Catedra: Voloschin 1º Cuatrimestre 2008 proyecto de investigacióN



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Por Jorge Fontevecchia

Recuadros

300 Gualeguaychú

Horacio, el marido

Empanadas de pescado
LA ‘PEBETA’ (así la llama Guillermo Moreno) en una pintura hecha por un admirador sobre una foto suya que fue tapa de PERFIL hace dos años, colgada en la pared de su casa en Pellegrini.

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El “Kirchner no tiene materia gris” fue el grito de guerra de Analía Quiroga, la que se hizo oír más fuerte y antes que nadie cuando el Gobierno tuvo su primera gran batalla contra el campo y, con Moreno como ejecutor, pasó a degüello a la ganadería, la primera gran víctima del campo en 2005. Como en el poema del pastor protestante alemán Martin Niemöller, atribuido comúnmente a Bertolt Brecht, luego fueron por la lechería y más tarde por los cerealeros. Hoy el campo está unido e insubordinado. Por primera vez las cuatro organizaciones que agrupa a los productores: la Sociedad Rural, Confederaciones Rurales, Federación Agraria y Coninagro, depusieron cualquier diferencia y –al unísono– salieron a protestar. Pero no fueron sus dirigentes –Luciano Miguens, Mario Llambías, Fernando Buzzi y Fernando Gioino–, los artífices del revuelo sino que se vieron desbordados por sus bases, las decenas de miles de productores que cortaron, y cortan, las rutas de todo el país. Tampoco fueron los productores solos sino que, esta vez, como en Fuenteovejuna, los acompañó toda la comunidad de sus respectivas zonas: el peluquero, el veterinario, la farmacéutica y el camionero del pueblo, mal que le pese a Moyano, se sumaron al reclamo. Ricos, pobres, progresistas y conservadores, todos juntos hicieron la sola voz del interior que además de hacerse oír encendió un debate que trasciende a la actividad agropecuaria e, incluso, a la distribución de la renta entre los que más y menos tienen, para poner foco en la distribución de los ingresos entre Nación, provincias y municipios. Como en la época del nacimiento de la Argentina como país, lo que se discute es cuánto corresponde que quede en cada zona sobre lo que ella misma genera.

PERFIL, para su entrevista extensa de este domingo, no eligió a ninguno de los cuatro presidentes de las agrupaciones rurales. Prefirió a quien mejor representa a las bases, verdaderas protagonistas de esta agitación, la citada Analía Quiroga, la “pebeta”, como la llama el “ministro” Moreno a pesar de que tiene un hijo de la generación del ministro Lousteau.

Pero antes de pasar al reportaje, quiero observar que la mayoría de los lectores, bombardeados esta semana desde el Gobierno y los medios de comunicación con informaciones, algunas veces maniqueas, sobre una actividad que pocos conocen, precisan contexto. Por ejemplo, respecto de dos informaciones que se difundieron –¿justamente?– esta semana: ¿es cierto que los productores rurales contratan personal en condiciones de servidumbre? ¿Es cierto que en los municipios rurales se paga menos de impuesto territorial que lo que paga de ABL una jubilada en un barrio porteño por un departamento mediano?

A continuación, agro para principiantes y luego el reportaje.

Ganadería. ¿Hay más o menos hacienda vacuna? ¿Se envían al matadero vacas en edad de procreación incluso preñadas con terneros en gestación porque sale más caro engordar un animal joven que lo que se recibe por la venta de ese animal ya adulto? Los registros de vacunación antiaftosa revelan que en las cuatro últimas mediciones, incluida la primera de 2007, hubo un crecimiento del número de animales. Y sobre un total de 60 millones de cabezas, se contabilizan 40 millones de hembras. Un 6% más que en 2003. Sí se registran en la zona pampeana reducciones considerables (algunas proyecciones indican 400 mil animales menos) y en compensación un incremento en el Noroeste y Corrientes. Como más de 10 millones de hectáreas ganaderas se pasaron a la agricultura, especialmente la soja, el ganado se “arrincona” al mismo ritmo que los propietarios optimizan la rentabilidad de sus tierras. O sea, hay más vacas por hectárea dedicada a la ganadería y corrales de engorde intensivo (feedlots).

Sobre un total de 190 mil productores, 120 mil no alcanzan a reunir 100 vacas cada uno, y el 60% de los agricultores escasamente promedian las 100 hectáreas en explotación. En la zona tradicional de invernada (engorde), oeste y norte de Buenos Aires, este y norte de La Pampa, en los últimos cuatro años el número de novillos vacunados ha caído un 25%. El feedlot está sustituyendo a la cría clásica. El Gobierno entrega compensaciones a los feedlots pero esa forma de engorde requiere una inversión de capital inaccesible para los pequeños productores, por lo que la realizan mayormente frigoríficos y matarifes: 140 establecimientos reciben compensaciones por alrededor de 40 millones de pesos, de los cuales el 55% se lo llevan los 10 primeros de la lista.

