Buscando el verdadero mensaje del islam en las traducciones al español del sagrado coráN


TRADUCCIONES ACEPTABLES, HECHAS CON CONOCIMIENTO DEL IDIOMA ÁRABE Y DEL ISLAM



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TRADUCCIONES ACEPTABLES, HECHAS CON CONOCIMIENTO DEL IDIOMA ÁRABE Y DEL ISLAM


Aunque parezca increíble, hasta mediados del siglo XX no existió una traducción del Corán al español hecha por un musulmán que tuviera un buen nivel de conocimiento del idioma árabe y del Islam por igual. Estos trabajos se convirtieron en su momento en la fuente principal de conocimiento islámico para los nuevos musulmanes hispanoparlantes.

Traducción del Dr. Haroon-ur-Rashid Malik


Publicada en 2012 por The Institute of Islamic Knowledge en Houston, Texas (Estados Unidos), es la primera traducción del Corán pensada para el público latinoamericano. El traductor, pakistaní residente en Estados Unidos, estudió árabe y tradujo el Corán al urdu en su país natal. Realizó algunos estudios en Estados Unidos y luego hizo sus estudios de medicina en México. Allí comprendió la necesidad de una traducción al español dirigida al público latinoamericano y decidió embarcarse en traducir el Corán al español mexicano, con la asistencia de su hermano quien ya había traducido el Corán al inglés. El libro, de pasta blanda, tiene una bonita diagramación y muestra el texto dividido en yuz y secciones, al estilo del árabe original. Presenta una breve pero completa introducción que incluye información sobre el Profeta Mujámmad (B. y P.), la recopilación del Corán, los artículos de la fe islámica, y un glosario de términos árabes que se han dejado sin traducir en el texto, y que aparecen escritos con un método alternativo de transcripción al español. Igualmente, al inicio de cada sura se incluye una contextualización histórica de la misma. Los nombres propios aparecen en ocasiones trascritos y en otras traducidos, lo que junto a las palabras dejadas en árabe, dificulta un poco la lectura, como en 19:36-37:

Isa mismamente declaró: «Al'lá es mi Rab y Rab de todos ustedes: Por consiguiente sírvalo. Ésta es la vía recta.» Aun así, las sectas de entre ellos discreparon acerca de Jesús.”

El grave problema que tiene esta traducción es el manejo del idioma. La falta de dominio del español es muy notoria a lo largo de todo el libro, incluyendo la introducción, los comentarios, y por supuesto, el texto del Corán traducido. Errores gramaticales y de puntuación, y problemas de semántica, no solo dificultan la lectura y oscurecen el texto, sino que en ocasiones resultan en tergiversación del sentido original del mismo. Esto último se refleja en la traducción de la aleya 4:148:

A Al'lá no le gusta proferir las palabras malas en voz alta, excepto por alguien que haya sido tratado injustamente.”

Este texto compara a Dios con Su creación, pues son los seres humanos los que dicen palabras obscenas, y algunos lo hacen solo en voz baja a menos que reclamen por una injusticia. En realidad, no se trata aquí de una desviación teológica del traductor, sino que es el resultado de un conocimiento limitado del idioma español. Pero puede confundir al lector y llevarlo a conclusiones erróneas. Veamos una traducción más acertada de esta aleya:

A Dios no Le complace que se hagan públicos los errores de otros, excepto que sea para denunciar o detener una injusticia.” [García, 2014]

A pesar de que se nota un esfuerzo sincero por parte del traductor y sus colaboradores, esta traducción tiene demasiados problemas de lenguaje, que impiden que transmita de manera efectiva y correcta el mensaje coránico. Un ejemplo claro es la traducción de 4:135:

Así que no permita sus deseos egoísticas [sic] que desvíen a ustedes de la justicia. Si ustedes tuercen su testimonio o rechazan darlo, entonces ustedes deben recordar que Al'lá es totalmente consciente de sus acciones.” [Malik, 2012]

O también la traducción de 47:37:

