Campo disciplinario: ciencias sociales y humanidades asignatura: humanidades materia: filosof



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ESCUELA PREPARATORIA: “CRESCENCIO SÁNCHEZ DAMIÁN”

CAMPO DISCIPLINARIO: CIENCIAS SOCIALES Y HUMANIDADES
ASIGNATURA: HUMANIDADES
MATERIA: FILOSOFÍA
PRIMER SEMESTRE



TEMARIO, GUÍA DE TRABAJO Y ANTOLOGIAS PARA LA MATERIA DE FILOSOFÍA


AUTOR: LIC. PSIC. ANTONIO RAMÓN NOLASCO


AGOSTO DE 2010

PRESENTACION:
El presente compendio que tiene entre sus manos es el producto de la revisión del temario obligatorio del currículo para el Bachillerato en el Estado de México correspondiente a la materia de Filosofía. Es consecuencia de la reflexión para ajustar los contenidos de la bibliografía recomendada y de otras fuentes consultadas, es un resumen adecuado para el estudiante que inicia su aventura en el Bachillerato en la Materia de Filosofía.
Además proporciona al final de cada unidad un cuestionario que evalúa el avance en la adquisición de los conocimientos requeridos para aprobar esta Materia. Estos cuestionarios deben ser presentados para revisión por parte del profesor y se contaran como trabajos. Trabajos que contaran como puntos para su calificación parcial y su calificación final. Además que la resolución correcta de cada cuestionario servirá como derecho para presentar el examen parcial (cada dos meses) y, la entrega total de todos los cuestionarios resueltos será requisito para presentar el examen final (conocido como examen departamental).
Se realizó este compendio debido a que no se cuenta con libros auxiliares que estén actualizados a la Nueva Reforma Educativa. Por este vacío en cuanto a material de apoyo, para mejorar su rendimiento académico, fue necesario elaborar este libro que tiene entre sus manos. El contenido de los temas está tomado íntegramente del temario propuesto por la Secretaría de Educación Pública. Los temas por estudiar son los sugeridos para la Materia de Filosofía a nivel bachillerato. Además que fueron enriquecidos con propuestas del autor.
Espero sea de gran apoyo para que se interese en la Filosofía y, además, pueda acreditar la Materia de Filosofía con excelentes calificaciones.

Se solicita su crítica al presente trabajo, ésta puede presentarla por escrito o dirigirse directamente al profesor. Se agradecerán sus aportaciones para el mejoramiento del presente trabajo.


ATENTAMENTE:

ANTONIO RAMÓN NOLASCO


Agosto 2010

UNIDAD I

INICIACIÓN A LA FILOSOFÍA
Esta unidad tiene el propósito de iniciar al estudiante en el campo de la filosofía desde preguntas sencillas, pero de gran profundidad, que lo conducirán a comprender la importancia de la reflexión para aprehender sobre su realidad.

OBJETIVOS GENERALES

*El estudiante analizará críticamente los factores que influyen en su toma de decisiones

*El estudiante definirá sus metas y dará seguimiento a sus procesos de construcción de conocimiento.

*Valorará las aplicaciones del conocimiento sobre la sociedad en situaciones de su vida cotidiana.

*Establecerá opiniones sobre la conceptualización de la filosofía.
INTRODUCCIÓN:

La filosofía es una actividad propia de los seres humanos, de los seres pensantes. Es la primer “ciencia” que apareció antes que todas las demás. La Filosofía es consecuencia de la necesidad del ser humano de encontrar respuestas a sus preguntas más inquietantes. La importancia del estudio de esta materia reside en el hecho de que es una ciencia que de alguna manera todos practicamos. Todos los seres humanos creamos nuestra propia “filosofía” de vida, nos sirve como marco para realizar todas nuestras actividades, regula nuestra conducta y sustenta nuestras creencias, pensamientos y hasta nuestras emociones. Es decir, nuestra filosofía es la que nos “dice” qué hacer, cómo hacer y cuando hacer algo en un determinado momento. Por consecuencia, es importante que adquiramos las herramientas precisas para mejorar nuestro desempeño a la hora de “hacer” filosofía. En la presente unidad se revisaran de manera breve la historia de la Filosofía, el objeto de estudio como ciencia y la división que han hecho algunos autores importantes de ella.

Algunas de las preguntas más importantes que nos hacemos los seres humanos, las cuales en ocasiones no tienen respuesta completa, son: ¿quién soy? ¿De dónde vengo? ¿Qué hago en este mundo? ¿Hacia dónde iré? Se tienen que resolver lo más pronto posible. Es decir, mientras más rápido las resolvamos, podremos tener una guía para la mayor parte de los actos y decisiones en nuestra vida. El tener un marco de referencia servirá para ahorrarnos el tener que tomar decisiones apresuradas, además dará certidumbre a nuestra existencia.

1. Las diferentes formas del saber

El saber común

El saber común, en el diario vivir, es el saber que nos penetra a todos sin excepción, con él estamos familiarizados.

El saber común y el saber de sentido común no son precisamente lo mismo a pesar de lo mucho que están relacionados.

En el saber común, que es un saber de la vida ordinaria. Asegurados por nuestros instintos nos movemos atendiendo a las necesidades, los hábitos, los usos y las costumbres.

La palabra saber se halla emparentada con dos vocablos latinos: sapere, que propiamente significa tener gusto, y sapor-oris, saborear.

El saber común es un saber práctico, es un saber todavía irreflexivo, el saber constantemente originario de un mundo que se nos enfrenta rodeándonos de cosas-instrumentos, de cosas útiles. Es el saber que nos ocupa con las cosas y nos preocupa con los demás hombres; el saber de la experiencia total humana acumulada durante siglos; algo así como el trasfondo de que emergen las decisiones que el hombre tiene que tomar todos los días, en cada hora, en cada minuto, en cada segundo; lo mismo en su trato con las cosas, que en su trato para con los semejantes.

El mero saber común de una práctica irreflexiva se transforma, en ocasiones, en un saber común práctico regulado por el pensar.
Pensar

Esta palabra proviene del vocablo latino pensare, que originalmente significaba: pesar, poner el peso de algo en la balanza; es un término emparentado con pendere: colgar; y con pendulum; estar colgado, vacilante incierto.

El sentido común es el saber prerreflexivo de la inteligencia humana, situado entre el saber común irreflexivo y el saber de contemplación hacia el cual tiende.
Las tendencias a la actitud contemplativa

Contemplar es algo más que mirar atentamente; cuando contemplamos tenemos la experiencia viva de los hechos, las cosas y nosotros, formamos parte de de una totalidad, formamos parte del universo, participamos en la unidad de lo di-verso.

En esos momentos de contemplación no perdemos la conciencia de nosotros mismos.

Contemplar

El significado es: “templar el acero”, es darle alma; esta acción logra que el acero pierda su rigidez sin afectar su resistencia, fundiéndolo con determinados ingredientes para darle flexibilidad.

Contemplar es comunión total con algo distinto de nosotros, pero sin dejar de ser nosotros mismos.
1.1. Historia de la Filosofía

La filosofía occidental comenzó en Jonia como una especulación sobre la naturaleza subyacente del mundo físico. En su forma primera no se distinguía de la ciencia natural, pues los primeros filósofos eran físicos preocupados por determinar qué puede permanecer tras el aparente cambio. Los escritos de los primeros pensadores de la filosofía griega no se han conservado en lo fundamental, excepto algunos fragmentos citados por Aristóteles y otros autores pertenecientes a épocas posteriores.

La tradición filosófica occidental tiene una historia de más de 2500 años, desde la antigua Grecia hasta nuestros días. A lo largo de ese tiempo, hubo una enorme cantidad de filósofos y movimientos filosóficos, demasiado numerosos para ser mencionados aquí.
Grecia

Históricamente somos hijos de Grecia, y la deuda cultural contraída con ella es enorme. La razón es que los griegos crearon una ciencia y una filosofía que no son solamente ciencia y filosofía griega, sino la ciencia y la filosofía en general, cuya idea, orientación y metodología inspiraron a la ciencia posterior.



La mentalidad griega

Los griegos pueden caracterizarse por dos rasgos típicos: su sentido de la totalidad de las cosas y su firme creencia en la razón o en el orden.

Aunadas a estas características, los griegos gozaban de “libertad en la búsqueda de la verdad” y ansia de conocimientos; la conjunción de estos dos factores los condujo a cambios fundamentales en el desarrollo y expresión de su pensamiento, mediante la formulación de grandes sistemas cuya influencia es patente hasta la fecha.

El griego tenía una tendencia a ver las cosas como un conjunto orgánico, prefería adoptar los puntos de vista más amplios; los problemas particulares eran casi siempre generalizados. Y aunque las clasificaciones llegaron a existir (Aristóteles nos legó el pensar en categorías), era la intuición, la forma de ser del griego, la que consideraba las cosas en su aspecto global. Todo lo integraba en alguna unidad. No había, en la realización práctica de la vida, una separación, un corte tajante entre lo moral, lo intelectual, lo estético y lo práctico.

Para un griego, el hombre debería ser un hombre total, es decir, realizar todos los atributos que según su naturaleza el hombre puede desarrollar. Su ideal se determinaba por lo que llaman areté (virtud).

Así pues, para un griego la excelencia física, moral e intelectual eran partes de un todo y el hombre que demostraba esta excelencia era un hombre pleno, completo.

El segundo rasgo fundamental de la mentalidad griega que mencionamos fue el de la firme creencia en la razón. Para el griego el universo nunca fue caprichoso, obedecía a la Ley y, por consiguiente, era susceptible de una explicación.
Mito y religión entre los griegos

Los griegos parecen haber pensado sobre los dioses tanto como cualquier otro pueblo. En sus orígenes, su vida, como la de todos, se hallaba sujeta a fuerzas exteriores que no se podían controlar, y a estas fuerzas o potencias les dieron el nombre de theoi, que traducimos por dioses. A esas fuerzas o potencias los griegos oponían otras que supuestamente debían protegerlos. Pero tanto, malignas, arbitrarias, heterogéneas, como benignas, en un principio, todas eran theoi. Estas últimas constituían los dioses de la tribu, del clan, de la familia, dioses a los que se tenía que tratar con escrupuloso respeto y ofrendarles sacrificios en la forma prescrita.

El politeísmo de los griegos primitivos no fue producto de una nación coherente. En un comienzo los pequeños conjuntos de personas y los grupos de invasores tenían que relacionarse unos con otros. La religión politeísta, a diferencia de las religiones monoteístas, como el judaísmo, cristianismo e islamismo, fue hospitalaria y tolerante con otros dioses.

Los mitos eran explicaciones, precientíficas. Este tipo de mitos serán propiamente el antecedente de primer pensamiento filosófico porque constituye un intento de abordar el origen de las cosas, primero del universo físico, después de los dioses mismos y de los hombres y de los hombres.

La religión griega fue un factor importante hasta tiempos muy avanzados. Las creencias en los dioses eran las bases de la institución social. La tradición es algo que no se puede romper fácilmente, sobre todo en la gente común del pueblo a la que le son ajenas las nuevas especulaciones científico-filosóficas de la razón. A los griegos la religión nunca les impidió buscar en otros campos y por otros medios respuestas a sus preguntas más inquietantes.

Tampoco podemos establecer una ruptura tan tajante entre la creencia religiosa, la magia y la hechicería, que siguieron prevaleciendo en las mentes del pueblo, y los nuevos descubrimientos de los filósofos griegos. Estos hablaban de los dioses, pero de una manera diferente y paralela a su filosofar racional, piensan sobre ellos, filosofan sobre la misma religión, hacen teología. Muchos se encuentran en una posición intermedia entre la fase mágica del pensamiento, o lo que algunos antropólogos llaman pensamiento prelógico, y la racional.


FILOSOFÍA PRESOCRÁTICA
Los orígenes de la Filosofía

Al hablar de los orígenes de la filosofía debemos recordar dos hechos fundamentales: primero, que filosofía y ciencia nacen juntas, y no hay línea divisoria entre ellas, así que usaremos estos dos términos, al menos en los filósofos presocráticos, indistintamente; segundo, que el antecedente inmediato de la filosofía fueron las especulaciones de cierto tipo de mitos que podemos denominar cosmogónicos o teogónicos. El desarrollo de la filosofía griega se inicia con una etapa de concepciones cosmológicas.


Escuela de Mileto

Todas las historias de la filosofía occidental coinciden en que la filosofía nació en el litoral Jónico del Asia Menor, en la floreciente ciudad griega de Mileto en el siglo VI a. C.; coinciden también en considerar a Tales (624-546 a. C.) como el primer pensador al que podemos llamar filósofo. Junto con Anaximandro (610-545 a. C.) y Anaxímenes (585-528 a. C.) se les agrupa a los tres en la llamada Escuela de Mileto, cuya característica principal fue que hicieron una filosofía de tipo naturalista, porque, aparte de que intentan resolver los problemas naturales, su respuesta al origen y principio de todas las cosas fue de tipo físico, natural y material. El nombre fisis, en griego, se suele traducir por naturaleza, en el sentido de lo que está hecho algo. Esta fisi, de la que están hechas todas las cosas, será la que buscarán los pensadores presocráticos.

De estos primeros filósofos no tenemos propiamente nada escrito y su pensamiento puede reconstruirse sólo a través de los comentarios y las noticias que nos dan filósofos griegos posteriores.

Decimos que Tales fue el primero en dar una respuesta a la pregunta “¿qué son todas las cosas?” de manera científica.

Las respuestas dadas por la mitología, aunque reflexivas, se expresaban poéticamente; a diferencia de la argumentación lógica que Tales emplea, que no es ya concepción mítica ni poética, sino racional.

El primer pensador considerado un filósofo fue Tales de Mileto, originario de esta ciudad, en la costa jónica de Asia Menor, que vivió a finales del siglo VII a.C. y principios del siglo VI a. C. Alabado por las generaciones posteriores como uno de los siete sabios de Grecia, se interesó por los fenómenos astronómicos, físicos y meteorológicos, y sus investigaciones científicas le llevaron a pensar que todos los fenómenos naturales son formas diferentes de una sustancia fundamental (una primera idea sobre el monismo) que él creía era el agua, pues pensaba que la evaporación y condensación eran procesos universales. Anaximandro, discípulo de Tales, mantenía que el primer principio a partir del cual surgen todas las cosas es una sustancia intangible, invisible e infinita que llamó ápeiron (“lo ilimitado”). Comprendió, sin embargo, que en todas las cosas se podía encontrar una sustancia no observable, por lo que su noción de lo ilimitado anticipó la noción moderna de un Universo sin límite. Esta sustancia, afirmaba, es eterna e indestructible. Debido a su movimiento continuo, las sustancias conocidas —como calor, frío, tierra, aire y fuego evolucionan de una forma ininterrumpida generando a su vez los distintos objetos y organismos que configuran el mundo que conocemos por los sentidos.

El tercer gran filósofo jónico, Anaxímenes, volvió a la suposición de Tales de que la sustancia primera es algo conocido y material, pero mantuvo que ésta es el aire en vez del agua. Creía que los cambios que experimentan los objetos se pueden explicar en términos de rarefacción y condensación del aire. De tal modo, Anaxímenes fue el primer filósofo que explicó diferencias cualitativas en términos de diferencias cuantitativas, un método fundamental en la ciencia física.

En general, la escuela jónica dio el primer paso radical desde la explicación mítica de los fenómenos naturales a la exposición científica; descubrió los importantes principios científicos de la permanencia de la sustancia, la evolución natural del mundo y la reducción de calidad a cantidad.


La escuela pitagórica

Hacia el año 530 a. C., el filósofo Pitágoras de Samos fundó una escuela de filosofía en Crotona, en la Magna Grecia, al sur de Italia, que fue más religiosa y mística que la escuela jónica. Pretendía conciliar la antigua visión mítica del mundo con el creciente interés por la explicación científica. El sistema de filosofía resultante —que se conoció como pitagorismo— fundó las creencias éticas, sobrenaturales y matemáticas en una visión espiritual de la vida. Los pitagóricos enseñaron y practicaron un sistema de vida basado en la creencia de que el alma es prisionera del cuerpo, del cual se libera al morir y se reencarna en una forma de existencia, más elevada o no, en relación con el grado de virtud alcanzado. El principal propósito de los seres humanos tendría que ser la purificación de sus almas mediante el cultivo de virtudes intelectuales, la abstención de los placeres de los sentidos y la práctica de diversos rituales religiosos. Los pitagóricos —que descubrieron las leyes matemáticas del tono musical— dedujeron que el movimiento planetario produce una “música de las esferas” y desarrollaron una “terapia a través de la música” para lograr que la humanidad encontrara su armonía con las esferas celestes. Identificaron la ciencia con las matemáticas y mantuvieron que todas las cosas son reductibles a números y figuras geométricas. Realizaron grandes contribuciones a las matemáticas, la teoría musical y la astronomía.


