Ciencia y vida ciencia, humanismos y posthumanismos



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Fe, Ciencia y Bioética

Ludwig Schmidt H.


Madrid, del 23 al 24 de julio de 2013

Fe, Ciencia y Bioética1

D. Prof. Ludwig Schmidt H. Ph.D.2


Resumen:

La tríada Fe-Ciencia-Bioética permite enfrentar la conciencia de la Modernidad; el acercamiento al diálogo entre fe y razón; al debate moral entre Vida y Ciencia mediante la convocatoria de Fritz Jahry Van Rensselaer Potter en sus obras de Bioética. Tres tópicos entreverados entre sí, en torno al ser humano y su búsqueda de la verdad según tres paradigmas: el teocéntrico, el antropocéntrico y el policéntrico, los que tienen que ser comprendidos mediante un diálogo desapasionado y sistemático. Éstos, han generado las corrientes intelectuales de los Humanismos y los Post-humanismos. Así, el binomio Fe-Ciencia pareciese incompatible, por los resultados de sus controversiales encuentros. A partir de los años 80 se hicieron esfuerzos importantes de entreveramiento, en pro del desarrollo social y el progreso tecnológico. El proceso epistemológico de la bioética ha permitido la búsqueda de espacios de encuentro interdisciplinarios y transdisciplinarios, con miras a un mayor respeto a la condición humana de la ciencia y la verdad.



Palabras clave:

Fe; Ciencia; Bioética; Interdisciplinariedad; Transdisiplinariedad; Humanismo; Posthumanismo.

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Faith, Science and Bioethics



Abstract:

The triad Faith-Science-Bioethics let’s face consciousness of modernity, the approach to the dialogue between faith and reason, the moral debate between Life and Science through the convening of Fritz Jahr and Van Rensselaer Potter in his works of Bioethics. Three topics intertwined with each other, about the man and his search for the truth in three paradigms: the theocentric, anthropocentric and polycentric, which must be understood by a dispassionate and systematic dialogue. These have generated intellectual currents of Humanisms and Post-humanism. Thus, the Faith-Science binomial seems incompatible, by the results of their controversial meetings. From the 80 major efforts were made intertwining in social development and technological progress. The epistemological process of bioethics has allowed finding meeting spaces interdisciplinary and transdisciplinary, with a view to greater respect for the human condition of science and truth.

Keywords:

Faith;Science;Bioethics;Interdisciplinary;Transdisciplinary, Humanism; Post humanism.

La fe y la razón, son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad. Dios ha puesto en el corazón del hombre el deseo de conocer la verdad y, en definitiva, de conocerle a Él para que, conociéndolo y amándolo, pueda alcanzar también la plena verdad sobre sí mismo3.Juan Pablo II: Fides et ratio, Introducción.



Introducción

La fe


La presente ponencia en la Mesa 1: La Ciencia al servicio del ser humano: Análisis y propuestas desde las Ciencias Sociales y Jurídicas, enfoca otro punto de vista a la tradicional confrontación entre fe y razón, creencias y certeza, principios y valores.

  1. En primer lugar, para superar el estéril abordaje de dicho careo y buscar como bioeticista, desde la postmodernidad, el conocimiento discursivo desde diversos referentes hacia el “horizontsverschmelzung”, tal y como plantea Hans Georg Gadamer4, y superar la intolerancia e incomprensión de la realidad del “desconocido” “estando parado en frente a este”. Además, como dice Niklas Luhmann, la «realidad es solamente aquello que es observado»5.

  2. En segundo lugar, debido a que por la razón uno tiene fe6 y, la fe implica la razón7. La fe es propia de la naturaleza humana que se supera y busca realizar su ser-activamente-en-el mundo.

  3. En tercer lugar, por la postura de algunos, quiénes plantearon la necesidad de erradicar la creencia de que quién hacía “ciencia” tenía que hacerla desde un ambiente ateo o agnóstico, ya que la “fe” distorsiona el fin de la investigación. Sin embargo, la historia está matizada de hombres de fe que han hecho grandes aportes a la Ciencia8.

