Civilizacion del amor tarea y esperanza


CONOCER SOBRE LOS JOVENES NO ES FACIL



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2. CONOCER SOBRE LOS JOVENES NO ES FACIL.
Hoy día, ya no es posible hablar muy simplemente de “la juventud”, porque es casi imposible abarcar el amplísimo marco de realidad y las variadísimas situaciones en que viven los jóvenes, según sean sus raíces y orígenes étnicos, sus influencias culturales y las condiciones políticas, sociales y económicas en las que les toca vivir. Es necesario admitir que conocer y comprender el mundo juvenil no es tarea fácil.
Los distintos estudios realizados sobre la realidad juvenil, muestran claramente la gran diversidad de opiniones que existen entre los investigadores. Hay mucha imprecisión sobre el contenido mismo del término y sobre lo que se quiere decir cuando se habla de jóvenes y de juventud. Proliferan ideas, opiniones y juicios, detrás de los cuales se ocultan muchas veces intereses que proyectan en los jóvenes los deseos y temores de los adultos, deforman la realidad juvenil y promueven acciones pedagógicas correctivas de comportamientos que consideran más o menos antisociales.
Por otra parte, no es fácil concretizar y expresar las motivaciones y formas de comportamiento de una vida que está en continua evolución: un joven es siempre una incógnita, una invitación a dejar los propios esquemas prefabricados y a abandonarse a lo incierto e imprevisible. Para poder decir algo sobre los jóvenes, hay que ser, estar y vivir con ellos.
La sociedad actual muestra un enorme interés por los adolescentes y jóvenes. Muchas miradas se dirigen sobre ellos. Aunque se trata de intentos parciales de acercamiento a su realidad, resultan útiles en la medida en que permiten hacer mayores delimitaciones y precisiones. En todo caso, se trata de miradas que no pretenden ser exhaustivas.
En toda aproximación a los jóvenes, es necesario considerar las variables que intervienen y, muchas veces, determinan su universo cultural. El uso de la categoría “juventud” debe considerar esa multiplicidad de diferencias.
2.1 La mirada biológico-cronológica.
Define a la juventud en términos de edad. La juventud es la edad de la persona en crecimiento, un período comprendido entre los quince y los veinticinco años, en el que toma conciencia de estar viviendo una realidad vital, lejana ya de la infancia pero no identificada todavía con el mundo adulto.
Se trata de una etapa de transición muy marcada por grandes cambios fisiológicos, frutos de una maduración hormonal. El resultado de estas transformaciones es la conciencia y vivencia del propio ser corporal, la imagen del cuerpo y su valoración como símbolo del yo y de la personalidad. La significación de lo sexual pasa a primer plano. Esta valoración del cuerpo y de la sexualidad se expresa en una serie de aspectos psicológicos, como la conciencia de su fuerza y de su capacidad física; psico-sociales, como el cuidado extremo de la presentación externa y psico-biológico sexuales, como el descubrimiento del sexo como estímulo-reclamo.
Cuando se absolutiza esta forma de mirar a los jóvenes, se corre el riesgo de perder de vista los contrastes y las oposiciones, de unificar lo que es diverso, de eliminar las diferencias y así diluir y confundir la marginalidad y la opulencia, lo rural y lo urbano, las diferencias sociales y culturales, el estudiante y el desertor escolar, el hombre y la mujer, el trabajador y el desempleado, el padre o la madre jóvenes, los hijos de madres solteras y los hijos de familias constituídas y muchos más...
No se puede desconocer, además, que la juventud, como grupo etario, está sujeta a una imagen social, a un proceso de construcción de las características que la definen como tal y que señalan los límites y posibilidades de sus prácticas, de su ser y de su deber ser como miembros de una comunidad. Estos elementos definitorios crean expectativas de comportamiento, delimitan las características consideradas como propias de esa edad transitoria e intermedia entre la niñez y la edad adulta y circulan a través de los más diversos espacios sociales.
2.2 La mirada psicológica.
Identifica la juventud con ese período conflictivo de la vida de la persona en la que se ve a sí misma con una existencia entre las manos, distinta de la infancia y de la edad adulta y con una vida afectiva, moral, cultural y espiritual propias que deben ser afianzadas y construídas más plenamente. Es como un segundo nacimiento y como tal, es final y es comienzo: final de una forma de vida en el ambiente protegido de la familia e inicio de algo nuevo, desconocido, de un mundo que muchas veces se presenta hostil y peligroso pero que al mismo tiempo es atrayente y estimulante.
Es el paso del mundo interior de la familia al mundo exterior de las responsabilidades y de las decisiones personales, lo que supone recorrer un camino angosto, lleno de incertidumbres, temores y esperanzas que identifica al ser joven y que éste debe hacer suyo; paso de un pasado definido que debe ser abandonado hacia un futuro por identificar y con el cual identificarse.
Es una etapa de búsqueda y crecimiento, de construcción de la identidad y de un nuevo lugar en el mundo. No se trata de un proceso unívoco ni lineal; por el contrario, es múltiple y contradictorio, fruto del tejido de relaciones que van teniendo con diversas instancias socializadoras como la familia, la Iglesia, la escuela, el grupo de iguales, el vecindario, los partidos políticos, los medios de comunicación, etc. A partir del juego de interrelaciones que se da entre estas instituciones y los jóvenes, se definen los roles, las exigencias de comportamiento, los límites y las posibilidades de su actuar, de su ser y de su deber ser, todo condicionado por la adscripción de los jóvenes a un grupo social y cultural determinado y por la biografía personal de cada uno de ellos.