La escuela Eleática

En el siglo V a. C., Parménides fundó una escuela de filosofía en Eléa, colonia griega situada en la Magna Grecia. En su única obra conocida, “Sobre la naturaleza”, adoptó una actitud opuesta a la de Heráclito en la relación entre estabilidad y cambio, y mantuvo que el Universo o lo que es, es decir, el ente, se puede describir como una esfera indivisible e inmutable y que toda referencia a cambio o diversidad es por sí misma contradictoria. Mantenía que nada puede ser realmente afirmado excepto “lo que es” (el ente). Zenón de Eléa, discípulo suyo, intentó probar la unidad del ser afirmando que la creencia en la realidad de cambio, la diversidad y el movimiento lleva a paradojas lógicas. Las aporías de Zenón llegaron a ser enigmas intelectuales que filósofos y lógicos de todas las épocas posteriores han intentado resolver. El interés de los eleáticos por el problema de la consistencia racional propició el desarrollo de la ciencia de la lógica.


La escuela de Heráclito

Heráclito de Éfeso (Jonia), continuando la búsqueda de la sustancia primigenia que iniciaron los jonios, afirmó que ésta es el Fuego. Observó que el fuego produce cambios en la materia y anticipó la teoría moderna de la energía. También afirmó que todas las cosas se encuentran en un estado de flujo continuo (panta rei), que la estabilidad es una ilusión y que sólo el cambio y la ley del cambio (o logos) son reales. La doctrina del logos de Heráclito, que identificaba las leyes de la naturaleza con una mente divina, evolucionó hacia la teología panteísta del estoicismo.













La escuela pluralista

La especulación en torno al mundo físico iniciada por los jonios fue continuada en el siglo V a. C. por Empédocles y Anaxágoras, que desarrollaron filosofías que sustituían la descripción jónica de una sustancia primera única por la suposición de una pluralidad de sustancias. Empédocles mantenía que todas las cosas están compuestas por cuatro elementos irreductibles: aire, agua, tierra y fuego, combinados o separados por dos fuerzas opuestas según un proceso de alternancia: el amor y el odio. Mediante este proceso, el mundo evoluciona desde el caos hasta la forma y vuelve al caos otra vez, en un ciclo reiterado. Empédocles consideró el ciclo eterno como el objeto verdadero del culto religioso y criticó la creencia popular en divinidades personales, pero no consiguió explicar cómo los objetos conocidos por la experiencia pueden desarrollarse al margen de factores que son por completo distintos a ellos. Por consiguiente, Anaxágoras sugirió que todas las cosas están compuestas por partículas muy pequeñas o “semillas”, que existen en una variedad infinita. Para explicar cómo se combinan esas partículas para formar los objetos que constituyen el mundo conocido, Anaxágoras desarrolló una teoría de la evolución cósmica. Afirmaba que el principio activo de este proceso evolutivo es una mente universal que separa y combina las partículas, el nous. Su concepto de partículas elementales llevó al desarrollo de una teoría atómica de la materia.












La escuela atomista

Fue un paso natural el que condujo desde el pluralismo hasta el atomismo, interpretación según la cual toda materia está compuesta por partículas diminutas e indivisibles que se diferencian sólo en simples propiedades físicas como el peso, el tamaño y la forma. Este paso se dio en el siglo IV a.C. con Leucipo y su colaborador más conocido, Demócrito de Abdera, a quien se le atribuye la primera formulación sistemática de una teoría atómica de la materia. Su concepción de la naturaleza fue materialista de un modo absoluto, y explicó todos los fenómenos naturales en términos de número, forma y tamaño de los átomos. Redujo las cualidades sensoriales de las cosas (como calor, frío, gusto y olor) a las diferencias cuantitativas de los átomos. Las formas más elevadas de existencia, como la vida de las plantas y animales e incluso la humana, fueron explicadas por Demócrito en términos físicos en sentido estricto. Aplicó su teoría a la psicología, la fisiología, la teoría del conocimiento (epistemología), la ética y la política, y presentó así el primer planteamiento amplio del materialismo determinista que afirma que todos los aspectos de la existencia están determinados de forma rígida por leyes físicas.


Los sofistas

Hacia finales del siglo V a.C., un grupo de maestros itinerantes llamados sofistas alcanzó un gran renombre en toda Grecia. Los sofistas tuvieron un papel importante en la evolución de las ciudades-estado griegas desde unas monarquías agrarias hasta su consolidación como democracias comerciales. Conforme crecieron la industria y el comercio helénicos, una nueva clase de ricos comerciantes, poderosos en el ámbito económico, empezó a controlar el poder político. Careciendo de la educación de los aristócratas, quisieron prepararse para la política y el comercio pagando a los sofistas a cambio de enseñanzas en el arte de hablar en público, el razonamiento legal y la cultura general. A pesar de que lo mejor de los sofistas contribuyó enormemente al pensamiento griego, el grupo en su conjunto adquirió una reputación de falaz, hipócrita y demagogo. De ahí que la palabra sofisma represente esas deficiencias morales. La famosa máxima de Protágoras, uno de los sofistas más importantes, “el hombre es la medida de todas las cosas”, es representativa de la actitud filosófica de esta escuela. Sus componentes mantenían que los individuos tienen el derecho de juzgar por sí mismos todos los asuntos; negaban la existencia de un conocimiento objetivo en el que se supone que todo el mundo debe creer, mantuvieron que la ciencia natural y la teología tienen poco o ningún valor porque carecen de relevancia en la vida diaria, y declararon que las reglas éticas sólo tenían que asumirse cuando conviene al propio interés.




Filosofía socrática

Tal vez la mayor personalidad filosófica en la historia haya sido Sócrates. Nacido alrededor del año 470 a.C., practicó un diálogo continuo con sus alumnos hasta que fue sentenciado a muerte, condena que cumplió bebiendo cicuta en el 399 a.C. A diferencia de los sofistas, Sócrates se negó a aceptar dinero por sus enseñanzas, afirmando que no tenía ninguna certidumbre que ofrecer excepto la conciencia de la necesidad de más conocimiento. Sócrates no dejó ningún escrito, pero sus enseñanzas fueron preservadas para las generaciones posteriores en los diálogos de uno de sus más famosos discípulos, Platón, y también aparecen en los escritos de Jenofonte. Sócrates enseñó que cada persona tiene pleno conocimiento de la verdad última dentro de su alma y que sólo necesita llevarlo a la reflexión consciente para darse cuenta. Por ejemplo, en Menón (un diálogo platónico) Sócrates plantea a través de una ficción la forma en que un esclavo ignorante puede llegar a la formulación del teorema de Pitágoras, demostrando así que el conocimiento está innato en el alma, en vez de ser implícito o indisociable de la experiencia. Sócrates creía que el deber del filósofo era provocar que la gente pensara por sí misma, en vez de enseñarle algo que no supiera. Por eso se decía partero o alumbrador de ideas. Su contribución a la historia de la filosofía no fue una doctrina sistemática, sino un método de reflexión, la mayéutica, y un tipo de existencia. Hizo hincapié en la necesidad de un examen analítico de las creencias de cada uno, de definiciones claras de los conceptos básicos, y de un planteamiento racional y crítico de los problemas éticos.

La finalidad de la doctrina de Sócrates era lograr un modo de vida que llevara a servir a los demás y no a oprimirlos, promover la felicidad del individuo y el bien de la sociedad a través del conocimiento de uno mismo.

En general, Sócrates concibió el alma como entidad indivisible, inmortal e inteligente, contaminada por el cuerpo. Determinó el concepto de virtud moral como comprensión racional, es decir, como conocimiento de lo bueno.

Tener conceptos claros y objetivos, poseer la recta ciencia, equivale a vivir moralmente; quien conoce el bien se siente, por necesidad, ligado a él. El objeto de la filosofía socrática es el hombre como ser moral.
La ciencia y la moral

Interesado en la vida concreta de cada uno de los hombres que le rodean, insatisfecho de las especulaciones científicas de los primeros filósofos griegos que se contentaban con afirmar una teoría sin demostrarla, Sócrates busca la única ciencia que tiene importancia en la conducta de la vida tanto individual como social. Esta ciencia es la moral.

La moral socrática tiene una apariencia paradójica. Aristóteles la reduce a tres proposiciones: 1) la virtud es lo mismo que el conocimiento; 2) el vicio es ignorancia; 3) nadie hace el mal voluntariamente. La tercera de estas proposiciones es, sin duda, la más paradójica. Para entender la moral contenida en estas frases es necesario recordar que la virtud para Sócrates, como para los sofistas, puede ser enseñada. Es igualmente necesario entender que la virtud significa exactamente lo opuesto para los sofistas y para Sócrates.

La moral no es así una técnica para calcular fines prácticos sino el verdadero conocimiento que va más allá de toda especialidad, el conocimiento del hombre sabio. Si el conocimiento es real, el conocimiento y la acción tendrán que coincidir en el bien.



FILOSOFÍA PLATÓNICA
Platón fue un pensador más sistemático que Sócrates, pero sus escritos, en especial los primeros diálogos, pueden ser considerados como una continuación y elaboración de las ideas socráticas. Al igual que Sócrates, Platón consideró la ética como la rama más elevada del saber, y subrayó la base intelectual de la virtud al identificar virtud con sabiduría. Esta idea llevó a la llamada “paradoja socrática” por la que “ningún hombre hace el mal por propia voluntad”, como dice Sócrates en Protágoras. Más tarde, Aristóteles advertiría que una conclusión así no da lugar a la responsabilidad moral. Platón exploró también los problemas fundamentales de la ciencia natural, la teoría política, la metafísica, la teología y la epistemología, y enriqueció conceptos tales como el conocimiento (en Teeteto), el origen y esencia del lenguaje (en Crátilo), la justicia (en La República) o la belleza (en El Banquete), entre otros muchos, que posteriormente se erigieron en fundamentos permanentes del pensamiento occidental.

La base de la filosofía de Platón es su teoría de las ideas, o doctrina de las formas. La teoría de las ideas (que queda expresada en muchos de sus diálogos, sobre todo en La República y Parménides) divide la existencia en dos esferas o mundos, una “esfera inteligible” de ideas o formas perfectas, eternas e indivisibles, el Topos Uranos, y una “esfera sensible”, de objetos concretos y conocidos. Los árboles, las piedras, los cuerpos humanos y en general los objetos que pueden ser conocidos a través de los sentidos son para Platón irreales, sombríos y copias imperfectas de las ideas. Llegó a esta, en apariencia, extraña conclusión por las elevadas reglas que adjudicó al conocimiento, por ejemplo, que todos los objetos auténticos de conocimiento fueran descritos sin contradicciones. Como todos los objetos percibidos por los sentidos experimentan cambios, una afirmación hecha respecto a esos objetos en un instante no será válida en un momento posterior. Según Platón, esos objetos no son del todo reales. Las creencias que se derivan de la experiencia de esos objetos son, por lo tanto, imprecisas e inconstantes, mientras que los principios de las matemáticas y la filosofía —elaborados a partir de la meditación interior sobre las ideas— constituyen el único saber digno de ese nombre. En La República, Platón expuso su famoso mito de la caverna, en el cual muestra cómo la humanidad, prisionera en una caverna, confunde las sombras proyectadas en una roca con la realidad y en el que considera al filósofo como la persona que penetra en el Universo fuera de la caverna de la ignorancia y alcanza una visión de la verdadera realidad, el mundo de las ideas. El concepto de Platón del bien absoluto —que es la idea más elevada y engloba a todas las demás— ha sido una fuente principal de las doctrinas religiosas panteísta y mística en la cultura occidental.

La teoría de las ideas de Platón y su visión racionalista del conocimiento son la base de su idealismo ético y social. El mundo de las ideas eternas facilita las normas o ideales según los cuales todos los objetos y acciones han de someterse al juicio del hombre. La persona filosófica, que se abstiene de los placeres sensuales y busca en su lugar el conocimiento de los principios abstractos, encuentra en esos ideales los modos para regir la conducta personal e intervenir en las instituciones sociales. La virtud personal consiste en una armónica relación entre las facultades del alma. La justicia social consiste entonces en la armonía entre las distintas clases de la sociedad. El estado ideal de una mente sana en un cuerpo sano requiere que el intelecto controle los deseos y las pasiones, así como el Estado ideal de la sociedad requiere que los individuos más sabios controlen a las masas buscadoras de placer. Para Platón, la verdad, la belleza y la justicia coinciden en la idea del Bien. Por lo tanto, el arte que expresa los valores morales es el mejor.

La idea del alma inmortal y eterna estaba en el ámbito del pensamiento de Sócrates y Platón lo incorporó al producto más importante de su filosofía, es decir, la teoría de las ideas.

Platón presenta sus obras y su filosofía en forma de diálogos bellísimos en los cuales encontramos toda la doctrina socrática y su propia filosofía.

Aunque el alma está encerrada en el cuerpo, goza de vida propia y manda sobre el cuerpo. Pero no entra directamente a la eternidad con la muerte sino que pasa un periodo de redención y luego por otras vidas terrenas de distintas clases; de sus méritos depende que en las sucesivas vidas vaya elevándose su condición, desde la más humilde vida animal hasta la liberación del cuerpo. El alma individual tiende a huir del cuerpo para ir a refugiarse en la eternidad y contemplar las ideas que son el verdadero ser.

Filósofo es aquel que, conociendo las ideas, trata de conducir a los demás a la contemplación de las mismas. Sólo la razón (propia del alma) nos permite conocer lo inmutable, las ideas, que son la verdadera realidad. Para ello es necesario que el hombre haga un esfuerzo por desligarse de sus ataduras corporales y huir hacia la contemplación de las ideas.

Las ideas existen separadas de las cosas sensibles y son la unidad bajo la cual se recoge la multiplicidad de ellas y de la que toman su nombre las cosas; son por tanto, subsistentes.

Según Platón se llega a las ideas por la demostración matemática. Con todo. Considera que este camino es imperfecto, porque emplea la imagen sensible. Considera más perfecta la intuición que alcanza las cosas puramente inteligibles; pero para llegar a esta intuición inteligible se requiere preparación moral, que consiste en el alejamiento de las cosas sensibles, el dominio de las pasiones y la preparación intelectual.

El hombre debe ascender desde las cosas sensibles hasta la suprema idea del Bien. Ahora bien, Las Ideas no están en las cosas, de ahí que no puedan sacarse de éstas; por ello Platón supone la “preexistencia del alma” en las región de las Ideas, donde las contempló antes de estar encerrada en el cuerpo. Luego, todo el conocimiento de ciencia en esta vida no es sino el recuerdo de lo ya conocido anteriormente (anamnesis).

Las ideas son eternas, necesarias; están fuera del tiempo y del espacio. Son los ejemplares de las cosas y las causas finales de las cosas. Todas las ideas se subordinan a la suprema Idea del Bien, de la cual participan de alguna manera.

Siendo el Bien la realidad suprema, Platón considera que la mejor vida para el hombre es la consagrada a buscar el conocimiento que lo lleve a contemplar cara a cara la Belleza y la Verdad, que son a su vez, manifestaciones del Bien.

En su obra La República, Platón describe en función de los principios de su filosofía, la estructura del Estado ideal, el modo de formarlo y conservarlos:


  • Los hombres en los que predomina la razón constituyen la clase de los gobernantes porque son los menos ligados a los placeres del cuerpo, no deben tener familia propia ni poseer bienes.

  • Aquellos en los que predomina la valentía, la fortaleza, forman la clase de los guerreros.

  • Los hombres en los que prevalece el “apetito”, forman la clase trabajadora, o sea, los pastores, labriegos, artesanos, poseedores de bienes en común.

El estado perfecto, en la opinión de Platón, estaría sometido al gobierno de una aristocracia basada en la educación. Según Latón, la justicia social no prevalece cuando gobiernan los guerreros, porque el Estado se vuelve belicoso y los ciudadanos se quedan esclavizados. Si gobierna la clase trabajadora, se exacerba el ansia de adquirir riquezas.

