Cambios en las prácticas de salud y en su forma de reproducción en afrocolombianos migrantes o desplazadados del choco y el urabá antioqueño y reubicados en medellin



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CAMBIOS EN LAS PRÁCTICAS DE SALUD Y EN SU FORMA DE REPRODUCCIÓN EN AFROCOLOMBIANOS MIGRANTES O DESPLAZADADOS DEL CHOCO Y EL URABÁ ANTIOQUEÑO Y REUBICADOS EN MEDELLIN.


CARLOS MARIO TOBÓN JARAMILLO MD.

Asesora: HILDA MAR RODRÍGUEZ GÓMEZ.

Licenciada en Educación Preescolar y Magíster en Educación, énfasis en Lenguaje y Educación, de la Facultad de Educación de la Universidad de Antioquia.

Trabajo de Tesis para optar el título de: Maestría en Educación.


UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA
FACULTAD DE EDUCACIÓN
LÍNEA DE FORMACIÓN: ESTUDIOS INTERCULTURALES
GRUPO DE INVESTIGACIÓN DIVERSER.

MEDELLÍN. COLOMBIA.


2014

INTRODUCCIÓN

En esta tesis se pretende conocer cuáles prácticas culturales en salud de las comunidades afrocolombianas migrante o desplazada desde el Chocó y el Urabá antioqueño y reubicada en Medellín en el barrio Mirador de Calasanz se mantienen, se transforman, se niegan y excluyen, o se pierden.

En el primer capítulo se presentará el proyecto de investigación. Se incluye el estado del arte en orden cronológico, que mostrará unas investigaciones sobre las prácticas culturales de salud que se han realizado en Colombia sobre afrocolombianos. Además, para conocer la historia del barrio Mirador de Calasanz y los procesos que ha vivido la comunidad, se hace un resumen de las investigaciones que se han realizado en ese lugar.

Las prácticas culturales de una comunidad nacen de la relación entre el territorio y las culturas de las personas que lo habitan. Por eso en el segundo capítulo se hará una descripción de los territorios del Chocó y del Urabá antioqueño en los cuales vivían las personas entrevistadas y del territorio en la ciudad de Medellín en el cual viven ahora, para entender el contexto biogeográfico que condiciona el desarrollo. Pero además es necesario conocer algunos hitos de la historia de las comunidades afrocolombianas en Colombia y de la historia de las personas entrevistadas desde el lugar de origen hasta su actual contexto.

El tercer capítulo presenta las prácticas culturales en salud que la comunidad desarrolló en El Chocó y el Urabá antioqueño y las que desarrollan actualmente en Medellín en temas como: cantidad y tipos de nutrientes que utilizan, permanencia de su menú regional, posibilidades económicas para la nutrición, formas de prevención de la enfermedad, causas de enfermar, agentes de salud que utilizan, tipos de tratamiento que reciben, auto atención en salud, satisfacción y credibilidad en los agentes de salud y las formas de transmisión de las prácticas culturales en salud.

El cuarto capítulo es un análisis de las prácticas culturales en salud que relata la comunidad, buscando cuáles de ellas persisten, se transformaron o no se utilizan y cómo eso incide en su salud personal y comunitaria y en su reconocimiento identitario. Además, se hace una observación de los cambios en las prácticas culturales en salud causados por la modificación en la forma de transmitir la cultura a las nuevas generaciones.


CAPITULO UNO:

PROYECTO Y ESTADO DEL ARTE

Se presenta en forma cronológica, el resumen de siete investigaciones que se han realizado acerca de los cambios en las prácticas culturales en salud de afrocolombianos. Dos de los estudios se elaboraron con personas desplazadas; los cinco restantes revisan los cambios ocurridos con el transcurso del tiempo o con los cambios económicos que han sufrido las comunidades.

“Explorando las prácticas culturales de salud en lo concerniente a la crianza de las niñas y de los niños”, es la investigación realizada en el año 2000 por Tenorio, quien estudió dos comunidades de afrocolombianos, una rural en Candelaria y otra en barrios de invasión de Buenaventura. Encontró desorientación, inseguridad o abandono de sus prácticas culturales o de sus valores, por la falta de empleo que los llevaba a prácticas ilegales, donde los valores tradicionales no favorecían conseguir dinero y lograr seguridad. Explica que poseen otra forma de pensar y de sentir, otras creencias y concepciones sobre las relaciones con los hijos, que son diferentes a los de la sociedad mayor.

