Capitulo I



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Una teoría que reduzca el origen de los padecimientos de la existencia a una casualidad orgánica, susceptible de una respuesta química, deviene especialmente funcional para los objetivos de la sociedad globalizada, regida por el llamado capitalismo salvaje. Una concepción del hombre acorde con los intereses político – económicos qué rigen la lógica del mercado. Dentro de este panorama la concepción de sujeto sustentada por el psicoanálisis unido a una praxis que aborda el sufrimiento a través de la palabra como modo de interrogar y elaborar su origen, resulta, aun hoy, subversiva. Sobre todo en la medida en que ese origen remite al inconciente, a la sexualidad, a la muerte, a la represión, al sentimiento de culpa.
LAS AFIRMACIONES FUNDAMENTALES:
La primera de las afirmaciones que realiza el psicoanálisis se opone a la aceptación de la identidad entre lo psíquico y lo conciente, ya que esta concepción le atribuye a la conciencia la función de unificación e identidad que otorga conciencia de si e intencionalidad a los actos que un sujeto realiza. Si se parte del presupuesto de que el psiquismo es la conciencia, a todos los actos que realiza un sujeto en tanto están afectados por la influencia de lo “psíquico” se les supondrá también la cualidad de la conciencia y por lo tanto se los considerara productos de la voluntad y la intencionalidad propias de la conciencia. El psiquismo, desde esta perspectiva, se homologa a la conciencia, es la conciencia. En consecuencia se perfila una concepción de sujeto que lo presenta como alguien que sabe de si y que dirige sus propios actos.

Freud sostendrá el interrogante en torno a estos fenómenos que se presentan como lo opuesto a lo que podría nombrarse como efecto de la voluntad conciente de un sujeto.

Se trata entonces de actos que el sujeto realiza contra su voluntad, sin que nadie lo obligue por ello, que le provocan displacer, y no pueden ser evitados, ni siquiera explicados por el. ¿Cómo sostener aquí la voluntad, la conciencia y la intencionalidad? ¿Podemos negarles sin embargo ser considerados como una manifestación de la vida psíquica?

El olvido temporal de los nombres propios, los sueños, los lapsus o actos fallidos, los chistes son fenómenos que tienen un sentido, que responden a una legalidad que los vuelve abordables no solo a través de la teoría sino también por la práctica psicoanalítica ya que lo que en ellos se deja oír atañe al sujeto. La puesta en serie de estos fenómenos permite observar que los mismos comparten ciertas características: en principio no pueden ser atribuidos a la intención conciente del sujeto e implican un decir o un saber que indica un punto de fracaso respecto de la voluntad.
Los procesos psíquicos son en si mismos inconscientes, y que los procesos concientes no son sino actos aislados o fracciones de la vida anímica total. Existe un pensamiento y una voluntad inconsciente.

Freud sostiene la existencia de un pensamiento que se piensa sin un pensador que se reconozca como tal, es decir, la existencia de un saber no sabido por el sujeto de la conciencia, que ejerce consecuencias en la vida de la persona, un saber que, el sujeto, “no sabiendo que lo sabe, cree ignorarlo” “esto es lo que Freud descubrió y decidió llamar inconsciente”.

La segunda afirmación: “Determinados impulsos instintivos que únicamente pueden ser calificados de sexuales, desempeñan un papel en la causación de las enfermedades nerviosas y psíquicas...” Cadenas de pensamientos que se piensan en una escena que no es la escena de la conciencia, gobernada por otra lógica, entramados a la sexualidad. Ajenos a su intención conciente pero, sin embargo, íntimamente ligados a los deseos del sujeto. Sexualidad se la presenta portando el poder de generar sufrimiento, de ser la causa de perturbaciones anímicas, pero también de intervenir en las creaciones artísticas y culturales.
Inconsciente, sexualidad y lenguaje son los pilares de la teoría psicoanalítica.
PSICOANALISIS Y LENGUAJE:
Freud presenta al tratamiento psicoanalítico como un “intercambio de palabras entre el paciente y el analista”. La teoría psicoanalítica, repara de modo especial en el hecho de que los seres humanos son los únicos seres vivientes que habitan en un universo marcado por el lenguaje. Esta característica incide de un modo singular en la realidad humana. La realidad se funda y se sostiene en las palabras que provienen de ese Otro. Palabras que marcan el cuerpo del niño y de las que este se ira apropiando a través de un largo y complejo proceso de subjetivacion. Que el hombre esté atravesado por los efectos del lenguaje, que su cuerpo este sometido a la incidencia de lo simbólico tiene efectos, entre ellos que su realidad no es ya una realidad meramente biológica, y es esta peculiaridad, la de ser seres hablantes la que, entre otras consecuencias, sostiene la existencia misma del inconsciente.