La educación implica formación científica, formación física y un periodo entregado a la “contemplación”, y es el medio principal para el logro de la organización en el orden social.

Se puede afirmar que la virtud es el supremo bien para el individuo y también para el Estado. El Estado es, para Platón, un organismo ético.



FILOSOFÍA ARISTOTÉLICA
Aristóteles, que empezó a estudiar en la Academia de Platón a los 17 años, en el 367 a.C., es considerado el más ilustre discípulo de Platón y se sitúa junto con su maestro entre los más profundos e influyentes pensadores de la historia de Occidente. Después de asistir durante varios años a la Academia, se convirtió en el preceptor de Alejandro Magno. Más tarde regresó a Atenas para fundar el Liceo, una escuela que, al igual que la Academia de Platón, fue durante siglos uno de los grandes núcleos de enseñanza en Grecia. En sus conferencias, Aristóteles definió los conceptos y principios básicos de muchas de las ciencias teóricas, como la lógica, la biología, la física y la psicología. Al establecer los rudimentos de la lógica como ciencia, desarrolló la teoría de la inferencia deductiva, representada por el silogismo (proposición deductiva que utiliza dos premisas y una conclusión), y un conjunto de reglas para fundamentar lo que habría de ser el método científico.

En su Metafísica, Aristóteles discutió la separación que hizo Platón de idea y materia, y afirmó que las ideas o esencias están contenidas dentro de los objetos mismos que las ejemplifican. Para Aristóteles, cada cosa real es una mezcla de potencia y acto; en otras palabras, cada cosa es una combinación de aquello que puede ser (pero que todavía no es) y de aquello que ya es (también distinguido como materia y forma), porque todas las cosas cambian y se convierten en otra cosa diferente de lo que son, excepto los intelectos activos humanos y divinos, que son formas puras.

Para Aristóteles, la naturaleza es un sistema orgánico de cosas cuyas manifestaciones comunes hacen posible ordenarlas en clases de especies y géneros; cada especie tiene una forma, propósito y modo de desarrollo en cuyos términos se puede expresar. El fin de la ciencia teórica es definir las actitudes, propósitos y modos esenciales de desarrollo de todas las especies y disponerlos en su orden natural de acuerdo con sus complejidades según su forma, siendo los principales niveles el inanimado, el vegetativo, el animal y el racional. El alma, para Aristóteles, es la forma o realidad del cuerpo, y los humanos, cuyo espíritu racional constituye una forma más elevada que la de las demás especies terrenales, la más elevada dentro de las perecederas. Los cuerpos celestes, compuestos de una sustancia imperecedera o éter, y movidos en un perfecto movimiento circular por Dios, son todavía más altos en el orden de la naturaleza. Esta clasificación jerárquica de la naturaleza fue adoptada por muchos teólogos cristianos, judíos y musulmanes en la edad media como una visión de la naturaleza.

La filosofía política y ética (ésta última desarrollada en Ética a Nicómaco) de Aristóteles surgió también de un examen crítico de los enunciados platónicos. Las normas de conducta personal y social, según Aristóteles, pertenecen al estudio científico de las tendencias naturales de los individuos y las sociedades en vez de contemplarse en la esfera celeste de las ideas puras. Menos insistente que Platón en una conformidad rigurosa respecto a los principios absolutos, Aristóteles consideró las reglas éticas como guías prácticas para alcanzar una vida feliz y plena. El énfasis que puso en la felicidad, como el cumplimiento de las capacidades naturales, expresó la actitud hacia la vida que mantuvieron los griegos cultos de su tiempo. En teoría política adoptó una posición más realista que Platón. Se mostró conforme con el modelo de una monarquía gobernada por un rey sabio que llegaría a representar la estructura política ideal, pero reconocía asimismo que las sociedades difieren en sus necesidades y tradiciones, y creía que una democracia limitada conforma y ordena el mejor compromiso concebible. En su teoría del conocimiento, Aristóteles rechazó la doctrina platónica por la que el saber es innato e insistió en que sólo puede adquirirse mediante la generalización desde la experiencia. Interpretó el arte como una vía al servicio del placer y de la ilustración intelectual en lugar de ser un instrumento de educación moral. Su análisis de la tragedia griega en Poética es considerado el hito fundacional de la crítica literaria.

Desde el siglo IV a.C. hasta el desarrollo de la filosofía cristiana en el siglo IV, el epicureísmo, el estoicismo, el escepticismo y el neoplatonismo fueron las principales escuelas filosóficas en el mundo occidental. El interés por la ciencia natural declinó en ese periodo y estas escuelas se preocuparon sobre todo por la ética y la religión.

Platón escribía para el gran público y en forma literaria. Aristóteles, al contrario, escribía para la escuela y en forma científica. En su primera estancia en Atenas, sin embargo, siguió el ejemplo de su maestro, y también escribió diálogos literarios. Estos diálogos se perdieron más tarde con la invasión con la invasión de Roma por los bárbaros. De Aristóteles ha quedado sólo un conjunto de obras de carácter técnico, sumamente abstractas, que no se dieron a conocer hasta su publicación por Andrónico de Rodas años más tarde.


Las obras de Aristóteles se pueden agrupar en cuatro categorías:


  • Las obras lógicas son recogidas con el nombre de Organon (instrumento), porque ayudan a “llegar a la verdad”.

  • La Metafísica, a la que Aristóteles solía llamar filosofía primera, por tratar precisamente de lo que es “primero en la naturaleza”, problema al cual los filósofos anteriores habían dado diversas respuestas. Aristóteles organiza una original síntesis de todas ellas.

  • Los libros de la Naturaleza: los ocho libros de Física, a manera de lecciones en torno a la naturaleza. En los primeros cinco habla de los principios naturales, en los otros tres, del movimiento.

Siguen los cuatro libros Del Cielo, los cinco De la generación y la corrupción y los cuatro de los Meteorológicos. Las Historias de los Animales son una filosofía y anatomía comparadas.

Parte de los escritos sobre la naturaleza componen la psicología, contenida en los tres libros del alma.



  • Los libros de Ética y Política. La Ética de Aristóteles queda expresadas en: Ética a Nicómaco, la Ética a Eudemo y la Gran ética.

Aristóteles, como su maestro Platón, se vincula a Sócrates; para él el objeto de la filosofía es universal; el conocimiento cierto se distingue de la simple opinión en que ésta versa sobre lo accidental (lo no esencial). A la filosofía la considera como el conocimiento de la esencia de las cosas. De aquello que es inmutable, universal y eterno.

Aristóteles no distingue la filosofía de la ciencia. La divide en teórica, práctica y poética. La filosofía teórica abraza la Física, la Matemática y la Metafísica. La filosofía práctica se divide en Lógica, ética, Economía y política. Finalmente, la poética comprende las artes liberales, principalmente, la Poesía.

Considera Aristóteles que el conocimiento intelectual es superior al sensible, pero los objetos son primeramente conocidos mediante la experiencia sensible. Del adato sensible, la inteligencia abstrae lo universal (las formas, las esencias) ya que el objeto del entendimiento es lo universal.

Así mediante la abstracción, forma los conceptos con los que el sujeto conoce la verdadera naturaleza o esencia de las cosas. A parir de ellos puede poseer conocimientos ciertos (ciencia).

Considera Aristóteles que el conocimiento intelectual es superior al sensible, pero los objetos son primeramente conocidos mediante la experiencia sensible. Del dato sensible, la inteligencia abstrae lo universal (las formas, las esencias) ya que el objeto del entendimiento es lo universal.

Así mediante la abstracción, forma los conceptos con los que el sujeto conoce la verdadera naturaleza o esencia de las cosas. A partir de ellos puede conocer poseer conocimientos ciertos (ciencia).

Su objeción principal se dirige contra la doctrina platónica de las Ideas, esto es, contra la separación en dos mundos. El de la esencia y el de la apariencia, el Ser y el Devenir. Lo que quiere es restablecer la relación entre los conceptos y la realidad, así como el vínculo entre idea y apariencia. Con ello hace posible la explicación conceptual de lo percibido por los sentidos.

El sistema de Aristóteles es realista por lo que respecta a la verdad del conocimiento, que consiste en el pleno acuerdo con la realidad. Afirmar y negar es el oficio de los juicios (o proposiciones), pero sólo habrá verdad si se niega o afirma de acuerdo con la realidad misma.

1.1.1. Definición de Filosofía

Filosofía, término derivado del griego, que significa “amor por la sabiduría”. Esta definición clásica convierte a la filosofía en una tensión que nunca concluye, en una búsqueda sin término del verdadero conocimiento de la realidad.

Es posible, sin embargo, ofrecer una descripción de la filosofía como “saber racional totalizante, crítico de segundo grado”. La filosofía es una forma de conocimiento que pretende ofrecer explicaciones de los temas que analiza empleando la razón y los argumentos racionales (a diferencia de la fe o la autoridad). En segundo lugar, la filosofía es un saber de tipo general y totalizante, pues pretende ofrecer respuesta a cuestiones de tipo general y mantiene siempre una perspectiva totalizante sobre las mismas. En tercer lugar, la filosofía es un saber crítico, pues analiza los fundamentos de todo lo que considera y nunca se limita a aceptarlos de forma ingenua. Finalmente, la filosofía es un saber de segundo grado, que emplea los datos y contribuciones de las ciencias, que son siempre un conocimiento de primer grado sobre la realidad.

La filosofía es un saber eminentemente interdisciplinar, ya que emplea las aportaciones de diferentes disciplinas científicas y de distintos tipos de saber, sin limitarse a ninguno de ellos; en este sentido, la filosofía va más allá de las habituales especializaciones del saber científico. Este rasgo es una derivación de su carácter general y crítico. Debe señalarse que en filosofía posee un gran valor la actitud interrogativa, y se ha dicho que en ella son más importantes las preguntas que plantea que aquellas respuestas que pueda ofrecer: tal consideración es consecuencia del carácter crítico que caracteriza a la filosofía.

Aunque suele afirmarse que todo hombre o mujer es un filósofo, la filosofía ha desarrollado a lo largo de su historia un conjunto de conceptos y métodos que conforman una técnica y una sensibilidad conceptual muy determinada; de ahí que sea necesario destacar el carácter técnico que posee gran parte del trabajo filosófico. Es éste un rasgo que no ha hecho sino aumentar en los dos últimos siglos, cuando el análisis filosófico se ha visto enriquecido con un elevado nivel de complejidad, que exige un conocimiento especializado.
1.1.2. Objeto de estudio de la Filosofía

El objeto principal de la Disciplina denominada Filosofía es el Ser, en cuanto a su origen constitución y características.


1.1.3. División de la Filosofía

Es posible distinguir varias áreas de investigación filosófica: ontología y metafísica (análisis crítico de la estructura de la realidad); teoría del conocimiento, epistemología o gnoseología (análisis del origen, estructura y alcance del conocimiento); lógica (estudio del razonamiento o argumento válido); ética (teoría de la acción humana y de sus valores); estética (teoría de la belleza y del arte); y, por supuesto, la historia de la filosofía, en cuanto ésta no se limita a una exposición de las distintas doctrinas filosóficas, sino que pretende reconstruir críticamente determinadas argumentaciones o sistemas filosóficos. Cabe señalar, asimismo, la existencia de una variedad de análisis filosóficos de determinadas ramas de la ciencia o de la actividad humana, que constituyen áreas especializadas como son la filosofía de la historia, la filosofía de la ciencia, la filosofía del derecho o la filosofía de las ciencias sociales, entre otras.


1.2. Los problemas filosóficos

Es evidente que muchos de los análisis que se realizan en filosofía mantienen una cierta conexión con la sociedad y la época en la que esos análisis se han realizado. Sin embargo, muchos de los problemas filosóficos poseen un carácter general que sobrepasa el marco histórico y social en el que han surgido. Esto es lo que explica, en cierto modo, el carácter intemporal de algunas de las cuestiones filosóficas más relevantes, como es la pregunta por el ser, el sentido del cambio, el concepto de sujeto, la estructura de la trascendencia o el alcance del conocimiento.


1.2.1. ¿Quién soy?
1.2.2. ¿De dónde vengo?
1.2.3. ¿Qué hago en este mundo?
1.3. Las disciplinas filosóficas
Es posible distinguir varias áreas de investigación filosófica: ontología y metafísica (análisis crítico de la estructura de la realidad); teoría del conocimiento, epistemología o gnoseología (análisis del origen, estructura y alcance del conocimiento); lógica (estudio del razonamiento o argumento válido); ética (teoría de la acción humana y de sus valores); estética (teoría de la belleza y del arte); y, por supuesto, la historia de la filosofía, en cuanto ésta no se limita a una exposición de las distintas doctrinas filosóficas, sino que pretende reconstruir críticamente determinadas argumentaciones o sistemas filosóficos. Cabe señalar, asimismo, la existencia de una variedad de análisis filosóficos de determinadas ramas de la ciencia o de la actividad humana, que constituyen áreas especializadas como son la filosofía de la historia, la filosofía de la ciencia, la filosofía del derecho o la filosofía de las ciencias sociales, entre otras.

Las ramas y los problemas que componen la filosofía han variado mucho a través de los siglos. Por ejemplo, en sus orígenes, la filosofía abarcaba el estudio de los cielos que hoy llamamos astronomía, así como los problemas que ahora pertenecen a la física Teniendo esto en cuenta, a continuación se presentan algunas de las ramas centrales de la filosofía en el presente.


1.3.1. Prácticas

Lógica

La lógica es el estudio de los principios de la inferencia válida. Una inferencia es un proceso o acto en el que a partir de la evidencia provista por un grupo de premisas, se afirma una conclusión. Tradicionalmente se distinguen tres clases de inferencias: las deducciones, las inducciones y las abducciones, aunque a veces se cuenta a la abducción como un caso especial de inducción. La validez o no de las inducciones es asunto de la lógica inductiva y del problema de la inducción. Las deducciones, en cambio, son estudiadas por la mayor parte de la lógica contemporánea. Cuando un argumento es deductivamente válido, se dice que la conclusión es una consecuencia lógica de las premisas El concepto de consecuencia lógica es, por lo tanto, un concepto central a la lógica. Para estudiarlo, la lógica construye sistemas formales que capturan los factores relevantes de las deducciones como aparecen en el lenguaje natural.


Filosofía del lenguaje

La filosofía del lenguaje es el estudio del lenguaje en sus aspectos más generales y fundamentales. A diferencia de la lingüística, la filosofía del lenguaje se sirve de métodos no-empíricos (como experimentos mentales) para llegar a sus conclusiones. En general, en la filosofía del lenguaje no se hace diferencia entre el lenguaje hablado, el escrito o cualquiera otra de sus manifestaciones, sino que se estudia aquello que es común a todas ellas. Algunos problemas centrales de la disciplina son: la naturaleza del significado y de la referencia, y la relación entre el lenguaje, los usuarios del lenguaje y la realidad.

Uno de los problemas centrales de la filosofía del lenguaje es el problema de la referencia.
Filosofía de la mente

La filosofía de la mente es el estudio de la mente y de todo lo mental, incluyendo las percepciones, sensaciones, emociones, recuerdos, sueños, pensamientos y creencias. Uno de los problemas centrales de la disciplina es determinar qué hace que todos los elementos de esta lista (y todos los que no están en ella) sean mentales. Otros problemas son la relación entre la mente y el cuerpo, la identidad personal a través del tiempo, y el problema del conocimiento de otras mentes.[


Ética

La ética abarca el estudio de la moral, la virtud, el deber, la felicidad y el buen vivir. Dentro de la ética es frecuente distinguir tres niveles: el primero, la metaética, estudia el significado de los juicios éticos y/o normativos, y las razones que los vuelven verdaderos o falsos. Dentro de este campo se estudia el problema del ser y el deber ser. El segundo nivel, la ética normativa, estudia los principios que vuelven a las acciones buenas o malas, correctas o incorrectas. Aquí se desarrolla el debate entre el consecuencialismo, la deontología, y la ética de las virtudes. El tercer nivel, la ética aplicada, estudia las aplicaciones concretas de las teorías éticas. En este nivel se debate la moralidad o no del aborto inducido, la eutanasia y problemas similares.


Estética

El caminante sobre el mar de nubes, de Caspar David Friedrich, es una representación prototípica de lo sublime


La única definición que parece gozar de algún consenso entre los filósofos, es que la estética es el estudio de la belleza. Sin embargo, algunos autores también generalizan esta definición y afirman que la estética es el estudio de las experiencias estéticas y de los juicios estéticos. Cuando juzgamos que algo es bello, feo, sublime o elegante (por dar algunos ejemplos), estamos haciendo juicios estéticos, que a su vez expresan experiencias estéticas. La estética es el estudio de estas experiencias y de estos juicios, de su naturaleza y de los principios que tienen en común.