Alvarado, B., Tabares. R., Delisie, H., y Zunzunegui M., en el 2005, realizaron un estudio en Guapi, Colombia, en donde evaluaron la nutrición de las niñas y niños entre 6 y 18 meses, y describen cómo las prácticas culturales en salud sobre la lactancia materna prolongada y el consumo temprano de otros alimentos, eran similares a los encontrados en estudios en países africanos. Aunque no coinciden sus prácticas con las recomendadas por la Biomedicina1, muestran algunos aspectos positivos. Los autores cuestionan las condiciones sociales de pobreza, las cuales inciden en la nutrición, el número de embarazos, y la educación de las madres.

Para conocer cómo eran las condiciones de vida de las familias desplazadas, Ibañez y Moya en el 2006, realizaron un gran estudio en 48 municipios de Colombia, encontrando unas condiciones peores de vida en los hogares de las personas desplazadas, comparadas con las de los hogares de los pobres urbanos. Esto es ocasionado por la falta de un empleo justo y bien remunerado, que no permite que recuperen las condiciones anteriores al desplazamiento, aún con las ayudas del Estado.

Arcila N. en un estudio realizado en el 2008 en Soacha, Colombia, encontró cómo las mujeres afrocolombianas desplazadas mostraban pocos cambios en sus expresiones culturales, pero las percibían como costumbres y tradiciones que las hacían diferentes a las mujeres de la ciudad. Además muestra la autora, como las nuevas formas urbanas de comunicación rompían las relaciones personales, al posibilitar comunicarse por otros medios como por ejemplo los mensajes de texto, con lo cual se favorecía además la pérdida de sus prácticas culturales.

En un estudio realizado en el año 2011 en Guapi Colombia, López, L., Cataño, N., López, H. y Velásquez, V., evidenciaron la importancia que aún tienen en las comunidades afrocolombianas las prácticas culturales en salud de las y los sanadores tradicionales, quienes además contemplan holísticamente a sus pacientes. Sugieren a la Biomedicina una aproximación diferente a estos sanadores, para conocer y comprender sus valores y conocimientos.

Navarro M. describió en el año 2011en Buenaventura, como las mujeres afrocolombianas cuando se presentan problemas de salud en ellas o en sus familiares y por causa de su situación de marginación socioeconómica y racial, utilizaban de manera preferencial la auto atención con hierbas, masajes, baños y automedicación; posteriormente si no mejoraban consultaban al farmaceuta y si continuaban enfermas visitaban el hospital. Además explicaba como estas decisiones dependen: de su origen geográfico, del entorno social y cultural en donde se formaron y de las escasas capacidades económicas que tienen.

Reconocer la importancia de la tradición oral en la educación escolar de niñas y niños afrocolombianos fue el resultado de la investigación que Caicedo realizó en el año 2007 en Candelaria Colombia. Posteriormente realizó un estudio con las mujeres de este mismo municipio durante el año 2012; descubrió en ellas muchos deseos de estudiar y prepararse para enfrentar mejor la dependencia, la discriminación y la subordinación a la que se las ha mantenido como mujeres Afrocolombianas.
RESUMENES DE INVESTIGACIONES ANTERIORES DESARROLLADAS EN EL BARRO MIRADOR DE CALASANZ

Las personas que llegaron al barrio Mirador de Calasanz, lo hicieron desde el año 2002 al 2008 (Mena, 2011, p. 64 y 77). Desde entonces se han realizado cinco investigaciones en este barrio y sus temas han sido: habitabilidad de los edificios, identidades, empoderamiento, diversidad cultural y organización comunitaria. En el proceso esta tesis, se encontraron problemas similares a los descritos en estas investigaciones.



1. Impulsar el deporte y la recreación, es una de las estrategias con las cuales una comunidad establece relaciones de convivencia, por eso desde el proyecto “El deporte y la recreación como estrategias de empoderamiento en población desplazada”, Muñoz y Arango (2007) trabajaron para lograr la participación de la comunidad en organizaciones deportivas. Tuvieron poca colaboración por las frustrantes experiencias vividas anteriormente por las personas en otros barrios, además por el analfabetismo, la falta de formación política de la comunidad y la escasa participación masculina. Ellos desarrollaron actividades educativas conducentes a sensibilizar al barrio sobre la importancia del deporte, la recreación, el ocio y el tiempo libre, como medios eficaces para la creación de buenas relaciones sociales y barriales.

2. García y Montoya (2010) elaboraron para la Alcaldía de Medellín, cuatro cartillas a partir de la investigación “Afrodescendientes en la ciudad de Medellín. Aprendizajes para una interculturalidad equitativa”, con los siguientes títulos y temas:

1/4: “Así vivimos las y los Afrocolombianos. Recuento del diagnóstico socioeconómico de las poblaciones afrodescendientes en las comunas 8 y 9 de Medellín”. En la cartilla, los migrantes y desplazados hablan de las luchas por legalizar sus lotes y casas. Luego se interrogó a los jóvenes sobre su auto reconocimiento étnico y en las respuestas se definieron entre las denominaciones negro, moreno, afro, afrocolombiano, palenquero y raizal.