Se confirma la faena de terneros. Esto implica menos novillos en los próximos años. Lo mismo genera la matanza récord de terneras y vaquillonas, que obviamente no podrán integrar la futura reposición de los vientres. Sin madres resultará imposible lograr crías, la escasez asoma en el horizonte. Frente a una demanda internacional exultante, dispuesta a seguir pagando todavía más por los lomos de calidad y un consumo doméstico que supera los 70 kilos por habitante y por año (en Estados Unidos se consumen 50 kilos), la oferta continúa en descenso. Con ella, los precios reales se disparan. Un ejemplo ilustrativo: el novillo de 400 kilos pasó de un “precio regulado” de $ 2,33 (kilo vivo), en julio de 2006, a los actuales $ 4,10. Ese 76% de aumento demuestra el fracaso de la intervención del Gobierno hace dos años, cuando prohibió durante medio año la exportación y Analía Quiroga acusó a Kirchner de “descerebrado”.

El año pasado, la Argentina exportó medio millón de toneladas de carne vacuna. Un 5% menos que en 2006. Brasil exportó 2,4 millones de toneladas y se está quedando con los mercados que eran de Argentina.

Lechería. Durante muchos años Europa destinó millonarios subsidios a la producción de leche, pero esa política se redujo notoriamente por presión internacional, lo que provocó una fuerte caída en la producción de lácteos. Desde hace una década el stock mundial de leche en polvo baja entre 1 y 2 millones de toneladas anuales. El mundo quedó dependiente de los pocos países productores. Otro fenómeno mundial es que hay menos tambos pero más grandes en todo el mundo. Estados Unidos tenía hace 10 años 150 mil tambos, actualmente tiene 80 mil y se especula que en 4 o 5 años va a quedar la mitad. En ese país existen tambos de 10 y hasta 15 mil vacas. Pero esa concentración no significó menor producción.

La Argentina no escapó a esa tendencia. Los 10 a 12 mil tambos que quedan hoy son la mitad de los que había hace 20 años. Pero en el mismo período se duplicó la producción total de leche en el país, que actualmente se acerca a los diez mil millones de litros anuales. Paralelamente se mantuvo en alrededor de 2 millones el número de vacas lecheras, lo que indica la mayor cantidad de vacas por tambo actuales y el aumento de la producción por vaca. Que aún puede crecer: los tambos argentinos promedian casi seis mil litros por lactancia, los norteamericanos están cerca de los 9.000 litros.

En 2006, la tonelada de leche valía internacionalmente 2.500 dólares, hoy cuesta 5.000 dólares. El precio que cobra un productor en el mundo pasó de 25 y 35 centavos de dólar a 45 y 50 centavos de euros. En Argentina, el valor que reciben los productores en dólares es menor a los 30 centavos (en pesos son 83 centavos: el precio establecido en febrero por el Ministerio de Economía). Los tamberos uruguayos cobran US$ 32 centavos, los chilenos y brasileños alrededor de 40. En Argentina se reguló el mercado, se pusieron retenciones y precios de “corte” a la exportación, subsidios a la industria o compensaciones al precio del maíz para el tambo, medidas cuya efectividad está más que discutida.

Para las exportaciones de leche se puso un precio de “corte” (similar a lo que sucede con el petróleo: todo lo que supera determinado valor queda para el Estado). En febrero de 2007 el precio fue de 2.100 dólares la tonelada y luego se lo subió a 2.750. Como en el exterior la pagan US$ 5.000 hay una retención equivalente al 45%.

¿Cómo compite la leche con la soja? Hay una especie de tablita mágica para medir la rentabilidad de ambas actividades. Cuando la tonelada de soja vale mil, el litro de leche debe valer uno; cuando la soja vale 900 la leche debe valer 90 centavos. La leche está perdiendo: la última cotización de la soja en Argentina fue 1.100 pesos y el valor que reciben los tamberos de las industrias está clavado en 83 centavos. Cada día más tambos se pasan a sembrar soja porque, además, un tambo obliga a una atención diaria y la soja casi se puede dejar crecer solita.

Como en un año la leche duplicó su precio internacional, el diario Financial Times la llama “el oro blanco” y grandes fondos internacionales pasaron a invertir en la producción láctea. Eso sucede en Estados Unidos, Australia, Nueva Zelanda y hasta Uruguay. Aquí no, por la poca seguridad que brinda el Gobierno a las inversiones.

Los dos principales industrializadores de la leche en Argentina son La Serenísima y SanCor. La capacidad instalada de la industria es de 14 mil millones de litros de leche por año, pero 2007 cerró con una producción de 9.300 millones. La industria tiene una fuerte capacidad ociosa porque su demanda de materia prima está insatisfecha y desearía pagar el mejor precio posible para que no se le caiga la producción. Pero el Gobierno le impone precios máximos. Se estima que el método actual no puede aguantar más de tres meses, tras lo cual va a tener que barajar y dar de nuevo, al menos corrigiendo hacia arriba el precio máximo de la leche cruda. Hace unas semanas ya autorizó una suba de 8 por ciento para todo el año y se especula que aceptaría otro aumento un poco mayor porque temen que más productores, sin incentivos, abandonen la actividad.