La estética es una disciplina más amplia que la filosofía del arte, en tanto que los juicios y las experiencias estéticas pueden encontrarse fácilmente por fuera del arte. Por ejemplo, cuando vemos pasar a un perro, podríamos juzgar que el perro es lindo, y realizar así un juicio estético sobre algo que nada tiene que ver con el arte.



Filosofía política

La filosofía política es el estudio acerca de cómo debería ser la relación entre los individuos y la sociedad. Esto incluye el estudio de los gobiernos, las leyes, los derechos, el poder y las demás instituciones y prácticas políticas.

La filosofía política se diferencia de la ciencia política por su carácter generalmente normativo. Mientras la ciencia política dedica más trabajo a investigar cómo fueron, son y serán los fenómenos políticos, la filosofía política se encarga de teorizar sobre cómo deberían ser dichos fenómenos.

Algunos de los temas centrales en la filosofía política son: la legitimidad de los gobiernos, la limitación de su poder, los fundamentos de la ley, y los derechos y deberes que corresponden a los individuos.


1.3.2. Especulativas

Metafísica

La metafísica se ocupa de investigar la naturaleza, estructura y principios fundamentales de la realidad en general. Esto incluye la clarificación e investigación de algunas de las nociones fundamentales con las que entendemos el mundo, incluyendo: ser, entidad, existencia, objeto, propiedad, relación, causalidad, tiempo y espacio.

Antes del advenimiento de la ciencia moderna, muchos de los problemas que hoy pertenecen a las ciencias naturales eran estudiados por la metafísica bajo el título de filosofía natural.

La ontología es la parte de la metafísica que se ocupa de investigar cuáles entidades existen y cuáles no, más allá de las apariencias.

Aristóteles designó la metafísica como "primera filosofía". En la física se asume la existencia de la materia y en la biología la existencia de la materia orgánica pero ninguna de las dos ciencias define la materia o la vida; sólo la metafísica suministra estas definiciones básicas. En el capítulo quinto de la Metafísica, Aristóteles presenta varias definiciones de términos filosóficos.



Gnoseología

La gnoseología es el estudio del origen, la naturaleza y los límites del conocimiento humano. En inglés se utiliza la palabra epistemology, que no hay que confundir con la palabra española epistemología que designa específicamente el estudio del conocimiento científico, también denominado filosofía de la ciencia.

Los primeros intentos de sistematizar el conocimiento se remontan a Platón y Aristóteles, para quienes sólo podía haber conocimiento de lo inmutable (para el primero, las Ideas y para el segundo, las sustancias). Con el Renacimiento comenzó un período de intenso desarrollo de la gnoseología, que marcará toda la modernidad. La invención de nuevos instrumentos de observación ayudó al desprendimiento de los cánones (principalmente Aristóteles y la Biblia) a la hora de fundamentar el conocimiento. La duda funcionó de motor de búsqueda en filósofos como Montaigne o Descartes. Este último utilizó la duda como método racional[] para alcanzar conocimiento de lo indubitable, iniciando la tradición racionalista francesa moderna, que será continuada por Spinoza y Leibniz, entre otros. Por otra parte, Francis Bacon inició el empirismo inglés moderno con sus tablas para la observación de la naturaleza, que sería continuado, entre otros, por Locke y Hume. En el siglo XVIII, Kant produjo un "giro copernicano" en la filosofía moderna postulando un idealismo trascendental donde el sujeto "construye" el objeto de su conocimiento. De este modo, el mundo nouménico permanecía incognoscible para un sujeto que sólo podía conocer el mundo fenoménico, mediado por las intuiciones puras del espacio y el tiempo, las categorías del intelecto y las ideas regulativas de la razón. A partir de entonces, la gnoseología ha intentado volver a recuperar el conocimiento del mundo. A principio del siglo XX, Husserl propuso volver "a las cosas mismas", expresión con la que quedó fundada la fenomenología, que sería continuada, de distintos modos, por Heidegger, Sartre y Merleau-Ponty, entre otros. En el ámbito de la filosofía analítica, por el contrario, a mediados del siglo XX se inició a partir de un breve artículo de Edmund Gettier una tradición de análisis del conocimiento en términos de atribuciones de conocimiento, retomando las tres características que señalara Platón para todo conocimiento: que sea una creencia, que sea verdadera y que esté justificada. A partir de este análisis estándar han surgido a principios del siglo XXI diversas teorías sobre las atribuciones de conocimiento como el invariantismo, el invariantismo sensible,[ el contextualismo y el relativismo. Por otra parte, la paradoja de la conocibilidad afirma que si asumimos que una verdad es conocible, podemos demostrar que es conocida.

En la gnoseología analítica se suele distinguir entre tres tipos de conocimiento: el conocimiento proposicional, el conocimiento práctico o preformativo, y el conocimiento por familiaridad (acquaintance). El primero se asocia a la expresión «saber que», el segundo a la expresión «saber cómo», y el tercero, en el español, se asocia a la expresión «conocer» (en vez de «saber»). Así decimos, por ejemplo, que en la biología se sabe que los perros son mamíferos. Éste es un conocimiento proposicional. Luego existe un saber cómo entrenar un perro, el cual es un conocimiento práctico o preformativo. Y por último, el conocimiento por familiaridad es aquel que posee quien dice, por ejemplo, "yo conozco a su perro". La mayoría del trabajo en gnoseología se centra en el primer tipo de conocimiento, aunque ha habido esfuerzos por cambiar esto.

Otra distinción importante entre tipos de conocimiento es la distinción entre conocimiento a priori o intuitivo y conocimiento a posteriori o experimental, cuya exposición más famosa se encuentra en la introducción a la Crítica de la razón pura, de Immanuel Kant. Éstos a su vez están vinculados a los juicios analíticos y sintéticos que generan el conocimiento o juicio sintético a priori, es decir, el conocimiento científico matemático que es verdad a pesar de toda evidencia empírica en contra, como el pensamiento relativista de Einstein. También como el juicio sintético "a posteriori" que utilizamos cotidianamente.

Aún otra distinción influyente fue la que promovió Bertrand Russell entre conocimiento por familiaridad, y conocimiento por descripción. El primer tipo de conocimiento es el conocimiento directo, como puede ser una percepción o un dolor. El segundo es en cambio el conocimiento indirecto, al que llegamos sólo mediante una descripción definida que refiere unívocamente al objeto siendo conocido.

Algunos de los problemas centrales a la gnoseología son: el problema de Gettier, el trilema de Münchhausen y el problema de la inducción.
Epistemología

Epistemología (del griego, episteme, “conocimiento”; logos, “teoría”), rama de la filosofía que trata de los problemas filosóficos que rodean a la denominada teoría del conocimiento. La epistemología se ocupa de la definición del saber y de los conceptos relacionados, de las fuentes, de los criterios, de los tipos de conocimiento posible y del grado con el que cada uno resulta cierto; así como de la relación exacta entre el que conoce y el objeto conocido. En tanto que la epistemología tendría dos acepciones: o bien se ocuparía de estudiar la historia y conformación de una disciplina específica, o bien sería identificable con la teoría del conocimiento.


Filosofía de las Ciencias

Muchas ciencias particulares tienen además su propia filosofía, como por ejemplo, la filosofía de la historia, la filosofía de la matemática, la filosofía de la física, etcétera. La filosofía de las ciencias es una disciplina de carácter general, que se ocupa de definir las condiciones y características del conocimiento científico desde cierta exterioridad con respecto a una u otra ciencia particular.



Ejercicio evaluativo correspondiente a la primera unidad

1. Describa brevemente las características generales de la Filosofía Presocrática.


2. Mencione las diferentes ramas de la Filosofía.


3. Describa el proceso “del Mito al Logos”.


5. Describa cada una de las aportaciones de los llamados filósofos presocráticos.


6. Defina “Filosofía”.


7. Describa brevemente a la “filosofía socrática”.


8. Mencione las aportaciones de a Aristóteles a la Filosofía.


9. Describa brevemente a la “filosofía platónica”.


10. Esquematice los distintos saberes revisados en la presente unidad.



UNIDAD II
LA FILOSOFÍA MEDIEVAL
2.1.1. Características generales (Periodo temporal, corrientes que lo preceden)

Delimitación histórica y temática

Desde un punto de vista histórico, la Edad Media se extiende desde la caída del Imperio Romano de Occidente hasta el Renacimiento, pero temáticamente, según autores como Gilson, la filosofía medieval se inicia en el siglo II con el diálogo entre la filosofía helenística y las grandes religiones monoteístas. Por esto algunos autores sostienen que la filosofía antigua pierde su antigua autonomía y deviene ancilla Theologiae, vale decir, pasa a estar subordinada o con una actitud servil con respecto a la especulación religiosa.
Contenidos

Los problemas fundamentales discutidos durante este periodo fueron la relación entre la fe y la razón, la naturaleza y existencia de Dios, los límites del conocimiento y la libertad en el hombre, la naturaleza de los universales y la individuación de las sustancias divisibles e indivisibles.


FEUDALISMO

Introducción

La decadencia del Imperio Romano estuvo determinada por las crisis del esclavismo, por la descomposición de las actividades comerciales e industriales, por la transformación hacia una economía rural, por el fraccionamiento del poder político y, a consecuencia de esto, por la penetración paulatina y pacífica en un principio y, más tarde, violenta, de los bárbaros.

Estos elementos marcaron el tránsito de una sociedad caracterizada por su producción esclavista a una producción fundamentalmente agrícola, que instauró una economía de subsistencia.

Los momentos iniciales de la Edad Media se distinguirían esencialmente por la coexistencia de la vieja estructura imperial y las nuevas formas de organización social propias de los diferentes pueblos invasores. Ambas sociedades terminaros fusionándose al desaparecer la estructura imperial urbana, y al fortalecerse el cristianismo, éste tendrá el papel unificador ideológico.

A esta época la conocemos como la Edad Media, e inmersa en ella se organiza una nueva estructura socioeconómica y política, que se conoce como feudalismo. La Edad Media abarca los siglos V al XV de nuestra era.
Antecedentes del feudalismo

El término “feudalismo” ha tenido diversas acepciones:




  • la relación del vasallo con respecto al señor feudal, contrayendo ambos una serie de derechos y obligaciones. Tanto el vasallo como el señor son considerados hombres libres, pero en distinta jerarquía, el vasallo ofrece auxilio militar y fidelidad, mientras que el señor ofrece protección.

  • para Marx el término “feudalismo” designa el modo de producción situado entre la etapa esclavista y la capitalista.

Los inicios del periodo feudal se distinguen por la existencia de tres sociedades perfectamente diferenciadas: la bizantina, la islámica y la cristiana:




  • Bizancio representa el último reducto del Imperio Romano (mejor conocida como el Imperio Romano de Oriente). Se caracteriza por su gobierno centralizado y por ser el heredero de la tradición grecolatina.

  • El Islam o mundo musulmán se constituye como base la religión mahometana o islámica (expresado en el libro santo del Corán), su objetivo principal es la expansión y divulgación de sus enseñanzas. Esta sociedad logra una síntesis que introduce en Europa Occidental.

  • Frente a esta realidad se encuentra, en tercer lugar, la sociedad europea occidental caracterizada por su disgregación. Está representada por un sinnúmero de pequeñas monarquías y tiene como único elemento unificador el cristianismo.

Los invasores obligaron al disperso mundo occidental europeo a cohesionarse en función de la fe cristiana y de la defensa de su comunidad cristiana, protegida por el terrateniente.

El imperio Carolingio o de Carlomagno, dejo una estructura administrativa que determina los rasgos principales del sistema feudal, que consisten, esencialmente, en:

Una división de provincias internas y fronterizas que conservaba con modificaciones la antigua división del Imperio Romano. Las primeras estaban bajo las autoridades de los condes, y las fronterizas eran gobernadas por los marqueses. A éstos últimos se les dotó de mayores recursos militares a fin de que garantizaran la paz en las fronteras.

A la muerte de Carlomagno, Europa Occidental se encuentra rodeada por diversos pueblos invasores, como musulmanes, normandos, eslavos y mongoles, este cerco provocó: el fortalecimiento de las estructuras administrativas con sus divisiones territoriales e hizo que la producción se restringiera principalmente al autoconsumo. Las estructuras provinciales del imperio proporcionaron mayor autonomía a los condes y marqueses, todo lo cual define los dos rasgos característicos del sistema feudal, el autoconsumo y la autonomía.

Una vez establecido estos dos rasgos fundamentales, sólo falta la disgregación del Imperio para entrar de lleno al sistema feudal. La disgregación ocurrió a la muerte de Carlomagno, sus sucesores se disputan el trono y, en 843 d. C. con el Tratado de Verdún, se reparte el Imperio en tres grandes zonas: la de Lotario, la de Carlos y la de Luis.


Organización económica, política y social del feudalismo

La autonomía provincial producida durante el Imperio, se transforma en independencia respecto del poder central. El Estado pierde su carácter unificador, para reproducirse en forma atomizada en la autonomía política, cuya única limitación será el pacto o contrato feudal en el que se marca la jerarquía de autoridad. Inicialmente el Rey ejercía una autoridad absoluta sobre los feudos y los señores feudales, tanto los laicos como los eclesiásticos estaban comprometidos en una doble relación: la de beneficio, en la que el señor feudal reconocía, el derecho eminente de la propiedad de monarca, y la del vasallo, que consistía en el compromiso del señor feudal de ser fiel y prestar auxilio militar al monarca.

A la postre, los feudos fueron organismos políticos, sociales y económicos cerrados y, por tanto, independientes. Esto no evitaba que existieran luchas entre los propios señores feudales con el objeto de incrementar su poderío.

Así como la relación del vasallaje se crea por medio del contrato, la relación de servidumbre se establece por el dominio del señor feudal sobre los trabajadores adscritos a su tierra. Con excepción de los propietarios, todos aquellos que habitan en el feudo eran siervos o semisiervos, lo cual indica que esta relación estaba implícita en el pacto de vasallaje.

Esta autonomía definida por los lazos de vasallaje se desarrolla casi estrictamente en el feudo, que constituye una unidad económica independiente del resto de los feudos. La tierra se convierte, así, en centro económico y única fuente de subsistencia y de riqueza.

El sistema feudal es tan sólo la desintegración del poder público entre las manos de sus agentes, que por el mismo hecho de que poseen cada uno parte del suelo, se han vuelto independientes y consideran las atribuciones de que están investidos como parte de su patrimonio.

Dicha sociedad se caracterizó sobre todo por la existencia de señores y siervos, aunque la iglesia tuvo gran importancia:


  • desde el punto de vista económico, por cuanto la iglesia como institución y los clérigos personalmente eran los propietarios de extensiones considerables de tierras;

  • desde el punto de vista intelectual, en la medida en que los curas se encontraba la mayor cantidad de los hombres letrados y,

  • social, por el prestigio de los religiosos entre el conjunto de la población. Se puede considerar a los clérigos como un grupo social importante en la Edad Media.

La organización política y social está determinada durante esta época por una marcada jerarquización, la cual tiene dos fundamentos principales. El primero emana de las relaciones económicas que se establecen en el feudo y el segundo de la filosofía formulada por la iglesia Católica, según la cual el orden social está determinado por “…el lugar y orden que la naturaleza y Dios asignaron a cada individuo”. Así se entiende que la sociedad feudal sea un orden inmutable y sólo constituya una preparación para la realización de un orden superior, que consiste en la vida celestial.

El territorio del feudo se dividió en tres sectores: el dominio, las parcelas y las tierras comunales. La relación entre las tierras, los que las trabajaban y la propiedad de ellas, determina las relaciones de vasallaje, en las que los campesinos tenían “prestada” una cantidad de tierra por parte del señor feudal, la cual tenían que trabajar y ofrecer tributo al citado señor. A su vez, estos mismos trabajadores, tenían el compromiso de trabajar en tierras comunales

Ahora veremos la situación que corresponde a las relaciones de servidumbre que rige en los sectores que tienen que ver directamente con la producción.

Con excepción de los propietarios, todos los hombres que vivían en el territorio de una corte o de una villa eran siervos. Estos se dedicaban al servicio del señor feudal y eran mantenidos por él. Entre ellos reclutaba a los trabajadores de su reserva, a los zagales, pastores y obreros de ambos sexos, que empleaban en los talleres de corte dominial en los que se tejía el hilo o la lana producidos por el señorío y, entre los cuales se encontraban los carreteros, herreros, cerveceros, etc.