2/4: “¡Eyy pille! Aquí estamos. Somos jóvenes afrocolombianos en la ciudad de Medellín: identidades, representaciones y territorialidades”. Los jóvenes expresan en esta cartilla su situación de desigualdad, inequidad y marginalidad en una ciudad en donde algunos nacieron, pero aun así no son reconocidos como iguales a los otros jóvenes de la ciudad. Ellos además se diferencian de sus padres y de los abuelos quienes cantaban alabados en los regiones del Pacifico y para los jóvenes eso no es, es más significativo el rap. Finalmente la cartilla presenta las leyes que permiten nuevos derechos como etnia que les posibilitan hacer propuestas positivas de desarrollo.

3/4: “¡Nuestros saberes, conocimientos y prácticas culturales! Afrocolombianidad en Medellín”. En esta cartilla se mencionan las expresiones artísticas de las comunidades afrocolombianas de la ciudad, proceso en el cuál no participo la comunidad de Mirador de Calasanz.

4/4:Afrocolombianidad y diversidad cultural. Conceptos y herramientas para la producción de espacios de inclusión en la ciudad”. Esta última cartilla trae conceptos que están en discusión como: diáspora, destierro, desarraigo, despojo material y simbólico, territorio, territorialidad, identidad e interculturalidad.

3. Para los jóvenes de Mirador de Calasanz, su situación de vida no es fácil. Además de los limitantes económicos de sus familias, encuentran otros problemas como los descritos en el proyecto “¡Los afro somos una diversidad! Identidades, representaciones y territorialidades entre jóvenes afrocolombianos de Medellín”, que es una investigación de Montoya y García en el año 2011. Encontraron insatisfacción en los jóvenes afrocolombianos porque no existía en el barrio un espacio de “estudio, trabajo, salud, recreación y alimentación básica”. Además en la investigación se muestra el trasegar de los jóvenes por varios territorios, sin olvidar algunas costumbres. El texto analiza la marginación y la invisibilización que se presenta en la ciudad de Medellín, la cual es vista como “excluyente y discriminadora”. Finalmente los autores proponen políticas inclusivas, equitativas, participativas y abiertas a un dialogo con otras culturas.

4. Para diferenciar en las comunidades un “Reasentamiento Poblacional” que va acompañado de un trabajo social y una “Reubicación Poblacional” en la que solo se mueve una comunidad de un lugar a otro, la Federación Nacional de Vivienda Popular FENAVIP, realizó en el año 2008 la investigación “El trabajo social en reasentamientos poblacionales”. En la barrio Mirador de Calasanz encontraron: falta de empleo formal, problemas de convivencia y de diálogo, racismo, falta de solidaridad, desaseo y desorganización, altos niveles de ruido, falta de espacios colectivos recreativos y deportivos, ausencia de dotación deportiva y recreativa. Los autores proponen realizar estrategias que ayuden a construir el tejido social en los procesos de reinserción de migrantes y desplazados.

5. Existe una gran diferencia entre las condiciones de una casa tradicional en el Chocó o en el Urabá antioqueño y las de un edificio en la ciudad de Medellín; éste último debe cumplir para su construcción con unas normas técnicas y debe estar equipado con los servicios públicos básicos. Sin embargo con el proyecto “Habitabilidad de la vivienda de interés prioritario en reasentamientos poblacionales: una mirada desde la cultura en el proyecto Mirador de Calasanz, Medellín-Colombia”, Elvia Mena Romaña en el año 2011 hace un estudio del barrio desde el análisis de la habitabilidad y demuestra entre otros aspectos: la falta de espacios recreativos, el tamaño muy reducido de los apartamentos y un diseño que no se corresponde con las culturas de sus habitantes. Reveló cómo la falta de habitabilidad digna, genera conflictos sociales y pérdida de la identidad de las comunidades que la habitan.


JUSTIFICACIÓN DEL PROYECTO

El desplazamiento en Colombia es un fenómeno que es el resultado de 50 años de conflicto. Además, el abandono estatal en las periferias (Almario, 2004, p. 100, Presidencia de la Republica, 1997, p. 232), facilita la migración de mestizos, indígenas y afrocolombianos hacia las ciudades colombianas y hacia otros territorios, en busca de mejores oportunidades de vida.

La migración y el desplazamiento pueden dejar en las comunidades y en los individuos secuelas a nivel económico, político, social, emocional y espiritual entre otras. Entre ellas están la pérdida o invisibilización de epistemes y ontologías diferentes a la occidental, como las indígenas y las afrocolombianas, que generaron conocimientos y prácticas culturales en el uso de los recursos de los territorios de la cuenca del Pacífico, con la prevención y atención de las enfermedades en las comunidades y con otros modelos de relaciones familiares y sociales entre otros aspectos.

