Catedra: Voloschin 1º Cuatrimestre 2008 proyecto de investigacióN



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300 Gualeguaychú

“¡Necesitamos otro Urquiza!”, gritaron de allá atrás. “¡Esto es otra vez unitarios contra federales, los burócratas de la ciudad contra los del interior!”. Uno de los que me rodeaban me explicaba: “Aquí no hay ninguna agrupación agropecuaria que esté organizando este corte de ruta. No nos sentimos representados, somos nosotros solos, los de 9 de Julio, los que decidimos cortar la ruta. Los dirigentes pidieron que interrumpiéramos la protesta durante la Semana Santa y no vamos a hacerles caso, la vamos a seguir a muerte. Si esta vez nos vuelven a pasar por encima, la próxima directamente nos liquidan”.

En 9 de Julio, a 260 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, se está produciendo desde las 6 de la mañana uno de los trescientos cortes de rutas no coordinados entre ellos, con los que los productores agrarios de todo el país se sublevaron no sólo contra el Gobierno sino también contra sus dirigentes que les piden mesura.

—¿Por quiénes votaron en las elecciones de octubre último para presidente?

—Aquí ganó Cristina con el 45%, pero si hoy pregunta, nadie la votó...

Otro de los manifestantes agrega: “El marido nos había puesto las retenciones, incluso las últimas antes de irse, en diciembre. Pero ahora es distinto, es ella y ese chico, el ministro, que necesita hacerse notar. Cuando ayer escuchamos lo que decía, más veneno nos dio, más gente se sumó al paro. Cada día somos más y vamos a seguir después de los feriados también. Sólo dejaremos pasar autos, pero camiones con comida... ni uno solo”.

Visiblemente emocionado y con el gesto crispado, otro de los manifestantes dijo: “Nos quieren robar la vida, estamos cansados de que tengamos que ir a la Capital para atendernos en un hospital o nuestros hijos tengan que irse allá para estudiar. ¿Por qué? Nos sacan los ingresos que debe manejar nuestro municipio. A 9 de Julio estas retenciones le sacan 270 millones de dólares que se van para el Gobierno nacional mientras que el total del presupuesto de todo el Gobierno local de 9 de Julio son 12 millones ¿A usted le parece?”.

El corte dura 45 minutos por hora y deja pasar autos, aunque ningún camión cargado hacia Capital, durante 15 minutos. Al borde de la ruta, detenidos, varias decenas de camiones de La Serenísima.

—Al igual que en 2007 y 2006, Moyano advirtió que Camioneros no permitirá los cortes a los que llamó “lock out” patronal. ¿Qué pasará cuando grupos de camioneros quieran perforar sus cortes?

—Moyano es un caradura. El tiene un campo aquí, muy cerca, de cuatro mil hectáreas. PERFIL lo denunció en tapa. Además, aquí en el interior, Moyano no tiene el mismo poder que en las grandes ciudades, donde hay empresas con centenas de camioneros como empleados. En el interior, muchos de los camiones los manejan sus propios dueños o un pequeño grupo de empleados. Esta vez va en serio, señores, nos metieron el dedo en el culo.

Horacio, el marido

—¿Es difícil estar casado con Analía Quiroga?

—Primero no hay que ser celoso; en el campo los hombres somos muy machistas pero cuando uno tiene una mujer así, hay que cuidarla.

Horacio Burlo hace 28 años que es el marido de Analía; se llevan diez años: ella tiene 48 y él 58. Tienen dos hijos: Gastón, de 27 y Mercedes, de 21. Su familia tenía un campo en Carlos Pellegrini pero él vivía en Buenos Aires. “Tuve mi época de travesuras; me casé muy joven, a los 21, con otra mujer; llegué a tener un hotel alojamiento en Morón; después mi divorcié y como tenía que encarrilar mi vida, decidí dejar la ciudad y venirme al campo. A Analía la conocí cuando ella tenía quince, era la más linda del pueblo y siempre me acercaba pero ella ni me miraba. Luego se fue a estudiar odontología a Buenos Aires y cuando volvió a Pellegrini durante unas vacaciones, logré que me prestara atención y no la dejé escapar: además de ser la más linda es muy inteligente, con un corazón como no hay otra (se emociona y sus ojos se empañan con lágrimas).

