Clínica Universitaria de Psicología Universidad Complutense de Madrid


¿Cómo enfrentarnos a las situaciones temidas?



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¿Cómo enfrentarnos a las situaciones temidas?

Con mucha paciencia y poco a poco tendrás que irte enfrentando a las situaciones que te generan ansiedad o malestar para poder recuperar cierta normalidad. Serás capaz de volver a subir a un tren e ir leyendo a tu trabajo, podrás hablar de lo que ocurrió con otras personas. Sin embargo, es posible que te cueste trabajo y tengas que soportar cierto grado de malestar hasta que te acostumbres. Trata de enfrentarte a estas situaciones difíciles de forma gradual, comenzando por aquellas que te generen menos malestar y acostumbrándote a ellas primero. Puedes hacerlo con el apoyo de los demás, utilizando las pautas de respiración y todo lo que hemos visto sobre parar pensamientos y mantener un autodiálogo positivo. Pero no te engañes, aún así tendrás que soportar en ocasiones un elevado grado de malestar que sólo disminuirá a fuerza de permanecer allí, aguantar y acostumbrarse, hasta que nuestro organismo vuelva a aprender que se puede estar en estas situaciones sin valorarlas como amenazantes, y dejemos de sentirnos mal en ellas.

No se trata de huir definitivamente de esas situaciones, ni de beber alcohol o consumir fármacos para poder soportarlas. Se trata de que todo el mundo tiene derecho a recuperar la posibilidad de subir a un tren, charlar con amigos, viajar junto a una mochila o separarse de su familia sin imaginar que van a morir. Algunas personas necesitan ayuda psicológica para conseguir enfrentarse con éxito a estas situaciones.

¿CÓMO ACTUAR CON LOS NIÑOS?

Los niños son unas víctimas muy especiales de las catástrofes. Algunos sufren directamente la muerte de familiares, compañeros de colegio o vecinos y esto supone en sus vidas rupturas muy difíciles de asimilar. Muchos otros niños se ven enfrentados en los días después a una catástrofe a una situación y a unas imágenes enormemente duras e incomprensibles. A continuación encontrarás algunas recomendaciones dirigidas a los padres y familiares para ayudarles a afrontar esta situación.

¿Qué decir a un niño?

 Nunca mentir. No se le puede decir que han chocado unos trenes, o que su padre se ha ido de viaje y tardará mucho en volver. Pensemos que el niño no es tonto ni sordo, y probablemente va a conocer la verdad a través de otras personas, a veces de manera más cruda y más dolorosa. Cuando esto sucede se siente engañado. Si hay alguna mala noticia que dar al niño, ¿no es preferible que lo hagan las personas a las que el niño quiere y en las que confía?

 Decirle sólo aquello que el niño pueda entender. Debemos tener en cuenta la edad del niño y su nivel de comprensión, para explicarle lo sucedido. Tan absurdo sería dar explicaciones excesivas a un niño de 3 años como evitarlas en uno de 11.

 No dar más información que la que el niño necesite y pueda asumir. En general, es el propio niño el que marca los límites, preguntando más o cambiando de tema.

 Siempre responder a las preguntas que nos haga el niño sobre lo que ha pasado. Cuando se trata de la muerte de alguna persona próxima, puede ser que no se atreva a preguntar, y en ese caso, aunque no pregunte, hay que decírselo.

 Aprovechar para transmitirle algunos valores, como la solidaridad: enseñarle a que aprecie las conductas solidarias de tantas y tantas personas. Muchos niños querrán “colaborar” de alguna manera, con flores o dibujos los más pequeños, o asistiendo a las manifestaciones los mayores.

 Explicar claramente a los niños más pequeños su condena de lo ocurrido. No se trata de asustarles, sino de que sepan claramente lo que piensas.

 Evitar que vean constantemente las imágenes de cadáveres y heridos en los medios de comunicación, especialmente en la televisión; y , cuando sea inevitable verlas, aprovecha para enseñarle a respetarlas.

¿Cómo decírselo en el caso de pérdidas de personas significativas?

 Buscar un lugar adecuado, cómodo, donde nadie nos interrumpa, con tiempo para hablar sin prisas.