  4. En cuarto lugar, teniendo en cuenta la «fe filosófica», como expresase Karl Jaspers, la cual parte del misticismo propio del existencialismo creyente, en la que se indica la confianza que tiene el filósofo, al igual que todo hombre de ciencia, al depositar en la razón y la posibilidad del conocimiento.

  5. En quinto lugar, porque la fe es una dimensión humana y es el motor que nos ayuda a perseverar en algo que uno cree que es cierto, por lo que se constituye en una virtud9 en la búsqueda de su bien-ser y expresarlo en su bien-hacer y bien-estar.

Nuestro modo de entender el mundo ha cambiado.La realidad ya no es algo universal, ahora hasta lo que la persona pretenda atribuirle, forma parte de ésta, así ésta no exista o forme parte de una hiperrealidad y conocimiento situado. Cada individuo necesita conocer y comprender su entorno físico y, dentro del mismo, existen otros seres humanos que, como él, precisan de tales conocimientos.

La fe10, por otro lado, corresponde a una creencia en la verdad de determinados enunciados, donde no hay pruebas suficientes (por la complejidad del mismo, p.ej: un misterio) que la conviertan en una creencia racional o en saber. Por otro lado, se cree por motivos de confianza o sumisión a alguien a quien se le concede autoridad; por sentimiento, o alguna clase de intuición, esto es, por razones que no alcanzan el nivel de conocimiento intersubjetivo. Por tanto, no debe generalizarse el término fe, porque generalmente es aplicado en el contexto religioso, donde “fe sobrenatural”, la “fe divina” supone una adhesión de la persona a una creencia, el seguimiento a la Revelación. Sin embargo, la fe es también una “fe humana”11, una “fe psicológica” o una “fe vocacional”, al darle confianza a la persona a lograr lo-qué-es-él, lo-que-estoy-apto-a-ser y a lo-que-está-llamado-a ser, respectivamente.


Un hecho lamentable


Esbozado lo que es la fe, entenderán mejor el cambio de enfoque, ya que la relación de la ciencia con la religión nunca ha sido fácil, siendo tema favorito de sus detractores, por el “dogmatismo” de la Iglesia contra Galileo Galilei en 1633. Galileo fue considerado en su época un iniciador de la revolución científica y de la ciencia moderna12. Toda innovación de ideas tiene detractores y hay resistencia al cambio, siendo los duques de Toscana en 1613, quienes siembran “la semilla” de una posible herejía en los trabajos de Galileo, por una mala interpretación de la Revelación Divina13. Motivo por el cual, Juan Pablo II, pidió perdón en nombre de la Iglesia a finales de octubre de 1992, por esta acción y otras, emprendidas por el Santo Oficio. Además, la Iglesia Católica, a partir del siglo XX, ha conformado selectos y plurales equipos de ciencia para el abordaje de estos temas.

Sin embargo, es justo hacer mención, que hay muchos casos que en nombre de la “ciencia” han causado grandes estragos a la sociedad y, sus responsables nunca han sido capaces de reconocer los errores cometidos, salvo que hayan sido enjuiciados. Lo peor, es que aún se siguen haciendo estas atrocidades, se enmascaran en una “patente de corso” disfrazada de “derecho humano” y bajo la excusa de que la ciencia es neutra. Sobre todo, cuando se trata de asuntos relativos al ser humano (vida, salud) en torno al avance del conocimiento (ciencia y tecnología) y del uso racional de los recursos naturales (ecología), se tiene que ser cauto en la toma de decisiones que puedan afectar a las personas y generaciones futuras. Recordando siempre ¿Todo lo técnicamente factible es éticamente aceptable?

Lo bio-lógico es algo más que la lógica física y química que lo compone, involucra a los seres vivos, a la vida en general, no encasillable a una replicabilidad estricta, como enunciaré más adelante. Por ello, visto lo anterior, se inicia otra fase de la disertación en el destinatario de la tríada fe-ciencia-bioética: el hombre y su responsabilidad ante el cuido del Edén perdido.


