Capitulo I. Problema de investigacion 1 antecedentes


CARACATERISTICAS DE LA MEDIACIÓN



Descargar 291.67 Kb.
Página5/18
Fecha de conversión07.12.2017
Tamaño291.67 Kb.
Vistas948
Descargas0
1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   18

3.1.1 CARACATERISTICAS DE LA MEDIACIÓN:
(20) “Las características de la mediación constituyen principios fundamentales inherentes al sistema, los cimientos sobre los cuales las distintas escuelas o tendencias irán constituyendo los diversos modos de ejecutar la praxis de la mediación. Asimismo, se irán modulando las formas de intervención de cada mediador, según su estilo personal y contexto social y cultural en el que lleve a cabo el ejercicio profesional. Pero es importante, que todos tengamos bien presente aquellos principios esenciales forman parte de un acervo común, que debe subyacer y ser respetado estrictamente en toda tendencia y sea cual sea el estilo de quien practica la mediación”.

Por lo tanto, la mediación involucra ley y visualización personal de la persona encargada de mediar una situación familiar, bajo principios establecidos y partiendo desde un punto de coincidencia de los miembros inmersos.


La mediación es un procesamiento que se destaca por las siguientes características:


  • Es voluntario, porque las partes en ejercicio de su libertad aceptan tratar el problema que enfrentan dentro de este sistema: sea porque ellas lo escogen de común acuerdo; o porque admiten las sugerencias de acudir a ellas, ya provenga la idea de una de las partes que solicita la mediación, o ya de un tercero. Esta característica inicial, no se la pierde en ningún momento, pues durante el trámite, las partes manifiestan sus decisiones y dan a conocer sus intereses, con plena libertad; y, pueden retirarse de la negociación, sin que quepa reclamo alguno, en el momento que así lo deseen.

  • Es informal y flexible, porque su desenvolvimiento no está sometido a reglas procesales; precisamente para que las partes pueden expresarse sin trabas, sin moldes ni esquemas a los que deban sujetarse, salvo los del respeto mutuo. Por eso, también es flexible, porque al desenvolverse sin reglas preestablecidas, se acomoda las condiciones y circunstancias de los interlocutores y del caso concreto que se trate, porque su objetivo es llegar al fondo del problema, sin entramparse en rituales.

  • Es asistido, porque en este sistema interviene un tercero imparcial legalmente autorizado para ello, que ayuda a negociar; que equilibra la relación de fuerza entre las partes; que canaliza el dialogo entre ellas para que cada una exprese su real interés y necesidad y, mutuamente traten de encontrar un acuerdo satisfactorio. Este trabajo profesional, motivador, lo ejecutará en base de los métodos y técnicas propias de la especialidad de mediador y de la experiencia adquirida en la práctica.

  • Es confidencial, porque ni las partes ni el mediador pueden revelar o utilizar lo que en el proceso se haga argumentado, dicho o hecho. La reserva, la confidencialidad, el secreto, son una garantía de la seriedad y de la libertad con la que se actúa. Para no despertar temores, ni siquiera se deja constancia escrita de las actuaciones. Solamente se le hará de la conclusión: positiva o negativa. Positiva si se llegó a un acuerdo. Negativa si aquello no fue posible.

  • Es cooperativa, porque la participación de las partes es espontánea y creadora. La búsqueda de fórmulas de arreglo sé hace frente a frente; tratando de entender la realidad que vive cada persona, lo que de verdad siente y le preocupa. La comprensión de las necesidades de cada uno, poniéndose en el lugar de otro, hace de la mediación un proceso eminentemente humano y solidario.

  • Es justa, porque el arreglo que pretende, naciendo de la libertad y voluntad de las partes, no se queda exclusivamente en la proclamación de los derechos según la ley asunto que lo podría hacer un juez, sino que va más allá: a lo equitativo, a lo honesto. No se detiene en analizar lo ocurrido, lo que pasó, para establecer los responsables; sino de conocer la realidad de ahora y de lo que podrá venir en base de acuerdo satisfactorios. Se preocupa por el futuro de las relaciones entre las partes; por el futuro estable de cada una de ellas, por su tranquilidad y paz emocional. Para esto, requiere de la franqueza de las partes, de la claridad con la que expongan sus auténticos intereses.

  • Es creativa, porque para conseguir buenos resultados, hace que las partes inventen y analicen diversas opciones de poner término al conflicto. Solamente cuando de entre ellas se haya escogido la mejor, se producen entonces las decisiones y los acuerdos. La creatividad, desarrollando la inventiva, hace que el problema se lo pueda ver desde otras dimensiones que antes ni siquiera eran sospechadas y, por si misma, ayuda a liberar grandes cargas emocionales. Pero lo que es más, la creatividad hace que las partes se sientan autoras de la solución y estén convencidas de que lo que lograron es bueno.