 Habla con naturalidad, sin buscar situaciones solemnes o revestir los hechos de un dramatismo añadido.

 Comunica la noticia poco a poco, explorando lo que el niño ya conoce y lo que piensa o teme. Para las noticias mas graves se pueden fraccionar, de manera que pueda ir asimilando poco a poco, primero la catástrofe, luego que hay personas de su familia heridas y luego que han muerto.

 Asegúrate de que el niño comprenda que el fallecido no tenía elección, que no se ha muerto por propia voluntad, que no le ha abandonado ni quería irse, que la muerte ocurre sin que se pueda controlar.

 Con el tono emocional adecuado, que note que los adultos no han perdido el control. El niño puede y debe percibir que los adultos están tristes, o que lloran, que lo sienten tanto como él, pero que mantienen el control de la situación. No se pueden decir delante del niño cosas como: “yo también me quiero morir” o “¿qué va a ser de nosotros?”.

 Buscar siempre, aunque resulte difícil en estos casos, algún aspecto positivo relacionado con el suceso que sirva de consuelo al niño, del tipo de “no sufrió nada”, si es que estamos hablando del fallecimiento de alguien cercano en una catástrofe, o explicarle que por alguna causa se evitaron muchas más víctimas (p. ej., debido a que el tren se retrasó se evitaron muchas más víctimas, en el caso de estar explicándole los atentados del 11-M).

 Brindar siempre el mayor apoyo emocional, el niño debe sentirse apoyado y querido. Es importante expresar este apoyo al niño, adecuándose a su edad y a la confianza que tengamos con él. Los abrazos, las caricias, que pueden mostrar ese afecto en unos casos, son inadecuadas en otros.

 Ayudarle a solucionar los problemas que puede haber generado la pérdida: “¿Podré ir al mismo cole?”, “¿me cambiaré ahora de casa para ir a vivir cerca de los otros abuelos?”, “¿perderé a mis amigas?”, “¿tendremos dinero?”.

 Dando las explicaciones sobre la muerte que sean coherentes con la educación del niño y consistentes con las explicaciones que puedan darle otras personas cercanas.

¿Qué otras cosas se pueden hacer?

 Es recomendable que los niños, en la medida de sus posibilidades y edades, puedan participar en los acontecimientos cercanos a la muerte, en los rituales, en aquellos que pueda comprender y en el caso de niños a partir de 8-10 años, que tomen decisiones sobre si se encuentran con ánimos de hacerlo.

 Es útil que, en los actos, estén acompañados de sus amigos, no sólo de su familia. Conviene apoyar el recuerdo de los fallecidos en los aniversarios. En estas situaciones el comportamiento de los más cercanos se puede volver triste y más doloroso.

 Hay que tener en cuenta que las explicaciones sobre la muerte y sus circunstancias deben ajustarse a la edad y a las experiencias del niño, así como a su grado de comprensión sobre el concepto de muerte. En los niños pueden aparecer miedos y pesadillas sobre su propia muerte o la de familiares cercanos; deben hablarse y aclararse aspectos que pueden generar un malestar mayor.

 Hay que ayudarles a resolver sus dudas ¿Por qué se entierra a la gente? ¿Por qué, si el cielo está arriba? Aclarar, en niños que vayan a tener esta información y participen en el entierro o en la incineración, que ser incinerado no hace sentir dolor o que si es enterrado, tampoco sentirá ahogo.

 Facilitar su comprensión de la pérdida: a los niños puede costarles comprender lo que sucede cuando alguien muere. Hablar de la muerte con naturalidad, explicándoles que la muerte es parte del ciclo de la vida, aunque a veces la vida se acorta y aparece de forma prematura, como ocurre en los atentados o en los accidentes.

 Utilizar ejemplos cercanos: a un niño que se le murió una mascota querida, un familiar más lejano, un amigo de la familia.

 No conviene utilizar frases que puedan confundir a los niños “papá se ha dormido”, “se ha ido para siempre”, “nos ha dejado”, que pueden empeorar aún más la situación de la pérdida al hacer que el niño se sienta abandonado, traicionado o poco queridos.

