Ciencia y vida ciencia, humanismos y posthumanismos


Relativización del conocimiento



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Relativización del conocimiento

Como se ha mencionado, hay una necesidad innata en el ser humano de encontrar la verdad, algunos la restringen a la que puedan circunscribir a las evidencias o a la certeza. Pero, lamentablemente o afortunadamente, no todo puede ser reducido a un convencimiento. Además, la ausencia de severidad en la comprensión de las Sagradas Escrituras o el cumplimiento del método científico, conlleva inefablemente a un relativismo. Pero, ¿será realmente un gran problema el relativismo? ¿Qué hacer para re-sistematizar las estructuras de pensamiento ya sean rigurosas o liberales? ¿Cómo encontrar la verdad en la pluralidad de opiniones, disciplinas y creencias? El relativismo se caracteriza, a saber:



  1. La verdad centrada en las creencias religiosas se relativiza al secularizarse27 o al no comprenderse adecuadamente la Revelación. Sea con miras a una verdad más universal o no, más plural o no, la secularidad traje más diversidad que globalidad; La “secularidad” en el ser humano surge como signo de los tiempos, por las consecuencias de la modernidad en el mundo Occidental, se enmarcan desde esta categoría existencial. Consciente de ser el verdadero protagonista de la historia, reafirma su identidad autónoma y rectora. Procede al progresivo "desencantamiento" del mundo: rebajándole el sobrante de magia, supranaturalidad, ideología, etc. y aceptando su corresponsabilidad frente a él y los demás hombres;

  2. Del signo anterior y producto de la historia, se conduce hacia la "desfatalización" de Dios: despojándole de ribetes tabuísticos, sacralizantes, fetichistas, totémicos y redefiniendo el horizonte de su interrelación con Él. Dios trasciende toda la realidad, incluido el hombre, sin que ello suponga que, para aceptar a Dios, aquél tenga que abdicar de su libertad y autonomía o de su aspiración al crecimiento progresivo en "mayoría de edad". Con ello, queda reestructurado el esquema global de la realidad, la cual deja de ser teocéntrica o cosmocéntrica para constituirse en antropocéntrica. El hombre contemporáneo se coloca en el centro de la realidad.

  3. En la Modernidad la verdad adquiere una multiformidad28 al cambiarse el paradigma teocéntrico por el antropocéntrico, así, se amplió su espectro de posibilidades con la pluralidad de opiniones y posturas disciplinares; En contraposición con la multiformidad surge el proceso de estandarización u homologación que los sistemas productivos van enmarcando (desde la educación hasta la política), por ejemplo, en el ámbito de las ideas, los productos de consumo, las culturas imperantes. Los procesos de globalización y de diversidad en que se debate el mundo en la actualidad, el ser masa y ser más "yo", es uno de los rasgos más determinantes de que el hombre moderno no es unidimensional, sino plural. Antropológicamente, el pluralismo remite a un trasfondo más esencial: el reconocimiento de la legitimidad de todas las maneras de ser y de realizarse los seres humanos, lo cual exige a su vez, de que las mismas sean aceptadas como tales y posibilitadas para su desarrollo y expresión. Sin embargo, por la “ley del menor esfuerzo posible”, muchas personas no buscan dar coherencia a su “verdad”, de ver más allá de “los árboles” que obstaculizan su visión, de dar coherencia a sus criterios a través del “diálogo”, por menospreciar a su congénere, por falta de criterios, referentes y horizontes claros;

  4. Otro signo de la época, es la “individualidad”, en la que el ser-en-relación y el ser-para-el-mundo se descontextualiza, lo que produce una desensibilización hacia-el-otro, el alter, la pérdida de la responsabilidad social, la solidaridad humana es cada vez un valor en extinción. Lo que anteriormente era el producto de un compromiso por su comunidad, su país o el mundo, se ha reducido a una mera satisfacción individual.

  5. La actual tendencia a la novedad29, negándose lo viejo como “opción”. El ser humano vive un mundo tan cambiante, que toda su experiencia de vida, está inmersa en “lo nuevo”, lo que lo convierte cada vez más en un ser abierto, lleno de posibilidades, más creativo, o al menos, más al límite de lo dado y de lo hecho. Ha acumulado tanta novedad acarreada por los siglos y más a finales del siglo XX y comienzos del siglo XXI, que deviene en un componente novedoso que aún no ha interiorizado o ha “digerido intelectualmente” y que por ende, lo confunde, o no busca ir más allá de lo que comprende, y le hace actuar según las corrientes que más comprenda o presuma afín;

  6. Fruto de lo anterior, se fortalece la concepción de la mundanidad30 ante la trascendentalidad y, se justifica la racionalidad31 como único fundamento del conocimiento, extrayéndole todo el sentido emocional que pudiese estar añadido.

Con la secularidad el hombre moderno pone en relieve el ascenso creciente de la primacía del sujeto por la autoconciencia que adquiere de sí mismo frente a todo lo demás; se afirma la primacía de la razón subjetiva. Tal afirmación se extiende, además, a los usos y funciones de la misma, a la razón instrumental: el hombre moderno desplaza al mito y opta por la razón a la hora de afrontar la realidad (de experimentarla, comprenderla, valorarla e intentar configurarla). En este sentido, la constante de la racionalidad alude a una serie de facetas características del hombre actual:

    1. La experiencia de la realidad no está abandonada a lo a-racional (o irracional) sino que, en último término, queda sometida a la ratificación de la razón;

    2. La comprensión de la realidad acaece cada vez menos con base en instancias mitológicas o convencionales y cada vez más, bajo el dominio teórico de esquemas científico–lógicos;

    3. La valoración de la realidad se lleva a cabo, no en consonancia con la capacidad de discernimiento inherente al sujeto; y

    4. La configuración de la realidad viene sistemáticamente planificada de acuerdo con los dictámenes que implanta la razón como agente primario de orientación y plasmación de los quehaceres humanos.