Por lo anterior, investigar, conocer y entender cómo las prácticas culturales en salud de las comunidades afrocolombianas migrante o desplazada desde el Chocó y el Urabá antioqueño y reubicada en Medellín en el barrio Mirador de Calasanz se mantienen, se transforman, se niegan y excluyen, o se pierden, puede aportar propuestas para la satisfacción de las necesidades educativas de las niñas, niños y adolescentes que sufren estas situaciones. A nivel oficial puede ayudar al Estado a entender como reparar, restituir y reconstruir la propiedad del territorio y los espacios apropiados para el agenciamiento de todas las culturas. Y puede contribuir a la comunidad afrocolombiana, para establecer unas relaciones que permitan y generen revalorización, autogestión y empoderamiento de sus culturas.
PROBLEMA

En la consulta médica de quien escribe esta tesis, se aprecia en personas afrocolombianas del barrio Mirador de Calasanz de Medellín, cómo las prácticas culturales en salud de las comunidades afrocolombianas migrante o desplazada desde el Chocó y el Urabá antioqueño y reubicada en Medellín en el barrio Mirador de Calasanz, se mantienen, transforman, niegan, excluyen o se pierden.


PREGUNTA DE INVESTIGACIÓN

¿En una comunidad afrocolombiana migrante o desplazada desde el Chocó y el Urabá antioqueño y reubicada en Medellín cuales prácticas en salud, se mantienen, transforman, niegan, excluyen o se pierden?


METODOLOGÍA

Aprovechando la experiencia del investigador como médico de ésta comunidad afrocolombiana del barrio Mirador de Calasanz, se buscó conocer con visitas al barrio y por medio de entrevistas a diez mujeres y a un hombre, cómo eran las vivencias, las experiencias y los sentimientos de la comunidad en sus prácticas en salud durante su vida en el Chocó y el Urabá antioqueño y cómo permanecen o se han transformado estas prácticas en el barrio Mirador de Calasanz de la ciudad de Medellín.

Las personas que aceptaron la invitación son: Eugenia, Mabel, Julia, Miguelina, Viviana, Erika, Jesús, Carolina, María Justa, Diana, Julia, Oliva, Martha, habitantes del barrio Mirador de Calasanz, a quienes se realizaron entrevistas para conocer los cambios en las prácticas de salud entre sus lugares de origen en el Chocó y el Urabá antioqueño de los cuales había salido desplazadas o por migración y su nuevo hogar en el barrio.

Se realizaron al comienzo entrevistas grupales y luego unas entrevistas personales a diez mujeres. Con Don Jesús se realizó una entrevista frente a una tienda, porque vive un tiempo en el apartamento de su hijo en el barrio y otro tiempo en una finca deNóvita Chocó. Posteriormente se vio la importancia de comparar las visiones de estas mujeres mayores con la experiencia de dos mujeres jóvenes nacidas en Condoto, pero que viven desde pequeñas en el barrio, porque en los diálogos familiares y en la cotidianidad tienen manifestaciones de su cultura y ellas pueden aportar la visión que les da la ciudad en la cual se educaron desde pequeñas.

Entrevistas grupales con: Eugenia, Mabel, Julia y Miguelina.- Julia y Miguelina - Viviana y Erika.

Entrevistas personales: Mabel (2), Eugenia (2), Jesús, Carolina, María Justa, Diana, Julia, Oliva, Martha.

Al comienzo, en las entrevistas, se explicó el interés por la investigación y por conocer las difíciles situaciones que habían vivido. El diálogo permitió momentos especiales en los cuales relataban las causas de la migración o del desplazamiento, la nostalgia por el territorio, sus experiencias familiares y comunitarias en salud y su forma de vida en el barrio Mirador de Calasanz. Todos dieron su aprobación para escribir sus experiencias en la presentación de la tesis y en la publicación de los resultados. Los recorridos, en horas diferentes del día y de la noche y todos los días de la semana, brindaron otra mirada de las situaciones que existen en el barrio.

Con la comunidad como co-investigadores se hará: Selección, comparación y análisis de los contextos y de los temas fundamentales que cambiaron, permanecen o se perdieron y de cuáles aparecen como re-existencias. Luego se hará una socialización de los resultados a la comunidad del barrio Mirador de Calasanz. Posteriormente se hará la presentación a la comunidad académica de la Universidad de Antioquia.