La forma en que se articulan estas relaciones es a través del ejercicio de la unidad religiosa y judicial de los señoríos de la población dominial. La vinculación al señor era más estrecha por el hecho de que éste ejercía sobre ella el poder judicial. En cuanto a los demás colonos, a menudo sucedía que, en materia de crímenes y delitos, dependían de la justicia pública. En todas partes se extendía cuando menos a todos los asuntos concernientes a las heredades, a las faenas gratuitas, a las prestaciones y al cultivo del suelo. Cada dominio tenía a sus cortes territoriales, integradas por villanos, presididas por el alcalde villicus y que pronunciaban sus sentencias de acuerdo con el derecho consuetudinario propio del señorío.

Cada agrupación dominial formaba una unidad judicial y también una unidad religiosa.

Dentro de las limitaciones jurídicas del siervo existía la obligación de pagar impuestos al casarse, y la prohibición de contraer matrimonio con alguna persona ajena al feudo; estaba obligado a prestar servicios gratuitos y a pagar el censo; tenía la obligación de moler el grano en el molino del señor y, en general, de ocupar las instalaciones del señor feudal.

Las relaciones de servidumbre son el rasgo económico fundamental en el sistema feudal. A partir de ellas se puede entender la diferenciación entre los productores directos y los poseedores. Alrededor de estos factores se articulan la célula básica de la economía feudal.

Una vez asentado el régimen de producción feudal y consumada la invasión musulmana, el comercio tiende a desaparecer. Por una parte, la producción entra en crisis; los artesanos consumen la totalidad o casi la totalidad de sus productos; cuando existe un pequeño excedente, es colocado en los mercados locales. Por otra parte, la pérdida del control del Mediterráneo impide un comercio marítimo a gran escala y sólo se mantiene el de las ciudades-estado de Italia, que se relaciona con Bizancio y con los propios árabes.

El comercio, por tanto, se convirtió en una actividad no cotidiana sino accidental; el europeo que había mirado siempre hacia el Mediterráneo tuvo que volver los ojos a su propia tierra.

Cada dominio se dedicó a esa clase de economía que se designa, con poca exactitud, como un estado de economía dominial cerrada y que se reduce en realidad, a una economía sin mercados exteriores.

La jerarquización propia del orden feudal se expresa a través de una serie de instituciones características, entre las que sobresale la del latifundismo que domina en todo el periodo medieval y se prolonga hasta la primera mitad del siglo XIX.

El latifundio, además de ser la unidad económica, constituye el centro político administrativo a través del cual se articula la manipulación del sistema, por medio de las cortes señoriales.


Importancia de la Iglesia en el feudalismo

La Iglesia Católica fue una de las instituciones más importantes de esta época. Gracias a su estructura institucional, fue la única que pudo mantener su carácter centralizado, capaz de acumular poder político y económico durante el feudalismo. Esto no era así desde sus inicios, sino que se fue concretando en la medida que iba ejerciendo el control espiritual de los individuos.

El clero que, comenzó por predicar la pobreza, la igualdad y la renunciación a todos los bienes terrenos, fue poco a poco renunciando a la renunciación y, fue enriqueciendo. Sin embargo, el dominio de las conciencias tiene que reposar en el dominio de lo económico.

Al convertirse en una institución inmensamente poderosa, pudo utilizar su dominio religioso para imponer sus normas a los hombres. De hecho, la Iglesia institucional, ejerció una política de eficacia y energía indiscutibles.

Una vez alcanzado este predominio, la Iglesia ejercerá su tutela sobre todas las manifestaciones de la vida, tanto de la material como de la espiritual; será en ella donde se exprese y encarne el verdadero poder. La Iglesia participara directamente en la función económica a través de los feudos eclesiásticos, que constituían unidades de producción bajo las mismas normas que los feudos laicos. En cuanto a las manifestaciones culturales, será la única en mantener vivos los elementos básicos para su continuidad. Fijará asimismo los límites del conocimiento y los medios para llegar a él.

Sus innumerables dominios son tan superiores a los de la nobleza por su extensión, como ella misma es superior a la nobleza por su instrucción.

Además, puede disponer, merced a las obligaciones de los fieles y a las limosnas de los peregrinos, de una fortuna monetaria que le permite, en tiempos de hambre, prestar su dinero a los laicos necesitados.

Sólo ella posee aun dos instrumentos indispensables a toda cultura: la lectura y la escritura y, los príncipes y los reyes deben reclutar forzosamente en el clero a sus cancilleres, a sus secretarios, a sus “notarios”; en una palabra, a todo el docto personal del que les es imposible prescindir. Del siglo IX al XI, toda la alta administración quedó, de hecho, entre sus manos.


De esta manera, la Iglesia fue capaz de promover conflictos económicos-políticos, tales como:


  • La Querella de las investiduras en las que se manifestaron claramente los conflictos de autoridad entre el emperador germánico y el Papa.

  • Las Cruzadas, que han sido tradicionalmente conocidas como una empresa cuyo único objetivo era el rescate del Santo Sepulcro; pero, que en realidad fueron motivadas además por cuestiones de tipo económico y político.

Las Cruzadas movieron los resortes psicológicos populares, y exaltaron el sentimiento religioso. Por medio del estímulo de ese sentimiento se realiza la expansión comercial, imperativo económico de progreso social en aquel momento histórico (S. XI).

La creación de estas empresas determinará las correspondientes modificaciones en la estructura económica, obligada a buscar nuevas y mejores formas de producción tanto para satisfacer la necesidad de alimentar a grandes contingentes, como para proveerles de armas y demás elementos.

Con el surgimiento de las ciudades y la transformación de la estructura productiva agrícola, el crecimiento del comercio y la aparición de una nueva clase, la burguesía, se empiezan a dar las condiciones que producirán el fin del feudalismo.

El feudalismo es, por tanto, una forma histórica de sociedad donde el objetivo primordial de la producción es el de satisfacer las necesidades de la población del feudo, bajo relaciones de tipo servil.

La sociedad feudal se legitima y articula gracias a la acción de la Iglesia Católica.

La descomposición de la sociedad feudal liberará al campesino de su sujeción a la tierra, para convertirlo en un trabajador libre, factor básico para el desarrollo del capitalismo.

Tránsito al mundo cristiano


Historia de la filosofía occidental

La historia de la filosofía occidental se remonta a los tiempos antiguos, y es convencionalmente dividida en tres eras generales: la antigua, la medieval y la moderna. La era antigua, que comprende el período en que se produjo la caída de Roma, incluye filósofos griegos tales como Platón y Aristóteles. El período medieval sucede hasta finales del siglo XV y el Renacimiento. La "moderna" es una palabra con un uso más variado, que incluye todo desde finales del siglo XVI hasta el período de principios del siglo XX. La filosofía contemporánea comprende el desarrollo filosófico del siglo XX hasta la actualidad, que incluye pensadores y escritores postmodernos

La filosofía medieval es la filosofía de Europa y Oriente Medio durante lo que hoy se llama el Medioevo o la Edad Media, que se extiende aproximadamente desde la caída del Imperio Romano hasta el Renacimiento. La filosofía medieval se caracteriza en parte por el redescubrimiento de la filosofía griega clásica y la filosofía helenística, y en parte por la necesidad de responder a cuestiones teológicas y de integrar las doctrinas sagradas (cristianas, judías e islámicas) con el aprendizaje secular.

Algunos problemas centrales en este período fueron la relación entre la fe y la razón, la existencia y unidad de Dios, el objeto de la teología y la metafísica, los problemas del conocimiento, de los universales y de la individuación.

Filósofos importantes de este período incluyen a los filósofos musulmanes Al-Farabi, Avempace, Averroes y Avicena, al filósofo judío Maimónides, y a los filósofos cristianos Ramón Llull, Erígena, Abelardo, Anselmo, Bacon, Tomás de Aquino, Duns Scoto y Guillermo de Ockham.
Filosofía Medieval

Durante el declive de la civilización grecorromana, los filósofos occidentales abandonaron la investigación científica de la naturaleza y la búsqueda de la felicidad en el mundo y se preocuparon por el problema de la salvación en otro mundo mejor. Hacia el siglo III, el cristianismo se había extendido a las clases más cultas del Imperio romano.


El pensamiento medieval

A lo largo del periodo de diez siglos que abarca la Edad Media, se formó una estructura económica y social conocida como feudalismo. Esta sociedad se caracteriza por basarse en una actividad económica eminentemente agrícola; la tierra está dividida en feudos y cada feudo se considera como unidad económica autosuficiente. Las relaciones de producción de esta sociedad son relaciones de servidumbre, pues los siervos que trabajan la tierra están en la base de una organización jerárquica bien definida, en la que la lucha por el poderse da entre los grandes señores, los soberanos de los reinos romano-germánico y la iglesia institucional.

Esta pugna por el dominio político no fue uniforme durante toda la Edad Media. Las condiciones sociales fueron variando, y con ellas se fue incrementando el predominio de la Iglesia que, en su afán de universalidad, osciló entre el poder espiritual temporal. Al mismo tiempo, auspiciaba los principales movimientos intelectuales de la época, caracterizados por el teocentrismo y fundamentados en la autoridad de las Sagradas Escrituras en primer término, y de los grandes maestros en segundo término.

El movimiento característico de esta época es conocido con el nombre de Escolástica, mismo que se inicia con el feudalismo y llega a declinar en los inicios de la época moderna. De él surgen figuras destacadas como Santo Tomás de Aquino, quien realiza su obra en el siglo XIII, cuando este movimiento llega a su más alto desarrollo.

La problemática de la Escolástica es muy extensa, pero una de las cuestiones que resaltan por sus consecuencias fue el “problema de los universales”, a raíz del cual surgirá una polémica interna que traerá consigo la decadencia de la escolástica y abrirá las puertas del pensamiento moderno.
2.2. Jesucristo.

2.2.1. ¿Hombre, Filósofo o Dios?
2.3 Escuelas filosóficas medievales

2.3.1 La Patrística de San Agustín (las herejías como errores del pensamiento y el problema del tiempo).

La Patrística

Aunque los grandes sistemas de pensamiento medieval sólo surgen a partir de la Edad Media, ya en la etapa de transición del mundo antiguo al mundo medieval encontramos un movimiento intelectual de importantes repercusiones: la patrística.

El desarrollo de la filosofía cristiana no sólo estuvo motivado por una causa externa, la defensa de la fe; los pensadores quisieron penetrar, lo más que les fue permitido, los datos de la revelación, y formarse una imagen totalizadora del mundo y de la vida humana a la luz de la fe.

El primer grupo de pensadores cristianos, cuyas obras escritas en griego contienen elementos filosóficos, estuvo constituido por intelectuales interesados en mostrar a las autoridades imperiales que el cristianismo tenía derecho a la existencia (sus obras datan del año 140 d. C.)

Un segundo grupo en el que destaca san Irineo, combatiría el gnosticismo, que era una fusión de elementos tomados del Antiguo y Nuevo Testamento con textos griegos y orientales, y que ofrecía una doctrina religiosa para personas “superiores” en comparación con el cristiano vulgar.

La aparición del gnosticismo (caracterizado por las tesis dualistas Dios-materia) produjo dos efectos opuestos:

Motivar, por una parte, el rechazo de los pensadores cristianos hacia la filosofía griega, a la que se considero “semillero de herejías”; y contribuir, por otra, al esfuerzo por construir un sistema teológico-filosófico cristiano.

Este esfuerzo fue característico de la escuela catequista de Alejandría, cuyos representantes más destacados fueron Clemente y Orígenes.

La aparición del cristianismo, las invasiones germánicas y la caída del Imperio Romano de Occidente constituyen los grandes acontecimientos con los que se inicia el pensamiento medieval.

Los romanos aunaban a su afán de expansión territorial el deseo de consolidar su primacía en lo referente a su concepción social jurídica.

El cristianismo impuso una concepción teísta, diferente a la naturalista de los romanos. Sin embargo, había un punto de coincidencia entre la tradición romana y la cristiana: la conciencia de que la vida del individuo se inserta en un sistema universal; esta conciencia difería, ya que los romanos buscaban la unidad jurídico-política, en tanto que los primeros cristianos la entendían en el orden espiritual.

Las doctrinas fundamentales que defendía el cristianismo y que serían las bases para el desarrollo de la concepción medieval son las siguientes:




  • La caída del hombre por el pecado y su separación de Dios.

  • Aparición de Dios en la historia bajo la especie humana de Jesucristo, con la consiguiente fundación de la Iglesia cristiana y la redención de la humanidad.

  • La evangelización del mundo a través de la expansión de la iglesia.

  • La segunda venida de Jesucristo, acompañado del reino de Dios.

Por esto, los primeros cristianos esperaban deseosos la venida de este reino de Dios; para ello seguían las enseñanzas de Jesús y colocaban a Dios en el centro de sus preocupaciones. (Más tarde se consideró que esta venida del reino de Dios significaría para la cristiandad el fin de la historia).

Sin embargo, en los primeros tiempos de la Edad Media prevalecieron algunos resabios del naturalismo y el paganismo propios, del mundo romano. El cristianismo, entonces, tuvo que pasar por un proceso de adaptación, y procuró transmitir su mensaje mediante la simplificación y reducción de su complejo sistema de ideas, para adecuarse a hombres de tan diversas mentalidades.

En el siglo VIII la expansión de los árabes traería consigo también una nueva oleada de influencias tanto en el terreno económico-político como en el plano del pensamiento: por un lado la religión islámica y, por otro, la transmisión del pensamiento helénico, que había sido interpretado y modificado para adaptarlo a su propia concepción.

Aunque la tendencia universalista de la Iglesia causaba inquietud en quienes detentaban el poder temporal, ésta fue adquiriendo fuerza creciente a partir del siglo VIII por varias vías:


  • Por un lado, el renunciamiento y la vida contemplativa de los primeros monasterios habían sido sustituidos por un nuevo ideal del cristiano militante. Este ideal lo encarnaría el hombre de acción, el guerrero de las cruzadas y el mártir.

  • Por otro lado, los clérigos se habían convertido no sólo en propagadores de la fe, sino también en los principales cultivadores y maestros de la ciencia y la filosofía de su tiempo. Los monasterios y la iglesia se convertirían así en centros de cultura. Además, la organización feudal que se venían gestando desde la invasión de los árabes y que caracterizaría a la alta Edad Media, propició en gran medida el dominio político y económico de la iglesia, con el Papa frente de ella.

La patrística es la fase en la historia de la organización y la teología cristiana que abarca desde el fin del cristianismo primitivo, con la consolidación del canon neotestamentario, hasta alrededor del siglo VIII. Además de la elucidación progresiva del dogma cristiano, la patrística se ocupó sobre todo de la apología o defensa del cristianismo frente a las religiones paganas primero y las sucesivas interpretaciones heterodoxas que darían lugar a las herejías luego.

Su nombre deriva de los padres de la Iglesia, los teólogos cuya interpretación dominaría la historia del dogma.

El cristianismo es una religión revelada: fue ofrecido al mundo por Cristo como una doctrina de redención y salvación no como abstracto y teorético; este camino se recorre en la práctica. Al asentarse el cristianismo los estudiosos desarrollaron su pensamiento y su formación intelectual; el elemento filosófico tendió a hacerse claramente reconocible, en especial cuando lo que se trataba era de enfrentarse con los ataques de filósofos paganos profesionales.

La influencia apologética se debió entre otras cosas al ataque hostil, y por penetrar en los datos de la revelación, el de formarse una imagen totalizadora del mundo y de la vida humana a la luz de la fe. El progreso de lo implícito a lo explicito fue un progreso en la ciencia teológica; en el proceso de argumentación y definición se emplearon conceptos y categorías tomados de la filosofía. La filosofía imperante era el platonismo, neoplatonismo (con toque estoico);

Los escritores cristianos no hicieron distinción entre filosofía y teología. Éstos mostraron una divergencia de actitud ante la filosofía clásica: como enemiga o como utilidad.

