Capital riesgo social



Descargar 256.81 Kb.
Página1/2
Fecha de conversión18.03.2019
Tamaño256.81 Kb.
Vistas58
Descargas0
  1   2

LAS CAJAS DE AHORROS: SU DIMENSION SOCIAL EN SU ACTUAL SITUACIÓN FINANCIERA
Mercedes Valcárcel Dueñas

Doctora en Ciencias Económicas y Empresariales por la UNED

Cátedra Telefónica – UNED de Responsabilidad corporativa y sostenibilidad
PALABRAS CLAVE

Obra Social, Cajas de Ahorros, innovación, evaluación, impacto social
RESUMEN

En la actualidad, en todos los ámbitos se conoce la dimensión social de cajas de ahorros por facilitar la accesibilidad a los servicios financieros y por su obra social. Desde 1947 hasta 2008 los recursos destinados por las cajas a su obra social se han incrementado, salvo excepciones, año tras año; pero desde 2009 el entorno ha cambiado. La actual realidad del sector financiero español ha hecho que su organismo regulador, el Banco de España, haya favorecido la fusión de cajas de ahorros, su conversión en bancos e, incluso, haya intervenido algunas entidades. Con ello, los recursos de la obra social de las cajas de ahorros se han reducido de forma permanente por lo que las entidades, para mantener el impacto social que venían generando, deberán priorizar la innovación, las metodologías de evaluación y la transferencia de conocimientos.




1. LA DIMENSION SOCIAL COMO FACTOR DE IDENTIDAD DE LAS CAJAS DE AHORROS

Existe controversia sobre el concepto y la naturaleza jurídica de las cajas de ahorros. Las divergencias sobre la naturaleza jurídica de las cajas se han profundizado en los últimos años debido, entre otros factores, a la postura de los bancos que justifican parcialmente su perdida de cuota de mercado en la excepcionalidad de su naturaleza jurídica y a los problemas de solvencia que están atravesando varias de ellas obligando a la aportación de fondos públicos para garantizar su sostenibilidad. El hecho de que, en algunas de estas entidades ya encaminadas a su intervención, se hayan aprobado remuneraciones elevadas a sus directivos tampoco ha contribuido a su valoración social. Cuando en 1977 las cajas de ahorros fueron equiparadas en términos operativos a la banca, el balance de las cajas suponía el 20% del total de los créditos del sistema crediticio y el 33% del total de los depósitos. En 2002 habían pasado a tener el 47% de los créditos y el 57% de los depósitos (García Delgado et al, 2004). Se ha venido criticando que la importante y creciente cuota de mercado de las cajas de ahorros y las participaciones que poseen de varias compañías que cotizan en el IBEX está supeditada al poder político que ostentan, dada la injerencia del mismo en el nombramiento de sus órganos de gobierno. Las cajas de ahorros son las únicas entidades que presentan esta característica que, de hecho, no figura recogida en ninguna de las normas reguladoras del sector financiero español o de las entidades sin ánimo de lucro. Su rápido incremento de volumen de negocio y su intervención política han generado, en algunos casos, entidades que primaban el crecimiento y la financiación de proyectos políticos al razonable equilibrio entre control de riesgos y rentabilidad que debe existir en las entidades financieras. Esta realidad, unida a la importante crisis económica actual y la gran restricción de liquidez que ha generado en el sector financiero europeo, ha hecho que el organismo regulador fomentara la unión entre ellas y su conversión en bancos para mejorar su solvencia. A pesar de ello, varias cajas de ahorros no han podido garantizar su pervivencia y han sido intervenidas para evitar su entrada en situación concursal.