Así la relación del sujeto al mundo esta determinada por su peculiar relación con el lenguaje, el mundo que habitamos es un mundo signado por palabras y las palabras no solo posibilitan la ilusión de la comunicación entre los humanos sino que además y fundamentalmente tiene efectos sobre su psiquismo, sobre su constitución. En ocasiones el mismo Freud define al psicoanálisis como cura por la palabra, ya que sostiene que a través de las palabras se puede aliviar el sufrimiento psíquico.


CONSTRUCCION DE LA TEORIA:
En sus primeras conceptualizaciones supone un aparato regulado por un principio, el de constancia, que busca mantener al aparato libre de tensión, para ello se intenta tramitar todo aquello que incremente la tensión, ya sea por la vía asociativa, es decir la elaboración psíquica o la descarga que se logra mediante una acción motriz.

Toda impresión que el aparto psíquico tiene dificultad en resolver por medio del pensamiento asociativo o de la reacción motriz se convierte en un trauma psíquico. A su entender los síntomas son causados por un trauma psíquico.

El objetivo de la cura, era entonces, recuperar el recuerdo del suceso que había quedado totalmente fuera de la memoria conciente del paciente. Estos recuerdos correspondían a traumas que no habían sido descargados suficientemente por reacción, por lo tanto estas representaciones devenían patógenas. El método, en los comienzos, intentaba anular la eficacia de la representación no descargada, permitiendo por medio de la expresión verbal liberar el afecto que había quedado estancado, al recuperar el recuerdo.

Freud plantea que el hombre encuentra en la palabra un sustitutivo de la acción, por lo tanto, a través de la palabra el afecto puede ser descargado, lográndose así la tramitación psíquica que en su momento fracaso.
La hipótesis auxiliar de Freud supone la posibilidad de la separación entre la representación y el afecto correspondiente, lo que permitirá la sustitución entre las representaciones. Esta hipótesis le permitirá ubicar el mecanismo que sustenta la formación de síntomas.

Freud advierte prontamente las limitaciones del método catártico y señala las insuficiencias, ya que a pesar de permitir el descubrimiento de los traumas iniciales que dieron lugar a ciertos síntomas, estos persisten pues acabaron por no depender de los mimos sino de una larga cadena de recuerdos a ellos asociados. El efecto terapéutico era considerable pero poco duradero pues dejaba intacta la capacidad del paciente para enfermar bajo la acción de nuevos traumas. Produce entonces un cambio en el dispositivo al hallar una vía que permite sustituir la utilización de la hipnosis: “las ocurrencias del paciente”, es decir pensamientos involuntarios que perturban el relato intencional y que en general son refrenados por el paciente.

Considerara que estas ocurrencias surgen de los productos psíquicos reprimidos. Esta modificación en la técnica dará lugar al método psicoanalítico propiamente dicho, caracterizado por la utilización de la asociación libre, como vía de acceso a los pensamientos inconscientes. El procedimiento que permite avanzar desde las ocurrencias hasta lo reprimido, sin recurrir a la hipnosis, volviendo asequible lo inconsciente es denominado Interpretación.

Las tareas del método psicoanalítico son: suprimir las lagunas en el recuerdo y esclarecer los efectos enigmáticos de la vida psíquica; esto imposibilita la prosecución de la enfermad y su neoformacion. Sin embargo el inconciente es estructural y por tanto un estado ideal donde todo lo inconsciente se vuelva conciente es imposible.