3.1.2. LA MEDIACIÓN COMO NEGOCIACIÓN:
La negociación es una forma de trato humano que en todos los órdenes de la vida se utilizan para alcanzar un objetivo de provecho. Los sinónimos del vocablo ayudan a comprender su alcance: Ocupación, actividad, trato comercial, acto lucrativo, sección, traspaso, endoso, compra venta, gestión importante para obtener algo o para solucionar conflictos.

Con esta idea, es necesario observar que en el hombre negocia desde los problemas domésticos que atañen a su vida de relación familiar, hasta los asuntos de interés profesional. Que la sociedad y los estados, negocian, hacen acuerdos, pactan, se comprometen. Es una actividad intensa en las que se intercambian puntos de vista sobre un tema en el que dos o más personas tienen la misma preocupación, interés o afecto; y tratan de armonizar sus divergencias para acordar algo satisfactorio.


Este intercambio de puntos de vista, pueden convertirse, por sí mismo en un conflicto; en una lucha que enfrenta a las partes porque la comunicación entre ellas no es buena y el diálogo constructivo no fluye porque no se canaliza a un buen entendimiento. Los expositores se atrincheran, luchan para imponer, para hacer sentir su fuerza o el prestigio de su presencia. Se entrampan en formalismos o en hechos intranscendentes. A veces porque concurren sin tener el aminus negotiandi indispensable para arreglar, o porque no tienen una idea clara del asunto y desean armarse con los argumentos que logren sacar de la otra parte para ganar tiempo hasta que nuevas circunstancias se presenten a clarificar su propia idea del problema.
Tampoco faltan ocasiones en las que se concurre al supuesto diálogo, no para negociar en el claro sentido de la palabra, sino para agravar las cosas: para provocar el rompimiento definitivo; para debilitar al contrincante haciéndole perder su paciencia y desviar el asunto a otras instancias.
Frente a estos peligros reales de la negociación directa aparece la idea de la negociación asistida, o mediación, para que el diálogo se lleve a efecto frente a un tercero imparcial si, pero experto en las técnicas que se usan en la transacción, de manera que conduzca la conferencia hacia el logro de acuerdos convincentes que nazcan de la voluntad de las mismas partes y en los que, ninguna de ellas, aparezca o se sienta como vencedor.
3.1.3. METODOS DE NEGOCIACIÓN SEGÚN PRINCIPIOS:
La mediación, se desarrolla como un método o sistema de negociar. Por ello tiene sus técnicas probas científicamente y reforzadas con la experiencia al haber sido aplicadas con éxito en muchos casos.
Así, la escuela de negociación de la universidad de Harbard ha diseñado lo que se conoce con los nombres de método de negociación según principios o también como negociación en base en los méritos, que los autores Roger Fisher, Willian Ury y Bruce Patton, autores del libro “Si... De acuerdo”, resumen en los siguientes pasos:


  1. No negociar con base en las posiciones;

  2. Separar las personas del problema;

  3. Concentrarse en los intereses, no en las posiciones,

  4. Inventar opciones de mutuo beneficio.

  5. Insistir en que los criterios sean objetivos.

Hay que explicar sucintamente en qué consiste cada uno de esos pasos que no son una guía exclusivamente para el mediador, sino también para quienes con frecuencia están haciendo negociaciones:




  • No Negociar con base en las posiciones.-

Llamamos “posición”, a la tendencia que tienen las personas a adoptar una actitud o postura intelectual, una opción, o disposición de ánimo, frente a un conflicto que no están dispuestas a ceder


Bajo esta actitud, una negociación conduce a acuerdos insensatos, por que el ego, muchas veces por capricho, se identifica con la posición, no acepta razonamientos contrarios y no está dispuesto a admitir una equivocación. Así, no será posible llegar a conciliar los intereses con verdadera eficiencia. Por ello, poner demasiada atención a los posicionamientos hace que se descuiden los intereses subyacentes y se llegue a acuerdos que no satisfacen los verdades anhelos de las partes, en términos duraderos de equidad.
Discutir sobre posiciones resulta ineficiente y pone en peligro una relación firme y continuada, porque lo que se haría es enfrentar voluntades y criterios ya asumidos en un pugilato. En lugar de diálogo se asistiría a un debate en el que cada contendiente trata de forzar al rival para que cambie su criterio y acepte lo que sostiene.
Si una de las partes ha tomado postura, la negociación será difícil, pero es posible que su monólogo cambie. Sobre todo si su actitud es una estrategia para endurecer la negociación y ablandar al contrario.