Es un tiempo de opciones y de definición de vocaciones. Es un camino abierto, donde queda la posibilidad de ensayar y de errar. Es un tiempo de valoración de lo subjetivo, los sentimientos y la capacidad de actuación moral. Es un tiempo para configurarse como persona, con derechos y deberes dentro del mundo adulto.
Se ubican aquí muchos diagnósticos que hablan de las heridas afectivas y de los desequilibrios psicológicos y de personalidad de los jóvenes. Por muy diversas circunstancias de orden familiar, social o económico, muchos padecen hoy una carencia generalizada de afecto y de relaciones personales, están solos, necesitan amigos, buscan un grupo al cual pertenecer y en el cual participar y sentirse protagonistas, un refugio que los libere de la soledad y los haga sentir acogidos y comprendidos.
Juan Pablo II afirmó recientemente este carácter personal de los problemas que vive la juventud: “el problema esencial de la juventud es profundamente personal. La juventud es el período de la personalización de la vida humana. Es también el período de la comunión. Los jóvenes, sean chicos o chicas, saben que tienen que vivir para los demás y con los demás, saben que su vida tiene sentido en la medida en que se hace don gratuito para el prójimo”3.
2.3 La mirada sociológica.
Desde el punto de vista sociológico, la juventud es un grupo social con una posición determinada dentro del conjunto de la sociedad, caracterizado por un modo peculiar de ver y entender la vida y el mundo, propio de quien ha dejado atrás la dependencia total del niño pero no ha llegado todavía a la responsabilidad propia del adulto.
Es una etapa sustantiva de la vida, con identidad y valores propios, aunque mediatizada por la posición que ocupan en cada sociedad e influenciada por lo que esa sociedad acepta o impone. De ahí la variedad de sus comportamientos, tanto de sumisión a las pautas sociales como de protesta y rebelión contra todo intento de manipulación.
Los modelos económicos inspirados en el neoliberalismo han agudizado la exclusión y el marginamiento de los pueblos latinoamericanos. En consecuencia, “muchos jóvenes son víctimas del empobrecimiento y de la marginación social, de la falta de empleo y del subempleo, de una educación que no responde a las exigencias de sus vidas, del narcotráfico, de la guerrilla, de las pandillas; muchos viven adormecidos por la propaganda de los medios de comunicación social y alienados por imposiciones culturales y por el pragmatismo inmediatista que ha generado nuevos problemas en su maduración afectiva” (SD 112).
Sin embargo, “hay adolescentes y jóvenes que reaccionan al consumismo imperante y se sensibilizan con las debilidades de la gente y el dolor de los más pobres. Buscan insertarse en la sociedad, rechazando la corrupción y generando espacios de participación genuinamente democráticos... Están cargados de interrogantes vitales, presentan el desafío de tener un proyecto de vida personal y comunitario que dé sentido a sus vidas y así logren la realización de sus capacidades” (SD 112).
En el conjunto de la juventud considerada como cuerpo social, surgen sectores determinados por las condiciones socio-económicas o culturales y relacionados con los ambientes en los que viven los jóvenes. Es importante considerarlos detenidamente, porque el ambiente específico en que se desenvuelve la vida de los jóvenes, sus necesidades, problemáticas e intereses influyen decisivamente en la definición de la acción pastoral y de las propuestas de formación y espiritualidad que se quieren desarrollar.
2.3.1 Los jóvenes campesinos/rurales.
Son los jóvenes que viven en el campo realizando tareas agrícolas o en poblados donde estudian y/o trabajan, pero cuya relación fundamental se da con la tierra, lo que genera características culturales particulares y una especial forma de vivir y entender la relación con la vida, la tierra y la religión. A pesar de la importancia que el trabajo del campo y sus productos tienen para las economías latinoamericanas, las estructuras tradicionales del sector y las condicionantes de la sociedad les impiden intervenir muchas veces como grupo social coherente en el proceso de desarrollo. En muchos casos, la tierra ha dejado de ser “madre” para pasar a ser fuente de dolor y de muerte.
Algunas características de este sector son:
* El período juvenil en el mundo campesino es muy breve, ya que los jóvenes asumen tempranamente responsabilidades propias del mundo adulto, tanto por el trabajo como por el matrimonio y la nueva familia.
* A diferencia de los que viven en zonas urbanas, tienen pocas posibilidades para expresarse y progresar, y cuando las tienen, son muchas veces manipuladas y/o enajenadas por agentes externos a sus comunidades. Las organizaciones sociales y políticas campesinas son con frecuencia fuertemente reprimidas, lo que dificulta su funcionamiento y su acción por la defensa de los derechos y el mejoramiento de las condiciones de vida.
* La no propiedad de la tierra, el alto costo de los insumos agrícolas, el bajo precio que se paga por la producción y la falta de políticas gubernamentales para el desarrollo del campo, los obligan a abandonar la tierra y emigrar a las ciudades en busca de mejores oportunidades. Surgen así grandes sectores desterrados, con todas las consecuencias que este fenómeno genera.