Sin llegar a esta situación, la especial regulación de las cajas de ahorros ya dio lugar en su momento a que las dudas sobre su naturaleza jurídica llegaran hasta el Tribunal Constitucional. Éste las calificó como «entes de carácter social» que operan con dinero público, justificando así la intervención política en el nombramiento de los órganos de gobierno de las cajas.
En distintos estudios académicos (García Delgado et al, 2004; Cuervo, 2003; Castelló, 2005a) sobre la naturaleza de las cajas de ahorros se concluye que éstas son fundaciones que se dedican a la actividad bancaria, y en este contexto se definen como «fundación-empresa». Las fundaciones-empresa son aquellas en las que como el capital fundacional no genera recursos suficientes para el sostenimiento profesional de la fundación, la entidad produce bienes o servicios destinados a la venta, con los que se generan ingresos que se asignan al cumplimiento de la misión fundacional. Este modelo representa la adaptación de las entidades sin ánimo de lucro a los principios de la economía de mercado (García Delgado et al, 2004).
Ambos conceptos incluyen la dimensión social de las cajas de ahorros como una de sus características definitorias.
Haciendo una brevísima mención histórica se puede señalar que ya en su origen, tras la aprobación de la Real Orden de 3 de abril de 1835, las cajas de ahorros surgieron con el objetivo de promover el ahorro en las clases sociales más desfavorecidas y facilitar su integración social. Esta característica se reafirmo con el Real Decreto de 14 de marzo de 1933 que calificó a las cajas de ahorros como entidades sin ánimo de lucro, ampliando sus intereses de sus propios clientes a todo su entorno económico y social.
En la actualidad, tanto en el mundo académico como entre el público de las cajas de ahorros se conoce la cara social de estas entidades. Dentro de esta dimensión social se incluyen básicamente dos elementos importantes y muy distintos en su impacto y gestión:

  • La accesibilidad a los servicios financieros, que ha consistido en la lucha contra la exclusión financiera de tipo territorial o sectorial.

  • La obra social que se ha llevado a cabo con la realización local de actividades de carácter social, extendiendo así a toda la sociedad los beneficios de su actividad como empresa.

La actividad de ofrecer servicios financieros es intrínseca a la naturaleza de cualquier entidad financiera y, como especialidad, se manifiesta en las cajas con una vocación de cobertura universal en lo territorial. Lo que diferencia a las cajas de ahorros de otras entidades en su gestión es su vocación social en la búsqueda de un nivel de implantación territorial que permita el acceso al crédito de la población con independencia del tamaño del municipio en el que vivan. Igualmente, dentro de la accesibilidad a los servicios financieros, se incluyen también sus actividades de soporte al desarrollo de economía de una determinada zona instrumentadas, habitualmente, mediante su notable participación en la financiación de las pequeñas y medianas empresas o de la política de vivienda. De hecho, estas actividades de financiación se podrían considerar precursoras en algunos de sus aspectos de las actuales líneas de microcréditos.


La obra social es el modo en que las cajas revierten a la comunidad donde están ubicadas los beneficios obtenidos en cada ejercicio económico, una vez cubiertas las reservas y atendidas las obligaciones fiscales (Castelló, 2005b). Sin quitar protagonismo a la importancia de la accesibilidad a los productos financieros, se puede decir que la obra social es, por su propia naturaleza, el principal elemento constitutivo del carácter social de las cajas de ahorros.
Como se ha visto, estos dos principales aspectos de la dimensión social de las cajas de ahorros mencionan su ámbito de actuación local. En los últimos años, y ligado al crecimiento de negocio de las cajas de ahorros y su implantación en nuevas áreas geográficas distintas a las históricas de su actuación, la dimensión local de sus actuaciones ha ido cediendo paso a un enfoque más global de las mismas, especialmente en las cajas de ahorro que mayor crecimiento en número de oficinas han tenido.
En base a la definición realizada por el Tribunal Constitucional y los estudios académicos (García Delgado et al, 2004; Cuervo, 2003; Castelló, 2005a), es un hecho que la dimensión social es un factor de identidad en las cajas de ahorros. En este contexto, antes de comentar en que consisten las principales áreas de actuación de la obra social, es interesante definir qué se entiende por el término dimensión social.
Se puede decir que «dimensión social» es el conjunto de aspectos puramente sociales de una actividad. La dimensión social de cualquier comportamiento o actividad económica se refiere a los fines realmente deseados por la sociedad con dicho comportamiento o actividad, es decir, aquellos propósitos de carácter general que una sociedad se haya propuesto alcanzar.
El término dimensión social se utiliza para referirse a todas las áreas de actividad que estarían dentro de la política social o puede tener un enfoque más restrictivo y ser sólo lo que se hace en el ámbito de los servicios sociales. Las áreas de la política social, según el esquema de Kahn y Kamerman, son seis: educación, salud, vivienda, trabajo, prestaciones económicas y servicios sociales; aunque podrían incluirse otros, como el relacionado con el ocio.
Como se puede comprobar, no es fácil definir el contenido de la dimensión social de la Obra Social de las cajas de ahorros ya que puede abarcar un conjunto amplísimo de actuaciones. En general, el análisis de este concepto tiende a distanciarse de la economía para acercarse al ámbito de la filosofía. En cualquier caso, ésto no ha sido óbice para que algunos importantes economistas, como el ganador del Premio Nóbel de Economía Amartya Sen, se hayan adentrado en su análisis.
Los fines realmente deseados por la sociedad aparecen en este sector académico bajo el concepto básico de bienestar social o criterio nuclear de justicia básica. A finales de los años ochenta Sen se centra en como evaluar el bienestar individual y colectivo mediante un criterio de capacidades y los problemas que esto presenta. A Sen le preocupa la ausencia de aspectos redistributivos de justicia social en los teoremas básicos de la economía del bienestar:

