Clínica Psicoanalítica (Cátedra I)



Descargar 38.48 Kb.
Fecha de conversión20.08.2018
Tamaño38.48 Kb.
Vistas67
Descargas0

Clínica Psicoanalítica (Cátedra I)

Profesor Titular Regular: David Laznik

Unidad IV de Teóricos: El cuerpo y el goce en la transferencia

Ficha de Cátedra: Disyunción cuerpo/goce. Fantasma

2012

DISYUNCIÓN CUERPO GOCE

  • La pulsión de muerte: los ‘estímulos interiores no ligados’.

  • El pasaje del sadismo al masoquismo erógeno primario. La formalización del nuevo dualismo: la transposición al exterior y el residuo interior de la pulsión de muerte.

Es a partir del nuevo dualismo pulsional de Más allá del principio del placer que surge la pregunta por el lugar que se debería otorgar al sadismo desde esta nueva perspectiva.

Freud nos dice entonces:

“… ¿cómo podríamos derivar del Eros conservador de la vida la pulsión sádica, que apunta a dañar al objeto? ¿No cabe suponer que ese sadismo es en verdad una pulsión de muerte apartada del yo por el esfuerzo y la influencia de la libido narcisista, de modo que sale a la luz sólo en el objeto?”

Pero a la vez sostiene que el sadismo sirve a la función sexual en tanto muestra los caminos que llevarían al encuentro con el objeto sexual, quedando establecida así la ambivalencia amor-odio de la vida amorosa.

Pero a la vez, al abordar el sadismo dependiendo de este nuevo dualismo, se cuestiona también el lugar que tendría el masoquismo a partir de este reordenamiento.

El masoquismo como la vuelta de la pulsión hacia el yo propio sería un retroceso hacia una fase anterior, una regresión. Y por lo tanto tal revisión del lugar del masoquismo en la teoría lo lleva a postular que:

La exposición que hicimos del masoquismo en aquella época necesitaría ser enmendada en un punto… podría haber también un masoquismo primario…”

Ahora bien, esta intuición conceptual no podrá ser introducida en su corpus teórico hasta no haber definido cuál es el verdadero dualismo. Recién en 1924 podrá reformularlo.

Y a la vez nos encontramos que en el interior del yo no todo corresponde a las pulsiones sexuales:

“…una oposición entre pulsiones libidinosas (yoicas y de objeto) y otras que han de estatuirse en el interior del yo y quizás puedan pesquisarse en las pulsiones de destrucción.”

El lugar del sadismo en la teoría pulsional no le permite entonces plantear el estatuto conceptual de la pulsión de muerte, ya que a esta altura se equipara a pulsión de destrucción.

En El malestar en la cultura recapitula sobre su conceptualización de las pulsiones siguiendo los lineamientos de 1920. Dice:

Partiendo de especulaciones acerca del comienzo de la vida… extraje la conclusión de que además de la pulsión de conservar la sustancia viva y reunirla en unidades cada vez mayores, debía de haber otra pulsión, opuesta a ella, que pugnara por disolver esas unidades y reconducirlas al estado inorgánico inicial.”

Es decir que junto a Eros, actúa una pulsión de muerte.

Y esto lo lleva a afirmar que:

“… dentro del ser vivo en la obra de su disolución… una parte de la pulsión se dirigía al mundo exterior, y entonces salía a la luz como pulsión a agredir y destruir. Así la pulsión sería compelida a ponerse al servicio del Eros, en la medida en que el ser vivo aniquilaba a otro… y no a su sí-mismo propio.”

Sin embargo, a la vez plantea que si esta agresión hacia afuera fuese limitada, se presentaría un incremento de la autodestrucción, que siempre estaría presente.

Por lo tanto, la liga entre estas pulsiones se presentaría en proporciones muy variables, volviéndose las mismas de ese modo irreconocibles. Pero mientras que en el sadismo se estaría frente a una liga de esa índole, particularmente fuerte, entre la aspiración de amor y la pulsión de destrucción; en su contraparte el masoquismo, nos encontraríamos frente a la destrucción pero ahora dirigida hacia adentro.

Sin desconocer que en el sadismo y el masoquismo se trata de las exteriorizaciones de la pulsión de destrucción, dirigidas hacia afuera y hacia adentro, aunque en ambos casos con fuerte liga de erotismo.

Pero es en El problema económico del masoquismo que Freud redefine el dualismo pulsional de 1920. Lo postula en los siguientes términos:

En el ser vivo… la libido se enfrenta con la pulsión de destrucción o de muerte; esta, que impera dentro de él, querría desagregarlo y llevar a cada uno de los organismos elementales a la condición de estabilidad inorgánica… La tarea de la libido es volver inocua esta pulsión destructora; la desempeña enviándola en buena parte… hacia afuera, dirigiéndola hacia los objetos del mundo exterior. Recibe entonces el nombre de pulsión de destrucción, pulsión de apoderamiento, voluntad de poder. Un sector de esta pulsión es puesto directamente al servicio de la función sexual, donde tiene a su cargo una importante operación. Es el sadismo propiamente dicho.”