El proceso encaminado a reconciliar el énfasis de los griegos en la razón con el que ponían los romanos en las emociones religiosas de las enseñanzas de Cristo y los apóstoles se concretó en los escritos de san Agustín de Hipona. Éste desarrolló un sistema de pensamiento que, a través de sucesivas rectificaciones y elaboraciones, se convirtió al fin en la doctrina del cristianismo de aquella época. En gran parte debido a su influencia, el pensamiento cristiano fue platónico hasta el siglo XIII, punto en que la filosofía aristotélica se hizo dominante. San Agustín afirmaba que la fe religiosa y el entendimiento filosófico obran como complementarios en lugar de ser opuestos y que se debe “creer para comprender y comprender para creer”. Al igual que los neoplatónicos, consideraba el alma una forma más elevada de la existencia que el cuerpo y mantuvo que el conocimiento consiste en la contemplación de las ideas que han sido depuradas tanto de sensaciones como de imágenes.

La filosofía platónica se unió al concepto cristiano de un Dios personal que había creado el mundo y predestinado su evolución, y a la doctrina de la caída de la humanidad que requería la divina encarnación en Cristo. San Agustín intentó aportar soluciones racionales a los problemas del libre albedrío y la predestinación, la existencia del mal en un mundo creado por un dios omnipresente y todopoderoso, y la naturaleza atribuida a Dios en la doctrina de la Santísima Trinidad.

En uno de sus principales escritos, La ciudad de Dios, concibió la historia como una lucha trágica en la humanidad entre el bien, expresado en la lealtad a la “ciudad de Dios” o comunidad de los santos, y el mal, identificado en la ciudad terrenal y simbolizado a través de sus valores materiales. Su idea de la vida humana era pesimista, lo que le llevó a sostener que la felicidad es imposible en la existencia del individuo, donde incluso con buena suerte, como excepción, la conciencia de la proximidad de la muerte echaría a perder cualquier tendencia hacia la satisfacción y el placer. Pensó que sin las virtudes religiosas de la fe, la esperanza y la caridad —que requieren de la divina gracia para ser alcanzadas—, una persona no puede desarrollar virtudes naturales referidas al valor, la justicia, la templanza y la sabiduría. Sus análisis del tiempo, la memoria y la experiencia religiosa fueron fuente de inspiración para el pensamiento metafísico y místico.

La única gran aportación a la filosofía occidental en los tres siglos posteriores a la muerte de san Agustín fue la del estadista romano del siglo VI Boecio, que reavivó el interés por el pensamiento griego y romano, en especial por la lógica y metafísica aristotélicas. En el siglo IX el monje irlandés Juan Escoto Eriúgena expuso una interpretación panteísta del cristianismo, identificando la Trinidad divina con lo Uno, el logos y el Alma universal del neoplatonismo, y mantuvo que tanto la fe como la razón son necesarias para alcanzar la unión extática con Dios.

El Cristianismo impuso una concepción teísta, diferente a la naturalista de los romanos. Sin embargo, había un punto de coincidencia entre la tradición romana y la cristiana: la conciencia de que la vida del individuo se inserta en un sistema universal; esta conciencia difería, ya que los romanos buscaban la unidad jurídico-política, en tanto que los primeros cristianos la entendían en el orden espiritual.

Las doctrinas fundamentales que defendía el cristianismo y que serian las bases para el desarrollo de la concepción medieval son las siguientes:




  • La caída del hombre por el pecado y su separación de Dios.

  • Aparición de Dios en la historia bajo la especie humana de Jesucristo, con la consiguiente fundación de la Iglesia cristiana y la redención de la humanidad.

  • La evangelización del mundo a través de la expansión de la Iglesia.

  • La segunda venida de Cristo, acompañada del reino de Dios.

Por esto, los primeros cristianos esperaban deseosos la venida de este reino de Dios; para ello seguían las enseñanzas de Jesús y colocaban a Dios en el centro de sus preocupaciones. (Más tarde se consideró que esta venida del reino de Dios significaría para la cristiandad el fin de la historia).

En los primeros tiempos de la Edad Media prevalecieron algunos resabios del naturalismo y del paganismo propios del mundo romano. El cristianismo, entonces, tuvo que pasar por un proceso de adaptación, y procuró transmitir su mensaje mediante la simplificación y reducción de su complejo sistema de ideas, para adecuarse a hombres de tan diversas mentalidades.

En el siglo VIII la expansión de los árabes traería consigo también una nueva oleada de influencias tanto en el terreno económico-político como en el plano del pensamiento: por un lado la religión islámica y, por otro, la transmisión del pensamiento helénico, que había sido interpretado y modificado para adaptarlo a su propia concepción.

Estos y otros acontecimientos que hubieran podido poner en peligro la tradición evangélica conduce al obispo de Roma a buscar la consolidación institucional de la Iglesia, para salvaguardar la fe cristiana. Así, paulatinamente, las autoridades eclesiásticas fueron interviniendo cada vez más en la vida política y social, procurando un mayor dominio, no sólo en el terreno espiritual, sino también en el temporal.

Aunque la tendencia universalista de la iglesia causaba inquietud en quienes detentaban el poder temporal, ésta fue adquiriendo fuerza creciente a partir del siglo VIII por varias vías:




  • por un lado, el renunciamiento y la vida contemplativa de los primeros monasterios habían sido sustituidos por un nuevo ideal de cristiano militante. Este ideal lo encarna el hombre de acción, el guerrero de las cruzadas y el mártir.

  • por otro lado, los clérigos se habían convertido no sólo en propagadores de la fe, sino también en los principales cultivadores y maestros de la ciencia y la filosofía de su tiempo. Los monasterios y la iglesia se convertirían así en centros de cultura.

Además, la organización feudal que se venían gestando desde los árabes y que caracterizaría a la alta Edad Media, propició en gran medida el dominio político y económico de la Iglesia, con el Papa frente a ella.


Las influencias recibidas en Europa fueron muchas y muy variadas:


  • La cultura grecolatina con sus sistemas filosóficos y sus concepciones jurídico-políticas y sus concepciones naturalistas.

  • El complejo mundo del Islam.

  • La tradición judeo-cristiana.

Dichas influencias irrumpen en el mundo medieval por la conquista de los hombres de la época, ya sea por la fuerza de la costumbre, por la violencia, o bien, por el convencimiento, y se arraigan de diferente manera en los individuos, a través de siglos de frecuentes luchas, invasiones y múltiples penurias.

Además, habrá que distinguir entre la cosmovisión general, la del pueblo, la concepción del mundo que tendrían los señores feudales y la del clero en general.

Es explicable que las diferentes semillas culturales sembradas en hombres de distintas procedencias y desigual forma de vivir tuviesen resultados diversos. A ello se debe que pervivieran y convivieran ideales de la vida tan contradictorios:




  • El naturalismo sobrevivió a pesar de la fuerza de la idea de lo sobrenatural.

  • La concepción de la humanidad redimida, sin distinción de clases, fue compatible con una estructura social piramidal.

  • El ideal de salvación espiritual convivió con el poderío temporal.

Frente a la cosmovisión general surgirán diferentes concepciones sistemáticas en el seno de la iglesia, la cual había logrado, mediante su propio desarrollo doctrinal y su capacidad de adaptación, conservar el acervo cultural de su tiempo mediante la elaboración de interpretaciones que facilitaron la labor de evangelización. Estas concepciones permearon las distintas capas sociales, que las fueron adaptando a su particular forma de vida.



FILOSOFÍA DE SAN AGUSTÍN
San Agustín

Es el más destacado de los Padres de la Iglesia, tanto desde el punto de vista filosófico como literario. Dominó el pensamiento occidental hasta el siglo XIII, en el que resurgió el aristotelismo con Santo Tomás de Aquino.

San Agustín como más adelante lo harán los escolásticos, se ocupa en su obra de probar con diversos argumentos la existencia de Dios, y su prueba favorita es la que parte del pensamiento. El punto de partida es que la mente aprehende verdades necesarias e inmutables de “una verdad que no puedes llamar tuya, ni mía, ni de ningún hombre, sino que está frente a todos y se da a sí misma a todos por igual”. Esta verdad es superior a la mente y su fundamento debe residir en un ser superior: Dios.

Otros argumentos de este autor para probar la existencia de Dios se apoyan en las siguientes cuestiones:




  • La actividad dinámica del alma hacia Dios.

  • La inferioridad (mutabilidad y falibilidad) del alma humana.

  • El reflejo de la presencia de Dios en el mundo de sus criaturas.

Los argumentos presentados por San Agustín sobre la existencia de Dios, constituyen planteamientos religiosos y espirituales más bien que pruebas lógicas o teóricas; Sin embargo, veremos que algunos de estos argumentos seguirán teniendo validez, incluso para eminentes filósofos modernos como Leibnitz.

La preocupación fundamental de san Agustín se centraba en la búsqueda y encuentro con Dios, su sistema vendrá a caracterizarse por ser teocéntrico, es decir, Dios es el centro alrededor del cual debe girar toda la vida humana.

El teocentrismo, en el que ya le anteceden otros Padres de la Iglesia, definirá el pensamiento de la Edad Media.

Para San Agustín el universo y el mundo fueron creados a partir de la nada, por un acto de la libre voluntad de Dios. Todas las demás criaturas y cosas tienen origen en las rationes seminales, es decir, gérmenes de cosas o potencias invisibles creadas por Dios en el principio, en el elemento húmedo, que se desarrollan en los objetos de diversas especies mediante su despliegue temporal.

El hombre está hecho con un cuerpo y un alma inmortal; su alma racional se sirve del cuerpo mortal y terreno. El alma animal sólo puede sentir, pero no razonar.

Es importante notar la influencia platónica que San Agustín muestra en algunos aspectos de su obra.

El pensador trata de establecer la relación entre eternidad y temporalidad en los siguientes términos: Dios es eterno y crea el tiempo. Lo eterno no puede comprenderse o describirse desde un punto de vista temporal; la relación entre lo eterno y lo temporal es significativa para la religión, aunque no pueda ser inteligible para el hombre.

Para San Agustín el fin del hombre es la felicidad que ha de encontrarse en Dios, ya que el ser humano es mutable e insuficiente para sí mismo. Ni siquiera la virtud puede constituir en sí misma la felicidad.

San Agustín no piensa en una contemplación filosófica de Dios sino en una unión y posesión armoniosa con Dios, quien ofrece esta unión al hombre cristiano como término de su esfuerzo, ayudado por “la gracia”. Pero es la voluntad del hombre la que lo lleva a Dios. La ética de San Agustín es una ética del amor.

La ética de San Agustín se centra en el dinamismo de la voluntad, que es un dinamismo de amor; pero el logro de su fin sólo es posible con su “gracia”, es decir, con la participación sobrenatural de Dios en los hombres. Con su sola naturaleza el hombre no puede llegar a su fin.

La voluntad la concibe como libre y por eso es sujeto de obligación moral; es decir, sin libertad no puede haber obligación moral.

Todos los hombres son, pues, libres y conscientes, en cierta medida, de las leyes morales implantadas por Dios.

Otra de las preguntas que trata de responder San Agustín se refiere a la naturaleza del mal y a su origen. Lo define como algo negativo, aquello que tiende a no ser. No puede tener su causa en Dios, sino en la voluntad creada, en la voluntad del hombre. El mal es un alejamiento de Dios.

Si retomamos las ideas de San Agustín sobre la historia, encontraremos que ve en ella la lucha por dos principios: el amor a Dios, la sumisión a su Ley, y el amor a sí mismos, al placer, al mundo. Los que aman a Dios pertenecen a la a la Ciudad de Dios, la Jerusalén que encarnaría la Iglesia Católica; los que se aman a sí mismos y al placer son habitantes de Babilonia, que representa el mundo pagano de Asiria y Roma, fundadas y mantenidas mediante la injusticia, la violencia y la rapiña.

Afirma San Agustín que para que se realice la justicia en el Estado, es preciso que en éste se rinda culto a Dios. El Estado no será moral si no es un Estado cristiano; es el cristianismo lo que hace a los hombres ciudadanos.

San Agustín se manifiesta, como los primitivos cristianos, por una sociedad sin clases, en la que todos tengan los bienes indispensables y, de ser posible, en común; es enemigo de cualquier tipo de especulación y lucro. En repetidas ocasiones expresa su aversión por el dinero. Considera que el ideal de los hombres no está en la abundancia de riquezas ni tampoco en la pobreza extrema, sino más bien en contentarse con lo necesario para el alimento y el vestido.
2.3.2 La Escolástica de Santo Tomás de Aquino (La demostración racional de la existencia de Dios y la Summa

Escolasticismo

En el siglo XI se produjo un resurgir del pensamiento filosófico, fruto del creciente encuentro entre las diferentes regiones del mundo occidental y el despertar del interés por las culturas ignotas que culminaría en el renacimiento. Los trabajos de Platón, Aristóteles y otros sabios griegos fueron traducidos por eruditos musulmanes y se conocieron en el Occidente cristiano gracias a las aportaciones de los filósofos de al-Andalus y a distintas traducciones del árabe al latín realizadas en los reinos cristianos de la península Ibérica. Los filósofos musulmanes, judíos y cristianos interpretaron y clarificaron esos escritos en una tentativa por conciliar la filosofía con la fe religiosa y dotar de pilares racionales a sus creencias religiosas. Su trabajo cimentó el escolasticismo.

El pensamiento escolástico estuvo menos interesado en descubrir nuevos datos y principios que en demostrar la verdad de los credos ya consolidados. Su método fue, por lo tanto, dialéctico o discursivo. El interés por la lógica del discurso llevó a importantes avances tanto en lógica como en teología. El médico persa del siglo XII Avicena integró el neoplatonismo y las ideas aristotélicas con la doctrina religiosa musulmana, mientras que el poeta judío Solomon ben Yehuda ibn Gabirol elaboró una síntesis semejante entre el pensamiento griego y el judaísmo. El teólogo y filósofo escolástico san Anselmo adoptó la idea agustiniana de la relación entre fe y razón, y relacionó el platonismo con la teología cristiana. San Anselmo, que actuaba siguiendo la teoría de las ideas de Platón, se mostró a favor de la existencia separada de los universales o las propiedades comunes de las cosas. De esta forma, estableció la posición del realismo lógico en uno de los debates más conflictivos y trascendentes de la filosofía medieval, el de los universales.

La concepción contraria, conocida como nominalismo, fue formulada por el filósofo escolástico Roscelino, quien afirmó que sólo existen los objetos individuales, concretos, y que los universales (formas e ideas, mediante las que se clasifican las cosas particulares) constituyen meros sonidos o signos en vez de sustancias intangibles. Cuando afirmó que la Trinidad tiene que consistir en tres existencias separadas, sus ideas fueron condenadas por heréticas y fue obligado a retractarse en 1092. El teólogo francés Pedro Abelardo, cuyo trágico romance con Eloísa en el siglo XII alimentó una de las historias de amor más memorables del medievo, propuso un compromiso entre realismo y nominalismo conocido como conceptualismo, según el cual los universales existen en las cosas particulares como propiedades y fuera de las cosas como conceptos en la mente. Abelardo mantenía que la religión revelada tiene que ser justificada por la razón. Fundamentó una ética basada en la conciencia personal que anticipó el pensamiento protestante.

El jurista, físico y teólogo hispanomusulmán Averroes (el filósofo islámico más conocido de la edad media) hizo que la ciencia y el pensamiento aristotélico tuvieran gran influencia en el mundo medieval gracias a sus lúcidos y eruditos comentarios de la obra de Aristóteles. Fue conocido como El Comentador entre los muchos escolásticos que consideraban a Aristóteles como El Filósofo. Averroes intentó superar las contradicciones entre la filosofía aristotélica y la religión revelada distinguiendo entre dos sistemas de verdad separados: un cuerpo científico de verdades basado en la razón y un cuerpo religioso de verdades inspirado en la revelación. Su idea de que la razón tiene preferencia sobre la religión le llevó en 1194 al exilio. La llamada doctrina de la doble verdad de Averroes influyó sobre numerosos filósofos musulmanes, judíos y cristianos, pero también fue rechazada por muchos otros autores y se convirtió en un importante problema filosófico en el ámbito de la cultura medieval. Averroes desarrolló este análisis de las relaciones entre filosofía y fe religiosa en una de sus principales obras originales, Tahafut al-Tahafut (La destrucción de la destrucción).

El filósofo hispanojudío Maimónides (una de las figuras más destacadas del pensamiento judaico), al igual que Averroes, unió la ciencia aristotélica con la religión, pero rechazó la idea de que ambos sistemas contrarios pudieran ser verdaderos. En su Guía de perplejos (c. 1190) intentó dar una explicación racional a la doctrina judaica y defendió las creencias religiosas (como la de la creación del mundo) que entraban en conflicto con la ciencia aristotélica sólo cuando estuvo convencido de que faltaban evidencias decisivas en el sustrato de ambas posturas.