Granos. Han sido por décadas pilar de la economía nacional y sostén social de infinidad de pueblos del interior del país que viven al ritmo de la producción agrícola. Es por su elevada cosecha, basada especialmente en el maíz y el trigo, que la pampa húmeda llegó a ser considerada el granero del mundo. Tradicionalmente la producción agrícola se concentró en las provincias de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe. Sin embargo, la gran transformación agrícola de los últimos 30 años, con la aparición de la soja y el avance en biotecnología, expandió la actividad agrícola a zonas extra-pampeanas. La biotecnología multiplicó los productos capaces de resistir condiciones extremas, como sequías, y que combaten plagas, enfermedades y malezas, posibilitando que la Argentina tuviera saldos exportables.

u La soja cambió el mapa productivo argentino. En 1978 se sembraron 1,6 millón de hectáreas de soja y el año pasado fueron más de 16 millones. El nivel de producción creció en una proporción mayor porque hace tres décadas se cosecharon 3,7 millones de toneladas y el año pasado fueron 47 millones. Hoy ya se pueden ver campos con soja desde Santiago del Estero y Salta hasta la Patagonia. La ecuación costo-beneficio de la soja es mucho más ventajosa que en otros cultivos. Tiene una gran adaptación a diferentes suelos, el costo de siembra es de los más baratos y el valor del grano se mantiene entre los más elevados.

El poroto de soja es un grano con un alto contenido de aceite, el mayor entre las oleaginosas, y un elevado valor proteico que queda en la harina, que es el residuo obtenido de la extracción del aceite. Por eso los principales mercados mundiales aumentaron su demanda y la Argentina comenzó a transformarse en uno de los tres principales proveedores del mundo de soja junto con Brasil y los Estados Unidos.

Sin embargo, en el mercado interno el uso de este grano para alimento humano es insignificante. Sólo el 5% de la soja que se produce en nuestro país se vuelca al mercado argentino, especialmente a través de aceite. El resto se exporta a Europa y China, en su mayor parte a través de granos, aceite, y harina de alto valor proteico que es utilizada como ingrediente en la elaboración de productos para alimentación animal.

u El trigo es el cereal básico en la alimentación mundial; está creciendo gracias a la tecnología y la incorporación de nuevas variedades de semillas. Es el primer cultivo que se siembra en el año, en invierno, y se lo cosecha cuando finaliza la primavera o a principios del verano. Siempre se mantuvo en niveles de 5 a 6 millones de hectáreas sembradas. La producción argentina de trigo de los últimos cinco años fue muy pareja: entre 14 y 16 millones de toneladas, de las cuales casi la mitad se consume en el mercado interno y el resto, en su gran mayoría, se exporta a Brasil. También el trigo tiene cada vez mayor demanda mundial para cubrir el incremento poblacional.

En el deterioro de los suelos el problema no es la soja, sino el monocultivo. La soja deja un escaso residuo en el suelo después del paso de la cosechadora, con una relación carbono/nitrógeno que no es la mejor. Pero también tiene la propiedad de realizar una fertilización natural que permite fijar en el suelo el nitrógeno atmosférico. Ese nitrógeno puede ser aprovechado luego por los cereales, como trigo y maíz, si son cultivados posteriormente en el mismo campo, pues tienen alta demanda de nitrógeno, generando una sensible reducción de los costos de fertilización posteriores al cultivo de soja. Una combinación habitual en la Argentina es el doble cultivo de trigo y soja en un mismo ciclo agrícola.

Si algo preocupa a los productores argentinos es cuidar el principal componente del capital de sus empresas: la tierra; pero también es cierto que las condiciones de volatilidad de la economía y el constante cambio de las reglas de juego los lleva al cortoplacismo.

u El maíz ha crecido en los últimos cinco años más en producción que en expansión de superficie cultivada. Básicamente compite con la soja por la tierra en la región pampeana. Como su residuo posterior a la cosecha realiza un gran aporte de materia orgánica a los suelos y las cualidades nutricionales del grano de maíz para alimentación humana y de animales es alta, se mantiene como uno de los cuatros principales cultivos argentinos. El área sembrada desde 2003 se mantuvo entre los 3 millones y 3,5 millones de hectáreas, sin embargo la producción creció de casi 15 millones de toneladas en 2002 a 20 millones.

Como ocurre con la soja, la mayor parte de la producción argentina tiene como destino el mercado internacional, Europa en su caso.

El maíz es utilizado para la producción de etanol, el biocombustible que donde más se produce es en los Estados Unidos, mientras que la soja es requerida para biodiésel, la variante de energía renovable que en el futuro podría llegar a reemplazar al petróleo.

u El girasol es otra de las plantas oleaginosas importantes de la Argentina y cuyo futuro parecía destinado a un pequeño espacio en zonas más áridas pero en el último año su vigencia se renovó y hoy es el grano con mayor valor de mercado.

Hace 20 años llegó a cultivarse en cuatro millones de hectáreas y hacia fines del siglo XX cayó hasta menos de dos. En los últimos cinco años la superficie volvió a crecer hasta ubicarse en casi 2,5 millones de hectáreas. La producción acompañó este incremento: había caído a la mitad en 20 años, de 6 millones a 3 millones de toneladas y desde 2003 comenzó su nuevo camino ascendente para alcanzar 3,7 millones de toneladas.