Si Él fuera exigir todas sus posesiones con insistencia, ustedes crecerían en ser tacaños, y todos sus resentimientos saldrían a la luz. Ustedes son esas personas quienes fueron pedidos de gastar en el camino de Al'lá. Pues, algunos de ustedes son tacaños, considerando que quienquiera que es tacaño a Su causa, es de hecho, tacaño a él mismo.” [Malik, 2012]

Quizás con un trabajo exhaustivo de revisión lingüística, corrección de estilo y labor editorial, pudiera rescatarse el enorme trabajo que debió implicar esta obra. Pero tal y como está publicada actualmente, es muy confusa y no es recomendable para los nuevos musulmanes ni para los no musulmanes que desean conocer el mensaje del Corán.

Traducción de Abdel Ghani Melara Navío


Aparecida por primera vez en 1994, fue la primera traducción del Corán al español ampliamente difundida por organizaciones islámicas, si bien peca por ser demasiado literalista. Fue realizada en colaboración con Abdul Qader Al-Murábit (más conocido como Dr. Abdalqadir as-Sufi, fundador de la secta murabitún) y Abdelbasir Ojembarrena.

Publicada por Editorial Kutubia en Granada, España, vio después la luz en una segunda edición a cargo del Complejo del rey Fahd para la edición del Noble Corán, en Medina, Arabia Saudita. Dicha edición es el denominado “Corán Rojo,” con texto bilingüe árabe-español.

Una tercera edición ha aparecido tanto en rústica de bolsillo como en tapa dura y presentación de lujo por parte de Darussalam, publicada en Riad, Arabia Saudita, en 1997.

Muchas de las traducciones del Corán al español que hoy se pueden descargar de sitios web islámicos, y varias ediciones impresas en diversas presentaciones, tanto bilingües como solo en español, corresponden a este texto de Melara Navío, a pesar que utiliza una numeración de aleyas diferente a la más común, y que presenta una gran cantidad de errores serios tanto en aspectos teológicos como jurídicos.

El texto ha sido criticado por ser demasiado literal, con lo que se pierde en buena parte el significado de los versículos al dársele prelación a los significados literales de los términos. También incluye algunos términos en árabe, y pone en árabe los nombres de los ángeles y los profetas, lo que puede dificultar la lectura para los no musulmanes y los nuevos musulmanes. Por ejemplo, en 2:135 dice: “Al contrario, (seguimos) la religión de Ibrahim que era hanif,” en 2:206: “Yahannam bastará para ellos,” y en 3:33 “Allah eligió a Adam, a Nuh, a la familia de Ibrahim y a la familia de Imrán.”

También hay algunos apartes donde, a pesar del afán literalista, la traducción es poco fiel al texto original, como en 3:23, donde dice “los que recibieron una parte del Libro recurren al Libro de Allah,” cuando el sentido real es el contrario: ellos se niegan a recurrir al Corán para dirimir sus diferencias, como se lee en la traducción de Isa García: “¿No te sorprende que quienes recibieron parte del Libro [judíos y cristianos] rechazan juzgar sus asuntos según el Libro de Dios?”

Este error puede dar lugar a confusiones importantes respecto a la historia que aquí se narra y a las relaciones de los musulmanes con los judíos y los cristianos, pues es debido a esto que en la sociedad musulmana se ha permitido que estos dos grupos religiosos se rijan por las leyes de sus propias religiones, algo que no se ha visto jamás en ninguna otra civilización, y que da verdadero sentido al concepto de libertad religiosa.

Algunas aleyas son poco comprensibles simplemente porque el afán literalista primó sobre la transmisión del significado. Ejemplo de ello es 3:54 (3:53 en esta traducción), donde dice: “Y maquinaron, pero Allah también maquinó y Allah es el que mejor maquina.” No hay un contexto en la traducción de las aleyas anterior y siguiente que aclare quiénes maquinaron y contra quién. Traducciones más acertadas aclaran el sentido de esta aleya, como por ejemplo la de Mulla: “(Entonces, los conspiradores) maquinaron planes (contra Jesús), pero también Dios tenía su plan (para desbaratar los suyos). Dios es el sumo planificador.”