  • Separar a las personas del problema.-

Es preciso tener en cuenta que en el conflicto y en la búsqueda de su solución, están personas, seres humanos singulares, con su personalidad, sus virtudes y sus defectos. Por lo tanto, siempre será indispensable pensar que concurren al conflicto con sus propias emociones y percepciones, las cuales, muchas veces, por la carga emotiva que tienen, de afecto o de defecto, distorsionan y confunden la realidad, hasta el punto de apreciar las cosas no como verdaderamente son, sino como se desearía que fuesen.


Los sentimientos de simpatía o antipatía, de amor o de odio, en sus diversos grados, pueden predisponer a las personas en uno u otro sentido, no únicamente sobre la materia del problema, sino también sobre las demás personas involucradas, sobre la otra parte del conflicto y hasta sobre quien actúe de mediador.
Es preciso ser sensibles y respetuosos de cada personalidad y procurar ser atentos con esos egos. Para ello, antes de empezar la negociación será bueno tener una idea clara de los individuos con los que se va a tratar y, si se descubre la existencia de un problema personal, decidir si será mejor, trabajar antes sobre ese problema para separarlo de la sustancia del conflicto. Pero, como a menudo los aspectos sustanciales se confunden con los psicológicos, la separación no será fácil, porque que la relación afectiva tiende a confundirse con el problema, como si los dos fueren la misma cosa. Más aún, si se sabe que por lo general, la manera de pensar de uno es diferente a la de otro frente a un mismo hecho u objeto.
Por ello, lo prudente es ofrecer a las partes toda la información sobre el tema o acontecimiento, para, con esos elementos, buscar la verdad, convenciendo a cada una de ellas que “el conflicto no está en la realidad objetiva, sino en la mente de las personas”, y que las diferencias se producen, o existen, porque han sido creadas intelectual o emocionalmente por los individuos, mientras que la realidad objetiva, siendo una sola y válida para las dos partes, está fuera de la individualidad, como un hecho externo y ajeno a cada persona. La verdad de ese hecho, de esa realidad objetiva, será la que conjuntamente se tratará de desentrañar y descubrir.
Para que esto sea posible el negociador tiene que procurar que cada una de las partes se ponga en el lugar del otro, porque muchas de las veces, la manera de juzgar las cosas, y consecuentemente, de opinar de ellas, depende del lado o posición de donde se las mire. Para este ejercicio, será indispensable que las partes sepan que “comprender el punto de vista del oponente, no significa estar de acuerdo con él”, es simplemente tratar de saber la manera y el porqué de una percepción diferente, es un ensayo para tratar de vivir los sentimientos del otro y es un beneficio que reluce o circunscribe el área del conflicto que se busca solucionar.
En este punto, el peligro que se tiene que sortear es la tendencia que tienen las personas a interpretar de la peor manera lo que la otra parte dice, piensa o hace como un mecanismo de seguridad para la propia opinión. Ese refugio no es posible, porque no se aprovechan las ideas que la otra parte puede aportar para la solución es un artificio negativo que anula o dificulta las propias ideas porque hace que la mente fije su atención en buscar lo malo que produzca el otro, visto como adversario, para preparar la réplica o contra argumentación, descuidando la iniciativa creadora.
Es un arma de defensa que no aporta, sino que entorpece, porque casi siempre está acompañado de la tendencia a echarle al otro la culpa o la responsabilidad de todo. Es un recurso difícil, con el que se busca ocultar la propia responsabilidad, sin percatarse de que es un recurso peligroso y muchas veces contraproducente porque genera la resistencia de la otra parte que al sentirse atacada o culpada, también adopta posiciones defensivas y se cierra en sus opiniones.
Por eso, con habilidad el mediador hará comprender que no es correcto “juzgar la culpa ajena, porque involucra a las personas y deja a un lado la realidad objetiva del problema”. Para ello, se recomienda comentar con las partes las percepciones diferentes en forma honesta y franca. Fomentando el desarrollo y la capacidad de escuchar. Desechando lo que pueda hacer superfluo, ofensivo o displicente.
El respeto a las personas obliga a mantener vigilante de sus emociones porque la negociación podrá avanzar, estancarse o romperse, dependiendo de cómo actúe la capacidad reactiva de cada individuo: El temor, la ira, la vergüenza, o cualquier sentimiento de uno puede producir reacciones en el otro o viceversa.
Los autores del método de Harvard, recomiendan que el negociador no solamente debe reconocer las emociones de las partes, sino también de las suyas. Escuchar y observar el comportamiento de los otros no es suficiente. Será necesario que el mediador sea consciente de sus propias impresiones o reacciones ante el desenvolvimiento del diálogo de las partes. Esto ayudará a relajarse y mantener la independencia frente a los contendientes. Debe también averiguar el motivo de tal o cual reacción; tratar de saber la causa de un enojo repentino, cerciorarse si la resistencia tienen origen en situaciones pasadas, o si, por el contrario se producen por algo que está ocurriendo en el momento mismo de la discusión y que es preciso corregir sobre la marcha; saber si las partes están buscando venganza, o si su actitud es un simple y pasajero desahogo, estos datos son elementos importantes para la conducción produce y ecuánime de la reunión. Pero, ocurra lo que ocurra, será preciso reconocer las emisiones como legítimas y procurar que se manifiesten explícitamente, tratando de discutir o de conversar sobre ella. De esta manera se controlan los posibles estallidos y se minimiza el problema.
Para obtener esto, el mediador utiliza el técnica del llamado parafraseo que consiste en repetir lo dicho o argumentado por una parte, antes de que la otra responda, pero procurando las verdaderas intenciones o el mensaje positivo y omitiendo lo ofensivo o displicente. El mensaje que el mediador transmite de esta forma debe corresponder con la idea principal de quien lo envía procurando que el interlocutor que lo recibe, capte y se quede con esa idea principal, para así evitar que se deteriore la relación. Una técnica que obtiene buenos resultados cuando el ambiente se ha caldeado, es la de evitar un mensaje distinto del que las partes esperan, para conseguir una corrección de las percepciones o una ratificación prudente de ellos. Una dosis de humor para distender el nerviosismo, no viene mal.
Todo esto dirigido a que las partes se interesen por los resultados del diálogo, por el fruto que se pueda obtener del trabajo conjunto en el que las opiniones o propuestas compaginen con el ego de cada individuo, para que así siendo la íntima satisfacción de ser el autor de un acuerdo que pone fin a un conflicto que teniendo origen en situaciones externas, afectó también a las condiciones psíquicas de las personas.