La clínica freudiana descubre una fuerza que impide el surgimiento de los recuerdos, obligándolos a permanecer inconscientes; la Resistencia. Al proceso que expulsa de la conciencia a determinadas representaciones lo denominara Represión. La represión opera toda vez que surge una “optación (deseo) contraria a los demás deseos del individuo y que, por tanto, resultaba intolerable para las aspiraciones éticas y estéticas de su personalidad”. Surge, entonces, un conflicto, resultado de deseos encontrados, la represión del deseo intolerable es un modo, no sin consecuencias, de intentar ahorrar el displacer que este conflicto ocasiona. La represión será planteada a lo largo de la obra de Freud, como un mecanismo estructural del aparato psíquico que se lleva a cabo de un modo inconsciente para el sujeto.
Freud establece la técnica de la Asociación libre como camino de acceso al inconsciente. El mecanismo psíquico que opera no solo en la producción de síntomas sino en todas las formaciones del inconsciente, responde a una legalidad, esta legalidad es la legalidad propia del inconciente, la cual se expresa a través de dos leyes: desplazamiento y condensación.

El desplazamiento implica que la carga o montante de afecto de una representación, que resulta hiperintensa para el aparato, se separa de la misma y pasa a investir, es decir, queda asociada a otra representación originalmente poca intensa. La representación hiperintensa o inconciliable es reprimida pero el afecto permanece enlazado a una nueva representación sustitutiva.


La condensación que supone al desplazamiento como condición, permite que en una única representación confluya el montante de afecto de varias representaciones.
Los enlaces se producen siguiendo cadenas de representaciones en las que preponderan la similitud fónica, este tipo de asociaciones que no sigue un entramado conceptual, y en las que lo determinante es la homofonía se denomina asociación externa, a diferencia de las asociaciones internas que se establecen de acuerdo al sentido. Freud a pesar de no disponer de los conceptos lingüísticos que distinguen el orden del concepto – significado – del orden de la materialidad fónica de la palabra – significante – muestra esta característica de las palabras.
La representación sustitutiva, vía el desplazamiento del montante de afecto soportado en el equivoco significante, oculta e indica la existencia de una representación inconciliable (reprimida). De lo reprimido solo podemos saber por su fracaso, es decir, por lo que retorna de lo reprimido. El fracaso de la represión se manifiesta en las formaciones del inconsciente. Las formaciones del inconsciente, la insistencia de ciertos significantes en el discurso de un paciente constituyen puntos privilegiados para la práctica analítica ya que al quebrar la intencionalidad que habitualmente comanda al discurso develan la marca de lo reprimido.
PRACTICA ANALITICA:
El síntoma es la expresión simbólica de un conflicto psíquico. La cura no consiste en la desaparición de los síntomas sino que implica una modificación en la posición subjetiva del analizante, una modificación en la disposición a desencadenar una neurosis.
PSICOLOGIA DE LA DISOLUCION SOCIAL:
Tanto Le Bon como Tarde plantean la teoría del “contagio social”. Lo cual quiere decir que en una multitud se supone un agente patógeno actuando, como “cabecilla”. La psicología social – para Le Bon – tendría que actuar preventivamente elaborando las vacunas que alerten el sistema inmunológico del Estado, en tanto que la represión equivaldría a la acción drástica del suero. La educación, fue junto a la familia, un ariete en la formación de los cuerpos dóciles que debían adaptarse como engranajes al cuerpo social mayor.

Sin embargo, tanto Freud como Carlos Marx, desde perspectivas diferentes, descubren que las determinaciones están dentro del cuerpo social y no responden a agentes exteriores (ni virus, ni bacterias); y lo que se sustrae a las determinaciones no es una determinación mayor o un enemigo externo, sino lo indeterminado de la vida. Contra ella y no contra forasteros malévolos intenta defenderse una sociedad disciplinaria.

Una sociedad disciplinaria, que con la anatomía del detalle pretende potenciar un funcionamiento que no contempla lo indeterminado de la vida, se asume como un cuerpo muerto; mientras que el espectro es lo indeterminado de la vida que retorna más allá del cuerpo, a saber, la masa subversiva.