  • cada equilibrio competitivo es un optimo de Pareto

  • cada optimo de Pareto es un equilibrio competitivo

Los estudios muestran que muchos equilibrios competitivos son óptimos de Pareto, en función de la distribución previa de recursos, pero ¿son todos igual de justos? Evidentemente, no.
Así, se pasaría al teorema modificado: Se puede conseguir un óptimo de Pareto justo, con un equilibrio competitivo, dado un sistema adecuado de impuestos y transferencias de renta. Es decir, el bienestar social objetivo de las actuaciones sociales necesita, además de un equilibrio competitivo en base a los recursos iniciales, unas actuaciones de transferencias de rentas. Es en estas actuaciones de transferencias de rentas donde mayor incidencia tiene la Obra Social de las cajas de ahorros.
En este ámbito tienen también importancia los sistemas de medición del bienestar social ya que son los que nos pueden dar elementos para decidir que programas seguir y, posteriormente, evaluar sus resultados. En los modelos utilitaristas el bienestar social se juzga por la utilidad que los individuos obtienen de los estados y se obtiene un juicio social sumando las utilidades. Este enfoque es reduccionista (Sen, 1997) ya que no valora las ideas de libertad e igualdad que utilizamos para juzgar los asuntos sociales. Los modelos basados en la teoría de las necesidades de Rawls juzgan, por el contrario, los estados sociales por el bienestar del individuo peor situado. Sen tampoco considera este modelo adecuado para la medición del bienestar.
Para Sen la calidad de vida que logra llevar una persona no depende de los bienes que posee, las utilidades que obtiene de ellos o el modo de vida que logra, sino de su capacidad para elegir un modo de vida. En esta línea, ya en el siglo VIII a.C. en el texto sánscrito Brihadaranyaka Upanishad una pareja se plantea cuánto les ayudará la riqueza a conseguir lo que quieren, concluyendo que no es constitutiva del bienestar. Igualmente Aristóteles en su Ética a Nicómaco señala que «la riqueza no es, desde luego, el bien que buscamos, pues no es más que un instrumento para conseguir algún otro fin». Sen sostiene que el criterio de medición de justicia social debe ser la igualdad de capacidades, ya que son éstas las que representan la libertad real de elegir los modos de vida (Sen, 1999).
Evidentemente la capacidad para elegir un determinado modo de vida que define la existencia de bienestar o justicia social, conlleva la obligación previa de las instituciones sociales de proporcionar a todo ser humano unas porciones mínimamente adecuadas de alimentos, vestido, vivienda, educación y atención médica que le permitan estar en condiciones de tener un acceso seguro a porciones adecuadas de participación y libertades fundamentales (Pogge, 2002).
En resumen, se puede decir que la Obra Social de las cajas muestra su dimensión social con la contribución que realiza a alcanzar óptimos de Pareto más justos. Sus actividades y programas fomentan la igualdad de capacidades de las personas (acceso a educación con independencia del nivel de renta, acceso a empleo de discapacitados o personas con riesgo de exclusión laboral, etc.), contribuyendo al bienestar social.