  • Concentrarse en los intereses y no en las posiciones:

Lo que llamamos un “impase”, surge siempre porque cada una de las partes desea que prevalezca su propia opinión y es para ello que expone y argumenta.


En principio serán las posiciones las que aparezcan. Pero será necesario hacer que vayan asomando los verdaderos intereses, las auténticas necesidades, los verdaderos deseos, las preocupaciones y hasta los temores sinceros de las partes. Es decir, que se presente el genuino motivo del problema, aquello que está en el fondo de las posiciones.
Las posiciones que cada uno presente, pueden asomar como opuestas diametralmente. Sin embargo, una vez escarbada la verdad, resulta frecuente encontrar que detrás de ellas, existen intereses compartidos y compartibles, junto a aquellos que son conflictivos. Esos intereses coincidentes y relacionados, son los que una vez descubiertos, podrán ser la base para elaborar el acuerdo.
Para tratar de identificar cuáles son los verdaderos intereses el procedimiento no es fácil. El ¿por qué? De cada circunstancia no es una respuesta fácil de obtener; pero será indispensable preguntar. Llevar con tino a que cada parte trate de ponerse en el lugar de la otra. Pero más todavía, procurar que cada uno recapacite en el efecto de su propia propuesta y piense en las razones o dificultades para no haber tomado la decisión que sugiere.
Con esta motivación, se prepara una lista de los intereses a medida que ellos vayan apareciendo. Se los escoge con objetividad y se conversa con las partes sobre ellos, bajo el principio de que “si se quiere que los intereses de uno sean tomados en cuenta, es necesario que se los haga conocer”, que se los exponga con claridad y franqueza, para que no se diga que han sido dejados a un lado. Que se lo haga conocer con los detalles específicos sobre su importancia y legitimidad, de modo que no aparezcan como razonamientos exagerados de una situación improbable.
Pero como se está conversando sobre los intereses es obvio que cada parte debe tener y demostrar preocupación por los de la parte contraria. Escuchar al oponente, es la clave del diálogo; sobre todo, porque es indispensable pensar que el problema existe por los factores que cada uno desarrolla. Si solo existiese un factor, no habría en realidad problema.
Exponer los intereses, no significa que se deban decir las propias conclusiones o propuestas. Eso sería en manos del otro con demasiada premura, la mejor alternativa personal de negociación.
Expuestas las cosas con franqueza y objetividad, es necesario tener la suficiente flexibilidad y apertura para apreciar los argumentos de la otra parte y trabajar juntos en opciones que satisfagan a los dos. Ser elástico no implica debilidad. Ser abierto, no significa carecer de argumentos.
Esta situación permitirá, como afirman los profesores de Harbard, “ser duro con el problema y suave con las personas”. Afrontar las cosas, que como hemos dicho están fuera de la individualidad con toda objetividad y crudeza, sin que este rigor con los hechos quiera decir que se deba ser grosero o agresivo con las personas.
No debe olvidarse el principio anterior: Separar el problema de las personas. Se debe atacar el problema el conflicto en sí, y no a quienes lo protagonizan. Esto concede importancia y jerarquía a quienes asumen a posición de analizar las cosas con firmeza, con severidad imparcial, pero al mismo tiempo con criterios ecuánimes que den viabilidad a una solución.
Insistimos en recordar que el diálogo debe hacerse pensando hacia el futuro, sin quedarse en aquello que paso, porque a nada conducen las recriminaciones mutuas sobre aspectos que, de haberse observado otro comportamiento no hubiesen sucedido y, por lo mismo, no tendríamos el resultado conflictivo actual. Es necesario entender que “Lo pasado, pasado está, queda atrás y nada se puede hacer para que no exista; lo que si es posible es mejorar sus consecuencias, su proyección en el tiempo que vendrá”.


