barrera hematoencefálica, lo que no hace posible la acción sobre el SNC de la adrenalina suprarrenal. La administración de nor-adrenalina por vía raquídea produce sueño y anestesia.


10 Todas las catecolaminas (epinefrina, nor-epinefrina, ...) derivan del aminoácido Fenil-alanina _ Tirosina _ Dopa (1-hidroxifenilalanina) _ Dopamina _ Noradrenalina _ N-metil-adrenalina _ N-metil-meta-adrenalina. La dopamina

además de precursor de la adrenalina y nor-adrenalina es además activay de efecto similar a ellos.



La forma en que se distribuyen las catecolaminas en el SNC indica una selectividad de acción de indudable importancia fisiológica y farmacológica (Corominas-Beret, 1977: 161-162


11 Algunas personas que padecen de l mal de Parkinson, enfermedad que provoca ataques, han recibido con éxito transplantes en el cerebro de tejido proveniente de sus células suprarrenales. El tejido transplantado comienza a producir substancias químicas qaue pueden poner fin a sus ataques (Feldman, 1995: 42).


12 Algunas personas que padecen de l mal de Parkinson, enfermedad que provoca ataques, han recibido con éxito transplantes en el cerebro de tejido proveniente de sus células suprarrenales. El tejido transplantado comienza a producir substancias químicas que pueden poner fin a sus ataques.

13 Para Sears y Winwood (1977), el encéfalo es la parte del SNC alojada dentro de la cavidad craneana; esta formado por 1) los dos hemisferios cerebrales o cerebro, 2) cerebelo, 3) mesencéfalo, 4) protuberancia y 5) bulbo.

14 De la cresta neural derivarán los ganglios espinales, los ganglios craneales y los ganglios neurovegetativos; también derivarán los melanoblastos de la piel, las células de las glándulas suprarrenales, las células de Schwann, y en parte, las membranas. En un embrión de 10 mm se pueden observar en la región cefálica los ganglios semilunares, geniculado, vestibular y coclear, los ganglios del glosofaríngeos, del neumogástrico y, en el tronco, los ganglios espinales.


15Una vez formado el tubo neural, las células del extremo anterior comienzan a desarrollarse y multiplicarse mucho más rápidamente que las de la región posterior. Este rápido crecimiento inicia la formación del cerebro y el resto del tubo neural forma la médula espinal.



16 El núcleo caudado está conectado al putamen, y en el embrión se desarrollan como una sola estructura. La diferencia principal entre ellos es que mientras que el putamen esta conectado sobre todo con la corteza premotora, el núcleo caudado está en conexión con los lóbulos frontales, donde se piensa, se evalúa y se hacen planes –las tres formas más altas de conocimiento. En un cerebro normal, el núcleo caudado se ocupa de ciertos aspectos del pensamiento automático, de la misma manera que el putamen se ocupa de los movimientos automáticos. El núcleo caudado es la parte del cerebro que nos impulsa a lavarnos cuando estamos sucios, que nos recuerda revisar si las puertas están cerradas antes de dejar la casa, y la que nos pone de sobre aviso y fija nuestra atención sobre cualquier cosa que esté fuera de lugar. El núcleo caudado hace todo esto activando un área determinada del lóbulo central –un punto de la corteza orbital, el área del lóbulo frontal que está junto por encima de los ojos. Ésta es la zona que se pone en marcha cuando pasa algo inesperado. Es una reacción de ¡eh, aquí pasa algo raro!, un dispositivo creado para detectar errores (Carter 1998: 60-61)


17 El cíngulo cortical es la parte del cerebro que registra las emociones conscientes.


18 Carter (1998: 59, figura izquierda): las destrezas motoras conscientes están controladas por el putamen, que es la parte del sistema límbico inconsciente.

19 Metámero (o metámera), es un segmento del cuerpo. Nosotros, y todos los vertebrados, tenemos el cuerpo segmentado, como las lombrices o anélidos. Esta segmentación no es evidente en todas las partes del cuerpo, sino únicamente en algunas, como por ejemplo en la columna vertebral. Esta segmentación es una herencia de los anélidos de los cuales procedemos por evolución. A cada segmento del cuerpo se le llama metámero (me lo he inventado ).

20 Aquí solo hay meninges, nervios y líquido cefalorraquídeo.

21 Se llama enuresis la falta de control en la emisión de orina.

22 Plexos coroideos: sulen desarrollarse en el techo de los ventrículos tercero y cuarto. Están constituidos por tejido vascular delgado, no ramificado; a este nivel tiene lugar el intercambio de sustancias entre la sangre y el líquido cefalorraquídeo.

23 La Lobotomía, es una técnica de neurocirugía que consiste en la destrucción o extirpación de los lóbulos prefrontales de la corteza cerebral. Fue introducida por el psiquiatra portugués Antonio Egas Moniz en 1935 como un medio para controlar la conducta agresiva o violenta; trabajo por el cual Moniz recibió el Premio Nobel de Fisiología y Medicina en 1949. El procedimiento original fue modificado en 1937 para incluir la sección de casi todos los tractos nerviosos que conectaban los lóbulos prefrontales con el resto del cerebro. Aunque la operación fue acogida como un avance muy importante en el tratamiento de pacientes con una enfermedad emocional grave, a finales de la década de 1940 los médicos se dieron cuenta de que la lobotomía trasformaba a los pacientes en sujetos inertes y desprovistos de toda iniciativa. Durante los años cuarenta, al menos veinte mil operaciones de este tipo fueron practicadas solamente en los Estados Unidos de América (Carter, 1998) Los neurocirujanos también desarrollaron técnicas menos extensas, en las que se extirpaban ciertas zonas o se seccionaban vías cerebrales con el fin de conseguir el control de la conducta violenta o de enfermedades emocionales graves. Este conjunto de operaciones reciben el nombre de psicocirugía. La eficacia de dichos procedimientos nunca ha sido evaluada adecuadamente y la introducción de los fármacos antipsicóticos ha reducido mucho su empleo.


24Emoción, término empleado frecuentemente como sinónimo de sentimientos y que en psicología se emplea para denominar una reacción que implica determinados cambios fisiológicos, tales como la aceleración o la disminución del ritmo del pulso, la disminución o el incremento de la actividad de ciertas glándulas, o un cambio de la temperatura corporal. Todo ello estimula al individuo, o alguna parte de su organismo, para aumentar su actividad. Las tres reacciones primarias de este tipo son la ira, el amor, y el miedo, que brotan como respuesta inmediata a un estímulo externo, o son el resultado de un proceso subjetivo, como la memoria, la asociación o la introspección. Los estímulos externos disminuyen su importancia como causa directa de la reacción emocional de un individuo según éste madura, y los estímulos que suscitan estas emociones se vuelven más complejos. Así, la misma condición ambiental que inspiraría ira en un niño pequeño puede causar miedo en un adulto. No obstante, según aumenta el nivel emocional de la reacción, el parecido entre los distintos tipos de reacción aumenta también: la ira extrema, el pánico o el resentimiento tienen más en común que las mismas reacciones en fases menos exageradas. Todas las reacciones emocionales están acompañadas por alteraciones fisiológicas momentáneas, como en el caso del aumento del ritmo del corazón durante un acceso de ira. El miedo, por ejemplo, puede desencadenar manifestaciones violentas, como el temblor de los miembros o una momentánea pérdida de voz.






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