Conocimiento de sí-mismo

Una enseñanza universal


La ciencia14 nace de ese “pecado humano” de querer buscar incansablemente la verdad por sus propios medios. Una necesidad innata de querer explicarse a sí-mismo las cosas. Por ello, se constituye en la actividad humana productora de conocimiento por excelencia y, que tiene como objetivo, la constitución y fundamentación de un cuerpo sistemático del saber15. Este saber va desde la Filosofía y Teología hasta la Física y las Matemáticas. Sin embargo, la ciencia con el transcurrir del tiempo se fue circunscribiendo a estructuras de pensamiento que pudieran ser comprendidas, así se llegó al siglo XX que la actividad científica era la relativa a las Ciencias Puras (Física y Matemáticas), dado que el conocimiento que se enfatizó en el llamado “conocimiento racional”, que se refiere al mundo material, cuyas regularidades busca explicar y predecir mediante un método experimental, del cual forman parte la observación, la experimentación y las inferencias de los hechos observados; es sistemático porque se organiza mediante hipótesis, leyes y teorías, y es un conocimiento objetivo y público, porque busca ser reconocido por todos como verdadero o, por lo menos, ser aceptado por consenso universal16. Pero, ¿en verdad, es este el único conocimiento racional? Pero, ¿puede racionalizarse todo lo que se refiere al ser humano, sus comunidades sociales, sus modus vivendi, culturas y vinculación con la naturaleza?

Archiconocido es el hecho que Sócrates exhortaba a sus alumnos la máxima del dintel del templo de Delfos: «Conócete a ti mismo»17. Una enseñanza universal de los grandes maestros en la Cultura Antigua, ya que se encuentra en las Enseñanzas de los Veda y en los Avesta; en las Tradiciones de Israel y el Oriente Medio, en los Escritos de Confucio y Lao-Tze y en las predicaciones de los Tirthankara y de Buda. Asimismo se encuentra en los poemas de Homero y en las tragedias de Eurípides y Sófocles, en los tratados filosóficos de Platón y Aristóteles18. Obviamente, en toda la tradición filosófica y teológica de las grandes Culturas del Orbe, a lo largo de toda la historia. El “conocerse a sí-mismo” es el fundamento del Bien-ser de la persona y de su actuar (Bien-hacer y Bien-estar) que parte del trinomio Dignidad-Libertad-Verdad. Los dos primeros son motivo de amplia discusión, sin embargo, como consecuencia de la “Modernidad” y hoy, la llamada “Postmodernidad”, uno de los principios fundamentales del hombre: la búsqueda y el conocimiento de la verdad, principio que se ha relativizado en el transcurrir de la historia.



La Modernidad


La Modernidad es un proyecto gestado en la historia de la humanidad con miras a imponer la razón humana como norma trascendental de la humanidad. Concuerdo con las premisas de Jürgen Habermas19, donde el proyecto de la Modernidad enfatizó el aprovechamiento y el desarrollo de las esferas de la ciencia, la moralidad y el arte, en beneficio de la humanidad. Ésta, se yergue sobre un cambio paradigmático centrado en el hombre y como proceso emancipador de un status quo basado en tradiciones, doctrinas e ideologías ancestrales y no problematizadas por la sociedad.

La Modernidad estuvo interesaba fundamentalmente el progreso constante del conocimiento y de la tecnología, a partir de las cuales se presentaría el progreso económico y, el bienestar social y moral de la humanidad. La ciencia comenzó a ceñirse por la certeza, la predicción y la replicabilidad. Este paradigma se acompañó de la búsqueda de aquellos marcos universales que unificaban las explicaciones y la visión de la realidad; buscaban regularidades, explicaciones inclusivas, sin espacio para lo inesperado o los desarrollos espontáneos, no habían respuestas. En la imagen del mundo que emergía, todo lo que ocurría debía ser, por lo menos en principio, explicable en términos de leyes generales e inmutables.

