Células nerviosas


Evolución del telencéfalo



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Evolución del telencéfalo.

El cerebro es la porción mayor y más importante del encéfalo en vertebrados superiores. Deriva de un par de vesículas que se dirigen hacia adelante del prosencéfalo primitivo. Estas dos vesículas forman los dos hemisferios cerebrales. Inicialmente estos hemisferios están en relación con el análisis de los impulsos olfatorios. En peces y anfibios permanecen como un par de hinchamientos de dimensiones muy modestas. En estos animales el techo óptico del cerebro medio constituye el área principal de asociación.


Sin embargo, con la evolución de los vertebrados superiores, el cerebro adquiere rápidamente una importancia mucho mayor, posiblemente relacionado con el papel que juega el sentido del olfato en la vida de la mayoría de los mamíferos: caza, vida en comunidad, búsqueda de la pareja, huida. El mundo perceptible de la mayoría delos mamíferos es predominantemente un mundo olfatorio.
Es aquí, al cerebro, a donde llega la crucial información sensorial. La información vitalmente importante, detectada por los distintos órganos sensoriales es comparada e intercorrelacionada de una forma rápida y eficaz en esta parte del encéfalo. sin emabargo el mundo perceptible humano y de los primates es un mundo visual.
En primates, como es de esperar, el volumen del cerebro dedicado a la olfación es bastante insignificante. Ha quedado desplazado de la superficie del cerebro por el desarrollo de otras regiones.
La figura 10.11 muestra el desarrollo evolutivo del cerebro a partir de un estadio primitivo hipotético hasta llegar al clímax alcanzado en los primates.
Inicialmente el hemisferio (que todavía no lo es) tiene una función enteramente olfatoria (peces). La sustancia gris es central y comunica con el ventrículo. Es pues una reminiscencia de la porción de la sustancia gris en la médula espinal. Una de las primeras modificaciones en la evolución de los hemisferios cerebrales es la emigración de esta banda de sustancia gris desde el interior hasta la superficie del cerebro. Así se origina el paleocortex. A continuación (b) se rompe la homogeneidad de esta corteza de sustancia gris. El paleocortex olfatorio permanece, pero queda aprisionado entre dos nuevas regiones de sustancia gris. Dorsalmente se dasarrolla el archicortex -un área de asociación- y ventralmente surge otra masa de sustancia gris, el cuerpo estriado. En esta última región de sustancia gris se originan en los vertebrados inferiores las fibras nerviosas que llevan los impulsos a los órganos efectores.
Al ir ascendiendo en la escala de los vertebrados, nos encontramos con que el cuerpo estriado se independiza del resto de la sustancia gris y se hunde en el interior del hemisferio cerebral para formar una isla en el seno de una mar de sustancia blanca (c). También nos encontramos con que aparece entonces una nueva banda de corteza cerebral entre el paleocortex y el archicortex. Este es un acontecimiento muy importante, ya que este rudimento es el principio del neocortex. Aparece pro primera vez en reptiles. Se parece al archicortex, pero difiere del paleocortex, ya que no está relacionado con una única modalidad sensorial. Desde su creación recibe información de todos los órganos sensoriales importantes.
En d y e puede verse que se producen modificaciones dramáticas en el neocortex. d se corresponde con un mamífero primitivo y e con un primate. El neocortex comprime al archicortex y paleocortex. El archicortex, pensaban los anatómicos antiguos, se retuerce para adoptar una forma de caballito de mar: el hipocampo. Hay indicios de que esta relacionada con la memoria. El paleocortex conserva su función olfatoria primitiva, aunque está comprimido en la superficie ventral de los dos hemisferios. Los anatómicos lo conocen como el órgano piriforme.
La figura e muestra que en un primate superior, el neocortex adquiere aun mayor tamaño al desarrollar unas intrincadas series de surcos y cisuras. La superficie de ambas cortezas cerebrales humanas varía entre 1460 y 1620 cm2. Cada hemisferio contiene unas 2.6 x 109 neuronas.
Esta evolución de la corteza cerebral puede seguirse en todos los vertebrados, pasando por todos los órdenes de mamíferos hasta llegar al homo sapiens.
Puede ser esencial para el habla y el pensamiento simbólico. Es el gran órgano central de los exterorreceptores.
Vemos pues que el desarrollo de un órgano común para el análisis sensorial en los abultados hemisferios cerebrales, lleva consigo consecuencias todavía incalculables. Consecuencias que han incluido, finalmente la adivinanza de la autoconciencia; la reflexión de la materia sobre sí misma.