Freud se ocupa de pensar la sociedad disciplinaria a partir de las estructuras del estado moderno, a las que llama “masas artificiales”. Para eso pone como modelos de estas últimas a la Iglesia y el Ejército.


MASA ARTIFICIAL:
En la vida anímica individual aparece integrado siempre, efectivamente, el otro, como modelo, objeto, auxiliar o adversario, y de este modo, la psicología individual es al mismo tiempo y desde un principio psicología social.
La negatividad señalada por Kant como la limitación al conocimiento que impone la Cosa en si, Hegel la reubica en la antitesis como negación y en la síntesis como negación de la negación. De tal manera la certeza de si es el resultado de la negación del ser objeto, la coseidad, que por superar el ser otro del objeto es una autoconciencia, o sea una conciencia solo para el yo. Así el de si de la certeza cartesiana, queda reformulado en la autoconciencia hegeliana como una abstracción. La autoconciencia no puede realizarse más allá del yo sin el reconocimiento de otra autoconciencia. Formulado el lugar del Otro como abstracción, Hegel plantea la ínter-subjetividad en los términos de la dialéctica del amo y del esclavo.
La identificación es conocida en el psicoanálisis como la manifestación mas temprana de un enlace afectivo a otra persona, y desempeña un importante papel en la prehistoria del Complejo de Edipo. El niño manifiesta un especial interés por su padre; quisiera ser como el y reemplazarlo en todo”. Allí (“donde era ello”), en esta primera relación afectiva, se juega el ser del niño de modo indeterminado: “antes de toda elección de objeto”. Forma parte de la prehistoria del complejo de Edipo, o sea, es previa a que el padre se instituya como auxiliar o adversario. Su determinación, como en la dialéctica hegeliana, implica su perdida. Pero no por abstracción como consecuencia del movimiento de lo absoluto, sino de esta paradoja temporal: el yo ha de ser (precipitado al futuro) en “donde era”.
Freud explica que la sugestión esta determinada por el amor. Para él la diferencia entre amor tierno y amor sensual no es esencial, porque la esencia de ambos es la libido. En una importante brecha generacional con Hegel, en vez de explicar la alienación como resultado de una tendencia consustancial al espíritu (que une a los contarios en el movimiento de la dialéctica conducente a lo absoluto), Freud explica la integración del otro a la vida individual a partir de la libido como energía vinculante. La satisfacción se alcanza a través del principio de placer entendido como descarga de energía, a saber, la libido, mientras que el yo no sabe de esta satisfacción, a no ser porque regido por el principio de realidad le pone un umbral a la descarga, haciendo que la satisfacción la experimente como angustia.
Luego de establecer la identificación por lo que el padre tiene, queda ordenada una redistribución de la economía de la libido en función de la división entre el Yo actual y aquel en donde debe advenir aunque no pueda, a saber, el Yo ideal. Esta diferencia, es la causa de la “exigencia de trabajo” a la que llama pulsión. Es la puesta en marcha del aparato psíquico. Así queda formulada una apetencia del deseo diferente a la expuesta por Hegel, sin el comando de la razón absoluta. Según Hegel la razón absoluta encarna en el Estado; en él están todas las determinaciones que desarrolla el camino dialéctico de la razón. Para Freud, el proceso de determinación que implica la identificación no descarta su regresión al punto indeterminado de la relación afectiva más temprana.
Tiempo lógico de la Identificación:
- Instante de la mirada: es el punto indeterminado de la intuición, en el que se advierte algo más en el otro que no puede precisarse.
- Tiempo de la comprensión: se repite la imposibilidad de determinación.
- Momento de concluir: la determinación surge de la propia imposibilidad de determinación, cuando un sujeto concluye que ha de ser en donde ello era. Done ello era mirada en el punto indeterminado de la intuición.
A cambio de la negación de la coseidad que conlleva la certeza de si, la coseidad en el punto indeterminado no queda tramitada por el camino de lo absoluto, sino que mantiene su presencia en una dialéctica distinta e irreducible entre lo indeterminado (mirada) y lo determinado (Yo Ideal). O sea que lo indeterminado es el ser del padre y lo determinado es el rasgo de su omnipotencia. La vida como pulsión es la que pone en marcha esta paradoja. En este marco, la regresión es un proceso cotidiano en el cual el sujeto es remitido a ese punto de indeterminación, quedando, de esa manera, impedido de la capacidad de decidir. Freud lo advierte como la base de la sugestión.
No hay pulsión social sino que en cada uno de los integrantes de la masa artificial (o sea de la estructura estatal) tiene que producirse el proceso de regresión que lo lleva a lo indeterminado – allí donde era el padre y se pone el líder – para que pueda consistir. En tal sentido el amor ciegamente fluye en su calidad de libido a la figura del líder, y cuando ella cae se derrumba la ficción del cuerpo social y uno por uno desordenadamente retoman su singularidad.
Los mitos nacionales y religiosos, respectivamente, les daban la sustancia a la escena en la que la regresión sustituía al ideal del yo por el líder. Ese es el punto de indeterminación (mirada), en el queda anulada la subjetividad, mientras que la sustancia del mito no es otra cosa que libido coagulada en donde el sujeto aun no pudo concluir.