Es importante aclarar unos aspectos que tocan esta tesis:

1. Estas personas no vivían juntas, pero hacen parte de los afrocolombianos que habitan o habitaban la región Pacífica. En el barrio no conforman un grupo definido ni entre ellas, ni con los demás afrocolombianos; no existen muchos vínculos de solidaridad entre ellas, ni poseen la propiedad comunitariamente. Se utiliza el término comunidad afrocolombiana, porque es el más utilizado académicamente:

Las representaciones en las que se han posicionado referentes identitario como el de ‘comunidades negras’ y/o ‘comunidades afrocolombianas’, suponen la existencia de poblaciones caracterizadas por su homogeneidad alrededor de rasgos como el territorio, las prácticas culturales tradicionales, la defensa de la biodiversidad, formas de organización y un pasado común africano y de esclavización. (Rojas 2004, p. 161)
2. No se busca fijar las prácticas que tenían las personas entrevistadas como una matriz que identifica a la población afrocolombiana, ni se pretende sostener al Pacífico y a lo rural como la localización identitaria de los afrocolombianos. Solo se desea encontrar cómo la migración, el desplazamiento y la posterior reubicación en un territorio y unas condiciones diferentes y desconocidas para las personas (Oslender, 2004, p. 39), alteran entre otros aspectos, las prácticas culturales en salud, el tejido social y la transmisión de su cultura. La cercanía al lugar de trabajo del tesista y la amistad con algunas de estas personas fueron la base de la elección del lugar de trabajo.

3. Cada grupo humano de acuerdo a los contextos sociales, políticos, históricos, geográficos, etc. presenta en sus prácticas culturales transformaciones, cambios, permanencias o resistencias que conforman una nueva identidad grupal.

4. Para la construcción de la tesis, se establecerá un dialogo entre los autores, las personas entrevistadas y el tesista, para conocer desde las visiones emic y etic, como se mantienen, se transforman, se niegan y excluyen, o se pierden las prácticas culturales en salud..

5. La OMS (Organización Mundial de la salud) definió en 1948 el concepto de salud y no lo ha modificado: “La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”2. Para esta tesis, se tendrá una visión más amplia, en donde además se tienen en cuenta, el equilibrio en las relaciones con los demás y con la Naturaleza y las subjetividades y decisiones de las personas sobre su vida, en donde la salud no es un fin en sí misma, sino un recurso del ser humano para la desarrollar su vida.



CAPÍTULO DOS

LAS DIMENSIONES CULTURALES DEL TERRITORIO

La importancia del territorio en la construcción de la cultura, la política y la economía, parece que se está perdiendo con las ideas sobre la aldea global y la globalización. En palabras de Escobar, esto ocurre aún en la academia en donde “se ha tendido a restarle importancia al lugar y por el contrario se ha resaltado el movimiento, el desplazamiento, el viaje, la diáspora, la migración, etc.” (2010, p. 24). Y en los últimos años, la trascendencia de la “sociedad de la información3” en la vida económica, cultural y política, pareciera corroborar la poca importancia del territorio. Además, los adelantos de la ciencia pueden construir un territorio adecuado para la vida humana en los lugares más extremos del planeta o desarrollar lugares para cultivar como los grandes invernaderos que existen en toda la Tierra.

Sin embargo en esta tesis se considera importante conocer no solo el territorio en su contexto biogeográfico, sino además una microhistoria de su construcción, porque se acepta como lo propone Haesbaert que: "No hay manera de definir al individuo, al grupo, a la comunidad, a la sociedad sin insertarlos en un determinado contexto geográfico, territorial". (Haesbaert, 2004, citado por Mançano, 2008, p. 2)

Existen implicaciones políticas, económicas, sociales y culturales de acuerdo al concepto que se tiene del territorio. No es lo mismo el lugar que desde la biología y la ecología se relaciona con unos espacios necesarios para la supervivencia de una especie conformando un nicho ecológico4 o "cualquier extensión de la superficie terrestre habitada por grupos humanos" (Giménez, 1999, p. 90) a la concepción de las ciencias sociales, que le aportaron a ese espacio los conceptos de tiempo histórico y paisaje5 como variables que lo hacían relacional (Restrepo, 2001. p. 1). Porque es en la intervención de los seres humanos, que un espacio logra el sentido de territorio. Además el espacio no está condicionado solo por los elementos biogeográficos como tierra, agua, montañas, selvas, animales, sino que también es el resultado en la historia, de “la intervención de poderes económicos, políticos y culturales del presente y del pasado”. (Giménez, 1999, p. 39)

Esto sucedió en el Pacífico colombiano, por el abandono gubernamental y los abusos de históricos de la clase política (Almario, 2004, p. 100 y Meza, 2010, p. 163), que no permitieron el desarrollo de la región, de la cual en general solo se han extraído sus recursos sin invertir en su progreso y sucede actualmente con las intervenciones económicas, políticas y culturales que se operan sobre la región sin la participación justa de las comunidades (Motta, 1995, p.17), como es el caso de los cultivos de palma (Mingorance, Minelli, y Le Du, 2004, p. 35-38) o la extracción de minerales por las grandes empresas extranjeras.
Para profundizar más en la concepción de territorio, en su construcción y en las relaciones que implica, Giménez sostiene:

“El territorio sería el resultado de la apropiación y valorización del espacio mediante la representación y el trabajo, una ‘producción’ a partir del espacio inscrita en el campo del poder por las relaciones que pone en juego; y en cuanto tal se caracteriza por su ‘valor de cambio’…En resumen, serían tres los ingredientes primordiales de todo territorio: la apropiación de un espacio, el poder y la frontera”. (1999, p. 27)


Esta apropiación del espacio, el poder con que se controla y las fronteras que lo limitan haciendo la diferencia con otros territorios, son producciones humanas que a la vez que transforman el territorio, transforman a quienes lo habitan.

La interacción mente–naturaleza corresponde a la forma como la cultura moldea y se deja moldear por el entorno, dando lugar a un paisaje que es escenario de identidades culturales y de concreciones reales de la historia, de la memoria y de la pertenencia. (Meza, 2009, p. 40)


Esta era la realidad que vivían los afrocolombianos en sus territorios, los habitaban, los trabajaban y tenían fronteras con otras comunidades étnicas como los indígenas y colonos, pero posteriormente con la llegada de nuevos colonos y la ley de baldíos, los gobiernos y particulares exigieron escrituras o certificados de herencia que algunas comunidades no tenían (Meza, 2010, p. 221), facilitando que se otorgaran territorios a personas y empresas de otras etnias.
Las personas entrevistadas en el barrio Mirador de Calasanz de Medellín relatan que tenían territorios y vivían el Pacífico colombiano:

Eugenia: Yo vivía en Buchadó Antioquia con mi mamá.

Mabel: Yo vivía en Veriguadó una vereda cerquita a Istmina.

Jesús: Soy de cerca deNóvita Chocó.

Julia y Miguelina: Yo nací y me crie en Buchadó Antioquia, a un día del Fuerte [Vigía del Fuerte], ella es mi hija. Yo nací y me crie en Buchadó Antioquia con mi hija.

Carolina: Vivía en Istmina.

Viviana: Soy de Condoto Chocó.

Diana: Soy de Condoto.

Oliva: Vivía en Condoto.

Martha: Soy de Condoto.

Julia: Soy de Condoto.

Erika: Soy de Condoto.

María Justa: Vivía en Veriguadó cerquita a Istmina.
Pero no solo habitaban los territorios, ellos y ellas los habían producido y transformado a nivel geopolítico por medio de la construcción de casas y poblados, zonas de cultivo o de minería, vías de comunicación terrestres y fluviales, control comunitario del territorio, límites con otros grupos étnicos; a nivel geosocial y geoeconómico habían tejido un espacio y una identidad cultural en donde tenían sus escuelas, colegios, hospitales, cementerios, lugares de recreación y fiesta y además unas creencias y unos conocimientos acerca del territorio, de la salud y de la enfermedad, formas de alimentarse, relaciones sociales como los troncos familiares, formas de producción, técnicas de caza, pesca y minería; con respecto a las relaciones cósmicas y telúricas tenían celebraciones religiosas y formas de protección contra ataques de brujas y de hierbateros, lugares de culto, centros de memoria como los altares, azoteas y árboles ombligados, tradiciones y leyendas sobre su historia, además, habían depositado cariño y apego a sus hogares y selvas, a sus parientes y vecinos con los cuales se construyó a pesar de la pobreza, un espacio de amistad y solidaridad. Y así lo expresa Eugenia:

Yo vivía en Buchadó. Yo vivía en la mayor tranquilidad, allá no se oía violencia, no se oía nada, por ejemplo en Semana Santa eso se escuchaban únicamente los pájaros o ni los pájaros; eso allá era todo el mundo, eran unos días sagrados, es que la tranquilidad no había comparación, lo más bueno… porque eso era un paraíso, yo le decía la capital del cielo.


Mantener este apego por el territorio natal es algo muy frecuente en comunidades que han sufrido migración o desplazamiento. En palabras de Giménez (2001):

La ‘desterritorialización’ física no implica automáticamente las desterritorialización en términos simbólicos y subjetivos. Se puede abandonar físicamente un territorio, sin perder la referencia simbólica y subjetiva al mismo a través de la comunicación a distancia, la memoria, el recuerdo y la nostalgia”. (p. 13).


De allí que para algunas las personas entrevistadas, la visión del Choco y del Urabá antioqueño sea recordada de la manera paradisiaca que mencionaba Doña Eugenia.