* Aunque ha aumentado la escolaridad, un alto número de jóvenes no tiene posibilidades todavía de acceder a la enseñanza media y son muy pocos los que logran llegar a la universidad. Los programas educativos ofrecidos al mundo campesino, no responden en general a sus valores culturales ni a sus necesidades básicas de desarrollo. Muy pocos utilizan lenguajes bilingües.
* La familia continúa siendo salvaguarda y potencial básico para el desarrollo y crecimiento de los jóvenes del campo; pero la situación social general incide de tal manera que, paulatinamente, también la familia campesina se va disgregando y sufriendo las consecuencias de la emigración.
* Las comunidades campesinas mantienen vivos valores humanos profundos, como la hospitalidad y la solidaridad. La religiosidad popular y un espíritu cristiano arraigado les dan una sabiduría y una espiritualidad que se caracteriza por la confianza en Dios, la honestidad, la valoración y comprensión de los propios sufrimientos, y sobre todo, de los sufrimientos de los demás.
* Los jóvenes campesinos están abiertos a lo comunitario y a lo cooperativo. Su experiencia y valoración de la pobreza y del sacrificio los hace capaces de intentar formas nuevas de empresas comunitarias, guiadas por criterios realmente humanos y no meramente economicistas.
* En mayor escala que otros, algunos sectores de jóvenes campesinos son presionados y muchas veces utilizados por los movimientos guerrilleros, por los que se dedican al cultivo de drogas y al narcotráfico y por el ejército.
2.3.2 Los jóvenes estudiantes.
Los jóvenes estudiantes de secundaria o enseñanza media no reciben generalmente una atención especializada y diferenciada porque se trata de un grupo en el que coexisten quienes todavía son adolescentes con quienes ya han ingresado a la etapa juvenil. Su caracterización proviene más bien de su ubicación en el ambiente escolar, que continúa siendo, pese a todo, uno de los ambientes donde se congregan, normalmente, mayor cantidad de jóvenes.
Algunas características de este sector son:
* Siguen valorando la escuela como espacio de encuentro, formación, socialización y desarrollo personal. No obstante, muchos de ellos no saben para qué estudian, lo hacen por obligación, para ocupar el tiempo, para encontrarse con sus amigos o por costumbre. Muchos estudian procurando llegar a “tener cosas”, ser profesionales, ganar dinero o triunfar en la vida social. Son pocos los que conscientemente la buscan como un espacio para la cultura, la humanización, la ciencia y el conocimiento.
* Pese al avance de las ciencias pedagógicas, los métodos utilizados no responden muchas veces a los dinamismos reales de la vida de los jóvenes. Se sigue formando en relaciones verticales, el método de repetición deja poco espacio para la creatividad y la iniciativa, el sistema de calificaciones promueve el carácter competitivo e impulsa a querer ser más que los otros. La educación sigue siendo considerada por muchos como un proceso de acumulación de conocimientos, por lo que se descuidan otros aspectos importantes de la formación integral como la educación de los sentimientos, el desarrollo de la sensibilidad y del sentido ético. Desde las aulas, se promueven prácticas y valores relacionados con el neoliberalismo vigente.
* El sistema educativo se mantiene todavía alejado de la realidad y no prepara para la vida y los compromisos en la sociedad. Al concluir sus estudios, muchos se sienten frustrados pues descubren que no les servirán para conseguir un trabajo ni para asegurar su futuro.
* La crisis económica ha hecho que los estudiantes cada vez más se vayan vinculando al mundo del trabajo, para aportar económicamente a sus familias o para mantenerse en los estudios. El tiempo limitado para dedicarse al estudio lleva a un menor rendimiento académico y a una menor formación.
* En los primeros años de las aperturas democráticas y por influencia del espíritu postmoderno, los estudiantes aparecen como grupo apático, desorganizado y con poca capacidad de acción aún dentro de la estructura académica. Sin embargo, los jóvenes buscan espacios para ser protagonistas, con propuestas fáciles como la violencia, las pandillas, las drogas o el alcohol, o con respuestas constructivas como grupos de estudio, encuentro, deporte, acción social o participación en el movimiento estudiantil.
* En este ciclo de enseñanza se abren normalmente al sentido crítico, a la inquietud social y a las primeras experiencias de participación activa. Las actividades solidarias o comunitarias y el encuentro con situaciones de mayor pobreza, los mueven a querer nuevos modelos de educación y nuevas formas de sociedad.
* Tienen una fuerte influencia, impuesta o heredada, de la vida de fe sus padres, y por eso mismo, una actitud de inconciencia e inercia o de rechazo y cuestionamiento frente a la religión. Con todo, el sentido de la fe se hace más vivo cuando se los motiva para el compromiso y la solidaridad y cuando se les presenta como respuesta a sus búsquedas de una religiosidad alegre, espontánea y juvenil.
2.3.3 Los jóvenes obreros/trabajadores.
Son los jóvenes de las familias obrero-populares, trabajadores, empleados, subempleados, desempleados y artesanos. Su número aumenta cada vez más, como consecuencia de las nuevas situaciones de pobreza generadas por la aplicación de las políticas neoliberales.