La regresión de la determinación (la identificación) a la indeterminación (el objeto que sustituye al ideal del yo), Freud la amplia a otras dos experiencias: ellas son la hipnosis y el enamoramiento.
Freud advierte que las masas espontáneas convocadas por “agitadores” que inquietaban a Le Bon, comparten la misma estructura que las masas artificiales constitutivas del Estado. La vida que hace subversiva a la masa es la misma que como pulsión, esta en la potencia de lo indeterminado, que ni el rasgo en la identificación ni el líder en su regresión pueden reducir.

Para Freud el ser corresponde a la identificación al padre respecto a “lo que se quisiera ser”, y mantiene una tensión temporal con relación a la identificaron al padre respecto a “lo que se quisiera tener”. La tensión tiene como causa la paradoja temporal del ha de ser allí en donde era. Esa paradoja desacraliza el destino ubicando a cambio el inconsciente. En la intersección con el pensamiento (inconsciente) se pierde el sujeto (soy), y es por eso que realiza su acto sin saberlo: entre allí en donde era y en donde ha de ser.
MASA LIQUIDA:
Actualmente las estructuras estatales se valen de los medios de comunicación para regular su fluidez. Es una regulación caótica. Por eso existe un control caótico, resultante de la tensión entre la licuación de las masas artificiales y la concentración del poder económico y militar, que depende exclusivamente de los inestables consensos mediáticos.

Mientras que las masas artificiales se constituyen en una escena estructurada conforme al tiempo lógico, invirtiendo con la regresión el desarrollo que conduce a la identificación, las masas licuadas se configuran precariamente con una escena dada a ver. La configuración mediática de los teleconsumidores parte de la anulación del tiempo.

En las masas artificiales estudiadas por Freud, “muchos unos” desplazan la libido de cada yo al objeto que ha reemplazado al Ideal de Yo en el lugar del Otro, dando consistencia sólida a ciertos mitos como en el caso de la iglesia o el ejército. Mientras que en la consistencia frágil de la actualidad reinan significaciones labiles, en comunidades diseminadas como consecuencia de que la función del Estado quedo reducida a disposiciones administrativas.


OLVIDO DE LOS NOMBRES PROPIOS:
A la conciencia acuden otros nombres sustitutos. El proceso que habría de conducirnos a la reproducción del nombre buscado se ha desplazado, y nos ha llevado hacia un sustituto erróneo. Los nombres propios sustitutivos están en visible conexión con el buscado.
El elemento reprimido se apodera asociativamente del nombre buscado y lo lleva consigo a la represión. Un elemento reprimido esta siempre dispuesto a manifestarse en cualquier otro lugar; pero no lo lograra sino en aquéllos en los que su emergencia pueda ser favorecida por condiciones apropiadas.
El resumen de las condiciones del olvido de nombres propios, acompañado del recuerdo erróneo, será:

- Una determinada disposición para el olvido del nombre de que se trate.

- Un proceso represivo llevado a cabo poco tiempo antes.