Los comentarios que acompañan esta traducción, a pesar de estar basados en el trabajo de importantes exegetas clásicos, han recibido muchas críticas, pues Melara Navío deja ver, respecto a algunos temas, un marcado sesgo hacia la interpretación sufí de la secta murabitún, a la que pertenecía. Mahmud Suleiman Al Qaryouti, en la presentación de su propia traducción del Corán al español, afirma:

La traducción comentada del Sagrado Corán en la lengua española realizada por Al Hayy Abdel Ghani Melara Navío de Granada en España está plagada de errores, muchos de los cuales son fundamentales, y considero que dicha obra es una mala acción.” [Al Qaryouti, 2006]

Aun así, esta traducción, obviando sus comentarios, es claramente superior a las de los orientalistas no musulmanes como Cortés y Vernet. Que una traducción de este nivel apenas haya aparecido ya finalizando el siglo XX, explica en buena parte por qué el Corán en particular y el Islam en general, son tan poco conocidos y aún menos comprendidos en el mundo hispanoparlante.

Ahora bien, existen hoy día traducciones mucho mejores que esta, sin embargo, el texto de Melara Navío sigue siendo utilizado en las reimpresiones que se distribuyen gratuitamente a las mezquitas y nuevos musulmanes en todo el mundo hispanoparlante, no por su calidad como traducción, sino porque el autor permitió que fuera reimpresa libremente. Hasta ahora, la única traducción de buena calidad que comparte esta característica y que se espera remplace a la de Melara Navío en las reimpresiones hechas por organizaciones islámicas sin ánimo de lucro, es la del Lic. M. Isa García.

Traducción de Ahmed Abboud y Rafael Castellanos

Traducción hecha directamente del árabe y publicada por Editorial El Nilo en Buenos Aires, Argentina, en 1953, fue la primera traducción del Corán al español autorizada por la Liga Islámica Mundial. Ha tenido reimpresiones por parte del Centro Estudiantil Musulmán de Granada en 1971, de Editorial Visión Libre, de Barcelona, y del Centro Islámico de Venezuela, en 1979. La traducción de Farida Salhi publicada en 1998 por la Comunidad Musulmana Sunita de España y la Imprenta Al Khalij Al Arabie, de Tetuán, es en realidad una revisión de este mismo texto. Fragmentos de esta traducción, revisados y comentados por Zohre Rabbani desde una perspectiva chií, fueron publicados en 2003 en Granada.

Precede a la traducción una amplia introducción donde se narra de forma muy breve la vida del Profeta Mujámmad (B. y P.) y los elogios que de él han hecho algunas grandes personalidades de la historia de Occidente; se describe la trascendencia social, política, religiosa, judicial y científica del Corán, así como el calendario musulmán, y se incluye el listado de los 99 nombres sublimes de Dios.

El capítulo de apertura (surat ul Fátija) se reproduce en árabe y en transcripción del árabe en alfabeto latino según el sistema inglés, además de su traducción al español. El resto del libro viene solo en español.

Al estilo de la traducción de Cansinos, esta traducción recupera en parte el vocabulario original creado por mudéjares y moriscos en traducciones medievales, manteniendo un léxico islámico que obvia la transliteración, pero que hace difícil la lectura hoy día.

Mantiene un español arcaico, como se ve en 6:41: “¡Quiá! A Él solo es a quien deprecaríais…”, en 6:111: “a menos que Dios pluguiese,” y en 27:44: “Se le dijo, ‘entra en el alcázar’. Y cuando vio, creyó que era un piélago…,” y presenta incluso algunos errores de manejo idiomático, como en 6:95: “Por cierto que Dios es el germinador de las plantas graníferas y las nucleadas.” No existe una clasificación en botánica de “plantas nucleadas,” es un término creado aquí por los traductores para tratar de explicar un concepto que no tiene par en el español. Otros traductores han optado por “granos y semillas” o por “semillas y huesos de frutos.”