La mayor parte de ellos tienen dificultades para encontrar trabajo y cuando lo encuentran se ven forzados, muchas veces, a ser “mano de obra barata” y sin especialización. Inseguros ante las transformaciones que la tecnología ofrece al trabajo industrial, están expuestos continuamente a quedar desempleados, son económicamente débiles y frecuentemente no tienen posibilidades para una realización vocacional verdadera.
Algunas características de este sector son:
* Faltan empleos y los que hay no son estables. Las exigencias de “experiencia” y “garantías” que les solicitan para brindarles una oportunidad de trabajo, están a menudo muy lejos de sus posibilidades, lo que los condena a quedar desempleados o subempleados y permite que sólo una minoría pueda acceder a un trabajo estable y bien remunerado.
* Viven una situación crítica por el bajo nivel salarial y la inestabilidad laboral. Su trabajo es menos considerado que el capital y, por tanto, muchos de ellos -especialmente las mujeres- son explotados de diversas formas, con tratos desiguales y deshumanizantes.
* Los sufrimientos, la represión y el sentido de lucha han dado a los obreros y trabajadores un espíritu popular auténtico en la acción por la verdad y la justicia; aunque, en algunos casos, la politización distorsiona la finalidad de sus organizaciones.
* Intentan vivir un espíritu solidario y de lucha por sus derechos, pero cada vez hacerlo es más arriesgado. Las leyes laborales se aplican arbitrariamente y se mira con malos ojos las organizaciones sindicales, que son limitadas o reprimidas. A pesar de las dificultades, los sindicatos son todavía una cierta expresión viva y válida del Movimiento Popular.
* Con frecuencia, son utilizados por los partidos polìticos para sus finalidades y estrategias más que para defender sus derechos y responder a sus necesidades. Muchos se prestan a este juego con la esperanza de salir de su situación y superar sus problemas económicos.
* Cansados de las difíciles circunstancias de su semana de trabajo, buscan olvidar su situación de excluídos y divertirse en busca de algo distinto que no siempre saben identificar.
2.3.4 Los jóvenes universitarios.
Los jóvenes universitarios son los que tienen más posibilidades de vivir su juventud, porque tienen un ámbito vital y relacional en el que pueden desarrollar acciones propias de su condición juvenil, como asambleas, participación gremial, participación en consejos académicos de las facultades y muchas otras formas que el medio les proporciona.
Algunas características de este sector son:
* El crecimiento de los espacios físicos y el sistema abierto implantado en las universidades en las últimas décadas han permitido el acceso a la enseñanza superior a jóvenes provenientes de los sectores medios de la sociedad y, también, aunque en menor medida, a jóvenes de sectores populares. Sin embargo, cada vez es más marcada la competencia para conseguir ingresar a la universidad, los altos costos y los perfiles exigidos de acuerdo a programas de excelencia académica.
* Muchos jóvenes universitarios viven marcados por la inseguridad. Su futuro profesional es incierto; con mucho esfuerzo alcanzan a obtener el diploma universitario y posteriormente no consiguen empleo ni ubicación profesional en la sociedad. No son pocos los ya titulados que se ven obligados a realizar actividades laborales diferentes y, muchas veces, hasta mejor remuneradas que las mismas profesionales.
* La realidad universitaria los lleva a enfrentar frecuentemente, de modos muy diferentes y con mayor o menor grado de conciencia, la relación entre la fe y la ciencia. En los últimos años, se ha percibido una apertura mayor a los valores espirituales y religiosos y a todo tipo de experiencias -especialmente orientales y mágicas- en busca de lo trascendente. Con todo, no siempre hay oportunidades para la formación y profundización de los criterios éticos. Por eso, la vida de muchos jóvenes universitarios está desarticulada y actúan de manera diferente en la universidad, con su familia, con su pareja, con sus amigos y en la Iglesia.
* El ambiente universitario y los niveles de formación que se adquieren provocan en muchos jóvenes un cierto desclasamiento y una actitud de rechazo a sus ambientes originarios. El servicio profesional no se percibe vinculado a la comunidad ni la actividad profesional a un modo de vida sin búsqueda de lucro.
* La gran mayoría de los universitarios trabajan y estudian. Esto dificulta su vida universitaria plena y su participación como protagonistas en las actividades, en la toma de decisiones y en las acciones de proyección e investigación de la universidad.
* Muchas organizaciones gremiales y políticas universitarias que tuvieron en un tiempo un importante protagonismo, están hoy desorganizadas y sin capacidad de acción. Es necesario buscar nuevas formas y canales de participación. Hay apatía también frente a las actividades políticas y partidistas, que se consideran manipuladoras y falsas y hay escepticismo ante propuestas de desarrollo y participación comunitaria.
* Algunos cristianos tienen una identidad reconocida por los valores evangélicos que son capaces de testimoniar y por la fuerza de las opciones de la Iglesia Latinoamericana por los pobres, la lucha por la justicia y los derechos humanos, la defensa de la vida, la promoción social y la transformación de las estructuras y situaciones injustas. Pero no deben considerarse los únicos que tienen este tipo de compromisos.