Valor de la tierra-impuestos territoriales. Desde 2003 el valor de la hectárea creció hasta un 80 por ciento y hoy, en la pampa húmeda, los campos agrícolas valen 10 mil dólares la hectárea. Inclusive en el Norte o en la Patagonia las tierras aptas para las actividades agropecuarias aumentaron significativamente sus valores. En las zonas agrarias los impuestos territoriales, equivalentes al ABL en la Ciudad de Buenos Aires, son de dos tipos. Uno, el de las tasas viales destinadas originalmente a mantener en estado transitable los caminos rurales, dado que en el campo no podría existir “Alumbrado, Barrido y Limpieza” o ABL como en cualquier ciudad. Otro, en algunas provincias, como la de Buenos Aires pero no en todas, se suma un impuesto territorial provincial.

Sobre la polémica que generó comparar el ABL de un departamento en la Ciudad de Buenos Aires que pagaba más que la tasa vial en campos de la provincia de Buenos Aires, por ejemplo, el municipio de Carlos Pellegrini, donde reside la entrevistada de esta edición, se preocupó por aclarar que una casa similar a la tomada como referencia en un barrio porteño paga en la ciudad de Carlos Pellegrini (4 mil habitantes), dentro del partido homónimo, donde sí hay servicio de alumbrado, barrido y limpieza, más que la Ciudad de Buenos Aires. Además, los vecinos deben pagar el impuesto territorial a la provincia. La confusión habría surgido de comparar campo con un área urbana, donde los servicios son incomparables, y no dos áreas urbanas, la de la Capital Federal con la de partidos agropecuarios.

Ahora sí, el reportaje a Analía Quiroga.

A principios de 2006 una declaración suya la catapultó a la fama: “El presidente Kirchner no tiene materia gris”. Dos años después, gobierna su esposa Cristina y se volvieron a incrementar las retenciones al campo. ¿Ella, tiene más, menos o igual materia gris?

—Como argentina me hubiese gustado conocerla, aunque sea durante su campaña. No tuve oportunidad, porque me pareció que en su campaña se la pasó más en el exterior que acá. Me da la sensación de que es una persona muy autoritaria, que le interesa mucho la relación con el mundo pero no la veo tan compenetrada en su relación con el país. Pienso, sinceramente, que quien está gobernando y sigue gobernando, es el ex presidente Kirchner.

Las mujeres tienen fama de decir las cosas más frontalmente que los hombres, entre las dirigentes de campo, la diputada María del Carmen Alarcón y usted son los ejemplos más emblemáticos. ¿Las mujeres tienen menos pelos en la lengua, o su intuición les permite ver antes lo que terminará sucediendo?

—Creo que son las dos cosas. La mujer siempre tiene que estar previendo, estar atenta, porque es el eje de la familia. Esa es la misión para la que Dios la puso en este mundo. Y sobre tener menos pelos en la lengua... también, es una cuestión de que los tiempos de la mujer son escuetos, cada vez más. La mujer tiene una impronta que el hombre no tiene. Como también digo que el hombre tiene una capacidad intelectual abstracta que no tiene la mujer y la mujer tiene una gran capacidad de intelecto práctico.

¿La Presidenta no vio que con un nuevo aumento de las retenciones el campo se pondría en pie de guerra?

—No. No es que desconoce el problema. Pienso que la Presidenta tiene una sola versión. Cuando a usted le cuentan una sola porción del problema y no sale a conocer el resto de la película, se queda con lo que le contaron. O quizá no se preocupó. Se trata de un conflicto que ella vivió como primera dama durante dos años y que ahora en sus cien días de mandato lo sigue viviendo. Pero no lo quiere ver, parece. Espero que lo haga, antes de que las cosas se pongan peor aún.

¿Le faltó esa inteligencia práctica que Ud. dice caracteriza a la mujer?

—Sí, pero estoy hablando de alguien que no conozco. Porque tampoco nos permitió conocerla cuando fue senadora de nuestra provincia. Nosotros supimos que ella fue nuestra senadora pero tampoco nos permitió conocerla.

¿Les molesta que mientras el campo está en pie de guerra la Presidenta se ausente de la sede del Gobierno aprovechando los feriados para pasar 6 días en El Calafate?

—Mire, no me molesta como productora. Como mujer, sí. Porque, sinceramente siento vergüenza de que una mujer no tenga las agallas de decir: “No, yo no me puedo ir seis días porque tengo un interior que está levantado”. Me siento decepcionada. Yo no la voté porque yo estaba convencida de que el modelo era éste y que se profundizaba.

< quién>

—La verdad no encontré candidato.

¿Votó en blanco?

—... (silencio)

Se dice que el ministro Lous-teau aplicó las retenciones después de reunirse por primera vez con el ex presidente Kirchner, ¿cree que ésta es una medida impulsada por Néstor Kirchner o por su esposa Cristina?

—Yo creo que al país lo sigue manejando el presidente, quiero decir, Néstor Kirchner. El sigue siendo el jefe de la familia.

¿Cree que Lousteau fue a proponérsela a Néstor Kirchner o a informarse de una decisión de Néstor Kirchner y Lousteau es simplemente quien la ejecuta?