2. AREAS DE ACTUACIÓN DE LA OBRA SOCIAL
La contribución de la Obra Social de las cajas de ahorros al bienestar social se realiza mediante los proyectos y programas desarrollados en sus distintas áreas de actividad. Durante los años setenta se había detectado que la diversidad de normas que regulaban las Obras Benéfico- Sociales de las cajas de ahorros, planteaban en su aplicación dudas interpretativas que dificultaban su realización. Para solventar esta situación se redactó la Orden de 19 de Junio de 1979 por la que se establecen normas para la obra benéfico-social de las cajas de ahorros. De acuerdo con esta Orden, la obra social debe dirigirse a sanidad pública, investigación, enseñanza y cultura y servicios de asistencia social cuyos beneficios se extiendan especialmente al ámbito de actuación de la caja.
Desde esa fecha, no se ha desarrollado ninguna otra norma de ámbito estatal específicamente reguladora de la Obra Social de las cajas de ahorros. En este periodo se han aprobado varias normas estatales que regulan distintos aspectos del funcionamiento de las cajas de ahorros (recursos propios y obligaciones de información, Órganos rectores, normas de contabilidad, cuotas participativas…) y, colateralmente, han podido afectar en algún aspecto concreto a la Obra Social; pero ninguna modifica sustancialmente lo recogido en la Orden del 19 de junio de 1979.
Por el contrario, desde mediados de los años ochenta, en todas las Comunidades Autónomas se han aprobado normativas reguladoras de las cajas de ahorros que tienen su domicilio social o que operan en dicha Comunidad y, en algunos casos, estas normas han entrado de forma especifica a regular la Obra Social.
En cualquier caso, ninguna de estas normas ha variado sustancialmente las áreas de actividad de la Obra Social.
Basándose en la enumeración de áreas de actuación que realiza la Orden de 19 de junio de 1979 y en los recursos dedicados en los últimos años a las distintas actividades, las cuatro magnitudes principales de la Obra Social en la actualidad, según la clasificación de la CECA, son:

  • Cultura y tiempo libre

  • Patrimonio Histórico Artístico y Natural

  • Educación e Investigación

  • Asistencia social y sanitaria

A continuación se adjunta una serie histórica de recursos invertidos por la Obra Social que comienza en 1947. Estos han pasado de 11 millones de euros de valor constante en 1947 a 2.059 millones de euros en 2008 (un 12,86 % más que en el ejercicio anterior) y a 1.462 millones de euros en 2010 (casi un 30% menos que en 2008) debido a la crisis sistémica en la que nos encontramos. Con un carácter netamente benéfico, de acuerdo con los enfoques de asistencia social de la época, a principios de los años cincuenta, la Obra Social de las cajas empezó a constituirse como uno de los principales donantes privados para la promoción y realización de acciones de carácter social (CECA, 2006).


Se pueden observar cuatro ciclos claramente diferentes en la evolución de los recursos aportados:

  • de 1947 a 1976 se produce en crecimiento continuo de los recursos destinados a la Obra Social, en línea, con el crecimiento de los excedentes de las cajas en esas fechas.

  • de 1977 a finales de los años ochenta, los importes de los recursos destinados a la obra social se mantienen prácticamente constantes. En ese periodo, y a raíz de la crisis bancaria sufrida en España, se endurecieron los requisitos de solvencia bancaria. Esto hizo, junto con la difícil situación económica de la época, que los excedentes de las cajas de ahorros, y con ellos los recursos para la Obra Social, vieran muy limitado su crecimiento.

  • de 1990 a 2008, se han multiplicado por más de tres los recursos destinados a la obra social. El crecimiento de la economía española, la mejora en la eficiencia de las entidades financieras y el fuerte crecimiento del volumen de negocio de las cajas de ahorros han permitido incrementos en sus excedentes que se ven reflejados en los recursos destinados a la Obra Social. También en estos años, se ha primado desde las cajas de ahorros la adaptación a las demandas de la sociedad en la distribución de los recursos entre las distintas áreas de la Obra Social y la búsqueda de programas y proyectos innovadores en los distintos campos de actuación que permitan alcanzar un mayor impacto social.