En ese mismo sentido de ir más allá de la sola utilización económica del territorio para tener un tejido social y unas relaciones de afecto y apego por la región (Motta, 1995, p.15), es que María Clara Echeverría (2011, p. 3) contempla una diferencia entre hábitat y territorio:



Diferenciar y relacionar los conceptos territorio y hábitat (humano) [sic] partiendo de considerar que territorializar es distinto a habitar; y que a su vez, precisamente, estos dos sentidos, sentimientos, conceptos y acciones, cuando se trata del hábitat, están estrechamente correlacionados.
En esa lógica, no es igual la posesión del territorio por los afrocolombianos en el Pacífico que la nombran, cultivan, celebran, explotan y la hacen parte de sus vidas y de sus relaciones vitales y crean un hábitat, al solo dominio de un territorio y la asignación en él de áreas de trabajo como hacen los actores armados y los grandes terratenientes. Así lo comenta Arocha sobre un grupo que investigó en el Baudó “La relación que los afrobaudoseños crearon con su río, sus quebradas y selvas no sólo era de respeto, sino de hermandad”. (1999, p.156):

Sobre esta hermandad y la protección del medio ambiente de la región del Pacífico por parte de los afrocolombianos, existen opiniones diversas como los que ven el buen manejo de los recursos naturales por la limitada agricultura, caza y pesca que se tenía antes, porque “las posibilidades de comercializar excedentes de producción y adquirir artículos del exterior eran mínimas” (Meza, 2010, p. 164), posición que es reconocida aún por la Universidad Tecnológica del Chocó cuando comentan:

Se destaca la capacidad de conservación de este ecosistema estratégico único en el planeta, que tienen las etnias que habitan en él, acción que debe ser valorada y utilizada para realizar las negociaciones con países industrializados que han agotado su oferta ambiental. (Guio, M., Bechara, H., Ríos, A., Conto, B., Lloreda, R. y Londoño, N., 2002, pp. 16-17)

Y existen opiniones sobre el agotamiento de los territorios por excesos en la extracción de los recursos. Así lo relata Villa sobre los territorios del Pacífico colombiano (s.f., párr. 7):

El crecimiento demográfico implica que la tierra para la agricultura se vaya fragmentando, cada vez la unidad doméstica dispone de menor área, a la vez que los ciclos de barbecho o descanso de los terrenos se acortan. La menor disponibilidad de tierras se refleja en incremento de las tareas extractivas, mayor presión sobre las zonas de bosque, dedicación a tareas de pesca y en procesos de migración. Estos cambios, que se vienen experimentando a lo largo de la primera mitad del siglo XX, se expresan igualmente en la crisis de ciertas pautas respecto al uso del territorio…El crecimiento de la población lleva a que los asentamientos se realicen sobre las dos márgenes, con consecuencias en la seguridad alimentaria de la familia…Al entrar en crisis el modelo de asentamiento tradicional, nace el pequeño poblado.



Sobre esto, los entrevistados comentan como cuidaban la tierra y sus recursos y al narrar sus fiestas, entierros, celebraciones religiosas y leyendas se aprecia no solo la satisfacción de necesidades vitales, sino además la construcción de un hogar y de una relación de convivencia con la naturaleza, los vecinos y los parientes:

Oliva: Por eso la tierra allá no hay que abonarla; por decir algo: hay una montaña y uno en esa montaña cultiva dos veces, y ahí la deja allí, la deja reservada y cuando vuelve y crece ya está de volver a trabajar allí, pero no la coge y dele y dele, no, sino que uno trabaja allí y cuando uno ve que se va acabando, lo deja que crezca y se va a otro lado y comienza trabajar allá, mientras esta de acá está subiendo

Oliva: Allá hay leyes para eso [proteger la fauna]. La persona que va y echa un veneno, se castiga por haber hecho eso. Porque no se puede. Hay que coger los grandes y dejar los pequeños que se crezcan. Y si a alguien lo sorprenden con eso, ya sabe que lo van a castigar…La comunidad lo castiga. Lo mismo los animales así en la selva. No se pueden matar los pequeños, hay que dejar que crezcan.


En este sentido de construir unas relaciones con el territorio y con los demás habitantes construyendo una cultura, Giménez amplía la concepción del territorio y la integra con el espacio histórico y con el lugar como soporte cultural, con esto devela los hilos que unen cada territorio con el gobierno, la política y el comercio mundial:

El territorio puede ser considerado como zona de refugio, como medio de subsistencia, como fuente de recursos, como área geopolíticamente estratégica, como circunscripción político-administrativa, etc.; [sic] pero también como paisaje, como belleza natural, como entorno ecológico privilegiado, como objeto de apego afectivo, como tierra natal, como lugar de inscripción de un pasado histórico y de una memoria colectiva y, en fin como ‘geo símbolo’ [sic]. (1999, p. 29)
De allí que algunas de las celebraciones de las comunidades afrocolombianas van más allá de los ritos de un grupo religioso; son parte de unas prácticas culturales que reafirman las creencias, refuerzan las relaciones del grupo y al mismo tiempo mantienen el vínculo con el territorio.