—Estoy convencida de que se lo ordenaron. Mire, si hace dos años el ministro editó un libro donde, entre otras cosas, dice que las retenciones no pueden ser de más de un 8%, inclusive que deben desaparecer, que se debe apoyar a la cadena de producción. Y después toma esta medida... Bueno, sinceramente que me perdone el ministro, pero ha sido lo más poco serio que he visto en los últimos años. Es un chico joven, con talento, al que parece que están usando. Nosotros lo tuvimos como presidente del Banco Provincia y su gestión fue una gestión donde se apoyaba a la producción. Esperábamos otra cosa de él.

En los cortes de rutas se escuchaba repetidamente que el problema con el ministro es que “no conoce la Argentina real”. ¿Le falta experiencia?

—Totalmente. Quiero creer que se dan cuenta de la envergadura del problema porque si hay algo que ningún funcionario nos puede reprochar es no haberles hablado con la verdad. No hemos coincidido. Pero sí fueron advertidos. De todo.

¿A quién se lo advirtió?

—En varias oportunidades al secretario de Comercio Moreno que siempre me trató con muchísimo respeto.

¿Qué era lo que le decía?

—El fue muy sincero. Los dos lo fuimos. Moreno me dijo: “Yo de vacas no sé nada, sé mucho de economía”. Entonces le dije: “Yo le voy a explicar cómo es el tema de la ganadería”. Le decía: “Mire, usted está convencido de esto, pero este modelo nos va a llevar a dos cosas: a que en pocos años acá no haya carne ni para ricos ni para pobres y a que se lleven puesto el interior”. Comencé a palpar lo que se venía, poco a poco. Hicieron que la ganadería comenzara a perder rentabilidad.

¿Lo que hicieron con la carne fue el anticipo de lo que venía?

—Sí, porque fue la primera que tocaron.

¿Veía que el enojo de los ganaderos terminaría trasladándose a todos los demás productores?

—Sí. Sinceramente, yo soy antiparo totalmente. Pero veía el enojo. Tuve diferencias con mi gente, también: algunos llegaron hasta a tratarme de traidora. Vi que el tema ganadero no iba a tener solución porque Kirchner no estaba dispuesto a tomar la decisión política, que era salir y decirle a la gente: “Señores, llegó la hora del asado en la Argentina (N. de la R.: en Uruguay se promueve el consume de asado para exportar los otros cortes más demandados). Lo que toda la vida añoramos los argentinos. Porque es histórico lo que nos pagan internacionalmente por la carne, vamos a crear fuentes de trabajo, a mejorar los salarios; pero señora, olvídese del lomo, olvídese del peceto, olvídese de esos cortes”. No quiso tomar esa decisión política. Ahí supe que iban a venir por todos.

Duhalde dijo que hay doble comando porque Cristina “no está en condiciones de gobernar”. ¿Como mujer y dirigente, la ofendió lo que dijo?

—No me ofende, yo creo hasta ahora, en estos cien días, a mí me parece que no, que no está en condiciones de gobernar. Gobernar no es solamente ir hacia adelante a ciegas; gobernar es también, en algún momento, saber retroceder.

Hace dos años usted dijo que los productores rurales tenían “miedo a que se destruya nuevamente al país”. ¿Cómo es hoy?

—Se incrementó. Terrible. Esto es una pesadilla. Y vuelvo a repetir lo que siempre digo. No fue hace veinte años. Los que hoy estamos acá hace siete años, o cinco, prácticamente no teníamos cómo hacer para que nuestros hijos pudieran educarse. ¿Cómo hacíamos para continuar acá, sin infraestructura, sin nada? La herida había dejado de sangrar, pero la cicatriz estaba demasiado afuera. ¿Sabe cuál es la diferencia entre ese momento y ahora? Que en aquella época, en la era del pensador riojano, no estaba esta oportunidad. Esta oportunidad es la que el campo esperó una vida.

¿Por qué no estaban estos precios internacionales?

—En los años noventa, cuando hubo que dar un giro a la economía y todos sabíamos que la convertibilidad ya no daba para más, el gobierno se empecinó, como ahora. Cuando el país se prendía fuego, dijeron: “Señores, la gente se muere de hambre, estamos al borde una guerra civil, ésta les salió bien a ustedes (por la devaluación al campo), hay que aportar”. Y nosotros aportamos. Cuando acá, en los noventa, no podíamos llegar al pueblo más de una vez porque no tenías dinero para cargar gasoil, cuando se nos fueron cien mil compatriotas nuestros (a las ciudades) que ya no van a volver nunca más…

En Pellegrini, ¿se fueron muchos?