Esta transposición al exterior no da cuenta de toda la liga entre estas dos variedades de pulsiones, sino que hay otra parte que:

“… no obedece a ese traslado hacia afuera, permanece en el interior el organismo y allí es ligado libidinosamente con la ayuda de la coexcitación sexual antes mencionada; en ese sector tenemos que discernir el masoquismo erógeno, originario.”

Esto lo lleva a afirmar que:

“… puede decirse que la pulsión de muerte actuante en el interior del organismo -el sadismo primordial- es idéntica al masoquismo. Después que su parte principal fue trasladada afuera, sobre los objetos, en el interior permanece, como su residuo, el genuino masoquismo erógeno, que por una parte ha devenido un componente de la libido, pero por la otra sigue teniendo como objeto al ser propio.”

Planteando aquí entonces el verdadero dualismo pulsional que no se terminaba de postular a la altura de 1920 con la oposición de pulsión de vida / pulsión de muerte, dualismo acicateado por el lugar que le correspondería al sadismo en esta conceptualización.

Una vez ubicado el masoquismo como originario, el ordenamiento del dualismo se plantearía entonces en ese punto de disyunción entre el ser y el cuerpo, entre el goce y el cuerpo.

Nos dice entonces:

Así, ese masoquismo sería un testigo y un relicto de aquella fase de formación en que aconteció la liga, tan importante para la vida, entre Eros y pulsión de muerte.”

Y haciendo por lo tanto depender de este masoquismo erógeno primario tanto al sadismo como al masoquismo secundario:

“… el sadismo proyectado, vuelto hacia afuera, o pulsión de destrucción, puede bajo ciertas constelaciones ser introyectado de nuevo, vuelto hacia adentro, regresando así a su situación anterior. En tal caso da por resultado el masoquismo secundario, que viene a añadirse al originario.”

Retomando estas postulaciones, en la ficha Anudamientos de lo no ligado los autores revisan estos momentos teóricos en Freud, planteando que la fundación del verdadero dualismo no es posible:

“…sobre la base del odio, la agresión y el sadismo.”

No sólo se hace necesario la formulación de la pulsión de muerte como ‘estímulo interior no ligado’ sino que además es imprescindible replantear el lugar del sadismo por fuera del principio del placer. Por lo que recién a la altura de El problema económico del masoquismo se resignifica el valor de lo no ligado y lo hostil en relación al ‘cuerpo propio’, ese masoquismo primario erógeno como residuo de la pulsión de muerte y refugio de la satisfacción pulsional en esta parte separada del cuerpo, como un fuera del cuerpo especular. Tal separación no es sin pérdida, pérdida que inaugura por un lado la posibilidad de lo especular, por otro un ‘objeto’ como refugio de un goce pulsional que no cae bajo el principio del placer.



  • El objeto a: un ‘fuera-del-cuerpo’ extraño al yo y al cuerpo especular. El cuerpo no simbolizado

En el seminario La lógica del fantasma, J. Lacan conceptualiza la disyunción cuerpo / goce a partir de su formulación del objeto a:

Este a se presenta como cuerpo, pero no como cuerpo total, sino como caído, desviado respecto de este cuerpo del que depende… (objetos aes que) en tanto que marginales... escapan a la estructura especular del cuerpo.”

Y agrega que:

“… la incidencia de esos objetos que llamo a están todos ligados… alrededor de la prematuración biológica. …estos objetos sirven como elementos cuestionadores… como separación constitutiva del cuerpo y del goce. …creo haber fijado suficientemente su fórmula respecto de la disyunción en el campo del Otro, del cuerpo y del goce, y de la parte reservada del cuerpo donde el goce puede refugiarse.”

Lo que lo lleva a ubicar la función sujeto:

“…ese puro sujeto se sitúa en la unión, o para decir mejor, la desunión del cuerpo y el goce. …se introduce entre el cuerpo y el goce la función del sujeto.”

Formula entonces al objeto a como un fuera de cuerpo, más allá del principio del placer:

Este resto que sólo surge en el momento en que es concebido el límite que funda al sujeto, llamado objeto a, ahí se refugia el goce que no cae bajo el golpe del principio del placer… objetos que en el cuerpo se definen por estar, de alguna manera, respecto del principio del placer, fuera del cuerpo.”

Podemos ubicar esta problemática en la 17° Conferencia. El sentido de los síntomas en la paciente que padece el ceremonial del dormir, como aquello que, como un fuera de cuerpo, excede los límites del principio del placer. Freud dice:

“…la angustia de nuestra paciente se dirigía en particular a la posibilidad de ser turbada en su dormir por el tictac del reloj. El tictac del reloj ha de equipararse con el latir del clítoris en la excitación sexual.”