La fiesta de San Pacho…denominada carnaval por su larga duración, se despliega durante dos semanas, cada día por un sitio diferente de la ciudad, donde se dan las gracias al santo por las devociones divinas y terrenas de la rumba…esta fiesta entonces, encarna y agrupa las diferentes representaciones del patrimonio intangible como son la danza, la música y, por supuesto, la importante carga simbólica de la historia y la cultura cristalizada en la comida. (Vera, 2006, p. 494-495)
Eugenia: [El licor] lo hacia uno allá para la novena, le gustaba hacerlo para todo el que llegara, la mistela. Esa es otra cosa, que con la novena por ejemplo, la última novena de cualquier pueblo, porque de este pueblo al otro pueblo se van y el de allá viene aquí, porque así se va. Ese día mataban marrano, hacia vea unos “boyos” para todo el que llegara. Todo el que llega. Haga [porque] viene mucha gente de la boca, de San José, del Tigre y a todo el que llegaba.
Existen además otras prácticas culturales acerca de las relaciones con los ríos y las fiestas religiosas como el temor a convertirse en sirenas en Semana Santa, sobre destruir la selva y la aparición de seres defensores o de proteger a las niñas y niños con la ombligada que se mantiene en algunas regiones del Pacífico colombiano (Meza, 2010, p. 234). Así lo expresan las personas entrevistadas:

Viviana: En Semana Santa cuando se bañaba la gente en el rio se convertía en sirena. La gente se tenía que bañar con una cocaita [sic] de agua.

Julia: Ananse es que cuando se ombliga a una persona con Ananse, es para que si le pica, no le va a doler, entonces cuando una cosa de eso le pica a uno, y no ha sido ombligado se muere, entonces uno le saca el estiércol del Ananse, se lo unta donde le picó…Lo mismo la culebra; yo en eso como que si no alcancé a creer. Un tío me contaba que al él lo habían ombligado con la culebra, y se comía los huevos de la culebra, para si ella lo mordía, no le hiciera daño. A eso como que si no pasa por aquí, yo no creo, un animal tan venenoso, pero él decía así, que él se comía esos huevos y si lo mordía no le pasaba nada.

Julia: Mi mama contaba que los ombligos los ponían así. Eso decía mi mamá que sembraban el ombligo en una palma de coco. A mí me obligaron con la Conga, es una hormiga grande, pica y eso duelo mucho y eso me picaba y no me hacía nada. Y había gente que hasta lo privaba del dolor, pero a mí no.
Una de las leyendas que muestra la relación de la comunidad con el territorio es el relato “El Duende” que explica los daños que aparecen sin razón cerca de la casa o en los cultivos:

Dicen que el duende es un espíritu que bajo del cielo, porque peleó con Cristo y vivía muy enamorado y llegó a la tierra porque le gustan las mujeres bonitas. Les demuestra su interés tirándoles piedras: la gente se atemoriza y [él] sigue tirando piedra. Alguien llega y le reza una oración para espantarlo y luego él se va causándoles estragos. Cuando las muchachas están durmiendo él les sopla el oído y las chicas se levantan y el duende sale corriendo. El duende es un hombre pequeño, con un sombrero que lo tapa todo y así él juega con las muchachas. (Roldan, Burgos, Baquero, Ramírez, y Jurado, 1998, p. 30)


Sobre estas cosmovisiones acerca del territorio y el simbolismo con el cual se construye y se protege el hábitat Giménez comenta como:

La región socio cultural puede considerarse en primera estancia como soporte de la memoria colectiva y como espacio de inscripción del pasado del grupo que funciona como otros tantos ‘recordatorios’ o ‘centros mnemónicos’. En segundo lugar, numerosos elementos geográficos –antropizados o no- funcionan no solo como resúmenes metonímicos de la región, sino también como verdaderos monumentos y, por ende, como símbolos que remiten a los más variados significados. (1999, p. 41 y 42)
Y contrapone Giménez esta relación a la que tienen “los modernizadores, bien integrados social, económica y políticamente, y partidarios a ultranza de la modernización bajo todas sus formas. Sin embargo desprecian el patrimonio y la historia regional, que consideran como tradiciones obsoletas y retardatarias”. (1999, p. 44)

Por eso se insiste en la necesidad de conocer las historias del territorio y el contexto geográfico del territorio que habitaban antes y del que habitan ahora, porque permite entender mejor los cambios que pueden haber ocurrido en las prácticas de salud.


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