  • Inventar Opciones de mutuo beneficio:

Reconociendo que el problema es común, es necesario crear posibles soluciones, provocando que las partes inventen gran cantidad de propuestas. Es preciso estimular que se produzca una verdadera lluvia de ideas”. Al respeto no importa si son o no las más adecuadas, lo importante es que las partes aporten con su creatividad.


Este proceso encuentra según los investigadores del Harvard, cuatro dificultades:


  1. Los juicios prematuros;

  2. La búsqueda de una sola respuesta;

  3. La creencia de que existe una mínima cantidad de opciones; prácticamente en la formula de todo o nada, ganó o perdió, me dan la razón o me la niegan;

  4. La idea de que el problema es o esta creado por el otro que es quien debe buscar la solución.

Estas dificultades es preciso superarlas, de acuerdo a los mismos autores, mediando los siguientes procesos:


Separar las opciones que se inventan de la tendencia a analizarlas o juzgarlas. Es conveniente en esta fase, no hacer juicios críticos o de valor, sobre las posibles soluciones que se proponen. Es bueno dejar que sea la imaginación la que se suelte con libertad, sin inhibiciones o temores, procurando que surjan pensamientos que antes no habían, o que, si existían, no se los había expresado.
Ampliar las opciones es decir que de la tormenta de ideas que se ha provocado, se recoja varias que podrían ser las más adecuadas o prometedoras y, a estas, ampliarlas o desarrollarlas, usando la táctica de que una buena idea es siempre capaz de generar otras buenas ideas.
En este momento, se recomienda pedir a las partes que piensen en el problema, pero desde la perspectiva de diferentes profesiones y disciplinas científicas. Esto puede ser sutilmente inducido, según el caso por ejemplo ¿cómo verías el problema de la custodia de los hijos? ¿un abogado, un médico, un psicólogo o un financista? Esta reflexión que saca de las partes de su propio contexto y les obliga a analizar el tema desde otra perspectiva, ayuda a entender mejor las cosas. En el caso del ejemplo, es posible que para el abogado tenga importancia fundamental el mandato de le ley que entrega la custodia a la madre; para el médico, a lo mejor le interese cual de los padres está en condiciones de atender mejor a la salud del menor; el psicólogo por su parte podrá preocuparse de las relaciones afectivas y del impacto que en el desarrollo de la personalidad pueda tener la separación o la vinculación con uno de sus padres, y, por fin, el financista analizará las ventajas económicas que para uno u otro de las padres significa la custodia del niño y también la seguridad económica de este. Cada profesional desde su punto de vista expondrá los mejores argumentos para apoyar su criterio. Los padres frente a ese conjunto de opiniones tendrán que reflexionar y encontrar un acuerdo que beneficiar al menor en todos los sentidos.
Buscar el beneficio mutuo, tras la lluvia de ideas, será indispensable percibir el provecho recíproco, tratando de identificar los intereses comunes para llegar a solucionar inconvenientes. Este beneficio mutuo debe ser entendido como un objetivo, como una buena oportunidad que es preciso descubrirla, o crearla, para mejorar las relaciones humanas. No es una simple casualidad o un milagro: Es una verdad objetiva que está allí y que es necesario tomarla con decisión en el momento que se nos presenta dándonos la oportunidad de aprovecharla.


Compartir con tus amigos:
1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   18


La base de datos está protegida por derechos de autor ©psicolog.org 2019
enviar mensaje

enter | registro
    Página principal


subir archivos