2.3.5 Los jóvenes indígenas.
La cultura latinoamericana debe buena parte de sus características a las culturas indígenas, que se conocieron tras el descubrimiento y la conquista del continente. Su supervivencia constituye un reto para la evangelización, no sólo porque en el contacto con la religión dominante -la católica- se dio una forma peculiar de mestizaje religioso, sino porque la postración socioeconómica que soportan esos pueblos está exigiendo una concientización liberadora que no puede olvidar el componente religioso de sus etnias.
Algunas características de este sector son:
* Los pueblos originarios tienen un sentido de unidad familiar y tribal que los caracteriza por su solidaridad y valores comunitarios y los mueve a luchar contra la disgregación y el individualismo que les impone la sociedad neoliberal. Los jóvenes participan de esta lucha de todos los pueblos.

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* Su sentido religioso expresa su relación trascendente con Dios a partir de sus mismas vidas y de la relación que tienen con la naturaleza y con las cosas. De ahí, valores tan genuinos como la contemplación, la piedad, la sabiduría popular, las fiestas y el arte, que expresan sus más íntimas y fecundas vivencias espirituales.


* La mayoría de los pueblos, despojados de sus tierras, marginados, y viviendo en situaciones inhumanas, aparecen como los más pobres entre los pobres de América Latina. Siendo los primeros habitantes y poseedores de estas tierras, hay que reconocerles sus derechos a una justa demarcación y a un espacio vital que no sólo garantice su supervivencia, sino que permita, sobre todo, conservar su identidad como grupo humano, como pueblo y nación cuyo patrimonio cultural y participación social dan un nuevo vigor al continente.
* Hay un creciente despertar del interés por los valores autóctonos y por el respeto a la originalidad de las culturas y comunidades indígenas. Con todo, este signo esperanzador se ve amenazado por la influencia de los modelos culturales de las sociedades nacionales mayoritarias y dominantes, cuyas formas de vida, criterios y escalas de valores atentan generalmente contra esas culturas.
* La defensa de la identidad y cultura de sus pueblos, la integración con otras culturas y otros desarrollos sociales y su propia articulación son algunos de los grandes desafíos que están en manos de los jóvenes indígenas.
2.3.6 Los jóvenes afroamericanos.
Constituyen una parte considerable de la población juvenil del continente. Son un grupo étnico cuya identidad se establece en relación a sus raíces africanas y a su inserción en el continente americano. Han sido víctimas de la esclavitud y de un largo proceso de marginación histórica y socioeconómica y de una atención evangelizadora deficiente.
Algunas características de este sector son:
* Su historia está marcada por el desarraigo de Africa, de su cultura, de su tierra y de su familia y por trescientos años de esclavitud que han dejado una profunda huella de resentimiento y negatividad en su estilo de vida y en su manera de ser.
* El racismo y los prejuicios sociales siguen siendo muy reales. Se pueden ver en lo laboral, donde la mayoría de la población negra trabaja en ocupaciones manuales con una remuneración muy baja; en la discriminación que les impide vivir como personas iguales a las demás y en la forma en que son tratados por muchos medios de comunicación que los presentan como seres inferiores y peligrosos.
* Es creciente el número de jóvenes y personas que optan por una reafirmación de su identidad cultural y de sus raíces africanas, asumen su negritud y luchan por rescatar, recrear y vivenciar elementos valiosos de su cultura. Al mismo tiempo, la manipulación sociocultural de la estructura dominante los impulsa a no asumir su cultura, avergonzarse de su origen y asumir formas de comportamiento propias de otros grupos culturales.
* La defensa de la identidad y cultura de sus pueblos, la integración con otras culturas y otros desarrollos sociales y su propia articulación son algunos de los grandes desafíos que están en manos de los jóvenes afroamericanos.
2.3.7 Los jóvenes en situaciones críticas.
Se trata del sector de jóvenes que se encuentran en situaciones sociales conflictivas o de desventaja social que les impiden su pleno desarrollo como personas.
Son consecuencia de las contradicciones de la misma sociedad que en la vida diaria contradice el significado original de lo que es la juventud -etapa de aprendizaje, opciones, estudios, incorporación a la vida social y productiva, edad de dinamismo, alegría, esperanza- y muestra un contexto donde reinan la pobreza, la desigualdad, la marginación, la deshumanización y lo que se ha venido llamando la “cultura de la muerte”.
Al hablar de situaciones críticas hay que tener en cuenta que la crisis de la juventud es una crisis generalizada, es decir, que todo el sector juvenil vive una situación de desventaja por el solo hecho de ser joven y vivir en un contexto social conflictivo. Es una crisis diversificada, que teniendo una misma raíz se expresa en diferentes manifestaciones y conductas como la drogadicción, la delincuencia, la prostitución, etc. Es una crisis individualizada, que cada joven vive su propia historia de sufrimiento diferente a la de las demás personas.
Las situaciones de crisis que vive la juventud no son sino el reflejo de las crisis que vive la sociedad. Crisis que se pueden entender como las tensiones o problemáticas agudas del sector juvenil en sus distintos órdenes o como momentos de ruptura con lo establecido pero con infinitas posibilidades de cambio y transformación.