  • De 2008 a la actualidad, y en adelante… En sólo dos años se ha reducido casi un 30% el importe destinado por las cajas de ahorros a su Obra Social. Aun así, teniendo en cuenta las diluciones en Bankia, CaixaBank y Banca Cívica al incluir minoritarios; la aportación casi nula en el corto plazo de la Caja de Ahorros del Mediterráneo, Catalunya Caixa, Caja Castilla la Mancha, NovaCaixaGalicia y Caja España-Caja Duero y una caída en las aportaciones de todas las entidades entre el 20 y el 50% por la menor rentabilidad tendencial del negocio financiero, en una situación estable, el total de recursos aportados caería casi un 30% adicional y estaría entre 800 y 1.000 millones de euros al año (de los que entre un 35 y un 50% provendrían de la Caixa). Ni en la década de los ochenta, con el endurecimiento de los requisitos de solvencia, se había vivido una situación así. Con la actual preocupación de no dejar caer entidades financieras se ha olvidado el impacto que todas las medidas adoptadas van a tener sobre la aportación a proyectos sociales de las cajas de ahorros. Además, esta reducción de recursos, se da en un momento en el que desde la Administración también se realizan recortes sociales. Su impacto cruzado en los sectores más vulnerables de la sociedad va a generar situaciones críticas en los mismos. En este entorno, la innovación en los programas y la transferencia de los conocimientos generados en sus años de actuación a otros actores de la economía social se presentan como dos opciones viables de intentar mantener parcialmente el impacto social conseguido con sus programas con un coste reducido.

Tabla 1.1. Recursos invertidos por la Obra Social de las cajas de ahorros (1947-2010)

Fuente: CECA, 2011 Cifras de recursos en miles de euros

Centrándonos en los últimos cinco años de esta serie histórica, los principales recursos destinados por áreas de gasto en Obra Social han sido los siguientes:

Tabla 1.2. Recursos destinados por áreas de gasto en la Obra Social (2006-2010)


Fuente: CECA Cifras de recursos en miles de euros



La principal conclusión de estas cifras es que las cajas de ahorros han pasado de destinar más de un tercio de los recursos de su Obra Social al área cultural a hacerlo en el área de asistencia social. Los proyectos de asistencia social han pasado a ser la primera línea en importancia desde 2007, con unos fondos que suponen casi un 43% de los totales, ya que en los cinco últimos años el peso de esta partida se ha incrementado significativamente. Las áreas de educación e investigación y Patrimonio Histórico, Artístico y Natural son las que tienen menos pesos, suponiendo entre ambas algo menos del 25% de los recursos.
Más adelante, con el análisis de la gestión de la Obra Social, se revisará como se toman las decisiones de distribución de estos fondos y si las mismas son acordes con las prioridades de actuación que demanda la sociedad. Aun así, se puede aquí señalar que las más innovadoras iniciativas de la Obra Social de las cajas en 2010 han estado relacionadas principalmente con la asistencia social, la innovación, el impulso del tejido económico y el medio ambiente, circunstancia que da indicios de las prioridades que están marcando las cajas en su Obra Social.
En esta línea, las cajas, dado su conocimiento directo de las necesidades sociales, se han anticipado en algunos casos a las actuaciones de las administraciones públicas, aprovechándose de su mayor flexibilidad y rapidez para dar respuesta a los problemas; pero también han mantenido su colaboración con dichas administraciones públicas.
Esta capacidad de innovar hace especialmente significativo el impacto que la transferencia de su conocimiento acumulado sobre la gestión de programas sociales y culturales tendría para el resto de la economía social. De hecho, se configura como la herramienta más importante de la que disponen en la actualidad para intentar mantener parte del impacto social que estaban generando con sus actividades.



Compartir con tus amigos:
  1   2


La base de datos está protegida por derechos de autor ©psicolog.org 2019
enviar mensaje

enter | registro
    Página principal


subir archivos