Si bien la traducción es muy aceptable, no deja de tener algunos errores importantes que pueden dar pie a equívocos fundamentales, como en 11:12. Abboud y Castellanos traducen:

Es posible que omitas algo de lo que te fue revelado y que se te oprima, por ello, el pecho temiendo que digan: ‘¿Por qué no se le envía un tesoro o bien no le acompaña un ángel?’ Tú eres tan solo un amonestador y Dios es el único custodio de todo.”

Esta aleya así traducida pondría en duda la infalibilidad del Mensajero de Dios (B. y P.) en cuanto a la transmisión del mensaje coránico, y abre la posibilidad de que el Mensajero hubiera omitido parte de la revelación.

En realidad, el texto coránico afirma que si hubiera dependido del Mensajero, quizás él habría omitido partes de la revelación que disgustaban a algunos entre sus compatriotas. Por misericordia, él quizás habría callado algunos fragmentos que le hubieran parecido duros para con su gente. Si él hubiera inventado el Corán, no habría incluido versículos que eran poco populares, para así conseguir más adeptos. Pero al ser revelación divina, el Mensajero no podía más que transmitir el Corán tal y como le era dictado por el ángel Gabriel. Así traduce Isa García esta misma aleya:

[Por misericordia] tú podrías dejar de transmitirles algo de lo que te fue revelado, porque tu corazón se acongoja cuando dicen: ‘¿Por qué no se le ha concedido un tesoro o lo acompaña un ángel [para corroborar que es Profeta]?’ Pero a ti solo te corresponde transmitir el Mensaje y amonestarlos; Dios es el protector de todas las cosas.” [García, 2014]

El error de traducción de Abboud y Castellanos en esta aleya no es mínimo, es fundamental, debido a que pone en duda una pieza clave de la creencia en los mensajeros de Dios, y es que el mensaje que ellos transmitieron es palabra de Dios, pues no lo alteraron en forma alguna.

Dios dio a sus mensajeros la facultad de ser infalibles en cuanto a la transmisión del mensaje, es decir, el Corán fue transmitido por Mujámmad (B. y P.) de la forma exacta en que Dios quería que fuera transmitido, y por tanto, no hay mano del hombre en su texto.

Esta creencia también es importante para distinguir al Islam de las sectas que pretenden ser “islámicas,” pues casi todas ellas creen en la infalibilidad de otros personajes distintos a los profetas y mensajeros, todos ellos posteriores a Mujámmad (B. y P.) Además, muchas veces creen que dichos personajes fueron infalibles en todos sus actos, dichos y pensamientos, poniéndolos al nivel de deidades. Los profetas, incluyendo a Mujámmad, fueron seres humanos falibles, que fueron amonestados por Dios y debieron corregir sus errores; la infalibilidad les fue otorgada solo en la transmisión del mensaje divino.

Esta traducción se ubica por encima del nivel de la de Melara Navío en cuanto a calidad y apego al mensaje islámico, aunque su lenguaje arcaico la hace menos asequible al público actual. Es una obra interesante desde el punto de vista académico para quienes quieran estudiar la historia de las traducciones del Corán al español y las metodologías utilizadas, pero no resulta muy útil para quienes se acercan por primera vez al texto coránico.

Traducción del Dr. Samy El Mashtawi y el Dr. Husein Al Tereky [conocida como al Muntahab]


Publicada en El Cairo, en 1990, por el Consejo Superior de Asuntos Islámicos de la República Árabe de Egipto, no es una traducción del propio texto coránico, sino la traducción directa del árabe al español de “al Muntajab fi Tafsir al Corán al Karim,” que es una interpretación o explicación sencilla del Corán, traducida aquí por los doctores El Mashtawi y Al Tereky, junto con un equipo de revisores. Cada capítulo incluye una introducción explicativa, y cada una de sus 1.300 páginas incluye el texto en árabe de los versículos interpretados.