Algunos elementos para una descripción de los jóvenes en situaciones críticas pueden ser los siguientes:
* son los que viven o conviven con situaciones de injusticia, miseria, intolerancia, desintegración familiar y desamor que los llevan a situaciones límites -drogadicción, alcoholismo, prostitución, abuso sexual, violencia, infracción de la ley, suicidio, manejo inadecuado de la sexualidad, infección por VIH, etc.- y a atentar contra su propia vida y la de los que lo rodean;
* son los vulnerables a involucrarse en alguna situación crítica, por dificultades personales como baja auestima, inseguridad, soledad, timidez, ansiedad, resentimiento, baja capacidad para cuestionar, analizar y tomar decisiones;
* son los que no encontrando espacio en instituciones fundamentales como la sociedad, el Estado, la Iglesia, la escuela, la familia, porque les han negado los derechos primordiales para desarrollarse y crecer como personas, optan por alternativas que los llevan a situaciones límites;
* son los que, víctimas de la manipulación y alienación de los medios masivos de comunicación social, se crean falsas necesidades y buscan satisfacerlas de manera equivocada, desde una percepción distorsionada de la realidad, asumiendo actitudes y comportamientos que los llevan a perder su identidad.
Los jóvenes en situaciones críticas no es un grupo específico fácil de ubicar socialmente, pues no siempre se encuentran los grupos con características comunes. La clasificación que se presenta a continuación ayuda a ubicar el tipo de problemática y la manera de atenderlos.
Los jóvenes adictos.
La adicción a las drogas, en la que se incluye también la adicción al alcohol, es un problema creciente entre la juventud. La adicción se entiende como un problema de salud, por el que la persona depende de los efectos físicos y psicológicos que le produce una sustancia ajena a su organismo. El abuso de dichas sustancias tiene efectos nocivos para su vida individual, familiar y social.
La drogadicción encuentra entre sus causas, la débil personalidad de los adolescentes y su baja autoestima, la influencia del medio ambiente, las relaciones con otros jóvenes consumidores, los intereses económicos de quienes producen, procesan y trafican; la desorganización familiar y la falta de una educación que prevenga sobre los daños que ocasiona la adicción a tóxicos.
* Hay diferentes tipos de jóvenes consumidores de drogas: están quienes sólo las prueban por curiosidad o por presión del grupo; quienes lo hacen de manera frecuente, pero manteniendo un cierto control y quienes están ya en una etapa en la que necesitan la droga para poder vivir.
* Los jóvenes adictos se caracterizan por tener problemas afectivos, ser manipuladores, haber desertado de la escuela, evitar estar bajo la autoridad y cumplir normas sociales como compromisos familiares, laborales y políticos. Algunos niegan su enfermedad; otros la reconocen y solicitan apoyo para rehabilitarse.
* La drogadicción tiende a aumentar en las grandes ciudades. La edad en que se inicia el consumo es cada vez menor, lo que significa que muchos están comenzando a drogarse desde que son niños.
Los jóvenes que comenten delitos.
La delincuencia en adolescentes y jóvenes puede tener diferentes causas. La principal es la pobreza, que los lleva a delinquir para buscar la subsistencia y para ayudar a la economía familiar. También puede ser producida por factores de personalidad, la dinámica disfuncional de la familia, el medio ambiente criminógeno y la respuesta de algunos jóvenes a la represión o al hecho de sentirse víctimas de la explotación.
* Hay que distinguir los jóvenes que tienen alguna conducta antisocial o delictiva imprudencial o poco grave, de aquellos que adoptan un estilo de vida totalmente fuera de las reglas sociales o que pertenecen ya a la delincuencia organizada: se trata de situaciones diferentes.
* La mayoría de los jóvenes que delinquen reproducen el modo de vida de la sociedad a la que pertenecen; es decir, responden con la misma violencia, deshonestidad y corrupción que imperan en la sociedad y con las que ésta los agrede. Algunos han vivido situaciones dramáticas, su socialización no ha sido adecuada, tienen un bajo nivel de control de impulsos y de tolerancia a la frustración y la introyección de normas y límites ha sido muy deficiente. Los “delincuentes” no aparecen de un momento para otro; surgen como consecuencia de un proceso en el que personas o grupos se van apartando progresivamente de un comportamiento socialmente aceptable.
* Son jóvenes muy sensibles a la crítica y a la aprobación o desaprobación de quienes los rodean. Por estar estigmatizados frente a la sociedad, suelen aislarse y sus relaciones son superficiales. Cuando se les quitan esos estigmas sociales desaparece la culpabilidad y tienen mayor posibilidad de reintegrarse nuevamente a la sociedad buscando una actividad productiva honesta y entablando relaciones de confianza.
* Cuando han tenido problemas con la ley o están detenidos, se atemorizan, se deprimen y tratan de cambiar. Pero muchas veces su propia realidad les impide transformarse y los lleva a problemas aún mayores. Por los deficientes sistemas de justicia, muchos deben soportar los abusos de las autoridades y la violación de sus derechos humanos y reciben normalmente más castigos que medidas de orientación y reintegración social.
Los jóvenes en la prostitución.