—Sí, mis vecinos de antes ya no están más. Se fueron. Los que quedamos fue porque fuimos un poquito más conservadores, teníamos un crédito que habíamos tomado, chiquitito y si no llegaba Duhalde, en un año más no había alternativa. Ya nos íbamos todos. El campo hace esa siembra gruesa (en 2002) que termina siendo la salvación de esta patria porque dijo: “Me queda la última ficha y me la voy a jugar, voy a morir de pie”. La jugó y salió como salió. Entonces, muy bien, salvamos el campo. Pero como al país le había ido mal y cada vez que nos fue bien vinieron por algo, nos pidieron una mano. Siempre es la misma historia. Entonces después, el país queda hecho pedazos y otra vez ustedes, boyscout, vamos, otra vez a poner en marcha esto. Sí, somos los boyscout de la patria. Nos terminamos convirtiendo, con las retenciones, en la columna vertebral de la economía. Yo lo que pregunto, cuando un ministro sale y dice: “El campo tiene que compartir con los ciudadanos de esta patria sus ganancias”, yo le pregunto: “Ministro, durante todos estos años, ¿qué hizo con lo que le dimos o usted nos sacó (como le guste)? Si usted no lo compartió con la patria, que la patria lo demande a usted; pero no me venga a decir a mí que yo no lo compartí, yo se lo di para compartir con la patria”. Una retención que empezó en el 8% y que hasta hace pocos días la tuvimos en el 36%. ¿Dónde está esa plata?

En la Rural de agosto pasado, su presidente, Miguens, dijo que el Gobierno “era ciego e incompetente” y llamó a no votar por el oficialismo en las elecciones de octubre. Pero luego en todas las zonas rurales Cristina Kirchner obtuvo el 45% de los votos, el doble que el segundo más votado, mientras que en los grandes centros urbanos ganó la oposición ¿Por qué se quejan tanto si votan por el oficialismo?

—Nosotros tenemos una reina acá, que se llama naturaleza. Y es todopoderosa. Comenzamos con el tema de la agricultura, la soja. Llegaron los inversores. Un día vino un señor y dijo: Quiero arrendar a tanta cantidad de dólares por hectárea sin riesgo alguno, el riesgo es mío, yo le doy la plata ahora, un año antes, usted no tiene más problema. Jamás había sucedido. Entonces, el productor dejó de arriesgar, se encontró con dinero en el bolsillo, se encontró que no tenía que mirar ni para arriba ni para abajo rezando para que toda salga bien, ni viendo cuánto le salía producir hoy una hectárea de verdeo, se olvidó del riesgo (climático), que es lo más grande que tiene esta empresa sin techo. Estamos los que no lo vimos así. Lo que no vimos esta película de esta manera, que fuimos los menos, no votamos a este Gobierno. Pero todos los demás, sí.

O sea, le fue bien al campo y por eso la votaron.

—Le fue bien al campo y por eso la votaron. Pero, ¿por qué? Porque a la mayoría del campo lo llevaron al cortoplacismo en el que vive este Gobierno.

Entonces, cuando los dirigentes como Miguenz se quejaban en agosto del año pasado y recomendaban no votar por Cristina, en realidad no representaba a las bases en aquel momento. Era una cuestión de los dirigentes pero no de las bases. Las bases eran kirchneristas.

—Exactamente. Entonces cuando muchos productores me decían: “Por qué ustedes no quieren hacer una movilización”, era porque sabía que cuando yo mirara para atrás, venían dos atrás mío...

¿Se invirtieron los roles y hoy las bases están más críticas del Gobierno que los propios dirigentes rurales?

—Hoy las bases pasaron por encima a la dirigencia. La dirigencia colapsó.

¿Qué diferencias había entre Luciano Miguens de la Sociedad Rural, Mario Llambías de Confederación Rurales, Fernando Buzzi de Federación Agraria y Fernando Gioino de Coniagro, que ante esta crisis desaparecieron?

—Bueno, es una de las cosas que como mujer no voy a entender nunca. Un campo argentino con cuatro representaciones. Las vacas son las mismas, los granos son los mismos, las problemáticas son las mismas. Lo veo como algo muy machista. Ahí falta grandeza.

¿Cree que el hombre es más orgulloso que la mujer, que si se tiene que tragar un sapo se lo traga?

—Se lo traga, sí, sí, sí. Porque lo que quiere es la meta. Es el objetivo.

¿Cristina Kirchner se parece más a un hombre, en ese aspecto?

—Y sí, la verdad que sí.

¿“Hicieron enojar a un manso” como se dijo en el acto ruralista de San Pedro?

—Sí, siempre digo eso. Esto es lo mismo que cuando se hace enojar al caballo manso que uno tiene en el campo. El que te acompañó durante años. Se hizo manso porque ya le reconoce en la piel, en el olfato, en el habla. Pero yo lo monto un día y le pego, y le pego al otro día, y al otro día. Y el animal se da cuenta que soy injusta. Entonces la reacción del manso, su golpe va a ser el peor golpe. No el del caballo más furioso, no: el del manso que además te agarra desprevenido.

Escuché en la Sociedad Rural de Pellegrini que no sólo piden que renuncie el secretario de Agricultura, Javier de Urquiza, sino también y especialmente el ministro de Economía. Observé algo puntual con él, ¿sin la renuncia del ministro o un pedido de disculpas por haberlos llamado “oligarcas” el campo no levantará la protesta?

—No. La irritación con el ministro es muy grande, pero a mí me parece que con una renuncia tampoco alcanza. Aquí, no sólo hay que dar marcha atrás con las retenciones. Hay que sentarse en una mesa de diálogo convocada por el Gobierno. Tiene que tener grandeza y decir: “Bueno, en algo tengo que haber fallado, ¿no?”.

¿Tiene que pedir perdón?