Con una segunda edición en 2008, es una buena aproximación al Corán para un lector primerizo en el tema, si bien el hecho de que sea una traducción no del texto coránico sino de una interpretación del mismo, le ha valido algunas críticas, precisamente por su enfoque que no siempre se apega a las opiniones más ampliamente aceptadas.

Además, aunque es una traducción directa del árabe al español, en la medida en que una traducción es una interpretación del texto, la del Al Muntajab sufre la misma debilidad de las traducciones hechas a partir de traducciones, pues es una traducción hecha a partir de una interpretación del Corán.

Voluminoso pero de fácil lectura, este libro ha sido el primer intento sincero de llevar el mensaje del Corán de la forma más clara y detallada posible a los nuevos musulmanes y no musulmanes de habla hispana, trabajo que abrió las puertas a traducciones menos literalistas y más profundas del Corán. No está disponible para compra en físico en América Latina ni para descarga en digital, pero puede consultarse en muchas mezquitas y es un buen texto para quien quiera hacer una lectura un poco más explicativa del mensaje coránico.


Traducción del Sheikh Mahmud Suleiman Al-Qaryouti


Autoeditada y publicada por el propio traductor en 2006 en Río Piedras, Puerto Rico, esta traducción directa del árabe al español pretende, en palabras del traductor, remplazar la traducción de Melara Navío, a la que considera plagada de errores graves y fundamentales. Sin embargo, debido a que no ha sido publicada ni distribuida por ninguna editorial, no ha tenido difusión y es desconocida por la mayoría de personas.

Está presentada en una edición rústica a una sola tinta (incluyendo la portada) de 640 páginas, en cuyas primeras 127 narra, de manera muy breve e incompleta, la historia de los años de la revelación del Sagrado Corán. Se incluyen también una breve explicación de los fundamentos de la fe islámica, 178 jadices (tradiciones proféticas) que tratan un amplio espectro de temas sobre la vida del Profeta Mujámmad y las normas básicas que rigen a todo musulmán, una explicación de los cinco pilares del Islam, la traducción de una parte del discurso de despedida del Profeta (B. y P.), un índice temático y algunos datos estadísticos sobre el Corán.

Esta introducción contiene información básica y veraz, útil para el no musulmán y el nuevo musulmán que desean iniciarse en el conocimiento de esta forma de vida, aunque presenta una serie de errores de redacción, ortografía y edición, que suelen ser comunes en las autoediciones. Esto se nota especialmente en las primeras páginas, donde un par de párrafos fueron copiados y pegados varias veces, haciendo repetitivo el texto.

Esta introducción tiene también algunos errores que pueden llevar a confusión, como por ejemplo: En la página 78 afirma que la carne lícita es la de “cualquier animal que no haya sido degollado correctamente.” Aquí la palabra no es una errata, y lo que se quiere decir es todo lo contrario: es lícita la carne de los animales degollados correctamente. En la página 96 afirma que la ablución es aceptable si no se sigue estrictamente el orden de los pasos rituales, lo que no es correcto: Solo por error no intencionado o por ignorancia puede ser válida una ablución que no se haga en el orden correcto, pero una vez la persona aprende a hacerla del mismo modo en que la hacía el Profeta (B. y P.) debe apegarse al orden de los pasos en que él la realizaba. Y en la página 98 falta uno de los pasos del llamado a la oración.

En cuanto a la traducción en sí, sigue la línea literalista aunque no demasiado marcada, similar a la de Hallak. Utiliza los nombres de los profetas y de los ángeles en árabe, al igual que Melara Navío (de hecho, en 2:135 y 3:33, entre otros, Al-Qaryouti y Melara Navío traducen de forma idéntica), así como otros términos islámicos, lo que oscurece el texto, como por ejemplo, el uso de la palabra Yahannam en 72:15 y en 15:43. Si bien el traductor incluye comentarios en los que explica muchas de estas palabras (cosa que falta en la traducción de Hallak, que también hace uso de términos en árabe), otras veces deja al lector en penumbras, como en 3:181: ¡Gustad el castigo del Hariq!