En el siglo XIII el teólogo escolástico inglés Alejandro de Hales y el filósofo escolástico italiano san Buenaventura fundieron los principios platónicos y aristotélicos e introdujeron la idea de que el alma es forma y sustancia a la vez (o sustancia no material), para explicar su naturaleza inmortal. La idea de san Buenaventura tendió hacia el misticismo panteísta al hacer del fin de la filosofía la unión extática con Dios.

El filósofo escolástico alemán san Alberto Magno fue el primer filósofo cristiano que aprobó e interpretó la totalidad del pensamiento aristotélico. Estudió y admiró los escritos de los aristotélicos musulmanes y judíos, que conoció por los trabajos de la Escuela de Traductores de Toledo, y escribió comentarios enciclopédicos sobre Aristóteles y la ciencia natural de su tiempo. El monje inglés Roger Bacon, uno de los primeros escolásticos que mostró interés por la ciencia experimental, advirtió que quedaba mucho por aprender aún sobre la naturaleza. Criticó el método deductivo de sus contemporáneos, así como la confianza de éstos en la autoridad del pasado, proponiendo un nuevo método de investigación basado en la observación controlada.

La mayor figura intelectual de la edad media fue santo Tomás de Aquino, monje dominico que estudió con san Alberto Magno, a quien siguió hasta Colonia en 1248. Santo Tomás de Aquino unió la ciencia aristotélica y la teología agustiniana en un amplio sistema de pensamiento que más tarde se convirtió en la filosofía autorizada de la Iglesia católica. Sus obras más importantes, Summa Theologiae y Summa contra Gentiles, donde presenta una estructura de ideas convincente y sistemática, siguen ejerciendo en la actualidad una poderosa influencia en el pensamiento occidental. Sus textos reflejan el renovado interés de su tiempo por la razón, la naturaleza y la felicidad en este mundo, junto con su fe religiosa y preocupación por la salvación del hombre.

Aquino mantuvo, en contra de los averroístas, que las verdades de la fe y las verdades de la razón no podían estar en conflicto, sino que más bien son aplicadas a campos diferentes. Las verdades de la ciencia natural y de la filosofía son descubiertas al razonar a partir de datos de la experiencia, mientras que los principios de la religión revelada (la doctrina de la Trinidad, la creación del mundo y otros fundamentos del dogma cristiano) están más allá de la comprensión racional, aunque no hayan de ser contradictorios respecto a la razón y deban aceptarse mediante la fe. La metafísica, teoría del conocimiento, ética y política de Aquino provenían sobre todo de Aristóteles, pero el dominico incorporó en sus doctrinas las virtudes agustinianas de la fe, esperanza y caridad, y el destino de la salvación eterna a través de la gracia, a la ética naturalista aristotélica, cuya meta era conseguir la felicidad en este mundo.


La influencia de Aristóteles en Santo Tomás de Aquino

Aristóteles, allá en el siglo IV a. de C., como primer gran sistematizador u ordenador de los conocimientos humanos, ello había sido posible gracias al establecimiento de su lógica, a su tabla de categorías y a sus reglas de interpretación; es decir, a todo un método que él había logrado edificar sobre las bases de la mayéutica de Sócrates y la dialéctica de Platón, y lo que dejó fijado en diversos escritos que posteriormente fueron recopilados bajo el nombre de Órganon.

Tomás de Aquino vino al mundo en el año 125, en el castillo de Roccasecca, en las proximidades de Nápoles, y fue el último hijo de los condes de Aquino. La educación en su niñez, desde los cinco años, estuvo a cargo de los monjes de la Abadía benedictina de Montesino. Siendo un joven de escasos dieciocho años, ingresó a la orden de Predicadores del convento de Nápoles. Dos años después, se trasladó a París, donde fue alumno de San Alberto Magno. A los treinta y un años obtuvo el título de maestro en Teología y, desde ese momento hasta su muerte en 1274, se dedicó al estudio y a la actividad docente.

Sus biógrafos lo pintan como un hombre muy alto, corpulento, silencioso y retirado, modesto hasta la humildad, retraído en sus costumbres, sobrio en sus expresiones fisonómicas, recogido en sí mismo.

El ambiente de París en que se movió santo Tomás de Aquino era todo lo contrario a su tranquila personalidad. La Universidad de París era algo así como un espejo del mundo conflictivo del siglo XIII. La Facultad de Artes representaba el impulso hacia la libertad de enseñanza de la lógica, de la física y la ética de Aristóteles, sin interesarse realmente por los estudios teológicos. En cambio, la Facultad de Teología defendía más bien la tendencia a conservar la tradición de la enseñanza agustiniana. Estas dos tendencias opuestas, eran como un reflejo intelectual, tal vez bastante moderado, pero muy significativo, de una cierta escisión más general de la vida y el espíritu de la Edad Media, manifestada en contrastes. Una precoz grieta del renacimiento se presentía ya a través de toda Europa. Desde comienzos del siglo. La Carta Magna en Inglaterra había proclamado en el primero de sus principios, que la Iglesia de Inglaterra debería ser libre y tendría sus derechos y libertades inviolables. En el continente se acentuaba el conflicto entre el imperio y el papado. La adquisición fue oficialmente establecida y la mayor parte de las ciudades de Europa fueron el escenario de la lucha entre los güelfos y los gibelinos.

Tomás de Aquino fue contemporáneo de Nicolás de Pisa, el gran escultor de púlpitos cuyos relieves conservaba todavía la composición propia del arte medieval, pero impregnada ya de un temprano naturalismo en el que se anunciaba el arte de los dos siglos siguientes. Fue contemporáneo también del movimiento de expansión de la doctrina que había dejado San Francisco de Asís, eminentemente renovadora. Fue contemporáneo de una tensión entre en espíritu gótico, eminentemente religioso, representado en la altitud de las grandes y majestuosas catedrales, y el nuevo espíritu que tendía ya, sobre todo en el arte, hacia la nueva dimensión humanística del renacimiento.

Su voluminosa obra escrita evoca la solidez de una catedral. Su pensamiento apunta religiosamente hacia arriba. Fue un teólogo: un fundamentador conceptual de la fe. Cuando estudiamos sus libros, podemos advertir que en ellos repercuten el Organon y la filosofía entera de Aristóteles, interpretada, naturalmente, bajo las exigencias del espíritu cristiano. Pero no solamente la teoría de Aristóteles. En la obra de Tomás de Aquino campea también una buena dosis de la teoría de Platón, aun cuando ésta haya venido tamizada por el pensamiento agustiniano.

Santo Tomás procede, generalmente, definiendo los limites dentro de los cuales una determinada proposición es verdadera (presenta objeciones y soluciones a las mismas); después, dentro de esos límites, la afirma. Tal es su método; y si bien por ello es un típico representante de su época, por haber adoptado el aristotelismo es innovador. La incorporación de una filosofía considerada pagana, a la luz de la cosmovisión cristiana, fue objeto de vivas polémicas en su época. En cambio, e lo que respecta a la teología, Santo Tomás sigue básicamente los pasos de San Agustín. Como éste, se basa directamente en la Sagrada Escritura en lo que se refiere al orden sobrenatural; también su concepción de la realidad es teocéntrica.

De Platón hereda la teoría de la participación, pero con un tinte propio y muy distinto al del filósofo griego, pues intenta hacerla coincidir con el dogma revelado.

A pesar de sus reiteradas afirmaciones acerca de la “verdad revelada” no puede contradecir a la “verdad descubierta por vías de la razón”, Santo Tomás de establece una clara distinción entre teología dogmatica y filosofía.

Tomás de Aquino distingue dos tipos de saberes: uno, el saber filosófico, basado en la investigación, y un saber teológico basado en la revelación. De esta manera divide la sabiduría en el orden de un saber natural y el orden de un saber sobrenatural.

Con esto nos damos cuenta de que Tomás de Aquino es establecer una jerarquía, un orden de grados diferentes de la sabiduría.


Sabiduría sobrenatural Teología

SABIDURIA --------------------------------------------------------------------------

Sabiduría natural Teología natural

Filosofía
Así, la filosofía queda situada como un grado de saber desde el cual el hombre puede plantearse los problemas teológicos, pero no resolverlos.

No obstante, esta subordinación de la filosofía, Tomás de Aquino trata de hacer ver que ella es un saber autónomo, tan autónomo como el saber de la teología, pudiendo armonizar ambos grados de saber.


La jerarquía final de los saberes en Santo Tomás de Aquino

Sobrenatural Saber Teológico

SABIDURÍA ------------------------------------------------------------------------------

Saber Teológico Natural

Saber Filosófico

Natural Saber Filosófico Especializado

Saber Práctico

Saber del Sentido Común

En los diferentes grados del saber están implicados grados de inteligibilidad del Ser.

Tomás de Aquino llama sentido común al saber inferior. En la Summa Teológica lo menciona como la proyección de la inteligencia humana en el nivel de lo meramente sensible, es decir, ahí donde la inteligencia queda gobernada por los sentidos.

Lo que nos quiere decir es: que cuando nuestra inteligencia se halla en el nivel del sentido común, lo que captamos es lo que vemos, oímos, olemos, tocamos, gustamos…; lo que llamamos cosas, en suma, es lo que se constituye en objeto de nuestra inteligencia: todo aquello que es singular, todas y cada una de las cosas que van apareciendo ante nuestra mirada y sobre las cuales podemos pensar, esto es, pesarlas según la gravedad que ellas presentan a nuestra inteligencia.

La jerarquía de grados de saber establecida por Tomás de Aquino está implicando una jerarquía de inteligibilidad del Ser, desde el grado más ínfimo.

Se llama realista al filósofo que toma como punto de partida, para su pensamiento, las cosas. Las cosas tal cual están ahí, ante la inteligencia, concretamente individuales, mostrando su entera singularidad, cada una de ellas, frente a las demás. Tomas de Aquino es también, en tanto que filósofo, un realista, un pensador que parte de las cosas concretas de la realidad o conjunto de todas las cosas existentes.

Al interpretar los grados de saber establecidos por Tomás de Aquino, la inteligencia que se mueve en el nivel inferior del sentido común, capta al Ser de una manera muy vaga, casia ciegas y, sin embargo, lo capta. Pero lo capta como un mero signo, esto es, como una señal.

Toda la jerarquía de Tomás de Aquino implica, de abajo hacia arriba, un proceso de abstracción. Abstracción en el sentido de ir haciendo –en la medida que podamos ascender en los grados del saber- algo así como un descubrimiento gradual del Ser, un irlo despojando de sus recubrimientos o envolturas, hasta llegar al nivel del saber filosófico, del saber metafísico en que la inteligencia puede captar el Ser en cuanto Ser.

Hay en esta jerarquía, la posibilidad de que nuestra inteligencia suba, por el solo ejercicio del espíritu en el estrato de una sabiduría natural, desde el sentido común hasta el saber filosófico. Puede inclusive el hombre, con el mero ejercicio de su razón natural, llegar hasta el grado de saber teológico natural.

Pero de ahí, hacia lo sobrenatural, nuestra razón necesita la ayuda de la fe y de la gracia religiosa, esto es, del amor en sentido cristiano. La Teología de orden sobrenatural tiene aun posibilidades de ascender hacia grados más altos, como el saber místico y el saber de santidad.

A esta dirección ascensional se llama movimiento especulativo de la inteligencia a través de los grados de saber, se le llama movimiento práctico de la inteligencia.

En la filosofía de Aristóteles ya estaba determinado el movimiento especulativo de la inteligencia, en su famosa teoría de los tres grados de abstracción. En santo Tomás de Aquino, estos grados de abstracción ya no son intervalos meramente lógicos, sino que constituyen la elevación del espíritu cristiano hacia los armónicos más altos de un amor y de una fe en la que se sitúa, una vez más, vibrante la filosofía.

Santo Tomás presenta sus argumentaciones para probar la existencia de Dios, conocidas como “las cinco vías tomistas”.

Con ellas llega a la conclusión de que Dios es:




  • Fuente de todo movimiento (entendiendo por movimiento el paso de la potencia al acto);

  • Causa última de todos los seres;

  • Ser necesario que explica la existencia de seres contingentes;

  • Lo “supo perfecto” y acto puro, razón de todo lo existente;

  • Suprema Inteligencia gracias a la cual se explica el orden del universo.

Además, Dios es inmutable, eterno, simple, uno e infinito.

La metafísica tomista está basada en la analogía (en parte porque los seres son iguales y en parte porque son diferentes).

Como consecuencia, se puede decir que la Ley eterna se manifiesta en la Ley natural, de modo que cualquier criatura posee en su naturaleza (determinada ésta por su esencia) la inclinación hacia su fin. Tal concepción se llama teleológica (telos, fin).

Este fin es, en última instancia y para todos los seres, Dios mismo. Pero en el caso del hombre, el fin se buscará consciente y voluntariamente.

El sistema filosófico de Santo Tomás quiere explicar el Ser Existente, el ser del mundo, de las cosas singulares, de lo concreto, por vía de la razón, y a partir del conocimiento de esas cosas singulares. También afirma que las esencias no son ideas (como en Platón), sino que existen en la realidad como participación del esse en el individuo. Por estas dos razones, su sistema se considera realista.

En el caso del hombre, es alma es la forma substancial del cuerpo. Es el principio que da forma a la materia y la especifica en su grado de ser. Esto es: la materia prima no puede constituir éste o aquél cuerpo sino por la forma. Gracias al alma, el cuerpo adquiere existencia. Alma y cuerpo constituyen una sola substancia; un solo individuo.

El individuo es un todo completo y distinto, cuya substancia es inefable o incomunicable.

El hombre como individuo está ligado a la materia (su cuerpo, su sexo, su temperamento, sus características especiales); por tal razón tiende a la satisfacción de sus propias necesidades; esto es, un ser centrado en sí mismo. Además, como individuo, el hombre está regulado por las leyes del cosmos y por la historia. No puede trascender su propia esfera, porque está restringido espacial y temporalmente. La actividad del hombre como individuo se puede sustituir.

En esta dimensión el hombre es persona. Como persona el hombre participa de una naturaleza común a todos los de su especie; esto hace posible la comunicación. Por ello mismo el hombre tiende al fin de su naturaleza, es decir, no a sus propios fines sino al fin que le corresponde a su esencia conforme a la ley natural. Por ende, el hombre como persona trasciende su propia esfera.

Al mismo tiempo, las operaciones del hombre como persona hacen que su actividad sea única e irrepetible, porque el pensar y el querer de alguna persona, le corresponden exclusivamente a él. De ahí que el hombre como persona adquiera una dignidad mayor que la que tiene su dimensión como individuo. La persona es, pues, insustituible.

En este ámbito, el hombre deja de estar regulado por las leyes del cosmos. Visto así, se autorregula, es dueño de sus actos, es decir, es libre y su acción libre conforme a la historia.

Como todos los seres, el hombre tiene un fin inscrito en su naturaleza. Santo Tomás coincide nuevamente con Aristóteles al señalar que ese fin es la felicidad. Ésta constituye el fin de cada sujeto, el fin último subjetivo. Sin embargo, lo único que puede dar completa felicidad al hombre es “la posesión de Dios”, “la vida sobrenatural”, en donde se logra poner en acto todas las potencialidades, y excluye todo deseo. La posesión de Dios es, pues, el fin último objetivo del hombre.

A diferencia de las criaturas inferiores al hombre, éste es libre de lograr o no este fin.

Si el hombre quiere lograrlo deberá seguir, no sus propios intereses como individuo, sino el dictado de su ley natural. La persona, ser racional, descubrirá en sí misma las inclinaciones de su naturaleza espiritual y libremente elegirá su fin.