Las jóvenes entran generalmente a la prostitución por razones de tipo económico. Como en la situación anterior, también aquí la pobreza lleva a esta forma de actividad como medio para conseguir los recursos necesarios para subsistir. También influyen los conflictos familiares, especialmente los relacionados con la figura masculina del padre o de algún otro familiar. Hay casos en que la misma familia las obliga a prostituirse o actúan bajo la presión de mafias que primero las atraen y seducen y luego las explotan hasta dejarlas atrapadas con “obligaciones” y “servicios”.
* Se caracterizan por ser mujeres que se valoran poco, que desde pequeñas han tenido problemas afectivos o han sido víctimas de abusos sexuales y de maltrato físico o psicológico. Normalmente son desconfiadas, tienen dificultades para mantener relaciones estables de pareja, son inseguras y necesitan que alguien las proteja.
* Cuando quedan embarazadas suelen proporcionar buena atención a sus hijos, aunque a veces los abandonan. Reproducen las pautas de educación y de relacionamiento que ellas recibieron. Se involucran fácilmente en el consumo y tráfico de drogas y son muy sensibles al reconocimiento que reciben de la sociedad.
* En las grandes ciudades, está aumentando la prostitución masculina, homosexual e infantil, que al igual que la prostitución femenina, consiste en el ofrecimiento de satisfacciones sexuales a cambio de dinero. Tiene consecuencias graves en quienes la ejercen, ya que van perdiendo el sentido de su vida y el valor de su dignidad, quedan sujetos a la explotación y al abuso y corren graves peligros de salud y seguridad.
Los jóvenes de la calle y los jóvenes en la calle.
Los jóvenes de la calle son los que han roto el vínculo familiar y han hecho de la calle su hogar y su modo de vida. Marginados por la pobreza o por el maltrato que reciben en sus familias optan por la calle como una desafiante aventura en la que están fuera de todo control y evitan las normas sociales. Durante el día tienen gran movilidad y subsisten gracias a actividades callejeras como lavar parabrisas, hacer acrobacias, mendigar o robar; por la noche, se agrupan para pernoctar en zonas baldías, alcantarillas o lugares públicos.
El proceso que viven se inicia cuando surgen en la familia situaciones de riesgo que facilitan la expulsión hacia la calle: deserción escolar, crisis económica que impide la subsistencia de la familia, ambos padres obligados a trabajar descuidando así a los hijos, maltrato físico o psicológico, etc. El joven sale del hogar temeroso pero lleno de expectativas por dominar la calle. Tras un período de adaptación a la vida callejera va definiendo un estilo de vida que sólo va a concluir cuando abandone la calle y se reinserte socialmente, cuando sea encarcelado, cuando asuma una conducta definidamente delectiva o cuando muera.
Los jóvenes en la calle son los que están durante el día en la calle, pero regresan al hogar durante la noche y mantienen una cierta cohesión con su grupo familiar. Algunos están en la calle ocupados en actividades económicas como el comercio, la mendicidad, servicios en los cruces viales, etc.; otros están todo el día desocupados y no tienen actividad remunerada y otros combinan tiempos de trabajo y de ocio, pero manteniéndose dentro de la estructura familiar.
Estos jóvenes forman grupos conocidos de diversas maneras según los distintos lugares: pandillas, bandas, galladas, maras, etc. Establecen fuertes lazos de protección, pertenencia e identidad y en ciertas ocasiones, el grupo les brinda el reconocimiento y el afecto que la familia les niega. Normalmente actúan dentro de un territorio delimitado, casi siempre el barrio de origen. Prefieren los estilos de música que critican lo establecido, como el rock. Asumen comportamientos, formas de vestir, lenguajes, símbolos y expresiones culturales propias.
El proceso de estos grupos es diverso: algunos son pasivos y apáticos, otros son violentos; algunos logran participar en sus comunidades de forma positiva y canalizan sus inquietudes a través del deporte o del arte y otros por el contrario, delinquen y consumen drogas. Algunos, incluso, pasan a formar parte de bandas de crimen organizado, como el sicariato.
Los jóvenes homosexuales.
La homosexualidad, entendida como la atracción erótica entre personas del mismo sexo, genera posiciones diferentes entre quienes estudian el fenómeno desde el punto de vista psicológico: unos señalan que se trata de una psicopatología, es decir, de una enfermedad o trastorno de comportamiento de la persona en lo que tiene que ver con su sexualidad; otros, en cambio, sostienen que se trata de una forma diferente de relacionarse y argumentan que es una preferencia sexual como lo es también la heterosexualidad.
Este conflicto de comportamiento surge generalmente como consecuencia de las relaciones que se han dado con padres y hermanos y de las pautas educativas con que han sido formados. Se gesta en la infancia y se manifista en la adolescencia, agudizando aún más la situación ya crítica propia de esa etapa. Además de las condicionantes biopsíquicas y hormonales de cada persona, el ambiente cultural actual, erotizante, desinhibido y permisivo, promueve y va creando cada vez más un clima de aceptación para este tipo de comportamientos.
Algunos de quienes viven esta situación la aceptan y no tienen dificultades para presentarse socialmente como homosexuales, pero la gran mayoría sufre por tener que mostrarse así en una sociedad que no reconoce y castiga la homosexualidad como una conducta moralmente desviada.