—¿Pensó alguna vez vender el campo y volverse a vivir a Buenos Aires?

—Ni loco. Cada vez que voy a la Capital me siento un extraño. Un día caminando por Florida, al ver a esa gente que duerme tirada en la calle, tuve el impulso de levantar a uno, ayudarlo. Me frené y vi que todos seguían caminando como si no existieran. “Van a pensar que estás loco”, me dije. Me hace mal, así que trato de no ir.

—¿Cómo ve usted el conflicto del campo?

—No tengo las mejores palabras, así que pido disculpas anticipadamente por mi vocabulario, pero pienso que esto termina en guerra civil. ¿Vio que no tengo las palabras justas? Los de mi edad ya estamos jugados, pudimos hacer más que esto. ¿Quién iba a imaginar que en un país como Argentina, iba a venir un loco tuerto –no debería hablar yo...–, que se le iba a ocurrir un día prohibir la exportación de la carne... Nuestro sueño ya lo destruyeron. Mire, nosotros estamos luchando por la próxima generación.

Empanadas de pescado

“Es una lástima que no podamos hacerle un asado pero hoy es Viernes Santo y no se puede”. En la modestísima mesa del monoambiente que hace de living, comedor y cocina nos sentamos Analía, su esposo, su hijo, un amigo del hijo, el fotógrafo y yo. Gastón, que estudia veterinaria y es el responsable de las cuentas familiares, cuenta: “En 2007 las ventas de hacienda totales de este campo fueron 400 mil pesos; sáquele los cotos y los impuestos y verá que no nos queda ni para pagar los sueldos de los peones. Es así: acá, cada uno de la familia tiene que hacer un poco de todo”.

Distendida, Analía cuenta que Moreno la llama “pebeta”, que “no es un mal hombre: es un personaje, hace peregrinaciones a Luján y es el más fiel funcionario que tiene Kirchner. El problema es que está convencido de que con este modelo se controlará la inflación”. Interviene el hijo de Analía: “Mamá... es mucho más fácil que vos aprendas economía que él aprenda cómo caga una vaca... Mire, aunque Moreno con ella siempre fue muy afectuoso, sabemos que ha tenido actitudes vergonzosas como cuando en una reunión en el Mercado de Liniers apoyó una pistola en la mesa e hizo sacar con sus custodios a un dirigente rural que lo contradijo. Muchos se lo bancan porque no tienen un pasado limpio y Moreno sabe todo sobre ellos. Para poder enfrentar al Gobierno hay que tener la frente muy limpia, señor.

—¿Por qué la fama no la tentó, Analía?

—Faltaban días para el cierre de listas en las últimas elecciones y Lavagna me dijo: “Dígame, ¿qué quiere para integrar nuestra lista?, ¿incluso ser candidata a vicepresidenta?”. Pero nunca me la creí. Una vez, en la tapa de los personajes del año de Gente, estaba Susana Giménez a los gritos, entró Charly García tirando todo y yo le pregunté a Pacho O’Donnell: “¿Qué hacemos acá?”. Estaba por irme cuando se acercó otra de las invitadas con una estampita que alguna vez me había enviado el obispo Piña y me dije: “Bueno, no son todos tan distintos a mí”. Entonces decidí quedarme.

Analía confiesa su temor de que el Gobierno, si se agrava la protesta, utilice al Banco Provincia, donde la mayoría tiene cuenta, para castigar a los que paran perdiendo la posibilidad de girar en descubierto y así quebrarlos por el lado financiero. Interrumpe Gastón: “La gente de campo no tiene cara para deber ni una masita”.



“Ojalá nadie afloje –continúa Analía–, siempre digo que tenemos que hacer como las vacas, que en el campo están separadas, cada uno por su lado; pero cuando ven que viene una tormenta se amuchan todas, una junto a otra, para enfrentarla unidas”.


1 Archenti, Nélida. Las mujeres y el poder. De la lógica del príncipe a la lógica de la acción colectiva. Buenos Aires, Fundación Friedrich Ebert, 1992. Pág 85.



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