Producto de la Modernidad, se caracterizó una búsqueda incesante de progreso y superación, que, a través del racionalismo que lo caracterizaba, asociaba y prometía para el hombre, la razón y el placer. Sin embargo la sociedad no logró ser totalmente racional ni el progreso económico alcanzó para toda la humanidad, no cumplió con su proyecto ni con sus promesas. La Modernidad amplió más aún las diferencias entre los pudientes y los marginados, separó, como dice Touraine32, al sistema de sus actores.

La Postmodernidad


La Modernidad parece perder vigencia, se hace necesario un proceso de re-creación, des-ajuste y re-ajuste de sus esquemas de valores, de un proyecto humanizador del êthos moderno-secular, de la definición de paradigmas que permitan la construcción de un mundo más humano. Pero este mundo es considerado como contingente, inexplicado, inestable, indeterminado, un conjunto de culturas yuxtapuestas o de interpretaciones relativizadas que engendran un grado de escepticismo y aleatoriedad sobre la objetividad de la verdad.

Desde esta concepción, se percibe en la actualidad diversos paradigmas presentes, pero hay un nuevo paradigma emergente comienza ya a enfrentarse ante a una nueva serie transformaciones decisivas que se van produciendo en los diversos ámbitos profesionales y sociopolíticos, cuya consecuencia establece un conjunto de retos y desafíos de la conciencia del ser humano. Múltiples preguntas se formulan: ¿seguimos en la modernidad? Ó ¿seguimos en la postmodernidad? ¿Será el postmodernismo una forma de cultura o un fenómeno de las últimas décadas del siglo XXI? Ó ¿vamos hacia una neo-modernidad?



Obviamente, estos modelos socio-culturales van ajustándose permanentemente a las exigencias de las personas en sus sociedades y según sus diversos contextos de vida. En realidad, no puede hablarse de un paradigma específico, ya que éste está en gestación y aún no ha “dado sus primeros pasos” formales. Lo que se percibe es que muchos están ya conceptualizando un nuevo modelo de sociedad que busca en un mundo globalizado sus diversidades. Al mismo tiempo, continua resarciendo de nuevo el mito de Prometeo33, donde los ideales ancestrales, los grandes principios y valores sociales (p.ej.: la dignidad y libertad humana, la solidaridad social y la calidad de vida) y erradicar los grandes males de la sociedad (p.ej.: pobreza, violencia, intolerancia). Un mundo en el que la espiritualidad revive en nuevas formas un sincretismo o una ortodoxia de las ancestrales creencias. Estas posturas que enfatizan el pensamiento relativista (y positivista), trae como consecuencia:

  1. Buscar equiparar las opiniones de todos, como si la replicabilidad puede homologar la búsqueda de la verdad en contradicción con la importancia de la creatividad34 y de la inefabilidad del conocimiento humano35, en todo lo referente a lo humano y lo social;

  2. Irrespetar la opinión ajena al querer imponer una idea, cuando nadie es dueño de la verdad y la perspectiva que se emplea no sea la misma36, llegándose a ser considerada una persona de ultra derecha por los de izquierda y de ultra izquierda por los de derecha;

  3. Imponer el individualismo o subjetivismo37;

  4. Darle un énfasis unilateral en una presunta "sinceridad" u "honestidad"38;

  5. Manipular las opiniones39;

  6. Evitar el énfasis unilateral por criterios “sentimentalistas” o “politiqueros”40;

  7. Así como otras posturas erróneas producto de argumentaciones falaces41.

Hace más de medio siglo se reinició una serie de debates en el mundo de las ideas, sobre el "agotamiento de la razón moderna", la "condición postmoderna" con Jean-FrançoisLyotard, la cual es caracterizada como el "final" de una serie de proyectos económicos, políticos, sociales, estéticos, científicos y filosóficos sobre los cuales se edificaron las sociedades occidentales desde el siglo XVI: el final del Estado-Nación, el crepúsculo de la moral burguesa, la pérdida del aura, la muerte del sujeto, el resecamiento de los grandes relatos emancipatorios, la pérdida de seguridades ontológicas. Todo lo cual se aprecia en el campo del saber (p.ej.: en la ciencia, la filosofía y la teología), el arte (p.ej.: a través de la pintura, la escultura, la literatura, la poesía, la música y el cine),la arquitectura, la economía, las relaciones sociales y políticas entre los actores sociales, en los diferentes medios de comunicación y en general en todos los campos de la sociedad.

Estos debates establecieron como la principal crítica de toda una época histórica en que la humanidad permanentemente buscada la “verdad”, la “razón” y la “conciencia”, ha reemplazado a Dios por la Ciencia, sobre la base del desarrollo científico, tecnológico y artístico para lograr el progreso económico, moral y social en toda ella. Pero algo le sigue faltando al ser humano, se requiera ir más allá, desde la inmanencia del ser, una inmanencia que ya no es sólo racional sino también emocional. La fundamentación de estas acciones, los replanteos acerca del significado de la libertad y de la justicia en el contexto del mundo como mercado, los debates entre aquellos que intentan dar una fundamentación universal de las normas y los que las relativizan en función de las diferencias de cada comunidad; el desafío bioético, la protección ecológica y la supervivencia de la humanidad. En esta realidad controvertida y problematizadora de la verdad, de los principios éticos fundamentales y derechos naturales, surge la Bioética.


Figura nº 1: Representación simplificada de los paradigmas históricos.



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