—No, perdón no. Decir: “Bueno, a ver, mientras esta gente está en la calle que venga la dirigencia y que nos diga qué pasa, qué quieren, cómo podemos arreglar las cosas”. La Presidenta dijo que en estas condiciones de ninguna manera. Bueno, el productor para atrás no vuelve. No sé hasta dónde va a llegar esto. Porque usted vivió la furia del productor, no se lo cuento yo.

¿Haberlos llamado “oligarcas” ofendió?

—No, porque no sabemos lo que es. A mí particularmente, y a la mayoría, nos causa gracia. A lo mejor hablan de algún estanciero, pero acá no quedan grandes estancieros. Los campos se fueron fraccionando y demás, nosotros acá siempre hemos tenido buenos recuerdos de esa gente, muy colaboradores con las instituciones, han dado siempre fuentes de trabajo. A nosotros lo que nos duele es cuando nos tratan de avaros, de insensibles.

¿Qué tamaño tenían esas grandes extensiones de los estancieros de dos o tres generaciones atrás?

—Diez mil hectáreas era una unidad de alguien importante acá. Queda muy poco. Pero si vamos a esa imagen de oligarca, bueno... creo que son esta nueva oligarquía que ha fomentado y ha fabricado la política.

¿Cuál?

—La de los políticos, sindicalistas. No es de campo.

¿Hay un problema de lenguaje: “oligarquía vacuna”, “reyes de la soja”, “terratenientes”, “burguesía del interior”, “piqueteros de 4x4”?

—Creo que este gobierno maneja estas cuestiones aprovechándose de la poca capacidad intelectual. Lamentablemente, en este país eso cada vez abunda más.

¿Efectismo discursivo?

—La falta de educación provoca la falta de cultura. Cuando hay falta de cultura, ya no puedo darme cuenta de quién es usted. Ahora, esta constante decadencia en la educación, este deterioro permanente, no es casual. Y no empezó con la era Kirchner, claro. Esto viene desde hace muchos pero muchos años.

En el Juzgado Federal de Junín se abrieron dos causas por infracción al artículo 194 que pena a quienes “entorpecieren el transporte por tierra, agua o aire”. ¿A qué atribuye que frente a otros cortes de ruta la Justicia no haya reaccionado de la misma manera?

—Mire, durante mucho tiempo me negué a creerlo, pero debo darle la razón a mi gente: este gobierno tiene un problema con el campo. Un problema de piel, un resentimiento.

¿La Justicia es independiente?

—La Justicia no es independiente, ¡qué va a ser independiente! Si la Justicia fuera independiente no estaríamos como estamos.

El ministro Lousteau dijo que ustedes realizan un “piquete patronal”. ¿Todos los piquetes están mal o hay piquetes políticamente más correctos que otros?

–Si el ministro lo que quiere decir es que solamente en el piquete estamos los patrones… no sé qué querrá decir.

Mi pregunta es si hay piquetes buenos y piquetes malos, dependiendo de quién los haga.

—Si tengo que ser sincera, tengo que decir que no están bien. Están todos mal. Lo que pasa, insisto, es que hay que ver hasta dónde se dejaron llegar las cosas...

Alberto Fernández dijo que no negociará con “extorsionadores”. ¿También el jefe de Gabinete es persona no grata para los ruralistas?

—Y, yo le diría que paren, que cambien el lenguaje porque esto no es una pelea callejera. Esto es un problema serio.

Cuando hace dos años el Gobierno prohibió la exportación de carne para que los precios en el mercado interno bajaran, usted vaticinó que los precios volverían a subir. A pesar de aquella prohibición los precios aumentaron el 70% en dos años, más que la inflación, ¿por qué?

—El 70% en la góndola, para el consumidor; pero no para los productores. Porque a nosotros nos pusieron los precios de referencia, o topes. Pero la industria hizo lo que quiso. Entonces, ¿hay un solo culpable, que es el Gobierno? Yo diría que hay un responsable. Pero hay varios culpables. La industria fue una. La industria fue cómplice. Porque el Gobierno le hizo semejante transferencia de divisas que ahí está. Acá hay dos grandes perjudicados: los productores y los consumidores.

¿Ese resultado fue un fracaso del secretario de Comercio, Guillermo Moreno?

—No, yo creo que Moreno ha sido el funcionario más fiel que ha tenido el presidente. El que decidió esa política fue Kirchner.

¿Me equivoco o a usted le quedó afecto por Moreno?

–A mí no me quedó afecto por Moreno. Me quedó el respeto por un funcionario que me dijeron que recibió a todo el mundo con un revólver arriba de la mesa pero conmigo fue totalmente distinto. No hizo nada de lo que yo le dije, es cierto, pero jamás me faltó el respeto.

¿A Ud. le gustan los duros, porque se siente identificada con ellos? ¿Le resulta simpático Moreno porque va de frente?

—Lo que va es equivocado, totalmente.

Pero a pesar de eso, su frontal sinceridad lo acerca.