En los últimos años han aparecido numerosos movimientos de homosexuales y lesbianas que reclaman respeto a su condición, protección a sus derechos humanos y mayor participación sociopolítica. Como es propio de las minorías activas, algunos de sus planteamientos han sido asumidos por el pensamiento social, por lo que se suele encontrar, especialmente entre los jóvenes, expresiones a favor de una cultura que sea más tolerante con los homosexuales. Estos debates sacuden también a la Iglesia y repercuten en la posición que ésta toma para la atención pastoral del sector, teniendo en cuenta que se trata de un grupo normalmente sensible a lo trascendente y a lo espiritual.
Los jóvenes seropositivos y enfermos de SIDA.
Se trata de un grupo en crecimiento, ya que el síndrome de inmunodeficiencia adquirida es una enfermedad que avanza a ritmo acelerado, particularmente entre los jóvenes y los adultos que están en edad productiva.
La enfermedad tiene dos fases. En la primera, llamada seropositividad asintomática, la persona que ha tenido alguna conducta de riesgo, se ha infectado con el virus de inmunodeficiencia humana, pero no desarrolla la enfermedad, aunque puede contagiarla. En la segunda, aparecen los diferentes signos y síntomas y la enfermedad se manifiesta plenamente hasta llevar a la muerte.
* En un primer momento, se trató de identificar estos sectores con la población homosexual, con las prostitutas y drogadictos, pero los estudios confirmaron que no se trata de una enfermedad exclusiva de quienes viven en situaciones sociales críticas, sino que toda la población puede llegar a contraerla en la medida en que desarrolle conductas de riesgo como contactos sexuales donde hay intercambio de fluídos, promiscuidad, intercambio de agujas de drogas intravenosas, vía perinatal, transfusiones de sangre, etc.
* Muchas personas y principalmente muchos jóvenes, aún sin saberlo, están contagiados. Quienes ya lo saben, suelen caer en la desesperación y en la angustia. Los que están en la etapa de manifestación de la enfermedad sufren en su cuerpo y en su espíritu; se desesperan porque saben que por el momento no hay curación posible, los medicamentos que atenúan el proceso son muy costosos y los servicios de salud insuficientes y porque comienzan a experimentar el rechazo y la separación de sus propias familias, de sus amigos y comunidades.
* La enfermedad del SIDA ha abierto espacios para la discusión y el planteamiento de grandes retos de tipo psicosocial, pastoral y moral, relacionados, entre otros, con el uso de preservativos, la fidelidad, la castidad, las pruebas de laboratorio para la detección del VIH, el trato a los enfermos, el apoyo familiar, los derechos de los enfermos, las políticas sociales de salud y la asignación de recursos, la atención pastoral, los grupos religiosos que ante esta situación tratan de acercarse a la población afectada, la educación, la prevención, etc.
Los jóvenes discapacitados.
Se trata de un sector socialmente desarticulado, pero numerosamente significativo. Se trata de jóvenes que viven con algún tipo de discapacidad o invalidez y que tienen serios problemas físicos, psicológicos y sociales, como parálisis cerebral, síndrome de Down, psicosis u otras enfermedades mentales, debilidad visual o auditiva, parálisis, etc. Muchos sufren esa situación de desventaja social desde su nacimiento o desde su infancia. Otros la han adquirido más recientemente, como los que están gravemente dañados por intoxicación con drogas o los que son víctimas de la violencia y de la guerra.
* Algunos están al cuidado de sus familias, otros permanecen en hospitales o centros especializados y hay quienes viven y mueren solos y abandonados. Sufren por sus propias enfermedades y limitaciones permanentes, por la necesidad constante de recibir servicios rehabilitatorios de salud, por la insatisfacción existencial, por el estado psicológico de depresión, la angustia familiar, la dificultad de ser reconocidos y ayudados socialmente y los problemas económicos que implican su situación y su recuperación.
* Es particularmente preocupante su difícil integración a la sociedad de manera productiva y autosuficiente, ya que en el sistema económico neoliberal, los que no producen quedan fuera del sistema, obligados a ser dependientes, a ser una carga para sus familias y a vivir sujetos a la asistencia e incluso a la mendicidad.
* Requieren una atención especializada en materia educativa, legal, de salud, económica, laboral y por supuesto pastoral. En este campo, las experiencias que existen son en su mayoría de tipo asistencial y no promueven la autosuficiencia, la participación social y el compromiso frente a los discapacitados.
* Junto a los discapacitados, se plantea el reto de acompañar también a quienes los atienden y suplen sus carencias -familiares, amigos, profesionales, agentes de pastoral, hombres y mujeres de buena voluntad- con un alto espíritu de entrega, pero que al mismo tiempo requieren satisfacer sus propias necesidades y resolver sus propios problemas para poder ayudar a los necesitados.
Otras posibles situaciones críticas.
Con una situación social tan difícil y con una juventud tan vulnerable, es probable que existan otras situaciones críticas que obstaculicen su pleno desarrollo y promoción humana. Analizando la realidad de la juventud y acompañando de cerca a los grupos juveniles, será posible descubrir nuevas situaciones críticas que sin dejar de lado la visión y la acción integral y de conjunto, pueden ser atendidas pastoralmente como las madres solteras, las víctimas del delito de violación, las parejas jóvenes en crisis, los jóvenes encarcelados, etc.


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