2.6. Algunas notas sobre la diferenciación hemisférica
La teoría Novedad-Rutina: Goldberg (2002) distingue entre el procesamiento de información de situaciones novedosas y el procesamiento de información de situaciones familiares o rutinarias. Parece ser que el hemisferio derecho es más hábil para procesar el primer tipo de información y el izquierdo para el segundo tipo. ¿Hay realmente un trasferencia general de funciones de este tipo entre los dos hemisferios? (Goldberg, 2002: 59 y siguientes). El autor nos dice que las lesiones de los hemisferios cerebrales izquierdos en niños son mucho más benignas que las de los izquierdos ¿habría relación con lo anterior?. Nos dice el autor: “las personas musicalmente ingenuas procesan las música principalmente con el hemisferio derecho. Quienes tienen formación musical, sin embargo, procesan la música principalmente con el hemisferio izquierdo” (p. 63). Ya sabemos que el hemisferio derecho es considerado habitualmente como el hemisferio artístico. El autor señala que la mayor parte de las personas somos musicalmente ingenuas. De ahí que el hemisferio derecho sea el dominante en cuanto a interpretación musical. Algo parecido ocurre con la interpretación de rostros conocidos o desconocidos. La neuroimagen funcional (resonancia magnética, tomografía por emisión de positrones y tomografía computerizada) ofrecen resultados semejantes.
El desplazamiento del lugar del control cognitivo desde el hemisferio derecho al izquierdo ocurre en muchas escalas de tiempo: desde minutos y horas hasta anos y décadas (casos de aprendizaje de habilidades y códigos complejos, incluido el lenguaje).
El cerebro humano es la unión de dos mentes. Cada uno de sus hemisferios gemelos es el espejo físico del otro, y si se pierde uno de ellas al principio de la vida, el otro puede asumir y cumplir las funciones de los dos (Carter, 1988: 34). Pero ambos hemisferios están perfectamente interconectados por un sistema de fibras (cuerpo calloso) que transmite información en ambos sentidos casi en el instante en que ésta se produce. Las respuestas están tan perfectamente sincronizadas que producen una única percepción del mundo, una única conciencia y una sola respuesta. No obstante, cada hemisferio está especializado en determinadas funciones, de manera que tiene sus propias maneras de procesar la información y sus propias capacidades.
Existe la creencia popular de que el hemisferio izquierdo es calculador, comunicativo y capaz de concebir y ejecutar planes complicados. Pero lleva mala prensa, y se dice que representa lo peor del mundo occidental: materialista, opresivo e insensible. En Cambio al derecho se le considera amable, emocional y más acorde con el mundo natural que el izquierdo, una idea de la mente que se suele asociar con el oriente. Pero ante la pregunta ¿es esto cierto?. Los investigadores del cerebro sostienen que la idea de una división estricta es un mito popular, y la definen como dicotomanía. El cerebro humano. De todas formas hay estudios que usando técnicas de imagen confirman que los dos hemisferios realmente tienen capacidades muy específicas. La cierto es que la creencia popular coincide bastante con la realidad:
El hemisferio izquierdo es analítico, lógico, preciso y sensible al tiempo. El derecho es más soñador, procesa las cosas de manera más holística –en vez de desmenuzarlas-, y tiene más que ver con la percepción sensorial que con el conocimiento abstracto. De todas formas, sabemos que el cerebro es muy maleable y sus conexiones pueden estar influenciadas por todo tipo de factores externos.
Los hemisferios cerebrales parecen estar especializados tanto respecto a las emociones como a los pensamientos. A escala general, el hemisferio izquierdo responde al contenido verbal de la expresión emocional, y el derecho al tono y a la expresión muscular.
Con respecto de las emociones, el registro de ondas cerebrales del área frontal de ambos hemisferios refleja diferencias en la actividad dependientes del tipo de emociones que experimentan los sujetos: la felicidad se correlaciona con la mayor actividad del hemisferio izquierdo; la ira y la tristeza afectan más al derecho que al izquierdo. Hasta los niños de una semana responden de manera diferente a los lóbulos frontales.
La respuesta a la pregunta de por qué están divididas las emociones en el cerebro, podría estar relacionada con la forma en que las distintas emociones movilizan el cuerpo. Sabemos que los hemisferios cerebrales regulan el movimiento del cuerpo de manera diferente. El hemisferio derecho parece desempeñar mayor control en las funciones motoras amplias, moviendo los grandes músculos; el izquierdo parece ocuparse de los movimientos musculares más delicados, como de los dedos. Como es lógico, el control de los grandes músculos por el hemisferio derecho permite huir o atacar con rapidez (movimientos rápidos), solventado problemas, mientras que el control de los músculos pequeños por el hemisferio izquierdo permite acercarnos a las cosas que nos gustan. Por tanto aquellas emociones que requieran una respuesta muscular amplia estarán gobernadas por el hemisferio derecho, mientras las que requieren respuestas musculares más finas estarán reguladas por el hemisferio izquierdo.
El control cerebral de los músculos faciales es muy riguroso. De hecho, el área de la corteza motora dedicada al control de la musculatura de la cara es mayor que la de cualquier otra (Penfield, 1975). La función de esta musculatura es la de expresar los sentimientos. Muchas veces podemos leer éstos en los rostros de las personas; enviamos mensajes emocionales a través de nuestra expresión facial: arquear las cejas, curvar la boca, fruncir el ceño, etc. (Ornstein, 1994: 90-97).
En este sentido, hay algo de cierto en que el hemisferio derecho es más emocional que el izquierdo: es en particular responsable de los sentimientos de miedo, de duelo y de un pesimismo generalizado.
Así, las personas que sufren derrames graves en el hemisferio izquierdo reaccionan con bastante frecuencia como si lo que ha pasado fuera un desastre, aunque las incapacidades surgidas a causa del derrame sean leves. Parece ser que en estos casos el hemisferio izquierdo ya no puede mantener su supremacía, por lo que el derecho inunda la conciencia con su propia visión pesimista de la vida.
Por el contrario, los pacientes con lesiones graves en el hemisferio derecho pueden ser a veces totalmente indiferentes ante el problema y mantienen un ánimo optimista. Carter comenta un caso de un juez estadounidense que había sufrido un derrame en el hemisferio derecho y que creó situaciones muy embarazosas al haber perdido la capacidad de evaluación de los hechos que debía juzgar. Por lo visto presidía una sala divertidísima y dejaba alegremente en libertad a criminales peligrosos y condenaba a cadena perpetua a personas que habían cometido actos delictivos menores.
En los casos más extremos los pacientes con lesiones en el hemisferio derecho se niegan a reconocer su discapacidad, que puede ser seria, como por ejemplo una parálisis o una ceguera. A este estado se le conoce como anosognosia.
Carter (1998: 36) dice que a pesar de la alegría incontenible de un hemisferio izquierdo sin oposición, para mantener un sentido del humor refinado hace falta la combinación de los dos hemisferios. Ilustra este hecho con un chiste:
Entra un canguro a un bar, se sienta y pide una cerveza. Desconcertado el camarero le trae la bebida. ¿Cuánto es?, pregunta el canguro. Recuperándose del susto el camarero decide averiguar si el animal es tan listo como parece, y guiñando el ojo a los demás clientes, le dice 12.700 euros. El canguro paga sin rechistar, y el camarero que todavía no se ha podido recuperar, comenta: la verdad es que no vienen muchos canguros por aquí, a lo que el animal responde: no me extraña, al precio que están las cervezas”
Imaginemos tres posibles finales para proponerle al paciente:


  1. el canguro saca una pistola y mata al camarero

  2. un hombre que está en el bar comenta que es ventrílocuo y ha amaestrado al canguro para que beba cerveza

  3. la comentada “no me extraña…”

La opción consecuente con el espíritu del cuento, obviamente, es la c. Un paciente con una lesión en el hemisferio derecho elegiría con bastante probabilidad el final más realista: la que a la mayoría de la gente le parecería no tener gracia alguna, la b. El paciente con lesiones en el izquierdo, en cambio, es probable que eligiera el final a: un final sorpresa fuera de contexto.


La diferencia radica tal vez en que el hemisferio izquierdo crea jovialidad, y que por tanto está listo para reírse casi de cualquier cosa. El hemisferio derecho es el que capta el chiste, el cual percibe una distorsión (un desplazamiento) de la lógica, que es el sello característico del humor convencional. Esto es una forma suave de efecto de alerta sobre algo que en sí mismo no tiene gracia alguna “aquí hay algo que no cuadra”. En realidad es una forma suave de miedo. Una persona sólo equipada del hemisferio derecho suele sospechar que cualquier final sorpresivo puede ser un chiste.
El humor es algo difuso, exigente –es asunto de gustos-. El humor es típico de la clase de funciones que necesitan las dos mitades del cerebro para trabajar. Por el contrario las funciones más precisas tienden a estar lateralizadas.
La orientación de uno mismo en el espacio, por ejemplo, es una actividad muy típica del hemisferio derecho. Y si las partes implicadas (el hipocampo derecho y la corteza parietal derecha) están lesionadas, el paciente puede encontrar que se pierde en sitios dónde antes se sentía en casa. Un paciente por ejemplo no podía encontrar la puerta de su casa (tardaba más de cinco minutos).
Otras funciones diferencias de los hemisferios cerebrales son:

El hemisferio derecho es más emocional que el izquierdo, en particular responsable de los sentimientos de miedo y de un pesimismo general.