 Ayudarles a expresar sus sentimientos, sus preocupaciones, sus temores. Hay que explicarles que son normales; incluso que es normal no sentir nada, no poder llorar; son reacciones normales que no deben asustarle. Ayúdale a poner nombres simples a sus grandes sentimientos.

 Se le puede preguntar si hay alguna cosa que hubiera querido decirle a la persona fallecida, palabras que se han quedado en el tintero, si quiere pedirle perdón por algo, o agradecerle algo. En ese caso sugiere al niño que escriba una carta con esas palabras dirigida al fallecido, con la mayor naturalidad. Dependiendo de la edad y las creencias del niño y de la familia, puede guardarla, llevarla al cementerio o dejarla en la ventana para que alguna estrella se la lleve y la lea.

 Es muy aconsejable escribir o guardar fotos de la vida de la persona fallecida: reconstruir su vida, incluyendo la muerte de la persona.

Es adecuado facilitar, en la vida familiar, conversaciones sobre la propia muerte y la de las personas queridas, así como sobre el propio concepto de muerte.

 También se debe atender a cada niño, en caso de que haya varios afectados, de forma individual y nunca en grupo, para que podamos ajustarnos a las necesidades de cada uno, a sus preguntas, a sus miedos, a sus creencias y a su nivel de comprensión en las explicaciones.

 Se debe restablecer el funcionamiento cotidiano del niño lo antes posible, sus hábitos de comida y sueño, su vuelta al colegio y a sus actividades habituales y en la medida de lo posible no sacarle de su casa, de su barrio, evitarle separaciones innecesarias de otras personas cercanas de la familia y facilítale el encuentro con sus amigos.

 Es importante ayudarle a fijarse en las cosas positivas que ocurren a su alrededor: el apoyo de sus amigos, su fortaleza para reaccionar, su capacidad para disfrutar de juegos, salidas, comidas, etc., todo lo que seas capaz de encontrar con su ayuda.

Como el duelo es un proceso largo y normal, este tipo de actuaciones y de atención especial debe producirse a lo largo del tiempo. No basta con que dediquemos un día a explicar la situación a los niños. Puede que una pregunta no surja al principio y lo haga después, y puede que sus pensamientos cambien y surjan nuevas inquietudes y miedos a lo largo del tiempo.

También será necesario que durante todo ese proceso valoremos si el niño continúa demasiado activado, nervioso, si tiene problemas para comer, para dormir o para concentrarse en el colegio. También tendremos que atender a si recupera su estado de ánimo, si es capaz de disfrutar de las cosas de las que antes disfrutaba y estar atentos a si hay cosas que ha dejado de hacer y miedos que interfieran con su funcionamiento habitual. En esos casos es posible que necesitemos recurrir a la ayuda de un psicólogo especializado en este tipo de problemas.

¿Quién debe hablar con el niño?

Las personas más próximas, si fuera posible los padres, o alguno de ellos. En el caso de que necesites ayuda para hacerlo, consulta con un psicólogo pero no dejes esta responsabilidad a otra persona.

¿Qué reacciones puede tener el niño?

Muchos niños pequeños, sobre todo los menores de 7 años, y algunos adolescentes, reaccionan sin respuesta emocional, por ejemplo preguntando si se pueden ir a jugar ya. A veces no lloran ni exteriorizan sus sentimientos.

 Con frecuencia también, en los más pequeños, surge una pregunta o comentario “egoísta” del tipo: “¿Y ahora quien me ayuda a mí a hacer los deberes?”.

 Es muy frecuente, en niños de todas las edades, que rechacen en los días sucesivos hablar o comentar lo ocurrido, e incluso en los más pequeños, que se comporten como si no hubiera pasado nada.



 Son habituales las pesadillas, los terrores nocturnos y las preguntas y preocupaciones de los pequeños sobre la muerte; incluso en niños que no hayan tenido víctimas en su entorno.

 Los niños pueden presentar todas las reacciones normales que hemos descrito en el caso de los adultos y, además, dependiendo de su edad, pueden: tener miedo a la separación de los padres; volver a tener comportamientos característicos de niños de menor edad como, por ejemplo, chuparse el dedo o hacerse pis en la cama, y hacer juegos relacionados con el suceso como, por ejemplo, jugar con ambulancias o con la policía.


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