- La posibilidad de una asociación externa entre el nombre que se olvida y el elemento anteriormente reprimido.


CONCEPTO DE LO INCOCIENTE EN PSICOANALISIS:
Llamemos “conciente” a la representación que esta presente en nuestra conciencia y de la que nosotros nos percatamos, y hagamos de este el único sentido del termino “conciente”; en cambio una representación inconsciente es una de la que nosotros no nos percatamos, a pesar de lo cual estamos dispuestos a admitir su existencia sobre la base de otros indicios y pruebas. El término inconsciente designa pensamientos latentes en general y en particular, pensamientos con un cierto carácter dinámico, a saber eficientes, aquellos que a pesar de su intensidad y su acción eficiente se mantienen alejados de la conciencia.

Al producto de lo inconsciente eficaz en modo alguno le es imposible penetrar en la conciencia, mas para ello es necesario cierto gasto de esfuerzo. El pensamiento inconsciente es excluido de la conciencia por unas fuerzas vivas, que se contraponen a su aceptación, mientras que no estorban a otros pensamientos, los preconcientes. Todo acto psíquico comienza como inconsciente, y puede permanecer tal, o bien, avanzar desarrollándose hasta la conciencia, según que tropiece o no con una resistencia. El distingo entre actividad preconciente e inconsciente no es primario, sino que solo se establece después que ha entrado en juego la “defensa”.


Los pensamientos oníricos latentes no se diferencian en nada de los productos de nuestra activad anímica conciente ordinaria. Merecen el nombre de pensamientos preconcientes y de hecho pueden haber sido concientes en algún momento de la vigilia. Pero en virtud de la conexión que por la noche establecieron con las aspiraciones inconscientes, fueron asimilados a esta ultimas, en ciertos modos rebajados al estado de unos pensamientos inconcientes y sometidos a las leyes por las que es regulada la actividad inconsciente. Y aquí se ofrece la oportunidad de aprender algo que no habríamos podido colegir sobre la base de reflexiones o cualquier otra fuente de saber empírico: las leyes de la actividad anímica inconsciente se distinguen en amplia medida de las que rigen a la actividad conciente.
PSICOLOGIA DE LAS MASAS Y ANALISIS DEL YO:
El psicoanálisis conoce la identificación como la más temprana exteriorización de una ligazón afectiva con otra persona. En el primer caso el padre es lo que uno querría ser; en el segundo, lo que uno querría tener. La diferencia depende, entonces, de que la ligazón recaiga en el sujeto o en el objeto del yo.

La identificación reemplaza a la elección de objeto, la elección de objeto ha regresado hasta la identificación. Dijimos que la identificación es la forma primera, y la mas originaria, del lazo afectivo; bajo las constelaciones de la formación de síntoma, vale decir, de la represión y el predominio de los mecanismos del inconsciente, sucede a menudo que la elección de objeto vuelva a la identificación, o sea, que el yo tome sobre si las propiedades del objeto.

En nuestro yo se desarrolla una instancia que se separa del resto del yo y puede entrar en conflicto con él. La llamamos ideal de yo, y le atribuimos las funciones de la observación de si, la conciencia moral, la censura onírica y el ejercicio de la principal influencia en la represión. De manera que el ser humano toda vez que no puede contentarse consigo en su yo, puede hallar su satisfacción en el ideal de yo, diferenciado a partir de aquel.



La diferencia entre identificación y enamoramiento: en el primer caso el yo se ha enriquecido con las propiedades del objeto, lo ha introyectado, en la segunda se ha empobrecido, se ha entregado al objeto, le ha concedido el lugar de su ingrediente mas importante. En el caso de la identificación el objeto se ha perdido o ha sido resignado, después se lo vuelve a erigir en el interior del yo, y el yo se altera parcialmente según el modelo del objeto perdido. En el otro caso el objeto se ha mantenido y es sobre investido como tal por el yo a sus expensas. El objeto se coloca en el lugar del yo, o en el del ideal de yo. Una masa primaria es una multitud de individuos que han puesto un objeto, uno y el mismo en el lugar de su ideal de yo, a consecuencia de lo cual se han identificado entre si en su yo.





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