Además, utiliza siempre la palabra árabe aleya, en lugar de traducirla según el contexto. Debido a que esta palabra puede significar “señal”, “signo” o “milagro”, entre otros, transcribirla y no traducirla hace que el texto sea confuso, como por ejemplo, en 30:20:

Y parte de Sus aleyas es que os creó de tierra y luego hecho hombres os diseminasteis.”

Igualmente, Al-Qaryouti comete en 3:23 el mismo error que presentan las traducciones de Hallak y de Melara Navío, haciendo parecer que judíos y cristianos recurrieron al Corán para dirimir sus diferencias, cuando es al revés.

En 11:12 la redacción es un poco confusa, y puede dar lugar al mismo equívoco que en la traducción de Abboud y Castellanos, haciendo parecer que hay alguna duda sobre la infalibilidad del Profeta Mujámmad (B. y P.) en cuanto a su transmisión del Mensaje de Dios.

En líneas generales, esta traducción supera a la de Abboud y Castellanos en cuanto a actualidad y claridad del idioma, a la de Melara Navío en cuanto a exactitud y transmisión correcta del mensaje coránico, y a Al Muntahab en términos de que se trata de una traducción directa del árabe del texto coránico y no de una interpretación del mismo. Téngase en cuenta, sin embargo, que la falta de trabajo editorial y de revisión lingüística se nota en esta traducción en una buena cantidad de errores idiomáticos, de ortografía, de redacción, de puntuación, y erratas de imprenta, como por ejemplo:

Vuestro Señor es Allah que creó los cielos y la tierra en seis días y luego se ha instado [sic] en el Trono dirigiendo el Mandato.” 10:3

Sino como un recuerdo para quien mieda [sic] a Allah.” 20:3

Esto sitúa a esta traducción por debajo de la de Hallak en términos editoriales, aunque la inclusión de comentarios que explican muchas de las palabras que se han trascrito del árabe, hace que este texto sea un poco más claro que aquel.

Traducción de Kamel Mustafa Hallak


Publicada en edición bilingüe árabe-español en 1997 por Amana Publications en Maryland, Estados Unidos, está libre de comentarios, que suelen ser la principal falla y fuente de críticas de las traducciones contemporáneas.

Esta es la traducción que acompaña la edición en español del Tayuid1 bilingüe realizado por el gobierno de Siria en 2008 (publicado por Dar Al-Maarifah en Damasco). Excepto por ciertas fallas de corte lingüístico presentes a lo largo del texto (debidas a que el traductor no es hispanoparlante nativo, sino que vivió muchos años en Suramérica), es una traducción cuidadosa en un español bastante limpio, sencillo y directo. Sin embargo, al igual que Cortés, Melara Navío y Al-Qaryouti, utiliza en ocasiones términos en árabe que hacen difícil la lectura a quien se acerca por vez primera al texto coránico (como en 4:60, “ellos solicitan ser juzgados por Taghut...”), si bien hace menos uso de ellos.

Su falencia está en su literalismo, que no es tan marcado como en las traducciones hechas por orientalistas o en la de Melara Navío, pero sí lo suficiente como para oscurecer los significados de algunos pasajes. Por ejemplo, en 2:224, dice:

No juréis por el nombre de Allah que seréis justos y seréis piadosos y que reconciliaréis a las gentes.”

Podría pensarse que Dios no quiere que el hombre se proponga tan nobles ministerios. Sin embargo, el verdadero sentido de esta aleya es muy distinto. Mulla traduce así:

No hagáis de un juramento por Dios, prestado con anterioridad, un pretexto para no practicar la caridad, no cumplir (para con la fe) o no reconciliar a las personas.” [Mulla, 2004].

Curiosamente, Hallak comete el mismo error que Melara Navío y que Al-Qaryouti en 3:23, donde describen a judíos y cristianos recurriendo al Corán para dirimir sus diferencias, cuando el texto dice todo lo contrario.

Considero que a pesar de ello, la traducción de Hallak superó en su momento a todas sus antecesoras y fue la mejor traducción del Corán al español que estuvo disponible hasta el inicio del tercer milenio.




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