FANTASMA

  • El fantasma como solución al desamparo. Los dos registros del objeto: el cuerpo ‘golpeado’ y la mirada

En el texto de 1919, Pegan a un niño, Freud establece que las primeras fantasías, las correspondientes a la primera fase, pertenecen a un período muy temprano de la vida infantil. Tal fantasía –nos dice:

“…era investida regularmente con elevado placer…”

Pero agrega:

“…al comienzo no fue posible decidir siquiera si el placer adherido a la fantasía de paliza debía caracterizarse como sádico o masoquista.”

Avanzando en el análisis de esta fantasía, ubica los lugares a ocupar en la misma. Lo enuncia del siguiente modo:

El niño azotado… nunca es el fantaseador; lo regular es que sea otro niño, casi siempre un hermanito… Ello quiere decir: ‘El padre no ama a ese niño, me ama sólo a mí’.

A la altura del seminario Las formaciones del inconsciente Lacan retoma el texto freudiano de Pegan a un niño para decir que:

“…este fantasma… parece haber absorbido, si no todas, al menos una parte importante de las satisfacciones libidinales del sujeto…”

Y ubicando al fantaseador en la escena, dice:

“…no es el sujeto quien pega, (sino que) está ahí como espectador.”

Siendo que:

“…el niño que es pegado y que ha revelado en todos los casos su verdadero rostro, es un hermano, un hermanito o hermanita a quien el padre pega.”

Por lo tanto:

La relación con el hermanito o la hermanita, con un rival cualquiera… se inscribe en un desarrollo de simbolización. … el niño encuentra el llamado fantasma masoquista de fustigación, que constituye en este nivel una solución lograda del problema.”

Aparece entonces el lugar del padre:

“…donde se sitúa su significación es en el padre. El padre rehúsa, le niega su amor al niño pegado… Es objeto de una sevicia, y esta sevicia consiste en negarlo como sujeto, en reducir a nada su existencia como deseante, reducirlo a un estado que tiende a abolirlo como sujeto. Mi padre no lo ama, éste es el sentido del fantasma primitivo…”

Lo que da lugar a la segunda fase del fantasma, introducido por el:

“…El rival no existe, no es nada de nada, ahora quiere decir Tú sí existes, incluso eres amado.”

En el seminario de El deseo y su interpretación Lacan toma otra vertiente de la función del fantasma haciendo referencia al lugar que ocupa el pequeño otro, lo ubica en tal estructura del siguiente modo:

“…este objeto… se encuentra… recibiendo normalmente la más esencial de las angustias del sujeto, a saber ni más ni menos que su afecto en presencia del deseo… La naturaleza toda del fantasma es de transferirlo al objeto.”

Y agrega:

“…transferencia del afecto del sujeto en presencia de su deseo…”

Es decir, transferencia del afecto que siempre se despierta en presencia del deseo del Otro. Y por lo tanto, el recurso posible es transferir el afecto a un objeto imaginario en el fantasma.

En El problema económico del masoquismo Freud añade en concordancia con lo ya postulado en el texto sobre la fantasía de paliza que:

El masoquismo erógeno acompaña a la libido en todas sus fases del desarrollo y le toma prestado sus cambiantes revestimientos psíquicos (…) Las nalgas son la parte del cuerpo preferida erógenamente en la fase sádico-anal.”

Lo cual plantea el privilegio que tiene el masoquismo en tanto satisfacción en relación al fantasma de Pegan a un niño. El cuerpo golpeado nombra en la fantasía este modo de satisfacción.

Y es a la altura del seminario La lógica del fantasma que J. Lacan introduce la economía del fantasma:

Entonces, la función del fantasma… es algo clausurado que se presenta en nuestra experiencia como una significación cerrada para los sujetos que comúnmente, habitualmente, lo soportan, a saber, los neuróticos. …es un pequeño secreto aislado que tienen dentro de ustedes bajo la forma del fantasma...”.

Y para interrogar la función del fantasma, apela al modelo de ‘un niño es pegado’ como modelo de respuesta al deseo del Otro:

“…el mismo fantasma se encuentra en estructuras neuróticas muy distintas,… y está ahí como una suerte de muleta, de cuerpo extraño, algo para el uso, que tiene una función de algo indeterminado…”

Ubica también el lugar de la mirada en el análisis que hace del texto freudiano, en su entrecruzamiento con el cuerpo golpeado:

“…’un niño es pegado’ no es otra cosa que la articulación significante ‘un niño es pegado’. Casi que vela lo imposible de eliminar, la mirada.”






Compartir con tus amigos:


La base de datos está protegida por derechos de autor ©psicolog.org 2019
enviar mensaje

enter | registro
    Página principal


subir archivos