Por otro lado, las personas que han sufrido una lesión en un solo hemisferio se encuentran muchas veces que sus aptitudes deterioradas van mejorando con el tiempo. Esto se debe a que ele hemisferio sano asume las tareas que antes realizaba el otro hemisferio. Es muy probable que no las haga de la misma manera ni con tanta eficacia como el otro. Por ejemplo si la capacidad de llegar de sitio a sitio se ha perdido, el hemisferio izquierdo puede realizar esa tarea valiéndose de sus propias aptitudes –una secuencia de memoria y deducción (por ejemplo llega hasta el final contando el número de puertas intermedias).
También el reconocimiento de caras familiares es una tarea del hemisferio derecho. Para reconocer caras no hace falta pensar. Si una persona sufre una lesión en el área responsable de esta capacidad, el recurso que empleará la persona para reconocer a la gente que le rodea será anotar conscientemente los rasgos característicos de una cara para luego comparar cada una de las anotaciones mentales que ha hecho (Carter 1998: 37).
El hemisferio derecho capta globalmente las cosas, en tanto que el izquierdo se dedica a los detalles. Otros puntos fuertes del hemisferio derecho son la capacidad de distinguir imágenes camufladas sobre un fondo complejo, o la de reconocer contornos a primera vista (hecho importante en nuestros ancestros para descubrir a los depredadores). Al hemisferio izquierdo, sin embargo, le es fácil descomponer esquemas complicados en las partes que los forman. El hemisferio izquierdo es más eficaz para la burocracia que para salir de la jungla.
Casi todas las funciones mentales están total o parcialmente lateralizadas. No se sabe cómo de produce este fenómeno, pero parece que la información que entra se separa en distintas vías paralelas dentro del cerebro y que, a cada una de estas vías, se le da un tratamiento distinto según la ruta que siga. La información que tenga interés para un determinado lado lo activará con fuerza que al otro. Esto se ve literalmente en el escán. El lado que está a cargo de una función determinada se ilumina más que el lado complementario.
Muchas de las teorías primerizas sobre el cerebro lo consideraban como un órgano indiferenciado, con regiones o áreas que tenían el mismo potencial para cualquier aprendizaje o actividad: un cerebro para todo (Ornstein, 1994). Sin embargo, hoy en día se asignan a ambos hemisferios propiedades y actividades diferentes, de modo que parecen estar especializados tanto respecto a emociones como a pensamientos.
La división de funciones en dos hemisferios separados es lo que nos hace ser específicamente humanos. Es el desarrollo más reciente de la evolución humana: tiene menos de 4 millones de años.
El hemisferio izquierdo controla el lado derecho del cuerpo. También lo hace sobre el lenguaje y las actividades mentales lógicas, las cosas que se suceden en un orden determinado. El hemisferio derecho mueve la musculatura del lado izquierdo del cuerpo. Sin embargo, el control total está a cargo del hemisferio dominante (normalmente el izquierdo). El hemisferio izquierdo ejerce el control mandando órdenes, sobre todo inhibitorias, al hemisferio derecho a través del cuerpo calloso Este sistema procura quer todo marche bien: en un solo cráneo sólo hay lugar para un sólo jefe (Carter, 1998: 49). Además, dirige las actividades simultáneas –las que se suceden al mismo tiempo- relacionadas con el espacio y las actividades artísticas. Probablemente estas diferencias surgieron cuando nuestros antepasados comenzaron a usar y crear símbolos (arte y lenguaje).
Cuando la gente escribe, apaga el lado derecho del cerebro; cuando ordena figura sen el espacio, apaga el hemisferio izquierdo. Así, cuando desempeñamos actividades cotidianas cambiamos las partes del cerebro que mantenemos activas. Las personas utilizan los hemisferios de manera diferente para resolver problemas, según convenga.
Estos dos hemisferios aparecieron en nuestros antepasados en algún momento del extenso período de la evolución humana. (Ornstein, 1994: 140-145).





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