Sin embargo, sus premisas no fueron alcanzadas con el tiempo. Para ello, me gustaría contrastar lo que hoy sabemos con un fragmento de la Carta del Jefe indio Seattle a Franklin Pierce, Presidente de los EEUU, cito20:

«El hombre no tejió la trama de la vida; él es sólo un hilo. Lo que hace con la trama se lo hace a sí mismo. Ni siquiera el hombre blanco, cuyo Dios pasea y habla con él de amigo a amigo, no queda exento del destino común. Después de todo, quizás seamos hermanos. Ya veremos. Sabemos una cosa que quizás el hombre blanco descubra un día: nuestro Dios es el mismo Dios. Ustedes pueden pensar ahora que Él les pertenece lo mismo que desea que nuestras tierras les pertenezcan; pero no es así. Él es el Dios de los hombres y su compasión se comparte por igual entre el piel roja y el hombre blanco».

Me planteo, ¿estaba equivocado el Gran jefe Sealth (Seattle) de la tribu Suwamish, en esa carta atribuida por Ted Perry en los alrededores de 1854? Una carta que es toda una obra de sabiduría humana y basada en el conocimiento de la naturaleza.



La verdad como conditio sine qua non


El conocerse a sí-mismo, conlleva a fortalecer la dignidad humana, la cual se alcanza con el ejercicio de la libertad y de la búsqueda de la verdad21. Ésta última, se hace primariamente desde las vivencias personales, percibidas o sentidas del contacto de cada uno con su entorno, generando un conocimiento vivencial primario; la otra forma, se hace de manera más experiencial, donde la experiencia de otros se combina con conocimientos previos de cada uno. Esta información experiencial llega principalmente de la familia, de los amigos, de los docentes, de otras terceras personas y de los medios de comunicación social. Mucha de dicha información, no se asimila con la adecuada correspondencia de enunciados con los hechos, entonces, ¿cómo podemos saber que lo que creemos es verdad lo sea propiamente?

La búsqueda de la verdad es un derecho humano fundamental. Por tanto, lo anterior es preocupante, ya que dichas proposiciones pueden ser verdaderas si describen los hechos tal y como son y, pueden ser falsas si no hay dicha correspondencia22. ¿Qué ocurre cuando no hay conocimiento pleno o adecuado sobre algo? ¿Cómo puede hablarse de que algo es así o de otra forma, si se le conoce sólo desde ciertas condiciones controladas? ¿Qué ocurre cuando una hipótesis se convierte en teoría? En consecuencia, la verdad es, ante todo, una propiedad del discurso declarativo; lo verdadero o lo falso pertenece a los enunciados o proposiciones y no a los hechos. Luego la verdad pudiera ser acomodaticia.

La verdad en un vuelo rasante por la historia, se conceptualizaba en la Grecia Antigua como “alétheia” desvelamiento, desde Aristóteles, en lo que es y en negar lo que no es; para el pueblo hebreo, el término “΄emunah” significa principalmente “confianza” o “fidelidad”, luego las cosas son verdaderas cuando son “fiables”, cuando hay fe23; Sin embargo, la verdad perderá su fundamento ontológico24 originario y pasará a ser un concepto epistemológico25, en la Escolástica medieval, santo Tomás de Aquino la definió como la «Adaequatiorei et intellectus» (adecuación de la cosa y del entendimiento)26, la “veracidad” se vinculará con la correspondencia entre “lo que se cree y lo que se dice y lo que es”. Heidegger, reivindicará a la verdad su condición ontológica, al considerarla propiedad del ser y no de la mente, y por la denominada filosofía hermenéutica. En la actualidad, las principales explicaciones sobre el sentido de la verdad se deben a la teoría de la correspondencia, o teoría semántica de la verdad, la teoría de la coherencia y la teoría pragmática de la verdad. En todas ellas se mantiene la idea básica de que la verdad consiste en una relación, difiriendo sólo en la determinación de los términos de dicha relación: relación de una proposición con los hechos; relación de una proposición con un conjunto establecido de proposiciones y, la relación de una proposición con la práctica, la acción o la utilidad.




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