—Mire, yo no sé si me acerca. Yo lo que digo es que a mí me citó un día, a las 9 de la noche; dijo: “Que venga la Quiroga a la Secretaría”. Miré a mi gente y le dije: “No, si el secretario de Comercio quiere verme, que venga acá y vamos a coordinar entre los dos el horario. A mí, paisana, de atropellada no me va a arriar nunca”. Así fue, coordinamos al otro día a las diez de la mañana. Llegó, abrió su abrigo y me dijo: “No traigo revólver”. Le dije: “Me alegro mucho, acá tenemos encendedores y teléfonos celulares, nada más”. Me miró y dijo: “Usted, se me va de la prensa”. Y yo le respondí: “No me dé órdenes. Vamos a hacerla más sencilla, Moreno; usted hace lo que nosotros le pedimos para terminar con este conflicto y yo no me voy, usted me saca: los fotógrafos y los periodistas se van para su casa, yo para la mía”. Y ahí comenzamos, creo, una relación que llegó incluso a adelantar el primer paso; recuerde que el primer cierre de exportaciones fue de 180 días. Así lo dictaminó la resolución. Y el 26 de mayo el presidente me recibió a mí y después a todas las entidades; y se hizo la primera apertura de las primeras toneladas de exportaciones. Hasta ahí trabajé con Moreno. A partir de ahí no pude coordinar más nada porque estábamos muy lejos de poder avanzar.

En... (ella interrumpe).

—Disculpe, quiero redondear lo de Moreno. Pienso que si este hombre le falta el respeto cara a cara a alguien es porque el que está enfrente se lo permite. A mí no me lo va a faltar ni Moreno, ni el presidente, como cuando me dijo: “Usted es una avara insensible”. Yo sentí que me lo dijo a mí, a mi marido y a mis hijos, y yo le dije: “Pará, vos serás el presidente de la Nación pero yo no soy ninguna avara y ninguna insensible”. Yo respeto, en tanto se me respeta.

¿Por qué los argentinos comemos cada vez más carne, 75 kilos por habitante por año, el 50% que el segundo pueblo que más consume que es el norteamericano?

—Porque el ama de casa, cuando hace cálculo, lo que más barato le resulta es la carne. Para el ama de casa tiene más rendimiento un kilo de milanesas que un pollo.

A pesar del aumento del 70%.

—Sin duda. Porque el pollo también aumentó, entonces no compensa lo que rinde en una mesa un pollo, con un kilo de carne picada, que cuesta seis o siete pesos y podría valer menos.

¿Hubo falta de solidaridad de los cerealeros con los ganaderos y ahora les tocó a ellos?

—Fue así. Primero vinieron por el de enfrente, después por el vecino y ahora vinieron por mí. Esta es la realidad.

¿Esta protesta tiene la envergadura del cacerolazo de fines del 2001, como dicen muchos ruralistas?

—No sé, lo que veo es que enojaron a todo el mundo, a todos. A los productores, a los trabajadores rurales, porque en las rutas están nuestros trabajadores también, a los comerciantes...

¿Cómo termina esto?

—Si el Gobierno endurece los discursos y no llama a un diálogo adulto, así como están planteadas las cosas creo que puede llegar a terminar muy mal. Nosotros, los productores, sabemos que estamos a muy pocos días de que comience a haber un desabastecimiento.

¿Qué es lo que puede pasar?

—A lo que le tengo miedo es que algunos ya comenzaron a intentar avanzar por el Acceso Oeste. Uno de los accesos importantes. No eran muchos, unas doscientas personas, con herramientas. Pero más de uno está pensando en que hay que avanzar para allá si esto no para. Entonces, yo digo: ¿qué pretenden? ¿Qué un productor se convierta en asesino? ¿Hasta dónde quieren llegar? ¿A que el campo cargue con un asesino, con un muerto? Porque fíjese que ha ocurrido ya, en Neuquén con un docente. Entonces, yo le preguntaría al Gobierno: ¿hasta dónde quiere llegar? ¿Por qué no soluciona las cosas ahora?

¿Imagina actos violentos?

—Yo le tengo mucho miedo. Y... ya habido algunos. No de lamentar muertos, pero ya ha habido actos de violencia. Ya ha comenzado. Repito... hicieron enojar a un manso.

¿Imagina una confrontación de piqueteros del Gobierno y camioneros contra manifestantes ruralistas?

—Y, mire, si el campo decide avanzar hacia la gran urbe, yo no lo descarto. Recuerde que el año pasado un grupo de piqueteros llegó al mercado de Liniers. Y gracias a Dios se pudo parar, se hizo recapacitar a esa gente, que se volviera, pero la gente que estaba adentro estaba dispuesta a salir. Yo le diría que no es tan sencillo pelear con un manso.

¿Que tengan cuidado?

—Y esto no es amenaza, por favor. Es tratar de entender, de ver si se puede destrabar con adultez, con reflexión, con grandeza este conflicto.

—“Aflojar, nunca; seguir luchando, siempre”, dijo Miguens en San Pedro. ¿Es así, o la calentura del campo irá cediendo con los días y lo que ahora se está viviendo es la espuma de la cerveza?

—Eso no se lo puedo contestar. Pero me parece que va aumentando. Cada vez más. Usted piense que la gente salió a la calle sin la dirigencia.

Ayer decían en la Sociedad Rural que con las cacerolas salieron a decir que se vayan todos y después se quedaron todos. ¿Será un grito y nada más?

—Yo tengo mis dudas.





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