El hombre puede alcanzar una felicidad imperfecta en esta vida mediante el ejercicio de sus capacidades naturales, pero esto no puede satisfacerle porque ha sido creado para un fin sobrenatural. Si el hombre



Filosofía medieval después de Santo Tomás de Aquino

Las mayores críticas a la filosofía tomista fueron formuladas por Juan Duns Escoto y Guillermo de Ockham. Duns Escoto desarrolló un sutil y muy técnico sistema de lógica y metafísica, pero debido al fanatismo de sus seguidores, el nombre de Duns se convirtió más tarde en símbolo de estupidez en la palabra inglesa dunce (burro). Escoto rechazó el intento de santo Tomás de Aquino para reconciliar la filosofía racional con la religión revelada. Mantuvo, en una versión modificada de la llamada doctrina de la doble verdad de Averroes, que todas las creencias religiosas son asuntos de fe, excepto la creencia en la existencia de Dios, que consideraba demostrable desde supuestos lógicos. En contra de la idea de Aquino según la cual Dios actúa de acuerdo con su naturaleza racional, Escoto afirmó que la voluntad divina es anterior al propio intelecto divino y crea (en vez de amoldarse a ellas) las leyes de la naturaleza y la moral (voluntarismo), lo que implicaba una noción del libre albedrío más amplia que la de santo Tomás. Al abordar el problema de los universales, Duns Escoto planteó un nuevo compromiso entre realismo y nominalismo al explicar la diferencia entre los objetos individuales y las formas que esos objetos ejemplifican (individuación) como una distinción lógica en vez de real.

El franciscano inglés Guillermo de Ockham formuló la crítica de carácter más radical y nominalista de la creencia escolástica en el campo de lo intangible, cosas invisibles como las ideas, esencias y universales. Mantuvo que tales entidades abstractas sólo son referencias terminológicas que designan a su vez otras palabras en lugar de ser útiles para referirse a cosas reales. Su famosa regla, conocida como “la navaja de Ockham” (que afirma que no se debe suponer la existencia de más cosas de las que son necesarias según imperativos lógicos), se convirtió en un principio fundamental de la ciencia y filosofía modernas.

En los siglos XV y XVI el renacer del interés científico por la naturaleza se vio acompañado por la tendencia hacia el misticismo panteísta. El prelado católico romano Nicolás de Cusa anticipó la obra del astrónomo polaco Nicolás Copérnico al sugerir que la Tierra se mueve alrededor del Sol, desplazando así a la humanidad del centro del Universo, al que concibió como infinito e idéntico a Dios. El filósofo italiano Giordano Bruno, que también identificó el Universo con Dios, desarrolló las implicaciones filosóficas de la teoría copernicana. La filosofía de Bruno influyó en corrientes intelectuales posteriores que llevaron al nacimiento de la ciencia moderna y a la Reforma.



HUMANISMO

(

Dibujo de Leonardo da Vinci, El hombre de Vitruvio


En un sentido amplio, llámase humanismo al sentimiento individual y colectivo de una civilización en la que destaca de manera prominente la admiración, exaltación y elogio de la figura humana y el hombre, entendido éste no como figura masculina, sino como género humano, en que florecen la cultura, el deporte, el arte y todo el quehacer humano se vuelve trascendente. Su objetivo es enaltecer la dignidad humana. En la Historia ha tenido lugar en muy pocas ocasiones: durante el siglo de oro en Grecia, retomado éste en el renacimiento europeo, el idealismo alemán y posteriormente en un sinnúmero de puntos aislados de la historia. Hoy atraviesa una profunda crisis.

En su sentido específico, el humanismo es un movimiento intelectual, filológico, filosófico y artístico europeo estrechamente ligado al Renacimiento cuyo origen se sitúa en el siglo XIV en la península Itálica (especialmente en Roma, Venecia y Florencia). Retoma el antiguo humanismo griego del siglo de oro y mantiene su hegemonía en buena parte de Europa hasta fines del siglo XVI, cuando se fue transformando y diversificando a merced de los cambios espirituales provocados por la evolución social e ideológica de Europa, fundamentalmente al coludir con los principios propugnados por las Reformas (luterana, calvinista, etc.), la Contrarreforma católica, la Ilustración y la Revolución francesa del siglo XVIII. El movimiento, fundamentalmente ideológico, tuvo así mismo una estética, el clasicismo renacentista, plasmada, por ejemplo, en un nuevo tipo de letra, la redonda conocida como letra humanística, imitada de la letra uncial latina antigua, que vino a sustituir poco a poco a la letra gótica medieval.

La expresión studia humanitatis fue contrapuesta por Coluccio Salutati a los estudios teológicos y escolásticos cuando tuvo que hablar de las inclinaciones intelectuales de su amigo Francesco Petrarca; en éste, humanitas significaba propiamente lo que el término griego filantropía, amor hacia nuestros semejantes, pero en él el término estaba rigurosamente unido a las litterae o estudio de las letras clásicas. En el siglo XIX se creó el neologismo germánico Humanismus para designar una teoría de la educación en 1808, término que se utilizó después, sin embargo, como opuesto a la escolástica (1841) para, finalmente, (1859) aplicarlo al periodo del resurgir de los estudios clásicos por Georg Voigt, cuyo libro sobre este periodo llevaba el subtítulo de El primer siglo del Humanismo, obra que fue durante un siglo considerada fundamental sobre este tema.

El Humanismo propugnaba, frente al teocentrismo de la teología escolástica medieval y el canon eclesiástico de prosa, que imitaba el pobre latín tardío de los Santos Padres y el simple vocabulario y sintaxis de los textos bíblicos traducidos, el antropocentrismo y los studia humanitatis, una formación íntegra del hombre en todos los aspectos fundada en las fuentes clásicas grecolatinas, muchas de ellas recién descubiertas entonces y previamente entrevisto gracias al trabajo de traductores como Averroes y a la infatigable búsqueda de manuscritos por eruditos humanistas en los monasterios de toda Europa, que accedieron así a un latín más puro, brillante y genuino, y al redescubrimiento del griego gracias al forzado exilio a Europa de los sabios bizantinos al caer Constantinopla y el Imperio de Oriente en poder de los turcos otomanos en 1453.

En consecuencia el humanismo debía restaurar todas las disciplinas que ayudaran a un mejor conocimiento y comprensión de estos autores, a los que se consideraba un modelo de humanidad más puro que el contaminado por la viciosa Edad Media, para recrear las escuelas de pensamiento filosófico grecolatino e imitar el estilo y lengua de los escritores clásicos, y por ello se desarrollaron extraordinariamente la gramática, la retórica, la literatura, la filosofía moral y la historia, ciencias ligadas estrechamente al espíritu humano, en el marco general de la filosofía: las artes liberales o todos los saberes dignos del hombre libre frente al dogmatismo cerrado de la teología, expuesto en sistemáticos y abstractos tratados que excluían la multiplicidad de perspectivas y la palabra viva y oral del diálogo y la epístola, típicos géneros literarios humanísticos, junto a la biografía de héroes y personajes célebres, que testimonia el interés por lo humano frente a la hagiografía o vida de santos medievales, y la mitología, que representa un rico repertorio de la conducta humana más sugerente para los humanistas que las castrantes leyendas piadosas, vidas de santos y hagiografías de Jacopo della Voragine y su leidísima Leyenda dorada. Este tipo de formación se sigue considerando aún hoy como humanista.

Para ello los humanistas imitaron el estilo y el pensamiento grecolatinos de dos formas diferentes: la llamada imitatio ciceroniana, o imitación de un solo autor como modelo de toda la cultura clásica, Cicerón, impulsada por los humanistas italianos, y la imitatio eclectica, o imitación de lo mejor de cada autor grecolatino, propugnada por algunos humanistas encabezados por Erasmo de Rotterdam.


Factores que favorecieron el humanismo

Después de grandes debates y polémicas, a partir del siglo XV el movimiento humanista se vio favorecido por varios factores:

La emigración de sabios bizantinos: debido a que el Imperio Romano de Oriente estaba siendo asediado por los turcos, muchos de ellos buscaron refugio en Europa Occidental, especialmente en Italia, llevando con ellos textos griegos, promoviendo la difusión de la cultura, los valores y el idioma griego. Por ejemplo, Manuel Crisoloras, erudito griego de Constantinopla, que enseñó griego en Florencia desde el año 1396 al 1400 y escribió para uso de sus discípulos la obra Cuestiones de la Lengua griega, basándose en la Gramática de Dionisio Tracio; su discípulo Leonardo Bruni (1370-1444) fue el primero que hizo traducciones del griego al latín a gran escala, como también Ambrosio Traversario, quien además recomendó a Cosme de Médici que adquiriera doscientos códices griegos de Bizancio o Francesco Filelfo, que se llevó el mismo muchos otros.

La invención de la imprenta: este invento de Gutenberg permitió el abaratamiento del costo y la difusión de los libros, garantizando la difusión masiva de las ideas humanistas y la aparición del sentido crítico contra el magister dixit o argumento de autoridad medieval.

La acción de los mecenas: los mecenas eran personas que con su protección política, con su aprecio por el saber antiguo, con su afán coleccionista o con la remuneración económica a los humanistas para que se establecieran o costearan sus obras en la imprenta, facilitaron el desarrollo del Humanismo. Estas personas reunían obras clásicas y llamaban a eruditos conocedores de la literatura griega y romana; por si eso fuera poco, los acogían en sus palacios. Entre los mecenas más destacados sobresalen: la familia de los Médici de Florencia Lorenzo de Médicis, llamado el Magnífico y su hermano Juliano de Médicis, los pontífices romanos Julio II y León X, Cristina de Suecia.

La creación de universidades, escuelas y academias: las universidades (como la de Alcalá de Henares, Lovaina, etc.) y las escuelas del siglo XV contribuyeron en gran parte a la expansión del Humanismo por toda Europa.


Rasgos del humanismo

Algunos de los rasgos ideológicos del humanismo son, por ejemplo:




  • El antropocentrismo o consideración de que todo gira en torno al hombre frente al teocentrismo medieval.

  • Se restaura la fe en el hombre porque posee valores importantes que no conviene despreciar.

  • Ya no se desprecia ni la fama en este mundo, ni el dinero, ni el goce epicúreo de los sentidos.

  • La razón humana adquiere valor y en pintura, mediante la perspectiva, se unifica con un punto de fuga racional la escala antes expresionista de las figuras.

  • Se ponen de moda las biografías de Plutarco y se proponen como modelos, frente al guerrero medieval, al cortesano y al caballero que combina la espada con la pluma.

  • Se ve como legítimo el deseo de fama, gloria, prestigio y poder (El príncipe, de Maquiavelo), valores paganos que bonifican al hombre frente a otros que lo reducen al compararlo con Dios y degradan esos valores a la categoría de pecados según la moral cristiana y la escolástica.

  • El comercio no es pecado y el Calvinismo glorifica el dinero como señal de que Dios ha bendecido en la tierra a quien trabaja.

  • El Pacifismo o irenismo: el odio por todo tipo de guerra.

  • El deseo de la unidad política y religiosa de Europa bajo un sólo poder político y un solo poder religioso separado del mismo: se reconoce la necesidad de separar moral y política, autoridad eterna y temporal.

  • La imitación o mímesis de la lengua y el pensamiento de la literatura clásica grecolatina.

  • El equilibrio en la expresión, que debe ser clara, y no recargada ni conceptuosa: "El estilo que tengo me es natural y, sin afectación ninguna, escribo como hablo; solamente tengo cuidado de usar de vocablos que signifiquen bien lo que quiero decir, y dígolo cuanto más llanamente me es posible porque, a mi parecer, en ninguna lengua está bien la afectación. "(Juan de Valdés).

  • La idealización y estilización platónica de la realidad. Se pinta la realidad mejor de lo que es, se la ennoblece (nobilitare).

  • El arte humanista toma la materia popular y la selecciona para transformarla en algo estilizado e idealizado, de la misma manera que la novela pastoril recrea una vida campestre desprovista de las preocupaciones habituales al campesino. En el arte humanista no hay lugar para las manifestaciones vulgares de la plebe que se verán más tarde en el siglo XVII con el Barroco.

  • El optimismo frente al pesimismo y milenarismo medievales. Existe fe en el hombre: la idea de que merece la pena pelear por la fama y la gloria en este mundo incita a realizar grandes hazañas y emular las del pasado. La fe se desplaza de Dios al hombre.

  • El retorno a las fuentes primigenias del saber, la lectura de los clásicos en los textos originales y no a través de la opinión que dieron sobre ellos los Santos Padres y la religión católica.

  • El contraste de opiniones frente al argumento de autoridad medieval: la imprenta multiplica los puntos de vista y las discusiones, enriqueciendo el debate intelectual y la comunicación de las ideas. Se ponen de moda los géneros del diálogo y la epístola, todo lo que suponga comunicación de ideas. Se propone la libre interpretación de la Biblia y su traducción a las lenguas vulgares (Lutero), frente al reduccionismo medieval de reducir su interpretación a la del Papa u obispo de Roma (Reforma o protestantismo).

  • Ginecolatría, alabanza y respeto por la mujer frente a la misoginia medieval. Por ejemplo, el cuerpo desnudo de la mujer en el arte medieval representaba a Eva y al pecado; para los artistas humanistas del Renacimiento representa el goce epicúreo de la vida, el amor y la belleza (Venus).

  • Búsqueda de una espiritualidad más humana, interior, (devotio moderna, erasmismo), más libre y directa y menos externa y material.

En sus comienzos, el humanismo es un movimiento regenerador y en sus principios básicos se encuentra ya bosquejado en tiempos muy anteriores, por ejemplo, en las obras de Isócrates, que se impuso una labor de regeneración parecida en la Grecia del siglo IV a. C. En tiempos modernos se encuentra estrechamente ligado al Renacimiento y se benefició de la diáspora de los maestros bizantinos de griego que difundieron la enseñanza de esta lengua, muy rara hasta entonces, tras la caída de Constantinopla en poder de los turcos en 1453; la imprenta y el abaratamiento de los libros subsiguiente facilitó esta difusión fuera del ámbito eclesiástico; por entonces el término humanista servía exclusivamente para designar a un profesor de lenguas clásicas. Se revitalizó durante el siglo XIX dando nombre de un movimiento que no sólo fue pedagógico, literario, estético, filosófico y religioso, sino que se convirtió en un modo de pensar y de vivir vertebrado en torno a una idea principal: en el centro del Universo está el hombre, imagen de Dios, criatura privilegiada, digna sobre todas las cosas de la Tierra (antropocentrismo). Posteriormente, en especial en España durante la segunda mitad del siglo XVI, el antropocentrismo se adulteró en forma de un cristocentrismo que proponía la ascética y la mística como formas de vida que condujeron al desengaño barroco, que desvirtuó durante el siglo XVII este movimiento en un principio renovador impidiendo abrir nuevos horizontes.


Filosofía del humanismo

La filosofía renacentista o del renacimiento (siglo XV-XVI) comprende el pensamiento de filósofos que rescataron el pensamiento humanista de la época clásica de Grecia para dar paso a la modernidad. Existe una reinterpretación más receptiva y abierta tanto del arte clásico como de la filosofía antigua, que contrasta con los excesos en la desmaterialización de la realidad que se produjo durante la filosofía medieval.


3.1.2. Del Teocentrismo al Antropocentrismo

Encontrado y perdido, el hombre del Renacimiento pone sus esperanzas y dudas en el corazón mismo del hombre. Humanista en muchas ocasiones, es también muchas veces escéptico. A esta doble actitud que a veces llega a encontrarse ambiguamente en una misma persona contribuyen los nuevos descubrimientos geográficos y astronómicos, la expansión científica, el crecimiento de una nueva economía y el ensanchamiento progresivo de la vida y el conocimiento.


3.1.3 Pascal y la recuperación del Hombre
3.1.4 El Racionalismo de René Descartes
3.1.5 El Empirismo de David Hume
3.2 Filosofía del los siglos XVII y XVIII
3.2.1 El Idealismo Alemán (E. Kant. Y F. Hegel)
3.2.2 Filosofía clásica alemana (Marx, Nietzsche, Heidegger)
3.3. Filosofía de los siglos XIX y XX
3.3.1 La Filosofía Analítica (L. Wittgenstein. Y J. Habermas)
3.3.2 El Personalismo (E. Mounier)
3.3.3 El Existencialismo (J.P. Sartre)
3.3.4 El Círculo de Viena (Alfred. J. Ayer)
3.3.5 La Escuela de Frankfurt
4.1 Antecedentes del pensamiento en Latinoamérica
4.1.1 Netzahualcóyotl, los Aztecas y los Mayas

4.2 La Mujer en la Filosofía
4.2.1 Sor Juana Inés de la Cruz, Juliana González, María Zambrano
4.3 Los Pensadores Latinoamericanos
4.3.1 Simón Bolívar, José Martí
4.3.2 José Antonio Ramírez y Alzate
4.3.3. Enrique Dussel

4.3.4 Antonio Caso y José Vasconcelos
4.3.5 Samuel Ramos
4.3.6 Leopoldo Zea
4.3.7 Mauricio Beuchot


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